Hoy (ya ayer) hace 75 años que bombardearon la plaza de Sant Felip Neri. Murieron, entre otras personas, muchos niños. Más tarde, siguiendo con este escaso respeto por la infancia y la maternidad, los herederos de los que perpetraron ese crimen pasaron 30 (o quizá 40, o 50 o…) años robando bebés a sus madres, por rojas o inmorales, y continuaron después bombardeándonos (menores incluidos) con desahucios, enfermedades, explotación, humillación y hambre mientras malgastaban en lujos asiáticos nuestros necesarios y escasos ingresos. Aunque por fin deben de haberse arrepentido, porque cada vez más defienden a los niños hasta tal punto que quieren obligarnos a tenerlos cuando, cómo y en la cantidad que ellos deseen, con quienes a ellos se les antoje y dentro del modelo de familia que a ellos les salga de la polla. Todo bioética y científicamente, por supuesto. Porque si no seremos rojas, inmorales, y además, y ellos bien pueden emplear ese término porque conocen su significado a la perfección, asesinas.
75 años y no ha cambiado nada. Nada. Siempre han sido los mismos, casi desde el principio de esta broma ridícula y cruel llamada España, en ocasiones más cautos, inventándose transiciones modélicas como solución de continuidad de su poder casi eterno, en ocasiones, como ahora, más envalentonados por las circunstancias. Pero es igual, esta repugnante piel de toro llena de ineptitud cobardía, represión, envidia, egoísmo, corrupción, hipocresía y sadismo no cambiará si nosotros no la cambiamos, si no invertimos el estado de las cosas, si no envíamos a tanto católico de alma negra a ese infierno del que todos provienen y de donde no deberían haber salido nunca. Después de todo, Sor María ya ha marchado hacia allá, por su propio pie caduco y chocho o cordialmente empujada, sacrificándose, como toda una santa heroína de la patria, por un sistema podrido que llena de cáncer purulento las instancias más altas de esta sociedad pervertida, empeñándose en subsistir a pesar de la repugnancia que causa.
Mientras nosotros, los únicos cirujanos que podríamos atajar el mal, todavía temblamos al coger el bisturí. Tal vez sea porque nos han obligado a hacer turnos demasiado largos, de acuerdo, pero ¿acaso vamos a ser menos bioéticos que ellos?
No hay nadie limpio en el PP (ni en ninguno de sus satelites ni aliados. CiU, por ejemplo). NADIE. Porque la ideologia que ese partido preconiza presupone la ley del mas fuerte y el lucro indefinido y sin escrupulos. Un comunista o un socialista (hasta un ‘sociolisto’) se puede corromper o bien no serlo en realidad y simplemente usar al partido para sus intereses y no para luchar por establecer la justicia social. Pero nadie que entre en el PP puede desear otra cosa que medrar y enriquecerse aun mas de lo que probablemente es. NADIE. Nunca salvaran la economia de un pais, porque la unica patria en que creen, a pesar de todas sus alharacas nacionalistas, es la republica independiente de sus propias casas. No lucharan para lograr la justicia social y ni siquiera aplicaran la moral cristiana (que tanto reclaman) porque lo unico que les interesa de la igualdad, la caridad y la religion es la familia tradicional con la mujer sometida y la mantilla en Semana Santa o en las bodas de nobles enmohecidos; la parte de la Biblia en que Jesus echa a los mercaderes se la saltaron. Creo que hace falta no solo un cambio de sistema, sino un cambio de paradigma, un cambio de etica y de prioridades vitales, un primer paso hacia un mundo sin miedo, sin ira y sin dolor. Pero estoy convencida que en ese paso tal vez utopico no van a estar ni los integristas, ni los fascistas, ni siquiera los conservadores, porque ni una sola coma en los estatutos de sus partidos o de sus dogmas apunta a hacia ese objetivo. Dejemos de cerrar los ojos ante la realidad, tomemos el rumbo de nuestras vidas, gestionemos nuestra propia politica y nunca mas nos confiemos en falsos predicadores por muy comodo y tentador que sea ni por muy ocupadas que estemos o muy temerosos de abandonar nuestros sillones. Joder.
(Disculpad la falta de acentos y todo lo demas. Se me ha desconfigurado el teclado).
Pagarán por sus crímenes. Bonita frase esta, tan bella como todo lo irreal. Yo sé, todos sabemos que prácticamente los únicos crímenes que se cobran son los crímenes producidos por una autodefensa contra la injusticia, mientras que los atentados del poder, los asesinatos y estafas de Estado quedan milagrosamente impunes, en un ambiente generalizado de desprotección y dejación de la ciudadanía por parte de un sistema solo interesado en defender las prebendas del multimillonario, e incrementarlas a costa nuestra. Pero en ocasiones, cuando las acometidas de esta guerra que el gran capital ha desencadenado contra el pueblo llegan a niveles de crueldad tan inimaginables vulnerando todos los tratados internacionales, pues sus ataques se centran, además, en hospitales, escuelas y población civil, suelo repetirlo como un mantra, que me calma y me prepara para la rebelión. Pagarán por sus crímenes, pagarán por sus crímenes. Les obligaremos a que nos devuelvan la educación, la atención a nuestras discapacidades y dificultades, a nuestra salud. Que nos las devuelvan, pues son nuestras, porque nosotros las pagamos, no son ningún regalo que haya de ser retirado por ninguna situación de carestía aunque no la hubieran inventado ellos. Les obligaremos a que reviertan la especulación de los bienes básicos, la alimentación, la vivienda, esa que han venido construyendo desde décadas los mismo que ahora fingen espeluznarse de las trágicas dimensiones que han tomado las consecuencias de sus políticas. Nos desahuciaron del resultado de nuestras luchas titánicas por nuestros derechos, del edificio de bienestar (relativo) que habíamos construido a base de mucho sudor y mucha sangre. Nos desahuciaron, pero no somos nosotros los que nos debemos suicidar, a pesar de que el desesperanzador panorama nos obligue a ver este acto como la única solución posible, a pesar de que (hablo por mí) no tengo puñeteras ganas de seguir viviendo en un mundo que nunca antes había sido tan poco mío. El 14N hemos de parar el país, pararles los pies, pero no hemos de pararnos ahí: arrebatémosles lo que más atesoran: su auto-otorgado derecho de decidir por nosotros y de jugar con nuestra vida y nuestra felicidad como si fuéramos viejos títeres. Hagamos realidad lo utópico, realicemos lo irrealizable. Suicidémonos, pero solo de la vida que nos imponen para así poder vivir la nuestra, la que nos merecemos, por la que hemos luchado, la que hemos elegido. Recuperemos lo que nos han robado, ahora y antes. Hagamos que paguen por sus crímenes.
Es ya 22 de octubre de 2012. En Galicia, las papeletas vuelan arrastradas por el viento del otoño ante los colegios electorales ya cerrados. Mis ateas oraciones de este fin de semana no han sido escuchadas: el Estelle no ha llegado a las costas de Israel, que por si fuera poco ha vuelto a atentar en el Líbano, mi querida Siria sigue siendo el desfigurado y sangriento escenario de las intrigas occidentales, destruidos ya la mayoría de los lugares que amé y la gente que conocí, y además dicen que Feijóo ha revalidado con creces su mayoría absoluta en Galicia a pesar de perder gran cantidad de votos.
Sin embargo, yo no me lo creo. Algunos y algunas piensan que este es el final. De las movilizaciones populares, de la esperanza en un cambio auspiciado desde abajo. Otros y otras han perdido las fuerzas para luchar y vagan desconcertadas ante las pantallas, sin saber cómo interpretar las noticias, refugiándose en el odio, acusando a los gallegos de cómplices o de insensatos. El resto, como siempre, conecta Telecinco.
Pero yo no. Son las dos de la mañana y las palabras se me agolpan en las sienes, sin dejarme dormir. Tal vez no pienso con claridad, y desde luego no es el momento para recabar apoyos a esta tesis, y sin embargo pienso además que no estoy sola en esta idea. Feijóo no ha ganado. Ha ganado la manipulación sobre el terreno abonado de nuestra incultura alimentada durante años, han ganado las amenazas veladas sobre nuestra impotencia y nuestra inseguridad, estómagos vacíos, vidas obligatoriamente ociosas, viviendas en peligro; ha ganado la conveniente (y sospechosa) desapareción en combate de la oposición, y la ley electoral hecha a la medida de esta dictadura bipartidista durante la descomunal estafa de la transición ha colaborado lo suyo. Fuimos tan ingenuos que nos creímos que no era más que ficción de consumo friki, pero los supervillanos vencieron en su plan de dominar al mundo y los superhéroes están mutilados, muertos, o se pasaron al lado oscuro. Pero Feijóo no ha ganado. Las ilusiones que viajaban con el Estelle no llegaron a puerto, Siria ya ha dejado de ser Siria y tal vez no lo sea nunca más, pero Feijóo no ha ganado. Ha perdido Galicia, España ha perdido, me veo obligada a decir con la esperanza tocada aunque no hundida, con las fuerzas para luchar agotadas aunque no acabadas: pero hoy Feijóo no ha ganado, hoy ellos no han ganado. Solo ha triunfado la mentira. Solo ha triunfado su mentira.
NOTA: Metáforas aparte, DESDE LUEGO QUE FEIJÓO NO HA GANADO! El 72,5 de los gallegos y gallegas NO LE HAN VOTADO. Ha perdido unos 200.000 votos. Así, después de esto, unido a todo lo anterior, que nadie se crea, por mucho que lo diga la prensa, que esto es un cheque en blanco a los recortes de Rajoy. Joder, no somos masoquistas, solo incultos, temerosos y egoístas (aunque no sé qué es peor).
No es la primera vez que se afirma lo que voy a expresar aquí hoy; solo me hago eco del sentir de la calle, de las personas honestas e inteligentes a quienes les preocupa más el bienestar de toda la ciudadanía que sus míseras ambiciones personales de seres cobardes y débiles cifradas en un coche un poco más grande, un televisor un poco más potente y un puesto un poco más alto en la empresa (donde puedas demostrar a gritos a unos pocos más de tus compañeros que tú eres el jefe). Gente que no tiene pereza mental ni miedo a reflexionar, aunque eso le haga enfrentarse con sus fantasmas, y que descarta las explicaciones rápidas, irreflexivas e inhumanas, además de falsas, de la lamentable situación actual, como la estupidez de que son los inmigrantes los culpables de la crisis, por ejemplo. Esas personas son las que claman bien alto que cuando un gobierno, aunque elegido democráticamente (si es que se puede llamar elección democrática la regida por un ley electoral fabricada a la mayor gloria del inmovilismo y comprada mediante pancartas, anuncios y noticias manipuladas), traiciona a sus electores haciendo matemáticamente lo contrario a lo que había prometido en su programa, cuando además derrocha en lujos asiáticos de sus integrantes y amistades, en cargos de confianza y en inversiones sin sentido (que no favorecerán a la población sino a la elite económica que los subvenciona y mantiene) mientras ataca sistemáticamente los derechos y las vidas de los más desfavorecidos, y por si fuera poco reprime con dureza criminal y descalifica el legítimo afán de protesta mientras desvía la atención creando problemas de la nada, como los nacionalismos periféricos, este gobierno ha perdido la poco legitimidad que pudiera haber tenido. Y hay que derrocarlo. YA. Sin esperar un minuto más. Sin ponernos una excusa más.
Amanecía en Madrid en el día que todo podía empezar a cambiar. Llegábamos desde Barcelona en un autocar compartido, CCOO-CGT-XSUC, y la ciudad me sorprendió, como cada vez que la visito: no puedo evitar enamorarme de ella incluso a pesar de mis gustos personales, de su excesiva majestuosidad que no debería de llenarme, pero lo hace, de su historia tan presente que no debería ser suficiente para mi arrobamiento. O es quizá su alma oculta lo que me hace querer siempre volver a visitarla, la que me hace tan difícil, cada vez, dejarla. A esas tempranas horas de la mañana, los ejércitos enemigos del sistema comenzaban a tomar ya la ciudad, y lo hacían sinuosamente, calladamente, de momento en paz, pintándola de los colores de sus estandartes y su banderas, colores tan positivos como los conceptos que representaban: educación, sanidad, socialismo, república… El humor y la indignación se mezclaban en las marchas que, poco a poco, iban convergiendo hasta la Plaza de Colón, que parecía la esfera de un sol revolucionario cuyos rayos surgían en todas direcciones. Nos aparecíamos por todas partes, estábamos tras cualquier esquina, como una pesadilla recurrente para quienes consiguieron el poder con mentiras y lo detentan ahora con la más desvergonzada iniquidad y la estupidez más supina, centrando su estrategia en robar los mejores puestos y en halagar a los mejores situados. Cuando llegamos, tras nuestra pancarta voladora, me apabulla la enormidad de la bandera monárquica de la plaza: es verdaderamente lamentable que no lleve conmigo un buen bidón de gasolina. Las diferentes mareas acaban por fin de converger: los bomberos están quemados, a los educadores no les apetece comportarse con educación, a los que curan les dan ganas de hacer daño, a ellos, a los que están ahí arriba, porque quienes deberían tener trabajo no trabajan, a quienes deberían de estar cuidados los abandonan, a quienes deberían respetar les insultan. Suenan las palabras de los dirigentes por los micrófonos, y no puedo evitar pensar que la movilización popular ha superado a las cúpulas, que los que estamos abajo en las organizaciones sociales, o al menos en muchas de ellas, vamos muchos más allá de lo que quizá pueden o desearían nuestros mandamases. Es igual. No les necesitamos. Les agradecemos su trabajo, aunque sea insuficiente, y les invitamos a seguirnos. Sí. Ellos a nosotros. Estoy orgullosa de mi gente. Al fin estamos despertando.
Madrid, ayer, estuvo tomado hasta bastante avanzada la tarde. No fuimos 10.000, ni 50.ooo, ni 85.000. Estuvimos todos. Desde todas partes. En presencia, y algunos hasta en ausencia. Deberían escucharnos. Ahora, de momento, aún vamos por las buenas.
Creímos que otro mundo era posible. Remarcamos que además necesario. Peleamos contra una globalización que no era más que otra vuelta de tuerca al capitalismo más salvaje, nos empeñamos en no olvidar a las víctimas más flagrantes del sistema, esos países que sostenían nuestro modo de vida occidental con su producción agrícola, con su trabajo sin horarios, con sus vidas, con sus muertes. Nos apoyamos en los logros del pasado, en la sangre derramada que había fructificado en nuestros derechos.
Pero también fuimos cómplices. Nos creímos la mentira del euro y jugamos a hacer burbujas inmobiliarias de jabón, tan tóxicas que destrozaban el paisaje, la convivencia y la poca legalidad que aún existía allí donde se posaban, extendiendo un cáncer de corrupción. Nos creímos burgueses, nos reímos de las luchas antiguas pensando que ya había arribado la utopía, acallamos a carcajadas las voces lúcidas y discordantes, o por lo menos escondimos los oídos en la tierra. Y vivimos así, encerrados entre las horas extras, la hipoteca y Gran Hermano, cada vez más solitarios, egocéntricos y amargados, sin compañeros ni objetivos comunes, creyéndonos felices y propagando la infelicidad en nuestro entorno porque éramos demasiado pusilánimes para aceptar que todo era una farsa. Pusilánimes, sin embargo, con techo, cuidados médicos y alguna posibilidad educativa que, cuando sonaron las alarmas, en lugar de levantarnos, nos arrimamos a la opción más caduca, estrecha de miras, estúpida, egoísta, corrupta y mentirosa (aunque los otros no les van mucho a la zaga) olvidando sus crímenes pasados y el hecho de que fueron quienes sentaron las bases de la debacle actual.
Ahora, en un paisaje agostado, devorado por el fuego y la ambición, sembrado de ceniza, cemento y basura, transitan almas en pena. Han perdido el techo, la asistencia médica es cada vez más o un lujo o una limosna que hay que pedir bien arrodillado, y la educación, cuando alcanza unos mínimos, es pura doctrina. Han perdido incluso el poco derecho que tenían a gobernar sus cuerpos, les han arrebatado la memoria, les han deshauciado hasta de los sueños. Y, aunque muchas de ellas hayan despertado, viendo que la ceguera persiste a su alrededor, se rinden sin presentar resistencia.
Pero no somos víctimas; al menos, en nuestra gran mayoría. La mayor parte de nosotros hemos contribuido a esta cada vez más vergonzosa España con nuestra cobardía, nuestra incultura reivindicada, nuestra pereza y, en los casos peores, nuestro aprovechamiento de las circunstancias. No me dirijo a estos últimos: en una España posible y necesaria, tricolor, justa e igualitaria, ellos mismos verían que no tienen lugar y no tardarían en marcharse. Hablo para todos los demás, los que ya dan la batalla, los que quieren darla, los que no saben cómo hacerlo, los que aún no se atreven y los que aún no creen en ella. Y declaro que sí, existe esperanza.
Arde mi país. Y ardo de indignación. Yo, y tod@s l@s compatriotas que saben otorgar a los triunfos deportivos la importancia que realmente tienen. Arde España en deshaucios y represión, en servicios básicos de coste inasumible, en medicamentos que algunos nunca podrán volver a adquirir exponiéndose al dolor y al deterioro físico, en naturaleza explotada y luego abandonada. Arde España, una España sin Norte, donde los PPoderosos y sus cómplices entraron hace tiempo en una espiral de ambición tan psicopática como autodestructiva sin que el pueblo pareciera reaccionar, una España también sin Sur. Y me pregunto, quizá tontamente: ¿qué nos ha pasado? ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué, por ejemplo, l@s valencian@s dejan que la gente que ha destrozado su comunidad económica, social, moral y mediambientalmente vuelvan y vuelvan a ganar las elecciones una y otra vez? ¿Y por qué el resto de España, sabiendo a lo que se exponían, siguió su ejemplo? ¿Por qué somos tan incultos, tan manipulables? ¿Por qué caemos tan fácilmente en el cómodo, fácil y cobarde autoengaño? Por qué somos tan débiles que preferimos despreciar a los más desfavorecidos en lugar de enfrentarnos a nuestros propios fracasos? Arde España, pero tod@s parecemos ignífugos. Los únicos que se queman, y mueren por ello, son los bomberos, esos que apagan los fuegos que el PP lleva décadas encendiendo. Ante el silencio de una multitud que solo prende bengalas para festejar Eurocopas.
Tal vez el eterno tópico entre el bien y el mal no ha sido más que una cruel mentira: todo apunta a que los malos ya ganaron la batalla definitiva hace tiempo, quizá en el principio, y lo que creímos victorias, metas volantes de la historia bajo las que pasamos los primeros, solo fueron manipulaciones, traiciones, espejismos que, a pesar de toda la sangre que nos costaron, acabaríamos pagando caras o, al menos, perdiendo.
O tal vez, sencillamente, todo fue una estrategia para llegar a este punto: al inicio de un nuevo orden mundial digno de los seriales más apocalípticos, en que una mayoría sin recursos, sin educación, sirve esclavizada a una gran mayoría insultantemente opulenta e intocable.
Parece a veces que la inteligencia es patrimonio de los malos, una inteligencia errada y cortoplacista (pues la suprema inteligencia y el supremo egoísmo es la bondad), pero efectiva al no estar enturbiada por la empatía. Una inteligencia general que debe pactar con la estupidez particular de tantos aliados poderosos y necesarios (y eso lo sabemos muy bien los que sufrimos la política española), acrecentando su poder destructivo. Y lo peor es que la bondad también está comenzando a considerarse únicamente privilegio de los malos.
Porque lo más peligroso no es tener el poder, sino la voluntad de ejercerlo. Lo más peligroso no es ser fuerte, sino desear esa fuerza como arma de destrucción. Lo más peligroso no es la ambición, sino la falta de empatía hacia sus consecuencias. Lo más peligroso no es su miedo ni su fanatismo, sino el que nos inculcan.
Un panorama como para dejarse llevar por la desesperación. O por el inmovilismo. O no necesariamente. Porque tal vez este nuevo escenario exija nuevas estrategias: más sibilinas, más correosas. ¿Debemos entonces ser malos? Hay pocas escuelas que enseñen esta cualidad, dejando a un lado la escuela de la vida con sus métodos educativos incisivos pero erráticos, que no funcionan siempre o no funcionan adecuadamente. Aunque quizá no sea necesario; bastaría con copiar sus métodos. Con ser fríos a pesar de nuestro calor humano; con ser estratégicos a pesar de nuestra indignación impulsiva; con ser activos a pesar de nuestra desmovilización alimentada durante tantos años; con ser valientes a pesar de nuestro temor heredado pues, además, dentro de poco ya sí que no nos quedará nada por perder.
De esta manera, tal vez un día podamos subvertir un sistema ideado para que en él prosperen los malvados y estúpidos y perezcan los bondadosos e inteligentes, los que solo desean tener las necesidades básicas cubiertas, amar, reír y vivir en armonía con el entorno. Aunque ya sabéis que no va a ser fácil.
Érase que se era en una galaxia muy lejana una joven que respondía al castizo nombre de España. La muchacha en cuestión, de familia de rancia raigambre franquista disfrazada de la más democrática de las ideologías, era guapa y voluptuosa, aficionada a los toros y a tocar la pandereta, pertinaz espectadora de culebrones y reality shows de la peor calaña, asidua de los botellones y de aquellas que perdían el culo para conseguir una entrada de Justin Bieber o de otros engendros menos que pseudomusicales de la misma ralea cuando a estos les daba por aparecerse por el país, sin dudar en vender su virginidad por esta buena causa vulnerando incluso sus fanáticas convicciones católicas. Nuestra protagonista a duras penas había conseguido el título de la ESO, a pesar o tal vez gracias a los colegios privados en los que su familia le había matriculado, y se jactaba de su ignorancia como otros se enorgullecen de su cultura, por lo que constituía una rara avis entre sus compañeras Francia, Inglaterra, Grecia, India o Argentina, entre las cuales desempeñaba el papel de la bufón oficial de la clase. Pero hay que decir en el descargo de nuestra amiga que sabía ser solidaria cuando tocaba y que era sensible a las injusticias, al menos cuando estas eran muy flagrantes y no le interrumpían ningún programa de Telecinco. Y cuidaba muy bien de sus hermanitas pequeñas, sobre todo de Catalunya, a la que nunca dejaba que tomara una iniciativa propia (por miedo, evidentemente, a que se lesionara), eso sí, cuando no se ocupaba de chincharlas y esquilmarles la paga semanal. Había tenido una infancia envidiable. Creciendo entre algodones, en la convicción de que el paraíso se hallaba en la Tierra, más concretamente en su casa, sus padres le habían concedido todos sus caprichos o bien la habían hecho desear todo lo que ellos querían concederles; estaba segura de ser una privilegiada, con su casita de muñecas sobrevalorada, su coche de juguetes y sus vacaciones en Marina d’Or Ciudad de Ídem.
Pero un día todo acabó. De pronto, su familia empezó a recordarle todo lo que habían hecho por ella. Alegando una situación económica desastrosa, que no parecía reflejarse más que en sus testimonios, empezó a recortarle sus hasta entonces inamovibles privilegios, lenta pero progresiva e inexorablemente. Las horas de trabajo en la empresa familiar empezaron a hacerse cada vez más copiosas y menos remuneradas, y cuando quería denunciar su situación se la acusaba de haber exigido caprichos por encima de las posibilidades de su familia, sumiéndola en un estado de culpabilidad que, paradójicamente, incrementaba el síndrome de Estocolmo hacia sus secuestradores. Poco a poco, le quitaron sus vacaciones, su coche de juguetes, su casita de muñecas, su dignidad. Le arrebataron los pocos libros con que se entretenía a veces, le prohibieron asistir a clase a no ser que trabajara muchas más horas en contrapartida, y dejaron de alimentarla y de llevarla al médico mientras ellos se hartaban de mariscadas en yates de lujo. Eso sí: en ningún momento le suprimieron el televisor.
Y sin embargo, no tardó en llegar la esperanza: su poderosa vecina Europa, al parecer indignada por cómo se estaba llevando la educación de la joven y de sus igualmente explotadas hermanitas, hizo a sus progenitores una oferta que no podrían rechazar. Ella se haría cargo de las niñas, y en compensación aportaría una sustanciosa cantidad de efectivo que permitiría sanear las deudas familiares. Sin dudarlo un momento y haciendo el negocio del siglo, esto es, vender lo que es tuyo en el más puro estilo de la privatización ibérica sin importar las consecuencias, la familia aceptó, y para celebrarlo se fueron al fútbol. Pero no acabaron allí las desdichas de nuestras heroínas: cuando, vendidas como si de una mercancía se tratase y convenientemente grabado en el hombro a fuego el emblema de su nueva dueña, entraron en su nueva vivienda, comprobaron que se trataba de un prostíbulo frecuentado por los clientes más babosos donde a partir de entonces tendrían que prestar sus servicios hasta que se jubilaran a los setenta años, y con las prestaciones en sanidad, educación y vivienda aún, si cabe, más restringidas. Y todavía podían estar contentas: las prostitutas inmigradas lo tenían mucho peor.
Del final de esta historia existen dos versiones contradictorias: una relata que las jóvenes comenzaron a leer textos de economía alternativa y política social y un día cogieron los kalashnikov e hicieron una limpieza general, eso sí, muy pacífica, y a partir de entonces todas las familias de la tierra se rigieron por los criterios de libertad, igualdad y fraternidad, repartiendo la riqueza, respetando las aspiraciones y las creencias, cuidando del entorno y desterrando a Justin Bieber a una de las lunas de Júpiter. La otra cuenta que nuestras protagonistas se resignaron cobardemente a su cruel destino y que la única Re-Vuelta que protagonizaron fue la de Gran Hermano 12+1.
Podéis elegir qué conclusión preferís. Y realmente espero por el bien de tod@s que lo hagáis bien.
-Aborteros clandestinos: Para equilibrar la natalidad con los salarios, la cuantía de los impuestos, las nuevas tasas de la Injusticia y el nivel de ocupación (ojo: prohibido su uso si eres una “mujer de verdad” al estilo Gallardón).
-Inquisidores: Para aleccionar de una forma pacífica y respetuosa a las usuarias del anterior servicio. Imprescindible nociones de alimentación de hogueras.
-Curanderos: Una alternativa barata al desmantelamiento de la Sanidad pública.
-Traficantes de órganos: Especialmente útiles para los que no pueden costearse el traslado de la diálisis. También para quienes han de deshacerse de alguna parte de su cuerpo para pagar la hipoteca.
-Delator: Tal vez no consigas un incremento de patrimonio inmediato, pero siempre va bien para quitarte de encima posibles competidores, o sencillamente al vecino que tiene un móvil más chulo que el tuyo.
-Cazarrecompensas: El siguiente estadio de la evolución del estado policial hispanocatalán (me pregunto qué precio pondrán a mi cabeza).
-Constructores de cámaras de gas: Pronto se darán cuenta que hay alternativas más rápidas e indoloras que quitarles la tarjeta sanitaria a los inmigrantes.
-Sepultureros: Para inhumar a las víctimas del genocidio social de manera expeditiva, limpia y silenciosa.
-Policías, muchos policías: Los vais a necesitar.
-Constructores de cárceles: Os harán falta muchas si queréis meternos a tod@s l@s que vamos a salir a la calle. Pero cuidado no vayáis a acabar al final vosotr@s dentro!
Y lo peor de todo es que hay gente que sigue pensando que facilitando el despido aumentarán las plantillas; que congelando los sueldos se incrementa el consumo; que suprimiendo ayudas a la cultura y la enseñanza, y al empleo, seremos un país más competitivo; que las grandes corporaciones internacionales crean puestos de trabajo de calidad y han de tener más facilidades que las pequeñas y medianas empresas del territorio; que convirtiendo España en un gigantesco casino, paraíso maloliente de mafiosos premiados con amnistías y leyes a su conveniencia, va a mejorar nuestra calidad de vida; que los cuatro fraudes en la prestación de desempleo son los que nos han llevado a esta situación, y no la evasión de impuestos; que somos los vasallos de Alemania y de lo que representa y le debemos pleitesía; que los dependientes que no puedan pagarse los cuidados han de ir a pudrirse a las cunetas; que la salud es para el que pueda pagarla (dos veces); que nuestros impuestos no han de revertir en protección y servicios, sino en sueldos de políticos fascistas y genocidas y en sus corrupciones varias; que ahorrar en protección de incendios en Galicia no va a a tener ninguna consecuencia; que con más ladrillo y más destrucción de espacios naturales se va construir la economía más saneada y sostenible; que la memoria de l@s que lucharon por un mundo mejor se puede sepultar quitando placas y nombres de teatros y borrando murales; que los que protestan contra este estado de cosas, a menudo jugándose la paz y la integridad física, son el verdadero problema y contra ellos valen todos los medios, sean policías infiltrados cometiendo atentados, violencia indiscriminada aunque sea contra menores o discapacitados, represión de denuncias de agresión policial o equiparación penal con terroristas (¡y ellos se atreven a hablar de terrorismo!).
Pero lo que ninguno de ellos sabe, ni los votantes ni los votados, ni los que continúan intentando mentir al pueblo en un ejercicio de hipocresía (porque ya no les importa si nos creemos o no sus mentiras), ni los que continúan justificando la utilidad de su sufragio estúpido e insolidario (aunque ya sospechan que se volverá contra ellos) es que pronto nos convertirán en lo que más temen. Por mucho que nos encierren preventivamente.
Ayer Barcelona era un campo de batalla, y no solo en el sentido en que la caverna mediática lo quiere resaltar, y también fue un campo de sueños. Era el escenario donde mis camaradas y yo nos desplegamos para pedir a la ciudanía condal que abriera los ojos a la realidad desoladora en la que nos había instalado el sistema, que no intentara justificar más lo injustificable y que dejara de ampararse en el miedo, que no relegara en l@s demás la cómoda tarea de luchar por sus derechos, que tomara el gobierno de su ciudad, de su país y de su vida, que se comprometiera con una lucha que era de tod@s y, sobre todo, que apostara por la esperanza, o bien peleara sin ella. Fueron momentos de unión con propios y extraños, de debate, de extrañas coincidencias y de no menos curiosas hermandades, y de triste constatación de que la ira y la frustración siempre acaban cebándose en el que parece más débil, o al menos en el que más se expone. Ayer Barcelona fue escenario de una manifestación continua, ayer la calle era nuestra y nuestro era un poder que, compartido por tod@s, no podía ser lesivo para nadie. ‘Disfrútalo’, le dije a un camarada. ‘El Tiempo de las Cerezas siempre acaba pasando’.
Ayer hubo hermandad, hubo debate, hubo lucha, y hubo rabia. La rabia de quien no tienen nada que perder. Rabia que no justifico, entre otras cosas porque no me parece razonable ni operativa, pero que no podemos negar que es una de tantas consecuencias de la situación. Pero me quedo con una imagen: después de que conseguimos echar a los Mossos de Esquadra de los templos del capitalismo en Barcelona, la Bolsa y el Corte Inglés, este último, cerrado ya, fue asaltado por unos encapuchados. Con perfecta coordinación machacaron los cristales del establecimiento y tiraron un cóctel molotov antes de desaparecer entre la multitud; antes de que el fuego hubiera tenido casi tiempo de prender, los coches de policía cercaron la plaza y comenzó la batalla campal de la que han hablado los medios. Y yo no dejo de pensar que los ojos de esas personas, la única parte de su cara que no ocultaban, mostraban una airada y feroz determinación, muy intranquilizadora, que yo no había visto en ninguno de los piquetes, más o menos radicales, con los que me había topado en todo el día. A partir de ahí, cualquier lectura es posible: yo ya tengo la mía.
Siempre en segundo plano, siempre en primera línea. Fernando Medialdea, Nando, compañero de Maruja (la histórica militante del PSUC-viu y de los movimientos sociales que dejó con dos palmos de narices al mismísimo Trias, alcalde de Barcelona, cuando este iba a entregarle la Medalla de Honor de la Ciudad), murió anteayer. Y ahora el compromiso, la solidaridad, la honestidad, los valores de izquierdas, en suma, están un poco más huérfanos. Justo cuando son más necesarios.
No me veo capacitada de escribir nada al respecto, así que desfachatademente copio el post del camarada Jordi del blog Del caño al coro. En él cita, entre otras cosas, la última batalla perdida de Nando, contra aquellos que renunciaron a la lucha y además quisieron imponerse con malas artes (ninguna de las dos cosas él la hubiera hecho nunca), y el hecho de que hayan sido los recortes de Mas los que probablemente hayan contribuido a acelerar su fallecimiento, cosa que me llena de una rabia inexpresable, y no solo por él, sino por tantas víctimas anónimas de este miembro de honor de esta Asociación de Psicópatas que gobierna al mundo con sus numerosos adláteres. Rabia inexpresable con palabras, claro, porque conozco otras maneras de expresarla. Y será mejor que no me obliguen.
Pero os dejo con Jordi. Hasta siempre, Nando.
Hasta siempre, Nando
Ayer nos dejó el histórico militante del PSUC y de Comisiones Obreras Fernando Medialdea, marido y compañero fiel de tantas luchas de la respetada dirigente vecinal Maruja Ruiz Martos, más conocida como “Maruja la de Nou Barris”. Todos y todas los que hemos tenido el privilegio de conocerlo y trabajar alguna vez codo a codo con él, tenemos hoy que llorar su ausencia y reivindicar su memoria.
En cierto modo, también Nando ha sido víctima de la política criminal de recortes en la Sanidad que están impulsando nuestros gobernantes, azuzados por la Banca internacional y los cínicos euroburócratas, pues, padeciendo una grave enfermedad, se le pospusieron y retrasaron intervenciones y tratamientos que deberían, en cualquier caso, haber sido considerados como urgentes.
En los últimos años de su vida, yo sé que Nando estuvo dolido conmigo, y no sin razón. Él nunca quiso comprender ni disculpar a quienes, en un momento dado, se dejan llevar por el desánimo y abandonan la lucha, ni que sea temporalmente, ni que sea para recuperar fuerzas y recopilar nuevas armas. Como tampoco quiso nunca comprender ni disculpar -y ahí, sí, estuvimos siempre de acuerdo- a quienes, a cambio de una concejalía de distrito o cualquier otro cálido pesebrillo, están dispuestos a abandonar sus principios y traicionar todo aquello por lo que habían luchado.
La última vez que vi a Nando fue en una asamblea preparatoria del último congreso del Partido; congreso en el que, a la postre, acabaron ganando los que defendían -y defienden- la cálida comodidad del pesebrillo. Es triste que esa última batalla política de Nando fuera una batalla perdida; pero a Nando nunca le asustó ni librar las batallas, ni perderlas. Él siempre fue como esos héroes de la Revolución Francesa que, tras caer abatidos por el fuego enemigo, se levantaban como podían para que siguiese ondeando siempre su bandera. Desde aquí hago propósito de aprender de él, y no desfallecer nunca en el combate, por muy de cara que venga el viento o por adversas que parezcan las circunstancias.
En personas como Nando y su compañera Maruja era en las que pensaba el poeta
Bertold Brecht cuando dijo que “hay personas que luchan durante toda su vida, y éstas son las imprescindibles”.
Pero eso no importa. Creemos que la verdad está de nuestro lado. Solidarios y conciliadores, emprendemos iniciativas muy justas y respetables pero con las que le hacemos el juego al capital, autogestionándonos ante los recortes sociales, pagando y repagando eternamente los servicios que bien nos cobran o que nos recortan, como la sanidad, la educación y la ciencia. Editamos libros de texto gratuitos, retribuimos de nuestro bolsillo a los investigadores que despiden… tal vez creamos así ganarnos el cielo o al menos evitamos luchar demasiado, oponernos demasiado, ser demasiado los malos de esa película que tan bien nos venden. Pero no conducimos Ferraris, ni nos han construido estatuas, ni podemos jugar al golf ni nos han nombrado padres de la Constitución. Estamos haciendo el primo: vivimos sin saberlo en la antesala del infierno y la entrada cada vez parece volverse más grande.
Fraga ha muerto hoy, entre reivindicaciones de no pagar el metro y ocupar la Zarzuela, como si de pronto hubiéramos recuperado la sensatez. Pero también entre hostias policiales, que él hubiera aprobado. Fraga ha muerto feliz y en paz, y con su muerte ha muerto un poco más esa justicia posible que en verdad es imposible; los juzgados y condenados siempre son otros. Al menos hasta que dejemos de poner la otra mejilla indefinidamente, creernos los cuentos y hacer el ridículo.
El Papa dice que el matrimonio homosexual es una amenaza para la Humanidad; según parece, que te sientas atraíd@ por personas de tu mismo sexo y las elijas para tener relaciones sexuales y/o formar una familia (con todos los estadios intermedios incluidos), algo que se circunscribe únicamente al ámbito personal, es un mal global y además equiparable a catástrofes como el cambio climático, la especulación alimentaria, la trata de personas, la explotación de los más desfavorecidos, las epidemias, los genocidios y la dictadura de los mercados. O mejor dicho, mucho peor, ya que nuestro amado Ratzinger apenas menciona las adversidades anteriormente citadas más que de una manera muy episódica y siempre mirando hacia la cámara.
Claro que tal vez lo que a Benedicto le asusta es que considera a estas personas una aberración respecto a su género. Si es así, habría que decirle que l@s homosexuales no atacan ni intentan perjudicar a los integrantes del sexo al que pertenecen, o al menos no más que l@s heterosexuales: eso es privilegio exclusivo de las mujeres del PP. Altamente representativos son los especímenes conocidos como Mato, Cospedal y Aguirre, cuyos ataques contra sus compañeras de género han adquirido unas características de hipocresía, incultura, prejuicio y maldad casi insuperables.
Pero se puede ir más allá incluso de esta traición: se puede traicionar a la gente que te ha dado su apoyo y su fe, pensando equivocadamente que tú ibas a salvarlos; se puede traicionar a los propi@s conciudadan@s; se puede traicionar a todo el género humano. Estas traiciones, obviamente, forman parte de la idiosincrasia esencialmente tan cobarde como autodestructiva, completamente irracional, del hombre y la mujer: pero nunca se ha combinado un estado tal de resignación e inmovilismo por parte de l@soprimid@s con una estrategia tan compleja y agresiva por parte de los opresores. Y todo esto me lleva a pensar que si otro mundo mejor es posible, otra Humanidad mejor nunca lo será; que las tendencias de comportamiento que se hallan en el estrato más básico de nuestro cerebro podrán ser domesticadas, orientadas hacia el bien común (yo le llamo socialismo) y hacia la razón, pero nunca erradicadas. Podemos sacudirnos nuestra desmovilización y nuestra pereza intelectual, podemos defendernos, forzar el cambio de las formas, de nuestras costumbres, de nuestros gobiernos, pero nunca les cambiaremos a ellos ni cambiaremos nosotr@s. Igual que ninguna religión imaginable, por mucho que se esfuerce el Papa y los de su calaña, cambiará nuestra forma de relacionarnos.
Si fuera una persona como debe ser, y no la excéntrica rara vis (valga la redundancia por el énfasis) a la que ahora leéis, me plantearía el día de hoy una retahíla de buenos propósitos. Pero no puedo, por ejemplo, comprometerme a no fumar porque nunca he tenido esa costumbre (aparte de que a lo mejor voy a tener que hacerlo al revés para integrarme en el nuevo mundo mariano), a hacer dieta porque mi simbólico salario de mercenaria no me da ni para engordar un gramo, ni a ir al gimnasio porque ya estoy bastante agotada de echar carreras delante de los Mossos d’Esquadra (no, si aún tendré que agradecerles mi buena forma física). Por cierto, tampoco a aprender inglés porque se supone que ya sé; creo que anda colgado en algún lugar de mi habitación un título de la Universidad de Cambridge que acredita que mi dominio de la lengua de Shakespeare es más que notable; lo que pasa es que en ocasiones tengo la impresión de que eso no es más que una creación de mis sentidos, y lamentablemente los anglófonos que hablan conmigo están de acuerdo. Vamos, que a Aznar a mi lado casi se le entiende.
Y si, además de ser una persona como debe ser, fuera una persona como Dios manda, os hablaría en este post de las cosas importantes a las que me dedicaría este año. Os recomendaría que, como yo, siguierais la Fórmula 1, jugarais al pádel y al golf, rezarais mucho, cumplierais el papel asignado en la familia patriarcal, honrarais a los muertos ilustres y comprarais cantidad de productos de marca, preferiblemente si los responsables de la misma se lucran reduciendo al mínimo más inconcible la seguridad laboral de sus trabajador@s y fomentando el trabajo infantil. Porque es digno de respeto saber enriquecerse, y eso te da la medida de tu validez como ser humano. Y así, comprendería que las medidas de austeridad son necesarias y convencería a mis pobretones subordinados que es por el bien del país que se les bajan los sueldos, se les sube vertiginosamente el transporte, se les retiran las ayudas y las protecciones en sus situaciones de peor indefensión, y se renuncia a todo lo que significa ecología, cultura, investigación, ciencia, educación; mientras que las personas que detentan el poder político y económico en el país no deben sufrir ni el más leve pellizco en sus inconmensurables e ilegítimas rentas porque ell@s son los que están en situación de salvar el país; cosa para que la que, desde luego, han demostrado sobrada voluntad, capacidad y resultados. Y también me ocuparía de que nadie pudiera acceder a la escolarización ni a la sanidad si no puede pagársela, que ni está el país para mantener vag@s ni vamos a permitir que l@s parias aprendan a pensar por sí mismos.
Y si yo creyera en algo, siquiera en la actual medición del tiempo, os desearía feliz año nuevo. Pero aunque hubiera nacido con capacidad de tener fe, esta se hallaría tan menguada por las circunstancias generales, y tal vez por alguna particular, que incluso el axioma “pienso luego existo” me parece dudoso. Así que solo os desearé que, de aquí en adelante y hasta que se acaben los días, los meses y los años, tengan estos el nombre que tengan, nunca os falte el criterio para entender todas las posibilidades, la razón para discernir cuál es la que más os conviene, el equilibrio para poder pararos a meditar, el valor para tomar decisiones y la fuerza para llevarlas a cabo. Os deseo también que abunden en vuestra vida las personas que os quieran y a las que querer, esas personas por las que vale la pena vivir y luchar. Y que esta noche bebáis (con moderación, je je), bailéis y os divirtáis como si fuera la última despedida de año de vuestra vida. Que quién sabe… Esta que suscribe os acompañará en espíritu desde el reducto de los raros y los excéntricos donde no existen muchas de esas suertes.
Se gestó en la sala trasera de un conocido restaurante del Barri Gòtic de Barcelona, cuando aún se escuchaban las últimas consignas la manifestación del 15 de Octubre, y se inauguró oficialmente el día 3 de diciembre del malhadado 2011 en el Centre Cívic Pati Llimona, a pocos metros del primer local. El nacimiento de la XSUC (Xarxa Socialista Unificada de Catalunya) viene acompañado de ecos de la tradición comunista catalana, recuerdos de la clandestinidad y vocación de actualidad, y creo que tod@sl@s asistentes a ambas reuniones sentimos que estábamos viviendo un momento histórico.
A nadie se le escapa que el desafío al que se enfrenta la ciudadanía mundial es más decisivo que nunca; los llamados ‘mercados’, que siempre detentaron el poder en la trastienda, no tuvieron suficiente con ello y dieron un golpe de Estado a escala planetaria para detentarlo asimismo a cara descubierta y poder influir con mayor facilidad en las decisiones políticas y así llenar aún más sus infinitas arcas, que nunca corrieron ni el más mínimo peligro de vaciarse. A consecuencia de esto, la democracia, donde la había, ha pasado de ser un engaño a convertirse en una burla cruel, y nuestro Estado del Bienestar, que entre tod@s construimos y entre tod@s mantenemos con nuestro esfuerzo y nuestros impuestos (que eso no se nos olvide nunca) se ha convertido en algo falsamente inviable que ha de ser repagado y repagado para poderse conservar, por si fuera poco con cada vez peor calidad y concedido con una injusta caridad paternalista con tintes franquistas, preñada de reproches por nuestra supuesta ‘mala cabeza’ y por haber ‘fracasado en la vida’. Mientras, se aumenta donde se debe reducir, se reduce donde se debe aumentar y se recorta donde se debe invertir, convirtiendo la economía en un círculo vicioso de pobreza y desigualdades que solo beneficia la acumulación de capitales por parte de los de siempre.
En este contexto, la izquierda no ha estado a la altura. Y no hablo solamente de esa autodenomenada izquierda que ni ella misma se cree ni se ha creído nunca que lo sea ni aspira siquiera a que nosotr@s lo creamos. Hablo de una minoría más o menos amplia de la izquierda que se supone real, que entre dogmatismos, utilitarismos, tentaciones y miedo de perder el sillón lo que ha perdido es el norte, y ahora emplea métodos antes criticados en sus peores enemigos. Por eso, un grupo de comunistas profundamente crític@s con este estado de cosas, y decididos a empezar un debate que no se concretará en propuestas vacías sino que será sinónimo de acción, hemos decidido fundar esta red, que se enriquecerá con las aportaciones de tod@s l@s camaradas que compartan estas ideas, organizad@s o no, mirando hacia las novedades en cuestiones de organización que nos ha aportado el movimiento 15-M y hacia sus reivindicaciones, que son también mayoritariamente las nuestras.
Si eres uno de nosotr@s, o si solo sientes curiosidad, puedes encontrar más y mejor info aquí. O puedes dirigirte a la que suscribe si así lo prefieres.
Funcionarios con los sueldos rebajados. Sí, otra vez. Despidos. Privatizaciones. Copago. Subidas de tasas universitarias, transportes, agua y carburantes. Y esto es solo el principio. Unas medidas que está claro a quienes perjudican y desde luego no es al sector de las población más acomodado, que en muchas ocasiones ha llegado a este punto o por rancia raigambre económica o a base de desacomodar a todos los mindundis que se encontraba en su camino. Ni una sola mención a subir impuestos a las rentas más altas, a reducir los gastos en vuelos business, coches oficiales ni partidas económicas absurdas. Ni un solo ataque a lo más podrido de este sistema, cuyos miembros ya está bien que voten a Mas y lo legitimen: es su representante en la Tierra, su Mesías, el que no morirá, pero si matará, nos matará, por ellos y ellas. Pero es obvio que son los únicos.
¿Y ahora qué, votantes de Mas con hipoteca, con peligro real o seguro de desempleo, sin mutua privada ni coche oficial, que tenéis que coger indefectiblemente el coche público para ir al trabajo aunque ya ni os salgan ni las cuentas, universitarios que pronto tal vez dejaréis de serlo dejando la cultura en manos de quienes, en el fondo, la detentaron siempre? ¿Y ahora qué, insisto? Cuando sostengáis a vuestros ancianos padres o a vuestros bebés enfermos antes la puerta de hospitales cerrados o sin médicos (perdonadme la demagogia, pero esto ha pasado, YO LO HE VISTO), ¿nos pediréis que nos manifestemos a la puerta de estos centros sanitarios? Cuando no podáis pagar la receta que necesitáis a causa de vuestra situación económica desastrosa, ¿nos acusaréis porque no asaltamos la farmacia? ¿Esperaréis que ocupemos las Universidades cuando no podáis acceder a ellas? ¿Echaréis la culpa a la desunión de la izquierda cuando os desalojen a golpes de vuestra casa, sin detenerse ante el niño ni ante el abuelo, conminándonos a la acción?
Pues probablemente sí. Y lo peor es que nosotros y nosotras seremos tan imbéciles que hasta os haremos caso.
Presiento que tras la larga noche de los mercados, precedida y ensayada en el crepúsculo de la transición, del neoliberalismo de los ochenta y de Maastricht, vendrá la noche más larga. La pregunta es ¿podremos encender alguna luz?
Los poderes económicos se han quitado la máscara convencidos de su total impunidad; el espejismo de la democracia y del bienestar que nos mantenía en la inopia se ha roto. De eso tod@s somos conscientes. Y ahora, en vísperas de que surja un gobierno en España aún más esclavo del sistema que el anterior y con el camino allanado convenientemente por este, habrás más cosas que tengan que caer: nuestros miedos, nuestros prejuicios. Porque poco a poco se desvela la gran mentira que supuso la transición, que permitió que todo cambiara para que todo fuera lo mismo, que entronizó a los mismos tradicionales dueños de España como gobernantes democráticos, en la luz o en la sombra, los ambiciosos, serviles, o en el mejor de los caso inútiles, que han destrozado el país y luego han vendido los restos.
Poco tenemos que perder ya. Tal vez el inexistente amanecer marcará, o deberá marcar, la hora de l@s valientes.
Imagínate que tienes un amigo. Un buen amigo. Con el que te entiendes
perfectamente. Con el que te lo pasas de miedo. Con el que puedes dar caña
al sistema y al capital todo lo que quieres.
Un día se os presenta en vuestro bareto preferido otro grupo de amigos. Os hacen mil promesas: que si con ellos os divertiréis mucho, que si juntos seréis más y con más fuerza para dar caña al capital y al sistema, que si os invitarán a más cervezas… Como vosotros sois muy de izquierdas, y muy conciliadores, y todas esas cosas, decís: ¿por qué no? Y adelante. Pronto os dais cuenta de que no solo no os pagan más priva sino que sutilmente se dejan invitar; de que ya siempre sois vosotros los que tenéis que conducir después de la fiesta porque ellos a las primeras de cambio están debajo de la mesa; y de que por si fuera poco no hacen más que tejer complicadas intrigas palaciegas para que os separéis.
Y de pronto te das cuenta de que tu amigo no es tu amigo. Lo sigue pareciendo, pero no. Está poseído, zombificado, comprado… Procedes con el reciclaje, le extraes el pedacito de hielo que le han introducido en el corazón, le recuerdas los buenos momentos vividos. Algo consigues, pero…
Pero los otros están al acecho. No van a dejar que os escapéis impunemente. Afilan sus armas. Ofrecen nuevas prebendas. Os pintan un panorama desolador del mundo que vendrá tras de ellos. Ya no se esfuerzan en disimular sus comentarios aprobatorios sobre los recortes de Mas, las traiciones de Zapatero y las intervenciones de Libia. Y sabes, porque ya ha sucedido algunas veces, que cuando seáis miembros de pleno derecho de su grupo os arrastrarán a bares equívocos decorados con palomas de la paz mientras sus parroquianos entonan cantos de guerra. Y tu amigo, surrealísticamente, sigue confiando en ellos. Está convencido de que si no les proporcionáis apoyo las bandas neonazis acabarán ocupando vustro barrio y pisoteando los derechos de todas las personas trabajadoras, inmigrantes o de orientación sexual diferente; y lo peor es que crees que puede tener razón. ¿Debes optar por intentan evitar el mal mayor, aunque sepas que tus posible nuevos aliados acabarán traicionando tus principios, tal vez de la peor manera?
Qué dilema, ¿no? Pues eso, exactamente, es lo que me pasa a mí en relación al 20-N.
Si Gadafi hubiera sido solo un dictador, no estaría muerto. Esto lo saben los reyezuelos de los países del Golfo, y lo saben los señores de la guerra africanos y asiáticos, y todos y todas los miserables que hacen de la vulnerabilidad ajena el eje de su fortuna; y eso también lo sé yo y lo saben ustedes: si a pesar de eso obviamos saberlo, si preferimos pensar que las potencias occidentales pueden ser héroes por un día y no albergar más intenciones al intervenir un país que salvar a la población civil y vengar a los activistas, pues nos merecemos todo lo que nos venga. Que vuelva el PP, por ejemplo. O que siga el PSOE. Pero sea como sea, ayer la actualidad dio una tregua a un líder en horas bajas, Obama.
Si ETA hubiera sido solo una banda terrorista, ayer no habría anunciado el cese definitivo de su actividad armada. La violenta organización abertzale ha sido desde siempre y sobre todo una aliada del poder que causaba víctimas dobles: las derivadas de sus atentados y las que creaban los sucesivos gobiernos justificándose en su existencia. Y también un arma arrojadiza contra los rivales políticos, que actuaba como un elemento clave de esta alternacia bipartidista en el poder que nos han vendido como democracia; en este sentido, ETA ha cumplido su función hasta el fin: haciendo aumentar las opciones de otro líder en horas bajas, como hizo con Aznar en su momento.
Las figuras políticas que mueren o que finalizan su actividad, si no son mártires, son asesinos o tiranos, y su desaparición sirve para llenarse la boca con la libertad recién conquistada (como la de los libios, que probablemente estén de enhorabuena por haber pasado del dominio de Gadafi al de los mercados) o las bondades del estado de derecho (que nos garantiza sanidad, educación y vivienda deshauciádonos, atontándonos y privatizándonos). Y tal vez sí que lo sean: de hecho, las numerosas víctimas de ETA, que por cierto nunca fueron los culpables del estado de cosas que la banda denunciaba, lo atestiguan. Como también atestiguan la cobardía de la banda. Pero ni ETA ni Gadafi son los verdaderos culpables; nunca lo son.
Hoy debería ser un día de alegría: si las cosas fueran como nos dicen que son. Pero hay muchos libios que saben que la muerte de Gadafi no les va a sacar las castañas del fuego; aunque no les guste creerlo y luchen contra la certeza. Igual que los españoles saben que la desaparición de ETA no les hará recobrar sus derechos perdidos: es difícil que los pobres se acuerden de los que se fueron, como es muy difícil que a los familiares de los que se fueron les importe un rábano los motivos de la lucha por la que murieron sus seres queridos. Y es que, aparte de todo lo demás, esta desconocida y sospechosa ETA que ayer irrumpió en todos los desinformativos televisivos de este país ha elegido un mal momento para su desaparición: ahora, muchos funcionarios de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado o se van a quedar en paro, aumentando las listas, o con demasiado tiempo libre para atizar a los manifestantes, lo que todavía es peor. En su cúspide o su decadencia, aun vencidos, los pretendidos enemigos del sistema siempre serán su gran garante.
Pero, como parece que los poderosos no han captado el mensaje, tal vez sea el momento de dar un paso más.
Demasiadas personas han dado sus vidas para que se nos concedieran derechos que ahora nos hemos dejado arrebatar de un plumaz, como para que no estemos dispuestos a luchar hasta las últimas consecuencias, arriesgándonos incluso a perder lo poco que tenemos. Ahí queda eso.
Podéis ver más imágenes del 15-O en Barcelona aquí.
Los Mossos se llevan a un indignado detenido en la Ciutat de la In-Justícia
Es usted Mosso d’Esquadra o sencillamente matón aficionado? Está de suerte! Ahora puede ganar un viaje para dos personas a la base de Rota, donde los marines de EEUU le explicarán lo último en armamento de uso personal con la colaboración de Zapatero y de sus misiles; o tal vez una estancia en Treblinka, donde los mayores criminales nazis volverán de sus retiros paradisíacos para impartirle una master class sobre torturas refinadas, con la asistencia de Mas y de Boi Ruiz; o quizá incluso un recorrido por Chile, donde el fantasma de Pinochet le otorgará la Medalla Terror al Mérito Dictador y le hará emisario de sus felicitaciones a los gobernantes autonómicos y estatales de España, por su sabia evolución política y económica hacia el camino correcto. Solo tiene que colgar en la fan page de Facebook del Conseller Puig sus fotos de antisistemas detenidos arbitrariamente y apaleados. Los tres Mossos o similares que más imágenes cuelguen se llevarán el premio. Ojo: solo cuentan las fotos de personas diferentes, no vale coger a un guarro hostiado, cortarle las rastas, y luego volver a fotografiarle con un par de cardenales más; tómese un poco de interés y busque uno nuevo, leñe.
Y sobre todo, no haga nada de eso en los juzgados, hombre. Mire que si les mareamos la perdiz a los magistrados, estos se cabrean y dejan de darnos permiso para llamar ‘zorras’ a nuestras mujeres con total impunidad. En este país se pueden hacer muchas cosas divertidas sin tener que dar cuentas a nadie: apalizar a la parienta, hacer progroms de perroflautas, esclavizar a los empleados, limpiar las listas de espera de la Sanidad enviando a los excedentes a la funeraria (con lo cual además se reactiva convenientemente el negocio de las pompas fúnebres), etc. Qué nos cuesta hacerlo con un poco de urbanidad? ¿Por qué no dejarles que sigan pensando que esto es una democracia y todo lo estamos haciendo por su bien?
En estos momentos el señor Daniel, de 80 años, que acaba de sufrir un infarto y está aquejado de ELA (discapacidad casi total), espera desde hace seis horas una ambulancia que le devuelva a su casa. Junto a él, su mujer, de la misma edad y también enferma. Están sentados en incómodas sillas de plástico, sin cenar y sin medicinas, después de haber pasado dos noche en un box sin siquiera un timbre para llamar a la enfermera. Pero ¿qué importa? Solo son dos trabajadores jubilados que no pueden permitirse pagar la mutua privada, ¿qué importa si mueren? Un logro más del psicópata Mas y su banda de doctores Mengele.
No pasarán. La UE y el FMI, símbolos del sistema, tienen ejércitos más numerosos, e insidiosos, que los persas; nada puede hacer un pequeño grupo de ciudadan@s grieg@s que piden ‘cultura, alimentación y libertad’, esos lujos asiáticos en tiempos de televisión adocenante, comida basura fruto de la especulación alimentaria y sumisión a los designios del Mercado, y también de sustanciosas cuentas en Suiza solo para unos pocos. ¿Nada?
No pasarán. El todopoderoso gobierno y ejército israelí esgrime indistintamente plumas y espadas contra los escasos integrantes de la Flotilla de la Libertad. Nada podrán hacer est@s activistas, dispuest@s a dejar su vida en el intento de conseguir un poco más de justicia para Palestina, ante tal amenaza mediática y militar. ¿Nada?
No pasarán. Un ciudadano marroquí residente en Barcelona se enfrenta en solitario a una audiencia secuestrada por la manipulación monárquica. Nada podrá hacer ese hombre contra años de mentiras a una población sumida en el dócil oscurantismo por sus gobernantes. ¿Nada?
Recordemos: las Termópilas, sí, se saldaron con la extinción prácticamente completa de las fuerzas aliadas griegas. Pero, al final, el Imperio Persa no pasó.
Era cuestión de tiempo. Solo necesitaban una excusa que les permitiera reprimir sin echarse encima críticas, y el fútbol se la ha dado. Las Fuerzas del Desorden Público, o Fuerzas del Orden Privado del Sistema, a sueldo de poderosos y fascistas varios, han desalojado la Plaça Catalunya y la acampada de Lleida empleando el arma que les toca, la violencia; ya se están encargando los medios de comunicación oficiales de apuntalar la acción con sus adminículos ofensivos propios, las mentiras y la manipulación. L@s organizador@s están haciendo un llamamiento para que todo el que pueda vaya a apoyarl@s; ya se sabía que íbamos a perder alguna batalla, que esta eventualidad sea un incentivo para ganar la guerra.
Porque ¿acaso puede existir alguien con dos dedos de frente que siga pensando que España es una democracia después de esto? ¿Alguna diferencia sustancial con las represiones en Siria y aledaños? Escucho las últimas noticias y me quedo con un panorama de sangre, crueldad y censura informativa. Pero los grises no han vuelto, no: jamás se fueron, al igual que no se fue el régimen que los sustentaba. Ahora, sintiéndose fuertes por la explosión de conservadurismo ciudadano que sucede a todas las crisis, sus protagonistas están poniendo menos cuidado en mantener sus máscaras bien enganchadas a sus siniestros caretos; y estas están cayendo. Con estrépito y a nuestra costa.
Pero no nos moverán.
Más info en Punts de Vista.
Últimas noticias y vídeos de la represión en la Acampada BCN, aquí. Convocada una concentración hoy a las 19.00.
El PP no ha ganado; el PSOE sí se ha hundido, hasta que la alternancia en el poder de esta dictadura bipartidista lo vuelva a encumbrar. Los verdaderos triunfadores de estas elecciones han sido (y desde luego la abstención) la codicia, el miedo y la ley electoral. En las entradas que detallo al final lo explican mucho mejor de lo que pueda hacerlo yo. Y sobre lo que ha de hacer IU en los lugares donde es decisiva y en cuanto a los regalos al PP, creo que se ha demostrado sobradamente con la política del PSOE de los últimos años (durante los primeros tuvo que hace el paripé de que se trataba realmente de un partido de izquierdas para salvar la ficción de que el ciudadano español es libre de elegir entre dos opciones diferentes, solo dos, por eso) que regalar algo a uno u otro partido del régimen español es solo cuestión de formas, y que el posible programa lleno de mejoras sociales que el PSOE podría poner sobre la mesa de IU será tan papel mojado como aquel “os garantizo que el poder no me va a cambiar”. Solo un consejo a los negociadores de mi partido: no os dejéis engañar por la esperanza de influir dentro de gobiernos municipales o autonómicos si no queréis que os pase como a la EUiA del tripartito catalán (¿EUiA estaba en el tripartito catalán?, me preguntaréis: eso es exactamente lo que quiero decir. Vamos, si ni siquiera ICV pudo hacer algo, excepto el ridículo, claro). Sobre todo, desde que el 15M ha demostrado que la calle puede ser mucho más poderosa.
La Alemania de la década de 1930 era un país castigado por las exigencias del Tratado de Versalles, los tributos económicos que debían pagar como perdedores de la Primera Guerra Mundial, y la crisis mundial de 1929. El Partido Nazionalista se aupó en ese malestar social y halagó la peor parte del pueblo alemán al proponerle una solución en forma de odio y venganza en lugar de acciones constructivas: les creó una cabeza de turco, el enenemigo universal. Esta lección, que condujo al Holocausto, la supieron aprender muy bien los gobernantes estadounidenses y, ahora, la ultraderecha española. Lo cual es lógico y natural: el juego del poder es así de repugnante. No lo es tanto, sin embargo, que la ciudadanía vuelva a caer en el mismo error. El ser humano, sobre todo el ser humano español, es el único que, sabiendo su inveterada tendencia a tropezar un millón de veces con la misma piedra, no hace nada por evitarla.
Seguir promoviendo el más que rebatido, e ilógico, tópico que las ayudas sociales se destinan por decreto a las recién llegados. Identificar la delincuencia con la inmigración, lo que es realmente humorístico en este país de santos. Ahora que han ganado, ¿qué será lo próximo? ¿Obligatoriedad de presentar nuestro árbol genealógico con un mínimo de diez generaciones para calibrar nuestra pureza de sangre? ¿Análisis de ADN para establecer qué porcentaje de extranjería tenemos cada un@ de nosotr@s? ¿Nos espera un holocausto inmigrante?
PD: Quería poner un vídeo de PXC, a quienes el PP de Badalona y de otros lugares ha usurpado el discurso, pero renuncio a dar siquiera un minuto de protagonismo a esa gente.
Por fin eclosionó: parecía que el viento arrastraba no solo las leves palabras sino también las más sólidas acciones, que éramos impermeables a la lluvia de abusos, mentiras y burlas que había caído sobre nosotr@s, que estábamos atrincherad@s tras una armadura de botellones y telebasura, que dormíamos el sueño de los justos en mitad de la injusticia. Pero los movimientos, en apariencia aislados, de unas minorías que no se rindieron, tal vez en el fondo inconscientemente secundadas por la mayoría, cristalizaron al fin. Esta gran marea ya no se para y, aunque acabe estrellándose en los diques del sistema, aunque las corrientes internas de los acontecimientos nos empujen a orillas desconocidas y todo esto acabe convirtiéndose en algo diferente a lo que sus instigador@s quisieron, siempre nos quedarán estos días, siempre nos quedarán las plazas.
Pero hagamos un leve intervalo en nuestra lucha callejera: hoy se abre un frente diferente y decisivo. Complementemos nuestra potencia e influencia demostrada, nuestra autonomía como fuerza política ciudadana, quitando el poder a los que nos han llevado a esta situación. No les empoderemos con nuestra abstención ni con nuestros votos en blanco, que solo les beneficiarán y perpetuarán el sistema, su sistema. No les votemos a ellos: votemos a otr@s y démosles un margen de confianza bien vigilado. Como bien decían ayer en la acampada de Barcelona, ellos son nuestros empleados y nosotr@s sus jefes con la posibidadad del ERE de nuestra parte. Y las plazas sempre seguirán ahí, y si no, las inventaremos.
Si andáis por tierras gallegas, no deberíais perderos la exposición ‘Pixelados-Desenfocados’ del fotógrafo catalán afincado en Ourense Albert Brull, un buen amigo. Según sus propias palabras, Albert ha querido retratar en ellas a tod@s l@s que, víctimas inocentes del actual capitalismo feroz y la especulación financiera, se rebelan y se niegan a seguir las mentirosas consignas del sistema. La expo se podrá ver del día 13 de mayo al 12 de junio, y después las fotos saldrán de gira aunque los lugaares donde se podrán ver aún están sin confirmar… así que aún estáis a tiempo de, si gestionáis una sala de exposiciones o similar, hacer vuestra solicitud. Recordad, el próximo viernes 13 (no me seáis supersticios@s), la inaguración será en la Bodega, de O Carballiño, a las 20.00, acompañada de buena música.
Y dos convocatorias más, no tan lúdicas pero igualmente necesarias. Ahí abajo las tenéis.
Manifestació Prou Retallades i acomiadaments! 14 de maig, 11.00, Plaça Catalunya, Barcelona
Creo que no exagero ni un ápice cuando digo que los recortes en Sanidad del Govern de Atur (no es un error) Mas y su conseller de pesadilla Boi Ruiz pueden llevar, directamente, a morir a muchas personas. Según eso, podemos considerar al Molt Honorable President y a sus cómplices (y a quienes realizan la misma política en otras Comunidades Autónomas, por ejemplo Esperanza Aguirre en Madrid) como unos asesinos cuyo egocentrismo y absoluta falta de empatía les asemeja a los psicópatas de las películas de crímenes en serie. Y a los psicópatas que recortan ¿no se les llama descuartizadores? ¿Vamos a ser cómplices con nuestra pasividad y/o con nuestro voto de estos más que sangrientos crímenes?
Artur Mastisores, propera estrena a Catalunya
Retallar és NoCiU, així és que NO CiU
Y no olvidemos:
Enumeró Juan Torres en la presentación de Reacciona! en Madrid cuatro principios que creo que resumen de manera perfecta el estado del mundo hoy en día:
“La inmoralidad de llamar inversores a los culpables del crimen organizado de la humanidad, el hambre. La irresponsabilidad de seguir callados pensando que todo pasará. Hay que empezar a pedir cuentas. La insensibilización de no enrabietarse y solidarizarse con los demás. Y la inhumanidad a la que nos quieren someter los que como Botín y compañía pretenden que vivamos para ganar más a costa de los otros“.
L@s cobardes matan; l@s valientes mueren. A l@s que se escapan del rebaño les acaban echando los perros. L@s idealistas que son coherentes con sus principios (y que si no gustan no tienen otros) acaban incomprendidos y denigrad@s. Los seres sin escrúpulos son afortunados verdugos; los que los tienen, patéticas víctimas. Las almas puras e inocentes son fácilmente engañadas y confundidas por la religión, la costumbre, las consignas interesadas de los corruptos y ambiciosos. Así ha sido siempre; pero nunca los cobardes ambiciosos sin escrúpulos acumularon tanto poder como ahora, nunca el mundo fue tan desigual.
Párate un momento y medita. No digo que lo hagas tú, el criminal impune que acabará muriendo en la cama de su suntuoso palacio: nunca has sido feliz a pesar de tu poder y tus ventajas, pero sabemos que no dejarás que eso te detenga. Te hablo en ti, situad@ en las antípodas del sistema que a él le encumbra, y solo te pido: Párate un momento y medita.
Sé valiente, pero nunca irreflexiv@. Escápate del rebaño, pero asegúrate de hacerlo cerca de un río que puedas cruzar. Sé coherente con tus principios pero que no te ofusquen tanto que no tengas en cuenta ni los medios ni las consecuencias de tus acciones. Y nunca, nunca, te conviertas en un mártir en nombre de entidades abstractas o impuestas: lucha por causas concretas, luchas por tus causas.
Y sobre todo, sé reflexivo e inteligente. Solo el método nos ayudará a ser justos con nosotr@s y con l@s demás, a arañar la escasa felicidad que se le puede robar a la vida, a conseguir objetivos sin hipotecar nada por el camino (que no sea la vivienda, claro está). Nadie podrá recortar nuestro cerebro, y nada temen ellos tanto como nuestra lucidez. Organízate y lucha: aunque no lo parezca, hay esperanza.
Fuiste nuestro amigo. Te quisimos: ¿cómo podríamos no haberte querido? Nadie mejor que tú para netralizar a nuestros enemigos inyectándoles el veneno de la religión, que les volvería zombies a nuestro servicio, declarado o tácito. Fuiste nuestro amigo hasta que dejaste de serlo, o tal vez siempre lo fuiste, o tal vez como enemigo nos brindaste incluso mayores servicios. Pero, formando parte o no del plan en el que tú eras (voluntaria o involuntariamente) nuestro cómplice, o quizá debido a tu rebeldía, o quizá debido a ambas cosas, te matamos como a un perro. Porque nosotros PODEMOS hacer JUSTICIA; a los demás no les está permitido, y si lo hicieran solo sería cruel VENGANZA.
Y es que eras un terrorista. Dirigías una central del terror mundial llamada Al Qaeda, que nadie se sabe dónde está ni qué es y que me parece que nos la hemos inventado nosotros, como, en el fondo, a ti, como, en el fondo, a nosotros mismos. Un terrorista, como los etarras españoles y tod@s los que comparten sus ideas políticas aun estando en contra de la violencia. Nosotros, sin embargo, no lo somos. Cuando bombardeamos los países que nuestros intereses nos señalan lo hacemos para implantar la justicia; cuando somos cómplices de los poderes económicos, de ambición tan desmesurada como un agujero negro y que están llevando a una parte creciente de la Humanidad a la ruina y al exterminio, lo hacemos obligados por la crisis y para vencerla.
Bin Laden murió ayer, día 2 de mayo (aquí podríamos hacer un chiste fácil, pero me abstengo), en una ejecución completamente legal (el tiro en la cabeza lo recibió solo porque no quiso colaborar en su detención) rematada por un procedimiento más que sospechoso, como fue el hecho de tirar su cadáver al mar desde un helicóptero. El enemigo público número uno vivía desde hacía tiempo en una bonita residencia de una pequeña ciudad cercana a Islamabad, en Pakistán, donde inexplicablemente nadie le había detectado hasta ahora. Ese mismo día se supo que el Tribunal Supremo de Justicia se pasó la ídem por el forro y declaró que Bildu no podría presentarse a las elecciones, aunque haya hecho una condena expresa de la violencia. Tres días antes el paro en España se cifró en cinco millones a pesar de (yo más bien diría: gracias a) los mortales ajustes y recortes laborales y sociales de los gobiernos central y autonómicos de este país, y a todo esto, la UE y EEUU siguen bombardeando Libia, gobernada por otro anterior amigo que rinde más como actual enemigo.
Todos estos sucesos, además de reafirmar el post del viernes pasado, casualmente casi profético, de esta bloguera, donde se aludía a como el terrorismo puede ser beneficioso, e incluso estar auspiciado, por los poderosos, hacen preguntarse dónde está el terrorismo real. ETA mata, y los fanáticos religiosos también, pero si alguien tiene el valor de decirme que lo que están haciendo las elites económicas mundiales con la connivencia de los gobernantes de las grandes potencias y de las que no son más grandes no son terrorismo, y que todas estas intervenciones armadas en Libia, Afganistán, Irak, Palestina y demás tampoco… por favor, que se haga mirar su nivel cerebral de manipulación, porque roza el límite del estado zombi.
A veces la solución se convierte en parte del problema. A veces, la solución agrava el problema. A veces, la solución tiene el poder de excusar a los interesados en que exista el problema, al mismo tiempo que acentúa este. Todas estas cosas las saben muy bien los políticos desde la década de 1980, cuando se generalizó un nuevo tipo de represión a la rebeldía contra el sistema que consistía, simplemente, a no reprimirla, sino manipularla, invisibilizarla y ridiculizarla.
Por eso, cuando hay represión de cualquier tipo, física u verbal, una tiende a sospechar que: o bien consideran que estamos lo suficientemente anestesiados como para que algunos se permitan dar rienda suelta a sus instintos destructivos, poco prácticos pero muy reconfortantes para ellos, o es que esta represión es de doble fondo.
Nos hemos enterado, y ya nos imaginábamos, que Guantánamo, pensado supuestamente para proteger a la Humanidad, y sobre todo a la Humanidad norteamericana (todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros), de la amenaza terrorista islámica es en realidad un vivero de la Yihad. Pero ¿acaso la Yihad no favorece a los intereses de Estados Unidos, acaso, yendo un poco más lejos, la Yihad no es en gran parte un invento de Estados Unidos? En España, por completa casualidad, claro está, en las vísperas de las Elecciones Municipales, el PP atiza el fuego de la constitucionalidad y el antiterrorismo, incitando a posturas más combativas. Pero ¿acaso ETA no favorece a los intereses del PP? ¿Acaso, yendo un poco más lejos, ETA no es en gran parte un invento del PP y de sus antecesores en el poder?
Eres joven, estás rodead@ de gente que te quiere, la vida te sonríe. Afortunad@ de tener un trabajo, pasas el fin de semana desplazándote en bicicleta entre fiesta y fiesta: con tu amig@, os sentís flotar sobre esas dos ruedas por las evocadoras calles del casco antiguo de la histórica ciudad, el viento en vuestra cara… Un pequeño susto: sin saber cómo, la bicicleta choca y os encontráis en el suelo. Golpes, magulladuras, sangre, el médico de una ambulancia que piensa que lo más aconsejable es trasladaros al Hospital. No es un buen colofón para una noche de alegría, pero vuestras heridas son leves y os tenéis el uno al otro. Podría ser peor.
Podría ser peor. Y lo fue. En la antesala de un hospital tercermundista (parece que la Sanitat catalana no podría empeorar más, pero sí, es posible) te encuentras con unos magullados jóvenes procedentes de una reyerta entre policía y okupas. Algunos tienen realmente muy mal aspecto. Uno de los guardias urbanos que están escoltándolos te llama, te obliga con malos modos a vaciar tus bolsillos, se permite comentarios ofensivos sobre tu imagen y tu persona. De pronto, eres empujad@ contra la pared, esposad@, acusad@ de matar a un policía en un lugar en el que no estuviste… Reivindicas tu inocencia, gritas que habéis sufrido un accidente… Y a partir de aquí comienza un calvario de golpes, vejaciones físicas y psíquicas y juicios amañados que se prolonga durante cinco años. De pronto, te encuentras en prisión con tres o cinco años ante ti, un número de años de pena de cárcel que no cumplen en este país ni los corruptos, ni los pederastas ni los violadores. Pero siempre hay una manera de ser libre. La última manera. Y la eliges.
Patricia Heras fue detenida en 2006 después de que tras un desalojo supuestamente okupa un agente de la Guardia Urbana quedara en estado vegetativo. Ella siempre defendió que ni siquiera se hallaba en el lugar, sino que se había encontrado con la policía en el hospital donde ella y su amigo Alfredo estaban siendo atendidos tras un accidente de bicicleta. Condenada a tres años de prisión tras un juicio que ella, sus amig@s y familiares consideraron lleno de irregularidades y completamente político, aunque estaba en régimen abierto, se suicidó el pasado día 26 en su casa, incapaz de volver a la cárcel. Otros cuatro detenidos de aquella batalla campal donde solo se juzgaron las acciones de uno de los bandos siguen encarcelados.
Esto no ha pasado en Libia. Ni en Cuba. Ni en ningún país supuestamente donde Occidente esté capacitado para implantar su sistema mediante la fuerza militar o mediante el chantaje económico. Ni siquiera en México, ese país que tanto respeta los derechos humanos mientras nos interese negociar con él, a pesar de que estos hecho me recuerdan a los de Atenco, donde una española sufrió graves abusos policiales sin que la (In)Justicia española la haya apoyado en lo más mínimo. Esto ha pasado en España. En la Barcelona de Hereu que no será peor que mejor que la Barcelona de Trias si esta llega a materializarse. En la Barcelona, en la España, del sistema, donde no hay crímenes políticos y donde todas las pinzas habidas y por haber entierran las corrupciones. Democráticamente.
La primavera se culminó de una manera espantosa en Chernóbil, el día 27 de abril de 1986; el calor que esperaban que entibiara el riguroso clima ucraniano no vino envuelto de aromas de flores ni de promesas de descansos vacacionales, sino de presagios de un final que hubiera podido ser total. Apocalíptico. Las estimaciones menos optimistas de la catátrofe elevan a 400.000 el número de muertos y a cinco millones de afectados (no citaremos a la OMS a este respecto; este organismo ha demostrado con creces en los últimos tiempos que no es nada independiente). Y para conmemorar de manera irónica esta trágica efeméride, en una semana en que afortunadamente han surgido varias más alegres, Fukushima ha celebrado hace poco un doloroso recodatorio.
Estamos hablando de una tragedia de dimensiones terroríficas. Pero, sin quitarle un ápice de importancia, lo peor de Chérnobil no fueron sus consecuencias, sino su significado, aparte del que nos ilustra sobre la estupidez humana. Este significado que sistemáticamente hemos ido alejando de nuestros mentes para continuar día a día con nuestro trabajo (o tal vez sería mejor decir en estos momentos “con nuestro paro”) y con nuestras vidas. Y que es el siguiente: vivimos sobre un polvorín. Sobre, bajo, dentro y en medio de un polvorín. Las centrales nucleares, digan lo que digan acerca de su energía limpia y necesaria que mantiene nuestro nivel de vida, son absurdas: no podemos continuar interminablemente acumulando por todas partes residuos peligrosos que tardarán siglos y milenios en descomponerse, no podemos jugar con ese poder que, por muchas seguridades que tomemos (como ha demostrado Fukushima) tiene mucho más potencia que nuestra fuerza e inteligencia (al menos que las actuales), potencia que además hemos ayudado a materializar. Y solo es una más de las numerosos amenazas de este mundo que, paradójicamente, crecen cada vez que el poder se inventa una nueva manera de convertirlo en un lugar más seguro y cómodo.
No quisiera que este post resultara deprimente: comprendo que el proceso de exorcizar fantasmas es doloroso y no siempre es necesario: la vida está ahí, y está llena, a pesar de todo, de oportunidades para disfrutar y distraerse. No es ni útil ni desde luego necesario que no nos obsesionemos. Pero no dejemos que nadie más nos engañe y nos manipule y hagamos un hueco en nuestras distracciones a la lucha que evitará que cosas así vuelvan a suceder.
P.D.: Hablando de obsesiones, hace tiempo que pienso mucho en los liquidadores. Algunos fueron solo víctimas, pero la mayoría se comportaron como auténticos héroes que dieron su vida por los demás. El hecho de que existe gente como ellos es un motivo más para seguir luchando.
Siete de la mañana. Llego a mi lugar del trabajo. Ante mí, un inmenso párking plagado de furgonetas que ya ni pasan la ITV; sé que me asignarán una de ellas, así como una caja de herramientas desprovista de la mitad de su contenido y un móvil con un bajo límite de crédito en el que tendré que economizar las llamadas de trabajo porque si no acabaré pagando yo. Un día, lo sé, va a pasar una desgracia. Espero pacientemente a que me faciliten el material y me asignen el recorrido de hoy, pero los coordinadores reciben instrucciones contradictorias del alto mando y no saben a qué atenerse: colijo que no fue por los merecimientos académicos ni la capacidad personal por lo que esos mandamases consiguieron sus puestos, y entretengo la espera en imaginar cuántos sobornos habrán pagado y cuántos subalternos habrán pisoteado para llegar hasta ese punto.
Son ya las ocho cuando salimos de la central, yo y mi compañero. Tenemos que ir 200 km más allá para recoger un componente con el que arreglar una antena telefónica situada a otro centenar de kilómetros más. Kilómetros, gasolina. El gepeese del vehículo apenas funciona y para encontrar la dirección de Vilanova i la Geltrú adonde tenemos que dirigirnos hemos de preguntar a l@s lugareñ@s, que no parecen haber oído el nombre de esa calle en su vida. Llamamos a la central y, desconcertados, nos hacen volver. Kilómetros, gasolina. Tiempo. En la sede, el coordinador descubre, después de mucho interrogar a los altos mandos, que la localidad en cuestión es en realidad Vilanova del Camí, pero al final acabamos encontrando la calle en Vilanova del Vallés. Sobornos, pisotones. Kilómetros, gasolina. Tiempo. El componente que teníamos que instalar no es el que se necesita. El técnico, al que llamamos con nuestro móviles porque los de la empresa no tienen cobertura, no tiene ni idea de qué puede ser la la causa del estropicio: el alto mando no le ha permitido ir a investigar y solo puede imaginarlo. Sobornos, pisotones. Y nosotros no tenemos ninguna noción, ni nos han hecho ninguna formación, sobre ese tipo de averías, se limitaron a contratarnos porque cobramos menos que un operario más especializado. Empezamos a tocar conexiones y por casualidad acertamos y el problema se resuelve. Abandono la caseta de la antena telefónica dejando suciedad, grifos que gotean y cables sueltos; me ofrezco a adecentarlo todo en un momento, ya que estamos allí, pero mi compañero dice que la empresa no nos permite reparar nada más que las urgencias. En breve tendremos que volver de nuevo. Kilómetros, gasolina. Tiempo.
De vuelta a la central, porque no hay tiempo de nada más, tengo que hacer los partes de averías y enviarlos a Madrid. Esta labor he de realizarla fuera de las horas de trabajo, empleando mi propio portátil y mi propia conexión a Internet, porque la empresa no me los proporciona. Sentado en las escaleras, naturalmente, porque tampoco tienen para ninguno de nosotros una triste mesa de trabajo. De pronto, me dicen que hay reunión improvisada. En ella nos cuentan que sobra personal. Va a haber recortes. Cierran una de las sucursales y nosotros tendremos que encargarnos también de ella. Kilómetros. Gasolina. Tiempo. Y esa decisión han tenido que tomarla porque los operarios, debería darnos vergüenza, gastamos, perjudicando a la empresa que tanto se preocupa por nosotros, cantidades ingentes de kilómetros, gasolina, tiempo… Y además, y por si fuera poco, se nos ve un poco desmotivadilllos.
Vuelvo a mi casa. Tomo un periódico gratuito que está sobre un asiento del metro, leo que mi empresa, por cierto subcontratada por una famosa compañía de telecomunicaciones (pero todas son iguales), está obteniendo unos beneficios increíbles, subiendo como la espuma y expandiéndose por toda Hispanoamérica. Y comprendo que es a costa de las mentiras que la empresa que les subcontrata cuenta a sus clientes, a costa de los trabajadores, a costa de la cutrez generalizada en esos servicios por los que no podemos protestar porque no tenemos quien nos escuche. A costa de un gobierno que no impone estándares de calidad en los productos ni mínimos de seguridad ni justicia laboral, al menos en la práctica, y permite que la manera de enroquecerse sea siempre mediante sobornos a los más poderosos y pisotones a l@s más débiles.
Hubo una vez, hace mucho tiempo, un muro. Un muro que impedía la libre circulación y contra el cual se estrellaban, por uno de sus lados, las esperanzas de libertad de mucha gente (libertad, esa palabra tan dúctil y manipulable), gente que en la mayor parte de los casos interpretaba como libertad la libertad de ir a una tienda y comprarse unos tejanos de marca o la libertad de vivir en un blanca casita en un alegre suburbio; y por el otro lado, las ansias de negocio de las potencias occidentales. Aquel muro se derribó, y fue un día de fiesta grande, de luminosos augurios.
Después hubo otro muro. Éste, por el contrario, fue sancionado por las mismas potencias occidentales que abominaban del otro y promovieron su hundimiento y, más aún que el primero, fue construido con sangre. Ese muro aún sigue en pie, y no habrá fiesta grande ni luminosos augurios, al menos en el futuro a medio plazo y al menos si no hacemos algo al respecto, excepto para que los que lo alzaron y los que lo disfrutan.
Más tarde, han habido otros muros: algunos han sido físicos, otros virtuales. Algunos han limitado la libre circulación de personas, y otros han estado fundados en el miedo, en el odio, en la soberbia, en el fanatismo, en las bombas. Esos muros siguen construyéndose, de una manera imparable, y pronto Europa y Oriente se verán infectadas de ellos, colonizadas por ellos, y entonces nos quejaremos, lloraremos, extenderemos nuestras manos al cielo, y nos querremos reconocer que hemos sido nosotros los que hemos ayudado a construirlos, los que hemos puesto, sucesivamente, otro ladrilllo más, a veces con nuestros votos.
Y por cierto: creo que ya sabéis que la famosa libertad en nombre de la cual fue derribado el primero de los muros protagonistas de este post no trajo tejanos de marca ni casitas blancas, sino absolutamente lo contrario.
Me siento ofendida. Vilipendiada. Humillada en mis convicciones más íntimas, con todo lo que es importante para mí pisoteado por seres sin ningún tipo de moral ni escrúpulos ni límites.
Y lo hacen porque me odian. Lo sé. Me aborrecen a mí, y a los que piensan como yo, y su único objetivo en la vida es desafiarme, desafiarnos, perseguirme, perseguirnos, hasta la extinción final.
Porque, a pesar de sus protestas, sus motivos no son reivindicar sus creencias. Es otra la razón de sus crueles exhibiciones: ni más ni menos, incitar a la violencia. Hacer apología del terrorismo. Agitar a las masas hasta el genocidio, pasar por la sangre y el fuego a los que opinan diferente de ellos.
Es Semana Santa, y se ha abierto la veda de ateos y agnósticos como yo, con la connivencia del laico Gobierno de nuestro no confesional país. Pero ¿verdad que os resultan absurdas las aseveraciones de los tres párrafos anteriores? Entonces, ¿por qué, por todos los santos mártires que cayeron luchando por la libertad y por la mejora de las condiciones de vida de sus conciudadan@s, se les dan crédito cuando las formulan personas de signo ideológico contrario?
Un ejemplo de los recortes en Sanidad del Govern Mas en Cataluña. O sea, en un tiempo de crisis, terreno abonado para la proliferación de enfermedades, y no solo mentales, y cuando el paro asfixia casi al 20% de la población, esta es la solución que propugna este psicópata peligroso, pues ha de subvencionar su bajada de pantalones ante las grandes fortunas a las que obsequia con una fiscalidad crecientemente beneficiosa. Una curiosa fórmula algebraica cuyos desajustes acabamos arreglando los de siempre.
Hospital Mare de Déu de la Cinta
- Cierre de 35 camas
- Cierre de dos de los cinco quirófanos
- 60 trabajadores eventuales menos
Hospital de Bellvitge
- Cierre de 48 camas
- 400 trabajadores eventuales menos
Hospital Clínic
- Cierre de entre 50 y 100 camas
- Cierre de Urgencias de la calle Valencia
Hospital del Mar y de la Esperanza
- Cierre de Urgencias del Hospital de la Esperanza
Hospital de Mataró
- Cierre de 42 camas
- Cierre de tres camas de la UCI
Hospital Joan XXIII
- Cierre de 48 camas
- 240 trabajadores eventuales menos
Hospital Arnau de Vilanova -
- 50% quirófanos cerrados por Semana Santa y verano
- Consultas externas cerradas en Semana Santa y 50% en verano
Hospital Josep Trueta
– 11% menos de actividad hasta octubre
– 1 / 3 trabajadores eventuales menos*
Hospital de Calella
– Reducción del 12% de los trabajadores
– Cierre de quirófanos por la tarde
Compañer@s, este un atentado directo al derecho más fundamental de todos; es, en una sola palabra, una agresión. Lo que están haciendo los organismos internacionales sometidos al dictado de los poderes económicos desde la ingeniosa invención de la crisis es directamente un genocidio lento: porque los cierres de empresas y las privatizaciones (y las leyes que obligan a los gobiernos, que tampoco es que se hagan de rogar mucho, a propugnar para facilitarlas) y los recortes sociales dirigidos exclusivamente a las clase más humildes en el fondo sólo persiguen una cosa: acabar con nosotr@s. No será mañana, ni tal vez pasado, pero iremos sucumbiendo, con cada vez más dificultades para conseguir un techo sobre nuestras cabezas, algo que llevarnos a la boca o un lugar donde nos curen cuando estamos enfermos. Y aunque sobrevivamos, la vida que nos espera será injustamente gris y dura, mientras el abismo entre clases sociales y estratos económicos se hace progresivamente más aterrador, más lejano de ser algún día salvado. Y si esto pasa en el Primer Mundo, ya no quiero ni hablar de lo que sucederá en el Tercero y el Cuarto.
Hay una concentración de usuarios y trabajador@s sanitari@s contra este despropósito y esta salvajada convocada en Barcelona en la señalada fecha del día 14 de abril (a las 18.00 en la plaza Sant Jaume), 80 años después del inicio de la forma de Gobierno más avanzada que haya tenido jamás este país, del que también nos permitieron disfrutar muy poco; y también una macromanifestación el 14 de mayo convocada por entides sociales y sindicatos de clase. Pero no es suficiente con que asistamos; hace tiempo que insisto en que nos han declarado la guerra y nuestros métodos para luchar han de ser, aunque siempre pacíficos, lo suficientemente contundentes. Pensemos, no nos dejemos llevar por la indignación (y tampoco, desde luego, apartemos cómoda y cobardemente esta sombra de nuestra mente como si no fuera con nosotr@s, pues si va con nosotr@s), seamos inteligentes, prácticos, analicemos cualquier circunstancia, no dejemos un cabo suelto que consiga que nuestras acciones tengan efectos indeseados. Pero actuemos.
Por segunda vez, y entre otras blogueras como Àngels y Ciberculturalia, tengo el honor de adelantar el Top 20 del Ránquing de Género de Wikio del mes de febrero, cinco días antes de la celebración de un 8 de Marzo que vendrá marcado por una de las tantas agresiones a las clases populares escudadas en la crisis, esto es, la que tiene como objetivo y víctima a las mujeres trabajadoras. Pocos cambios hay en estos veinte blogs con respecto al mes pasado, excepto la entrada de Mujeres, Ideas y Acciones y El Bloc de Lucía Solís, compañeras a las que se saluda y se felicita, como un síntoma de los nuevos avances de esta lucha parece que infinita de abrir espacios para las voces femeninas, a pesar de los obstáculos que nos crea la sociedad y los más importantes, los que nosotras, influidas por ella, nos autocreamos. Aquí lo tenéis: disfrutad de los escritos de estas compañeras con esperanza y con ganas de seguir alzando la voz.
Un miembro de uno de los foros revolucionarios a los que estoy suscrita envió una curiosa y algo friki felicitación navideña. Comentaba que en la cultura celta (a la que también pertenece este Bosque), la festividad del solsticio de invierno recibía el nombre de Yule y designaba el momento en que la rueda del año está en su momento más bajo, preparada para subir de nuevo; esto es, el inicio de un nuevo ciclo. En el mismo sentido y en la misma época del año en la antigua Roma se celebraban las Saturnalias; siguiendo con el mundo latino también explicaba que el día 1-1-11 comenzará (si el Destino no lo remedia y con los desajustes debidos a los cambios de calendarios en dos siglos de historia, ya sabéis, el Juliano, el Gregoriano y demás, añado yo), el año 2764 aUC (ab urbe condita, o sea, de la fundación de Roma). Me gustó que se me incitara a pensar en este año nuevo de esta manera; el año 2764 aUC parece más luminoso, más esperanzador, que este 2011 de negros presagios que ojalá el tiempo demuestre, y me demuestre, completamente equivocados, aunque por desgraci no lo creo.
Pensando en el año 2764 aUC puedo desearos, al igual que mi compañero forero, que los Hados os sean propicios, que Marte se jubile (un poco antes de los 67, si puede ser, aunque últimamente cada vez más parece que esté en plena actividad), que Venus os acompañe (a algun@s este particular les hace más falta que a otr@s), que Fortuna os favorezca, que a Iustitia se le caiga de una vez la venda de los ojos y se reactive, que está haciendo el gilipollas directamente, y que Minerva no nos abandone del todo, aunque poca de ella queda ya en nuestros cerebros. Y mucha República, por supuesto, que también es un invento grecolatino.
Porque, en cuanto al 2011 dC, de luminosidad, nada: llamadme derrotista, pensad si queréis que he caído en las garras de la depresión, pero los anhelos de felicidad se me mueren en la boca antes de pronunciarlos como si estuviera explicando la trola más enorme del mundo, y cuando es de los labios de los demás de donde las escucho, estas palabras me parecen una broma macabra. Del 2011 sólo veo las luces artificiales del tarifazo apagadas, porque las naturales ya no lucen: ni al final del túnel, ni en el horizonte, ni en un nuevo amanecer. No hay luz porque estamos dormidos. Y estamos dormidos porque no quieren que nos despertemos, y tal vez porque nosotros aún lo deseamos menos. Ni siquiera podemos tomar un café para espabilarnos, gracias a Sebastián, y la televisión copada por el adocenamiento más embrutecedor, sin espacios para la información y sí para la desinformación, no contribuye demasiado a la vigilia. Lo más triste es que nos veamos obligados a añorar, no los momentos felices, ni las cosas buenas, sino aquellos instantes y aquellos objetos que solamente no fueron tan malos: es el principio de la decadencia. Una vejez peor que la que dan los años, porque no es una vejez de meses acumulados, sino de oportunidades perdidas completamente irrecuperables, nos aguarda.
Así, que compañeros y compañeras, feliz y próspero 2764 aUC. Y guardaos de las calendas de enero, que las libaciones en honor a Baco suelen ser muy traicioneras. Por mi parte, como soy más medieval que romana, las pasaré delante de un fuego, sola en mitad de mi Bosque en la única compañía de mi caballo y de mi fiel Espada, pensando en las oportunidades perdidas que nunca más se recuperarán, añorando momentos y cosas que no tuvieron valor y soñando con los amores que no se materializaron, que en el fondo son los únicos verdaderos.
Era una mala novela policiaca, de esas en que el autor no es suficiente hábil para enmascarar al verdadero asesino hasta el final. Todas las pruebas, las ocasiones y los motivos apuntaban al mismo culpable, que además era el típico y tópico en estos caso, el mayordomo. Y ahora ha acabado el cuento.
El mayordomo. El mayordomo español, no solo al servicio de BM y el FMI, como ya sabíamos, sino también al de las oscuras corrientes internas del gobierno de EEUU, que provocan guerras, incluso atentando contra sus propios ciudadanos, promueven, financian o por lo menos dejan hacer a los golpistas o, como en este caso, manipulan la información, desfigurando la realidad, y presionan la justicia, esa (In)Justicia española de trágico chiste. Y no se trata de un elegante mayordomo inglés seguro de sí mismo y que se permite en opcasiones dar lecciones de urbanidad a su jefe, sino de un patético y servil esbirro que es capaz de venderse y vender a su país al mejor postor, de bajarse los pantalones y ponerse mirando a Cuenca para que nos den a todos. Es igual: en esta novela barata que es nuestro país, cada vez más carente de dignidad, de seguridad laboral y económica, cada vez más pobre y rastrero, no triunfará la ley y el orden, sino la sempiterna impunidad de los poderosos.
Ayer, en Catalunya, ganó el desconcierto provocado por los que proclaman estar al lado de los trabajadores y sin embargo hacen políticas en su contra. El cansancio hacia un discurso soberanista que no parecía más que destinado a enardecer al elector y a hacerlo olvidarse de los problemas reales, y que cuando realmente la voluntad de l@s ciudadan@s de Catalunya se vio atacada se mostró impotente. La inoperancia e incapacidad de resolver los problemas, al ser designados los cargos decisivos en función a su cercanía con el aparato del partido y no por su valía profesional, a pesar de los difíciles tiempos. La debilidad en una función pública que superaba las capacidades y que alguno (y su formación) tuvo la escasa visión política de aceptar, con las consecuencias que se derivaron y que arrastraron a la parte secundaria de la coalición, a quien nunca le dieron la oportunidad de aplicar su ideario. La incultura endémica ibérica que se deja manipular por proclamas de un liberalismo salvaje que incluso rozan el fascismo, si es que no se sumergen en él directamente, cuando la única solución hubiera sido que los que decían defender a las clases populares, pequeña y mediana empresa, en verdad hubieran hecho honor a su palabra. Ha ganado la Catalunya que no amo, que no me representa y que, aunque siempre la defenderé, no me hace sentir orgullosa de haber nacido en su territorio.
Creándote sentimientos de culpabilidad o haciéndote causa final de todo su odio contra sí misma, su cobardía y sus fracasos, quitándote desde la posibilidad de un sueldo digno hasta el derecho de decidir sobre tu vida, convirtiéndote en un objeto de placer o en un arma de guerra, torturando tu alma y tu cuerpo hasta la muerte, la sociedad patriarcal y machista desarrola su violencia contra la mujer por la misma razón por la que se muestra explotadora y cruel con aquell@s a los que la suerte o la abundancia de sentimientos humanos de los que esta ciega sociedad carece han hecho más vulnerables.
Por tanto, la lucha contra la violencia machista es la lucha contra la sociedad clasista, es la lucha contra la injusticia, por la igualdad y la fraternidad, y también la lucha contra la irracionalidad que pretende que el individualismo y el crecimiento desaforado nos llevará a alguna clase de progreso y nos librará de la destrucción.
Hoy, 25 de noviembre, l@s integrantes de la Rojosfera la conmemoramos, los siguientes blogs amigos mucho mejor que el presente.
Nunca pudieron vencerlo. Se mantuvo firme, fiel a la causa de los trabajadores y las trabajadoras, de la libertad, la justicia, la igualdad, frente a todas las amenazas y las manipulaciones del sistema. Ya van quedando menos como él y, aunque nadie podrá matar su lucha y su ejemplo, la gran pregunta es que si nosotr@s, l@s que llegamos después, estaremos a su altura. Tendremos que estarlo, se lo debemos a él y a a tod@s l@s demás. Hasta siempre, camarada Marcelino.
Pueden ser completamente físicos, como los residuos de la obtención de aluminio del oeste de Hungría, o menos tangibles, como el cambio climático, la progresiva inutilización de las tierras para el cultivo tradicional por culpa de los transgénicos, la deuda externa, el paro y sus consecuencias, y tantos otros. Pero los primeros y los segundos tienes un par de cosas en común.
-Que sus responsables seguirán produciéndolos mientras les sea rentable, o sea, hasta el infinito y más allá. Que nunca tendrán suficientes beneficios y estarán dispuestos a sacrificar a toda la Humanidad por obtener uno más.
-Que estos mismos responsables serán por siempre completamente impunes.
-Que esa misma impunidad les hará descuidar el cuidado en la contención de estos residuos. Ni siquiera minimizarán en lo más mínimo, valga la redundancia, las consecuencias de sus actos. Las paredes de los depósitos que teóricamente han de impedir la marea destructiva siempre serán muy delgadas, y los elementos atmosféricos podrán hacer mella en ellas sin que se las repare. Además, así se ahorra.
-Que esta marea destructiva, cuando llegue, que llegará, ya ha llegado, y lo que falta, nunca les afectará. Ellos seguirán a salvo en sus torres de marfil compradas con la vida de billones y billones de trabajador@s. Y nosotr@s se lo permitiremos, les permitiremos que permanezcan en sus paraísos terrenales y fiscales mientras a su alrededor se desencadena el erial.
Mi único consuelo es que, cuando llegue ese momento, tal vez no les guste.
Uno es súbito y agresivo; la otra, insidiosa y, a la larga, igualmente dañina. Uno suele ser de corta duración (aunque sus efectos duren y duren, y si no díganselo a los españolitos y españolitas que aún son víctimas del 36), y la otra se prolonga en el tiempo, pasando por encima de cualquier modificación en el sistema. Uno cierra o censura los medios de comunicación; la otra los compra y los manipula. Uno lanza a los sectores más reaccionarios de la policía y el ejército (que a veces son todos, para qué vamos a engañarnos) contra la población civil que lucha por su libertad y por su dignidad; en la otra, la policía y el ejército son defensores del pueblo, y bla bla bla, y la población civil que lucha por su libertad y su dignidad unos delincuentes a quienes se puede provocar, apalear y detener arbitrariamente, faltaría más. A pesar de su violencia, a veces extrema, y de sus terribles secuelas (recordad España, Argentina, Chile, tantos otros… imposible olvidar), el golpe de Estado es evidente, real, contra él se puede luchar, y vencer, como ha sucedido en Ecuador (mis felicitaciones, compañer@s). Contra las mentiras de esta democracia, supuesta o no, porque yo ya no sé lo que significa la palabra ‘democracia,’ que subvierte todos los términos con nuestra cobarde aquiescencia, conviertiendo a las víctimas en verdugos y a los verdugos en víctimas, no, pues no se puede combatir a un fantasma. Muera el Estado de derecho; viva el putsch.
El Bosque de Brocelandia es un espacio mítico entre la realidad y la ficción. En él, ésta que suscribe, la guerrera roja Eowyn de Camelot, continúa su eterna búsqueda del Graal mientras pelea con los negros representantes de la Globalización y la Explotación mundial.
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