Bosque de Brocelandia
Combates y aventuras en un mundo hostilArchivos para crisis económica
Pagarán por sus crímenes (14N)
13 noviembre 2012 en 4:35 · Archivado en Estocadas y etiquetada:14N, capitalismo, crisis económica, desahucios. suicidios en España, Eleccions Catalanes 2012, explotación laboral, Govern Mas, Huelga General, lucha obrera, PPSOE, recortes sociales, reforma laboral
Pagarán por sus crímenes. Bonita frase esta, tan bella como todo lo irreal. Yo sé, todos sabemos que prácticamente los únicos crímenes que se cobran son los crímenes producidos por una autodefensa contra la injusticia, mientras que los atentados del poder, los asesinatos y estafas de Estado quedan milagrosamente impunes, en un ambiente generalizado de desprotección y dejación de la ciudadanía por parte de un sistema solo interesado en defender las prebendas del multimillonario, e incrementarlas a costa nuestra. Pero en ocasiones, cuando las acometidas de esta guerra que el gran capital ha desencadenado contra el pueblo llegan a niveles de crueldad tan inimaginables vulnerando todos los tratados internacionales, pues sus ataques se centran, además, en hospitales, escuelas y población civil, suelo repetirlo como un mantra, que me calma y me prepara para la rebelión. Pagarán por sus crímenes, pagarán por sus crímenes. Les obligaremos a que nos devuelvan la educación, la atención a nuestras discapacidades y dificultades, a nuestra salud. Que nos las devuelvan, pues son nuestras, porque nosotros las pagamos, no son ningún regalo que haya de ser retirado por ninguna situación de carestía aunque no la hubieran inventado ellos. Les obligaremos a que reviertan la especulación de los bienes básicos, la alimentación, la vivienda, esa que han venido construyendo desde décadas los mismo que ahora fingen espeluznarse de las trágicas dimensiones que han tomado las consecuencias de sus políticas. Nos desahuciaron del resultado de nuestras luchas titánicas por nuestros derechos, del edificio de bienestar (relativo) que habíamos construido a base de mucho sudor y mucha sangre. Nos desahuciaron, pero no somos nosotros los que nos debemos suicidar, a pesar de que el desesperanzador panorama nos obligue a ver este acto como la única solución posible, a pesar de que (hablo por mí) no tengo puñeteras ganas de seguir viviendo en un mundo que nunca antes había sido tan poco mío. El 14N hemos de parar el país, pararles los pies, pero no hemos de pararnos ahí: arrebatémosles lo que más atesoran: su auto-otorgado derecho de decidir por nosotros y de jugar con nuestra vida y nuestra felicidad como si fuéramos viejos títeres. Hagamos realidad lo utópico, realicemos lo irrealizable. Suicidémonos, pero solo de la vida que nos imponen para así poder vivir la nuestra, la que nos merecemos, por la que hemos luchado, la que hemos elegido. Recuperemos lo que nos han robado, ahora y antes. Hagamos que paguen por sus crímenes.
Pero sobre todo no podéis dejar de leer
http://luisangelaguilar.blogspot.com.es/2012/11/seleccion-de-enlaces-frases-fotos.html
http://puntsdevista.wordpress.com/2012/11/11/de-encuestas-mesianismos-chorizos-y-sanidad-publica
http://puntsdevista.wordpress.com/2012/11/10/nos-roban-el-presente-y-el-futuro-hastacuando-14n/
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Feijóo no ha ganado
22 octubre 2012 en 1:20 · Archivado en Estocadas y etiquetada:crisis económica, Elecciones en Galicia 2012, Estelle, fascismo, Feijóo, guerra en Siria, Israel, Ley Electoral, manipulación informativa, Palestina, paro, PPSOE, recortes sociales
Es ya 22 de octubre de 2012. En Galicia, las papeletas vuelan arrastradas por el viento del otoño ante los colegios electorales ya cerrados. Mis ateas oraciones de este fin de semana no han sido escuchadas: el Estelle no ha llegado a las costas de Israel, que por si fuera poco ha vuelto a atentar en el Líbano, mi querida Siria sigue siendo el desfigurado y sangriento escenario de las intrigas occidentales, destruidos ya la mayoría de los lugares que amé y la gente que conocí, y además dicen que Feijóo ha revalidado con creces su mayoría absoluta en Galicia a pesar de perder gran cantidad de votos.
Sin embargo, yo no me lo creo. Algunos y algunas piensan que este es el final. De las movilizaciones populares, de la esperanza en un cambio auspiciado desde abajo. Otros y otras han perdido las fuerzas para luchar y vagan desconcertadas ante las pantallas, sin saber cómo interpretar las noticias, refugiándose en el odio, acusando a los gallegos de cómplices o de insensatos. El resto, como siempre, conecta Telecinco.
Pero yo no. Son las dos de la mañana y las palabras se me agolpan en las sienes, sin dejarme dormir. Tal vez no pienso con claridad, y desde luego no es el momento para recabar apoyos a esta tesis, y sin embargo pienso además que no estoy sola en esta idea. Feijóo no ha ganado. Ha ganado la manipulación sobre el terreno abonado de nuestra incultura alimentada durante años, han ganado las amenazas veladas sobre nuestra impotencia y nuestra inseguridad, estómagos vacíos, vidas obligatoriamente ociosas, viviendas en peligro; ha ganado la conveniente (y sospechosa) desapareción en combate de la oposición, y la ley electoral hecha a la medida de esta dictadura bipartidista durante la descomunal estafa de la transición ha colaborado lo suyo. Fuimos tan ingenuos que nos creímos que no era más que ficción de consumo friki, pero los supervillanos vencieron en su plan de dominar al mundo y los superhéroes están mutilados, muertos, o se pasaron al lado oscuro. Pero Feijóo no ha ganado. Las ilusiones que viajaban con el Estelle no llegaron a puerto, Siria ya ha dejado de ser Siria y tal vez no lo sea nunca más, pero Feijóo no ha ganado. Ha perdido Galicia, España ha perdido, me veo obligada a decir con la esperanza tocada aunque no hundida, con las fuerzas para luchar agotadas aunque no acabadas: pero hoy Feijóo no ha ganado, hoy ellos no han ganado. Solo ha triunfado la mentira. Solo ha triunfado su mentira.
NOTA: Metáforas aparte, DESDE LUEGO QUE FEIJÓO NO HA GANADO! El 72,5 de los gallegos y gallegas NO LE HAN VOTADO. Ha perdido unos 200.000 votos. Así, después de esto, unido a todo lo anterior, que nadie se crea, por mucho que lo diga la prensa, que esto es un cheque en blanco a los recortes de Rajoy. Joder, no somos masoquistas, solo incultos, temerosos y egoístas (aunque no sé qué es peor).
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Ni un minuto más, ni una excusa ya: acabemos con este gobierno YA
2 octubre 2012 en 6:21 · Archivado en Estocadas y etiquetada:25S, capitalismo, corrupción, crisis económica, fascismo, franquismo, Ley Electoral, paro, PGE 2013, pobreza infantil en la Eurozona, PP, PPSOE, reforma laboral del PP, supresión de los 420 euros, violencia policial
No es la primera vez que se afirma lo que voy a expresar aquí hoy; solo me hago eco del sentir de la calle, de las personas honestas e inteligentes a quienes les preocupa más el bienestar de toda la ciudadanía que sus míseras ambiciones personales de seres cobardes y débiles cifradas en un coche un poco más grande, un televisor un poco más potente y un puesto un poco más alto en la empresa (donde puedas demostrar a gritos a unos pocos más de tus compañeros que tú eres el jefe). Gente que no tiene pereza mental ni miedo a reflexionar, aunque eso le haga enfrentarse con sus fantasmas, y que descarta las explicaciones rápidas, irreflexivas e inhumanas, además de falsas, de la lamentable situación actual, como la estupidez de que son los inmigrantes los culpables de la crisis, por ejemplo. Esas personas son las que claman bien alto que cuando un gobierno, aunque elegido democráticamente (si es que se puede llamar elección democrática la regida por un ley electoral fabricada a la mayor gloria del inmovilismo y comprada mediante pancartas, anuncios y noticias manipuladas), traiciona a sus electores haciendo matemáticamente lo contrario a lo que había prometido en su programa, cuando además derrocha en lujos asiáticos de sus integrantes y amistades, en cargos de confianza y en inversiones sin sentido (que no favorecerán a la población sino a la elite económica que los subvenciona y mantiene) mientras ataca sistemáticamente los derechos y las vidas de los más desfavorecidos, y por si fuera poco reprime con dureza criminal y descalifica el legítimo afán de protesta mientras desvía la atención creando problemas de la nada, como los nacionalismos periféricos, este gobierno ha perdido la poco legitimidad que pudiera haber tenido. Y hay que derrocarlo. YA. Sin esperar un minuto más. Sin ponernos una excusa más.
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El 25S y otras citas espaciotemporales: Extraños compañeros de cama… o no tanto (I)
25 septiembre 2012 en 13:21 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:15S, 29S, Anguita, capitalismo, corrupción, crisis económica, Edad Media, explotación laboral, fascismo, Front Cívic-Frente Cívico, Govern Mas, Huelga General, lucha obrera, PPSOE, recortes sociales, sindicatos, Spanish Revolution
Otoño de 1292
Los viajes al siglo XXI estaban empezando a perjudicar mi salud, y no solo porque la Sanidad pública en la Europa del futuro, y particularmente en las dos lamentables partes de Europa en las que me había tocado vivir y que lo seguirían siendo igual tanto unidas como separadas (es decir, Cataluña y España), prácticamente brillaba por su ausencia. Por ejemplo, al principio, podía recuperarme en menos de una hora del trance espaciotemporal, y fácilmente me adaptada al nuevo orden de cosas; pero ahora, a apenas a un par de años, o a lo sumo tres, del inicio de esta historia, nunca estoy menos de tres días postrada, sumida en el más grave agotamiento, sin fuerzas ni para ingerir alimentos y atormentada por las pesadillas. Los pobres hermanos del castillo de Miravet (el que no les tenga simpatía no excusa el mal rato que les había hecho pasar), escenario de mi último, por decirlo así ‘regreso del futuro’, no sabían ya qué hacer conmigo y juraría que apenas pudieron esperar a que desapareciera por el horizonte para comenzar a dar saltos de alegría, se lo permitiera o no su regla.
Y yo conocía la razón: y era que el siglo XXI estaba comenzando a superarme. Había llegado un momento en que no sabía si había más falta de inteligencia o tonta ambición desmesurada y sinsentido en la clase política. Pero en el fondo era lo mismo: estas armas son las que usaban los verdaderos dueños del mundo para utilizarles y utilizarnos, los mismo dueños que han llegado a donde están por medio de la crueldad (no nos engañemos: no se llega a rico, o al menos a multimillonario insultante, si no es caminando sobre cadáveres, sobre propias y ajenas víctimas) y de la destrucción perpetrada sobre la destrucción misma casi desde el inicio de la historia. Porque, por muy malvados que nos parezcan Rajoy, Mas, Putin, los sionistas y los salafistas, por citar solo a algunos, no son más que diferentes dibujos en la misma cara de la moneda: unos asalariados que creen que un poco, o mucho, de poder y un poco, o mucho, de dinero van a mejorar sus vidas, o tal vez unos cobardes estúpidos fáciles de chantajear, o bien ambas cosas. Los políticos del sistema no son más que los mercenarios del poder; y sí, tal vez sean fáciles de desactivar: pero en la sombra cuentan con numerosos recambios.
No, no podía soportar más esa pesadilla recurrente. Me preguntaba, no dejaba de preguntarme desde que los templarios me habían conminado a ayudarles para cambiar un destino que estaba ya prácticamente escrito: ¿cómo hemos podido llegar hasta aquí? ¿Hubiera habido un punto, lo habrá aún, en la historia, donde sea posible revertir todo esto? ¿Que consiga que las bases de este capitalismo destructor que nos robó nuestro valores y nos los cambió por basura no lleguen a formarse nunca? ¿En algún momento hubiéramos podido dejar a los psicópatas fuera de la sociedad, en lugar de encumbrarlos hasta las más altas cotas?
Si es así, tengo que encontrarlo. Y aunque no lo sea. Tal vez la batalla está perdida de antemano, pero tengo que seguir luchando en ella. Quizá algo que yo pueda, quizá no hacer, pero tal vez contribuir a hacer, pueda marcar una pequeña diferencia, pueda hacer que la próxima vez que me despierte en el siglo XXI, entre una luz por las ventanas, aunque solo sea un pequeño rayo verde. Eso es lo que me hace colaborar con este grupo que acumula en su seno tantas sospechas de corrupción: no ignoro que entre ellos habrá afines al poder secular y espiritual, y más de uno estará tan comprado como los medios de comunicación ‘oficiales’ del siglo XXI, pero creo, o quiero creer, que entre ellos hay gente honesta y verdaderamente comprometida con los pobres y los justos, con la causa de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Y por eso colaboro con ellos. Igual en el siglo XXI colaboro con sindicalistas a pesar de la tibieza, o directamente, de la deserción comprada de algunos de sus dirigentes; igual que apoyo en sus aciertos a ICV a pesar de su triste papel, o directamente, de su complicidad, con los desaciertos y las traiciones del Tripartito catalán; igual que asistí a la fiesta del PCE a pesar de que ya no soy militante y de que la decepción que me produjeron las actuaciones hace un año de una minoría del PSUC-viu se me está extendiendo al resto del partido en el ámbito nacional nacional.
Por eso pienso estar rodeando el Congreso, el 25S, y en la primera Assemblea del Front Cívic en Catalunya, el 29S. Por eso no voy a desdeñar, ni a acusar de pequeñoburgués ni de descerebrado, a nadie cuya intención sea tender la mano al mundo, a pesar de las formas que utilice. No voy a prejuzgar, sino a extender también mi mano para tomar las que me ofrezcan, sin creerme más pura, leal y auténtica, la más perfecta. Incluso aunque tenga ganas de atizar a unos cuantos, y no solo del otro bando.
Total… no tengo una puta mierda que perder. (sigue)
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Mi 15S
17 septiembre 2012 en 6:05 · Archivado en Estocadas y etiquetada:15S, capitalismo, corrupción, crisis económica, explotación laboral, fascismo, Govern Mas, recortes sociales del PP, XSUC

Amanecía en Madrid en el día que todo podía empezar a cambiar. Llegábamos desde Barcelona en un autocar compartido, CCOO-CGT-XSUC, y la ciudad me sorprendió, como cada vez que la visito: no puedo evitar enamorarme de ella incluso a pesar de mis gustos personales, de su excesiva majestuosidad que no debería de llenarme, pero lo hace, de su historia tan presente que no debería ser suficiente para mi arrobamiento. O es quizá su alma oculta lo que me hace querer siempre volver a visitarla, la que me hace tan difícil, cada vez, dejarla. A esas tempranas horas de la mañana, los ejércitos enemigos del sistema comenzaban a tomar ya la ciudad, y lo hacían sinuosamente, calladamente, de momento en paz, pintándola de los colores de sus estandartes y su banderas, colores tan positivos como los conceptos que representaban: educación, sanidad, socialismo, república… El humor y la indignación se mezclaban en las marchas que, poco a poco, iban convergiendo hasta la Plaza de Colón, que parecía la esfera de un sol revolucionario cuyos rayos surgían en todas direcciones. Nos aparecíamos por todas partes, estábamos tras cualquier esquina, como una pesadilla recurrente para quienes consiguieron el poder con mentiras y lo detentan ahora con la más desvergonzada iniquidad y la estupidez más supina, centrando su estrategia en robar los mejores puestos y en halagar a los mejores situados. Cuando llegamos, tras nuestra pancarta voladora, me apabulla la enormidad de la bandera monárquica de la plaza: es verdaderamente lamentable que no lleve conmigo un buen bidón de gasolina. Las diferentes mareas acaban por fin de converger: los bomberos están quemados, a los educadores no les apetece comportarse con educación, a los que curan les dan ganas de hacer daño, a ellos, a los que están ahí arriba, porque quienes deberían tener trabajo no trabajan, a quienes deberían de estar cuidados los abandonan, a quienes deberían respetar les insultan. Suenan las palabras de los dirigentes por los micrófonos, y no puedo evitar pensar que la movilización popular ha superado a las cúpulas, que los que estamos abajo en las organizaciones sociales, o al menos en muchas de ellas, vamos muchos más allá de lo que quizá pueden o desearían nuestros mandamases. Es igual. No les necesitamos. Les agradecemos su trabajo, aunque sea insuficiente, y les invitamos a seguirnos. Sí. Ellos a nosotros. Estoy orgullosa de mi gente. Al fin estamos despertando.
Madrid, ayer, estuvo tomado hasta bastante avanzada la tarde. No fuimos 10.000, ni 50.ooo, ni 85.000. Estuvimos todos. Desde todas partes. En presencia, y algunos hasta en ausencia. Deberían escucharnos. Ahora, de momento, aún vamos por las buenas.
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La única salida: otra aventura medieval (V)
3 septiembre 2012 en 5:26 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:Afganistán, Bosque de Brocelandia, capitalismo, corrupción, crisis económica, Edad Media, explotación laboral, fascismo, impunidad, injusticia social, Irán, retirada, retirada de tarjeta sanitaria a los inmigrantes, Siria, Spanish Revolution, violencia policial
Este otoño será muy caliente
(viene de) Supongo que ahora estaréis diciendo: ¿qué hace esta loca ofreciéndose a colaborar con esa camarilla de chiflados, sin saber quiénes son, qué se proponen, si las acciones que deberá realizar para ellos serán pacíficas y violentas, los problemas que le traerán…? ¿Serán una versión medieval del Club Bilderberg, como apuntó un amable comentarista de la entrega anterior? ¿Algo peor? ¿Una trampa de la ultraderecha? Pero yo creía firmemente que era el momento de liberarnos todos un poco de manías y actuar. No ponemos estar permanentemente cuestionando movilizaciones por motivos extraideológicos, emparanoiándonos hasta de nuestra sombra; en tiempos anteriores, cuando el demencial descalabro actual solo era un presagio, había tiempo de pergeñar estrategias inteligentes. Pero llevamos ya siglos reflexionando y ni unos meses más, ni unos días, harán que seamos más efectivos. Nos están matando, literalmente, nos han declarado la guerra y la están ganando ante nuestras atónitas y paralizadas narices. ¡Joder, vayamos al lío de una puñetera vez ya y dejémonos de estupideces!
Pero fue Guillaume quien respondió a mi pregunta, tras ponerme la mano en el hombro con una mirada de amistad y confianza.
-Varias cosas. Pero, de momento, necesitamos saber si hay un traidor en la encomienda de Barcelona. Al igual que en muchas otras. Sabemos que muchos hermanos supuestamente leales están recopilando pruebas falsas contra nosotros. Tú te harás pasar por mi sirviente (por si no lo sabías, y a pesar de todo, soy un alto dignatario de la Orden debido a las razones que ya te comenté), y realizarás averiguaciones. Confío en tu inteligencia y en tu perseverancia. Y recuerda: no somos nosotros. Hay mucho en juego.
Y así, con este alarde de fe injustificada en mí por parte de Guillaume, comenzó todo. Pasé a vestirme de hombre y a mezclarme con los sirvientes de la encomienda, que no eran tan mala gente después de todo, y a intentar espiar sus movimientos y atar cabos. No es que se me diera mal ese trabajo, sé sumar uno más uno y algunas cifras más y la verdad es que he estudiado a conciencia todo lo que ha caído en mis manos. Pero siempre me he sentido más segura con una espada en la mano que intrigando; en un combate lo único que puedo perder en mi vida, y aunque le tengo bastante aprecio, sobre todo porque no tengo ni idea lo que será estar sin ella, en esos momentos siento una misteriosa seguridad que hace que las imágenes de la muerte se alejen. Y no es valor en absoluto; solo temeridad, inconsciencia, locura tal vez. O aburrimiento. O quizá que desde siempre había sospechado que mi vida sobre la Tierra no iba a ser muy larga. Pero haciendo de soplona no experimento en absoluto la misma sensación: vivo aterrizada por si me atrapan o, mucho peor, por si causo una desgracia total, cosa que suele ser mi costumbre. Por si fuera poco, Guillaume exigía que pasara las noches en su dormitorio (de una manera fraternal, se entiende, no habría accedido de otra forma) bajo el pretexto de cara al convento de que necesitaba vigilancia constante por culpa de una vieja herida mal curada (creo que nadie se lo tragó, pero más que historias de espías se imaginaron relatos de un cariz muy distinto) y de cara a mí de que debía estar permanentemente al tanto de mis descubrimientos. Pienso que no peco de ingenua si aseguro que al principio su comportamiento estaba regido por la caballerosa intención de que yo gozara de todas las comodidades posibles, y sin embargo, a medida que pasaban los días, la curiosidad y el afecto que había sentido por mí en un primer momento parecieron derivar hacia una especie de obsesión a mi juicio completamente absurda: me considero una chica bastante normalita y no creo que la intención del Altísimo cuando me creó, en el caso de que realmente lo hiciera, fuera convertirme en el tipo de mujer que enloquece a los hombres (bueno, sí que les enloquezco todo lo que puedo, je je, pero de otra manera muy distinta). Y además de absurda, peligrosa, peligrosa para él, desde luego, pues mi determinación en mantenerme alejada de cualquier contacto que fuera más allá de lo episódico me colocaba en una posición segura. Pero, continuando con la historia, tanto Guillaume, que jugaba con los grandes, como yo, en la purria, llegamos a convencernos de que allí no se cocía nada. Y todo habría acabado en ese punto si no hubiéramos descubierto a unos tíos con el inconfundible aspecto de soldados de Jaumet (para la historia, Jaume II) pululando por el barrio y mostrando excesivamente interés en nuestras idas y venidas; y cuando uno de ellos se atrevió a lanzar una indirecta sobre mi aspecto escasamente masculino, probablemente con el objetivo de provocarnos y hacer que nos descubriésemos, o bien de encontrar una excusa para neutralizarnos, comprendimos que quizá nos habíamos precipitado en descartar traidores en la encomienda. Y con esa gente, a los guardias me refiero, hay que tener cuidado, los que conozcáis a sus herederos del siglo XXI sabréis lo que quiero decir.
Y a todo a esto, yo continuaba siguiendo estrechamente los pasos de Guillaume por el pasadizo, aunque no tan de cerca como para que volviera a hacerme una demostración del lugar por donde se pasaba la castidad exigida y la historia aquella de no besar ni a la madre ni a las hermanas; aunque por lo que sabía de su congregación no era el único que cumplía de aquella curiosa manera con sus votos. Y de pronto, recordé otro de los acertijos que no me había querido revelar y que tenía que ver con la identidad del Número Ocho. Me explico: el conciliábulo que me había realizado la entrevista de trabajo más extraña de mi vida estaba compuesto de cinco personas, tres templarios (entre ellos el que yo llamaba Maestro) y dos seglares (mi jefe y la mujer que había visto). Junto con nosotros, servidora y mi curioso representante sindical, contábamos siete. Y, como todo el mundo sabe, el número emblemático de los templarios es el ocho. Está presente en su símbolo, en sus construcciones… Así que faltaba una persona. Alguien que se ocultaba, que debía de tener una buena razón para hacerlo… y que por consiguiente me tenía loca de curiosidad. A Guillaume le había sorprendido mi deducción pero no se molestó en negar su veracidad, aunque como es natural mantuvo un severo mutismo al respecto… Y sin embargo, ni las cábalas sobre la identidad del o la oculto/-a ni los temores de que acabara resultando ser o Karl o Gustaf, ahora que parecía que todos mis enemigos estaban locos por ser mis amigos, me hacían olvidar el incómodo lugar donde me hallaba. Rodeada de aquella opresión, solo podía pensar en la libertad, y cuando pensaba en la libertad no podía menos que recordar Tierra Santa, con sus inmensos desiertos y sus orillas lejanas, el lugar donde más libre me he sentido nunca y que paradójicamente siempre ha sido el premio gordo de la rifa entre potencias.
De pronto, mi compañero se detuvo tan bruscamente que estuve a punto de estamparme contra él. Me indicó silencio con un gesto, como si yo hubiera estado hablando por los codos, y se mantuvo inmóvil un momento, agudizando sus sentidos.
-¿Lo has oído? –inquirió en un murmullo.
Negué con un movimiento de la cabeza. Había estado demasiada ocupada en mis ensoñaciones.
-Ha sido detrás de nosotros. Lo he escuchado claramente. Un rumor de pasos -me aclaró.
Yo volví a escudriñar la oscuridad. Nada. Y me precio de tener buen oído.
-Vayamos deprisa –sugerí. Pero él negó con la cabeza.
-Es demasiado tarde. Quien sea sabe que estamos aquí. No entiendo cómo ha podido averiguarlo, pero lo sabe. Y no puedo permitir que lo revele.
Guillaume tenía la mirada fija en el lugar de donde, según él, había venido el sonido, con determinación asesina.
-Entonces, ¿te lo vas a cargar?
Dirigió su vista a mí.
-Intentaré no hacerlo. Solo pretendo enviarle a un lugar seguro, seguro tanto para él como para nosotros, y donde desde luego no pueda abrir la boca. Pero si me lo pone difícil, entonces… -se interrumpió-. Sabes que a partir de este momento estaremos obligados a hacer cosas que no nos acaben de gustar. Y desde luego cosas que no nos convengan en absoluto. La única salida, ¿te acuerdas? No todo está justificado en todos los casos, pero ahora debemos sobrevivir. Eowyn, tienes que salir sola y esperarme en la siguiente etapa.
La idea no me gustaba en absoluto. Pero mucho menos me gustaban las largas procesiones de parados, ancianos y inmigrantes sin prestaciones, techo, sanidad ni educación para ellos y para los suyos, sometidos a una escalada imparable de precios de los servicios básicos que no podrán ni soñar en pagar y que ni los imbéciles más redomados se creen que va a reactivar la economía. Tal vez, si actuaba en el pasado, podría cambiar el futuro. Tal vez, si actuaba en el pasado, al menos podría aprender para el futuro, para ese futuro que como el pasado era también mi presente.
-¿Y por qué no lo haces tú? Sabes mejor que yo el procedimiento a seguir. Y una servidora puede encargarse de ese tío tan bien como cualquiera de los tu orden, si no mejor.
Negó con decisión.
-Yo sé mejor que tú cómo lucha esta gente, y tú sabes mejor que yo cómo escabullirte con discreción. Créeme, es la mejor opción.
-Pero voy a estar perdida sin ti allá afuera… en el sentido laboral del término –me apresuré a concretar.
Su sonrisa fue pícara ahora.
-Tú siempre sabes encontrarte. Por cierto, agradecería un beso de despedida. Por si acaso.
-Ni lo sueñes –atajé yo-. Si tanto te interesa saber si tienes posibilidades conmigo, mantente vivo y pruébalo la próxima vez que nos veamos. Con un poco de suerte lo mismo hasta me pillas desesperada y todo.
Su expresión volvió a ser grave. Me apretó el brazo unos breves segundos, encendió otra antorcha que llevaba al cinto con la antorcha que portaba y me la tendió.
-Tengo que irme. Nos veremos pronto.
Desapareció en la oscuridad. Yo contemplé el camino que había tomado durante un momento y luego seguí el pasillo, intentarme no distraerme con las múltiples ramificaciones. Esperaba sinceramente que Guillaume pudiera salir de aquella: pese a mis muchas reticencias, el tiempo trabajando juntos había conseguido que no me cayera del todo mal. Y además, ahora no sabía cómo contactar con el resto del conciliábulo, pues de esa tarea se encargaba exclusivamente mi compañero. Al final vi la luz al final del túnel, en este caso de manera real porque al parecer, tal como estaban las cosas, de manera figurada no la iba a divisar nunca en lo que me quedaba de vida, y me apresuré a salir. Respiré una bocanada de aire puro. La luna empezaba a brillar en el cielo casi nocturno ya y no podía apreciar bien el terreno que me rodeaba, una zona que en la oscuridad me pareció plagada de vegetación de riera y marismas peligrosas. No tenía ni idea dónde se hallaban las cuadras en las que guardaba mi caballo, ni cómo iba a arribar hasta allí ni cuánto tiempo me llevaría. Pero de pronto una preocupación mayor que mi propia suerte o la de Guillaume pasó a ocupar la primera línea de mis pensamientos. Y es que una flecha se clavó en el árbol que tenía a mis espaldas, a apenas unos milímetros de mi cuero cabelludo.
-Pero ¿es que no piensan dejarme descansar jamás? –dije en voz alta, echando cuerpo a tierra. Esperaba que una lluvia de flechas cayera sobre a mí a continuación e instintivamente me tapé la cabeza con las manos. No obstante, y misteriosamente, solo el silencio me acribilló. Cuando hubo pasado el suficiente tiempo para creer que estaba segura, me levanté muy despacio y eché un vistazo a mi alrededor. Todo parecía tranquilo. Entonces miré hacia la saeta que se había clavado en el árbol y vi que llevaba clavado un trozo irregular de pergamino. Intrigada, me apresuré a sacarlo, operación que pude realizar no sin desgarrarlo mínimamente. En su superficie estaba dibujado un mapa que informaba de que me hallaba en la costa de Barcelona, un par de kilómetros de la ciudad en dirección sur, calculé, y qué camino debía seguir para llegar lo más rápido posible a mi destino. En el borde inferior, unas letras saltaron a mis ojos haciéndome casi gritar de sorpresa.
Nos encontraremos en la siguiente etapa. Y recuerda: es la única salida.
El Número Ocho
-Estoy rodeada de cabrones –me lamenté-. Espérate que te pille, Número Ocho, y te voy a meter las flechitas por salva sea la parte; incluso aunque seas mi aliado. En algo me voy a tener que entretener para pasar el tiempo entre acción y acción. Porque este otoño va a ser muy caliente.
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La única salida: otra aventura medieval (IV)
31 agosto 2012 en 5:15 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:capitalismo, corrupción, crisis económica, Edad Media, paro, recortes sociales, religión
El peor de los escenarios
(viene de) Cuando calculé que Guillaume debía de estar abajo, me encomendé a todos los santos del panteón comunista y me dispuse a imitarlo. Aquella travesía deslizante, que no casaba demasiado bien ni con mi vértigo ni con mi claustrofobia, me pareció durar años. En cualquier caso, tuve tiempo de recordar la última parte de la conversación que habían mantenido con Guillaume el día en que me asaltó volviendo de la taberna, cuando intentaba meter baza entre la retahíla de juramentos que solté al enterarme de que él, el traidor, el enemigo, estaba al tanto de mi secreto; solo que esos insultos y maldiciones no iban dirigidos a él, sino al hombre al que creía responsable de la delación, la única persona que podía haberse chivado y a quien imaginé desgranando mis miserias antes sus amigotes de la soldadesca después de varias jarras de vino; desde luego, nuestro común amigo era la viva imagen de la expresión “beber como un templario”, yo bien lo sabía y no le iba demasiado a la zaga en ese aspecto. Y los años y las vicisitudes habrían hecho el resto, pues he de reconocer que en la época en que andábamos juntos ni 12 toneles de vino lograban hacer que escorara lo más mínimo.
-No hagas acusaciones que luego podrías lamentar, Eowyn –me sugirió Guillaume tranquilamente cuando mis imprecaciones perdieron fuelle-. Tengo que ser honesto y advertírtelo, a pesar de que tal vez me convendría que lo hicieras. Al contrario, deberías abrir tu espíritu y comprender que hay más cosas en el cielo y en la tierra y que tus problemas con el mundo mágico no son los únicos. No he estado donde tú has estado pero he visto lo que tú has visto. Gracias a aquello que tú llamas “la reliquia”.
Y vuelta a empezar. Qué fácil es echar la culpa de todo a las reliquias, a los homosexuales, a los parados o a los inmigrantes cuando se ha metido la pata estrepitosamente o se requiere una explicación a la inexplicable. Y lo peor es que nos lo creemos. Bueno, yo no: no me había tragado una palabra de su historia y además la famosa reliquia imaginaria ya estaba comenzando a tocarme mucho lo que no suena, pero decidí dejar mis injurias para cuando tuviera ante las narices al destinatario de las mismas, en este mundo o en el infierno.
Pero ya estaba llegando a tierra y, como me temía, Guillaume esperaba para levantarme en volandas antes de que tocara el suelo y luego depositarme en el mismo con lentitud, excesiva, a mi juicio. A regañadientes decidí ignorarle, pensando que mostrar cualquier atisbo de pasión aunque fuera de una índole tan negativa como atizarle un puntapié en los huevos, solo conseguiría reafirmarle más en sus locas esperanzas de catar mis supuestos encantos.
-Vamos, déjate de chorradas y oriéntate en este laberinto de una vez, antes de que me dé un ataque de histeria claustrofóbica. Ya sabes que aborrezco los espacios cerrados. Espabila.
Él mostró una sonrisa de suficiencia.
-Por aquí –señaló con seguridad.
Tomó la antorcha que previamente había encendido de su soporte en la pared y me guió por un pasillo no mucho más ancho que mis hombros, que no son precisamente los de un atlante. Yo hice de tripas corazón y me apresuré tras él para no perderle de vista, ya que hasta la compañía de un tigre de Bengala que llevara tres meses a dieta vegetariana me hubiera resultado más alentadora en aquella estrechez que la soledad. Mantuve a raya las ganas de gritar y pedir entre angustiados sollozos que me sacaran de allí volviendo a rememorar las revelaciones que habían logrado que aceptara participar aquel juego, aunque con el casi convencimiento absoluto de que no íbamos a triunfar. Los personajes que se habían reunido en la penumbra de la reducida estancia cuya puerta estaba disimulada tras un tapiz en la sala capitular de la encomienda barcelonesa me acogieron con simpatía, con esperanza. ¿El ser una mujer en un negocio tradicionalmente de hombres, tal vez, era lo que pensaban que podría ayudarles? No soy la única ni mucho menos la mejor en mi trabajo (creo que el hecho de que aún siga viva se debe únicamente a la suerte y a mi empecinamiento), eso desde luego. En cualquier caso nadie me aclaró nada al respecto, ni siquiera mi actual jefe y anterior archienemigo, que se encontraba también, para mi sorpresa, en el concilio, y que me envió una sonrisa de complicidad desde su asiento tras la mesa semicircular ante la cual nos presentamos Guillaume y yo. Tras unas palabras de preámbulo, el que parecía el líder, tal vez por su avanzada edad (ofrecía el mismo aspecto que el viejo templario que guardaba el Grial en Petra según la tercera película de Indiana Jones; sí, cuando estoy en el siglo XXI también pierdo el tiempo con el cine de evasión), o sencillamente porque estaba colocado en el lugar central, me lanzó este discurso:
-Eowyn, te hemos elegido porque creemos que puedes sernos útil. Algunos de nosotros, como seguro has podido adivinar, llevamos años siguiéndote, evaluando tus capacidades. Tal vez no seas la más hábil con la espada, ni la más sensata y táctica luchadora, pero hay algo que te hace especial, y es ni más y menos que tu empatía con el que sufre.
Naturalmente, lo expresó en términos mucho más medievales, he intentado traducirlo al lenguaje sigloveintiunero todo lo que me ha sido posible. Yo me encogí de hombros. El momento era demasiado solemne para contestarles que lo que ellos señalaban como una virtud era mi característica más odiosa (y mira que tenía ya unas cuantas del mismo calibre), la que no me había dejado progresar mínimamente en la vida y la que trataba por todos los medios de quitarme de encima; en realidad, esperaba llegar a conseguirlo alguna vez. Pero el Maestro, ignorándome, continuó.
-Corren malos tiempos. Se avecinan los momentos más duros en mucho tiempo, para toda la Cristiandad y más allá. Los pueblos de Dios llevan años malgastando su capital económico y humano en Tierra Santa, o mejor dicho, invirtiendo para conseguir pingües beneficios y equivocándose completamente de estrategia económica, o tal vez no, en las Cruzadas. Y por si fuera poco, Felipe IV de Francia sigue necesitando dinero para mantener su absurda y vanidosa política exterior y para pagar las deudas contraídas por culpa de esta. Naturalmente, estas deudas acabarán cobrándose en los más inocentes y los que sufrirán el peso de la justicia serán los que traten de poner fin a las situaciones injustas. Se rumorea que piensa expulsar a los judíos, confiscando todo su patrimonio. Y también que acabará haciendo lo mismo con los templarios.
Vaya, pensé, ¿por qué me sonaba tanto aquella historia? Pero, a pesar de la tristeza que subyacía en sus palabras, no pude evitar soltar una carcajada: lo último me parecía francamente ridículo.
-A ver, mi señor, permitidme el acceso de hilaridad, pero me estáis diciendo que un reyezuelo, aunque lo sea de una gran potencia, va a poder cargarse él solito a una orden militar y eclesiástica que funciona a nivel global y que solo se responde ante el Papa. Por muchos problemas que tenga con los curas, perdón, quiero decir con la Santa Madre Iglesia, nunca conseguirá presionar a ningún papa para que acceda a un deseo tan peregrino. Aparte de que hay otros monarcas que nunca le apoyarían en esto. Definitivamente, y disculpadme por ser tan clara con tan sabio y venerable grupo, se os está yendo un poco la olla.
Ni la más mínima sombra de ira, ni tampoco la más mínima sonrisa, cruzó por el rostro del Maestro y de sus acólitos, entre los cuales creí descubrir a otra mujer, debajo de los hábitos blancos que todos vestían. La única respuesta, por parte del Maestro, fue la siguiente.
-Sé que viajas en el tiempo, y que allá se conservan los testimonios de esta época. Nos preguntamos si sabes algo de lo que ha de venir.
Así que era por eso por lo que me habían reclutado. Por mi especial e involuntaria habilidad viajera. Pues se iban a llevar una tremenda decepción.
-Cuando estoy allí, naturalmente leo los libros de historia, para saber qué es lo que ha pasado en el mundo durante mi ‘ausencia’, por decirlo de alguna manera. Pero cuando regreso aquí, no puedo recuperar esas lecturas. Ni siquiera recuerdo demasiado bien esta época cuando me hallo en el futuro. Tengo que esforzarme para rememorar los detalles, como si todo estuviera envuelto en una nebulosa, como si mi vida aquí fuera la leve sombra de una vida anterior o las notas de una obra de ficción. Y viceversa.
El Maestro no pareció desilusionado.
-No importa. No te hemos buscado por esto. Sería deshonroso que nos aprovecháramos de tu información privilegiada para vencerles. No deseamos ganar de esa manera: nos asemejaríamos a ellos, y eso sería la más cruel derrota dentro de la victoria.
Pues estaban listos si esperaban triunfar con tanto escrúpulo.
-Hay algo más. No voy a ayudaros. Y no voy a ayudaros porque no me agradáis. Ninguno de vosotros. No me gusta la religión, la castidad, la obediencia ni el fanatismo. Podría decir también que no me gusta la pobreza, pero vosotros sois tan pobres como yo experta en física nuclear. No confío ni en vosotros ni en el hombre que me trajo aquí, del cual la hazaña más importante que conozco es que traicionó a su mejor amigo. Y si no os importa, ahora me largo. Tranquilos, que no revelaré el secreto de este conciliábulo, no tengo ganas de que me tomen por loca más de lo que ya lo hacen. Ah, jefe, supongo que esto significa que estoy despedida. Si te va bien paso mañana a recoger la liquidación. Hala, que vaya bien.
Me volví y me dirigí a la salida, sin que Guillaume hiciera nada por detenerme. Pero la voz del Maestro sonó a mis espaldas.
-No mientas, Eowyn. Sobre todo, no te mientas a ti misma. No piensas ayudarnos porque sabes que fracasaremos.
Aquel condenado anciano leía los pensamientos. La afirmación me dejó un instante paralizada. Luego me giré lentamente hacia él y decidí, por una vez, ser sincera. No me quedaba otro puñetero remedio.
-No sé si son retazos de recuerdos, poderes paranormales o simple intuición, pero huelo el olor del fuego y la muerte cuando pienso en vosotros y en vuestra misión; ahora veo que vosotros también estáis convencidos y ni siquiera os importa. También siento que nos sois tan malos como parecéis, al menos no todos vosotros. Pero me resisto a creerlo. Porque el hecho de que me caéis fatal sí es una verdad como la copa de un pino.
El Maestro guardó silencio unos instantes.
-En ocasiones, Eowyn –soltó después de una larga inspiración- solo hay una salida. En ocasiones saber retirarse a tiempo de una empresa es un virtud, pero en ocasiones tienes que persistir en ella, incluso viéndola perdida. Creo que ha llegado el momento de esto último.
Lo peor de todo es que yo también lo comprendía.
-Debemos hacer lo posible –continuó el anciano-. Sin tener ningún poder paranormal, como tú lo llamas, sabemos que los tiempos que se avecinan traerán oscuridad. Una oscuridad mayor de la que muchos pueden imaginar. Nos gusta pensar que somos una especie de guardianes contra esa oscuridad, contra ese frío que se avecina. Y nos asusta no estar allí cuando el momento llegue.
Yo sentía, en alguna parte escondida de mis entrañas, hogueras, carne putrefacta, miseria, enfermedad, tristeza, desolación… Ahora nadie llama iluminados a los que advirtieron del desastre que se avecinaba. Pero tal vez es demasiado tarde. ¿O no?
-¿Qué es lo que necesitáis que haga? –pregunté. (sigue)
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Existe esperanza
14 agosto 2012 en 11:36 · Archivado en Estocadas y etiquetada:capitalismo, copago, corrupción, crisis económica, deshaucios, explotación laboral, fascismo, franquismo, impunidad, injusticia social, ley del aborto de Gallardón, memoria histórica, PPSOE, recortes en Sanidad y Educación, recortes sociales, violencia contra las mujeres
Creímos que otro mundo era posible. Remarcamos que además necesario. Peleamos contra una globalización que no era más que otra vuelta de tuerca al capitalismo más salvaje, nos empeñamos en no olvidar a las víctimas más flagrantes del sistema, esos países que sostenían nuestro modo de vida occidental con su producción agrícola, con su trabajo sin horarios, con sus vidas, con sus muertes. Nos apoyamos en los logros del pasado, en la sangre derramada que había fructificado en nuestros derechos.
Pero también fuimos cómplices. Nos creímos la mentira del euro y jugamos a hacer burbujas inmobiliarias de jabón, tan tóxicas que destrozaban el paisaje, la convivencia y la poca legalidad que aún existía allí donde se posaban, extendiendo un cáncer de corrupción. Nos creímos burgueses, nos reímos de las luchas antiguas pensando que ya había arribado la utopía, acallamos a carcajadas las voces lúcidas y discordantes, o por lo menos escondimos los oídos en la tierra. Y vivimos así, encerrados entre las horas extras, la hipoteca y Gran Hermano, cada vez más solitarios, egocéntricos y amargados, sin compañeros ni objetivos comunes, creyéndonos felices y propagando la infelicidad en nuestro entorno porque éramos demasiado pusilánimes para aceptar que todo era una farsa. Pusilánimes, sin embargo, con techo, cuidados médicos y alguna posibilidad educativa que, cuando sonaron las alarmas, en lugar de levantarnos, nos arrimamos a la opción más caduca, estrecha de miras, estúpida, egoísta, corrupta y mentirosa (aunque los otros no les van mucho a la zaga) olvidando sus crímenes pasados y el hecho de que fueron quienes sentaron las bases de la debacle actual.
Ahora, en un paisaje agostado, devorado por el fuego y la ambición, sembrado de ceniza, cemento y basura, transitan almas en pena. Han perdido el techo, la asistencia médica es cada vez más o un lujo o una limosna que hay que pedir bien arrodillado, y la educación, cuando alcanza unos mínimos, es pura doctrina. Han perdido incluso el poco derecho que tenían a gobernar sus cuerpos, les han arrebatado la memoria, les han deshauciado hasta de los sueños. Y, aunque muchas de ellas hayan despertado, viendo que la ceguera persiste a su alrededor, se rinden sin presentar resistencia.
Pero no somos víctimas; al menos, en nuestra gran mayoría. La mayor parte de nosotros hemos contribuido a esta cada vez más vergonzosa España con nuestra cobardía, nuestra incultura reivindicada, nuestra pereza y, en los casos peores, nuestro aprovechamiento de las circunstancias. No me dirijo a estos últimos: en una España posible y necesaria, tricolor, justa e igualitaria, ellos mismos verían que no tienen lugar y no tardarían en marcharse. Hablo para todos los demás, los que ya dan la batalla, los que quieren darla, los que no saben cómo hacerlo, los que aún no se atreven y los que aún no creen en ella. Y declaro que sí, existe esperanza.
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La única salida: otra aventura medieval (I)
6 agosto 2012 en 3:14 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:25-S 2012 Ocupa el Congreso, capitalismo, corrupción, crisis económica, Edad Media, Educación para la Ciudadanía, Govern Mas, impunidad, injusticia social, lucha obrera, paro, PPCiU, recortes en Educación, recortes en Justicia, recortes en Sanidad, recortes sociales del PP
Cosas que nunca cambian (o eso parece)
Barcelona, verano de 1292
Desde aquella torre se divisaba un panorama tan desalentador como lo era la libertad para quien estaba preso aunque fuera de sí mismo, como era la alegría para el que prevé universos de tristeza. Yo no dudaba que los viandantes que en aquel momento, sobre la hora sexta, recorrían aquel bario de Barcelona, rumbo al mercado o a sus quehaceres varios, estuvieran tan sometidos como lo están sus conciudan@s y compatriotas (si se puede emplear este término: como todos sabéis en esta época no existe aún el concepto de España, eso en el caso de que en el futuro sea asimismo un concepto real. Por cierto, ya podríamos quedarnos así eternamente, por muy UNA [mierda] que sea); pero por lo menos ahora tienen espacio para escapar, libertad que les da esa inseguridad de la que hoy gozamos y que nos aparta de la seguridad fingida del siglo XXI, cobardemente aceptada por tod@s y siempre amenazada, ahora ya tal vez finalmente quebrada incluso en la muy civilizada Europa, como ya lo ha estado en tantos otros lugares…
Y, desde luego, no ayudaba mucho el bochorno reinante. Aunque no dejaba de ser un consuelo (o no) darme cuenta de que hay cosas que nunca cambian: no creo que la temperatura del Barri Gòtic de la Barcelona del cambio climático haya subido más de un par de grados desde su homónima del Medievo lo que, con los termómetros en este punto, no es muy relevante. Y lo peor no es el nivel alcanzado por el mercurio, sino la calidad concreta de la temperatura que marca: no creo que haya un lugar en el mundo donde el sol se derrame sobre la humanidad como un fluido tan húmedo y pegajoso como en Barcelona: el agobio que se experimenta llega hasta el punto de hacerte desear una próxima glaciación. O al menos que hayan inventado ya algo con lo que poder pasear por las empedradas rúas góticas algo más fresca que con la medieval camisa que vestía… Y que fuera lo suficiente decoroso para no azuzar al escándalo público, que no estaban las cosas para llamar mucho la atención. Porque vivir en un convento de hombres célibes (o al menos eso es lo que dicen ellos; cualquiera se cree lo que cuenta la gente de la iglesia, a riesgo de acabar pagando 700 euros por comida caducada encontrada en contenedores) fingiendo ser uno de ellos, no me aporta tampoco ninguna ventaja frigorífica. En cualquier momento, alguien puede extrañarse de mi prolongada ausencia, echar la puerta abajo a pesar de la barricada que he montado con los escasos muebles de esta alcoba, y darse cuenta de que, a pesar de la cara tiznada, el gorro de dormir ocultando mi pelo recogido en un moño y la apretada venda sobre mi pecho bajo la tela de la camisa, con este ligero atuendo parezco bastante más una mujer que con el insoportable hábito blanco que vengo vistiendo últimamente: en realidad, estos tipos son algo menos tontos de lo que parecen, no mucho, por eso, aunque tal vez lo suficiente. Pero ni por esas pienso ponerme nada más encima o acabaré tan cocida como una hogaza de pan de la cocina. Ay, cómo añoro el maravilloso clima seco de Tierra Santa…
Pero os preguntaréis qué hago aquí. Y cómo he vuelto a caer en una trampa. Os tranquilizaré diciendo que la situación no es tan dramática como parece. Estoy aquí por propia voluntad y realizando una misión, o algo parecido. El problema es que los largos períodos de inactividad que esta parece exigir no es algo que vaya conmigo, y me temo que me estoy perdiendo las numerosas movilizaciones que están teniendo lugar en el verano de 2012 entre incendio e incendio provocado por los pirómanos del Gobierno. Movilizaciones, claro está, contra los recortes que el PPCiU, como chambelanes orgullosos de serlo del Nuevo Sacro Imperio Romano Germánico, están perpetrando contra la población, mientras la Iglesia española reza por los parados a razón de 700.000 euros por versículo, los capitostes políticos premian a sus fieles directivos de las empresas públicas y privadas por ayudarles a escenificar esta crisis inventada (con el dinero obtenido del saqueo de los servicios públicos) y siguen las guerras de nervios, de bombas y de manipulaciones informativas, con esas nuevas plantillas televisivas que, como pronostiqué en otro de mis viajes en el tiempo, pronto nos harán añorar los tiempos del poco llorado Urdaci. Me siento impotente, frustrada, y estoy empezando a cabrearme mucho. Quiero tirar euros de cartón piedra sobre los Mossos d’Esquadra, quiero decorar las fachadas de todas las sedes estatales y autonómicas de PPCiU con espray rojo de la sangre de los enfermos sin atención, de los deshauciados sin remisión, de los agraviados sin justicia, de los alumnos con mala (o nula) educación que acabarán sembrando las cunetas del futuro de una u otra forma si alguien no hace nada por evitarlo. Quiero… pero no me dejan, me cago en la hostia.
Iré al grano. Creo recordar que me dejasteis en el momento en que una mano desconocida me arrastró a las profundidades de un portal con intenciones supuestamente lesivas para mi persona. Pero bueno, mal que me pese, estoy acostumbrada a este tipo de cosas, y antes de que pudiera sufrir algún perjuicio grave, mi mano izquierda se preparó para tantear el peligro, fuera el que fuera, ya que la derecha, la de la espada, estaba inhabilitada, de momento, por la presión de un duro guantelete. Noté que caía sobre algo que me pareció un cuerpo humano bastante sólido y no precisamente porque los músculos del susodicho estuvieran curtidos en mil gimnasios, sino por la manía que tenemos todos los que nos dedicamos en mayor o menos medida al oficio de las armas en esta puñetera Edad Media de vestirnos de hierro. Así que, suponiendo sin mucho alarde deductivo que mi agresor pertenecía al género masculino, me dispuse a asestarle el golpe fatal con mi zurda bien pertechada hacia el lugar donde se suponía que debían hallarse sus partes pudendas. Mi acción fue recompensada por un aullido de dolor y un segundo de desconcierto, que yo aproveché para zafarme de él, dar un paso atrás y echar la diestra a la empuñadura de mi espada. Pero el juramento que mi víctima lanzó después de su alarido inhumano y que fue pronunciado por una inconfundible voz de marcado acento franco, me hizo detenerme.
-¿Guillaume? ¡Por todos los infiernos! ¿Qué demonios estás haciendo aquí?
Mi mano no se movió del pomo de mi espada, pero la curiosidad había vencido a la prudencia. O tal vez, a pesar de nuestras poco memorables vicisitudes juntos, algo me hacía pensar que mi viejo conocido de Tierra Santa en realidad no buscaba mi destrucción física. Esperé pacientemente un buen rato hasta que finalizó de soltar ayes de dolor, y al fin mi aguante fue premiado.
-Eowyn –dijo algo molesto-, ¿tú crees que esto es justo? Te salvo de las asechanzas de uno de los piratas más sangrientos del Mediterráneo, que te seguía sin duda con ánimo de aligerar tu bolsa y llevarse de propina tu virtud, ¡y me lo pagas de esta manera! ¿Acaso no piensas derramar nunca el bálsamo de tu perdón sobre mi torturada alma?
Reprimí una carcajada. Está visto que mi enemigo sobreestimaba su carisma personal, su inteligencia o ambas cosas.
-Déjate de historias –zanjé-. El temible pirata del que hablas es mi compañero de juergas Yannick y te puedo asegurar que el único motivo que le guía a seguirme es el caballeroso afán de protegerme de individuos como tú, lo cual ya habrá visto que es completamente innecesario y por tanto se habrá retirado a dormir. Y en cuanto a lo justo o lo injusto de esta acción, he de decirte que no te reconocí hasta que fue demasiado tarde. Si no, evidentemente, habría actuado de una manera muy distinta. Te habría ensartado con mi espada antes de que hubieras tenido tiempo de abrir la boca. No sé cómo te has atrevido a venir a Barcelona, a no ser que realmente desconocieras que aún me hallaba aquí. Como comprenderás, no tengo demasiadas razones para abrigar un gran cariño hacia tu persona.
Eso dije, y algo de verdad había en mis palabras. Concretamente, la parte que en ellas correspondía a la lealtad que aún sentía hacia mi viejo compañero de batallas, a pesar de que sus turbios asuntos con reliquias y otros temas me habían alejado de él más que la propia distancia física. Pero, mal que me pesara, tenía que reconocer que no estaba realmente enfadada con Guillaume, tuviera o no la obligación moral de estarlo. Y tal vez él lo sabía. O no. Lo cierto es que su voz sonó llena de resonancias oscuras cuando me respondió.
-Eowyn, sabía perfectamente que estabas en la ciudad. Solo y exclusivamente por eso he venido. Y si te abordado de esta manera ha sido, además de por intentar protegerte (aunque debería saber ya que para eso te bastas muy bien tú sola), porque era necesario que hablara contigo enseguida y no puedo dejar que nos vean juntos en público.
En la oscuridad del portal vacío, él no pudo ver mi mueca de incredulidad.
-Que yo sepa, ya no eres templario –argumenté-, así que no puede suponer ninguna mancha en tu historial el que te vean hablar con una mujer, sobre todo si tiene tan mala reputación como yo. Aunque tal vez te has casado con una propietaria viuda celosa que amenaza con dejarte fuera de la herencia si la traicionas.
Su carcajada atronadora rompió el muro de oscuridad que nos separaba. Y es que tenía guasa, la cosa. En lugar de pegarle un par de viajes y quedarme más bien que todas las cosas, le hacía reír. Está visto que con este carácter no voy a llegar nunca a nada.
-No entiendo cómo he podido sobrevivir tantos meses sin tus chanzas, mi querida amiga.
-No pretendía bromear. Me limitaba a explorar una posibilidad.
-En estos momentos, la idea del matrimonio está tan alejada de mis intenciones como la del infierno. Y con eso no quiero decir que pretenda equipararlos. Y en cuanto a mis relaciones con mis hermanos… sobre ese tema habría mucho que hablar y no podemos hacerlo aquí. Me conviene que te vean lo menos posible, y aún menos si es conmigo, por si accedes a algo que te quiero proponer. Oh, ya sé –atajó mi previsible respuesta-, soy un enemigo y no vas a hacer nada de lo que te demande, pero al menos escúchame. Tal vez acabes por ayudarme por motivos egoístas, o por motivos altruistas. Te pido que me acompañes. Muy cerca. Hasta la Casa de la Orden. Tenemos que darnos prisa o ya no podremos traspasar la muralla
Era evidente que le había entendido mal. Guillaume no podía estar pidiéndome aquello. Y no solo porque, no estando mi vida en peligro, él debía de saber que nada se me había perdido en aquella guarida de fanáticos. Sino sencillamente porque de ninguna manera le admitirían allí. A no ser que…
-No irás a decirme que aún no saben nada.
Él negó con la cabeza.
-Las noticias circulan muy rápidamente entre los hermanos.
-Entonces… ¿quieres decir que lo saben y, aún así… no les importa?
Guillaume asintió y acto seguido se encogió de hombros, como soslayando su completa inocencia al respecto, y a mí, en un instante, me cayó de golpe no la inmensa corrupción global y eterna, pues sería una ingenua si eso me sorprendiera, sino la desfachatez con la que siempre se ha ido produciendo. Guillaume, que traicionó y robó a su mejor amigo y su hermano de congregación y de armas, era ahora acogido con los brazos abiertos por la misma orden que les había formado a los dos, probablemente debido a su alta cuna, sus buenas relaciones con el poder o a su habilidad para el soborno o el chantaje emocional tal vez del mismo cruel calibre que la del gobierno de Mas, que no duda en negociar empleando como fichas a los más débiles. Una cosa es que yo pudiera perdonarle, tal vez porque era consciente del afecto que por alguna extraña razón parecía sentir hacia mí; otra que lo hicieran ellos. El sentimiento de descarada injusticia estuvo a punto de ahogarme. Pensé en los causantes de la crisis del siglo XXI que acabaron gobernando los países que habían arruinado, en una estrategia perfectamente calculada que la gente no quiere creer o entender o sencillamente no les importa; a los gestores de economía que implementan medidas tan imbéciles que a largo plazo no podrán beneficiarles ni a ellos, porque desde luego que no llegaron a tan alto puesto por su inteligencia; a los numerosos políticos de los que se sabe perfectamente su escandaloso tren de vida y su provocadora acumulación de sueldos y prebendas mientras hacen declaraciones sobre la necesidad de que los discapacitados, los desempleados, los enfermos, los ancianos, los niños en edad escolar y las mujeres embarazadas hagan ejercicio de austeridad; a los falsos que vendieron estabilidad y derechos a cambio de votos y luego pidieron a sus gobernados que se encomendaran a la Virgen (literalmente), porque hasta lo que había sido propiedad de estos últimos, lo que habían pagado hasta el último céntimo, había pasado ya a sus manos. No, hay cosas que no cambian. Justamente las que más tendrían que cambiar. Y no obstante, una vocecilla interior me seguía repitiendo: allí aún es peor, allí aún es peor…
Le volví la espalda y me alejé un par de pasos. La rabia hizo que me saltaran algunas lágrimas. Era tan fácil, y tan difícil, estar allí, en primera línea de fuego… era tan fácil, y tan difícil, poner tu vida sobre el tapete de juego y esperar ganar, aunque luego esa costosa victoria te sea arrebatada por los devenires de la historia, por el Mal, siempre al acecho, nunca acabado de vencer… era tan fácil, y tan difícil, luchar contra el mal sin convertirte en el Mal, eran tan fácil y tan difícil juzgarlo… Era tan fácil, y tan difícil… Era solamente la única salida.
Sentí a mi espalda los pasos de Guillaume aproximándose. Yo giré rápidamente hacia él. La punta de mi espada, ya fuera de su vaina, relampagueaba bajo las luz de las antorchas del exterior a apenas unos milímetros de su corazón.
-Te voy a matar, Guillaume. Te mataré aunque solo sea a modo de símbolo, te mataría aunque fueras inocente. Te mataré porque ya llegará el momento de tejer la necesaria estrategia, tal vez no para vencer, pero al menos para recuperar las posiciones en las que estábamos aunque nos las vuelvan a arrebatar, pero ahora seguir esperando disuelve la prudencia en simple cobardía. Te mataré para que tu sangre riegue su miedo, para que sepan que no pueden seguir traficando con reliquias, vendiendo falsas esperanzas. Para que sepan que hemos despertado. Y que esto solo es el principio. (sigue)
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Tal vez los malos ya ganaron hace tiempo…
25 junio 2012 en 11:11 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, capitalismo, corrupción, crisis económica, explotación laboral, impunidad, injusticia social, lucha obrera, Spanish Revolution
Tal vez el eterno tópico entre el bien y el mal no ha sido más que una cruel mentira: todo apunta a que los malos ya ganaron la batalla definitiva hace tiempo, quizá en el principio, y lo que creímos victorias, metas volantes de la historia bajo las que pasamos los primeros, solo fueron manipulaciones, traiciones, espejismos que, a pesar de toda la sangre que nos costaron, acabaríamos pagando caras o, al menos, perdiendo.
O tal vez, sencillamente, todo fue una estrategia para llegar a este punto: al inicio de un nuevo orden mundial digno de los seriales más apocalípticos, en que una mayoría sin recursos, sin educación, sirve esclavizada a una gran mayoría insultantemente opulenta e intocable.
Parece a veces que la inteligencia es patrimonio de los malos, una inteligencia errada y cortoplacista (pues la suprema inteligencia y el supremo egoísmo es la bondad), pero efectiva al no estar enturbiada por la empatía. Una inteligencia general que debe pactar con la estupidez particular de tantos aliados poderosos y necesarios (y eso lo sabemos muy bien los que sufrimos la política española), acrecentando su poder destructivo. Y lo peor es que la bondad también está comenzando a considerarse únicamente privilegio de los malos.
Porque lo más peligroso no es tener el poder, sino la voluntad de ejercerlo. Lo más peligroso no es ser fuerte, sino desear esa fuerza como arma de destrucción. Lo más peligroso no es la ambición, sino la falta de empatía hacia sus consecuencias. Lo más peligroso no es su miedo ni su fanatismo, sino el que nos inculcan.
Un panorama como para dejarse llevar por la desesperación. O por el inmovilismo. O no necesariamente. Porque tal vez este nuevo escenario exija nuevas estrategias: más sibilinas, más correosas. ¿Debemos entonces ser malos? Hay pocas escuelas que enseñen esta cualidad, dejando a un lado la escuela de la vida con sus métodos educativos incisivos pero erráticos, que no funcionan siempre o no funcionan adecuadamente. Aunque quizá no sea necesario; bastaría con copiar sus métodos. Con ser fríos a pesar de nuestro calor humano; con ser estratégicos a pesar de nuestra indignación impulsiva; con ser activos a pesar de nuestra desmovilización alimentada durante tantos años; con ser valientes a pesar de nuestro temor heredado pues, además, dentro de poco ya sí que no nos quedará nada por perder.
De esta manera, tal vez un día podamos subvertir un sistema ideado para que en él prosperen los malvados y estúpidos y perezcan los bondadosos e inteligentes, los que solo desean tener las necesidades básicas cubiertas, amar, reír y vivir en armonía con el entorno. Aunque ya sabéis que no va a ser fácil.
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Profesiones emergentes de la crisis (gracias al PP y a CiU)
27 abril 2012 en 11:18 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, capitalismo, corrupción, crisis económica, dictadura española, estado policial español, fascismo, Govern Mas, injusticia social, inmigración, paro, PP, racismo, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Spanish Revolution, violencia contra las mujeres, xenofobia
-Medievalistas: Para analizar los nuevos tiempos.
-Aborteros clandestinos: Para equilibrar la natalidad con los salarios, la cuantía de los impuestos, las nuevas tasas de la Injusticia y el nivel de ocupación (ojo: prohibido su uso si eres una “mujer de verdad” al estilo Gallardón).
-Inquisidores: Para aleccionar de una forma pacífica y respetuosa a las usuarias del anterior servicio. Imprescindible nociones de alimentación de hogueras.
-Curanderos: Una alternativa barata al desmantelamiento de la Sanidad pública.
-Traficantes de órganos: Especialmente útiles para los que no pueden costearse el traslado de la diálisis. También para quienes han de deshacerse de alguna parte de su cuerpo para pagar la hipoteca.
-Delator: Tal vez no consigas un incremento de patrimonio inmediato, pero siempre va bien para quitarte de encima posibles competidores, o sencillamente al vecino que tiene un móvil más chulo que el tuyo.
-Cazarrecompensas: El siguiente estadio de la evolución del estado policial hispanocatalán (me pregunto qué precio pondrán a mi cabeza).
-Constructores de cámaras de gas: Pronto se darán cuenta que hay alternativas más rápidas e indoloras que quitarles la tarjeta sanitaria a los inmigrantes.
-Sepultureros: Para inhumar a las víctimas del genocidio social de manera expeditiva, limpia y silenciosa.
-Policías, muchos policías: Los vais a necesitar.
-Constructores de cárceles: Os harán falta muchas si queréis meternos a tod@s l@s que vamos a salir a la calle. Pero cuidado no vayáis a acabar al final vosotr@s dentro!
Tu voto:
Desobediencia, insumisión, rebelión, acción directa … las únicas respuestas
26 abril 2012 en 6:20 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:12M-15M, 1MRebélate, capitalismo, crisis económica, explotación laboral, fascismo, injusticia social, lucha obrera, Spanish Revolution
Manifiesto de IZQUIERDA UNIDA ante el 1 de mayo
Por un 1º de Mayo de movilización y lucha por el empleo, los derechos laborales y los servicios públicos
En este Primero de Mayo de 2012 nos enfrentamos al ataque más brutal y antidemocrático que hayan sufrido los derechos de trabajadores y trabajadoras en mucho tiempo. Se presentan como medidas contra la crisis lo que solamente es un redoblado intento de rapiña sobre los salarios, las conquistas de la clase obrera y los derechos sociales de la inmensa mayoría de la población. No importan las personas y su derecho al trabajo digno y estable, sino el beneficio de los bancos y las multinacionales.
Llevamos casi cinco años de agudización de la crisis y también de recortes de todo lo público, pero ni uno sólo de los países que ha aplicado esas medidas ha mejorado su situación económica y social. Ni uno sólo. Al contrario, sigue aumentando el paro, crece la deuda exterior, y estamos en una segunda ola de recesión económica.
Lo que se nos intenta vender como la única salida de la crisis es una mera estafa que ahonda más la injusticia y el sufrimiento, incrementa el paro y la pobreza, desprotege a los más débiles y pretende convertir en mercancía y negocio la educación y la salud.
Pero la salida real de la crisis viene de la mano de la lucha y la movilización. Quieren que nos encerremos en nuestras casas con el miedo al desempleo y la precariedad y con la pesadilla de un futuro peor que el pasado, pero no lo conseguirán. La salida social de la crisis, favorable a la inmensa mayoría, está en nosotros y nosotras.
La reciente Huelga General ha mostrado el camino. La derecha decía que no serviría para nada y el Gobierno que no estaba dispuesto a mover una coma de su reforma laboral. Hoy ya preparan enmiendas a sus propios textos, pero esta reforma laboral no es reformable y debe ser retirada. Además de esta consecuencia, la Huelga General ha fortalecido la conciencia y la organización del mundo del trabajo y ha mellado los ataques contra el sindicalismo de clase.
La ofensiva contra la educación y la sanidad públicas está encontrando cumplida respuesta en una creciente movilización ciudadana. El intento para hacer retroceder los derechos y libertades democráticas que el Gobierno quiere impulsar desde su mayoría absoluta encuentra una importante oposición.
Es el modelo económico, político y social asentado desde la transición el que está desmoronándose y son las políticas neoliberales (última expresión del sistema capitalista) las que aparecen, cada vez de forma más clara, como irreconciliables no solamente con los derechos del mundo del trabajo, sino también con el progreso económico, la sostenibilidad medioambiental y el bienestar de la inmensa mayoría de la ciudadanía.
Hace ahora 122 años que se celebró en España por primera vez el 1 de Mayo, “Día Internacional del Trabajo”, y es necesario subrayar en esta ocasión el carácter internacionalista de esta fiesta y su contenido solidario que nos lleva, especialmente, a expresar nuestra solidaridad con el pueblo argentino, que tiene todo el derecho a decidir soberanamente sobre sus recursos naturales, como en su día lo harán los pueblos de España, y nuestra coincidencia en la lucha con todos los pueblos de la Unión Europea que se movilizan contra las políticas de recortes. Deseamos el éxito de los candidatos de la izquierda alternativa en las próximas elecciones de Francia y Grecia que pueden comenzar a abrir un horizonte nuevo en las políticas de la Unión Europea. Nos solidarizamos, como siempre, con la lucha del pueblo palestino que se agudiza en Gaza y con las reivindicaciones del pueblo saharaui.
La crisis tiene salida, el Gobierno no
Las políticas neoliberales de recortes, debilitamiento de lo público y retroceso de los derechos laborales, que inició el PSOE y ha profundizado el PP han fracasado.
No obstante, el Gobierno presenta unos Presupuestos Generales del Estado que son una auténtica declaración de guerra contra la mayoría del pueblo. Unos presupuestos que van a generar más paro, estancar la economía, y deteriorar la educación, la salud y otros servicios sociales y que estimulan el fraude fiscal mediante una amnistía para los defraudadores.
Izquierda Unida subraya que hay salida para la crisis y ha aportado propuestas positivas para hacerlo en beneficio de la mayoría.
- Con una mayor justicia fiscal que lleve hasta una contribución fiscal equivalente a la media de la Unión Europea hay recursos suficientes para crear empleo, impulsar la economía real y, con ello, reducir el déficit.
- Con una lucha firme contra el fraude fiscal y la economía sumergida, mediante los cambios legales necesarios y el reforzamiento de la Agencia Tributaria, habría ingresos para mejorar la educación y la sanidad públicas y atender la Ley de Dependencia. Hacer aflorar de trabajos sin contrato y exigir la igualdad de salarios entre hombres y mujeres, además de ser de justicia, permitiría sanear la Seguridad Social y mejorar las pensiones.
- Con una política decidida de apoyar la creación de empleo desde lo público es posible crear cientos de miles de empleos verdes (reforestación y mantenimiento de zonas verdes, rehabilitación sostenible de viviendas, agricultura ecológica, energías renovables), sociales (aplicación de la Ley de Dependencia, escolarización de 0 a 6 años) y de interés estratégico (infraestructuras de proximidad, desarrollo de un sector público en la economía).
- Con la creación de una Banca Pública, a partir de la nacionalización de las Cajas de Ahorro que han sido entregadas al capital financiero, sería posible que el crédito fluyera hacia las pequeñas empresas y las familias.
- Con la implantación de un nuevo modelo productivo, que incluya más democracia en la sociedad y en la empresa, un sector público poderoso y el apoyo a la economía social, una apuesta por el desarrollo sostenible y el pleno empleo de calidad, la mejora de la educación, el esfuerzo a favor de la I+D+i civil, y un cambio progresista en las relaciones laborales.
Nuestra lucha es la lucha por el empleo
El objetivo central de cualquier política de izquierdas para salir de la crisis es la creación de empleo. Izquierda Unida defiende un empleo estable, digno y de calidad y, en consecuencia se opone a cualquier medida de abaratamiento del despido y de reducción de los costes salariales. No han sido esas, ni mucho menos, las causas de la crisis y no está ahí la solución. Por ese camino sólo se trata de asegurar de nuevo los beneficios de quienes ha generado esta situación, a costa de los trabajadores.
Crear empleo no puede ser considerado como un gasto porque sólo el trabajo humano genera la riqueza socialmente útil.
Izquierda Unida reivindica el reparto del trabajo para que puedan trabajar más personas, reduciendo la jornada a 35 horas semanales, sin pérdida de retribución, y bajando progresivamente la edad de jubilación
Por un 1 de Mayo de movilización
Izquierda Unida llama a todos los trabajadores y trabajadoras, a toda la ciudadanía a participar en los actos, concentraciones y movilizaciones convocadas por CCOO y UGT.
Izquierda Unida considera que este 1 de Mayo debe dejar claro que no estamos dispuestos a aceptar una salida de la crisis que no vaya a favor de la mayoría social de este país. Es precisa una auténtica rebelión ciudadana por nuestros derechos.
Izquierda Unida llama a extender y profundizar la movilización hoy y en los meses próximos por una salida social de la crisis, por el empleo, la defensa de lo público (comenzando por una educación y una sanidad públicas y de calidad), el derecho a la vivienda, la igualdad y la no discriminación.
Viva el 1 de Mayo de lucha y solidaridad
Madrid, 1 de mayo de 2012
Y después del 1 de Mayo…
Y para acabar, nos os perdáis estos vídeos
http://solidaritat29m.noblogs.org/
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En la lucha final (III)
13 abril 2012 en 7:37 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:29M en Barcelona, Afganistán, Bosque de Brocelandia, capitalismo, corrupción, crisis económica, cruzadas, despido libre, Edad Media, explotación laboral, fascismo, género, Govern Mas, Huelga General, Irak, Irán, Libia, Palestina, PP, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Siria, Spanish Revolution
(viene de) -Tus trampas son cada vez más originales –respondí con una mueca de desprecio-. Pero olvidas que nos conocemos demasiado.
-Esta vez hablo en serio –aseveró.
Estaba parado a pocos pasos de donde yo me hallaba, aún mostrando su carencia armamentística. De pronto, como obedeciendo a una señal telepática, los guardias guardaron sus espadas y separaron, asimismo, los brazos del cuerpo. Aquello era muy surrealista; no me hubiera extrañado más que los Mossos d’Esquadra se dedicaran a escoltar y a proteger piquetes informativos en el 29M (lo cual, por otra parte, hubiera sido lógico en un cuerpo cuya función se supone que es resguardar a los ciudadanos; al menos, lo sería más que matarlos).
-Te has vuelto loco –aprecié-. Sabes que podría matarte ahora mismo.
-Pero sé que no lo harás –respondió al vuelo-. Tú no albergas odio hacia mí. Solo cansancio.
Y lo peor de todo es que el maldito tenía razón: había atentado contra mi tranquilidad durante años, me había perseguido con saña por todos los caminos de la Corona de Aragón, el Reino de Castilla y las zonas aledañas como si yo quisiera nacionalizar alguna empresa invasora que fuera de su propiedad, me había hecho mil perrerías, había comprado a mis amigos (que luego, obviamente, resultaron no serlo tanto) y me había encerrado en húmedas mazmorras la estancia en las cuales, afortunadamente siempre muy corta gracias a mi legendario instinto de supervivencia, había acrecentado mi innata claustrofobia. Vamos, que cualquiera diría que temía que viviera demasiado, no fuera a tener que pagar mi pensión. Pero no le odiaba: quizá ya me había acostumbrado a él, a su terrorismo de baja intensidad contra mi persona, a la mejor el hecho de que siempre acababa por aparecer era la única fe que me quedaba; o tal vez sentirme buscada por alguien, aunque fuera con propósito tan lesivos para mi libertad e integridad, en el fondo me gustaba: nadie más lo hacía.
-Está bien. ¿Qué quieres? –naturalmente, seguí enarbolando la espada.
Me mostró las palmas.
-Hablar. Solamente eso.
No es que el diálogo hubiera sido lo suyo, precisamente, por lo que conocía de él. Pero era evidente que quería cambiar de estrategia. ¿Qué demonios estaría tramando?
-Está bien –concedí-. Envía a tus hombres calle abajo y espera aquí unos minutos. Nos veremos en la taberna que está cerca del puerto –aguardé hasta que los guardias hubieran desaparecido en dirección contraria y me escabullí hasta el lugar indicado.
La situación no podía ser más extraña: ahí estaba yo, departiendo animadamente ante dos jarras de vino con la persona con quien desde prácticamente que nací no había podido estar en la misma habitación sin que uno de los dos no saliera perjudicado de alguna manera. Evidentemente, el mundo se había trastocado: tal vez era algo así a lo que se referían los mayas. El noble, acostumbrado seguramente a otro tipo de compañía en sus horas de ocio, no mostró sin embargo ninguna incomodidad de hallarse en aquel cuchitril. Todo lo contrario, se permitió incluso dirigirme una amplia sonrisa.
-Tienes muy buen aspecto. Nadie diría que has pasado los últimos años huyendo.
-He hecho otras cosas, también. Ganarme la vida, por ejemplo.
-Y muy bien. Se escuchan relatos de tus hazañas.
-Hay mucha ficción al respecto. La gente lo necesita. Pero vayamos al grano: dime de una vez qué quieres de mí.
Clavó en mí unos ojos pequeños y separados, que me parecieron mucho menos fieros que en el pasado.
-Las cosas han cambiado mucho, Eowyn. Durante años me he empeñado en mantener la moralidad entre mis vasallos. Que las cosas no fueran como yo lo deseaba significaba para mí un motivo de cólera. Pero esa ira se ha agotado. Los últimos años no han sido buenos: malas cosechas, alianzas políticas poco inteligentes, demasiados familiares muertos en las Cruzadas…
Se le veía sinceramente apenado y lo lamenté por él: yo no era tan de piedra como a veces quería aparentar. Aunque también era verdad que cualquier cosa que sus parientes hubieran ido a hacer a Tierra Santa, lo que les hubiera sucedido ellos se lo habían buscado. Quienes realmente me preocupaban eran los ciudadanos de Palestina. Y de Libia, y de Irak, y de Afganistán, y de Siria, y de tantos otros lugares…
-Ahora parece que la desgracia se aleja de mi camino, aunque sus huellas pervivan. He conseguido un buen puesto en la Corte. Velo, entre otras cosas, porque que el pueblo esté contento y porque todos tengan un buen medio de vida.
Qué miedo. Cuando los mandatarios hablaban de felicidad y empleo, siempre tenían escondido en la manga algún proyecto insostenible. Además para llevarlos a cabo solían contratar personas del escaso nivel intelectual de mi interlocutor. Y es que era para joderse: yo buscando curro como una loca sin ningún éxito y con un buen historial profesional a mis espaldas, y a aquel inútil le contrataban con la mayor facilidad del mundo; seguro que militaba en el PP, o en CiU. Pero lo que dijo a continuación fue aún más increíble.
- Me trasladaré a mis posesiones de Barcelona y te ofrezco que vengas conmigo. Que seas la capitana de mi guardia. Creo que un buen trabajo es lo menos que te debo, después de arruinarte la vida.
Bueno, tampoco me la había arruinado tanto. La persecución hasta concedía un poco de animación a mi existencia. El problema era que su presencia me recordaba demasiado a aquello que había dejado atrás y adonde no deseaba volver… Pero ¿había escuchado bien la última frase?
-Esto debe de ser un sueño. O tal vez una pesadilla. O demencia senil prematura por tu parte –o no tan prematura: hacía tiempo que no lo veía de cerca, y ahora notaba como los primeros signos de la ancianidad estaban comenzando a hacerse patentes en su rostro. No somos nada, realmente-. ¿De verdad estás escuchando tus propias palabras? ¿Realmente crees que tus hombres aceptarán las órdenes de una mujer?
Se apresuró a responder.
-Lo harán. Y lo harán porque te conocen. Y porque te respetan. Y porque han aprendido a admirarte: nunca han podido vencerte, de una manera u otra, por habilidad o por voluntad férrea de sobrevivir, siempre te has escurrido ante nuestras narices.
-Me halagas –advertí yo-. Y últimamente los halagos me han traído malas consecuencias. No voy a volver a caer en la misma trampa.
-Algo sé de tus últimas aventuras –su expresión adquirió un tinte malicioso-. Corren relatos sobre ti por todas partes y me he divertido mucho escuchándolos. Pero tranquilízate: conmigo estarás a salvo de quien pueda quererte mal. Eowyn, te mereces un descanso. Y te ofreceré todas las garantías que me pidas: estaba vez podrás confiar en mí.
Como explicaba, en uno de los momentos más desesperados de mi vida, el Destino me había tendido una mano… Una mano que se había convertido en una garra que atenazaba mi garganta. Tenía un buen empleo, vivía en un lugar privilegiado, una masía fortificada a las afueras de Barcelona donde disfrutaba de unos cómodos aposentos para mi sola en el patio de armas, y mis compañeros me respetaban, aunque también era verdad que evitaban mi trato con tanto ahínco como yo evitaba el suyo. Comía y bebía con abundancia y ni siquiera tenía por qué preocuparme por mi seguridad. Incluso a veces, cuando paseaba por las amplias estancias de la masía y disfrutaba con la vista desde sus torreones, sentía algo así como una vaga sensación de felicidad; pero se habían acabado las largas cabalgadas por el bosque y las noches al lado del fuego del campamento. Yo había logrado el ascenso profesional con el que siempre soñé, y que tan difícil era para alguien de mi género. Pero no era feliz. Tal vez nunca lo sería. Tal vez la insatisfacción me acompañaría siempre, como la soledad, tal vez era tan incapaz de conformarme como de amar. ¿Cómo no iba a estar susceptible y de mal humor en esas circunstancias, y más si además aquella situación relajada y cobarde me estaba apartando del lugar donde yo creía que era más necesaria? Todo eso pasó por mi cabeza cuando me vi catapultada al interior de aquel portal. Decidí ver la parte positiva del suceso: tal vez jamás debería volver a preocuparme por mis conflictos internos.
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En la lucha final (II)
12 abril 2012 en 7:05 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:29M en Barcelona, Bosque de Brocelandia, capitalismo, crisis económica, Edad Media, explotación laboral, expolio en Siria, fascismo, franquismo, Grecia, impunidad, injusticia social, Irak, lucha obrera, memoria histórica, privatización arqueología en Grecia, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Sirira, Spanish Revolution, suicidios en Grecia
(viene de) Tengo que reconocer que en los peores momentos de mi vida siempre había encontrado una mano tendida aunque a veces hubiera acabado sosteniendo el látigo que acabaría estrellándose contra mis espaldas, un inesperado golpe de suerte que en pocos meses se convertiría en una maldición. Cuando llegué a Barcelona, exhausta y derrotada, unas semanas antes, había tenido que hacer un esfuerzo para que la depresión no me arrojara contra una cuneta para dejarme morir allí. Pero a mí aún no me habían robado toda la esperanza ni todo el trabajo de toda mi vida, como habían hecho con los desposeídos en Grecia, y aunque solo fuera por orgullo no quería que nadie me obligara a ser la mano autoejecutora del genocidio social del sistema; o tal vez me producía demasiada pereza pensar en cómo dar fin a mi vida. Sea lo que sea, en lugar de suicidarme hice lo que una mercenaria de pro debe hacer en esas circunstancias: emplear las monedas de Guillaume que aún me restaban en darme un buen baño, buscarme un alojamiento y procurarme ropas presentables que me acreditaran como una candidata susceptible de tener en cuenta para posibles encargos. Y, claro, frecuentar los mercados y las tabernas, que para que me entendáis funcionan como una especie de mezcla de Infojobs, LinkedIn y Facebook. Era consciente de que me había metido en la boca del lobo; me hallaba en el exacto lugar donde Karl y Gustaf me habían encontrado hacía ya casi un año, y pretender que serían tan imbéciles como para no buscarme allí, por muy evidente que ello fuera, era quizá suponer demasiado, incluso si era referido a ellos. Pero, a pesar de la advertencia del templario traidor y de la poca simpatía que debían de profesarme después de que el Sultán se hubiera vengado en ellos de mi huida, como seguro habría hecho, no conseguía sentirme aterrorizada por la perspectiva de volver a verles: les había perdido todo respeto, si es que alguna vez les había tenido alguno, y estaba segura de que si me los encontraba más que asustarme me iba a entrar un ataque de risa en sus barbas. Así que ya me veis de nuevo en la Ciudad Condal, intentando infructuosamente encontrar acomodo laboral mientras acarreaba un enorme agujero lleno de algo parecido a la antimateria que se abría justo en medio de mi estómago y que a veces me dolía tanto que hasta me hacía caminar encorvada; y no era hambre, os lo aseguro, aunque también comenzaba a sentirla. Pero, por suerte o por desgracia, estoy acostumbrada a las vicisitudes. Lo siento mucho por los positivistas y los amantes de libros de autoayuda: el Destino existe y que te esfuerces en mejorar tu vida, aunque muy recomendable, sirve de muy poco; tu sino se encargará de joderte bien jodido si eso es lo que tiene programado. Sobre todo si has nacido pobre y sin nobleza. Como en mi caso, por ejemplo. Y sobre todo si hemos vendido nuestro país a los neoliberales fascistas del PP, que a su vez aún lo venden más barato. Y por si fuera poco, en uno de mis deambuleos curriculares, al doblar una esquina, me tropecé de pronto de la manera más escandalosa con el mismísimo señor del lugar donde me había criado, mi archienemigo.
Naturalmente, me dispuse a poner pies en polvorosa: que yo supiera, el noble en cuestión no daba un paso fuera de su castillo sin ir protegido por una nutrida guardia que, estaba segura, debían de estar agazapados a mi alrededor, esperando tal vez una orden para caer sobre mí como auténticos antidisturbios cabreados. Y, de hecho, un grupo de cuatro secuaces taponaban la única salida: así que me decidí a esquivar a mi antiguo jefe y a arriesgarme por la calle que discurría a su espalda, con casi la seguridad de que encontraría a alguien emboscado en alguna parte: si l@s lector@s que conocen Barcelona alguna vez se han quejado de las tortuosas calles del Casc Antic, debo informarl@s que antes de derribar las murallas era aún peor (no obstante, tengo que reconocer que cuando estoy en el siglo XXI las echo de menos. Lo único que me consuela es que solo las han derribado, no las han sepultado por desmemoria o intereses, ni las han privatizado como en Grecia ni expoliado como en Siria o Irak)… Pero cuando me lancé hacia mi objetivo descubrí que también aquella salida había sido bloqueada. Así que di un paso atrás, alejándome de todos ellos lo máximo que podía, saqué la espada con seguridad y les regalé una sonrisa de suficiencia: estaba demasiado enfadada para tener miedo, y aquellos guardias, con sus negros ropajes protegiendo el lujo del noble (solo les faltaba la insignia de la División Azul), me recordaban demasiado a los efectivos policiales de Barcelona cargando indiscriminada e impunemente contra los manifestantes mientras acordonaban el Corte Inglés y la Bolsa. Yo misma podría estar en aquel momento herida, encarcelada o ambas cosas, si un camarada anónimo, al verme desorientada en la multitud y corriendo en dirección a las peores cargas, no me hubiera sacado allí casi en volandas; ni siquiera llegué a verle la cara. Pero ahora sí estaba permitido que me comportase como una salvaje medieval defendiendo mi vida sin que nadie me llamara terrorista por hacer lo mismo en 2012, así que moví mi espada para que destellara a la luz de las escasas antorchas, en señal de desafío, y me dispuse a la batalla. Pero los guardias estaba extrañamente inmóviles, y el único que se adelantó, con los brazos separados del cuerpo y mostrando que estaba desarmado, fue el señor.
-Guarda tu espada, Eowyn. Hemos venido en son de paz.
Vaya por dios. Con las ganas de juerga que yo tenía (sigue).
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En la lucha final (I)
11 abril 2012 en 16:25 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:29M en Barcelona, Bosque de Brocelandia, capitalismo, crisis económica, explotación laboral, género, Huelga General, lucha obrera, Mossos d'Esquadra, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Spanish Revolution
Finales de abril, 1292
La puerta de la taberna del puerto que solía frecuentar retumbó contra el muro produciendo un sonido horrísono, y abierta se quedó, balanceándose por el impulso hasta perder la fuerza. Fuera, la conocida humedad barcelonesa me reclamaba mis huesos como tributo, pero yo le hice una higa y avancé unos pasos para alejarme del pestilente local. La brisa primaveral venía tan helada como si nunca tuviera que llegar el cambio climático y como si el fuego que destruiría siglos más tardes los bosques de Galicia, abandonados al vandalismo y a la especulación, no fuera más que una absurda pesadilla, pero no logró apaciguar mis exaltados ánimos; así que busqué algo interesante que patear para desahogarme: un montón de desperdicios, algún ladronzuelo dispuesto a aligerarme de mis escasas pertenencias, un Mosso de Esquadra con ganas de atizar a discapacitados sin que sus amos marquen límites a su violencia… pero no tuve suerte: los malos siempre se esconden como ratas cuando más necesitas de ellos, o bien huyen por la puerta de atrás tras haber prometido, entre otras falsedades, “dar siempre la cara”.. No me quedó otro remedio que descargarme de mi frustración bufando como una mula de la peor raza, aunque ni siquiera eso me fue permitido: sin que la agrietada y sucia madera hubiera tenido mucho tiempo de descansar sobre su dintel, una iluminación temblona en el acceso al local reveló que alguien venía a acompañar mis cuitas, o al menos a huir escapado de aquel antro de perdición; y en ella vi como se recortaba la figura delgada e inquieta de Yannick el Terrible.
-¡Pero, bueno, compañera! ¿Qué ha pasado? ¿Por qué te has ofendido de ese modo? –como siempre, su voz surgió sin acento identificable, o tal vez con todos los acentos del mundo. Nadie sabía de dónde procedía Yannick; posiblemente ni él mismo.
-Pues pasa que estoy harta de todos vosotros. De todos –le di la espalda. Aunque la verdad era que no recordaba la causa por la que me había cabreado tanto con mis habituales colegas de taberna, los mismos con los que venía encontrándome casi cada noche desde que residía en Barcelona. Pero es que últimamente nada parecía funcionar como debía y daba la sensación que la gente se empeñaba en decir las palabras más inconvenientes. Lo que hace la falta de un sistema educativo en condiciones para los pobres; bueno, qué voy a explicaros a vosotr@s, lector@s, si pronto lo vais a averiguar, lamentablemente. Sin embargo, no podía enfadarme con Yannick-. Excepto de ti –me volví e intenté dirigirle una mirada cordial, aunque la rabia me pesaba sobre las comisuras de los labios, estirándolos hacia abajo-. Eres demasiado joven para que se te tengan en cuenta las tonterías que dices.
Él se acercó hacia mí y me palmeó por el hombro.
-Muchacha –el chaval observaba una total falta de respeto hacia mí a pesar de que tenía edad de ser su madre, por lo menos si hubiera concebido a la temprana edad a la que mi familia pretendía venderme al mejor postor. Y es que yo no era una mujer verdadera, según Gallardón-, últimamente estás imposible. No nos toleras nada. Ni a nosotros ni a nadie. Y no hacemos nada que justifique tu mal humor. ¿Qué es lo que te está sucediendo?
Su tono mesurado tuvo el poder de disipar las brumas de mi mente. Tal vez, incluso, tenía razón, tal vez mi malhumor fuera algo exageradillo y ninguno de los integrantes de aquel grupúsculo de ejemplares de la peor sociedad barcelonesa, que en el fondo eran buena gente aunque la diplomacia no fuera una de sus virtudes, en ningún momento hubiera pretendido ofenderme. Me senté en el tercer peldaño de una escalera que ascendía a una vivienda cercana.
-Tú no lo entiendes. No le pides nada a la vida, excepto ser libre y que no te impongan normas, navegar y conseguir el botín suficiente para comer y beber tranquilo una temporada –ya habréis comprendido que Yannick se dedicaba al noble arte de la piratería-. Ni siquiera te preocupan las mujeres, eres demasiado joven para eso. Yo, sin embargo…
-Creí que también valorabas tu libertad más que cualquier otra cosa –objetó.
-Y así es. Eso es incuestionable. Pero quiero más. Últimamente noto que me hace falta algo. ¿Sabes que a mi edad hay muchas mujeres que ya han muerto de parto? ¿O de cualquier otra cosa? –en la Edad Media ya nos hemos acostumbrado a eso, a que nuestra vida valga menos que el contenido de una bacinilla; qué se puede hacer, no hay manera de evitarlo. No es como si tuviéramos medios para cuidar de la salud de tod@s y no lo hiciéramos. No es como si cerráramos hospitales, enviáramos a los profesionales de la medicina al paro o permitiéramos que en tantos países no exista sistema universal de salud. No es como si nos obligaran a pagar indefinidamente lo que hemos pagado sin retribuirnos por nuestro trabajo. No es como si conociendo a la ciencia la canjeáramos por la religión-. Me estoy acercando peligrosamente al límite de la esperanza de vida de este siglo, y no he hecho nada útil en toda mi existencia.
-Pues yo diría que sí lo has hecho –me interrumpió Yannick.
-Sí. Sobrevivir. Arrastrarme en las misiones más cutres por un mendrugo de pan -aduje yo.
-Pues a mí me parece suficiente…
-No –le corté-. Están pasando muchas cosas. Y yo estoy aquí, sin hacer nada. O al menos, sin hacer lo suficiente –me hizo un signo de que continuara, y así lo hice-. Hay un lugar a donde también pertenezco y que hace demasiados días que ya no frecuento. Un lugar que odio y amo al mismo tiempo, y donde me necesitan… bueno, necesitan a cualquiera que quiera echar una mano, no específicamente a mí, claro. En ese lugar se está gestando algo que se podría llamar la lucha final, en la que solo quedará uno, si puedo expresarlo cinemato… de manera propia de los trovadores, quiero decir. Y parece ser que de momento quien quedará es el que menos tiene que quedar. Quien más daño ha sido y es capaz de hacer a la Humanidad…
-¿Y cómo se llama ese hijo de puta? -me interrumpió el jovenzuelo-. Mira que llamo a mis amigos y me voy para allá…
-Antes se llamaba Capitalismo –expliqué yo-. Aunque ahora es algo mucho peor. No obstante será mejor que lo olvides, está demasiado lejos para ti. Y ahora parece que incluso para mí. Pero lo peor es que ya no sé por qué quiero hacerlo, por qué quiero ir allí y arriesgarlo todo, arriesgarme a no volver a este tiem… ejem… a este lugar que después de todo es mi casa, y cuyas leyes entiendo, y que por muy podrido que esté es mi mundo. No sé si lo hago porque me preocupa la gente de ese sitio o si solo soy incapaz de resignarme a no hacer algo heroico, algo que me reivindique de todos mis errores. Algo que dé sentido a mi vida… Hasta ahora no he hecho más que recorrerla egoístamente, sin aportar nada.
El piratilla negó efusivamente con la cabeza.
- Eowyn, se pueden decir muchas cosas de ti y no todas buenas. Tienes un carácter endiablado, no aceptas una crítica, a veces ignoras el riesgo y pones en peligro a los que tienes a tu lado y algunos rumores afirman que en ocasiones te dejas llevar demasiado por… los excesos… Pero no me digas que eres egoísta porque no me lo creo. ¿Sabes cuál creo que es tu problema? Que no confías en nadie. Tal vez si compartieras tus problemas verías que no son tan graves.
Mi filósofo amigo acababa de dar de lleno en una herida abierta.
-¿Confiar? ¿En quién? Yannick, tú y yo dentro de unos días tal vez no volvamos a vernos nunca. Además, la gente como yo no puede tener amigos en quién buscar consuelo. Estamos secos por dentro, nuestro corazón está tan helado como el filo de nuestra espada. Así soy. ¿Me creías diferente?
-Sí, te creía diferente –el tono de mi interlocutor fue duro-. Mucho más valiente. Capaz de arriesgarte a sufrir. Pero veo que esto no está en tus planes.
Era muy fácil para alguien como Yannick hacer esas afirmaciones: él se tenía a sí mismo, siempre se había tenido, y por tanto no necesitaba a nadie. A mí hacía tiempo que me habían arrebatado las posibilidades de ser yo; por eso necesitaba de los demás. Demasiado. Pero no estaba dispuesta a dar nada de mí misma. Ni a permitir que volverán a traicionarme.
-Pues lamento decepcionarte. Esto es lo que hay.
Me levanté de mi asiento de dura piedra y me marché en dirección contraria a la taberna: ya había hablado bastante por aquella noche. Yannick me dejó marchar, sus deseos de arreglar el mundo en mi persona al menos temporalmente defraudados: él también quería ser un héroe. Y tal vez, como yo, nunca pasaría de sucio esbirro… Me dirigía al establo donde me esperaba mi caballo, concentrada en esos pensamientos y en otros. Erróneamente, dejé de prestar atención a mi alrededor: la lucha que entre la conservación y la autodestrucción se libraba en mi mente estaba decantándose peligrosamente por el segundo contendiente, y no me percaté de la sombra que acechaba en el estrecho portal ante el cual en ese momento estaba cruzando, hasta que fue demasiado tarde. (sigue).
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Chicago (España), años 10
3 abril 2012 en 10:31 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, 15 de Mayo, 29-M, capitalismo, corrupción, crisis económica, despido libre, explotación laboral, fascismo, franquismo, Govern Mas, Huelga General, impunidad, injusticia social, lucha obrera, memoria histórica, PGE 2012, Rafel Alberti, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Spanish Revolution, violencia policial
Y lo peor de todo es que hay gente que sigue pensando que facilitando el despido aumentarán las plantillas; que congelando los sueldos se incrementa el consumo; que suprimiendo ayudas a la cultura y la enseñanza, y al empleo, seremos un país más competitivo; que las grandes corporaciones internacionales crean puestos de trabajo de calidad y han de tener más facilidades que las pequeñas y medianas empresas del territorio; que convirtiendo España en un gigantesco casino, paraíso maloliente de mafiosos premiados con amnistías y leyes a su conveniencia, va a mejorar nuestra calidad de vida; que los cuatro fraudes en la prestación de desempleo son los que nos han llevado a esta situación, y no la evasión de impuestos; que somos los vasallos de Alemania y de lo que representa y le debemos pleitesía; que los dependientes que no puedan pagarse los cuidados han de ir a pudrirse a las cunetas; que la salud es para el que pueda pagarla (dos veces); que nuestros impuestos no han de revertir en protección y servicios, sino en sueldos de políticos fascistas y genocidas y en sus corrupciones varias; que ahorrar en protección de incendios en Galicia no va a a tener ninguna consecuencia; que con más ladrillo y más destrucción de espacios naturales se va construir la economía más saneada y sostenible; que la memoria de l@s que lucharon por un mundo mejor se puede sepultar quitando placas y nombres de teatros y borrando murales; que los que protestan contra este estado de cosas, a menudo jugándose la paz y la integridad física, son el verdadero problema y contra ellos valen todos los medios, sean policías infiltrados cometiendo atentados, violencia indiscriminada aunque sea contra menores o discapacitados, represión de denuncias de agresión policial o equiparación penal con terroristas (¡y ellos se atreven a hablar de terrorismo!).
Pero lo que ninguno de ellos sabe, ni los votantes ni los votados, ni los que continúan intentando mentir al pueblo en un ejercicio de hipocresía (porque ya no les importa si nos creemos o no sus mentiras), ni los que continúan justificando la utilidad de su sufragio estúpido e insolidario (aunque ya sospechan que se volverá contra ellos) es que pronto nos convertirán en lo que más temen. Por mucho que nos encierren preventivamente.
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Especial Huelga General
23 marzo 2012 en 21:57 · Archivado en Hitos de El Bosque y etiquetada:29M, capitalismo, corrupción, crisis económica, despido libre, explotación laboral, fascismo, Huelga General, injusticia social, lucha obrera, recortes sociales, reforma laboral
Primero se llevaron nuestra identidad, luego nos quitaron nuestra memoria, más tarde volvieron a asesinar a tod@s l@s que murieron por nuestros derechos, a continuación incendiaron el futuro, después desarbolaron la esperanza. A veces es tan triste haber tenido razón… Y esto solo será el principio. Nos equivocamos, sí. Dejamos que nos confundieran los que sabían cómo sacar a la luz nuestros peores, y más estúpidos, instintos. Pero el pasado traicionado, el pasado olvidado y obligado al olvidar; el futuro vendido y ni siquiera al mejor postor; aquellos años en los que, sumidos en una euforia que en el fondo sabíamos falsa, inoculada en invisibles 365 líneas de coca, cambiamos la actividad por la pasividad, la solidaridad por la codicia, el cálido sentimiento de grupo por la individualidad más helada y vacía; las estentóreas carcajadas con las que humillábamos a los que siempre fueron fieles a ell@s mism@s, l@s que fuerons siempre fieles a nosotr@s, los epítetos que dirigíamos a aquell@s cuya lucha sin descanso es la que ha preservado lo que queda. Todas esas cosas nos están llamando a proclamar que el 29 de marzo de 2012 puede ser un gran día si todas y todos lo queremos así, si nos quedamos al lado de nuestr@s compañer@s, si aprendemos que podemos estar tan unid@s como nuestro insulso y monocorde enemigo, quizá por eso tan fuerte. Si sabemos que esto solo será el principio.
Instrucciones para la huelga
El 29M nos vemos en la calle!
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Desventuras de una indignada: Mujer sin futuro y Olvidos impuestos
9 marzo 2012 en 13:40 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:accidente del metro de Valencia, Bosque de Brocelandia, capitalismo, corrupción, crisis económica, cruzadas, Edad Media, explotación laboral, fascismo, franquismo, género, Govern Mas, impunidad, inmigración, lucha feminista, memoria histórica, niños robados, recortes sociales, reforma laboral, religión, República, violencia contra las mujeres
(viene de) Apoyada en la proa del barco yo contemplaba el crepúsculo derramándose sobre Chipre, cuya silueta ya se divisaba en lontananza. El bienestar que sentía, además que con la paz que experimentaba en comunión con el mar y el hecho de poder observar una costa mediterránea sin antiestéticos rascacielos ni insostenibles puertos de yates, tenía que ver con la alimentación regular y el descanso más o menos confortable (al menos en comparación con los días pasados) de los que venía disfrutando desde que me embarqué en aquella galera siria en la cual mi comitiva de rescate y yo habíamos encontrado un buen acomodo gracias las riquezas de la Orden. Aunque he de comentar que las perspectiva de hallarme en buenas relaciones con esa gente (contra los cuales tenía que añadir como motivo de aborrecimiento que se suponía que eran los precursores de los banqueros actuales, entidades que concentran la mayoría de los abusos del sistema en el siglo XXI) no me hacía sentir particularmente orgullosa de mí misma. Ni siquiera me tranquilizaba ni hacía que me viera menos como una traidora el saber que prácticamente no me había quedado otro remedio. Pero en aquel momento el tal Guillaume se instaló a mi lado, al parecer con ánimo dicharachero.
-¿Disfrutas del viaje? –me preguntó. Yo había logrado, afortunadamente, que me apeara el tratamiento de cortesía.
-Me gusta el mar –contesté, con la mirada fija en el espectáculo natural-. Tanto como me gusta el desierto. Lo primero tiene una lógica, pues nací muy cerca del Puerto de Barcelona. Lo segundo es más difícil de comprender: tal vez se debe a alguna de mis vidas pasadas.
-Pues lleváis un extraño nombre para ser aragonesa –objetó.
Le eché una mirada de soslayo: estaba segura de que su colega en la milicia le había explicado todos los detalles acerca de mi historia, por lo que no sabía a qué obedecía ese interés a asaetearme de preguntas. Pero pensé que lo mejor era seguirle la corriente.
-No podemos elegir dónde, cómo ni de quién hemos nacido. Pero tal vez sí deberíamos escoger a dónde queremos pertenecer. No me gusta la realidad, y me reservo el derecho de hacerme oriunda de un país de ficción. Que tal vez sea más real que lo que consideramos tangible.
-¿Y en ese país de ficción hay más mujeres como tú? Porque en las tierras que he pisado nunca he conocido a nadie que se te pareciera –siguió indagando. La verdad es que tenía al pobre hombre alucinado perdido.
-No soy una rara avis, Guillaume. Tal vez un poco incómoda para ciertas personas, pero eso no es ningún mérito. Me temo que cualquiera mujer que reivindique un poco de igualdad lo es.
Lanzó una breve carcajada.
-Desde luego que debes serlo. Escuché esa historia acerca del señor de la aldea donde naciste, que se ha tomado como una cuestión personal hacerte volver al redil como si supiera mejor que tú lo que te conviene…
-Para muchos somos eternas menores de edad y lo seremos siempre –concedí-. Pero no te equivoques: hay muchas mujeres como yo. Muchas, muchísimas, innumerables, todas. Tal vez solo se deba a la ceguera de los hombres el que parezcamos invisibles. Por eso mismo, te puedo asegurar, nunca pasaremos a los libros de historia.
-Pero ¿por qué dices eso? –me contestó, asombrado-. Se supone que en el futuro todo será mejor, para todos. Y para todas.
-Tengo buenas razones para afirmarlo –gruñí yo.
-¿Y también buscas el Graal?
Aquel brusco cambio de tema me hizo volverme hacia él. ¿De dónde había sacado eso? No era algo que acostumbrara a comentar, ni siquiera a mi viejo compañero de aventuras. Claro está que no me acuerdo de todas las conversaciones que he mantenido en noches de borrachera… Viendo mi extrañeza, se apresuró a matizar.
-Solo he atado cabos… Camelot, el Graal… Sé leer, y además disfruto con ello. Pero he dado en el clavo, ¿no es así?
-Tal vez mi idea sobre el Graal no sea la que tú crees –advertí yo.
-En cualquier caso, estaría encantado de escucharla…
-… y yo de explicártela –podía esperarse sentado-. Pero tendrá que ser en otra ocasión. Me gustaría dormir algo antes de llegar a tierra. Una vez allí, tendré que desplegar una actividad frenética de entrevistas y preparativos para la vuelta a Barcelona, y me gustaría encontrarme en buena disposición física.
-Tienes razón –accedió-. Descansa, te llamaré cuando arribemos a puerto.
Me despedí y me instalé en mi camarote, contenta de habérmelo quitado de encima y no porque fuera una persona desagradable, que no lo era en absoluto. Pero comprendía que era mejor que cada uno de nosotros se mantuviera en su sitio; estaba segura de que cualquier acto de compenetración con esa gente solo podía traerme problemas, y además de muy diversa índole. La verdad es que para amenizar el viaje me parecía mucho más entretenido charlar con la tripulación (cosa que podía hacer sin temor a suspicacias ya que mantenía mi condición de mujer bien oculta), que por cierto me habían informado de la manera en que los templarios habían exprimido a la población de Chipre con impuestos cuando fueron propietarios de la isla, hacía un siglo, como un Partido Popular cualquiera, o incluso ayudar a que la vida de los pobres condenados que hacían funcionar el barco fuera algo más fácil; al igual que pasará en el futuro, la mayoría estaban pagando con su esfuerzo la desgracia de haber nacido pobres. Y con esas reflexiones me desvestí y me metí en el camastro, para soñar con crepúsculos marinos y desiertos rojos, y también con las retorcidas callejuelas grises, las placitas y las fuentes de mi Barcelona natal. Después de unas horas de reparador sueño, me despertaron unos golpes en la puerta.
-¡Eowyn, hemos llegado! –me avisó Guillaume. Yo di un salto en la cama y me apresuré a pertrecharme para el desembarco. Me inquietaba lo que pudiera encontrar allí, y aunque estaba impaciente por interrogar a mi amigo, no dejaba de contagiárseme el ambiente de decaimiento que venía advirtiendo entre los templarios desde que viajaba en su compañía. No las jerarquías de la Orden, estaba segura, pero sí las bases en la mayoría amaban sinceramente Tierra Santa tanto como yo, y pensaban que su deber era salvarlas para la Cristiandad respetando a sus habitantes, sobre todo a los más desvalidos. Aunque fueran árabes; vamos, igualito que en el 2012. Y para ellos la pérdida casi total de aquellas posesiones les hacía sentir desanimados y decepcionados de la comunidad internacional, ocupada en otros proyectos que ellos creían menos espirituales y más crematísticos. Era patente el aroma a sueño roto, y no podía menos que pensar en otra ilusión quebrada en mil pedazos de la que hacía poco había llegado y a la que suponía no tardaría en volver: el otro mundo posible y necesario del siglo XXI, ahora ahogado entre injusticias, miseria y sangre. Pero sin detenerme más en pensamientos catastróficos, me reuní con mis compañeros de viaje y bajamos a tierra sin mucha dificultad.
Y entonces sucedió. No bien hubimos descargado nuestros enseres y recorrido el corto trecho del camino que nos sacaba del puerto en dirección al oeste, hacia el castillo de Kolosi, cuando algo así como un horrendo cataclismo de proporciones bíblicas se abatió sobre nosotros. Venidas prácticamente de la nada, decenas de sombras, mucho más del doble de nuestro número, cayeron sobre nuestros descuidado grupo armadas con dagas que, surgiendo de la aún semioscuridad, buscaron con lujuria asesina nuestras carnes. Entre aullidos de dolor, oí como Guillaume gritaba…
-¡En guardia, nos atacan!
… aunque era bastante evidente. Vi cómo protegía la espalda apoyándose en el muro de una de las precarias viviendas de los alrededores del puerto para enfrentarse a tres de los asaltantes, cubiertos con ropas tan oscuras como la noche, mientras echaba nerviosas miradas en mi dirección. A la luz de las antorchas, caídas en el suelo, vi que dos de aquellos hijos del demonio se acercaban a mí uno por cada lado apuntándome con las afiladas hojas. Yo me encontraba en una posición mucho más desprotegida que la de Guillaume, que estaba defendiéndose de sus atacantes con valor y efectividad empleando a la vez la daga y la espada; pero entonces se produjo un inexplicable segundo de vacilación en los dos asesinos que me proporcionó un lapso valioso para sacar mi arma, enrollar el brazo izquierdo en mi capa y escurrirme entre ellos: ser de pequeña estatura tiene estas ventajas militares. Yo jugaba con la oscuridad y la luz para esquivarles y sorprenderles, pero desgraciadamente aquellos hombres, grandes y fuertes, daban muestras de ser tan ágiles y flexibles como yo, lo cual no pintaba nada bien para mi futura permanencia en este mundo. ¿De dónde habrían salido?, me preguntaba, entre embate y embate. Su manera de luchar me era totalmente desconocida… si tan solo pudiera averiguar de dónde procedían y deducir su punto débil… En aquel momento, choqué desafortunadamente con otro de los contendientes en liza, que en aquel confuso montón se afanaba en finiquitar al segundo de a bordo de Guillaume y que, al echar el codo hacia atrás para tomar impulso para mejor atacar al desgraciado, me envió metros más allá hasta hacerme dar con mis huesos en tierra, cual si fuera un obstáculo molesto que le impidiera la culminación de la faena. Mi cabeza cubierta por el yelmo chocó pesadamente con las piedras de la calzada y mis agresores se precipitaron hacia mí, puñales en ristre, para acabar con mi malhadada existencia. Pero sucedió algo muy extraño: antes de que todo se nublara en mis ojos, escuché a Guillaume pronunciando mi nombre con desesperación y, de pronto, aquellos extraños sicarios se detuvieron en seco, se miraron y, súbitamente, emprendieron la huida.
Creo que en ningún momento llegué a perder el sentido. Recuerdo que, a partir de ese instante, todo pareció salir de madre: un horrísono sonido de metal combinado con gritos de guerra me hizo darme cuenta de que otros actores se sumaban a la representación, aunque ignoraba si estaban del lado nuestro o en contra. Se armó un revuelo de todos los diablos, pero un tiempo después se elevó un clamor triunfal en varios idiomas. ¿Había terminado? ¿Y a favor de quién? Acto seguido, noté cómo me levantaban y me transportaban en volandas, y un poco más tarde una sensación mullida bajo mi espalda. Las caras veladas de dos mujeres y un hombre anciano se sucedían ante mi turbia mirada. Luz. Un breve, o así me pareció, momento de oscuridad, y cuando abrí los ojos de nuevo pude observar una nueva sucesión de colores cálidos sucediéndose en una ventana que se abría ante mí, a la izquierda: me hallaba en una habitación extensa, decorada con un gusto espartano pero atractivo y bien caldeada por una chimenea que ardía frente a la ventana, al lado de la puerta de entrada; detalles de cuero, terciopelo, un par de bargueños de madera de calidad…. Yo reposaba en un cómodo y amplio lecho, preguntándome si debía mi salvación a una supuesta caballerosidad de los atacantes al saber que era una mujer, o si más bien mi género era lo que iba a provocar mi ruina. Entonces noté que había alguien sentado a mi lado, y ante mi vista empezaron a perfilarse las facciones de un rostro bien conocido.
Desventuras de una indignada: olvidos impuestos
-Eowyn, ¿te encuentras bien? ¿Puedes verme? –preguntó mi viejo amigo ansioso mientras pasaba una mano delante de mis ojos. Yo fije la vista en él con una mueca descontenta, y me incorporé en la cama con dificultad gracias a dolorido cráneo.
-Sí, desgraciadamente puedo ver perfectamente tu fea cara, por todos los demonios del Averno. Gracias a quien sea la muerte no me ha impedido volver a encontrarte para decirte un par de cosas y hacerte suplicar de rodillas el no haberme conocido nunca. ¿Qué es lo que ha pasado aquí? ¿En qué emboscada hemos caído? ¿Quiénes eran esos monstruos? ¿No se suponía que Chipre era un sitio seguro? Maldito seas por siempre, esto era lo único que me faltaba. ¿Sabes en los líos que me has metido mientras tú te beneficiabas a la concubina del Sultán y le robabas sus joyas, o lo que sea que te hayas apropiado y que ha hecho que se cabreara tanto?
El acusado intentó calmarme, haciendo un gesto de tranquilidad con ambas manos.
-Entiendo tu enfado, mi querida amiga. Guillaume me ha explicado todo lo que has tenido que pasar por mi culpa –me alegraba saber que el inquisitivo hermano había sobrevivido, a pesar de todo: realmente, no creí que lo conseguiría-. Pero créeme que en ningún momento pude imaginarme que mis aventuras pudieran afectarte en lo más mínimo. Te hacía tranquila y feliz deshaciendo entuertos por tierras castellanas y aragonesas, o tal vez de vuelta en tu complicado siglo XXI escribiendo en esa máquina endiablada de la que siempre hablas. Y por mi parte, en ningún momento quise apropiarme de nada que no me correspondiera, y menos de una mujer.
Acto seguido, me relató una extrañísima historia de la que, dado mi dolor de cabeza y malestar general, solo entendí lo de su encarcelamiento y posterior liberación por parte de la tal Samira, parte que ya conocía, y lo de que ella le había utilizado para conseguir un objeto en Sidón antes de morir entre sus brazos.
-Lamento lo de esa chica –le dije, sincera-. También, indirectamente, ella me salvó a mí –le expliqué lo de la compañera de Samira, la que me había librado de mis cadenas. No era tan mala como crees, estoy segura –le consolé.
-Eso carece de importancia ahora. Ya pasó. Solo importa que te recuperes cuanto antes. Duerme, más adelante tendremos tiempo de hablar largo y tendido de este asunto. Yo me quedaré contigo hasta que mejores. En realidad no tengo otro remedio, puesto que te he cedido mis aposentos –dijo, guiñándome un ojo.
-Y yo que te lo agradezco, pero ni lo sueñes que voy a dormir ahora –me disponía a levantarme de la cama, combatiendo sus protestas sobre que el médico me había recetado tres días de reposo absoluto y sus intentos de detenerme cuando, después de un par de golpes en la puerta, esta se abrió para dejar paso a Guillaume, que portaba una bandeja en la que se veía una botella de vino y dos copas. Me extrañó que él mismo se encargara de menesteres que solían normalmente dejarse bajo la responsabilidad de subalternos, pero la mirada alegre que nos dirigió y el afecto con que palmeó la espalda de su compañero de orden, me hicieron ver que se trataba de una deferencia personal.
-Un regalo para celebrar vuestro reencuentro: el mejor vino tomado prestado de las bodegas del comendador –dejó la bandeja en una mesita, que acercó empujándola con el pie-. Dejad, yo mismo os serviré. El médico cree que no te hará mal beber moderadamente, Eowyn.
-Y pobre de él que dijera lo contrario –aduje yo-. Ya es bastante fastidioso no poder moverse.
-Gracias, amigo –contestó mi compañero-. Dime, ¿los heridos se están recuperando bien?
-Todos están fuera de peligro –respondió. Y, dirigiéndose a mí-. Los nuestros llegaron a tiempo. Como siempre.
-Lo imaginaba –respondí-. Decid: ¿tenéis idea de quiénes eran esos hombres y qué querían?
Ambos templarios se encogieron de hombres.
-Nuestra ignorancia al respecto rivaliza con la tuya –admitió Guillaume-. Pero lo descubriremos en su momento. Y ahora os dejo solos: tendréis muchas cosas de las que hablar.
Fue inútil nuestra invitación a que compartiera el vino con nosotros. Cuando hubo salido, mi amigo sirvió una copa y me la acercó, y de inmediato llenó la suya. Yo le miraba con detenimiento.
-¿Son muy graves tus heridas? Aparte de un poco más pálido y más lento de movimientos, te veo casi como siempre. Pero no obstante hay algo… Dime: ¿de verdad estás bien?
Me sonrió con bondad.
-No temas. No me ha pasado nada irreparable. Y he mejorado mucho en los últimos días. Debería de haberme librado del médico y el comendador y encargarme yo mismo de tu rescate. Estoy seguro de que todo hubiera sido más rápido y mejor.
Yo solté una carcajada.
-Hubieras llegado tarde, como ellos. Los hombres sois unos inútiles totales cuando tenéis que planear algo que requiera una mínima estrategia… Pero bueno, cuéntame, ¿cómo es la vida en este lugar? ¿Seguro que te gusta habitar en esta reclusión? Me recuerda a un campo de concentración para parados húngaros, y me temo que vuestros jefazos están tan poco cuestionados internacionalmente como el Gobierno de ese país. Al menos mientras no amenacéis el sistema financiero internacional.
-No os cambiado nada, Eowyn –refunfuñó como contestación-. Sigues igual de protestona.
Él sí había cambiado: lo notaba a cada palabra que pronunciaba. Pero no podía averiguar en qué consistía ese cambio. Y eso me preocupaba. Le miré con simpatía.
-Te he echado de menos, cabronazo. Aún no he conocido a nadie que sepa aguantar tal cantidad de alcohol tan inmutablemente como tú –él me estrechó la mano sin responder, con aspecto de ir a soltar la lagrimita-. -Vale, vale, ya basta –le detuve, después de un breve lapso-. Que corra el aire, confianzas las justas, tampoco vamos a emocionarnos ahora.
Sus ojos brillaban con picardía.
-Tienes razón –me sostuvo la mirada unos momentos-. Escucha… me extraña que no sientas curiosidad.
-¿Sobre qué? –fingí ignorancia.
-Vamos, Eowyn…
-Sabes que no creo en estas cosas.
-¿Y tú eres la buscadora del Graal? –se burló amablemente.
-Sabes perfectamente lo que el Graal significa para mí –yo estaba comenzando a perder la paciencia.
-Tal vez cuando lo veas cambiarás de opinión.
Se levantó y comenzó a trastear por la habitación. Yo recliné la cabeza y cerré los ojos en las almohadas: tenía una jaqueca terrible, y cuando esto me sucedía las estupideces tenían el poder de acrecentarla. Sentí que él se acercaba de nuevo.
-Aquí está.
De mala gana, me incorporé de nuevo. Me presentó un cofre y me señaló su interior, una vez abierto. Yo lo observé encogiéndome de hombros.
-¿Y esto que se supone que hace? –pregunté sin inmutarme.
-Eowyn… -me regañó él.
-La sensatez –opuse yo-. Eso es a lo que me refería antes. Y la sensatez no tiene nada que ver con este objeto.
Su mirada dibujó un signo de interrogación. Yo hablé, inicialmente con desgana
-Te lo he contado varias veces. Es eso lo que estoy buscando. Ese peldaño más en nuestra evolución que nos permita dejar atrás nuestras absurdas pulsiones de destrucción y autodestrucción, de codicia absurdamente desatada, de miedo cerval que anula en nosotros cualquier tipo de límites. Que no nos deja preferir una muerte digna a una mala vida. Es algo tan sencillo como esto y se supone que hace mucho tiempo que deberíamos haber llegado a ese punto, pero no ha sucedido, y eso que en este año 1292 ya somos antiguos sobre la Tierra. Y lo peor, tampoco hay visos de que suceda en el siglo XXI; al contrario, cada vez nos hemos alejado más. Esto, tan sencillo y tan imposible, sencillamente la paz, la armonía, el valor y la cooperación, es lo que busco. Pero hace tiempo que sé que somos incapaces; y aún así… no puedo renunciar. Quizá haga falta un cataclismo, no lo sé, para que tomemos conciencia. Algunos pensaron que la crisis económica que comenzó en el 2007 iba a conseguirlo. Pero no. Fue desde el primer momento un invento de unos pocos para lograr todo lo contrario. El empujón final para acabar con lo poco racional que hasta entonces había construido el mundo. Lo siento, querido amigo, tal como están las cosas no puedo aceptar esas tonterías sobre objetos de poder ni oraciones a las potencias celestes ni valores de Semana Santa. En nuestro contexto, todo eso no es más que un hatajo de gilipolleces.
Sus pupilas se volvieron opacas, como si le hubiera hecho asomarse a la oscuridad del centro de la Tierra. No obstante, una luz que centelleaba en el fondo me hizo darme cuenta de que su fe continuaba inquebrantable.
-Te entiendo, Eowyn. Entiendo tu objetivo y tu angustia. Pero hace tiempo que averigüé que esto es real. Créeme, tengo motivos para saberlo. Desde hace mucho tiempo.
Una bombilla se encendió en mi cerebro.
-¿Qué es lo que me estás ocultando?
Él guardó silencio y yo continué, imparable.
-Desde que te vi entrar en aquella taberna de Acre vestido de nuevo con el hábito blanco, más aún cuando supe que tu posición en la Orden no era precisamente la de un mindundi, comprendí que había algo que se me escapaba. Escucha, camarada, hace poco he venido de un mundo donde se engaña y se oculta por miedo y por comodidad, donde no se asumen los errores del pasado, donde se pretende dictar al pueblo qué es lo que tiene que recordar, qué es lo que tiene qué olvidar y cuáles son los derechos que tienen que reivindicar. Me opongo a esa estrategia del miedo y la ocultación, la rechazo frontalmente y te juro que acabaré con ella aunque sea lo último que haga sobre este mundo. Y ahora llego aquí, a este tiempo que, a pesar de su también injusticia y violencia, a veces supone un bálsamo para mis manos cansadas de luchar por imposibles, y me encuentro de que tú, mi más antiguo compañero, la persona en la que depositado mi vida en múltiples ocasiones, practicas también estos métodos que aborrezco. ¿Qué se supone que he de hacer ahora? ¿Convertirte en mi enemigo? No puedo dejar de pensar que me has utilizado. Cuando me decías que había renegado de la Orden, que estabas agotado y que habías perdido la fe ¿fue alguna vez real algo de eso? Siempre te mantuviste en un discreto segundo plano, dejándome la iniciativa de todas nuestras aventuras, de las decisiones acerca de qué encargo escoger y cuál no. Pero ¿qué es lo que estabas tramando a mi espaldas?
Vi su expresión de desconcierto e impotencia, en mitad de un dolor que parecía golpearle en el estómago. Pero no consiguió que me apiadara de él un ápice; ahora yo sabía la verdad.
-Eowyn –alargó la mano hacia mí-, yo jamás he querido mentirte ni utilizarte.
Yo apreté los puños e hice un amago de golpearle. Fue entonces cuando comprendimos que algo estaba comenzando a ponerse realmente mal. Mi brazo se quedó a medio camino de su recorrido, paralizado y sin fuerzas, y volvió a derrumbarse sobre mi cuerpo. Él intentó ayudarme, pero sus manos parecieron tampoco responderle. Nos miramos aterrorizados: todos nuestros miembros, a pesar de los sobrehumanos esfuerzos que estábamos realizando, parecían negarse a seguir las órdenes de nuestros cerebros. Con los dientes apretados por la rabia, caímos sobre la cama, uno al lado del otro, incapaces ya de mantenernos erguidos.
La puerta se abrió y un Guillaume de expresión circunspecta entró en la habitación. El atisbo de esperanza que su entrada nos había ocasionado se heló al ver que iba acompañado de todos los miembros de la comitiva de rescate que no habían sido heridos en la reyerta con los desconocidos vestidos de gris, y que ninguno de ellos se esforzaba en socorrernos; más bien, nos miraban como si aquello fuera el desenlace esperado. Quise gritar, pero ni mi boca podía abrirse ni mi garganta emitir ningún sonido. Una sombra de tristeza cruzó por el rostro de Guillaume mientras se acercaba a nosotros, recogía el cofre y su contenido y lo guardaba bajo su hábito.
-Lo siento, Eowyn. Y lo siento también por ti, compañero. No os preocupéis por los efectos de la sustancia que vertí en vuestro vino, no tienen consecuencias graves y en breve volveréis a sentiros como siempre. Tenía que hacerlo… Eowyn, cuando supe que el Sultán te había encarcelado, intenté resolver las cosas por la vía diplomática y solicité una entrevista con él. Hablamos durante varias horas y me hizo una oferta que no pude rechazar. Una oferta que excede a todo lo que tu imaginación pueda presentarte. Así que pensé en traerte aquí con el propósito de que distrajeras a nuestro común amigo y lograra que sacara el objeto de su escondite, que no había revelado ni al mismísimo maestre y que yo sabía que no podríamos extraérselo ni mediante la tortura, en el caso de que yo hubiese deseado practicársela. El resto sería fácil… Nos disponíamos a sacarte de la prisión cuando vimos lo que habías hecho con el pobre, es un decir, Gustaf; por eso el Sultán no te persiguió, y yo fui el único que robó tus pertenencias de la posada, con vistas a conseguir un salvoconducto hacia tu confianza… He de decir que me sorprendiste gratamente. Si hubiera imaginado mínimamente cómo eras, tal vez nunca hubiera firmado ese pacto. Pero ya estaba hecho.
Las palabras se arrastraron desde mi garganta, envueltas en la rabia más destructiva. Otra vez había sido engañada. De nuevo había caído en la trampa de mi estúpida inocencia y mi imbécil confianza intrínseca en el género humano.
-Te mataré, hijo de puta. Prometo que un día te encontraré y te mataré.
-Y estarías en tu derecho –la tristeza no escapaba del tono de su voz ni de su mirada-. Pero antes me temo que tendrás otras cosas de las que preocuparte. Quiero advertirte de algo: guárdate de Karl y de Gustaf.
-Puedo resolver mis conflictos exlaborales sin tu ayuda, gracias –le escupí.
-No se trata de esto. Ni siquiera de los deseos de venganza que sienten después del lío en el que los metiste con el Sultán. Se trata de otra cosa. De algo mucho más grave. ¿Nunca te ha s preguntado por qué esos dos se cruzaron en tu camino? ¿Lo atribuyes todo a una simple casualidad? Me temo que eres demasiado inteligente como para no haberte hecho algunas preguntas al respecto… -yo callé; desgraciadamente, Guillaume tenía razón-. Lo sabía -manifestó su satisfacción-. Pero no voy a decirte nada. Tendrás que averiguarlo por ti misma. Eso te mantendrá ocupada.
Yo no sabía qué más decir. Ninguna palabra podía definir mi aborrecimiento hacia él. Se volvió hacia la puerta, seguido de su cohorte, pero antes de desaparecer volvió a dirigirse a mí.
-Me llevo un tesoro y os dejo con un tesoro mayor: vuestra amistad y vuestro compromiso con cambiar el mundo. Creo que en realidad os envidio. Cuidaos mutuamente, ambos os los merecéis. Sobre todo tú, Eowyn: por mucho que quieras negarlo, eres única. Ojalá te hubiera conocido en otras circunstancias.
Desapareció tras la puerta y yo me volvía hacia mi compañero: el odio que refulgía en sus ojos, siendo él tan paciente y mesurado, consiguió asustarme. Y encima el traidor de Guillaume había tenido la desfachatez de hacerme destinataria de su estúpido peloteo final: qué estragos puede hacer el sentimiento de culpabilidad, aún en los más viles. Poco a poco sentía que me recuperaba de la inoportuna parálisis provocada por el veneno, y en unos minutos ya volvía a ser dueña del control de mi cuerpo. Tapé a mi amigo con unas pieles de animal que adornaban el lecho, pues temblaba de frío y le estaba costando mucho más recuperarse que a mí, probablemente debido a su mayor edad y tamaño. Pero cuando lo hizo, aquello sucedió de golpe, no gradualmente, como había sido mi caso, y en un momento le vi levantarse y salir disparado hacia la ventana, probablemente a la misma velocidad en que lo hacía cuando tenía quince años. Una vez allí, golpeó el alféizar con ambos puños, infructuosamente.
-Ni siquiera se le divisa ya. ¡Maldito sea él y toda su progenie, si algún día encuentra a una hembra lo suficientemente incauta para que le permita engendrarla! Le mataré con mis propias manos, te lo juro, y no pienso hacerlo de manera rápida.
-Puedes matarle –intervine yo desde la cama. Normalmente solía ser él el encargado de calmarme, mi genio era mucho más vivo que el suyo: pero la verdad es que Guillaume no significaba para mí lo mismo que para él. Comprendía lo hondo de su sentimiento de traición-. Pero no antes de que yo le haga sufrir la más cruel y refinada de las torturas que se me ocurra. En estos momentos creo que no existe nadie vivo a quien odie más que a él, con la excepción de Mas, Rajoy, Rouco Varela, Sarkozy, Merkel, la CEOE, y todos los cómplices de los anteriores. Lo harás –repetí-, pero no te impacientes. Llegará tu momento. Llegará nuestro momento.
Al final su habitual sentido pragmático dominó en él. Se dirigió hacia mí cruzando la habitación a grandes zancadas y se arrodilló a mis pies.
-Eowyn… no puedo decirte más que esto, pero ahora la lucha en la que participábamos se ha transformado. Sus alcances se han hecho mucho más amplios, casi infinitos. Yo sé que no puedo hacerlo solo, y al mismo tiempo no puedo confiar en nadie. Excepto en ti. El tuyo es el único brazo que quiero ver pelando a mi lado, y espero que tu rostro sea el último que vea antes de morir…
Extendí la mano hacia él.
-Sabes que cuentas con todo mi apoyo. Que siempre contarás.
-… pero no puedo ni debo involucrarte en ello. Mi egoísmo lucha con mi conciencia: quisiera verte a mi lado, pero no puedo permitirme que lo hagas. Eowyn, hay muchas cosas que no sabes, muchos secretos de los que tal vez no te recuperarías si los conocieras. No: no voy a arrastrarte a esta locura. Quédate cerca de mí, pero fuera de todo ello.
Yo no podía dar crédito a mis oídos.
-Entonces, ¿cuál quieres que sea mi papel en este asunto? ¿El de simple observadora? ¿El de…? No, no me atrevo a repetir lo que me pasa por la cabeza. ¿Pretendes protegerme? ¿Y de qué, si puede saberse? Después del largo tiempo que hemos pasado juntos, ¿aún quieres tratarme como si fuera una incauta doncellita necesitada del poder y la fuerza de un hombretón?
-¡No intento protegerte porque seas mujer! ¡Lo hago porque te aprecio! -se indignó.
-No me convences -rebatí yo-. No me convences tú, tus fantasías, tus secretos ni tus causas. Sí, es cierto, la batalla en la que participábamos ha ampliado sus alcances hasta límites insospechados, y a eso voy, a seguir en ella. Pero ahora tu lucha no es la mía; yo peleo contra algo real, por muy difuso que parezca, y ya no entiendo, ni en el fondo quieres que entienda, por qué peleas tú.
Guardó silencio. Yo sabía que nada que dijera serviría para hacerle entrar en razón: otro de sus defectos es que era terco como una mula. Una vez me dijo que existían fehacientes pruebas al respecto de que su familia en realidad procedía de Zaragoza. Me lo creí.
-Nuestros caminos se separan aquí –le di la mano, que él estrechó entre las suyas con expresión abatida-. Vuelvo a Barcelona, y quizá al siglo XXI en breve. Sé que no intentarás impedírmelo.
-Volveré a verte –afirmó él, con seguridad.
-En el Infierno –maticé yo-. Búscame un buen lugar si llegas antes que yo, al lado de alguna taberna mefistofélica. Por mi parte haré lo mismo.
Me desasí y le di la espalda. Alguien, tal vez él mismo, había dejado ropa limpia sobre un banco y mis armas reposaban al lado. Me vestí, me equipé y salí por la puerta sin mirar atrás. Entre la hora de maitines y prima había poca actividad en la encomienda y ni siquiera parecía que la huida de Guillaume y los suyos hubiera sido notada. Yo busqué la cocina y tomé prestadas algunas provisiones ante la mirada estupefacta del hermano cocinero, que al parecer hacía mucho que no veía una mujer por sus dominios. Salí, no sin antes darle las gracias, y me dirigí al establo. Rayo Blanco hizo un leve gesto de asentimiento con la cabeza al verme, como si me hubiera estado esperando. Yo monté sobre él y me perdí en la neblina del incipiente amanecer, dejando atrás el bosquecillo que rodeaba la solitaria torre del homenaje, tras las murallas.
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Desventuras de una indignada: violencias evitables e inevitables
7 marzo 2012 en 12:59 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:Bosque de Brocelandia, capitalismo, corrupción, crisis económica, cruzadas, despido libre, Edad Media, explotación laboral, género, guerra en Siria, lucha feminista, lucha obrera, paro, PP, primavera valenciana, recortes sociales, religión, Spanish Revolution, violencia contra las mujeres, violencia policial
Sí, lo sé, sé que mi los rumores que corren sobre mí no apuntan precisamente hacia esta afirmación, pero os prometo que soy una persona muy pacífica. Nunca empleo la violencia como argumento, excepto si me pagan por ello (y esto no cuenta, que una necesita comer y sobre todo beber regularmente, y el mantenimiento de mi equipo militar es muy costoso) o si no hacerlo supone sencillamente ser una estúpida sumisa, cosa que no va en absoluto con mi temperamento. Así que si llega a vuestros oídos una anécdota protagonizada por mí en una taberna de Damasco donde al parecer di muestras de un execrable comportamiento, haced oídos sordos, que la gente es muy mala. O en cualquier caso, antes de juzgar, oíd mi versión.
La velada en cuestión yo me encontraba rumbosa pues había conseguido arrancarles unas cuantas monedas a los tacaños de Gustaf y Karl; por si fuera poco me topé con unos compañeros de aventuras nuevos en la ciudad a los que hacía tiempo que no veía, y son tan pocas las ocasiones que tengo de hacer vida social que me pareció buena idea invitarlos. Así que insté a mi tabernero habitual a sustituir el habitual brebaje inmundo que acostumbraba a servirme, cuya nefasta calidad había creído yo motivada exclusivamente por su bajo precio, por un vino de más categoría. Pero al primer sorbo de la copa noté que aquel supuesto caldo exquisito por el que me habían cobrado el sueldo de un mes tenía el mismo sabor vomitivo que aquel del que el dueño del local solía proveerme en tiempos de carestía económica, y además mis colegas, carentes de un estómago acostumbrado a las mala vida como el mío, comenzaron a experimentar los síntomas propias de una indisposición importante. Inmediatamente exigí una explicación y/o una rápida devolución del importe de la consumición, acompañando el requerimiento con una buen puñetazo en la mesa, mientras las quejas de otros clientes que se habían visto estafados de la misma manera, todos ellos extranjeros y en situación precaria en el país (para que tuvieran menos posibilidades de quejarse, desde luego el cabronazo sabía elegir bien a sus víctimas) coreaban mis palabras… A todo esto, mis compañeros se encontraban cada vez peor y aquel malnacido continuaba ponderando la calidad de su bazofia líquida con la mayor desfachatez y sin rendirse a las evidencias… De acuerdo, reconozco que coger al individuo en cuestión por los pies y aguantarle la cabeza casi un minuto dentro del tonel de aquel veneno para que tomara de su propia medicina tal vez fue algo excesivo, pero creo que la situación lo merecía con creces. Aunque ¿os imagináis cuál fue la noticia que corrió por los mentideros de la villa después del suceso? ¿No? Pues en absoluto “Tabernero estafador que ponía en peligro la salud de los inmigrantes por fin desenmascarado” sino “Mercenaria cristiana sin corazón agrede salvajemente a un honrado comerciante de nuestra ciudad”, con lo que podemos concluir que la prensa, a pesar de su evolución en las formas, no ha cambiado ni un ápice en su fondo desde la Edad Media hasta el maldito siglo XXI. Medalla de Oro a la Imparcialidad Informativa. Vamos, como si hubieran llenado las redacciones de barones del PP o colocado al jefe de programas de Intereconomía al frente de la Agencia Nacional de Noticias de Siria. Y aún menos mal que a nadie se le ocurrió decir que la culpa era del PSOE.
Pero esos eran otros tiempos, tiempos mucho más felices que los actuales, o al menos más tranquilos. Y es que durante mis días trabajando en Damasco no pensé que fuera a tener más motivos de indignación que las disputas de con mis bienamados jefes por motivos de sueldo u horarios de trabajo, o las rencillas de taberna. Pero me equivocaba, y mucho. Bien, para seguir con la historia donde la dejé la última vez, después de escaparme de la prisión del Sultán me deslicé subrepticiamente hacia la posada donde me alojaba, con la lógica idea de hacerme con mis pertenencias y salir escapada antes de que mi fuga fuera detectada, pero una vez allí me encontré con la desagradable sorpresa de que los soldados del Sultán habían asaltado mis aposentos y habían arramblado con los escasos bienes que me acompañan en mis andanzas: vamos, que desde la espada y la cota de mallas, hasta la última de mis camisas, pasando por las escasas monedas que tintineaban en el fondo de mi bolsa, todo había desaparecido; ni siquiera mi caballo había escapado de la avidez de aquellos desalmados. Solo me quedó una solución, que fue salir con la misma discreción con la que había entrado para evitar que el posadero me reclamara un importe por sus servicios que de ninguna manera habría podido sufragar, y lanzarme a los caminos amparada en mi traje masculino y tapada hasta los ojos, para dejar al descubierto las menores características de mi feminidad posibles.
Así lo hice, y una vez finalizada la primera parte de la operación llegó el momento de las preguntas. ¿Qué podía hacer con mi vida llegada a este punto? ¿A dónde me dirigiría? Tenía que reconocer que a lo largo de mi existencia me había metido en situaciones de difícil escapatoria, y de todas había salido de una manera u otra. Pero aquello superaba toda la historia de mis lances: no solo no llevaba mi fiel espada conmigo, cosa que me hacía sentir peor que desnuda, ni a mi querido Rayo Blanco que esperaba que pudiera hallar la felicidad y la paz con un propietario menos dado a aventuras, sino que ni siquiera podía arriesgarme a mendigar un mendrugo de pan por temor a que llegara a los oídos del Sultán que todavía andaba por los alrededores: desde luego no hubiera podido hacer mucho contra sus esbirros sin armas con que defenderme ni caballo con el que largarme a toda velocidad. Y para mejorar la cosa, mi situación financiera no me permitía conseguir pasaje en ninguna embarcación que se dirigiera a donde fuera. Tampoco tenía demasiados amigos en la ciudad dado mi carácter independiente y poco dado a familiaridades, y a los pocos que merecían ese nombre no deseaba ponerles en ningún aprieto, así que solo me quedaba una única y poco ideal opción: llegar como pudiera a Sidón para rastrear los pasos de mi viejo compañero, si es que seguía vivo, y conseguir que me resarciera mínimamente de todo lo que había tenido que pasar por su culpa. Así que hasta allí decidí dirigirme, aunque nada convencida.
No voy a explayarme en las vicisitudes de mi errar por aquellas tierras de Dios, o mejor dicho, tal como estaban las cosas, de Alá. Tan solo os diré que pasé más frío que un estudiante valencian@ de Secundaria antes de ser calentad@ a golpes por la Policía Nacional; que sufrí más hambre y sed que tras la anunciada privatización total del agua y demás bienes de primera necesidad; que me aburrí tanto como si me hubieran quitado de golpe y a la vez el Megaupload, a Bob Esponja (aunque a mí me gusta más ‘Código Lyoko’) y los programas más presuntamente rojillos de RTVE; y que cuando días después arribé por fin a divisar la ciudad del Castillo del Mar, mi agotamiento era igual que el de cualquier hipotecado hasta las cejas y afectado por la Reforma Laboral, obligado a trabajar horas y horas sin extras a las órdenes de un directivo con contrato blindado para no ser despedido gratuitamente por un adinerado empresario que pretextara haber perdido tres céntimos en el último ejercicio. La rabia me consumía y me tentaba regodearme en ideas de venganza, pero decidí ser práctica: en ese momento Némesis no era la más indicada para sacarme de aquella situación. Pero ya llegaría mi momento; antes quizá de lo que muchos se esperaban.
Sidón se reponía lentamente de la cruel invasión sufrida unos meses antes, entre huertos, palmeras y frutales. Viendo su conocida silueta en la lejanía, con el Castillo del Mar ofrecido como un regalo de los mortales a Neptuno, sentí estrecharse de nuevo, con más fuerza, el lazo que me ataba a aquellas tierras llenas de historia y belleza, que todas las peripecias nunca podrían hacerme odiar. A todo esto estaba cayendo la noche y estimé oportuno descansar un poco antes de plantearme cuál sería la mejor manera de entrar en la ciudad y qué disfraz adoptar, y cómo conseguirlo, para pasar lo más desapercibida posible en el lugar y poder hacer mis averiguaciones. Así que me refugié en un bosquecillo cercano y allí, apoyándome en el grueso tronco de un viejo pino, me arrebujé en mis amplios ropajes, algo estropeados por el viaje y en una situación higiénica que dejaba bastante que desear, y decidí lanzarme en los brazos de Morfeo para recuperar mínimamente las fuerzas.
Estaba ya a punto de amanecer cuando algo me despertó. Aturdida, escuché unas voces masculinas en cuyos tonos parecía mezclarse el asombro y la inquietud.
-¡Es una mujer! –oí-. Alguien me destapaba el rostro y me quitaba el turbante, de modo que mi melena, que había crecido demasiado para mi comodidad, estaba revelando peligrosamente mi género. Inmediatamente, sentí unos brazos cubiertos de hierro que me sostenían y unas manos ásperas que me tocaban el rostro. Estas confianzas acabaron de despertarme por completo, y me erguí de un salto no sin antes arrear un par de puñetazos a diestro y siniestro para liberarme de aquellos villanos que osaban perturbar mi intimidad.
-¿Qué se supone qué estáis haciendo? Retroceded, si no queréis que os prive de la poca masculinidad que debe de quedaros si os atrevéis a agredir en grupo a una mujer indefensa. O supuestamente indefensa, porque si tuvierais la más mínima idea de quién soy yo os habríais marchado ya con vuestros cortos rabos entre las piernas.
En casos como este, los agresores suelen hacer caso omiso de tus fanfarronerías y te las ves y te las deseas para desprenderte de ellos. Yo ya estaba dispuesta a vender cara mi vida y mi virtud, o más bien lo poco que de ella quedara, cuando comprobé asombrada que los desconocidos, en lugar de atacarme, me apuntaban con sus antorchas para observarme mejor. A su luz, vi que todos estaban envueltos en capas negras, que mantenían pegadas a su cuerpo como si quisieran fundirse con las sombras. Uno de ellos, el que parecía el jefe, se adelantó y, os lo creáis o no, me hizo una cortés reverencia.
-Mi señora Eowyn de Camelot, supongo. Por fin os encontramos.
A veces tengo la sensación que soy más conocida que la Moños. Justo cuando más me esfuerzo en pasar desapercibida.
-¿Qué os hace pensar que soy tal persona? –contesté yo con enfado, sin relajar mi postura. El hombre dio un paso más hacia mí y, sonriendo, dejó que su capa se abriera y se mostrara el conocido hábito blanco con la cruz roja que aparecía en mis peores pesadillas.-. ¡El Temple de nuevo, malditos seáis! –tuve que exclamar, montando en cólera-. Pero ¿es que no me vais a dejar descansar nunca?
Al recién llegado parecían hacerle mucha gracia mis poco halagüeños sentimientos respecto a su milicia.
-Contestando a vuestra pregunta, diré que respondéis perfectamente a la descripción que alguien que os conoce muy bien hizo de vos. Esa persona nos envió a buscaros hace ya algunas semanas: ni él ni nadie hubiera pensado que os encontrabais en Tierra Santa, hasta que llegó a nuestros oídos una curiosa historia sobre un tabernero y una mercenaria cristiana en la cual a nuestro común amigo vio rasgos que le recordaron enormemente a vos. Así que nos rogó encarecidamente que averiguáramos qué hacíais por estas tierras, temiéndose una trampa, cosa que desgraciadamente resultó cierta. Después vinieron algunos desencuentros provocados por la mala fortuna, vuestro encarcelamiento por parte del Sultán, la huida posterior y este hallazgo que ha obedecido más a la Providencia que a otra cosa. En realidad pensábamos que estaríais escondida en Damasco, esperando una oportunidad para deslizaros a escondidas en alguna embarcación; de hecho, nos disponíamos a regresar a Chipre a confesar el fracaso de nuestra misión, cuando nos pareció ver un árabe desmayado o muerto apoyado en un árbol y… el resto ya lo sabéis.
Yo le miré aún con desconfianza. El que su historia pareciera coherente no significaba de ningún modo que también fuera verídica; aunque realmente debía de tener yo tan mala cara como para que hubieran creído al verme que no me hallaba ya, o al menos no me hallaría por mucho tiempo, entre los vivos. Uno de los hermanos, de entre los más jóvenes, se me acercó para ofrecerme un poco de agua, lo que al parecer había sido su intención cuando me sacaron con tal brusquedad del mundo de los sueños; yo acepté, haciendo un gesto mínimamente cordial. ¿Acaso eran ellos los “extraños viajeros” de los que me había hablado Gustaf? La perspectiva no me parecía muy halagüeña: yo había luchado al lado de esa gente en las murallas de Acre, y sabía que en su mayoría eran valerosos y leales, pero también simbolizaban dos de las cosas hacia las que sentía un aborrecimiento creciente: el imperialismo y la religión, sea cual sea. Ambas son enemigas de los desfavorecidos y de las mujeres, y yo me encuadro dentro de las dos categorías.
-Así que me decís que ese grandísimo hijo de puta, que se mete en líos con sultanes sin importarle a quien puede arrastrar en su caída, está vivo –hablé yo, después de echar un buen trago del líquido elemento, dispuesta a encontrar una grieta en su argumentación
-Efectivamente -el líder del grupo asintió.
-Pues entonces, dado el interés que según vos ha mostrado en encontrarme, me resulta extraño que no haya venido él personalmente –conocía a mi viejo amigo: entre sus muchos defectos, destacaba que era incapaz de delegar, y eso no me producía ninguna confianza.
Mi interlocutor aguardó unos segundos antes de contestar, moviendo los labios como si estuviera meditando bien su respuesta.
-El médico le desaconsejó viajar y el comendador de Limasol se lo prohibió encarecidamente –dijo al fin.
-¿Ha enfermado? –me interesé yo.
Una nueva pausa.
-Digamos que tuvo un encuentro con… alguien… y resultó herido. No gravemente, pero sí de consideración –la manera en que pronunció la palabra “alguien” me resultó extraña. Ahora callé yo, pensando de qué manera formular la próxima pregunta para conseguir la máxima información, ya que el templario parecía algo reacio a suministrarla. Pero fue más rápido que yo-: No temáis. Os aseguro que está fuera de peligro.
Suspiré.
-Me dejáis mucho más tranquila. Y ahora que está todo arreglado y que os habéis enterado del motivo de mi visita a estas santas tierras, os pediría que me proporcionarais algo de dinero y víveres, unas armas y un caballo y que consiguierais meterme en el primer barco que zarpe para Barcelona. No os lo pediría si no me encontrara en una situación desesperada indirectamente por culpa de vuestra orden, y seguro que vuestro Dios os lo pagará con muchos hijos, o con el equivalente en casos como el vuestro. Y a nuestro común compañero podéis decirle de mi parte que le perdono, que se mejore rápidamente y que ya nos volveremos a encontrar en el Paraíso. Hala, arreando, que tengo prisa.
El monje guerrero lanzó una sonora carcajada. Al parecer, y por alguna desconocida razón, yo le divertía mucho.
-¿Tenéis suficiente con esto? –uno de los freires avanzó de entre la comitiva. Llevaba de las riendas a mi Rayo Blanco, con su correspondiente silla y todas las alforjas cargadas con mis escasas pertenecías, mi espada incluida. No pude evitar un grito de júbilo ni una mirada de agradecimiento y me precipité a abrazar el cuello de mi caballo, al que pensaba no volvería a ver nunca más. Oí la voz del líder del grupo detrás de mí.
-No fue difícil recuperar vuestras cosas cuando supimos que os las habían, por decirlo de una manera, confiscado. Lamentablemente no tuvimos tiempo de liberaos de vuestra prisión pues vos os adelantasteis. Así que es lo único que pudimos hacer para purgar nuestra “culpa indirecta” como vos la habéis llamado. Sé que no es suficiente, pero que sirva como un anticipo.
Le miré con algo que casi parecía afecto. Soy bastante parca en palabras y en gestos cuando se trata de expresar sentimientos, pero en ese momento le hubiese pegado un beso en los morros si no hubiera sido porque no me apetecía que se malinterpretaran mis motivos. De todas maneras, creo que él me entendió.
-Solo os pido una cosa: tenéis que acompañarme. Haréis muy infeliz a vuestro antiguo camarada si os negáis a venir. Él os guarda un sincero afecto y lamentaría profundamente no poder disculparse ente vos por los problemas que involuntariamente os ha ocasionado. Tal vez no tenga derecho, pero…
Yo deseaba dejar las cosas como estaban: Tierra Santa, a pesar de lo que yo la amaba y me identificaba con ella, se estaba convirtiendo en un lugar demasiado peligroso para mí, y no precisamente por las persecuciones del Sultán, mis problemas laborales ni mis reivindicaciones de consumidora; y lo peor es que no sabía exactamente en qué consistía el riesgo, o si lo sabía, pero no me apetecía en absoluto reconocerlo ante mí misma. Aparte de que me negaba a ser cómplice de ninguno de los dos bandos en lucha por aquella codiciada zona, condenada a no vivir en paz en ningún momento de su historia; aquello tenía que acabarse en algún momento, y aunque yo no sabía qué hacer para conseguirlo desde luego que no deseaba confraternizar con ninguna de las partes implicadas.
Y no obstante comprendí que, por honor, tenía que aceptar la petición del templario.
-Está bien –concedí-. Os acompaño. Pero solo hasta que salga el primer barco de vuestro puerto. Luego olvidaos de mí para siempre. He tenido suficiente de órdenes religioso-militares para el resto de mi vida.
Siempre sonriendo, él asintió con la cabeza.
-Acepto vuestras condiciones. A propósito, mi nombre es Guillaume de Nantes –no añadió ningún título que concretaras su jerarquía dentro de la Orden, y yo no le pregunté: su orgullo y seguridad le señalaban como alguien importante, y la verdad es que yo me perdía un poco con los mandos templarios.
-Pues encantada. Y no me tratéis con tanta ceremonia, que no soy noble. Y ahora, si me perdonáis y me suministráis un poco de agua, me gustaría cambiarme de ropa y proceder a mis abluciones matinales, que si no me aseo mínimamente al levantarme no soy persona –hurgué en mis alforjas buscando ropa limpia y mi añorada cota de malla. Después procedí a quitarme las prendas que llevaba, ante el escándalo generalizado de los pudorosos monjes, que cubrieron castamente sus ojos con unas manos entre cuyos dedos advertí, no obstante, bastantes grietas. Guillaume, que no dejaba de mirarme como si yo fuera la cosa más graciosa del mundo, hizo un gesto a sus hombres exhortándoles con un gesto a abandonar aquel claro:
-Os dejamos sola, dama Eowyn. No deseamos acumular más faltas en nuestras pecadoras almas. En cuanto a vuestra falta de nobleza, tal vez deberíais dejar que la juzguemos por vuestros actos–y tras estas misteriosas palabras desapareció en la espesura no sin antes acercarme un poco de agua. Yo me quedé riéndome a carcajadas para mis adentros: qué triste sería la vida si no pudiéramos escandalizar un poco a los fundamentalistas católicos. (sigue)
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Se acabó
3 marzo 2012 en 9:08 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:capitalismo, corrupción, crisis económica, despido libre, explotación laboral, fascismo, franquismo, género, Govern Mas, Huelga General, impunidad, injusticia social, lucha obrera, memoria histórica, paro, PP, recortes sociales, reforma laboral, religión
¿Qué se puede decir que no se haya repetido ya hasta la saciedad? Sobre la destrucción sistemática de las conquistas sociales y el Estado del Bienestar que tanta sangre costaron a nuestr@s abuel@s, sobre la guerra sin cuartel que los psicópatas mercados han desatado contra la ciudadanía global, sobre las acciones concretas de sus cómplices en el Estado español, Rajoy, Mas y satélites, y su ofensiva sin precedente contra la Sanidad, la Educación, la Memoria, la libertad de prensa, religiosa y de opinión, la mujer, los servicios básicos, la seguridad laboral… la paz de la población, en suma. Lo hemos repetido en innumerables ocasiones, y sin embargo parece que no se ha dicho lo suficiente, porque cuando hablamos parece que solo nos responden oídos sordos y, la mejor de las veces, brazos sin fuerza.
Pero tal vez es que se acabó la hora de las palabras.
Mientras tanto, aquí os dejo un traducción de una más de las mentiras que el PP quiere insertar a fuego en nuestro cerebro gracias a sus canales de manipulación. Por si alguien aún no lo sabía. Por si sirve de algo.
Difunden este vídeo los blogs: Ciberculturalia, Relatando desde el Bajo Llobregat, Ventanas del Falcón, Kabila y Quien Mucho Abarca
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En la cárcel de la democracia: abusos laborales
11 febrero 2012 en 13:07 · Archivado en Divagaciones, Luchas colectivas y etiquetada:(In)Justicia española, Ana Mato, capitalismo, corrupción, crisis económica, cruzadas, despido libre, Edad Media, explotación laboral, fascismo, franquismo, Gallardón, Garzón, género, impunidad, injusticia social, lucha feminista, lucha obrera, memoria histórica, paro, PP, recortes sociales, reforma de la Ley del Aborto, reforma laboral del PP, República, sindicatos, Siria, Spanish Revolution
Aquello era injusto. Muy injusto. Lo más injusto imaginable. Era tan injusto que ni incluso la gran pantomima de la justicia española, aceptada cobarde y/o acríticamente por l@s ciudadan@s del país, no se podía comparar con lo que me estaba sucediendo ni lejanamente. Porque ¿qué importancia tiene que los asesinos o sus herederos, los corruptos y sus cómplices, denunciaran al juez que trataba de juzgarlos y encima consiguieran que este fuera condenado mientras ellos seguían libres, al igual que todos los demás estafadores del pueblo, cuando yo me encuentro aquí, en febrero de 1292, encadenada en un frío sótano de las mazmorras de la ciudadela de Damasco? Y sin haber cometido absolutamente ningún delito… que no sea hablar demasiado.
Pero es que mi lengua me pierde. En todos los sentidos. ¿Por qué cojones habría aceptado acompañar a Gustaf y a Karl a Damasco? Supongo que sus falsos elogios confundirían mi vanidad; y la perspectiva de quedar como una heroína salvando a mi antiguo compañero de las garras del sultán de Egipto (o “Califa de Damasco” como le llamaban, los muy incultos, con tal convencimiento que hasta yo me creí que el Califato había vuelto a Siria) tampoco ayudó mucho. O, joder, tal vez estaba sinceramente angustiada por la suerte de un hombre que me había salvado la vida por lo menos tantas veces como yo se la había salvado a él. Vale, de eso se trata entre compañeros de armas, pero bueno, había un cariño… Así que ya me veis, soportando una travesía marítima que en esta ocasión fue más corta, gracias a la ligereza y rapidez del barco y a las condiciones meteorológicas favorables y, una vez en Damasco, haciendo sutiles averiguaciones en las tabernas sobre las posibilidades de entrar en el Palacio para rescatar al jodido templario. Pero al parecer las averiguaciones no fueron tan sutiles, porque una noche, cuando me hallaba soñando con un paraíso de independencia económica, sabrosos manjares, cálidas estancia y atractivos hombretones, me vinieron a sacar de la cama los soldados del sultán en la mejor tradición franquista. Què volen aquesta gent que truquem de matinada? Pues qué iba a ser, mi cabeza de lengua excesivamente suelta. ¿Qué diría el sindicato de mercenarios si lo supiera? Nada, probablemente. Son tan poco combativos y tan traidores como CCOO y UGT. Y ni siquiera podemos aducir en su descargo lo que afirmamos acerca de los sindicatos supuestamente de izquierdas del siglo XXI: que en sus bases nadie presiona a las cúpulas y que es muy difícil afiliar y movilizar a los trabajadores, por apoltronamiento y manipulación, lo que facilita a la patronal inducir a los dirigentes a firmar pactos de supuestos males menores que solo conseguirán desprestigiarlos más, con lo que el poder económico y político matarán dos pájaros de un tiro. Una ventaja tiene todo esto, de todas maneras: a partir de ahora no voy a tener que recurrir a la magia para efectuar viajes al pasado. La reforma laboral del PP lo está consiguiendo de manera natural. Que el diablo se los lleve. Y sobre todo que tengas mucho cuidado de aquí en adelante; no apuesto demasiado por la integridad física de los responsables después de este nuevo atentado de terrorismo de Estado antisocial.
Pero mis reflexiones tuvieron que interrumpirse en aquel punto. Precisamente, el mismísimo sultán de Egipto, Al-Ashraf Khalil, envuelto en ricas telas, entraba en ese mismo momento acompañado de un nutrido séquito por la puerta de mi celda, entre estruendos de llaves y bisagras chirriantes. Se detuve delante de mí y echó una mirada socarrona a mi lamentable figura encadenada y envuelta solamente con una camisa desgarrada. Pero antes de que pudiera dirigirme la palabra, me encaré con él.
-¿Vais a explicarme de una vez qué es lo que hago yo aquí? ¿De qué crimen se me acusa? No creo que haber encarcelado a una de las más apreciadas súbditas del rey de Aragón -mentira podrida: Jaume Dos Palitos y yo no nos podíamos ver ni en pintura- ayude a mejorar vuestras relaciones con la Corona, que ya están un poco estropeadas después de vuestras pretensiones imperialistas. ¡Luego querréis firmar con él tratados de ayuda militar, y os sorprenderá que los rompa!
Me vi obligada a interrumpirme. Un soldado de la comitiva real avanzaba hacia mí con la mano extendida, mientras atronaba:
-¡No te atrevas a dirigirte en esta forma a mi señor? –yo cerré los ojos, esperando una soberana hostia; pero el aludido parecía estarse divirtiendo.
-Déjala –detuvo a su empleado-, me gusta su manera de hablar. Es un saludable cambio después de tantas concubinas sumisas –y dirigiéndose a mí-. Lamento comunicarte, dama Eowyn, que sé más de ti de lo que tú crees. Y la información de la que dispongo apunta a que al rey de Aragón no le causaría gran pena tu encarcelamiento ni tu eventual ejecución. Es más: creo que incluso me lo agradecería.
Yo me encogí de hombros, al menos todo lo que permitía las cadenas que sujetaban férreamente mis pies y manos.
-Bueno, yo no tentaría a la suerte, si fuera vos. Y ahora, ¿vais a decirme de una vez lo que queréis de mí?
Su sonrisa se hizo más amplia.
-No me detendré en circunloquios. Sé que has estado hablando con mis hombres, interesándote por la suerte de un cruzado que estuvo, digamos, hospedado en mi palacio…
Yo opté por ser sincera. Raras veces es la mejor estrategia, pero en ese momento estaba segura de que lo sería.
-Es un viejo amigo y estaba preocupada por él. Me enteré de que protagonizó una fuga espectacular de estas mazmorras, ayudado por una de vuestras concubinas que al parecer no era tan sumisa como decís que lo son las demás. Pero desgraciadamente no he averiguado más. Desde que salió de aquí, su rastro se pierde.
Una serpiente rastrera y repugnante se deslizó desde detrás del sultán, surgiendo de la semioscuridad de las antorchas, y ocupó el primer plano. Casi no pude creerme lo que estaba viendo: era Gustaf.
-¡No la creáis, señor! Ella sabe algo. Estoy seguro de que se han encontrado, o van a hacerlo. Probablemente incluso sepa dónde está el objeto.
¡Maldito traidor vil y fementido! Lo entendí de inmediato: todo había sido una trampa. Los avida dollars de Karl y Gustaf habían oído decir que el sultán buscaba a mi amigo y habían recordado que justamente ellos sabían quién era la compañera de armas más cercana del mismo. Fueron a buscarme para venderme, y si no lo habían hecho antes era porque esperaban que yo consiguiera la información. Pero ¿qué les hacía pensar que ya la había encontrado? ¿Y qué se referían con eso del “objeto”? Escupí en la cara de mi ex patrono (supongo que en esas circunstancias una puede dar una relación laboral por terminada).
-Gilipollas hijo de puta, eres aún más imbécil de lo que creía. ¿No entiendes que perderás tu cabeza llena de grasientos pelos cuando el sultán se entere de que le has vendido aire? Pero ¿tan obsesionado estás por acumular monedas que te has arriesgado a colgar tu culo de un hilo tan frágil?
Una sombra pasó por el granujiento rostro de Gustaf: estaba empezando a darse cuenta de que probablemente se había precipitado. Pero yo sabía perfectamente que no era tan idiota para denunciarme al sultán sin tener pruebas más o menos fiables de que la transacción que le ofrecía era justa. Me rompía las neuronas pensando si acaso yo había averiguado algo importante que no había sabido procesar adecuadamente. Pero el sultán nos ignoró a ambos, e hizo una señal a alguien situado detrás de él. Inmediatamente, siete tíos de aspecto imponente, una representación de todas las variaciones étnicas conocidas en la época, salieron a la luz. Iban medio desnudos y armados con enormes alfanjes. El sultán hizo un gesto de suficiencia.
-No solo tengo eunucos a mi servicio. Estos esclavos, convenientemente escogidos, me están ayudando a que el número de mi servidumbre se mantenga, sin tener que gastar grandes sumas en el mercado de esclavos –debían ser el equivalente medieval de los medios de comunicación y la telebasura del siglo XXI, que también crean esclavos, e incluso esclavos zombis… Pero no, no iban por ahí los tiros-. Su potencia sexual está acreditada –continuó el sultán, algo socarrón-: dicen que pueden soportar más de diez embates amorosos seguidos.
Resoplé.
-Pues me alegro por ellos y por sus mujeres. ¿Y?
-Sabes que odio la sangre. Como buen mahometano, mis costumbres son infinitamente más refinadas que las de los bárbaros cristianos. Y siguiendo mi costumbre he pensado que tras unas cuantas sesiones con mis hombres seguramente perderás todo tu orgullo y tus reservas a explicarnos tus averiguaciones.
Pues vaya. Así que iban en serio. Pero buena era yo: no estaban tratando con una doncellita asustadiza, sino con una guerrera experta, o al menos más o menos experta. Y no pensaba dejar que nadie me utilizara. Además, en la Edad Media, las mujeres debemos mantenernos casta y puras, obedecer a nuestros padres y esposos y no abortar a no ser que ellos estén de acuerdo. Bueno, en la Edad Media y en la España 2012 de Gallardón y Mato, que está haciendo honor a su apellido, claro: seguimos con los viajes al pasado. Eché la cabeza para atrás y solté una gran carcajada; esperaba que no se me notara que tenía los ovarios en la garganta.
-Me imagino que este fue el método que empleasteis con el anterior inquilino de estas celdas. Y me imagino también que fracasó estrepitosamente –el silencio del sultán me indicó que había dado en el clavo. Volví a reír-. Los musulmanes me encantáis. Sois de costumbres tan templadas y estáis dispuestos a hacer tales sacrificios por vuestro Dios que os imagináis que nosotros somos iguales. Pues no, mi querido sultán, pues no. A nosotros nos gusta el cerdo, el vino y la compañía de personas del otro sexo; en algunos casos incluso del mismo. Me temo que en el ánimo de nuestro mutuo amigo el templario sin duda pesó más su condición masculina que sus escrúpulos respecto a su Orden –el jodido cabrón… ¡yo preocupada imaginándole víctima de torturas espantosas y él pasándoselo en grande! Me alegraba por él, pero esta me la pagaba, seguro: si le encontraba vivo, iba a ser yo quien me encargara de matarlo-. En cuanto a mí, bien, me parece que mi fama me precede; sabéis que se me conoce por ser algo ligerita de costumbres, para emplear un giro eufemístico –esa es la reputación que me empeño en fomentar; pero la verdad es que no me como un puñetero rosco. Soy casi patológicamente tímida, aunque no lo parezca, y cuando veo a un tío bueno mi primera reacción no es echarme en sus brazos, sino correr a esconderme. Qué le vamos a hacer, no puedo evitarlo… Pero, lector@s, que quede claro que esto es un secreto entro vosotr@s y yo; no se os ocurra ir por ahí divulgándolo-. Así que si pretendéis hacedme confesar lo que no sé de esa manera… bueno, siempre se puede intentar, ¿no? No os garantizo el éxito, pero lo mismo pasamos un buen rato.
Le miré desafiante, y él a mí, dubitativo, desconfiadamente cabreado y algo desconcertado. Comprendí que había ganado un poco de tiempo; tal vez no más que unas pocas horas. Pero menos era nada. Él me amenazó con el dedo.
-Te garantizo que no te sentirás tan bromista dentro de un rato. Te lo garantizo –haciendo una seña a su cohorte para que le siguieran, dio la vuelta y salió de la estancia. El último en abandonar mi prisión fue Gustaf, que me echó una mirada medio inquieta medio amenazadora que no me gustó nada. Enseguida oí el estrépito de la cerradura de hierro y me encontré de nuevo perdida en mis pensamientos. Tenía tanto miedo que no me podía permitir el lujo de temblar: aunque me costara, era el momento de tener la cabeza fría, de encontrar una salida, por angosta que fuera. La verdad, no me fiaba de mí misma. Dejando de lado los palos que he recibido en las manis por parte de los Mossos d’Esquadra barceloneses y su colegas de Madrid, siervos de la dictadura española disfrazada de estado de derecho, nunca me había torturado nadie con algo más fuerte que unos cuantos latigazos y unas bofetadas intrascendentes, o con la visión de algún manjar que mi bolsa no se pudiera permitir, y no tenía ganas de empezar en aquel momento. Y de si algo estaba segura era de mi escasa tolerancia al dolor: no dudaba que a las primeras de cambio iba a contar mi vida con un detallismo propio de Proust. Pero, por otra parte, ¿qué podía explicar, si no sabía nada? ¿Y cuál era la información que Gustaf creí que yo sabía, y por qué? En mis averiguaciones, aunque tenía que beber para así emborrachar a mis interlocutores, siempre me contenía para no caer ni de lejos en la embriaguez. Mas ¿y si alguna vez me había descuidado y había olvidado algún dato crucial, que incompleto había llegado a los oídos de Karl y Gustaf? Si era así, esperaba que no se hiciera la luz en mi cerebro por el bien de mi extraviado compañero… Y, por otra parte, ¿cómo podía convencerlos de que no tenía información que aportarles? Solo me quedaba la ínfima posibilidad de ser más diestra con la pluma que con la espada el momento en que me capturaron. Así que me dispuse a afilar mis argumentos: no sabía el tiempo del que dispondría (sigue).
Más y mejor info sobre la Reforma Laboral del PP
-El blog de Carlitos Buenaventura
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Fraga Iribarne, que estás en los cielos
16 enero 2012 en 1:04 · Archivado en Estocadas y etiquetada:#occupyZarzuela, (In)Justicia española, 15 de Mayo, Campanades a Mort, Camps, capitalismo, Comunidad Valenciana, corrupción, Costa Concordia, crisis económica, Fabra, fascismo, Fraga, franquismo, Garzón, Haití, indígenas Tahumara, marea Verde, memoria histórica, sucesos de Vitoria, violencia contra las mujeres, violencia policial
Existe el infierno. Está aquí, en la tierra. Y ni siquiera son los otros. Es un infierno para pobres y honrados, para conciliadores y solidarios, para empáticos. Es un infierno donde la peor de las torturas a menudo conduce a una tortura mayor. Es el infierno de las mujeres maltratadas que perdonan a sus verdugos, de los indígenas que solo quieren vivir a su manera, de las víctimas de los terremotos que se prostituyen por un poco de agua, de las madres en la miseria que abandonan a su hijos o han de ver cómo mueren. Al parecer Jesucristo cuando habló del tema se hizo un buen lío. Porque son los malos los que van al cielo, o mejor dicho los que están en la gloria. Dejando tras de sí comunidades al borde de la ruina, barcos hundidos tripulados por incompetentes para que el armador se ahorre una pasta, manifestantes pacíficos muertos a tiros, una crisis mundial de consecuencias catastróficas.
Pero eso no importa. Creemos que la verdad está de nuestro lado. Solidarios y conciliadores, emprendemos iniciativas muy justas y respetables pero con las que le hacemos el juego al capital, autogestionándonos ante los recortes sociales, pagando y repagando eternamente los servicios que bien nos cobran o que nos recortan, como la sanidad, la educación y la ciencia. Editamos libros de texto gratuitos, retribuimos de nuestro bolsillo a los investigadores que despiden… tal vez creamos así ganarnos el cielo o al menos evitamos luchar demasiado, oponernos demasiado, ser demasiado los malos de esa película que tan bien nos venden. Pero no conducimos Ferraris, ni nos han construido estatuas, ni podemos jugar al golf ni nos han nombrado padres de la Constitución. Estamos haciendo el primo: vivimos sin saberlo en la antesala del infierno y la entrada cada vez parece volverse más grande.
Fraga ha muerto hoy, entre reivindicaciones de no pagar el metro y ocupar la Zarzuela, como si de pronto hubiéramos recuperado la sensatez. Pero también entre hostias policiales, que él hubiera aprobado. Fraga ha muerto feliz y en paz, y con su muerte ha muerto un poco más esa justicia posible que en verdad es imposible; los juzgados y condenados siempre son otros. Al menos hasta que dejemos de poner la otra mejilla indefinidamente, creernos los cuentos y hacer el ridículo.
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Ratzinger, las mujeres del PP y el género humano
13 enero 2012 en 8:27 · Archivado en Estocadas y etiquetada:Aguirre, capitalismo, Cospedal, crisis económica, dictadura de los mercados, explotación laboral, género, Mato, matrimonio homosexual, PPSOE, Rajoy, Ratzinger, recortes sociales
El Papa dice que el matrimonio homosexual es una amenaza para la Humanidad; según parece, que te sientas atraíd@ por personas de tu mismo sexo y las elijas para tener relaciones sexuales y/o formar una familia (con todos los estadios intermedios incluidos), algo que se circunscribe únicamente al ámbito personal, es un mal global y además equiparable a catástrofes como el cambio climático, la especulación alimentaria, la trata de personas, la explotación de los más desfavorecidos, las epidemias, los genocidios y la dictadura de los mercados. O mejor dicho, mucho peor, ya que nuestro amado Ratzinger apenas menciona las adversidades anteriormente citadas más que de una manera muy episódica y siempre mirando hacia la cámara.
Claro que tal vez lo que a Benedicto le asusta es que considera a estas personas una aberración respecto a su género. Si es así, habría que decirle que l@s homosexuales no atacan ni intentan perjudicar a los integrantes del sexo al que pertenecen, o al menos no más que l@s heterosexuales: eso es privilegio exclusivo de las mujeres del PP. Altamente representativos son los especímenes conocidos como Mato, Cospedal y Aguirre, cuyos ataques contra sus compañeras de género han adquirido unas características de hipocresía, incultura, prejuicio y maldad casi insuperables.
Pero se puede ir más allá incluso de esta traición: se puede traicionar a la gente que te ha dado su apoyo y su fe, pensando equivocadamente que tú ibas a salvarlos; se puede traicionar a los propi@s conciudadan@s; se puede traicionar a todo el género humano. Estas traiciones, obviamente, forman parte de la idiosincrasia esencialmente tan cobarde como autodestructiva, completamente irracional, del hombre y la mujer: pero nunca se ha combinado un estado tal de resignación e inmovilismo por parte de l@s oprimid@s con una estrategia tan compleja y agresiva por parte de los opresores. Y todo esto me lleva a pensar que si otro mundo mejor es posible, otra Humanidad mejor nunca lo será; que las tendencias de comportamiento que se hallan en el estrato más básico de nuestro cerebro podrán ser domesticadas, orientadas hacia el bien común (yo le llamo socialismo) y hacia la razón, pero nunca erradicadas. Podemos sacudirnos nuestra desmovilización y nuestra pereza intelectual, podemos defendernos, forzar el cambio de las formas, de nuestras costumbres, de nuestros gobiernos, pero nunca les cambiaremos a ellos ni cambiaremos nosotr@s. Igual que ninguna religión imaginable, por mucho que se esfuerce el Papa y los de su calaña, cambiará nuestra forma de relacionarnos.
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Mis problemas con la monarquía (y con toda su ralea)
11 enero 2012 en 9:13 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:(In)Justicia española, capitalismo, corrupción, crisis económica, Edad Media, explotación laboral, fascismo, franquismo, género, Govern Mas, impunidad, injusticia social, lucha feminista, lucha obrera, recortes sociales, República, violencia contra las mujeres
Una de las pocas ventajas que tiene vivir en un mundo defectuoso y contradictorio es que en ocasiones el peor de nuestros temores puede transformarse en un gran consuelo. Así, cuando me enfrento al más manido tema en toda la literatura y el arte de la Historia, esto es, la terrorífica brevedad de nuestra existencia y la estremecedora velocidad del tiempo, de pronto me doy cuenta que esto significa que a los grandes psicópatas que nos gobiernan, estos que han estafado a l@s ciudadan@s manipulando sus inquietudes más profundas para luego traicionarlos con la mayor vileza, cebándose cobardemente en l@s que se encuentran en situaciones de mayor indefensión, también han de ver su fin. Rodeados de riquezas y en su cama, como han muerto todos los criminales de este mundo donde no hay ya lucha entre el bien y el mal porque el mal ganó hace tiempo, pero muertos, podridos y malolientes, y con un poco de suerte rabiando por la esterilidad de esa vida que ya se les acaba sin remedio. No obstante, la gente como yo no desea la muerte de los asesinos, sino solo la justicia, esa justicia que ellos y los de su ralea no conocen y que tan mal saben interpretar cuando es demandada.
El mismo sentimiento es el que me inspiran las fiestas navideñas: lo único que me hace un poco más llevadera su existencia es saber que indefectiblemente han de terminar. Y también quizá la leve esperanza de que el próximo año mis ridículos ahorros me permitirán escaparme a algún lugar situado en las Antípodas de Barcelona, donde si pueden ser profesen la religión musulmana, budista, hinduista, animista o pertenezcan a la secta de los Niños del Arco Iris. No hay diciembre que no maldiga la memoria de los Reyes Católicos y su empeño por lograr la Reconquista española, con lo bien que estábamos con los moros celebrando el Ramadán; y es que la monarquía no trae más que problemas, aunque no se tenga a Urdangarín como yerno y por mucho que en RTVE traten de defender lo indefendible como en la mejor época del poco llorado Urdaci.
Pero lo mejor de la Navidad es que no te sientes sola en tu soledad, por muy solitaria que seas: en cuanto más familias conoces y más celebraciones frecuentas, más caes en la cuenta de los cúmulos de soledades compartidas que son en realidad la mayoría de las agrupaciones familiares, de cuánto rencor, envidia y desprecio se concentran alrededor de las fuentes repletas de turrones, tras el hipócrita maquillaje de las sonrisitas de compromiso. Nunca he creído demasiado en la familia: es evidente, por mucho que se nos quiera cerrar los ojos al respecto, que una parentela equivale a la suma o resta de sus miembros, y si los integrantes aportan poco que sumar y mucho que restar, no podemos pretender que la familia deba ser algo positivo por el mero hecho de ser eso, una familia; pero obviamente se nos maneja mejor en grandes o pequeños núcleos adocenados que en solitario y con el cerebro despierto. Pues bien, no me arrepiento de haber renunciado a esas engañifas vitales, y menos después de la última de mis aventuras, que viene muy a cuento de estos pensamientos.
Pues hallábame yo de vuelta en el siglo XIII, feliz de haber escapado de los anteriormente citados festejos, cuando en un pueblo cercano a Girona se me presentó la oportunidad de realizar uno de esos trabajos que me hacen sentir orgullosa de mi profesión y por los que ofrezco un precio muy especial (vamos, que los hago gratis, no es cuestión ahora de presumir de caché). Una joven dama, Isabel, me había contratado para que la ayudara a escaparse de un marido maltratador, aunque más que a base de las ocasionales palizas de las que ella bien sabía defenderse, en realidad la estaba matando sobre todo de aburrimiento. Así, tras deshacer todos los obstáculos físicos y esquivar la vigilancia de los parientes del soso cónyuge, Isabel y yo nos encontrábamos cabalgando en dirección a la Ciudad Condal, en cuyas cercanías se encontraba una viuda que se dedicaba a la profesión de herrera y con la que mi nueva amiga había hecho tratos para ser su aprendiza. Y justo era la conversación de Isabel la que me había llevado a perderme en las reflexiones con las que empezaba este relato.
-No sé cómo pude tardar tanto en decidirme –meneaba la cabeza, expresando un asombro ya antiguo-. Es increíble que en algún momento viera las cosas de manera diferente a como las veo ahora. ¿Cómo podía sentirme culpable de lo que no tenía nada que ver conmigo? Lamentaría los años perdidos, sino me encontrara ahora mismo celebrando los que me quedan por vivir, ahora sí, en total libertad… o al menos en toda la libertad posible que puede disfrutarse siendo mujer.
Yo asentí.
-No lo tendrás fácil -tuve que admitir-. Ninguna de nosotras lo tiene. Desde que el poder descubrió que podía conseguir la colaboración de la mitad de los súbditos para someter a la otra mitad, desde que averiguó que son nuestras mejores cualidades las que pueden funcionar como nuestros puntos débiles, lo tuvimos bastante crudo. Es la empatía de los cojones la que nos hace manipulables, igual que es la honestidad de muchas personas la que les hará ser pasto de los buitres del capitalismo en el siglo XXI. No te sientas culpable de sentirte culpable. Te lo inculcaron desde la leche del primer biberón, hasta que te olvidaste de que eras una persona y no un apéndice. Y así hubieran seguido. Y esto no cambiará fácilmente.
-¿Ni siquiera en ese futuro del que tanto hablas, como si lo hubieras vivido? –inquirió, curiosa.
-Me temo que entonces tendrán aún más obstáculos con que enfrentarse a nosotras. Y más armas para manipularnos. Y más cabrones a su servicio para traicionarnos–Joana sonrió al escucharme.
-Tus exageraciones me divierten, Eowyn –a mí no me divertían en absoluto. Resulta bastante aburrido comprobar que mis más pesimistas idas de olla acababan indefectiblemente convirtiéndose en realidad-. Pero me parece que estamos llegando. ¿Te hospedarás con nosotras? Inés estará encantada. ¡Es lo menos que puedo hacer por ti!
Sin nada más urgente e importante qué hacer, accedí. La casa de Inés resultó ser sencilla y acogedora y la dueña, con solidaridad femenina, estuvo encantada de alojar a la persona que había contribuido a proporcionarla una ayudante. Y de esta manera, entre amenas conversaciones y las pequeñas tareas que me buscaba para hacerles menos gravosa mi estancia, trascurrieron unos cuantos días. Y en cuanto más tiempo prolongaba mi estadía, más presente se me hacía la certeza de que en breve habría de marchar a estrechar de nuevo la mano de mi soledad nómada. La vida no me ha podido enseñar a entregar mi aprecio a los seres humanos, al menos individualmente: cuando estoy a punto de conseguirlo, algo me hace recordar que estimación suele equivaler a pérdida. Y entonces me voy. Desaparezco. En la taberna de Joana (cuyos problemas fiscales estaban temporalmente solucionados, afortunadamente), situada a escasos kilómetros de la localidad en la que me hallaba y que solía frecuentar por las noches, acompañada a veces de Isabel y a veces sola, solía ensimismarme en esos pensamientos cuando no estaba conversando con mi compañera o entrechocando jarras con Sancho, un caballero leonés afincado por aquellos lares al cual parecía que mis encantos femeninos no le parecían tan escasos como yo suponía que lo eran. Y tengo que admitir que el sentimiento era bastante mutuo.
-¿Y no has pensado nunca en echar raíces? –me decía Isabel guiñando el ojo, al ver las miradas que Sancho me dirigía desde la mesa contigua.
-Vaya. Justamente tú eres la menos indicada para preguntarme esto –gruñí.
-Que yo haya tenido una mala experiencia no significa que todas vayan a ser iguales –contraatacó-. ¿No estás cansada de errar de aquí para allá sin más posesiones que un caballo, una espada y lo que contienen tus alforjas, arriesgándote a perder la vida por luchar por lo que tú crees que es justo? Además, este caballero tiene fama de ser muy valeroso y cortés. Y a la vista está que es muy apuesto. Tiene aspecto de saber qué es lo que quiere una mujer en la cama.
A tanto no había llegado yo, pero un breve encuentro a la salida de la taberna me había demostrado que el chaval en cuestión conocía otras cosas que hacer con las manos aparte de manejar la espada y la lanza. Y dado lo escasas que son esas cualidades en los hombres de hoy, y de todos los tiempos, lo que Isabel había señalado no dejaba de ser un detalle importante a tener en cuenta. Eché una ojeada evaluativa al caballero, y después recordé ciertos amaneceres y atardeceres que había tenido la inmensa suerte de presenciar, el viento en mi cara cuando espoleaba mi caballo al galope, las ocasionales charlas con los compañeros de armas ante el fuego del campamento, el hecho de que ninguna hipoteca física o emocional me ligaba a nada ni a nadie…
-No, Isabel –resolví-. Tal vez alguna vez desee o deba echar raíces. Pero no ha llegado ese momento ni lo diviso en mi futuro más inmediato. Soy demasiado rica para arriesgar mi pobreza. Y no te preocupes: aunque algunos me tilden de temeraria, me comporto con prudencia y le tengo demasiado cariño a este cuerpecillo lleno de cicatrices para salir a luchar donde no puedo ganar. Aunque si esta noche no te importa volver sola a casa, quizá sería interesante averiguar si tus impresiones respecto a las habilidades amatorias de Sancho son…
Desgraciadamente, tan emocionantes aunque poca castas intenciones se vieron inmediatamente truncadas. Antes de que tuviera tiempo de terminar la frase, la puerta de la taberna se abrió y un par de seres bamboleantes aparecieron en el umbral. Me costó bastante reconocer a mis antiguos jefes, Gustaff y Karl. Los dos nórdicos habían sufrido un severo retroceso de grasa en sus ya anteriormente magras carnes, y tenían el aspecto desastrado y exhausto de las personas que llevan varias jornadas de apresurado viaje. Sin solución de continuidad, gritaron a la afluencia de parroquianos:
-¿Alguien aquí conoce a Eowyn de Camelot?
Yo, escondida detrás de Isabel, me acerqué sigilosamente a Joana y le susurré:
-Supongo que en este tugurio habrá alguna salida de emergencia…
Ella se encogió de hombros.
-Si te refieres a que necesitas escaparte de esos dos, puedes salir por el ventanuco de la cocina. El aterrizaje, como tú dirías, será blando. Es por allí por donde tiro la basura.
En realidad, no me apetecía demasiado estar oliendo a porquería varias semanas, así es que decidí afrontar valientemente mi destino y di un paso al frente.
-Aquí estoy. ¿Quién me busca? Ah, vaya, sois vosotros. Casi me alegro de volver a veros. Pensaba que seguiríais pasando hambre y penalidades en esa isla donde dicen que os abandonó Roger de Flor después de pulirse todas vuestras monedas.
Gustaf hizo como que ignoraba mi tono de chanza.
-Afortunadamente logramos escapar de allí en una galera templaria. Pero después… -el mercader se enjugó unas lagrimillas con aire trágico. -… fue mucho peor. Nos capturó el califa de Damasco. Menos mal que dada nuestra elevada posición y la estima que nos profesa Su Majestad –otra vez los reyes de las narices jodiendo las cosas, me lamenté yo para mis adentros- nos liberaron casi de inmediato. ¡Pero los días pasados en ese calabozo fueron terribles! –ahora fue Karl el que tuvo que sonarse la nariz ruidosamente.
-Nada de esto hubiera pasado si hubieras seguido con nosotros –me acusó Gustaf.
Me encogí de hombros. No veía qué hubiera podido hacer yo solita contra una cohorte de sarracenos motivados.
-Pues así es la vida, chicos. Yo estaba bastante liada en esos momentos para ocuparme de vuestra seguridad, por si no lo sabíais.
-Lo sabemos perfectamente –refunfuñó Karl.
-Tu valor en las murallas de Acre ha sido muy alabado –continuó Gustaf, evidentemente haciéndome la pelota: no había sido para tanto, cojones-. Eowyn, después de todo esto estamos muy asustados. Necesitamos que vuelvas con nosotros –naturalmente, era ahí donde querían llegar-. No podemos ofrecerte más salario del que te estábamos pagando, nos hallamos en crisis desde la estafa de ese vil y fementido traidor; de hecho, tendremos que pagarte bastante menos.
Maldita sea. Hay cosas que en todas las épocas son iguales.
-Ni aunque me ofrecierais todo el oro del mundo –reafirmé. Así soy yo de chula: en un momento de la historia en que la gente va loca por pillar un curro, yo me permito rechazarlo. Ni que estuviera nadando en rubíes…
Karl me miró con expresión taimada.
-Tal vez haya algo que aprecies más que el oro…
Yo le miré intrigada, esperando que continuara.
-Será mejor que salgamos fuera –invitó, saliendo al exterior seguido por su compañero. Miré a Isabel, que no se había perdido una sílaba de la conversación, y me dispuse a seguirles, llena de curiosidad por ver el desenlace de aquella mascarada. En el exterior de la taberna, el rubio le cedió el testigo a Gustaf, quien empezó:
-Eowyn, nos ha costado mucho trabajo encontrarte. Pero por fin unos colaboradores nuestros –al parecer esa gente tenía espías hasta en el infierno- nos avisó de que te hallabas en esta aldea. Querida amiga –nadie les había convidado a tomarse estas confianzas-, creemos en ti y te necesitamos para que nos protejas. Tenemos que viajar a Damasco, y cuando te comuniquemos lo que sabemos de esa ciudad tal vez tú también quieras venir.
No sé qué obsesión tenían aquellos dos conmigo, cuando en cualquier parte podrían encontrar guardias mucho más capaces y hasta más baratos. Tal vez era que nadie más tenía la paciencia de soportarlos. Pero les hice un gesto, animándoles a que continuaran.
-En Acre te vimos a veces hablar con un templario, un tal… ahora no recuerdo su nombre.
Yo me estremecí, pero guardé silencio.
-Tal vez era alguien muy querido para ti… -aventuró, el muy entrometido.
Respiré hondo.
-Eso no importa ahora. Está muerto.
Karl negó con la cabeza.
-Te equivocas. Sabemos de buena tinta que sobrevivió al hundimiento del torreón. Ahora mismo se halla en las mazmorras del Califa, sufriendo indecibles torturas. Según parece, necesitan una información que solo él posee.
Yo me había olvidado de mi viejo compañero de armas; mejor dicho, me había esforzado por olvidar. No podía permitirme el lujo de seguir recordando a los amigos muertos, sobre todo cuando tenía tan pocos. Dolía demasiado. Pero aquella noticia me hirió aún más.
-¿Y bien? –concluyó Gustaf-. ¿No vas a decir nada al respecto? ¿Permitirás que él sufra y te quedarás tan tranquila?
-Contamos con una buena embarcación -Karl le apoyó-. Llegaremos a la ciudad califal lo más rápido posible.
Llevé la mano a la empuñadura de la espada y la apreté con rabia. Se habían acabado los días de holganza y libertinaje. Les di la espalda y me encaminé de nuevo hacia la taberna.
-Marcharemos en cuando me despida –decidí yo con contundencia: en realidad nunca había dudado ni un ápice. Mi cerebro, mientras tanto, se consolaba imaginando cómo separaría la cabeza del Califa de su cuello, tras hacerle probar con creces cada una de sus torturas. Y es que estaba visto que todos los monarcas, fueran de Occidente o de Oriente, no servían más que para dar problemas. Si hasta ni los Reyes Magos me habían traído ni un puñetero regalo.
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Feliz…
31 diciembre 2011 en 10:52 · Archivado en Estocadas y etiquetada:Aznar, capitalismo, corrupción, crisis económica, dictadura de los mercados, fascismo, franquismo, género, Govern Mas, injusticia social, lucha feminista, lucha obrera, memoria histórica, PP, recortes sociales, violencia contra las mujeres
Si fuera una persona como debe ser, y no la excéntrica rara vis (valga la redundancia por el énfasis) a la que ahora leéis, me plantearía el día de hoy una retahíla de buenos propósitos. Pero no puedo, por ejemplo, comprometerme a no fumar porque nunca he tenido esa costumbre (aparte de que a lo mejor voy a tener que hacerlo al revés para integrarme en el nuevo mundo mariano), a hacer dieta porque mi simbólico salario de mercenaria no me da ni para engordar un gramo, ni a ir al gimnasio porque ya estoy bastante agotada de echar carreras delante de los Mossos d’Esquadra (no, si aún tendré que agradecerles mi buena forma física). Por cierto, tampoco a aprender inglés porque se supone que ya sé; creo que anda colgado en algún lugar de mi habitación un título de la Universidad de Cambridge que acredita que mi dominio de la lengua de Shakespeare es más que notable; lo que pasa es que en ocasiones tengo la impresión de que eso no es más que una creación de mis sentidos, y lamentablemente los anglófonos que hablan conmigo están de acuerdo. Vamos, que a Aznar a mi lado casi se le entiende.
Y si, además de ser una persona como debe ser, fuera una persona como Dios manda, os hablaría en este post de las cosas importantes a las que me dedicaría este año. Os recomendaría que, como yo, siguierais la Fórmula 1, jugarais al pádel y al golf, rezarais mucho, cumplierais el papel asignado en la familia patriarcal, honrarais a los muertos ilustres y comprarais cantidad de productos de marca, preferiblemente si los responsables de la misma se lucran reduciendo al mínimo más inconcible la seguridad laboral de sus trabajador@s y fomentando el trabajo infantil. Porque es digno de respeto saber enriquecerse, y eso te da la medida de tu validez como ser humano. Y así, comprendería que las medidas de austeridad son necesarias y convencería a mis pobretones subordinados que es por el bien del país que se les bajan los sueldos, se les sube vertiginosamente el transporte, se les retiran las ayudas y las protecciones en sus situaciones de peor indefensión, y se renuncia a todo lo que significa ecología, cultura, investigación, ciencia, educación; mientras que las personas que detentan el poder político y económico en el país no deben sufrir ni el más leve pellizco en sus inconmensurables e ilegítimas rentas porque ell@s son los que están en situación de salvar el país; cosa para que la que, desde luego, han demostrado sobrada voluntad, capacidad y resultados. Y también me ocuparía de que nadie pudiera acceder a la escolarización ni a la sanidad si no puede pagársela, que ni está el país para mantener vag@s ni vamos a permitir que l@s parias aprendan a pensar por sí mismos.
Y si yo creyera en algo, siquiera en la actual medición del tiempo, os desearía feliz año nuevo. Pero aunque hubiera nacido con capacidad de tener fe, esta se hallaría tan menguada por las circunstancias generales, y tal vez por alguna particular, que incluso el axioma “pienso luego existo” me parece dudoso. Así que solo os desearé que, de aquí en adelante y hasta que se acaben los días, los meses y los años, tengan estos el nombre que tengan, nunca os falte el criterio para entender todas las posibilidades, la razón para discernir cuál es la que más os conviene, el equilibrio para poder pararos a meditar, el valor para tomar decisiones y la fuerza para llevarlas a cabo. Os deseo también que abunden en vuestra vida las personas que os quieran y a las que querer, esas personas por las que vale la pena vivir y luchar. Y que esta noche bebáis (con moderación, je je), bailéis y os divirtáis como si fuera la última despedida de año de vuestra vida. Que quién sabe… Esta que suscribe os acompañará en espíritu desde el reducto de los raros y los excéntricos donde no existen muchas de esas suertes.
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A la mierda la Navidad (un cuento de solsticio de invierno)
24 diciembre 2011 en 10:36 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:capitalismo, Cayetano de Alba, corrupción, crisis económica, dictadura de los mercados, Edad Media, fascismo, lucha obrera, Navidad 2011, PP, religión, Yo No Pago
Todo comenzó cuando, después de casi más de tres meses de inactividad prácticamente total, salí del hospital una mañana de invierno soleada, en las vísperas del solsticio. La estancia en Acre, el pesar por la pérdida de tantos compañeros y la incertidumbre por la suerte que habían corrido otros, combinado con la mala vida que una mercenaria como yo se ve obligada a llegar, habían dejado mi salud bastante tocada. Y los ecos de la actualidad, tanto medieval como futura, que me habían llegado con cuentagotas a través de diversos conductos, no habían contribuido a que recuperara los ánimos. Pero no soy persona que se deje vencer por las adversidades, al menos mientras los viñedos se sigan cultivando, y decidida a probar las nuevas cosechas me dirigí tan rauda y veloz como me lo permitía mi convalecencia a la taberna que regentaba mi amiga Joana, una de las pocas personas con las que podía hablar libremente de mis especiales circunstancias espaciotemporales sin que pensara que estaba para que me encerraran en una torre.
-En mi vida he pasado tanta hambre -levanté mi jarra de vino e hice un signo a la tabernera-. Eso sin contar la sed, claro. Como tú bien sabrás, eso es algo que el agua no quita, y agua era lo único que me daban en ese sitio. No sé dónde vamos a ir a parar. ¿Cómo podrán venir generaciones futuras sanas y fuertes con esos lamentables tratamientos médicos abstemios? No me extraña que en el futuro las cosas vayan como van.
-¿Tan terrible será ese futuro del que siempre hablas? -Joana me guiñó un ojo. Obviamente, no creía en mis historias de traslados en el tiempo. Pero las consideraba inofensivas, y le divertían.
-En el siglo XXI el mundo se desmoronará -contesté, tras otra abundante libación-. Las profecías apunta a que no llegaremos al 2013, y a este paso aún se quedarán cortas. Se está haciendo todo lo contrario a lo que se debería hacer para que activar la economía y preservar los recursos. Y eso es porque no gobierna el más válido/-a o inteligente, sino el inútil más servil o el que ha cometido mayores atrocidades. Como ahora, pero peor. ¿Sabes? Muchos siervos de la gleba viven asfixiados por el feudalismo. Pero el feudalismo no es en realidad un sistema cohesionado, sino tan solo un orden de cosas marcado por las condiciones específicas de este período de la Historia y que le ha venido bien a algunos poderosos. Y ni siquiera tiene alcance global. Pero imagina que todos los señores feudales del planeta Tierra estuvieran conectados por un sistema de información casi instantáneo, y que decidieran unirse y comprar a los estamentos y gobernantes de cada país para quitarnos los pocos privilegios que tenemos. Querida amiga, eso será el futuro. ¡Y pensar que en el siglo XXI le llaman a este tiempo la Edad Oscura! Aunque a algunos aristócratas imbéciles les gustaría volver.
Joana, dotada de una curiosidad innata que le había hecho adquirir una más que notable cultura para los tiempos, y cuyos razonamientos se podían tener muy en consideración, meneó la cabeza con una sonrisa.
-Eso que dices es imposible. Supero incluso tus fantasías habituales. No sé cómo no pruebas suerte en la Corte. Seguro que allí les encantarían tus historias.
Esta es la maldición que ha planeado sobre mi cabeza desde que empecé mi andadura por el mundo: todo el mundo confunde con cuentos de hadas mis historias absolutamente verídicas (aunque, todo hay que decirlo, algo pasadas por el tamiz de la literatura); ¿qué culpa tengo yo de que me pasen cosas que no le suceden a nadie?
-¿Y por qué crees que es imposible, vamos a ver? -la contesté, no sin antes echarme al coleto otro trago.
-Pues porque no tendría sentido -respondió ella rápidamente-. ¿Qué más podrían quitarnos? ¿Qué más les podríamos aportar? Tienen todo lo que desean, más de lo que podrían desear. ¿Acaso someternos un poco más, empobrecernos un poco más, conseguir que seamos aún más infelices y que esto redunde en la calidad de nuestro trabajo, les va a proporcionar algún tipo de satisfacción?
Yo hice una pausa para meditar.
-Es la pregunta que siempre me he hecho. Pero me temo que la respuesta es sí. Y la razón es que los poderosos, o los mercados, como se les llamará entonces, han entrado en una espiral psicopática. No lo hacen porque tenga ninguna necesidad; lo hacen porque pueden hacerlo. Y porque son incapaces de sentir empatía.
En aquel momento, como suponiendo una respuesta a mis pensamientos, se oyó un ensordecedor sonido de cascos de caballo afuera. Una numerosa comitiva se aproximaba, y no sé por qué algo me hacía presentir que con no muy buenas intenciones.
-¡Son los recaudadores del Señor! -exclamó Joana tras otear por la ventana-. Me temo que debemos algunos impuestos.
Me acerqué a ella y eché un vistazo.
-Bah, mis cálculos eran exagerados. No son más que siete caballeros, y están bastante flacuchos. Los señores feudales ya no cuidan su capital humano tanto como antes… bueno, peor para ellos. Entre tú y yo podremos vencerlos sobradamente, y seguro que estarán un par de meses sin volver a molestar. Aquí no paga nadie. Coge una banqueta en cada mano, y vamos al lío.
Joana me obedeció, mientras aseveraba.
-Un momento como este es ideal para que vuelvas a viajar al futuro. Además, ¿no hablas siempre de lo opíparamente que se celebran allí las Navidades?
En efecto, yo sentía la llamada del siglo XXI; aún me sentía débil, y un encuentro violento, por muy fácil que fuera, me podría dejar bastante maltrecha e incluso hacerme dar con mis huesos de nuevo en el hospital. En el siglo XXI, por el contrario, me esperaban sabrosas viandas, bebidas exquisitas, el mensaje del Rey y la cacerolada simultánea (aunque según como sería interesante ver cómo se las arreglaba el hombre para salir airoso entre tanto escándalo de su familia)… y esa familia postiza (como todas en el fondo) de votantes del PP de los convencidos que me había tocado en el siglo XXI, las aberraciones del gobierno y los mercados en los telenoticias, los desahucios, saber que la comida que comería y las marcas de ropa y perfumes que habrían comprado todos los asistentes a la cena (menos yo, evidentemente) se han pagado con la sangre de los habitantes de países empobrecidos, los anuncios de rosarios electrónicos en el Teletienda, el peligro de que mi femeninas curvas aumenten hasta límites insospechados por la ciencia… Hice un esfuerzo de voluntad.
-A la mierda la Navidad -contesté, enarbolando la espada-. Me quedo en la Edad Oscura.
Feliz Solsticio a todos y todas, a pesar de lo anterior.
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Una nueva esperanza para la izquierda catalana
12 diciembre 2011 en 12:02 · Archivado en Estocadas y etiquetada:15 de Mayo, capitalismo, corrupción, crisis económica, franquismo, Govern Mas, ICV, IU, lucha obrera, memoria histórica, recortes sociales, Spanish Revolution, XSUC
Se gestó en la sala trasera de un conocido restaurante del Barri Gòtic de Barcelona, cuando aún se escuchaban las últimas consignas la manifestación del 15 de Octubre, y se inauguró oficialmente el día 3 de diciembre del malhadado 2011 en el Centre Cívic Pati Llimona, a pocos metros del primer local. El nacimiento de la XSUC (Xarxa Socialista Unificada de Catalunya) viene acompañado de ecos de la tradición comunista catalana, recuerdos de la clandestinidad y vocación de actualidad, y creo que tod@s l@s asistentes a ambas reuniones sentimos que estábamos viviendo un momento histórico.
A nadie se le escapa que el desafío al que se enfrenta la ciudadanía mundial es más decisivo que nunca; los llamados ‘mercados’, que siempre detentaron el poder en la trastienda, no tuvieron suficiente con ello y dieron un golpe de Estado a escala planetaria para detentarlo asimismo a cara descubierta y poder influir con mayor facilidad en las decisiones políticas y así llenar aún más sus infinitas arcas, que nunca corrieron ni el más mínimo peligro de vaciarse. A consecuencia de esto, la democracia, donde la había, ha pasado de ser un engaño a convertirse en una burla cruel, y nuestro Estado del Bienestar, que entre tod@s construimos y entre tod@s mantenemos con nuestro esfuerzo y nuestros impuestos (que eso no se nos olvide nunca) se ha convertido en algo falsamente inviable que ha de ser repagado y repagado para poderse conservar, por si fuera poco con cada vez peor calidad y concedido con una injusta caridad paternalista con tintes franquistas, preñada de reproches por nuestra supuesta ‘mala cabeza’ y por haber ‘fracasado en la vida’. Mientras, se aumenta donde se debe reducir, se reduce donde se debe aumentar y se recorta donde se debe invertir, convirtiendo la economía en un círculo vicioso de pobreza y desigualdades que solo beneficia la acumulación de capitales por parte de los de siempre.
En este contexto, la izquierda no ha estado a la altura. Y no hablo solamente de esa autodenomenada izquierda que ni ella misma se cree ni se ha creído nunca que lo sea ni aspira siquiera a que nosotr@s lo creamos. Hablo de una minoría más o menos amplia de la izquierda que se supone real, que entre dogmatismos, utilitarismos, tentaciones y miedo de perder el sillón lo que ha perdido es el norte, y ahora emplea métodos antes criticados en sus peores enemigos. Por eso, un grupo de comunistas profundamente crític@s con este estado de cosas, y decididos a empezar un debate que no se concretará en propuestas vacías sino que será sinónimo de acción, hemos decidido fundar esta red, que se enriquecerá con las aportaciones de tod@s l@s camaradas que compartan estas ideas, organizad@s o no, mirando hacia las novedades en cuestiones de organización que nos ha aportado el movimiento 15-M y hacia sus reivindicaciones, que son también mayoritariamente las nuestras.
Si eres uno de nosotr@s, o si solo sientes curiosidad, puedes encontrar más y mejor info aquí. O puedes dirigirte a la que suscribe si así lo prefieres.
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¿Y ahora qué, votantes de Mas?
24 noviembre 2011 en 8:40 · Archivado en Estocadas y etiquetada:15 de Mayo, Artur Mastisores, capitalismo, copago, corrupción, crisis económica, fascismo, Govern Mas, injusticia social, lucha obrera, privatizaciones, recortes sociales, Sanidad, universidad
Funcionarios con los sueldos rebajados. Sí, otra vez. Despidos. Privatizaciones. Copago. Subidas de tasas universitarias, transportes, agua y carburantes. Y esto es solo el principio. Unas medidas que está claro a quienes perjudican y desde luego no es al sector de las población más acomodado, que en muchas ocasiones ha llegado a este punto o por rancia raigambre económica o a base de desacomodar a todos los mindundis que se encontraba en su camino. Ni una sola mención a subir impuestos a las rentas más altas, a reducir los gastos en vuelos business, coches oficiales ni partidas económicas absurdas. Ni un solo ataque a lo más podrido de este sistema, cuyos miembros ya está bien que voten a Mas y lo legitimen: es su representante en la Tierra, su Mesías, el que no morirá, pero si matará, nos matará, por ellos y ellas. Pero es obvio que son los únicos.
¿Y ahora qué, votantes de Mas con hipoteca, con peligro real o seguro de desempleo, sin mutua privada ni coche oficial, que tenéis que coger indefectiblemente el coche público para ir al trabajo aunque ya ni os salgan ni las cuentas, universitarios que pronto tal vez dejaréis de serlo dejando la cultura en manos de quienes, en el fondo, la detentaron siempre? ¿Y ahora qué, insisto? Cuando sostengáis a vuestros ancianos padres o a vuestros bebés enfermos antes la puerta de hospitales cerrados o sin médicos (perdonadme la demagogia, pero esto ha pasado, YO LO HE VISTO), ¿nos pediréis que nos manifestemos a la puerta de estos centros sanitarios? Cuando no podáis pagar la receta que necesitáis a causa de vuestra situación económica desastrosa, ¿nos acusaréis porque no asaltamos la farmacia? ¿Esperaréis que ocupemos las Universidades cuando no podáis acceder a ellas? ¿Echaréis la culpa a la desunión de la izquierda cuando os desalojen a golpes de vuestra casa, sin detenerse ante el niño ni ante el abuelo, conminándonos a la acción?
Pues probablemente sí. Y lo peor es que nosotros y nosotras seremos tan imbéciles que hasta os haremos caso.
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La España del 20N: amargos presagios
22 noviembre 2011 en 15:38 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:Aznar, burbuja inmobiliaria, capitalismo, corrupción, crisis económica, Elecciones Generales 2011, explotación laboral, fascismo, Govern Mas, injusticia social, PPSOE, privatizaciones, recortes sociales, represión policial, Till Eulenspiegel, Zapatero
El pueblo ha elegido. No han sido unas elecciones libres ni democráticas (algo imposible con un sistema que permite que el partido poseedor de únicamente el 32% de los votos gobierne, y que una coalición votada solo en una de las autonomías sea la tercera fuerza a nivel nacional). Pero el pueblo ha elegido. Ha elegido los recortes en la sanidad y sus víctimas mortales que la prensa oculta. La perpetuación del sistema de casta en una educació progresivamente más orientada a quien puede pagarla. Los palos de los Mossos d’Esquadra. La criminalización del parado y del inmigrante.
Porque este país puede tener muchas disculpas, pero ningún perdón. Podemos hablar de que el PSOE ha sido víctima de una crisis económica mundial que ha gestionado mal, aunque el hecho de que haya sido tan virulenta en este Estado se deba al estallido de la burbuja inmobiliaria que creó Aznar. No estaría de más comentar, desde luego, que (la expresión no es mía) el intrusismo ideológico en la derecha que el PSOE viene practicando desde mayo de 2010, vendiendo a su propio país a potencias e instituciones europeas y a mercados, sin la más mínima protesta ni intento de negociación y de la manera más incompetente posible, ha influido considerablemente. Pero el problema español viene de muy lejos.
Hay pueblos que encuentran su camino en la seriedad, el esfuerzo y la capacidad. España lo encontró hace ya tiempo en la cobardía, el nepotismo y la mísera adulación. Cobardía porque nadie tuvo las gónadas de hacer la transición que necesitaba este país, limpiando a los viejos poderes, y porque no nos atrevemos ni a levantar la voz cuando un país extranjero asesina o detiene a nuestros ciudadanos o trata de reducirlos a la miseria; nepotismo porque estos mismo viejos poderes se van perpetuando por los siglos y los siglos, afines sustituyéndose por afines, sin que alguien tenga valor para meter la mano en esta podredumbre; mísera adulación porque si tú deseas entrar a formar parte de esta élite solo tendrás que prometerles fidelidad eterna y halagarles el orgullo. Y esta es la razón por la que, tanto en derechas como en (supuestas) izquierdas, tengamos siempre a los mismo políticos inexpertos, ineptos, cobardes y débiles, cuando no directamente corruptos.
Y, sin embargo, el pueblo español no es muy diferente de sus líderes. No encontraréis una empresa en el territorio ibérica con jefes que tengan ideas (ni siquiera hablo de ideas geniales, solo de ideas claras) de cómo proceder para crecer en el mercado: como no sea ahorrar en productos básicos o en empleados básicos, claro, o explotar a estos últimos hasta la extenuación. Porque los valores que rigen en estos sectores son los mismo que lo hacen en España entera. Y en cuanto a los ciudadanos y ciudadanas de a pie, de acuerdo, desde luego que llevamos siglos de mala educación y de desinformación; y por si fuera poco la era Aznar entronizó la telebasura alienante al igual que sentó las bases para la destrucción de la economía de este país. Pero hay algo que no hubieran podido destrozar: la curiosidad. El criterio. Las ganas de saber más. Las ganas, en resumen, de vivir, en lugar de vegetar en nuestros sillones. Y sin embargo nos compraron con una hipoteca a 30 años y un televisor de plasma, y les dejamos a cambio nuestros sueños, nuestra afectividad, nuestras risas; encima les dimos como regalo nuestro cerebro. Nos perdió el orgullo de conseguir tener el coche más grande que nuestro vecino. Y sobre todo nos perdió el mísero miedo a aceptar que estábamos viviendo una gran mentira.
Desde la transición hemos sufrido gobiernos inútiles, corruptos, vendidos… Pero nunca otro gobierno fue tan nefasto para España como el de Aznar: con él empezo todo: las privatizaciones en masa, la liberalición del suelo que dio inicio a la burbja inmobliaria y su apariencia de prosperidad y que nos ha estallado en la cara (como no iba a suceder durante su mandato… ¡pues que se jodieran los que vendrían después!). Las fronteras se abrieron para dar paso a inmigrantes desesperados dispuestos a aceptar cualquier condición de trabajo, acarreando reducción de derechos sociales para foráneos y autóctonos; eso por citar solo algunas de sus políticas. Y ahora han vuelto. Con el camino allanado, con las voces disidentes convenientemente acalladas, han vuelto. Les hemos hecho regresar. Y ¿qué es lo que nos espera?
Dice la leyenda que Till Eulenspiegel se dirigió un día al hospital de Halberstadt y se envaneció ante el director de que era muy buen médico y de que podría curar a todos los pacientes y hacer que abandonaran el centro sanitario… por un módico precio, por supuesto. El director, muy contento, lo contrató. Entonces Till fue cama por cama diciendo a los residentes que su método de curación consistía en quemar al más enfermo para dar sus cenizas a los demás y con ello conseguir que sanaran. Naturalmente, aquello provocó una desbandadada general de pacientes, que corrían hacia sus casas afirmando sentirse maravillosamente bien. Los mismos pacientes volvieron días después al hospital en estado realmente lamentable (como me temo que acabarán muchos de los votantes al PP de anteayer), pero Till ya se había marchado de la ciudad con la bolsa bien llena. Esto ha sucedido en España y probablemente volverá a pasar. La pregunta es cuándo tendremos los redaños necesarios para realizar la limpieza general que se vienen imponenedo desde hace mucho tiempo. La pregunta es que si dejaremos que la debacle llegue a un punto definitivo de no retorno.
Si es que no ha llegado ya.
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Presiento que tras la noche
20 noviembre 2011 en 13:23 · Archivado en Estocadas y etiquetada:capitalismo, corrupción, crisis económica, Elecciones Generales 2011, impunidad, lucha obrera, recortes sociales
Presiento que tras la larga noche de los mercados, precedida y ensayada en el crepúsculo de la transición, del neoliberalismo de los ochenta y de Maastricht, vendrá la noche más larga. La pregunta es ¿podremos encender alguna luz?
Los poderes económicos se han quitado la máscara convencidos de su total impunidad; el espejismo de la democracia y del bienestar que nos mantenía en la inopia se ha roto. De eso tod@s somos conscientes. Y ahora, en vísperas de que surja un gobierno en España aún más esclavo del sistema que el anterior y con el camino allanado convenientemente por este, habrás más cosas que tengan que caer: nuestros miedos, nuestros prejuicios. Porque poco a poco se desvela la gran mentira que supuso la transición, que permitió que todo cambiara para que todo fuera lo mismo, que entronizó a los mismos tradicionales dueños de España como gobernantes democráticos, en la luz o en la sombra, los ambiciosos, serviles, o en el mejor de los caso inútiles, que han destrozado el país y luego han vendido los restos.
Poco tenemos que perder ya. Tal vez el inexistente amanecer marcará, o deberá marcar, la hora de l@s valientes.
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Dioses, patria y un invierno que no pasa
28 octubre 2011 en 11:20 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:(In)Justicia española, Afganistán, bancos, capitalismo, crisis económica, EEUU, género, impunidad, independentismo, injusticia social, islam, Libia, nacionalismo, negocidio, paro, Peces Barba, primavera árabe, religión, Túnez, violencia contra las mujeres, Zapatero
A pesar de lo que se oye por ahí, no deberíamos preocuparnos porque la pretendida primavera árabe en algunos países haya derivado en invierno confesional, para más señas, islámico. Y es que el islam tiene múltiples aplicaciones, tanto con respecto a la gobernanza de un país como a la relación con los extranjeros, y si investigáis un poco enseguida las hallaréis.
Por ejemplo: si tú eres un gobernante dictatorial y te interesa dominar a la mitad de la población de tu país, puedes echar mano del Corán; o mejor, de tu interpretación personal, sesgada y manipuladora de este libro sagrado, que como la mayor parte de los de su índole y salvando los siglos transcurridos desde su escritura y la evolución de las costumbres consiguiente, solo habla de paz, amor y esas cosas. Pero como en muchas cosas las palabras se dejan decir de ellas lo que se quiera, leerás entonces que el Profeta manda a las mujeres taparse como si estuvieran viviendo en la Antártida, vivir recluidas en sus viviendas como si se esperara que explotara alguna central nuclear, trabajar menos fuera de casa como si el índice de paro de su país fuera como el español, y recibir tantas palizas como un banco de la piel de toro por parte de la UE, y de un modo tan impune como si esta violencia de género fuese juzgado por jueces también españoles y sufrida por mujeres de la misma nacionalidad: la comunidad internacional y sus más principales potencias te permitirán seguir haciéndolo. Al menos hasta que empieces a involucrarte en sus negocidios en tu país, claro.
Pero no hace falta que profeses el islam para servirte de él, ni siquiera para hacer evangelismo de esta religión: es una de sus numerosas ventajas. Vamos a poner por caso que tú eres una potencia amenazada por otra, peligrosamente laica. Pues bien, solo tienes que predicar las tesis de Mahoma entre su población para que acabe destruyéndose a sí misma y se convierta en un fiel aliado del sistema, como Arabia Saudita y las monarquías del Golfo. Para este proselitismo siempre ayudará mantener a los países musulmanes permanentemente despreciados y amenazados, por ejemplo contribuyendo a las dominaciones de los centinelas de Occidente que hagan que el Islam, en sus aspectos más radicales, sea visto como la salvación. Un Islam como el de Arabia Saudita, lo cual otorga al conjunto una interesante injusticia poética, lo convierte en un ventajoso círculo vicioso. Y si tienes prisa o no puedes invertir tantos recursos, y al mismo tiempo necesitas dar salida al excedente de armas de tu industria y/o halagar a los empresarios del sector, posibles futuros contribuyentes de tu campaña electoral, pues lo invades, con o sin la aquiescencia de la ONU. Después de todo, el islam es una religión tan mala… (tú también sabes interpretar, manipular y sesgar el Corán, que los occidentales somos muy listos). Siempre que se estén involucrando en tus negocidios en su país, claro.
Sí, los países islámicos son el más fiel aliado (vamos, como los nacionalcatólicos, sin ir más lejos) y el más útil enemigo, cuya existencia puede justificar desde invasiones militares extranjeras hasta recortes de las libertades locales. Lástima que entre sus beneficios no exista ninguno orientado a la población civil más humilde. No nos engañemos: ni rezando a Dios, ni a Mahoma ni a Zaratrustra se nos va a solucionar la vida, y mucho menos cumpliendo a rajatabla los preceptos de estas religiones, muchos de los cuales impiden además disfrutar de lo poco bueno que es gratis en esta vida. Y tampoco otra de las diosas que nos venden, la Patria, nos va a sacar las castañas del fuego este Halloween. Por mucho que ante declaraciones sobre bombardeos a Barcelona (hay bromas muy poco afortunadas y reacciones a las mismas aún más estúpidas) hasta una internacionalista radical como yo que considera cualquier sentimiento nacionalista como un preocupante signo de problemas mentales se vuelva un poco independentista. Y quizá está allí la trampa: mientras deleguemos nuestras luchas en los dioses, cualesquiera que sean, jamás seremos mujeres y hombres. A mayor gloria del único Dios que realmente existe, y que desde luego no es un dios de paz ni de amor: el Negocidio. Y el invierno durará por siempre.
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Blogs contra la reforma constitucional neoliberal #yoquierovotar
27 agosto 2011 en 21:23 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:#yoquierovotar, capitalismo, corrupción, crisis económica, lucha obrera, PPSOE, recortes sociales, reforma de la Constitución, Zapatero
Poco tengo que añadir a todas las puntualizaciones vertidas sobre el tema. Mis palabras no resaltarían más la absoluta evidencia de que estamos viviendo en un estado que no solo es policial y servil, sino que además, visto lo visto, en absoluto es un estado de derecho. El veneno del neoliberalismo se ha ido inoculando en nuestros organismos debilitado por la enfermedad de la crisis, cuyos virus el mismo sistema creó, aprovechando nuestros momentos más vulnerables. Y lo están consiguiendo. El saqueo se está perpetrando y pronto habrá acabado, porque ya no quedará nada que robar. Y nuestros cadáveres serán expuestos sobre las almenas de la destruida fortaleza de nuestro extinto estado del bienestar, que entre tod@s, nosostr@s solit@s, ayudamos a construir. Si esto no supone el inicio de la rebelión, yo ya no sé qué más decir.
Más (y mucho mejor) info sobre el tema
http://miscosasylastuyas.blogspot.com/2011/08/deficit-deuda-o-limite-de-gasto.html
http://www.hoipoi.net/webs/nuet/?p=820
http://bloc.maxi.cat/2011/08/opa-hostil-la-democracia.html
http://luisangelaguilar.blogspot.com/2011/08/iremos-vuestras-casas-recordaros-que.html
http://mayoyoaguava.blogspot.com/2011/08/tres-eran-tres.html
http://francescms.blogspot.com/2011/08/esa-reforma-no.html
http://bitdrain.wordpress.com/2011/08/26/espana-fue-intervenida-en-2010-pero-aun-habra-mas-recortes-sociales/
http://arv1952.blogspot.com/2011/08/el-psoe-apuntala-la-politica-neoliberal.html
http://relatandodesdeelbajollobregat.blogspot.com
http://ceronegativo.net/2011/08/25/no-al-deficit-0-y-menos-en-la-constitucion/
http://mizubel.lacoctelera.net/post/2011/08/25/otra-agresion-la-democracia
http://corrientepropia.blogspot.com/2011/08/reforma-de-la-constitucion.html
http://buscandolafraseperfecta.blogspot.com/2011/08/el-ppsoe-y-el-deficit-publico.html
http://www.agarzon.net/?p=1070
http://saturada.blogspot.com/2011/08/desconcierto-constitucional.html
http://parlamentuan.blogspot.com/2011/08/reforma-constitucional.html
http://www.comiendotierra.es/?p=381
http://escritosdesdesuburbia.blogspot.com/2011/08/golpe-de-estado-nuestra-soberania.html
http://www.moscasenlasopa.net/blog/?p=4910
http://blogs.tercerainformacion.es/iiirepublica/2011/08/24/defina-golpe-de-estado/
http://bloclaratera.blogspot.com/2011/08/reflexion-genuflexion-o-inflexion.html
http://bloclaratera.blogspot.com/2011/08/sobre-la-farsa-constitucional-el-20n-y.html
http://eltovarich.blogspot.com/2011/08/alerta-constitucion-mutante-la-vista.html
http://mayoyoaguava.blogspot.com/2011/08/se-jodan-cono.html
http://elobservadorsarcastico.blogspot.com/2011/08/deficit-que-haran-cuando-seamos-un.html
http://viramundeando.blogspot.com/2011/08/yoquierovotar-no-esta-reforma.html,
http://puntsdevista.wordpress.com/2011/08/24/yoquierovotar-jovullvotar-argumentos-convocatorias-y-denuncias/
http://puntsdevista.wordpress.com/2011/08/23/el-tratado-de-lisboa-la-reforma-golpista-y-el-referendum-necesario/
http://puntsdevista.wordpress.com/2011/08/26/sobre-la-farsa-constitucional-el-20n-y-la-necesaria-confluencia/
http://ventanasdelfalcon.blogspot.com/2011/08/frente-unico-contra-la-reforma.html
http://rafa-almazan.blogspot.com/2011/08/la-reforma-de-la-constitucion-por-la.html
http://rafa-almazan.blogspot.com/2011/08/sampedro-escribe-zapatero.html
http://altersocialismo.wordpress.com/2011/08/25/por-un-referendum-necesario/
http://altersocialismo.wordpress.com/2011/08/27/sobre-la-farsa-constitucional-el-20n-y-la-necesaria-confluencia/
http://dempeusperlasalut.wordpress.com/2011/08/24/pide-un-referendum-para-ratificar-la-reforma-de-la-constitucion/
http://dempeusperlasalut.wordpress.com/2011/08/27/comunicado-de-amnistia-internacional-las-autenticas-reformas-basicas-que-necesita-la-constitucion-espanola/
http://ciberculturalia.blogspot.com/2011/08/golpe-bajo-al-estado-de-bienestar.html
http://ciberculturalia.blogspot.com/2011/08/exige-referendum-para-reformar-la.html
http://fuentepalmeratimes.blogspot.com/2011/08/el-problema-con-los-referendums.html
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Recortes: los criminales que operan de acuerdo con la ley
3 agosto 2011 en 8:18 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:capitalismo, corrupción, crisis económica, explotación laboral, Govern Mas, injusticia social, limpieza social, lucha obrera, recortes del pirmi, recortes sociales, Spanish Revolution
Una serie mítica (no precisamente por su nivel artístico, aclaro) de mi infancia comenzaba cada episodio con una voz en off que rezaba, refiriéndose al protagonista “… está embarcado en una cruzada para salvar la causa de los inocentes, los indefensos, los débiles, dentro de un mundo de criminales que operan al margen de la ley.” En mi ingenuidad infantil veía en esa última frase una redundancia innecesaria, no justificada ni tan solo por un afán enfático. ¿Criminales que operan al margen de la ley? Pero ¿no es evidente? Sin embargo, obviamente el autor de aquel guión tenía mucha más edad y experiencia que la que suscribe en aquellos tiempos. Él sabía que existían criminales que operan de acuerdo de la ley, y que la puntualización era necesaria. Y yo lo sé ahora.
Los criminales que operan de acuerdo con la ley son los que cierran ambulatorios, los que hacen aumentar las listas de espera, los que reducen los servicios de ambulancias para que cuando estas llegan donde les aguardan l@s enferm@s o herid@s, sus servicios ya no sean necesarios. Son criminales sutiles, tan inteligentes como el peor de los archivillanos de cualquier cómic de superhéroes, y nunca toman una medida por la que no puedan conseguir al menos dos objetivos: ya son conocidos los de sibilina limpieza social (cancelación de elementos con rentas bajas) y desacreditación de lo público, que obligará a tod@s l@s precoupad@s por la salud de sus allegad@s que mínimamente se lo puedan permitir a desangrarse contratando pólizas privadas (y no creo que eso vaya a significar una oferta mayor de puestos de trabajo en las empresas aseguradoras y las clínicas particulares, no funciona así). Además, se logra condenar a otra gran parte de la población al desempleo, aumentando así el volumen de personas susceptibles a esa limpieza social, y haciendo que el señor Mas y sus cómplices en esa efectiva célula operativa del crimen organizado internacional llamada Generalitat de Catalunya pueden soñar con un futuro de catalanit@s de buena calidad, san@s y limpi@s, favorecid@s por la fortuna, desaparecid@s ya l@s enferm@s, los supervivientes de infancias difíciles o de maltrato machista, las víctimas del sistema educativo catalán, los hij@s de los barri@s desestructurad@s, los inmigrantes, todas esas personas que los poderes actuales han ayudado a forjar, y que ahora para más amarga ironía, si cabe, están culpabilizando y eliminando.
Porque criminales que operan de acuerdo con le ley son también los que, en un ejercicio de maldad y cinismo sin justificación posible, acusan a las víctimas, a sus propias víctimas, de ser la causa de sus problemas. Los que destinan a la policía a servir al capital en lugar de al ciudadano, a efectuar, por ejemplo, desalojos violentos, nocturnos y alevosos, en una sola palabra, cobardes, mientras los grandes estafadores burlan a la justicia, las mafias de trato de personas tienen patente de corso y los violadores circulan tranquilamente por la calle. ¿Por qué destinar recursos y efectivos a cuidar de la seguridad del ciudadan@ de a pie, si inseguro y golpeado es más dócil? Y, la última, los que han recortado o tal vez incluso hecho desaparecer, la Renda Mínima de Inserció, único sustento de millares de familia en situaciones de total desamparo, sin anuncios, sin discusiones, en la oscuridad de un triste verano, mientras se atrincheran bien resguardados de manifestaciones de indignad@s, pero cagados hasta las cejas, en sus mansiones vacacionales.
Ahora los inocentes, los indefensos, los débiles no necesitamos a ningún paladín. Nos necesitamos a nosotr@s mism@s y a nuestr@s compañer@s, en acciones contundentes, reflexionadas y organizadas. Hace tiempo que vengo diciendo que nos han declarado la guerra, y la ofensiva es cada vez más cruenta. Violencia no es impedir la entrada de l@s diputad@s en el Parlamento, con o sin zarandeos o botes de pintura: violencia es dejarnos en la indefensión más absoluta, violencia es que los cuerpos de seguridad que habían de protegernos se encarguen de reprimirnos, violencia es que se permita a empresas con beneficios pagar sueldos de miseria mientras se dificultan las verdaderas iniciativas que podrían crear empleo, violencia es que la seguridad, la sanidad, las prestaciones sociales que, no nos olvidemos, no son un regalo, ¡las estamos pagando con nuestros impuestos!, funcionen a mayor gloria de unos poderes políticos y económicos que no necesitan nuestra aportación para estar acumulando unas fortunas insultantes.
Embarquémonos en esta cruzada. Aunque sea a pie.
Más info:
http://www.naciodigital.cat/noticia/33775
http://rafa-almazan.blogspot.com/2011/07/la-crisis-es-culpa-de-funcionarios-y.html
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Las Termópilas actuales
29 junio 2011 en 10:02 · Archivado en Estocadas y etiquetada:15 de Mayo, ajustes estructurales, Batalla de las Termópilas, crisis económica, explotación laboral, Flotilla de la Libertad, FMI, Grecia, Huelga General, injusticia social, Israel, lucha obrera, Marruecos, Mohamed VI, monarquía, Palestina, recortes sociales
No pasarán. La UE y el FMI, símbolos del sistema, tienen ejércitos más numerosos, e insidiosos, que los persas; nada puede hacer un pequeño grupo de ciudadan@s grieg@s que piden ‘cultura, alimentación y libertad’, esos lujos asiáticos en tiempos de televisión adocenante, comida basura fruto de la especulación alimentaria y sumisión a los designios del Mercado, y también de sustanciosas cuentas en Suiza solo para unos pocos. ¿Nada?
No pasarán. El todopoderoso gobierno y ejército israelí esgrime indistintamente plumas y espadas contra los escasos integrantes de la Flotilla de la Libertad. Nada podrán hacer est@s activistas, dispuest@s a dejar su vida en el intento de conseguir un poco más de justicia para Palestina, ante tal amenaza mediática y militar. ¿Nada?
No pasarán. Un ciudadano marroquí residente en Barcelona se enfrenta en solitario a una audiencia secuestrada por la manipulación monárquica. Nada podrá hacer ese hombre contra años de mentiras a una población sumida en el dócil oscurantismo por sus gobernantes. ¿Nada?
Recordemos: las Termópilas, sí, se saldaron con la extinción prácticamente completa de las fuerzas aliadas griegas. Pero, al final, el Imperio Persa no pasó.
Más info:
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Summertime, and the revolution will be (not) easy
22 junio 2011 en 14:14 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:15 de Mayo, 15J y 19M, acampada Parlament de Catalunya, capitalismo, crisis económica, explotación laboral, fascismo, Govern Mas, injusticia social, IU Extremadura, PPSOE, recortes sociales, Spanish Revolution, Zapatero
Vísperas de solsticio de verano. Las terrazas de verano y los chiringuitos al borde del mar están abiertos y hasta l@s parad@s se pueden pagar una caña. ¿Cómo, en momentos así, pueden acechar los mosntruos? Es domingo, 19 de mayo, 15.30 hora zulú: bostezo, prisionera en un restaurante enclavado en un barrio obrero de Barcelona, rodeada de los integrantes de un grupúsculo familiar embarcado en una celebración pseudoafectiva-gastronómica: me pregunto qué hago aquí, por qué me faltó el valor de alegar una cita urgente al otro lado del planeta, pienso que a esas personas, que se cuelan subrepticiamente en mi cubículo para denigrar e imposiblitar, utilizando las excusas más elaboradas, cualquier tarea mínimamente literaria o activista, escudándose en el concepto burgués de utilidad, en el fondo no les importa un comino mi presencia aquí, más que como representante de mi subsector familiar, más por estar de cara a la galería. Y sé también que mi caso no es único. Entre retazos de conversaciones anodinas, aunque también inofensivas, escucho algo que me hace aguzar la oreja: alguien menciona las crisis existentes en la actualidad y pergeña un motivo: “Son todos esos inmigrantes. África y América son muy grande para caber en la pequeña Cataluña. Los de casa primero”. El elemento en cuestión, conocido por su militancia extrema individual a favor de la independencia de la comunidad de las cuatro barras, se explaya citando algunos de los más conocidos tópicos sobre los recién llegados, dejando bien clara con esas opiniones su discutible calidad humana.
Me levanto de la mesa; tranquilamente, sin aspavientos. Sé perfectamente que no es el momento ni el lugar, que atraeré sobre mí las miradas, pero no puedo permanecer en silencio. Sé también que se trata del homenajeado de la reunión, que las reglas de la corrección me obligan a mantener la boca cerrada: sin embargo, algo se agita en mi interior, me oprime los pulmones. No es generosidad humana, ni siquiera sentimiento de solidaridad, es la cólera que siento por la estulticia, la cobardía y la lógica incomprensión que experimento hacia todo tipo de razonamiento absurdo. ‘No voy a discutir sobre ese tema’, manifiesto, ‘porque no creo que sea el instante adecuado para que tú y yo lleguemos a las manos, pero permíteme decirte que tus ideas me parece terriblemente equivocadas, y además, aborrecibles. Y es lo único que diré sobre ese tema’. Me dirijo a la puerta del local. La Asamblea 15-M del barrio se dirige en alegre y reivindicativa marcha hacia el centro de Barcelona para unirse a la manifestación general. Divididos por las manipulaciones del sistema, llenos de todos los errores humanos comunes a tod@s nosotr@s, ell@s han meditado, han buscado razones, no se han detenido en la comodidad y en la cobardía de las respuestas fáciles suministradas por los medios de comunicación del régimen y por sus instigadores, han pasado a la acción, al menos a alguna de las acciones posibles. Veo esperanza y honradez en sus rostros, fuerza en su mirada. Me infunden un sentimiento de paz, aunque en sus corazones haya deseos (no violentos) de guerra. Levanto el puño a modo de saludo: mi espíritu está con ellos, aunque a veces el resto de mí ande secuestrado, muchas veces con mi amargada aquiescencia, en otra parte.
De vuelta al interior, me preguntan que dónde estaba: “Miraba a l@s indignad@s’, respondo. Encogimiento general de hombros: la rarita de la nena con sus cosas… Los triunfos del Barça, las vacaciones en complejos hoteleros cómplices de la explotación de tercermundistas paraísos naturales y de sus habitantes, el accidente de Ortega Cano… Solo hay que cerrar los ojos. Taparse la cabeza con la sábana y cerrar los ojos. Así no nos atraparán los monstruos. Es fácil. No nos afectará el desmantelamiento de la In-Sanidad pública, el deterioro de la Mal-Educación dejará a nuestr@s hij@s más imbéciles aún de lo que ya somos nosotr@s y no nos importará, y que suban las tasas universitarias será nimio, ya que nadie estará preparad@ para acceder a un nivel educativo donde en cualquier caso perpetuarán aún más nuestras carencias culturales y nos convertirán en todavía más esbirr@s del sistema, de los que piensan que las recetas del FMI de empobrecer más a los pobres y liberalizar a los ricos, son la única e indiscutible alternativa.
Pero ¿qué pasa cuándo nada de eso es suficiente? ¿Qué pasa cuando el monstruo, el psicópata de turno, el genocida sediento de sangre, levanta la sábana de nuestra cama y nos descubre? ¿Seguiremos sin luchar? ¿Echaremos la culpa a l@s inmigrantes? ¿A l@s parad@s? ¿A Zapatero? ¿A ETA? ¿A IU, que se ha negado a pactar con el partido que ha convertido a España en el actual erial de derechos y prestaciones sociales, y a quien han acusado de ‘entregar comunidades autónomas a la derecha’?
Pero yo también tengo mis contradicciones, y me quedo sentada, esperando el final de la fiesta sin añadir nada más. Después, hay un chiringuito en mi playa con música reggae donde me gusta esconderme, entre rocas, arena y pinos por entre los que se divisa el nítido azul del mar; allí me tomaré una caña con mi fracasado sueldo mientras pienso en las revoluciones necesarias. Generales. Y personales. Summertime, and the revolution will be not easy. But it will come.
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Inmigrante, terrorista, anónima… indignada: no a la violencia, pero tampoco a la gilipollez
16 junio 2011 en 7:24 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:15 de Mayo, 15J y 19M, acampada Parlament de Catalunya, Albiol, capitalismo, crisis económica, fascismo, Govern Mas, inmigración, recortes sociales, Spanish Revolution
Yo también soy inmigrante. Como tú. Como ella o él. Vine con los íberos, con los celtas, con los romanos, griegos, árabes o andaluces… Si le extraéis el perfil de ADN a una gota de mi sangre, veréis cómo en el tubo de ensayo aparece un variopinto arco iris, que me conforma, que me hace diferente y especial, como a ti, como a él o ella… ¿Queréis utilizar los tonos de ese arco iris para establecer qué porción de ayudas sociales me toca? Porque, visto lo visto, parece ser que eso es lo próximo; me gustaría saber si Albiol aplicará la restricción de ayuda por padrón a la familia Reixach o a la familia Tutusaus, recién llegadas a la zona alta de Badalona desde Pedralbes… ¿Si tengo más marrón, negro, rojo y amarillo que otros se me reduce la (inexistente, por otra parte) prestación por desempleo? ¿Dicta una pretendida ‘limpieza de sangre’ lo que he contribuido al desarrollo de este país? ¿La exigencia de buen comportamiento y civismo depende de las nacionalidades? ¡Si solo afimarlo es tendencioso, y lo peor es que la manipulación funciona! Pues bien, si es así venir a buscarme. Todas mis gotas de sangre están a disposición de vuestro análisis… eso si podéis atraparme.
Yo también soy Anónima. Aquí, desde detrás de esta pantalla, emprendo mi particular lucha contra ese sistema a quien sus arteras maniobras de doble filo le ha hecho adquirir tanta fuerza que ya ni siquiera se molesta en disimular que es antiyo, antinosotr@s, antitrabajador@s, antidesfavorecid@s, antilibrepensantes, antivalientes. Aquí, desde detrás de esta pantalla, espero que, entre otros delitos que os inventéis, me acuséis de formar parte de una trama internacional yihadista-etarra, pues vuestra estrategia es burda y sabida, aunque ni vuestras acusaciones habéis sido capaces de justificar. Y también, desgraciadamente, efectiva. Pues bien, si es así venid a buscarme. Mis muñecas avanzan hasta vuestras esposas de falsedad… eso si podéis atraparme.
Yo también soy terrorista. Podía haber puesto un cóctel molótov en alquna parte, motivos no me faltan. No lo hice: no voy a dar al sistema excusas para arrastrar mi lucha y la de tod@s mis compañer@s por el barro. Pero ell@s tampoco lo hicieron, a pesar de que está claro que el sistema no necesita razones cuando aquello que durante tanto tiempo parecía que yacía eternamente vuelve a despertarse en alguna de sus formas, cuando l@s cobardes polític@s creen necesitar helicópteros (que, por cierto, no están contemplados en ninguna ley de recortes) y parapeto policial, cuando por fin vuelven a temernos, a pesar de sus argucias, a pesar de su omnipotencia. Pues bien, si es así venid a buscarme. Os acompañaré con gusto a la comisaría más próxima y esperaré a que acabéis de inventaros problemas para que mi abogad@ hable conmigo… eso si podéis atraparme.
Y naturalmente estoy indignada. Recortada, contemplando el vuelo de los metálicos pajarracos de mal agüero, viendo cómo Europa es saqueada y desmantelada mientras los países más desfavorecidos siguen siendo olvidados, excepto cuando hay que explotarlos. Y escuchando cómo algunos esperan que, en medio de este panorama, en mis protestas me limite a dar un par de gritos, colgar unas cuantas pancartas y ser una buena chica, viendo cómo los que detentan el poder han aprendido la lección, se han montado su excusa, y han conseguido la impunidad de sus manejos echando mano de infiltrados, con tal vez la colaboración involuntaria de algún exaltad@, alguien que rechazó confundir, quizás con demasiada vehemencia, ser pacífic@ con ser gilipollas. Sí, estoy indignada, no me limito a tocar la flauta y no pienso ocultarlo. Vamos, venid a buscarme.
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15-J y 19-J: nunca ha habido más motivo
14 junio 2011 en 16:25 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:14J y 15J, Aznar, capitalismo, crisis económica, despido libre, Diccionario Biográfico, explotación laboral, fascismo, franquismo, Govern Mas, injusticia social, Llei Ómnibus, memoria histórica, recortes sociales, reforma laboral
Expongo a continuación algunos comentarios sobre una serie de noticias que se han producido estos días, y que ofrecen una idea bastante clara (las noticias, no mis comentarios) de cuál es exactamente la situación política por la que estamos atravesando actualmente, en el ámbito tanto nacional español y catalán como global, y por qué son necesarias las movilizaciones del 15-J y el 19-J. Están en orden cronológico inverso.Lunes, 13 de junio. ¿Alguien creía en realidad que los recortes de Mas y sus compinches iban a beneficiar a algún catalán no perteneciente a la elite político-económica de este bendito país? ¿Alguien se ha creído que la Llei Ómnibus no está basada en la doctrina del shock? De momento, que se lea esta noticia. Porque habrá más.
Domingo, 12 de junio. Rechacemos de plano ese pacto del euro que profundiza, como si fuera posible hacerlo más aún, en la Europa neoliberal y genocida en cuanto a las clases populares.
Sábado, 11 de junio. Sobre la crisis de los pepinos: ¿para qué sirve un gobierno que no defiende a sus ciudadanos, o por lo menos a los más desfavorecidos que no pueden pagar a cambio prebendas en dinero y especie, de los prejuicios reales o oportunistas esgrimidos por las naciones punteras de la UE?¿Para qué sirve un gobierno que es suficientemente fuerte para restringir derechos sociales impuestos por lobbys económicos internacionales y que al mismo tiempo no tiene las gónadas de exigirles a estos o a los países que los representan un mínimo de dignidad, justicia y solidaridad cuando han metido la pata hasta la misma rodilla? Pues para ser derrocado ahora mismo, por mucho que juegue a marear la perdiz. Y no para poner a otro aún más fascista en su lugar. Spanish Revolution. YA.
Viernes, 10 de junio. Las consecuencias del fracaso de la negociación colectiva conocidas el pasado 3 de junio no se han hecho esperar, y aquí va otra. No participo activamente en los sindicatos (por tanto, mis críticas contra ellos han de ser necesariamente muy cautas), ignoro las presiones a la que están sometidos y comprendo su necesidad de un apoyo popular, tan exiguo en estos tiempos desmotivados, aunque no puedo negar que no tengan una gran parte de culpa en esta circunstancia. Pero sea como sea, el hecho de no persistir en su lucha contra la patronal ni invocar medidas para conseguir que no se reforme la negociación colectiva de forma lesiva para l@s trabajador@s nos deja en manos de un decreto-ley del Gobierno sobre el que no se necesita ser un superdotad@ para adivinar a quién beneficiará. Y esta reforma de la negociación colectiva, nuestra única garantía de justicia laboral, no va a ser moco de pavo y probablemente las derivaciones sean muchísimo peores de las que ocultan los medios de comunicación del sistema: me temo que en breve podremos reírnos de la de 2010 si sigue adelante, que seguirá si no la impedimos. Algo más de info sobre el tema la tenéis (no son fuentes del todo contrastadas, pero creo que hay que leerlas) aquí y aquí.
Jueves, 9 de junio. Por fin Felipe Puig admite errores sobre lo sucedido el viernes, 27 de mayo, como tod@s sabéis, la carga policial sobre l@s indignad@s del movimiento 15-M acampad@s en la Plaça Catalunya de Barcelona y en Lleida, con la infumable excusa de la posible celebración de la Champions del Barça, que nos regaló imágenes dignas del mejor franquismo y de las actuaciones más notables de los poco añorados grises. Desde luego que se equivocó, afirma, pues, al haber subestimado la pretendida violencia de l@s acampad@s, aún tenía que haber ordenado a l@s mader@s pegarles más fuerte.
Y aquí me gustaría hacer un inciso y añadir algo que me viene rondando por la cabeza desde hace bastante tiempo: aunque en algún momento, llevada por la rabia, pudiera haber manifestado u hecho creer lo contrario, me resisto a creer que el solo hecho de pertenecer al gremio policial convierta a una persona en un fascista en potencia y/o en acto, como este elemento. Sería hacerme cómplice del típico y tópico pensamiento simplista y afín a generalizar, que lleva a prejuicios como la xenofobia y el racismo. Pero, aunque creo que es cierto que nuestro corrupto sistema judicial puede llegar a corromper a agentes del orden llen@s de buenas intenciones (aparte de que los filtros psicológicos de entrada de efectiv@s en los cuerpos policiales no creo precisamente que discriminen a seres como el anteriormente citado, más bien al contrario), lo que me parece incontestable es que los efectivos policiales tenían órdenes muy claras: algun@s tal vez incluso las cumplieron (concedo el beneficio de la duda) a disgusto. Y ciertas intenciones del señor (es un decir) Felip Puig publicadas recientemente apuntan de manera clara a esta hipótesis…. Por cierto, parece ser que la escuela de Puig tiene seguidores. Y, si siguen así, también tendrá más respuestas.
Martes, 31 de mayo. Hay libros que no deberían existir sobre la faz de la tierra. Volúmenes llenos de impías y sacrílegas abominaciones que nos hacen pensar en insondables abismos de terror absoluto inconcebible por cualquier imaginación humana. Entre ellos se pueden citar Unnaussprechlichen Kulten, de Von Junzt; De Vermiis Mysteris, de Ludwig Prinn; Cultes des Goules, del Conde D’Erlette; Fragmentos Pnakóticos, de autor anónimo y, last by not least, el deleznable Necronomicon, del árabe loco Abdul Al-Hazred. Pero el peor de todos es sin duda el Diccionario Biográfico Español, encargado por Aznar, presentado por Juanka, Sofi y la Sinde, y sufragado con casi siete millones de dinero público. En él se pronuncian horrores como el que reza “”[Azaña] se vio anulado por la iniciativa revolucionaria de las sindicales obreras armadas, pero se le mantuvo en el poder para que llenase, de cara a Europa, la imagen de un republicanismo democrático. [...] Su situación se agravó durante el Gobierno, prácticamente dictatorial, del socialista Negrín, en coalición con los comunistas” y . Pero lo peor no son las infamias de las que hace gala esta obra, sino el hecho de que algunos seres sin nombre ni forma hayan llegado a escribirlas y otros a patrocinarlas confiando que la credulidad de l@s español@s le den fe, consiguiendo que est@s se autoprecipiten de este modo a la aniquilación final.
Viernes, 27 de mayo. Esta noticia, que quedó algo ensombrecida por el violento desalojo de l@s acampad@s, relacionaba el ERE de Telefónica (que al final será de 6.500 personas en tres años), auspiciado por la empresarialmente servil reforma laboral del Gobierno, con las 15.000 prejubilaciones en las cajas de ahorro, asistida por la Ley de Cajas. Perdonadme, pero aunque los medios que han consultado establecen diferencias entre quién va a pagar estos ERES reales o simulados, si nosotr@s directamente o nosotr@s indirectamente, yo solo veo que de nuevo los trabajador@s quedamos desprotegid@s, y además doblemente, si no es con nuestros numerosos impuestos será con alguna subida de tarifas (además de perder nuestros puestos de trabajo, naturalmente). Si no, al tiempo. Y eso sin contar los premios concretados en los incentivos a los directivos, con los cuales se pagaría sobradamente el sueldo de es@s despedid@s durante mucho tiempo.
Viernes, 3 de junio. Anglada, Albiol, y ahora la Generalitat en pleno. “Son ayudas de Catalunya y para gente de Catalunya, afirma el ‘conseller’ de Malestar Social de la Generalitat de Catalunya Josep Lluís Cleries. Con estas palabras, el susodicho suprime de un plumazo las ayudas por niñ@ a cargo a los inmigrantes que lleven menos de cinco años de residencia en Catalunya. Sugiero humildemente, para que no haya lugar a dudas,. que a estos recién llegados se les obligue a coserse cruces ortodoxas, medias lunas islámicas o, en el caso de religión idéntica, las banderas de sus lejanos países mientras no cumplan el requisito de ser considerad@s catalan@s de pleno derecho (y pensar que antes bastaba con trabajar y residir en Cataluña, ¡qué discriminación para l@s auténtic@s hij@s de Pompeu Fabra!)
Primero tomamos las plazas. Ahora toca tomar el Parlament para impedir que se aproben estas destructivas medidas. Y esto no se acabará, o no se debería acabar, aquí.
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Holocaustos posibles
25 mayo 2011 en 7:55 · Archivado en Estocadas y etiquetada:Albiol, Badalona, crisis económica, Elecciones Municipales 2011, fascismo, inmigración, nazismo, PP, PxC
La Alemania de la década de 1930 era un país castigado por las exigencias del Tratado de Versalles, los tributos económicos que debían pagar como perdedores de la Primera Guerra Mundial, y la crisis mundial de 1929. El Partido Nazionalista se aupó en ese malestar social y halagó la peor parte del pueblo alemán al proponerle una solución en forma de odio y venganza en lugar de acciones constructivas: les creó una cabeza de turco, el enenemigo universal. Esta lección, que condujo al Holocausto, la supieron aprender muy bien los gobernantes estadounidenses y, ahora, la ultraderecha española. Lo cual es lógico y natural: el juego del poder es así de repugnante. No lo es tanto, sin embargo, que la ciudadanía vuelva a caer en el mismo error. El ser humano, sobre todo el ser humano español, es el único que, sabiendo su inveterada tendencia a tropezar un millón de veces con la misma piedra, no hace nada por evitarla.
Seguir promoviendo el más que rebatido, e ilógico, tópico que las ayudas sociales se destinan por decreto a las recién llegados. Identificar la delincuencia con la inmigración, lo que es realmente humorístico en este país de santos. Ahora que han ganado, ¿qué será lo próximo? ¿Obligatoriedad de presentar nuestro árbol genealógico con un mínimo de diez generaciones para calibrar nuestra pureza de sangre? ¿Análisis de ADN para establecer qué porcentaje de extranjería tenemos cada un@ de nosotr@s? ¿Nos espera un holocausto inmigrante?
PD: Quería poner un vídeo de PXC, a quienes el PP de Badalona y de otros lugares ha usurpado el discurso, pero renuncio a dar siquiera un minuto de protagonismo a esa gente.
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Los bellacos y los villanos ocupan la calle
13 mayo 2011 en 16:14 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:(In)Justicia española, 15 de Mayo Tomemos la Calle, ajustes estructurales, corrupción, crisis económica, Edad Media, Govern Mas, impunidad, injusticia social, recortes sociales, Zapatero
Este Zapatero no deja de sorprenderme. La última (o la penúltima) ha sido afirmar, en la mejor tradición medieval (sin que ese detalle, a pesar de mis orígenes, consiga hacérmelo más simpático) que quien insinúe que su Gobierno ha recortado el Estado del Bienestar es un “bellaco y un villano”. Pues en este caso, a esta bloguera y a otr@s amig@s y compañer@s ídems no nos queda más de decir que sí, que al igual que a Llamazares se nos puede calificar a tod@s de bellacos y de villanos porque lo decimos bien alto para todo el que quiera escucharnos, aunque desde luego no somos tan tontos como al parecer nos toma nuestro amado presidente, que suelta esta solemnes estupideces y encima pretende que nos las creamos.
Nosotr@s somos unos bellacos y unos villanos; Zapatero y el gobierno del PSOE en pleno, que han protagonizado los recortes sociales más vergonzosos, crueles y serviles de la historia reciente de este país, los adalides de la democracia y el socialismo; Esperanza Aguirre y su gabinete (PP), autores de un deterioro sangrante de la sanidad pública madrileña, los geniales precursores de la Sanidad del futuro; y Atur Masnostijeras (CiU), alias ‘Señora Bates’, y sus acólitos, que tienen a tod@s l@s catalan@s en la escena de la ducha de Psicosis, un dirigente patriota que siempre funciona “en positiu” y “amb ilusió”. Qué curioso: nunca me parecieron tan dignos de orgullo los insultos y tan repugnantes los piropos. Pero ya sabemos que este país es el rey de la perversión de la lógica y andamos tan cabeza abajo como si estuviéramos en las Antípodas.
Y como bellacos y villanos que somos, la calle es nuestro elemento y ahí estaremos, mañana día 14 a las 11.00 en la plaza Catalunya de Barcelona, y pasado mañana día 15 por la tarde en toda España. No nos van a recortar, explotar ni vender al mejor postor más: se les acabó el invento. Progresivamente, entre programa y programa de telebasura con que nos narcotizan, l@s español@s nos vamos percatando que cinco millones de parados en un país donde, a más beneficios tiene un banco, más necesita de salvación, como si se estuviera ahogando en sus propios caudales; que recortar derechos y servicios sociales con la misma alegría que se recortan los impuestos a los ricos; que convertir la corrupción en un valor añadido en un político mientras que las justas reivindicaciones nacionales e históricas se juzgan como un crimen; que mantener una Ley Electoral a imagen y semejanza del bipartidismo tan útil a los lobbys económicos nacionales e internacionales, mientras las opciones políticas minoritarias (sobre todo IU) se ven infrarepresentadas en relación a su número de votos, no solo no es normal, no: es denigrante, absurdo y completamente inadmisible.
Y, aunque seguro que lo hará más de que debería, no va a durar.
En este post, en el que me he basado, podréis consultar l@s bloguer@s que suscriben esta iniciativa.
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Desenfocados, pixelados, descuartizados y rebeldes
9 mayo 2011 en 19:24 · Archivado en Estocadas y etiquetada:15 de Mayo Tomemos la Calle, Albert Brull, capitalismo, CiU, crisis económica, Desenfocados-Pixelados, Elecciones Municipales 2011, Govern Mas, injusticia social, manifestació 14 de Maig a Barcelona, O Carvalliño, recortes sociales
Si andáis por tierras gallegas, no deberíais perderos la exposición ‘Pixelados-Desenfocados’ del fotógrafo catalán afincado en Ourense Albert Brull, un buen amigo. Según sus propias palabras, Albert ha querido retratar en ellas a tod@s l@s que, víctimas inocentes del actual capitalismo feroz y la especulación financiera, se rebelan y se niegan a seguir las mentirosas consignas del sistema. La expo se podrá ver del día 13 de mayo al 12 de junio, y después las fotos saldrán de gira aunque los lugaares donde se podrán ver aún están sin confirmar… así que aún estáis a tiempo de, si gestionáis una sala de exposiciones o similar, hacer vuestra solicitud. Recordad, el próximo viernes 13 (no me seáis supersticios@s), la inaguración será en la Bodega, de O Carballiño, a las 20.00, acompañada de buena música.
Y dos convocatorias más, no tan lúdicas pero igualmente necesarias. Ahí abajo las tenéis.
Creo que no exagero ni un ápice cuando digo que los recortes en Sanidad del Govern de Atur (no es un error) Mas y su conseller de pesadilla Boi Ruiz pueden llevar, directamente, a morir a muchas personas. Según eso, podemos considerar al Molt Honorable President y a sus cómplices (y a quienes realizan la misma política en otras Comunidades Autónomas, por ejemplo Esperanza Aguirre en Madrid) como unos asesinos cuyo egocentrismo y absoluta falta de empatía les asemeja a los psicópatas de las películas de crímenes en serie. Y a los psicópatas que recortan ¿no se les llama descuartizadores? ¿Vamos a ser cómplices con nuestra pasividad y/o con nuestro voto de estos más que sangrientos crímenes?
Y no olvidemos:
Enumeró Juan Torres en la presentación de Reacciona! en Madrid cuatro principios que creo que resumen de manera perfecta el estado del mundo hoy en día:
“La inmoralidad de llamar inversores a los culpables del crimen organizado de la humanidad, el hambre. La irresponsabilidad de seguir callados pensando que todo pasará. Hay que empezar a pedir cuentas. La insensibilización de no enrabietarse y solidarizarse con los demás. Y la inhumanidad a la que nos quieren someter los que como Botín y compañía pretenden que vivamos para ganar más a costa de los otros“.
¿Qué más puedo añadir?
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Organízate y lucha: aunque no lo parezca, hay esperanza
9 mayo 2011 en 19:11 · Archivado en Estocadas y etiquetada:capitalismo, corrupción, crisis económica, impunidad, injusticia social, lucha obrera, recortes sociales
L@s cobardes matan; l@s valientes mueren. A l@s que se escapan del rebaño les acaban echando los perros. L@s idealistas que son coherentes con sus principios (y que si no gustan no tienen otros) acaban incomprendidos y denigrad@s. Los seres sin escrúpulos son afortunados verdugos; los que los tienen, patéticas víctimas. Las almas puras e inocentes son fácilmente engañadas y confundidas por la religión, la costumbre, las consignas interesadas de los corruptos y ambiciosos. Así ha sido siempre; pero nunca los cobardes ambiciosos sin escrúpulos acumularon tanto poder como ahora, nunca el mundo fue tan desigual.
Párate un momento y medita. No digo que lo hagas tú, el criminal impune que acabará muriendo en la cama de su suntuoso palacio: nunca has sido feliz a pesar de tu poder y tus ventajas, pero sabemos que no dejarás que eso te detenga. Te hablo en ti, situad@ en las antípodas del sistema que a él le encumbra, y solo te pido: Párate un momento y medita.
Sé valiente, pero nunca irreflexiv@. Escápate del rebaño, pero asegúrate de hacerlo cerca de un río que puedas cruzar. Sé coherente con tus principios pero que no te ofusquen tanto que no tengas en cuenta ni los medios ni las consecuencias de tus acciones. Y nunca, nunca, te conviertas en un mártir en nombre de entidades abstractas o impuestas: lucha por causas concretas, luchas por tus causas.
Y sobre todo, sé reflexivo e inteligente. Solo el método nos ayudará a ser justos con nosotr@s y con l@s demás, a arañar la escasa felicidad que se le puede robar a la vida, a conseguir objetivos sin hipotecar nada por el camino (que no sea la vivienda, claro está). Nadie podrá recortar nuestro cerebro, y nada temen ellos tanto como nuestra lucidez. Organízate y lucha: aunque no lo parezca, hay esperanza.
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No estamos condenados, no tenemos que resignarnos, podemos elegir
5 mayo 2011 en 18:53 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:(In)Justicia española, 11-S, Afganistán, Bin Laden, capitalismo, crisis económica, Elecciones Municipales 2011, franquismo, injusticia social, Irak, IU, lucha obrera, memoria histórica, recortes sociales, Zapatero
Quiero seguir siendo prehistórica, nostálgica, romántica, trasnochada incluso. Quiero creer que aquellas luchas que ganamos con tantos sacrificios de tant@s compañer@s valieron la pena, aunque ahora nos hayan arrebatado su justo premio con la mayor inicuidad posible. Quiero que mis manos que ellos intentan dejar vacías, mi cabeza a la cual intentan extirpar los sueños, sean su azote, su infierno. Quiero seguir negando la realidad que me marcan, porque no es la realidad, es la imposición de una pesadilla, no quiero aceptar que lo normal y lo auténtico es la más cruel injusticia y la más absoluta represión, quiero seguir indignándome, quiero que nadie me impida seguir teniendo memoria, quiero que nadie me meta ese miedo que les sirve para vender armas. Quiero seguir gritando en desafío de estos crímenes políticos y económicos contra la Humanidad aunque no sirva de nada, aunque esté actuando contra mis egoístas intereses personales, aunque mi voz sea la única que resuene, aunque tod@s a mi alrededor me tachen (y a ti, y a vosotr@s) de loca. No estamos condenados, no tenemos que resignarnos, podemos elegir. No dejemos que nos transformen en sumisos espectadores de la basura en la que están convirtiendo nustras vidas. Las manos son nuestras.
No estamos condenados a elegir entre los mismo y lo mismo. Tenemos las manos vacías, pero las manos son nuestras
El 15 de Mayo toma la calle. Nosotr@s somos más
El Premio Nobel de la Paz ejecuta extrajudicialmente, su mascota Zapatero lo justifica con argumentos demenciales y Llamazares habla con justicia y sentido común
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Bin Laden y los terrorismos reales
3 mayo 2011 en 19:28 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, Afganistán, ajustes estructurales, Al Qaeda, Bin Laden, capitalismo, crisis económica, despido libre, EEUU, ETA, explotación laboral, Govern Mas, guerra, Irak, Libia, Palestina, paro, recortes sociales, reforma laboral, religión, terrorismo islámico, UE
Fuiste nuestro amigo. Te quisimos: ¿cómo podríamos no haberte querido? Nadie mejor que tú para netralizar a nuestros enemigos inyectándoles el veneno de la religión, que les volvería zombies a nuestro servicio, declarado o tácito. Fuiste nuestro amigo hasta que dejaste de serlo, o tal vez siempre lo fuiste, o tal vez como enemigo nos brindaste incluso mayores servicios. Pero, formando parte o no del plan en el que tú eras (voluntaria o involuntariamente) nuestro cómplice, o quizá debido a tu rebeldía, o quizá debido a ambas cosas, te matamos como a un perro. Porque nosotros PODEMOS hacer JUSTICIA; a los demás no les está permitido, y si lo hicieran solo sería cruel VENGANZA.
Y es que eras un terrorista. Dirigías una central del terror mundial llamada Al Qaeda, que nadie se sabe dónde está ni qué es y que me parece que nos la hemos inventado nosotros, como, en el fondo, a ti, como, en el fondo, a nosotros mismos. Un terrorista, como los etarras españoles y tod@s los que comparten sus ideas políticas aun estando en contra de la violencia. Nosotros, sin embargo, no lo somos. Cuando bombardeamos los países que nuestros intereses nos señalan lo hacemos para implantar la justicia; cuando somos cómplices de los poderes económicos, de ambición tan desmesurada como un agujero negro y que están llevando a una parte creciente de la Humanidad a la ruina y al exterminio, lo hacemos obligados por la crisis y para vencerla.
Bin Laden murió ayer, día 2 de mayo (aquí podríamos hacer un chiste fácil, pero me abstengo), en una ejecución completamente legal (el tiro en la cabeza lo recibió solo porque no quiso colaborar en su detención) rematada por un procedimiento más que sospechoso, como fue el hecho de tirar su cadáver al mar desde un helicóptero. El enemigo público número uno vivía desde hacía tiempo en una bonita residencia de una pequeña ciudad cercana a Islamabad, en Pakistán, donde inexplicablemente nadie le había detectado hasta ahora. Ese mismo día se supo que el Tribunal Supremo de Justicia se pasó la ídem por el forro y declaró que Bildu no podría presentarse a las elecciones, aunque haya hecho una condena expresa de la violencia. Tres días antes el paro en España se cifró en cinco millones a pesar de (yo más bien diría: gracias a) los mortales ajustes y recortes laborales y sociales de los gobiernos central y autonómicos de este país, y a todo esto, la UE y EEUU siguen bombardeando Libia, gobernada por otro anterior amigo que rinde más como actual enemigo.
Todos estos sucesos, además de reafirmar el post del viernes pasado, casualmente casi profético, de esta bloguera, donde se aludía a como el terrorismo puede ser beneficioso, e incluso estar auspiciado, por los poderosos, hacen preguntarse dónde está el terrorismo real. ETA mata, y los fanáticos religiosos también, pero si alguien tiene el valor de decirme que lo que están haciendo las elites económicas mundiales con la connivencia de los gobernantes de las grandes potencias y de las que no son más grandes no son terrorismo, y que todas estas intervenciones armadas en Libia, Afganistán, Irak, Palestina y demás tampoco… por favor, que se haga mirar su nivel cerebral de manipulación, porque roza el límite del estado zombi.
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La solución
18 abril 2011 en 7:15 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, capitalismo, corrupción, crisis económica, franquismo, Govern Mas, injusticia social, memoria histórica, privatizaciones, recortes sociales
Hoy voy a ser muy breve.
Porque no son palabras lo que necesitamos.
¿Qué solución hay en una sociedad donde a las empresas con beneficios se les permite despedir, donde se recorta en derechos fundamentales para alabar a las grandes fortunas, donde se procesa a los que denuncian a los corruptos, en lugar de a los corruptos y se olvida la memoria, donde las crisis las pagan sus víctimas?
¿Hace falta que me responda?
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Solicitud de asilo político
24 diciembre 2010 en 10:44 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:(In)Justicia española, ajustes estructurales, capitalismo, crisis económica, despido libre, huelgo de los contraladores aéreos, impunidad, injusticia social, lucha obrera, memoria histórica, recortes sociales, reforma de la Ley de las Pensiones, reforma laboral, República, supresión de los 420 euros
A l@s responsables de Inmigración de cualquier país medianamente civilizado:
Apreciad@s señor@s:
Vivo en un país donde se juega y se ha jugado con el derecho a una vivienda digna, vendiéndolo al mejor postor; donde además de asegurarse mediante una póliza (abonada por ti, obviamente) que acabarás pagando el techo sobre tu cabeza pase lo que pase, te lo cobran y te lo vuelven a cobrar una y otra vez y si no puedes sufragarlo te lo quitan dejándote con la deuda casi intacta. Donde el precio de ser pobre puede ser perder tu familia e incluso tu vida. Todo eso permitido por el Gobierno; por cierto, es socialista.
Vivo en un país donde el mismo Jefe de estado gobierna desde hace más de treinta años sin elecciones y con connivencia con las elites internacionales más turbias, cuyos negocios y malos manejos favorece a costa de la economía del país, que al final ya se imaginarán quiénes acabaremos, como siempre, pagando; donde la Justicia tiene un precio y un dueño, con lo cual pierde el nombre de Justicia, porque son los delincuentes quienes vences mientras que las víctimas van de cornudas y apaleadas; donde el gran empresario tiene las manos libres para cometer todo tipo de abusos y chantajes contra sus trabajadores. Un país donde dejamos que nos manipulen informativamente, más aún, donde pedimos a gritos que se nos manipule informativamente, en que se crimininaliza a unos trabajadores por ejercer su derecho a la huelga, que por muy salvaje que ésta sea y por muy privilegiado que pueda considerarse este colectivo es legítimo, mientras nadie ha levantado la voz por la supresión de los 420 euros a los parados sin prestaciones ni por la próxima ley de pensiones. Leí que la huelga de los controladores afectó a 1,2% de la población mientras que la reforma de las pensiones fastidiará a conciencia al 80%… suma y sigue… Apreciad@s seño@s, vivo en un país donde los militares salen a la calle!
Sólo ellos salen. No nosotros. Las calles están vacías. Tras las traiciones de quienes juraron salvarnos de la derecha y nos han metido en una derecha peor, tras las mentiras y la escandalosa bajada de pantalones en el caso Couso y en de los vuelos de la CIA, por citar sólo los más sonados, tras los sobornos convenientemente pagados a los bancos y las transnacionales. Las calles siguen vacías. Apreciad@s señor@s, mi gobierno me ha declarado la guerra y las calles siguen vacías, vacías de lucha, y nuestros corazones están vacíos de dignidad, de honor, de valentía, de solidaridad!
Apreciad@s señor@s, no me engaño: no espero de ustedes más que de los que hasta ahora me han gobernado, si acaso un poco más de inteligencia, algo más profesionalidad en el mando, porque si al menos el que te jode no es inútil esbirro sin voluntad bueno para nada, parece que el acto duele menos. Sé perfectamente que ustedes son tan cabrones como los que ya conozco, tan corruptos, tan criminales, y tal vez incluso tan estúpidos.
Pero las calles de sus países no están vacías. Hay gente que arriesga la libertad, la seguridad económica, y quién sabe si la vida, por sus semejantes, por la igualdad, por la justicia. Y, tras haber expuesto mis sobrados motivos y por esa esperanza, les pido que me concedan asilo político en su país para este Año Nuevo en el cual cualquier deseo de felicidad suena como una amarga burla.
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29-S: lucha, rabia, orgullo y esperanza
30 septiembre 2010 en 2:23 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:29-S, crisis económica, despido libre, Huelga General, injusticia social, IU, lucha obrera, recortes sociales, reforma laboral
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Día de Huelga General. En Barcelona, desde el mar hasta el centro, se respiraba una calma tensa, llena de expectación. El rodar del tráfico, tranquilo, espaciado, se confundía con el rumor las olas y llegaba a ser casi relajante. Establecimientos cerrados, grupos de sindicalistas por doquier, pequeñas manifestaciones espontáneas… Llego a Santa Caterina, el barrio inmigrante que me acogió a mi llegada a Barcelona y que sique siendo mi refugio: @eowyndecamelot, mi personalidad twittera, me está esperando: he decidido utilizarla hoy como único canal para recibir y emitir las noticias.Éstas no tardan en llegar: si exceptuamos la reacción criminalizadora y la pobreza de los argumentos de los medios del sistema, y las actuaciones desaforadas de algunos elementos policiales, son sorprendentes. Poco antes, yo había prevenido a la gente contra el fracaso, la decepción y la inacción consiguiente. Pero la temida derrota no llega; las informaciones, al contrario, hablan de un seguimiento masivo: 70%, más en algunos lugares, un descenso del consumo eléctrico por momentos incluso a niveles más bajos que un domingo. Casi no me atrevo a pensarlo… pero… sí… parece que… ¡esto funciona!
Las cinco de la tarde. Escalo la pendiente sobre la que está construida mi ciudad para ir al encuentro de la manifestación. En mi camino, observo a las fuerzas del orden estratégicamente colocadas con propósitos no muy claros. Un diablillo malicioso me susurra al oído que le pida a uno de los chicos de azul que me señale el camino hasta la protesta, o mejor, que le pida que me lleve hasta allí con su coche policial, pero afortunadamente el ángel que vela por mi integridad física logra contener mi deseo de ecaharme unas risas a su costa. En Passeig de Gràcia, rodeada de tiendas de lujo con las persianas cerradas, veo los primeros signos de la fiesta ciudadana: grupos portando banderas de vaga o no tan vaga inspiración roja, los primeros petardos, las primeras consignas, hojas volando en el viento como una súplica atea de libertad e igualdad… Y de pronto, estoy en el centro: el gentío me rodea, me envuelve, anula mi visión. Escalo a la barandilla del metro y ni desde allí puedo ver el final, ni en principio. Sin medios para comunicarme con l@s compañer@s, me uno al desfile como la sombra que soy, la peregrina entre mundos y tiempos, entre ficción y realidad, a la que nunca nadie sabe si se ha visto o sólo se ha imaginado: no importa, acepto mi destino.
Y entonces empieza la fiesta: las banderas de agitan, tal vez demasiado verde y escaso rojo: pero sé que el color está ahí, aunque se esconda. Se mezclan las consignas en fraternal montón, con todo lo que esto implica de cordialidad y disensión al un tiempo. Mañana, quizá, nos tiraremos los trastos a la cabeza mientras nos acusamos mutuamente de pactistas, traidores, vendidos, radicales, descerebrados; supongo que va con el paquete. Hoy no. Música, coreografías, canciones de moda, populares o infantiles adaptadas para la ocasión… Veo volar una pancarta sostenida por globos, no distingo su leyenda. Deseo que el concepto que esta acción simboliza también planee en el aire, se trasmita a todos los lugares del mundo. Deseo que ellos sepan bien que aún no nos han adocenado, que aún no nos han vencido.
El Corte Inglés de plaza Catalunya, paraíso del consumismo. Algunos grupúsculos se amontonan en su puerta, a gritos de ‘esquiroles, esquiroles’. La rabia va creciendo. Patadas a la puerta, lanzamientos de objetos contundentes… Pienso: ¿es sólo violencia gratuita, manera de canalizar frustraciones personales? Tal vez. Pero adivino algo más en las caras de esos jóvenes, y no tan jóvenes: una decepción, una falta de futuro, que empieza con el fracaso del sistema educativo, la imposición del consumismo y la negación de los medios con el que podríamos llevar a cabo esta forma de vida, en el caso de que fuera positiva. Sus vidas están vacías desde casi el principio, les ha faltado visitar más el supermercado de las cosas que importan… pero siempre que lo intentaban había salido ya el tranvía (y no había más transporte público). Los cristales se rompen y un encargado aprovecha para introducir por el agujero una manguera con la que obsequia con un buen chorro de agua fecal a los atacantes; me salvo por milagro.
Comienzan a llegar furgonetas policiales; cuento más o menos una por cada manifestante. Carreras y más carreras: la ira aumenta, el lanzamiento de objetos también, hay papeleras en llamas. De pronto, los secretas se quitan sus caretas. Hay unos siete u ocho infiltrados, con el pelo sospechosamente rapado tapado por las capuchas de sus sudaderas, entremezclados con la gente justo en la zona de donde partió el último ataque: no es un hecho definitivo, pero sí sospechoso. Tres o cuatro personas están tendidas en el suelo, con las manos en la nuca. Renquean doloridos al levantarse, les han atizado bien. Muy cerca se produce otra carga, aunque sin resultados. Siento que estoy viviendo la historia en mi primera persona, y me gusta pensar que tal vez, en una mínima parte, estoy contribuyendo a ella.
Vuelvo a Santa Caterina. La estrecha calle donde tengo mi cueva esta llena de barricadas, tras una Catedral y una Via Laietana donde aún arden los últimos contenedores. Ante mis asombrados ojos se repiten las escenas de la banlieue parisiense de hace unos años: desde las ventanas y en las aceras, grupos formados por jóvenes inmigrantes de varias nacionalidades y autóctonos obsequian a los antidisturbios con todo tipo de objetos, algunos bastante peligrosos. En mi afán de retratar el instante con una máquina demasiado nueva para que haya aprendido a entenderla totalmente, con el subsiguiente desastre fotográfico, me veo en mitad del fuego cruzado y una de las pelotas de goma que los policías disparan sin encomendarse a Dios ni al diablo está a punto de estamparse en mis narices. Increpo al intrépido lanzador, recordándole mi derecho a dirigirme a mi domicilio sin ser agredida por las fuerzas del desorden, sea cual sea la situación: poco me ha faltado para ser una víctima colateral. Y vuelvo a preguntarme de dónde viene tanta rabia, a qué obedece tanta violencia. Porque aquel odio en las miradas de esos chicos y chicas no puede ser un puro juego, una rebelión sin causa.
Y el mar otra vez, el regreso a mi pequeño exilio campestre. Mañana, más criminalizaciones, más deseos de identificarnos a tod@s con la minoría más irracional (a quien, aunque no apruebe, tampoco me atrevo a juzgar), más mentiras y manipulaciones, más intentos de cerrarnos la boca a base de telebasura. Pero hoy les hemos demostrado que aún no hemos olvidado cómo se lucha, nos hemos dado razones para estar orgullosos y, contra la desesperación de l@s violent@s, hemos demostrado que aún existe, al menos de momento, una pequeña esperanza.
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Mañana huelga, hoy lectura
28 septiembre 2010 en 10:57 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:29-S, crisis económica, despido libre, Huelga General, injusticia social, lucha obrera, recortes sociales, reforma laboral
Éste va a ser el último post en El Bosque (a no ser que me llegue repentinamente la inspiración a media tarde, que todo puede ser) antes de la Huelga General de mañana, día 29 de septiembre de 2010, en que este blog se solidarizará con los trabajadores y cerrará sus puertas. En él me gustaría hacer un recopilatorio de todo lo escrito esta semana por los compañeros y compañeras de I Love IU y la Rojosfera en general en relación con el 29-S. Es de lectura recomendada para todos, y casi obligado para los aún indecisos, los temorosos de perder un día de salario (no hay duda de lo necesario que es en estos tiempos, pero hay que comprender que mañana l@s trabajador@s nos jugamos mucho) y los cabreados universales. Ahí os dejo con ello, y mañana nos vemos en la calle, camaradas.
-http://radiorexurdimento.blogspot.com/2010/09/folga-xeral.html
-http://bloclaratera.blogspot.com/2010/09/objetivos-del-milenio-una-decada.html
-http://johncornford.blogspot.com/2010/09/derechos-de-los-trabajadores-en-una.html
-http://saramulet.blogspot.com/2010/09/potser-no-et-motivi-massa-axo-dobrir-te.html
-http://www.ines-sabanes.net/?p=4011
-http://www.iescudero.cat/2010/09/29set-si-pot-servir-memoria.html
-http://francescms.blogspot.com/2010/09/tv3-faran-la-vaga.html
-http://arv1952.blogspot.com/2010/09/la-inutilidad-de-la-huelga.html
-http://desdelacantera.blogspot.com/2010/09/fiesta-del-pce-video-acto-razones-para.html
-http://fuentepalmeratimes.blogspot.com/2010/09/un-piquete-en-la-ser.html
-http://fuentepalmeratimes.blogspot.com/2010/09/acto-en-cordoba-huelga-general-y-medios.html
-http://david.bligoo.es/content/view/1008991/Razones-para-ir-a-la-Huelga-el-29-S.html#content-top
-http://leeryescuchar.blogspot.com/2010/09/cadema-humana-por-la-huelga-imagenes-2.html
-http://leeryescuchar.blogspot.com/2010/09/argumentario-de-apoyo-la-huelga-general.html
-http://blogs.tercerainformacion.es/iiirepublica/2010/09/24/el-primer-piquete-esta-siendo-un-exito/
-http://altersocialismo.wordpress.com/2010/09/24/un-col-lectiu-cutada-denuncia-a-la-fiscalia-als-responsables-de-lespeculacio-contra-el-deute-public/
-http://marina-eupv.blogspot.com/2010/09/blog-post_24.html
-http://www.laruedadeltiempo.net/2010/09/24/original-piquete/
-http://dominbenito.wordpress.com/2010/09/23/la-huelga-debe-ser-un-exito/
-http://dominbenito.wordpress.com/2010/09/23/iu-ccoo-y-ugt-invitan-a-los-mirobrigenses-a-participar-en-la-huelga-general-del-29-de-septiembre/
-http://dominbenito.wordpress.com/2010/09/24/la-crisis-explicada-a-quienes-la-sufren/
-http://dominbenito.wordpress.com/2010/09/24/sobran-los-motivos-ii/
-http://blogdemariasun.wordpress.com/2010/09/24/manifiesto-ciudadano-de-apoyo-a-la-huelga-general/
-http://www.gorkaesparza.com/2010/09/24/manifiesto-ciudadano-de-apoyo-a-la-huelga-general-unete/
-http://blogs.tercerainformacion.es/pedromellado/2010/09/24/a-la-huelga-general-iv-la-huelga-del-26-s/
-http://www.haciaelsudoeste.com/2010/09/paramos-y-nos-manifestamos.html
-http://rafa-almazan.blogspot.com/2010/09/de-la-coaccion-y-la-huelga.html
-http://dempeus.nireblog.com/post/2010/09/23/arguments-socials-per-la-vaga-general
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/09/23/la-crisis-explicada-a-quienes-la-sufren
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/09/24/els-especuladors-denunciats-a-la-fiscalia
-http://ventanasdelfalcon.blogspot.com/2010/09/zapatero-rectifica-la-clase-trabajadora.html
-http://cerosalaizquierda.blogspot.com/2010/09/el-29-de-septiembre-me-descogelo-por-la.html
-http://grosske.balearweb.net/post/91743
-http://saramulet.blogspot.com/2010/09/esquerra-unida-eaiv-celebro-ayer-en.html
-http://luisangelaguilar.blogspot.com/2010/09/buenas-practicas-para-salir-de-la.html
-http://arv1952.blogspot.com/2010/09/una-razon-mas-para-ir-la-huelga.html
-http://radiorexurdimento.blogspot.com/2010/09/declaracion-de-apoio-folga-xeral-do-29.html
-http://javiermadrazo.wordpress.com/2010/09/24/una-huelga-util/
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/09/25/el-barri-de-gracia-i-la-vaga-general
-http://rafa-almazan.blogspot.com/2010/09/calentando-motores.html
-http://grandolapeque.wordpress.com/2010/09/25/razones-para-la-huelga-capitalismo-manchesteriano/
-http://opovoequemordena.blogspot.com/2010/09/0.html
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/09/25/el-barri-de-gracia-i-la-vaga-general
-http://dempeus.nireblog.com/post/2010/09/25/la-huelga-del-29-s-desde-el-ambito-de-la-salud
-http://www.ines-sabanes.net/?p=4043
-http://www.moscasenlasopa.net/blog/?p=4431
-http://silviaf1.blogspot.com/2010/09/universidad-en-huelga.html
-http://fuentepalmeratimes.blogspot.com/2010/09/manual-del-piquetero-por-jose-manuel.html
-http://www.sotoencameros.net/2010/09/mas-razones-para-ir-la-huelga-general.html
-http://apuigsole.blogspot.com/2010/09/que-no-sens-humilii-en-el-treball-es.html
-http://grandolapeque.wordpress.com/2010/09/26/comunistas-por-la-huelga/
-http://marina-eupv.blogspot.com/2010/09/convencio-programatica-i-acte-de.html
-http://otrovisoposible.blogspot.com/2010/09/por-que-voy-la-huelga-general-de-29-de.html
-http://johncornford.blogspot.com/2010/09/los-sindicatos-llevan-razon.html
-http://javiermadrazo.wordpress.com/2010/09/26/desmontando-excusas-para-ser-un-esquirol-el-29-s/
-http://buscandolafraseperfecta.blogspot.com/2010/09/httpdeshuesadero.html
-http://josegonzalezdiaz.blogspot.com/2010/09/zapatero-nos-recuerda-las-razones-para.html
-http://www.asueldodemoscu.net/?p=5584
-http://www.asueldodemoscu.net/?p=5574
-http://www.asueldodemoscu.net/?p=5556
-http://muyloco.wordpress.com/2010/09/26/sobran-razones-para-hacer-huelga-general-el-29s/
-http://viramundeando.blogspot.com/2010/09/un-poco-de-humor-ante-la-huelga.html
-http://arraiosoundsystem.blogspot.com/2010/09/reflexiones-sobre-el-29s.html
-http://basseta2007.blogspot.com/2010/09/recomendaciones-para-la-huelga-del-29-s.html
-http://www.sotoencameros.net/2010/09/no-hay-mas-rastrero-que-ser-un-esquirol.html
-http://desdelacantera.blogspot.com/2010/09/los-verdaderos-piquetes-violentos-de-la.html
-http://blogs.tercerainformacion.es/iiirepublica/2010/09/27/el-miedo-la-memoria-la-huelga/
-http://javiermadrazo.wordpress.com/2010/09/27/motivos-para-la-huelga-del-29-s/
-http://ventanasdelfalcon.blogspot.com/2010/09/video-critica-los-puntos-claves-de-la.html
-http://blog.sindominio.net/blog/enchufe/general/2010/09/27/las_bicletas_son_para_la_huelga
-http://nicolasdurancornella.blogspot.com/2010/09/desmontando-excusas-para-ser-un.html
-http://nicolasdurancornella.blogspot.com/2010/09/zapatero-usa-como-piquete-anti-huelga.html
-http://www.hoipoi.net/webs/nuet/?p=497
-http://bosquedebrocelandia.wordpress.com/2010/09/27/sin-miedo-a-la-huelga/
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/09/27/gioconda-belli-huelga
-http://ceronegativo.net/2010/09/27/especial-informativo-huelga-general-desde-la-fiesta-del-pce/
-http://carlosnavarroselma.blogia.com/2010/092701-a-los-militantes-del-psoe-de-mi-pueblo..php
-http://elblogdeantero.blogspot.com/2010/09/el-miercoles-la-huelga-sobran-motivos.html
-http://radiorexurdimento.blogspot.com/2010/09/carta-abierta-los-que-el-29-s-no-iran.html
-http://www.iescudero.cat/2010/09/29-de-setembre-una-vaga-justificada.html
-http://arv1952.blogspot.com/2010/09/dialogo-trampa.html
-http://www.sotoencameros.net/2010/09/nos-tratan-como-imbeciles-no-les-demos.html
-http://blogs.tercerainformacion.es/victorcasco/2010/09/27/yo-estoy-en-la-huelga/
-http://marina-eupv.blogspot.com/2010/09/els-diputats-deupv-ens-sumem-la-vaga.html
-http://mizubel.lacoctelera.net/post/2010/09/27/no-estan-cosas-como-no-hacer-huelga
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Sin miedo a la huelga
27 septiembre 2010 en 13:31 · Archivado en Estocadas y etiquetada:29-S, crisis económica, Huelga General, injusticia social, lucha obrera, recortes sociales, reforma laboral, Yo Voy
Una huelga para luchar contra el miedo y contra los que nos aterrorizan; para no traicionar ni el pasado (a aquellos y aquellas que dieron la vida por los derechos que hoy nos estamos dejando arrebatar) ni al futuro del que somos responsables; para erradicar las debilidades que día a día nos mantienen atados al sillón y a la sumisión. Una huelga para demostrar que sólo perderemos cuando bajemos la bandera, que nada pueden hacernos (al menos, no fácilmente) que no dejemos que nos hagan, y que no somos tan estúpidos para creernos las mentiras y las manipulaciones con las que nos intoxican el aire que respiramos. Una huelga de todos, no sólo de aquel sindicato con el que somos críticos o de aquel colectivo en el que no acabamos de confiar, una huelga que nos hemos ganado y que se han ganado los que nos pisotean. Una huelga para revertir las injusticias, para vencer a los que nos las infligieron. Una huelga indispensable, insoslayable, definitiva.No me falles, compañer@. Quiero verte ese día a mi lado, luchando, soñando, desafiando, libre de temores y de esclavitudes, con la mirada puesta en el ayer y en el mañana, con la luz de ese amanecer que construiremos reflejándose en tus ojos. Vente. Te espero.
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No permitamos que descarrile la huelga del Metro
7 julio 2010 en 8:54 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:crisis económica, huelga del metro de Madrid 2010, I Love IU, injusticia social, lucha obrera, recortes sociales, Rojosfera
En un supuesto estado del bienestar que se va desmorando, donde aquellos derechos por los que un día trabajadores y trabajadoras dieron la vida están siendo sistemática y sutilmente eliminados sin que se nos caiga la cara de vergüenza por permitirlo, el conflicto laboral del metro de Madrid representa una de las vueltas más agresivas de tuerca en esta ofensiva del poder económico y político contra los derechos sociales y laborales de l@s ciudadan@s, en la que la que la crisis económica que éste ha provocado ha ejercido la función de debilitadora del enemigo: nosotr@s.
Sirva la entrada colectiva que leeréis a continuación como un intento de much@s bloguer@s comprometid@s con la justicia social de dejar bien claro nuestro rechazo a que se utilice el derecho de huelga legítimo ejercido por un@s trabajador@s para atacar y producir desgaste en esta estrategia de protesta y conseguir erradicar los principios básicos de la lucha obrera (como la negociación colectiva), para hacernos así más vulnerables al poder.
Aunque parezca mentira, hay gente que piensa que en el Metro hay camareros ofreciendo canapés a los usuarios, y que éstos se desplazan pisando una cómoda y mullida alfombra roja. Estas personas son los políticos que sólo bajan al metro a inaugurar las estaciones y a comerse los canapés que contratan con el dinero que luego quieren escamotear a quienes cada día hacen que el Metro funcione. También piensan tal cosa los magnates del periodismo patrio, que habitualmente viajan en taxi, y no saben que cuando ellos salen del suburbano, los torniquetes empiezan a funcionar, se cobra por entrar, y los camareros que un rato antes ofrecían canapés se transforman en viajeros agobiados por llegar a sus puestos de trabajo o a sus obligaciones cotidianas…
Los trabajadores y las trabajadoras del metro, en lucha por defender sus salarios, pero en lucha también, y quizás sobre todo por defender principios básicos de la democracia como la negociación colectiva, el derecho a la huelga y el propio principio de legalidad y seguridad jurídica, están siendo objeto estos días de una campaña tan poderosa como miserable en su contra, capitaneada por la Comunidad de Madrid que es patrón, juez y parte en esta batalla, y que cuenta con el apoyo del PP y del Gobierno de la Nación.
A este frente político-institucional se suma el conjunto de periódicos, radios y televisiones, tanto públicas como privadas, que ejecutan con gusto –como es habitual- una campaña de linchamiento social que tiene un claro tufo antisindical, e incluso antiobrero.
Pero los trabajadores y las trabajadoras del metro no están solos. Quienes nunca montan en metro tratan de ganarles el pulso, pero los usuarios y las usuarias del metro sabemos que aquello por lo que están luchando nuestros compañeros y compañeras es lo mismo por lo que quizás mañana tengamos que luchar nosotros y nosotras.
Quienes habitualmente viajamos en metro estamos con ellos, y queremos hacer uso de nuestros medios para hacérselo saber a nuestros compañeros y compañeras del metro, y para tratar de que el resto de usuarios de este medio de transporte comprenda que los responsables de las perjuicios que la huelga pueda causar no son los trabajadores, sino sino sus patronos, los políticos que atacan sus condiciones de trabajo y sus herramientas para defenderlas.
Quieren que la huelga descarrile en la hostilidad de los usuarios. No lo permitamos.
A continuación una selección de lo que la bolgosfera ha publicado en apoyo a la huelga del Metro:
Carta a Esperanza Aguirre
Digo “Metro” y digo “Dignidad”
Con los compañeros de Metro
Huelga en el metro
Salvajadas y huelgas políticas
La última cruzada de Esperanza la ultraLibegal: los trabajadores de Metro Madrid, terroristas
Privilegiados
¿Los servicios mínimos del Metro de Madrid no pueden incumplirse pero un convenio colectivo sí?
No le digas a mi madre que soy sindicalista
ESTO VA DE LUJO
Metro, falsas unanimidades
ZAPATERO RECORTA; AGUIRRE, AFEITA
Carta de un trabajador de metro en lucha
Un centimito por aquí, otro por allá
Lo más salvaje no es la huelga
Todo Puesto de trabajo como el Metro de Madrid
Sé solidario con la Huelga de Metro. ¡¡Adhiérete y vota!!
Huelga del Metro en Madrid
La huelga como acto de fuerza
De fútbol y huelgas salvajes
La llaman huelga salvaje: todos contra los trabajadores
Huelga de Metro de Madrid: Argumentario
AGUIRRE EN EL METRO SE METE LAS QUE VAN FUERA
La Huelga no es regulable, que conste
Sindicatos
¿Dónde están los servicios mínimos de la conciencia?
Huelgas, para qué os quiero
No hagamos una ley de huelga en caliente
El metro de Madrid en huelga
Las huelgas no son juegos florales [2]
Conciencia social
Caretas fuera
A los tertulianos
Si Haces Huelga, Te Mando Los Tanques…
El caos se adueña de madrid
Solidaridad con la huelga del Metro de Madrid
Los compañeros del metro de Madrid: Un ejemplo de lucha y dignidad
La huelga del Metro de Madrid es la huelga de todos y de todas
LOS RECORTES SEGÚN CANTINFLAS, O ESPERANZA NO VA EN METRO
Como los trabajadores del Metro de Madrid, luchemos: CONTRA LA REFORMA LABORAL Y LOS RECORTES SOCIALES. Todos a la Plaza del Reina Sofía a las 19.00
Salvaje inseguridad jurídica
Ciudadanos en apoyo a la huelga del Metro
¿De quién son rehenes los viajeros del Metro?
En La Rioja no tenemos Metro pero las luchas son compartidas
Hay que pararles los pies
La buena huelga salvaje
AL LADO DE LOS BRAVOS TRABAJADORES DEL METRO DE MADRID
Salvaje (Huelga del Metro de Madrid II)
IU con los trabajadores y trabajadoras de Metro
Salvajes
El metro de Madrid no vuela
Reflexiones sobre una jornada de huelga de Metro en Madrid
Si te ha pillado la huelga, jódete
Un ejemplo para todos los trabajadores
Huelga salvaje, huelga domesticada
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Paren España 2010, que me vuelvo a la Edad Media
6 julio 2010 en 8:17 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:(In)Justicia española, crisis económica, Edad Media, huelga del metro de Madrid 2010, injusticia social, lucha obrera
Esta vez mi sempiterno enemigo me había sorprendido en una de mis excursiones a la aldea más cercana para adquirir víveres (aún no he podido librarme de esa prosaica costumbre de comer que tantos problemas nos trae a los siervos de la gleba y a los marginados de la sociedad).
-¡Alto ahí, mosca cojonera! -me espetó-. Esta vez no te escapas.
Su exclamación poseía una seguridad mayor incluso que la habitual en un fanfarrón como él. Tuve un mal presentimiento, o una buena intuición, pero eso no iba a privarme de hacer lo que se debe en momentos en que te juegas la integridad (o lo que queda de ella) de tu físico. Así es que le solté:
-¡Eso ya lo veremos! (soy poco original, qué le vamos a hacer) -mientras, el saco de arroz lleno de bichos de especies desconocidas en el medievo que llevaba en mi mano izquierda salió disparado hacia mi malvado interlocutor y sus secuaces. Aprovechando la confusión, me metí por un hueco entre mis perseguidores y salí por la puerta de la choza mientras sembraba el suelo a mi zaga de verduras en diferentes estados de descomposición procedentes de mi morral, sin duda una trampa mortal cuando sus pies entraran en contacto con su viscosa y resbaladiza textura. Qué lástima que no se hayan descubierto aún las Américas, porque un buen manojo de plátanos y medio kilo de tomates maduros me hubieran ido muy bien en esta aventura.
Pero, a falta de productos de una tierra cuya mitad norte sería en el futuro colonizada por lo peorcito de la raza humana europea (que a su vez es lo peorcito de la raza humana en general) con el resultado que tod@s sabemos, imprimí la máxima velocidad posible a mis piernas poco acostumbradas a moverse por sí mismas sin el auxilio de la cabalgadura, para encontrarme con que mis adversarios habían cercado el pueblo, aprovechándose de la superabundancia de mercenarios dispuestos a cargarse a alguien por cuatro maravedíes que existía desde que la nobleza y la burguesía cooperaban en esconder las reservas de grano para provocar la subida de los precios y ocasionar una crisis económica mortal de la que ellos, como siempre, saldrían beneficiados. “Te ha vuelto a fallar la previsión, Eowyn”, me dije, deseando que me dejaran el tiempo de vida suficiente para arrearme el cachete en la mejilla que sin duda merecía. “Tanto frecuentar las tabernas y tanto coquetear con los fornidos aldeanos, misteriosos caballeros errantes y trovadores dichareros que asisten a ellas te está estropeando el criterio”. Me prometí por enésima vez volver al buen camino si salía de ésta mientras trataba de esquivar a los esbirros corriendo en zig-zag y metiéndome por los estrechos callejones de la aldea a la que habían ido a a parar mis hambrientos huesos. Esperaba hallar algún carro de heno de conductor bonachón que despertara pocas sospechas en los guardianes de la puerta principal del pueblo (y así evitar que me pincharan demasiado el culo con sus lanzas), un disfraz de Hermanita de la Caridad o alguna cosa de ésas que siempre salen en las películas cuando el héroe o la heroína están en apuros. Pero sólo encontré una casucha adornada con diferentes aditamentos de tipo esotérico y sobre cuya puerta se podía ver un letrero que rezaba ‘Tienda de la Bruja Lola’. “Bueno, menos da una piedra”, me resigné, entrando en el lóbrego establecimiento mientras pensaba que tal vez la susodicha hechicera podría proporcionarme un filtro que me convirtiera en princesa por un día y ganadora de la final de Operación Fracaso, o bien encendiera alguna vela negra a mis enemigos que los transportara de golpe a una dimensión desconocida con mucho llanto y crujir de dientes.
La dueña del establecimiento me recibió con una aterradora sonrisa en la boca: cumplía todos los tópicos preceptos de apariencia que podían acreditarla como bruja de la peor calaña, con harapos negros malolientes coronados con un sombrero picudo, pelos de rata psicótica y verrugas y jorobas en los lugares más insospechados de su figura.
-¡Mmmmm, una clienta! ¿Qué se os ofrece, guapa? ¿Algún filtro de amor que os permita atrapar al noble más boyante de la comarca? ¿O tal vez un sortilegio de belleza inmediata?
Quise creer que su última pregunta respondía más a una estrategia de márketing que a una indirecta poco amable con mi persona, y me concentré en lo importante.
-Os contaré el problema y dejaré su solución a vuestro profesional criterio, buena mujer. Ahí afuera hay más o menos 500 hombres persiguiéndome con intenciones lesivas para mi físico y mi virtud, ésa que todas las mujeres debemos guardar como un tesoro. ¿Qué me aconsejáis, aparte de rezar a todos los santos del santoral para que intercedan con el diablo en que no me guarde el peor sitio del infierno?
Mi interlocutora pareció reflexionar y, por fin, se volvió y hurgó entre los polvorientos anaqueles a sus espaldas. Sacó una redoma llena de un líquido de color gris parduzco de aspecto nada apetitoso que parecía la última creación gastronómica de uno de los afamados cocineros del rey.
-Este preparado os dará la visión de los agujeros dimensionales que se hallan a vuestro alrededor. Están por todas partes, sólo que el común de los mortales son incapaces de verlos. Sólo tendréis que entrar en uno de ellos e imaginaros el sitio en el que deseáis estar. Son 10.000 maravedíes -cogí mi bolsa y la vacié convenientemente en las ávidas manos de la bruja, maldiciendo porque otra vez no iba a llegar a fin de mes-. Pero antes de que lo toméis debo advertíos que tiene efectos secundarios. Os convertiréis en una persona sensible al capricho de las leyes del tiempo y el espacio, y puede ser que en algún momento os encontréis en lugares donde no os apetece estar y en tiempos que ni siquiera deberían existir.
Pero ya la soldadesca llamaba a la puerta y no podía permitirme el lujo de dar la importancia debida a las palabras de la terrible hechicera. Así que me eché la pócima al coleto, de inmediato vi una especie de túnel nebuloso ante mí y me precipité adentro mientras imaginaba verme a las afueras de la aldea, donde había dejado mi cabalgadura. Dicho y hecho, en un santiamén me hallaba en el sitio indicado, con la bolsa y el estómago vacío y pocas posibilidades de que ambos se llenaran en breve, pero al menos aún en el mundo de los vivos, quién sabe por cuánto tiempo.
Pero a partir de entonces me suceden cosas extrañas. Cuando más tranquila estoy me veo arrastrada por el túnel a un mundo que no me gusta nada. En él me encuentro secuestrada en el cuerpo de una personaja cuyo nombre empieza por la misma letra que el mío, pero ahí se acaban todas las semejanzas, cuya vida es tan penosa y está más explotada laboralmente que los esclavos del lugar de donde vengo. En este país y en esta época, llena de sorprendentes aparatos en uno de los cuales estoy escribiendo este testimonio, la Iglesia Católica no sólo no ha perdido un ápice de su poder e influencia, como augurábamos optimistamente l@s compañer@s de batalla en nuestras charlas tabernarias al atardecer que sucedería en el futuro, sino que lo ha aumentado, y hay que consultarla en todo, desde legislar supuestamente en bien de l@s ciudadan@s hasta liberar a unos presos a los que llaman “políticos” y que parece que sólo están en algunos países, curiosamente los que tiene sistemas de gobierno menos absurdos. Dicen que hay crisis económica y que la gente no tiene trabajo, que se impone la austeridad presupuestaria, pero en lugar de recortar gastos en aviones privados y lujos asiáticos de los dirigentes de la política y la economía lo hacen en servicios a la población, que a su vez podrían ser una fuente de empleo, lo que generaría más consumo y redundaría en el beneficio de estos empresarios que parecen tan intocables y que se quejan sin parar, aunque la mayoría no cesa de declarar que han tenido beneficios a pesar de esta situación; al contrario, parece que esperan que sean los que menos tienen los que salven la situación, cosa que no tiene ningún sentido, y además de bajarles los salarios les suben los precios. Aunque teóricamente está permitido que las personas dejen de trabajar un tiempo (se denomina “huelga“) para luchar contra situaciones laborales abusivas, en la práctica se les recorta el sueldo, se les obliga a unos servicios mínimos que equivalen casi a no hacer huelga y encima se les acusa de tener intereses políticos detrás, con lo que esta opción de protesta se ve dificultada enormemente. Nadie parece estar preparado para el puesto que desempeña y se toman decisiones peregrinas, como prohibir las únicas opciones que mujeres oprimidas por religiones tan estúpidas como la católica salgan a la calle y se relacionen, y todo ello alegando el bien de la mujer. Y eso sin mencionar que parece que a mayor grado de delito y peligrosidad social también es mayor la impunidad judicial.
Y yo que pensaba que la época de la Peste Negra y de las guerras interminables eran malos tiempos… Estoy empezando a pensar que tal vez no hubiera sido tan terrible que me atraparan los soldados.




















