Bosque de Brocelandia

Combates y aventuras en un mundo hostil

Archivos para EUiA

La última cruzada (I)

San Juan de Acre, 1 de abril de 1291

Se podría pensar que el tema de dar saltos entre el pasado y el futuro me puede dotar, cuando estoy en el primero de esos estadios temporales, de conocimientos acerca del porvenir que me pueden ser muy útiles. Nada más lejos de realidad: puedo
recordar las vicisitudes del siglo XXI, tal vez porque esa locura de época ha
pasado también a formar parte de mí, pero si ahora me preguntáis qué va a
suceder el mes que viene, tendré que deciros que no tengo la
menor idea. Y sin embargo, no se necesita ningún poder especial, ni tampoco mucha
inteligencia, para comprender que esto se va a ir a la mierda en breve.

A mi alrededor, Tierra Santa se despliega, armada de desiertos infinitos. Hace días que me encuentro aquí, en busca de algún mercader con problemas de seguridad al que pueda ayudar a sentirse más protegido, aunque solo sea aligerando su bolsa para
que corra más rápido. Los negocios (que no el placer, no os vayáis a
pensar) me obligan a frecuentar las diferentes tabernas de San Juan de Acre,
pues nada mejor que una jarra de vino para cerrar un trato. Y en eso estaba
hace unos segundos, cuando un inesperado fantasma de anteriores días se me
presentó de sopetón. La taberna fue ocupada por una patrulla templaria, de esas
que vigilan la ciudad en previsión de los más que seguros ataques sarracenos;
el hecho no era sorprendente en sí mismo, porque ¿en qué lugar del mundo es más
sencillo que te encuentres con un templario? Acertó usted, señor. Esos
cabrones, cuando no están en el campo de batalla cortando todo tipo de miembros,
o en sus encomiendas sentando las bases del capitalismo, no hacen más que beber
como auténticas esponjas. Y qué aguante tienen los jodidos… pero vayamos al
grano: lo que más extrañó en la llegada de esa comitiva fue que la integraba un
viejo conocido mío, del que pensaba que había dejado la orden hacía mucho
tiempo.

Me froté los ojos. Comprobé el nivel de mi jarra de vino, todavía no lo suficientemente vacía, ante los intrigados ojos de mi futura víctima de negocios. En ese momento aún guardaba algo de inocente fe en las promesas de mis congéneres humanos, y di en pensar que me estaba equivocando; en realidad, eso no hubiera sido de extrañar: venía de pasar no sé cuántas semanas en una galera aragonesa, soportando las condiciones higiénicas propias de los barcos medievales y que mi acostumbramiento a las maneras del siglo XXI había hecho que dejaran de resultarme corrientes. Probablemente había cogido el escorbuto, la peste, el cólera o alguna otra enfermedad terrible, y ahora estaba delirando por la fiebre. Aunque, si me paraba a pensar, en mi travesía marítima hubieron detalles peores que todos esos pequeños problemas sanitarias. Y para comentároslo tengo que retrotraerme a unos meses antes.

Pues sí: a finales del invierno de 1291 andaba yo por el puerto de Barcelona contemplando las velas de las naos agitarse por el viento y, menos románticamente, buscando curro, cuando me tropecé como una pareja bastante singular: eran dos mercaderes extranjeros, uno con claro aspecto escandinavo y más feo que un pecado mortal con excomunión incluida, y el otro, no mucho más atractivo y encima aquejado de un grave ataque de acné, cuyos indiscutibles rasgos centroamericanos hicieron que mi mente entrara en un vacío espacio-temporal. Que yo sepa, faltan aún dos siglos para que se llegue a América, pensé.Aunque tal vez aquella
historia de que los vikingos fueron los primeros en visitar el continente cuya
parte norte Colón cometió el error de descubrir no iba tan errada. La pareja en
cuestión se detuvo ante mí.

-Eowyn de Camelot?

-La misma.

-Qué suerte. Te estábamos buscando. Hemos oído hablar mucho de ti. Tienes el perfil
profesional perfecto que andamos buscando.

Bueno, no se expresaron de esta manera, obviamente, pero más o menos eso es lo que vinieron a decir. Aquello no me inspiraba ninguna confianza: ya sabrán mis contados lectores que cuando alguien me alaba laboralmente es que suelo hallarme en la antesala de algún trabajo en condiciones de semiesclavitud. Pero un
curro es un curro, y llevando días como los llevaba obviando la saludable
costumbre de comer y beber con asiduidad, no iba a hacer ascos a nada que
propusieran, ya fuera fusilar a Zapatero en la Plaza de las Ventas, prostituirme con Russell Crowe o ceder mi twitter al PP (bueno, esto último, la verdad, no). Así que acompañé a los disímiles comerciantes a la taberna más próxima donde, después de invitarme a un plato de alta cocina medieval (o sea, una sardina en mitad de un plato
grande adornada con unas bolitas de pan sometidas a un proceso de mohización) y
a un  menguado zurito de vino, me explicaron con detalle el proyecto para el cual requerían mis servicios.

-Hemos de viajar a San Juan de Acre por negocios. Y, tal como está el panorama, necesitamos protección. La mercancía que transportamos ha de llegar a nuestros clientes en perfecto estado, y nosotros también, chiaro –en
los días sucesivos tendría la oportunidad de ver cómo su discurso de cerrado
acento germánico venía siempre plagado de expresiones en italiano; supongo que
pensaban que eso les hacían parecer más in-. Durante la travesía realizaremos también negocios con otros comerciantes, y para esos menesteres siempre va bien la presencia de una mujer hermosa que dé lustre a los tratos, y si es tan hábil con las armas como cuentan de ti, será la combinación ideal. Bueno, la verdad es que no se te ve muy favorecida con esa cota de malla, pero un buen vestido y unos pocos afeites pueden hacer milagros.

La mención de San Juan de Acre tuvo la virtud de hacerme olvidar el poco amable comentario de Karl, el rubio, y la amenaza de que iban a vestirme como a una princesita y a utilizarme como a un objeto sexual. Yo ansiaba ir a Tierra Santa de nuevo; la había visitado ya en dos ocasiones, y aquellos extensos desiertos dorados, que podía recorrer días y días con mi caballo sin cansarme nunca, me habían robado el alma; necesitaba verlos de nuevo. Así es que me embarqué en la galera, pensando que tal vez había encontrado el trabajo definitivo al lado de aquellos comerciantes viajeros.

Pero nada más lejos de la verdad; como siempre.

En principio, el sueldo que me habían prometido quedó convenientemente adelgazado al descontársele la manutención, los traslados, la paja de mi caballo, el alojamiento de animal y dueña, los productos necesarios para el mantenimiento de mis armas, el desgaste del suelo del barco por mis espuelas y el grave hecho de que mi italiano, según ellos, era deficiente, y eso, en una época de donde los negocios y la
cultura hablaban la lengua de Dante, era claro merecimiento de una bajada de
categoría profesional. Para seguir, me vi relegada en un minicamarote compartido
por todos los sirvientes tan mal pagados como yo de la pareja, en las peores
condiciones de hacinamiento y compartiendo hasta la bacinilla de hacer las
necesidades, lo cual me llevó a irme con mi manta a un rincón de la cubierta
donde pudiera tener un poco de intimidad, aunque eso implicara dormir a la
intemperie y sufrir los embates de los posibles temporales. Por si fuera poco,
las maravillosas tareas de protección que parecían haberme encomendado se transformaron en ir a hacer de correveidile entre los diferentes hombres de negocio
medievales que viajaban en el barco, para convocarles a reuniones que siempre
se terminaban aplazando o cancelando, por cuya razón luego encima era yo la que
tenía que disculparse: y es que los jefes estaban demasiado ocupados en
dictarme, cual si yo fuera su secretaria, planes de organización del tiempo, para
que les sobraran horas en las que realizar las tareas que esos planes
contemplaban (después, además, de interminables reuniones intentando hacer un
orden de prioridades en el trabajo), mientras los posibles futuros compradores o colaboradores les esperaban dando furiosos paseos entre el castillo de proa y de popa. Vamos, como las empresas españolas contemporáneas, sin ir más lejos. Karl, zafio y vulgar como el más primitivo tópico vikingo, no dejaba de darme consejos sobre moda y supervisaba al dedillo cada detalle de mi atuendo de princesita en las cenas de negocios (lo cual en un tío cuya idea de elegancia consistía en coserse un par de piedras preciosas a ropa comprada en los mercadillos que se improvisaban a
la entrada de los hospitales con ropa de los muertos era poco menos que
surrealista), y Gustaf, un obsesivo-compulsivo de aspecto escuálido y enfermizo
y del que sospechaba que no había cogido una espada en la vida, entre otras
cosas porque dudaba de que hubiera podido sostenerla, me sometía a exhaustivos,
tediosos e infinitos exámenes con la excusa de “repasar mis conocimientos
de armas” de cara a un posible ataque, cosa que me hacía sentir como si hubiera
vuelto al colegio. Pero cuando, afortunadamente ya entrando en el puerto de
destino, me requirieron para que tirara sus lavazas, consideré que ya había
llegado el punto de no retorno.

-A la mierda -me reboté-. Una ya lleva muchos de experiencia sobre sus espaldas y varios másters en Armamento, Lucha y Seguridad del Mercader Medieval para esto. Quedaros ahí con vuestras manías y ponerle vuestros vestiditos de princesa a vuestra madre, si es que no os abandonó en alguna cuneta cuando vio vuestra cara de memos por primera vez. Yo me largo. Hala, que os den, o si lo preferís, vaffanculo –y sin ánimo de perder un minuto, salté a una de las barcazas que se dirigían hacia la costa dejándoles en cubierta con dos palmos de narices.En todo eso pensaba cuando vi entrar por la puerta de la taberna a mi viejo compañero de armas, de nuevo con el hábito de la cruz y bajo las órdenes de aquel papa bajo cuya bandera había prometido no servir jamás, y cuyos descendientes contemporáneos visitan Madrid entre una horda de peregrinos agresivos bajo las loas del TDT Party. Mi mundo conocido se está desmoronando, pensé. Los cruzados se emborrachan en las calles de San Juan de Acre sembrando el caos y asesinando musulmanes, como unos Anglada cualquiera, pidiendo a gritos que los sarracenos nos invadan y protegidos además por la autoridades; los gobiernos nos han vendido como esclavos a los mercados para pagar el rescate de su ambición y cobardía, y ya ni se molestan en disimularlo; IU firma acuerdos con ICV asumiendo que van a utilizar sus votos y luego les van a enviar a pastar, con la aquiescencia de la militancia, y encima el XIV Congrès del PSUC-viu les avala; y por si fuera poco este gilipollas está buscando que le quemen en la hoguera volviendo a trabajar para el poder establecido.Pues lo siento: después, cuando esté jodido de verdad, que no se acuerde de mí. De hecho, cuando todos los aterrados, inmovilistas y votoutilitaristas estén jodidos de verdad, que no se acuerden de los que les previnieron que eso iba a pasar (sigue).

Nada nuevo sobre las elecciones y los regalos

El PP no ha ganado; el PSOE sí se ha hundido, hasta que la alternancia en el poder de esta dictadura bipartidista lo vuelva a encumbrar. Los verdaderos triunfadores de estas elecciones han sido (y desde luego la abstención) la codicia, el miedo y la ley electoral. En las entradas que detallo al final lo explican mucho mejor de lo que pueda hacerlo yo. Y sobre lo que ha de hacer IU en los lugares donde es decisiva y en cuanto a los regalos al PP, creo que se ha demostrado sobradamente con la política del PSOE de los últimos años (durante los primeros tuvo que hace el paripé de que se trataba realmente de un partido de izquierdas para salvar la ficción de que el ciudadano español es libre de elegir entre dos opciones diferentes, solo dos, por eso) que regalar algo a uno u otro partido del régimen español es solo cuestión de formas, y que el posible programa lleno de mejoras sociales que el PSOE podría poner sobre la mesa de IU será tan papel mojado como aquel “os garantizo que el poder no me va a cambiar”. Solo un consejo a los negociadores de mi partido: no os dejéis engañar por la esperanza de influir dentro de gobiernos municipales o autonómicos si no queréis que os pase como a la EUiA del tripartito catalán (¿EUiA estaba en el tripartito catalán?, me preguntaréis: eso es exactamente lo que quiero decir. Vamos, si ni siquiera ICV pudo hacer algo, excepto el ridículo, claro). Sobre todo, desde que el 15M ha demostrado que la calle puede ser mucho más poderosa.

Más y sobre todo muchísimo mejor
Ceronegativo
Quien mucho abarcaEl blog de Fran Rey
La Rueda del Tiempo

Hoy reflexión, mañana acción: porque en España está saliendo el sol

“Las batallas hay que darlas, se ganen o se pierdan. Hay que darlas por el hecho mismo de darlas”. Esta frase de José Luis Sampedro ha sido mi lema desde el inicio de mi vida consciente: la lucha por su valor en sí misma, la lucha por la dignidad, la lucha para demostrarles que nunca acabarán con nosotr@s, que, incluso herid@s y pisotead@s, nunca estaremos callad@s. Hoy se supone que tenemos que reflexionar, una reflexión que deseo y deseamos activa, esperanzada, valiente. Y mañana, seguiremos. Hemos salido a la calle; quizá nos echen de ella. Tal vez nos repriman con violencia, o, lo que es peor, tal vez nos repriman manipulando nuestras ideas, utilizándonos, de alguna manera, para perpetuar el sistema. Debemos estar preparados para esas caídas, no es la primera vez que ha pasado, y sobre todo debemos estar preperados para volver a levantarmos, para volver a tomar las calles, ahora y siempre. Para hacer de la lucha el objetivo de nuestra vida, porque siempre hay y habrá algo por lo que luchar. Porque “eso nos junta y eso nos ratifica”. Porque eso nos hace humanos. Verdadera y realmente humanos. Adelante.

Una lista de los blogs que también reflexionan y actúan, aquí.

IU, el 15-M y la verdadera política

No es una nueva manera de hacer política; al contrario. La “nueva manera de hacer política”, nueva pero ya vieja, es hacer lo que se ha venido haciendo desde hace ya demasiados años, subvirtiendo la noble definición original (“la actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad“) de esta palabra: algunos denominaron “hacer política” a facilitar los objetivos de los mercados a cambio de un buena porción de lucro y empoderamiento personal. Y con esa manipulación de conceptos, cuyos siguientes pasos fueron llamar “democracia” a la defensa de las potencias, denominar en muchas ocasiones “terrorismo” o “activismo violento” a la lucha por la justicia social, y crear el desvergonzado oxímoron “guerras humanitarias”, se nos ha engañado miserablemente, se nos ha llamado a la quietud y al desánimo, se nos ha negado toda esperanza como si estuviéramos a las puertas del infierno de Dante, haciendo que la gente identificara la política como un baldío y fingido duelo de insultos de unos cuantos aprovechados que en realidad estaban de acuerdo en lo importante, jodernos y enriquecerse. Nos habían hecho olvidar, interesadamente, que la política la hacemos todos, que nuestra función no es solo ir a votar cuando toca, sino vigilar el cumplimiento de las promesas electorales y, de no ser así, salir a la calle . Hasta que llegó el 15-M. Hasta que despertamos. Y ya no volveremos a dormirnos. Y ya nadie nos va a sacar de la plaza.

Dice mi misterioso compañero de La Cueva del Templario que la solución no son los votos. Yo matizo: la solución no son solo los votos. Personalmente, esta bloguera milita en un modesto aunque histórico partido, el PSUC-viu, encuadrado dentro de EUiA y, mal que me pese, en coalición con ICV, y os puedo asegurar e incluso jurar que no tenemos nada que ver con la acepción “malvada” de la política. Somos un partido de hombres y mujeres que han defendido desde siempre todos y cada uno de los principios del 15-M (inspirados por gente afín o incluso por miembros de nuestras organizaciones), y que lo único que sacamos de la política es muy pocas horas libres y la satisfacción de un deber cumplido, de estar luchando por lo que creemos. Uno de los ejemplos que tengo más cercanos es la campaña de ICV-EUiA de Vilanova del Vallès con Sergio Tena como cabeza de lista: con un presupuesto prácticamente simbólico, y gracias a la implicación y al esfuerzo de los integrante, se ha conseguido hacer una campaña tan incisiva como divertida que estoy segura que habrá calado en los habitantes de este pequeño y agradable pueblo del Vallès Oriental, en plena Serralada Litoral y rodeado de vestigios históricos, naturaleza y misterios. Y creyendo fielmente en la organización en la que milito, a pesar de que no siempre soy muy partidaria de sus compañeros de viaje, os pido el voto para ell@s: en estas Elecciones Municipales 2011 votad a IU y a EUiA, os lo aconsejo, si queréis que se haga todo lo humanamente posible por instaurar las reivindicaciones del 15-M; y, por favor, no quedaos ahí. Haceos protagonistas de la política, habituales de la calle y, si habéis seguido mi consejo y las personas a quienes defiendo os fallan (aunque no lo creo en absoluto), venid a decírmelo: yo personalmente iré a darles una buena patada en el culo… espero que con vuestra ayuda.

Uno de los actos de la candidatura a los que no podéis faltar
Acte final campanya municipals 2011 Mollet

Clicad aquí si queréis saber más de la Acampada per la Dignitat de la plaça Catalunya.

Y aquí una lista de tod@s l@s adheridos a esta lucha colectiva.

Mi vida contigo, IU-EUiA

Fue la culminación de un proceso que se había iniciado (en territorio hostil) cuando era niña, gracias a lecturas que primero cayeron casualmente en mis manos y luego busqué con ansia y deleite, y que tuvo su momento decisivo a mis 14 años, cuando me coloqué a mí misma la etiqueta de comunista y comencé a presumir de ello (inciso: para mí ser comunista siempre ha sido un motivo de orgullo, tal vez de los pocos que puedo alegar, y toda mi vida he pensado que muchas de las personas que no compartían este punto de vista era, sencillamente, porque desconocían lo que significaba el comunismo). Recuerdo una cabina telefónica en la Via Laietana del Barcelona que me condujo a un local situado cerca del barrio de Can Serra, en L’Hospitalet; era el invierno de 1995, y una amable compañera llamada Beni me presentó los documentos que certificaron como militante de Iniciativa per Catalunya… el referente por aquella época de Izquierda Unida en esta mi comunidad autónoma.

Y desde entonces, en L’Hospitalet, Barcelona, Mollet… recuerdos de largos periplos de enganchada de carteles, batallitas de la clandestinidad que yo siempre estaba dispuesta a escuchar, compañeros y compañeras inolvidables más válid@s aún como seres humanos que como militantes, noches electorales llenas de tensión, tristeza o júbilo, manifestaciones con carreras incluidas, ajetreados cierres de revistas, enriquecedores intercambios ideológicos, en suma, compañerismo, sentimiento de permanecer, y contribuir en la medida de mis posiblidades, a un serio y ilusionado proyecto del otro futuro posible.

Y, cómo no, también recuerdo otras cosas: históricas banderas cogiendo polvo en los almacenes, derivas a la derecha (de algunas de ellas pudimos salir), sistemáticos intentos de transformar el movimiento en una izquierda políticamente correcta y descafeinada con censura hacia los que se mantenían fieles al proyecto original, alianzas que no parecían tan desafortunadas en un principio pero resultaron serlo, y que ahora extrañamente nos negamos a abandonar, falta de voluntad, o falta de habilidad, de conseguir la unidad de las izquierdas de este país.

Y después de tantos años juntas, tras nuestro novelesco comienzo digno de un serial radiofónico franquista en que para estar contigo tuve que desafiar a mi nada izquierdista familia, ¿que puedo decirte, compañera IU, a punto de cumplir tus 25 años de vida? Que sin embargo te quiero, con un amor más derivado del roce que no de la pasión, más amistoso que no romántico, a pesar de tus defectos porque en este contexto no puedo decir que incluso gracias a ellos, y asumiendo mi parte de culpa, y la de tod@s, en la evolución negativa de esta relación.

Y soñando tal vez en ese punto, en el marco tal vez de un viaje iniciático, en que tú y yo podamos recuperar los proyectos y las ilusiones del principio, aprendamos a cuidar nuestra unión y nos comprometamos a intentar fallarnos mutuamente lo menos posible. Yo voy a estar ahí… si tú estás por la labor.

Fiesta 25 Aniversario de Izquierda Unida

Fiesta 25 Aniversario de Izquierda Unida

Más y mejor info sobre el tema en los blogs listados en este post y aquí.

Una temporada en el infierno (de la explotación laboral) (II de III)

(viene de) Además de vernos asediados por los microorganismos menos amables, de cuando nos asaltaban personajes vestidos de comerciantes que agitaban largas listas ante nuestros ignorantes ojos: descubrimos que el señor Adolfo tenía tantas deudas que le habían embargado el campamento, las armas, los caballos, y hasta la ropa interior que llevaba puesta (lo cual requería muy pocos escrúpulos, y no hablo ahora de escrúpulos morales, según veremos después), según él debido a los numerosos enemigos que se aprovechaban de su bondad y a los envidiosos que le odiaban debido a su maestría con los instrumentos bélicos y a su apostura personal. Las armas con las que pretendía que hiciéramos un buen papel en los torneos estaban estropeadas, mohosas y casi deshechas, y las pocas un poco aparentes se debían a la generosidad de un compañero de torneos de mejor fortuna. El rancho que se nos servía un día no y al otro tampoco era tan reducido en cantidad como en enjundia, y me vi obligada que recurrir a mis exiguas reservas monetarias para que mis femeniles curvas no perdieran su (menguado) poder de convocatoria ante el otro sexo; problemas alimenticios que no parecían afectar a nuestro jefe, al cual cada día se le veía más obeso y coloradote, y cuyos encargos a las tabernas que jalonaban nuestro camino eran progresivamente más abundantes. Por si fuera poco, de los “sustanciosos honorarios” que se nos habían prometido no habíamos visto ni un maravedí, la legendaria habilidad torneística de nuestro capitán era más irreal que la pericia política de los presentes y pasados gobernantes españoles (hubieran sido patéticas de no haber resultado cómicas las constantes caídas en el barro de su oronda, y fofa, humanidad antes de que hubiera podido ni siquiera embestir a un contrincante), lo que convertía a los esfuerzos del resto del escuadrón de hacer un papel regularcillo en denodados y casi infructuosos; claro que estos fracasos se debían totalmente a nuestra inutilidad y holgazanería, como no tenía inconveniente en declarar ante los espectadores con más poder adquisitivo, tal vez futuros organizadores o patrocinadores, o sea, clientes, en un alarde de profesionalidad. Eso cuando no echaba la culpa a los guerreros de origen morisco o judío, responsables, según él, de que se hubieran perdido las formas caballarescas en los torneos y de la inseguridad en los caminos.
-Eso es habitual –me indignaba yo-. No es la primero que veo cómo la gente justifica su fracaso acusando al otro, al diferente. No hay nada mejor para atizar el ardor guerrero de los autóctonos que difundir todo tipo de rumores falsos sobre los recién llegados. Las personas deberían de convencerse de una vez que la única patria a la que debemos fidelidad es la explotada ciudadanía, y los únicos extranjeros de costumbres diferentes e incompatibles con los nuestras son la maldita raza de los explotadores. Compañero, no dejemos que nos arrastren a esta trampa –él asentía.
Y así transcurrían los días en ese nuevo trabajo mercenario, del que de momento no veía la opción de ser rescatada (aunque si lo que me esperaba era un rescate como los de la Unión Europea con algunos países, más prefería el secuestro), sobrellevando como podía las precarias condiciones laborales mientras intentaba, como llevo haciendo desde tiempo, no dejar que la agresividad me cegara en el campo del batalla y resultar eficaz sin ser sanguinaria; ya había demasiada violencia en el mundo, sobre todo, y vergonzosamente, hacia las mujeres, y aunque era tentador aprovechar las armas físicas y virtuales que tenía a mi alcance para autonombrarme ángel vengador de mi sexo, no pensaba caer tan bajo como algunos integrantes del opuesto ni pensaba que fuera aquella la solución.
Pero aún no había llegado lo peor.
Una noche en que mi colega había sido oportunamente enviado a hacer un recado, nuestro amado general en jefe me hizo llamar a su tienda. Obedecí a regañadientes, imaginando que me requería para una de sus sesiones de batallitas, en las que solía enseñarme ruinosos pergaminos que atestiguaban logros militares obtenidos en batallas remotas, que él insistía en presentar como muy recientes como si creyera que todo el mundo tenía tan poca memoria como él (a lo mejor sospecha que en la España del siglo XXI el recuerdo está castigado por la justicia mientras la corrupción se premia) y no pareciendo ver que aquellos patéticos testimonios escritos se caían de viejos; yo me preguntaba cuánto había pagado al falsificador que le había hecho el trabajo, porque ni en mis más optimistas pronósticos podía aceptar que aquel ser hubiera sido en alguna ocasión un guerrero respetado, hábil y honesto, a pesar de la degeneración cronológica a la que todos estamos expuestos. Me hizo pasar y me indicó que tomara asiento. Una vez acomodada, me espetó:
-¿Eres feliz aquí, Eowyn?
Yo me encogí de hombros dirigiéndole una irónica mirada; hacía tiempo que había decidido hablar claramente con él, para bajadas de pantalones ya tenía suficiente con las de algunas asambleas de EUiA con ICV en la campaña para las elecciones municipales de España 2011.
-Bueno, si obviamos lo poco apropiado de nuestros aposentos, la escasez y reducida calidad del alimento, el incómodo ambiente de trabajo y el hecho que desde que estoy aquí aún no he visto un triste céntimo de maravedí, aparte de otras cosas que no tengo ganas de relatar ahora, sí, se puede decir que soy razonablemente feliz. La religión cristiana nos enseña la paciencia y el sacrificio, y a fe mía que en este empleo dispongo de sobradas ocasiones de practicar estas virtudes.
Él meneó la cabeza con expresión de seguridad, quitando importancia a mis quejas.
-Todo eso cambiará en breve, te lo prometo. El escuadrón ha atravesado un bache, producido por la envidia y la maldad de mis contrincantes -bla bla bla, ahorro a l@s lector@s la ya cansina cantinela-, pero estoy en camino de solucionarlo todo –al ritmo que íbamos, yo calculaba que le faltaban unos dos siglos para poder solventar sus deudas, y otro más para estar en situación de pagarnos a nosotros, pero joder, la esperanza nunca ha de perderse-. Ya te dije que tengo mucha confianza en tus aptitudes, muchacha. Estoy rodeado de inútiles, pero sé que con una mujer como tú a mi lado podría hacer grandes cosas. Eres exactamente la compañera que necesito –mientras decía estas palabras, iba a aproximándose a mi asiento con expresión lúbrica, al tiempo que yo miraba en torno mío considerando con desesperación las posibles salidas-. Contigo a mi lado, el éxito en los torneos estaría asegurado y conseguiríamos fama y riquezas inimaginables –se acercaba más y más, dejándome constatar que la deficiente higiene de sus posesiones se extendía también, y no veas de qué manera, a su persona; yo estaba a punto de morir intoxicada; al menos los vapores de alcohol que exhalaba su aliento, aunque desagradables, tal vez supondrían un antídoto contra tan infecciosas miasmas-. Tú solo acepta y el mundo estará a nuestros pies… Tienes tanto talento y eres tan hermosa –al parecer, a sus numerosos defectos había que añadir el mal gusto-… aunque he de añadir que me gustabas más cuando te conocí; últimamente te estoy viendo un poco flacucha y tus encantos femeninos desmerecen.
-No me explico a qué puede ser debido –fingí irónicamente ignorancia mientras me apresuraba a levantarme… bueno, por lo menos el interfecto había aludido a mis merecimientos profesionales, y no solo a mi supuesto valor como trozo de carne. Pero no era consuelo-. Gracias por el ofrecimiento, si me lo permites voy a consultarlo con la almohada. Hala, a pasarlo bien –desaparecí a toda velocidad por la puerta y regresé a mi infecto cubil, donde afortunadamente ya me esperaba mi compañero. Sin dejarle ni siquiera darme la bienvenida, le solté.
-Nos largamos. Ahora. Sigamos el ejemplo de las revoluciones de los países árabes y de olvidadas como en Chile y enfrentémonos al explotador, aun a riesgo de una intervención imperialista como de Libia que acabe con nuestras legítimas ansias de libertad y comida y garantice el suministro de petróleo a los países occidentales. No necesitamos una consulta independentista de esas tan lícitas pero con las que los poderosos distraen al pueblo de sus verdaderos problemas, nos independizamos solos con dos pares de gónadas, aunque Aznar quiera declararnos la guerra al igual que a las autonomías españolas y al comunismo cubano. Mi resignación cristiana y mi sentido práctico tienen un límite. Puedo aguantar verle a todas horas repantigado en su jergón vestido con esa camisa cuya mugre tiene hasta círculos concéntricos que delatan el milenio en el que se depositó allí, mientras os obliga a realizar las tareas más serviles y a cortar leña con piedras porque ni de una triste hacha dispone; tener que hacer de chófer de las prostitutas que contrata sin cesar en los pueblos que atravesamos, y que han de estar bien desesperadas las pobres para aceptarlo como cliente; presenciar cómo sus maleducados hijos que en el futuro superarían con creces cualquier exageración sobre la generación Nini se pasean por el campamento destrozando en sus estúpidos juegos las pocas armas que tenemos para trabajar sin que ese imbécil se digne a reñirles lo más mínimo; incluso toleraría que nos veamos forzados a acoger un día más a ese asqueroso chucho en nuestra tienda para que, según el jefe, “no esté solito”, pero lo de hoy ya raya el surrealismo. ¿Pues no ha tratado el muy gilipollas de tirarme los tejos? Ahora entiendo por qué no me hacía trabajar tanto como a vosotros: me tenía reservada para otro tipo de tareas de índole aún menos digna.
Mi compañero se levantó de inmediato.
-Si tu virtud está en peligro, desde luego que nos vamos. Aunque sea con las manos vacías.
-Bueno, no es tanto mi virtud lo que me preocupa, para solventar problemas de este tipo ya me basto solita, sino mi salud física. Otro acercamiento como este y tendrán que hacerme un lavado de estómago. En cuanto a mi salud mental… hay espectáculos cuya visión hace perder la razón al más equilibrado, y el de ese amorfo personaje mirándome con los ojillos llenos de lujuria es un buen ejemplo. Pero no te preocupes sobre lo de irnos con las manos vacías; mientras trataba de escapar de sus asechanzas me ha parecido entrever algo en un rincón de la tienda. Espera a mañana, y cuando esté distraído supervisando los entrenamientos o haya salido a hacer su cotidiana estancia matutina en las letrinas, te lo enseñaré.
Dicho y hecho; a la mañana siguiente aprovechamos el momento en que el señor Adolfo desapareció para echar una siestecita bajo los árboles, otra de sus industriosas costumbres diarias, para entrar en su tienda. En un rincón, tras toneladas de desorden e inmundicia, se hallaba lo que me había parecido vislumbrar la noche anterior: un escudo nuevecito, una lanza reluciente y una silla de montar, amén de otros útiles para la vida aventurera de los caballeros y las damas guerreras errantes que nos serían muy convenientes. Me dirigí a mi compañero:
-Quédate con la silla, la tuya está en unas condiciones lamentables.
-Gracias. Creo que tú necesitabas un escudo.
-Sí. El mío no es compatible con los nuevos modelos de espadas. Estos herreros medievales… y eso que aún no conocen la obsolescencia programada. La lanza también nos la llevamos, que siempre va bien. Anda, arreando.
Guardábamos nuestro botín en las alforjas de nuestros caballos, cuando nuestro dueño y señor salió de la espesura del bosquecillo, preguntándonos con uan expresión que no acertamos a definir:
-¿Qué es lo que se supone que estáis haciendo? (sigue)

 

El senador, el acuerdo, su mujer y su amante

Joan Saura ha de ser senador. Me parece muy bien. En el Senado sus ideas iluminadas y absurdas, su impericia como gobernante, su soberbia en aceptar un cargo que le venía grande, pasarán sin pena (para nosotros, afortunadamente) ni gloria (tampoco iba a tenerla en otro lugar); además, estará bien colocado, recompensado por los servicios prestados, y por los no prestados, económicamente también, claro, y así ICV se verá libre de un problema más, ahora que el panorama no es tan alentador como hace cuatro años.

Joan Saura ha de ser senador. Y EUiA ha de agachar la cabeza y rendir pleitesía a su señor feudal. Los tiempos son difíciles, le dice el empresario al obrero mientras agita antre sus ojos el adelgazado finiquito. Los acuerdos han de cambiar porque la situación es otra. Y me pregunto yo: cuándo la situación fue “una”? Cuándo ICV respetó algún acuerdo hecho con EUiA? Cuándo no jugó sucio con nosotros, no nos engañó con la promesa de prebendas, no nos separó, no nos desunió, no nos debilitó para que fuera más fácil vencernos y aprovecharse de nuestros votos y nuestro trabajo para luego dejarnos en la estacada de un gobierno donde nos obligó a ser sus cómplices en la inacción?

En ICV hay gente de izquierdas; hasta yo misma me sorprendo, pero es así. No están en la cúpula, evidentemente, sino en las bases, y el motivo por el que siguen en una formación que lo único que parece tener rojo o verde es su discurso, al más puro estilo ZP, es un misterio para mí. En ICV hay gente de izquierdas a quien respeto aunque no alabo el gusto, y en EUiA (e IU) hay gente de derechas: gente que margina y expulsa a sus propi@s compañer@s, esos elementos controvertidos que estropearían su imagen ante el espejo en el que quieren reflejarse, ICV y los que como esta organización transforman el loable deseo de algun@s de transformarse una izquierda más acorde con los tiempos en una verdadera traición al movimiento obrero.

Yo defendía el pacto con ICV: recuerdo acaloradas discusiones en mi asamblea de base (cuando aún tenía tiempo para asistir a ellas, qué tiempos aquellos) en que yo, en mi afán de conseguir la unión de la izquierda, abogaba por mantener los acuerdos a pesar de todos los golpes recibidos, argumentando que nadie podría hostiarnos si no queríamos recibir las hostias, e instando a l@s compañer@s a luchar por nuestro propio fortalecimiento para así poder imponer nuestras condiciones, y mostrándome contraria a la ruptura para no perder la útil representatividad para llevar a cabo nuestras reivindicaciones de una sociedad mejor. Pero ignoraba entonces dos cosas: que no se puede fortalecer lo que ha sido debilitado hasta las últimas instancias (se haya dejado debilitar o no, que eso es otra cuestión), que no se puede hablar de unión de la izquierda cuando una de las partes a unir no es izquierda, y que no existe representatividad cuando no se está representada.

Leí esta noticia; algun@s negaron la información y denigraron el medio, antes de que se supiera que era cierta, a pesar de estar mal planteada. Leí, digo, la noticia, y no me sorprendió que mis extraños compañeros de cama se quitaran de una vez la careta. Pero dudé de que este marido machista que es ICV se sacudiera a su mujercita EUiA, tan engañada, sacrificada, hacendosa y sumisa, y que seguirá poniéndose a mirar a Cuenca cada vez que él lo ordena. Por muy seductora que sea su amante, el poder, o quien quiera proporcionárselo.

Como siempre, será la mujer maltratada la que tendrá que dejar al marido explotador. Qué lástima que siempre lo hacen demasiado tarde y sin convencimiento: también han sido debilitadas hastas las últimas instancias.

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Una de vídeos: la (rarita) contribución de El Bosque a la campaña electoral catalana

Camaradas, aquí os presento unos interesantes documentos gráficos cuya inserción en este espacio se puede entender como una curiosa contribución a la campaña electoral de los comicios de Cataluña, tema sobre el cual no me pronunciado (que cada cual saque sus propias conclusiones) aunque l@s que me conocéis creo que adivinaréis el sentido de mi voto.

Disfrutad de ellos.

http://www.youtube.com/watch?v=bEbeMX9PG2A&feature=player_embedded

http://www.youtube.com/watch?v=GC02YRbtISo&feature=channel

http://www.youtube.com/watch?v=BdK2evqjJoA&feature=channel

http://www.youtube.com/watch?v=AXOWa-165uc

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