Bosque de Brocelandia

Combates y aventuras en un mundo hostil

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Con Jaume II vivíamos mejor (III)

(viene de) -Los Entenza están en guerra con los templarios de estas tierras desde hace décadas – me informó Isabel, más documentada que yo-. Temas de competencia en cuestión de negocios.

-Son unos villanos hijos de puta –corrigió categóricamente Guifré, que al parecer no les profesaba mucho afecto.

Aquello fue providencial para mis intenciones

-Pues adelante. ¿O piensas quedarte ahí mirando? –le espeté al hermano-. Pues vaya protector de damas indefensas que estás hecho. Anda, vayámonos para allá y liberemos a ese pobre anciano. ¡Si solo son tres! No seas gallina, hombre.

No hay nada como dudar del valor de un hombre para activarlo: los pobres se creen que el haber nacido con testículos les obliga indefectiblemente a tenerlo y demostrarlo, a riesgo de enorme maldición que caería sobre ellos y sus descendientes de no ser así. Aunque en realidad, y por distintos motivos, la treta también funciona conmigo. A veces yo misma me recuerdo al protagonista de la saga de Regreso al futuro, un adolescente al cual, para obligarlo a emprender cualquier tontería, sus enemigos solo tenían que pronunciar las tres palabras mágicas: “Eres un gallina”. Ya veis que cuando viajo al siglo XXI consumo cultura de calidad.

Pero volviendo a lo nuestro, los dos nos lanzamos por sorpresa hacia los carceleros del pobre campesino entre gritos de guerra y enarbolando las espadas. Guifré sacó una potente hacha de guerra que llevaba escondida en algún lugar de sus alforjas para cortar las cadenas que le aprisionaban, mientras yo distraía a los dos más adelantados, a la corta espera de que él acabara lo que tenía que hacer para ocuparse del otro, que ya se dirigía hacia nosotros. Todo parecía fastidiosamente sencillo, mucho menos de lo que requería mi espíritu después de tantos días de postración obligatoria. Pero ¿cuándo mi vida ha sido fácil y aburrida? Repentinamente, del bosquecillo circundante salieron cuatro caballeros más que no tardaron en acorralarnos, desequilibrando gravemente la ponderación de fuerzas y no precisamente a nuestro favor. Me recordaron a las hordas de maderos persiguiendo a grupos aislados de manifestantes durante el 23 de febrero de 2013.

-¡Ha sido una trampa! –rugió Guifré, entre mandoble y mandoble-. Esos cobardes hijos de Satán vieron que nos disponíamos a salir y nos han preparado una trampa. ¡Es su forma habitual de actuar!

-Las aclaraciones no sirven de mucho en estas circunstancias –filosofé yo, pues bien poco más podía hacer-. ¿Alguna otra idea genial? También podías haberme avisado antes, si ya los conocías.

-No pensé que atacarían habiendo personas ajenas al Temple –se disculpó-, pero por lo visto tienen muchas menos entrañas y más vileza de la que ya sospechábamos. Necesitamos un milagro.

Elevó los ojos al cielo justo cuando las espadas enemigas iban a ensartarnos como a banderillas sin acompañamiento de vermut a pesar de nuestros redoblados esfuerzos, y doy fe, y nunca mejor dicho, de que en aquel momento mi ateísmo estuvo a punto de quedar quebrado al menos para un par de días. Pues de pronto apareció una comitiva de caballeros de manto blanco cuyo número volvió a equilibrar las fuerzas, y no bastó más que eso para que los hombres de los Entenza huyeran despavoridos dejando abandonada la carreta ya vacía de su ocupante, pues este había escapado a toda la velocidad que le permitían sus caducas extremidades al verse libre. Yo sentí en la profundidad de mis entrañas el alivio que debía de experimentar aquel hombre en eso momentos, y la alegría que sentí estuvo a punto de dejarme sin respiración. Y es que últimamente tenía la sensación de estar viviendo un número demasiado repetido de derrotas sucesivas, y todavía pesaba en mi alma aquel aciago día en Acre cuando me vi obligada a presenciar escenas espantosas de degradación humana, que hasta entonces no había podido aceptar que existieran y que ahora era tan incapaz de olvidar como de escribir sobre ellas; aunque no creo que sea necesario. El sentimiento de derrota se había alojado en mi garganta desde aquel día, y a veces sentía como si un eterno sollozo luchara por brotar de ella, destruyéndolo todo a su paso. Tantas luchas había desarrollado, con esperanza, tanto aquí como en el siglo XXI, y de todas, prácticamente, había salido gravemente trasquilada, herida, desilusionada. Ni siquiera habíamos podido acabar con la guerra de Irak y ahora toda aquella destrucción era irrecuperable; aparte de aquello no había sido sino el inicio de una guerra general y multiforme que había pasado, adoptando diversas formas y presentando diversas graduaciones, por Túnez, Egipto, Libia, Europa, Siria, la Siria que yo tanto amo… Y que aún no se había detenido en África.

Pero, afortunadamente, algo me sacó, al menos momentáneamente, de tan amargos pensamientos. Uno de los freires que nos habían tan oportunamente socorrido, el más alto y el que parecía el líder de la expedición, se acercó a nosotros y se dirigió a Guifré, con un ligero acento que no llegué de momento a identificar:

-¿Estáis todos bien, hermano? ¿Ningún herido?

De repente, como si atisbara algo inusual por la comisura del ojo, se giró hacia mí y me taladró con la mirada. Una especie de asombrado sobresalto desfiguró las pocas facciones que podía distinguir por la abertura de yelmo; las mías debían de estar sufriendo un proceso parecido. Se adelantó un paso y exclamó con tono interrogativo:

-¡Eowyn…?

Fue entonces cuando reconocí, sin lugar a dudas, aquella voz. Por muy extraño que ello me pudiera parecer.

-¿Guilllaume! (continúa)

Tal vez los malos ya ganaron hace tiempo…

Tal vez el eterno tópico entre el bien y el mal no ha sido más que una cruel mentira: todo apunta a que los malos ya ganaron la batalla definitiva hace tiempo, quizá en el principio, y lo que creímos victorias, metas volantes de la historia bajo las que pasamos los primeros, solo fueron manipulaciones, traiciones, espejismos que, a pesar de toda la sangre que nos costaron, acabaríamos pagando caras o, al menos, perdiendo.

O tal vez, sencillamente, todo fue una estrategia para llegar a este punto: al inicio de un nuevo orden mundial digno de los seriales más apocalípticos, en que una mayoría sin recursos, sin educación, sirve esclavizada a una gran mayoría insultantemente opulenta e intocable.

Parece a veces que la inteligencia es patrimonio de los malos, una inteligencia errada y cortoplacista (pues la suprema inteligencia y el supremo egoísmo es la bondad), pero efectiva al no estar enturbiada por la empatía. Una inteligencia general que debe pactar con la estupidez particular de tantos aliados poderosos y necesarios (y eso lo sabemos muy bien los que sufrimos la política española), acrecentando su poder destructivo. Y lo peor es que la bondad también está comenzando a considerarse únicamente privilegio de los malos.

Porque lo más peligroso no es tener el poder, sino la voluntad de ejercerlo. Lo más peligroso no es ser fuerte, sino desear esa fuerza como arma de destrucción. Lo más peligroso no es la ambición, sino la falta de empatía hacia sus consecuencias. Lo más peligroso no es su miedo ni su fanatismo, sino el que nos inculcan.

Un panorama como para dejarse llevar por la desesperación. O por el inmovilismo. O no necesariamente. Porque tal vez este nuevo escenario exija nuevas estrategias: más sibilinas, más correosas. ¿Debemos entonces ser malos? Hay pocas escuelas que enseñen esta cualidad, dejando a un lado la escuela de la vida con sus métodos educativos incisivos pero erráticos, que no funcionan siempre o no funcionan adecuadamente. Aunque quizá no sea necesario; bastaría con copiar sus métodos. Con ser fríos a pesar de nuestro calor humano; con ser estratégicos a pesar de nuestra indignación impulsiva; con ser activos a pesar de nuestra desmovilización alimentada durante tantos años; con ser valientes a pesar de nuestro temor heredado pues, además, dentro de poco ya sí que no nos quedará nada por perder.

De esta manera, tal vez un día podamos subvertir un sistema ideado para que en él prosperen los malvados y estúpidos y perezcan los bondadosos e inteligentes, los que solo desean tener las necesidades básicas cubiertas, amar, reír y vivir en armonía con el entorno. Aunque ya sabéis que no va a ser fácil.

Profesiones emergentes de la crisis (gracias al PP y a CiU)

-Medievalistas: Para analizar los nuevos tiempos.

-Aborteros clandestinos: Para equilibrar la natalidad con los salarios, la cuantía de los impuestos, las nuevas tasas de la Injusticia y el nivel de ocupación (ojo: prohibido su uso si eres una “mujer de verdad” al estilo Gallardón).

-Inquisidores: Para aleccionar de una forma pacífica y respetuosa a las usuarias del anterior servicio. Imprescindible nociones de alimentación de hogueras.

-Curanderos: Una alternativa barata al desmantelamiento de la Sanidad pública.

-Traficantes de órganos: Especialmente útiles para los que no pueden costearse el traslado de la diálisis. También para quienes han de deshacerse de alguna parte de su cuerpo para pagar la hipoteca.

-Delator:  Tal vez no consigas un incremento de patrimonio inmediato, pero siempre va bien para quitarte de encima posibles competidores, o sencillamente al vecino que tiene un móvil más chulo que el tuyo.

-Cazarrecompensas: El siguiente estadio de la evolución del estado policial hispanocatalán (me pregunto qué precio pondrán a mi cabeza).

-Constructores de cámaras de gas: Pronto se darán cuenta que hay alternativas más rápidas e indoloras que quitarles la tarjeta sanitaria a los inmigrantes.

-Sepultureros: Para inhumar a las víctimas del genocidio social de manera expeditiva, limpia y silenciosa.

-Policías, muchos policías: Los vais a necesitar.

-Constructores de cárceles: Os harán falta muchas si queréis meternos a tod@s l@s que vamos a salir a la calle. Pero cuidado no vayáis a acabar al final vosotr@s dentro!

¿Por qué voy hoy a colgar una bandera republicana en un lugar público?

Pues por esto.

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Chicago (España), años 10

Y lo peor de todo es que hay gente que sigue pensando que facilitando el despido aumentarán las plantillas; que congelando los sueldos se incrementa el consumo; que suprimiendo ayudas a la cultura y la enseñanza, y al empleo, seremos un país más competitivo; que las grandes corporaciones internacionales crean puestos de trabajo de calidad y han de tener más facilidades que las pequeñas y medianas empresas del territorio; que convirtiendo España en un gigantesco casino, paraíso maloliente de mafiosos premiados con amnistías y leyes a su conveniencia, va a mejorar nuestra calidad de vida; que los cuatro fraudes en la prestación de desempleo son los que nos han llevado a esta situación, y no la evasión de impuestos; que somos los vasallos de Alemania y de lo que representa y le debemos pleitesía; que los dependientes que no puedan pagarse los cuidados han de ir a pudrirse a las cunetas; que la salud es para el que pueda pagarla (dos veces); que nuestros impuestos no han de revertir en protección y servicios, sino en sueldos de políticos fascistas y genocidas y en sus corrupciones varias; que ahorrar en protección de incendios en Galicia no va a a tener ninguna consecuencia; que con más ladrillo y más destrucción de espacios naturales se va construir la economía más saneada y sostenible; que la memoria de l@s que lucharon por un mundo mejor se puede sepultar quitando placas y nombres de teatros y borrando murales; que los que protestan contra este estado de cosas, a menudo jugándose la paz y la integridad física, son el verdadero problema y contra ellos valen todos los medios, sean policías infiltrados cometiendo atentados, violencia indiscriminada aunque sea contra menores o discapacitados, represión de denuncias de agresión policial o equiparación penal con terroristas (¡y ellos se atreven a hablar de terrorismo!).

Pero lo que ninguno de ellos sabe, ni los votantes ni los votados, ni los que continúan intentando mentir al pueblo en un ejercicio de hipocresía (porque ya no les importa si nos creemos o no sus mentiras), ni los que continúan justificando la utilidad de su sufragio estúpido e insolidario (aunque ya sospechan que se volverá contra ellos) es que pronto nos convertirán en lo que más temen. Por mucho que nos encierren preventivamente.

En la cárcel de la democracia: abusos laborales

Aquello era injusto. Muy injusto. Lo más injusto imaginable. Era tan injusto que ni incluso la gran pantomima de la justicia española, aceptada cobarde y/o acríticamente por l@s ciudadan@s del país, no se podía comparar con lo que me estaba sucediendo ni lejanamente. Porque ¿qué importancia tiene que los asesinos o sus herederos, los corruptos y sus cómplices, denunciaran al juez que trataba de juzgarlos y encima consiguieran que este fuera condenado mientras ellos seguían libres, al igual que todos los demás estafadores del pueblo, cuando yo me encuentro aquí, en febrero de 1292, encadenada en un frío sótano de las mazmorras de la ciudadela de Damasco? Y sin haber cometido absolutamente ningún delito… que no sea hablar demasiado.

Pero es que mi lengua me pierde. En todos los sentidos. ¿Por qué cojones habría aceptado acompañar a Gustaf y a Karl a Damasco? Supongo que sus falsos elogios confundirían mi vanidad; y la perspectiva de quedar como una heroína salvando a mi antiguo compañero de las garras del sultán de Egipto (o “Califa de Damasco” como le llamaban, los muy incultos, con tal convencimiento que hasta yo me creí que el Califato había vuelto a Siria) tampoco ayudó mucho. O, joder, tal vez estaba sinceramente angustiada por la suerte de un hombre que me había salvado la vida por lo menos tantas veces como yo se la había salvado a él. Vale, de eso se trata entre compañeros de armas, pero bueno, había un cariño… Así que ya me veis, soportando una travesía marítima que en esta ocasión fue más corta, gracias a la ligereza y rapidez del barco y a las condiciones meteorológicas favorables y, una vez en Damasco, haciendo sutiles averiguaciones en las tabernas sobre las posibilidades de entrar en el Palacio para rescatar al jodido templario. Pero al parecer las averiguaciones no fueron tan sutiles, porque una noche, cuando me hallaba soñando con un paraíso de independencia económica, sabrosos manjares, cálidas estancia y atractivos hombretones, me vinieron a sacar de la cama los soldados del sultán en la mejor tradición franquista. Què volen aquesta gent que truquem de matinada? Pues qué iba a ser, mi cabeza de lengua excesivamente suelta. ¿Qué diría el sindicato de mercenarios si lo supiera? Nada, probablemente. Son tan poco combativos y tan traidores como CCOO y UGT. Y ni siquiera podemos aducir en su descargo lo que afirmamos acerca de los sindicatos supuestamente de izquierdas del siglo XXI: que en sus bases nadie presiona a las cúpulas y que es muy difícil afiliar y movilizar a los trabajadores, por apoltronamiento y manipulación, lo que facilita a la patronal inducir a los dirigentes a firmar pactos de supuestos males menores que solo conseguirán desprestigiarlos más, con lo que el poder económico y político matarán dos pájaros de un tiro. Una ventaja tiene todo esto, de todas maneras: a partir de ahora no voy a tener que recurrir a la magia para efectuar viajes al pasado. La reforma laboral del PP lo está consiguiendo de manera natural. Que el diablo se los lleve. Y sobre todo que tengas mucho cuidado de aquí en adelante; no apuesto demasiado por la integridad física de los responsables después de este nuevo atentado de terrorismo de Estado antisocial.

Pero mis reflexiones tuvieron que interrumpirse en aquel punto. Precisamente, el mismísimo sultán de Egipto, Al-Ashraf Khalil, envuelto en ricas telas, entraba en ese mismo momento acompañado de un nutrido séquito por la puerta de mi celda, entre estruendos de llaves y bisagras chirriantes. Se detuve delante de mí y echó una mirada socarrona a mi lamentable figura encadenada y envuelta solamente con una camisa desgarrada. Pero antes de que pudiera dirigirme la palabra, me encaré con él.

-¿Vais a explicarme de una vez qué es lo que hago yo aquí? ¿De qué crimen se me acusa? No creo que haber encarcelado a una de las más apreciadas súbditas del rey de Aragón -mentira podrida: Jaume Dos Palitos y yo no nos podíamos ver ni en pintura- ayude a mejorar vuestras relaciones con la Corona, que ya están un poco estropeadas después de vuestras pretensiones imperialistas. ¡Luego querréis firmar con él tratados de ayuda militar, y os sorprenderá que los rompa!

Me vi obligada a interrumpirme. Un soldado de la comitiva real avanzaba hacia mí con la mano extendida, mientras atronaba:

-¡No te atrevas a dirigirte en esta forma a mi señor? –yo cerré los ojos, esperando una soberana hostia; pero el aludido parecía estarse divirtiendo.

-Déjala –detuvo a su empleado-, me gusta su manera de hablar. Es un saludable cambio después de tantas concubinas sumisas –y dirigiéndose a mí-. Lamento comunicarte, dama Eowyn, que sé más de ti de lo que tú crees. Y la información de la que dispongo apunta a que al rey de Aragón no le causaría gran pena tu encarcelamiento ni tu eventual ejecución. Es más: creo que incluso me lo agradecería.

Yo me encogí de hombros, al menos todo lo que permitía las cadenas que sujetaban férreamente mis pies y manos.

-Bueno, yo no tentaría a la suerte, si fuera vos. Y ahora, ¿vais a decirme de una vez lo que queréis de mí?

Su sonrisa se hizo más amplia.

-No me detendré en circunloquios. Sé que has estado hablando con mis hombres, interesándote por la suerte de un cruzado que estuvo, digamos, hospedado en mi palacio…

Yo opté por ser sincera. Raras veces es la mejor estrategia, pero en ese momento estaba segura de que lo sería.

-Es un viejo amigo y estaba preocupada por él. Me enteré de que protagonizó una fuga espectacular de estas mazmorras, ayudado por una de vuestras concubinas que al parecer no era tan sumisa como decís que lo son las demás. Pero desgraciadamente no he averiguado más. Desde que salió de aquí, su rastro se pierde.

Una serpiente rastrera y repugnante se deslizó desde detrás del sultán, surgiendo de la semioscuridad de las antorchas, y ocupó el primer plano. Casi no pude creerme lo que estaba viendo: era Gustaf.

-¡No la creáis, señor! Ella sabe algo. Estoy seguro de que se han encontrado, o van a hacerlo. Probablemente incluso sepa dónde está el objeto.

¡Maldito traidor vil y fementido! Lo entendí de inmediato: todo había sido una trampa. Los avida dollars de Karl y Gustaf habían oído decir que el sultán buscaba a mi amigo y habían recordado que justamente ellos sabían quién era la compañera de armas más cercana del mismo. Fueron a buscarme para venderme, y si no lo habían hecho antes era porque esperaban que yo consiguiera la información. Pero ¿qué les hacía pensar que ya la había encontrado? ¿Y qué se referían con eso del “objeto”? Escupí en la cara de mi ex patrono (supongo que en esas circunstancias una puede dar una relación laboral por terminada).

-Gilipollas hijo de puta, eres aún más imbécil de lo que creía. ¿No entiendes que perderás tu cabeza llena de grasientos pelos cuando el sultán se entere de que le has vendido aire? Pero ¿tan obsesionado estás por acumular monedas que te has arriesgado a colgar tu culo de un hilo tan frágil?

Una sombra pasó por el granujiento rostro de Gustaf: estaba empezando a darse cuenta de que probablemente se había precipitado. Pero yo sabía perfectamente que no era tan idiota para denunciarme al sultán sin tener pruebas más o menos fiables de que la transacción que le ofrecía era justa. Me rompía las neuronas pensando si acaso yo había averiguado algo importante que no había sabido procesar adecuadamente. Pero el sultán nos ignoró a ambos, e hizo una señal a alguien situado detrás de él. Inmediatamente, siete tíos de aspecto imponente, una representación de todas las variaciones étnicas conocidas en la época, salieron a la luz. Iban medio desnudos y armados con enormes alfanjes. El sultán hizo un gesto de suficiencia.

-No solo tengo eunucos a mi servicio. Estos esclavos, convenientemente escogidos, me están ayudando a que el número de mi servidumbre se mantenga, sin tener que gastar grandes sumas en el mercado de esclavos –debían ser el equivalente medieval de los medios de comunicación y la telebasura del siglo XXI, que también crean esclavos, e incluso esclavos zombis… Pero no, no iban por ahí los tiros-. Su potencia sexual está acreditada –continuó el sultán, algo socarrón-: dicen que pueden soportar más de diez embates amorosos seguidos.

Resoplé.

-Pues me alegro por ellos y por sus mujeres. ¿Y?

-Sabes que odio la sangre. Como buen mahometano, mis costumbres son infinitamente más refinadas que las de los bárbaros cristianos. Y siguiendo mi costumbre he pensado que tras unas cuantas sesiones con mis hombres seguramente perderás todo tu orgullo y tus reservas a explicarnos tus averiguaciones.

Pues vaya. Así que iban en serio. Pero buena era yo: no estaban tratando con una doncellita asustadiza, sino con una guerrera experta, o al menos más o menos experta. Y no pensaba dejar que nadie me utilizara. Además, en la Edad Media, las mujeres debemos mantenernos casta y puras, obedecer a nuestros padres y esposos y no abortar a no ser que ellos estén de acuerdo. Bueno, en la Edad Media y en la España 2012 de Gallardón y Mato, que está haciendo honor a su apellido, claro: seguimos con los viajes al pasado. Eché la cabeza para atrás y solté una gran carcajada; esperaba que no se me notara que tenía los ovarios en la garganta.

-Me imagino que este fue el método que empleasteis con el anterior inquilino de estas celdas. Y me imagino también que fracasó estrepitosamente –el silencio del sultán me indicó que había dado en el clavo. Volví a reír-. Los musulmanes me encantáis. Sois de costumbres tan templadas y estáis dispuestos a hacer tales sacrificios por vuestro Dios que os imagináis que nosotros somos iguales. Pues no, mi querido sultán, pues no. A nosotros nos gusta el cerdo, el vino y la compañía de personas del otro sexo; en algunos casos incluso del mismo. Me temo que en el ánimo de nuestro mutuo amigo el templario sin duda pesó más su condición masculina que sus escrúpulos respecto a su Orden –el jodido cabrón… ¡yo preocupada imaginándole víctima de torturas espantosas y él pasándoselo en grande! Me alegraba por él, pero esta me la pagaba, seguro: si le encontraba vivo, iba a ser yo quien me encargara de matarlo-. En cuanto a mí, bien, me parece que mi fama me precede; sabéis que se me conoce por ser algo ligerita de costumbres, para emplear un giro eufemístico –esa es la reputación que me empeño en fomentar; pero la verdad es que no me como un puñetero rosco. Soy casi patológicamente tímida, aunque no lo parezca, y cuando veo a un tío bueno mi primera reacción no es echarme en sus brazos, sino correr a esconderme. Qué le vamos a hacer, no puedo evitarlo… Pero, lector@s, que quede claro que esto es un secreto entro vosotr@s y yo; no se os ocurra ir por ahí divulgándolo-. Así que si pretendéis hacedme confesar lo que no sé de esa manera… bueno, siempre se puede intentar, ¿no? No os garantizo el éxito, pero lo mismo pasamos un buen rato.

Le miré desafiante, y él a mí, dubitativo, desconfiadamente cabreado y algo desconcertado. Comprendí que había ganado un poco de tiempo; tal vez no más que unas pocas horas. Pero menos era nada. Él me amenazó con el dedo.

-Te garantizo que no te sentirás tan bromista dentro de un rato. Te lo garantizo –haciendo una seña a su cohorte para que le siguieran, dio la vuelta y salió de la estancia. El último en abandonar mi prisión fue Gustaf, que me echó una mirada medio inquieta medio amenazadora que no me gustó nada. Enseguida oí el estrépito de la cerradura de hierro y me encontré de nuevo perdida en mis pensamientos. Tenía tanto miedo que no me podía permitir el lujo de temblar: aunque me costara, era el momento de tener la cabeza fría, de encontrar una salida, por angosta que fuera. La verdad, no me fiaba de mí misma. Dejando de lado los palos que he recibido en las manis por parte de los Mossos d’Esquadra barceloneses y su colegas de Madrid, siervos de la dictadura española disfrazada de estado de derecho, nunca me había torturado nadie con algo más fuerte que unos cuantos latigazos y unas bofetadas intrascendentes, o con la visión de algún manjar que mi bolsa no se pudiera permitir, y no tenía ganas de empezar en aquel momento. Y de si algo estaba segura era de mi escasa tolerancia al dolor: no dudaba que a las primeras de cambio iba a contar mi vida con un detallismo propio de Proust. Pero, por otra parte, ¿qué podía explicar, si no sabía nada? ¿Y cuál era la información que Gustaf creí que yo sabía, y por qué? En mis averiguaciones, aunque tenía que beber para así emborrachar a mis interlocutores, siempre me contenía para no caer ni de lejos en la embriaguez. Mas ¿y si alguna vez me había descuidado y había olvidado algún dato crucial, que incompleto había llegado a los oídos de Karl y Gustaf? Si era así, esperaba que no se hiciera la luz en mi cerebro por el bien de mi extraviado compañero… Y, por otra parte, ¿cómo podía convencerlos de que no tenía información que aportarles? Solo me quedaba la ínfima posibilidad de ser más diestra con la pluma que con la espada el momento en que me capturaron. Así que me dispuse a afilar mis argumentos: no sabía el tiempo del que dispondría (sigue).

Más y mejor info sobre la Reforma Laboral del PP

-Kabila

-Punts de Vista

-Ciberculturalia

-Viramundeando

-Más se perdió en Praga

-Fuente Palmera Times

-Soto en Cameros

-Moscas en la sopa

-El blog de Carlitos Buenaventura

-El blog de JanGas

-Ventanas del Falcón

Fraga Iribarne, que estás en los cielos

Existe el infierno. Está aquí, en la tierra. Y ni siquiera son los otros. Es un infierno para pobres y honrados, para conciliadores y solidarios, para empáticos. Es un infierno donde la peor de las torturas a menudo conduce a una tortura mayor. Es el infierno de las mujeres maltratadas que perdonan a sus verdugos, de los indígenas que solo quieren vivir a su manera, de las víctimas de los terremotos que se prostituyen por un poco de agua, de las madres en la miseria que abandonan a su hijos o han de ver cómo mueren. Al parecer Jesucristo cuando habló del tema se hizo un buen lío. Porque son los malos los que van al cielo, o mejor dicho los que están en la gloria. Dejando tras de sí comunidades al borde de la ruina, barcos hundidos tripulados por incompetentes para que el armador se ahorre una pasta, manifestantes pacíficos muertos a tiros, una crisis mundial de consecuencias catastróficas.

Pero eso no importa. Creemos que la verdad está de nuestro lado. Solidarios y conciliadores, emprendemos iniciativas muy justas y respetables pero con las que le hacemos el juego al capital, autogestionándonos ante los recortes sociales, pagando y repagando eternamente los servicios que bien nos cobran o que nos recortan, como la sanidad, la educación y la ciencia. Editamos libros de texto gratuitos, retribuimos de nuestro bolsillo a los investigadores que despiden… tal vez creamos así ganarnos el cielo o al menos evitamos luchar demasiado, oponernos demasiado, ser demasiado los malos de esa película que tan bien nos venden. Pero no conducimos Ferraris, ni nos han construido estatuas, ni podemos jugar al golf ni nos han nombrado padres de la Constitución. Estamos haciendo el primo: vivimos sin saberlo en la antesala del infierno y la entrada cada vez parece volverse más grande.

Fraga  ha muerto hoy, entre reivindicaciones de no pagar el metro y ocupar la Zarzuela, como si de pronto hubiéramos recuperado la sensatez. Pero también entre hostias policiales, que él hubiera aprobado. Fraga ha muerto feliz y en paz, y con su muerte ha muerto un poco más esa justicia posible que en verdad es imposible; los juzgados y condenados siempre son otros. Al menos hasta que dejemos de poner la otra mejilla indefinidamente, creernos los cuentos y hacer el ridículo.

Mis problemas con la monarquía (y con toda su ralea)

Una de las pocas ventajas que tiene vivir en un mundo defectuoso y contradictorio es que en ocasiones el peor de nuestros temores puede transformarse en un gran consuelo. Así, cuando me enfrento al más manido tema en toda la literatura y el arte de la Historia, esto es, la terrorífica brevedad de nuestra existencia y la estremecedora velocidad del tiempo, de pronto me doy cuenta que esto significa que a los grandes psicópatas que nos gobiernan, estos que han estafado a l@s ciudadan@s manipulando sus inquietudes más profundas para luego traicionarlos con la mayor vileza, cebándose cobardemente en l@s que se encuentran en situaciones de mayor indefensión, también han de ver su fin. Rodeados de riquezas y en su cama, como han muerto todos los criminales de este mundo donde no hay ya lucha entre el bien y el mal porque el mal ganó hace tiempo, pero muertos, podridos y malolientes, y con un poco de suerte rabiando por la esterilidad de esa vida que ya se les acaba sin remedio. No obstante, la gente como yo no desea la muerte de los asesinos, sino solo la justicia, esa justicia que ellos y los de su ralea no conocen y que tan mal saben interpretar cuando es demandada.

El mismo sentimiento es el que me inspiran las fiestas navideñas: lo único que me hace un poco más llevadera su existencia es saber que indefectiblemente han de terminar. Y también quizá la leve esperanza de que el próximo año mis ridículos ahorros me permitirán escaparme a algún lugar situado en las Antípodas de Barcelona, donde si pueden ser profesen la religión musulmana, budista, hinduista, animista o pertenezcan a la secta de los Niños del Arco Iris. No hay diciembre que no maldiga la memoria de los Reyes Católicos y su empeño por lograr la Reconquista española, con lo bien que estábamos con los moros celebrando el Ramadán; y es que la monarquía no trae más que problemas, aunque no se tenga a Urdangarín como yerno y por mucho que en RTVE traten de defender lo indefendible como en la mejor época del poco llorado Urdaci.

Pero lo mejor de la Navidad es que no te sientes sola en tu soledad, por muy solitaria que seas: en cuanto más familias conoces y más celebraciones frecuentas, más caes en la cuenta de los cúmulos de soledades compartidas que son en realidad la mayoría de las agrupaciones familiares, de cuánto rencor, envidia y desprecio se concentran alrededor de las fuentes repletas de turrones, tras el hipócrita maquillaje de las sonrisitas de compromiso. Nunca he creído demasiado en la familia: es evidente, por mucho que se nos quiera cerrar los ojos al respecto, que una parentela equivale a la suma o resta de sus miembros, y si los integrantes aportan poco que sumar y mucho que restar, no podemos pretender que la familia deba ser algo positivo por el mero hecho de ser eso, una familia; pero obviamente se nos maneja mejor en grandes o pequeños núcleos adocenados que en solitario y con el cerebro despierto. Pues bien, no me arrepiento de haber renunciado a esas engañifas vitales, y menos después de la última de mis aventuras, que viene muy a cuento de estos pensamientos.

Pues hallábame yo de vuelta en el siglo XIII, feliz de haber escapado de los anteriormente citados festejos, cuando en un pueblo cercano a Girona se me presentó la oportunidad de realizar uno de esos trabajos que me hacen sentir orgullosa de mi profesión y por los que ofrezco un precio muy especial (vamos, que los hago gratis, no es cuestión ahora de presumir de caché). Una joven dama, Isabel, me había contratado para que la ayudara a escaparse de un marido maltratador, aunque más que a base de las ocasionales palizas de las que ella bien sabía defenderse, en realidad la estaba matando sobre todo de aburrimiento. Así, tras deshacer todos los obstáculos físicos y esquivar la vigilancia de los parientes del soso cónyuge, Isabel y yo nos encontrábamos cabalgando en dirección a la Ciudad Condal, en cuyas cercanías se encontraba una viuda que se dedicaba a la profesión de herrera y con la que mi nueva amiga había hecho tratos para ser su aprendiza. Y justo era la conversación de Isabel la que me había llevado a perderme en las reflexiones con las que empezaba este relato.

-No sé cómo pude tardar tanto en decidirme –meneaba la cabeza, expresando un asombro ya antiguo-. Es increíble que en algún momento viera las cosas de manera diferente a como las veo ahora. ¿Cómo podía sentirme culpable de lo que no tenía nada que ver conmigo? Lamentaría los años perdidos, sino me encontrara ahora mismo celebrando los que me quedan por vivir, ahora sí, en total libertad… o al menos en toda la libertad posible que puede disfrutarse siendo mujer.

Yo asentí.

-No lo tendrás fácil -tuve que admitir-. Ninguna de nosotras lo tiene. Desde que el poder descubrió que podía conseguir la colaboración de la mitad de los súbditos para someter a la otra mitad, desde que averiguó que son nuestras mejores cualidades las que pueden funcionar como nuestros puntos débiles, lo tuvimos bastante crudo. Es la empatía de los cojones la que nos hace manipulables, igual que es la honestidad de muchas personas la que les hará ser pasto de los buitres del capitalismo en el siglo XXI. No te sientas culpable de sentirte culpable. Te lo inculcaron desde la leche del primer biberón, hasta que te olvidaste de que eras una persona y no un apéndice. Y así hubieran seguido. Y esto no cambiará fácilmente.

-¿Ni siquiera en ese futuro del que tanto hablas, como si lo hubieras vivido? –inquirió, curiosa.

-Me temo que entonces tendrán aún más obstáculos con que enfrentarse a nosotras. Y más armas para manipularnos. Y más cabrones a su servicio para traicionarnos–Joana sonrió al escucharme.

-Tus exageraciones me divierten, Eowyn –a mí no me divertían en absoluto. Resulta bastante aburrido comprobar que mis más pesimistas idas de olla acababan indefectiblemente convirtiéndose en realidad-. Pero me parece que estamos llegando. ¿Te hospedarás con nosotras? Inés estará encantada. ¡Es lo menos que puedo hacer por ti!

Sin nada más urgente e importante qué hacer, accedí. La casa de Inés resultó ser sencilla y acogedora y la dueña, con solidaridad femenina, estuvo encantada de alojar a la persona que había contribuido a proporcionarla una ayudante. Y de esta manera, entre amenas conversaciones y las pequeñas tareas que me buscaba para hacerles menos gravosa mi estancia, trascurrieron unos cuantos días. Y en cuanto más tiempo prolongaba mi estadía, más presente se me hacía la certeza de que en breve habría de marchar a estrechar de nuevo la mano de mi soledad nómada. La vida no me ha podido enseñar a entregar mi aprecio a los seres humanos, al menos individualmente: cuando estoy a punto de conseguirlo, algo me hace recordar que estimación suele equivaler a pérdida. Y entonces me voy. Desaparezco. En la taberna de Joana (cuyos problemas fiscales estaban temporalmente solucionados, afortunadamente), situada a escasos kilómetros de la localidad en la que me hallaba y que solía frecuentar por las noches, acompañada a veces de Isabel y a veces sola, solía ensimismarme en esos pensamientos cuando no estaba conversando con mi compañera o entrechocando jarras con Sancho, un caballero leonés afincado por aquellos lares al cual parecía que mis encantos femeninos no le parecían tan escasos como yo suponía que lo eran. Y tengo que admitir que el sentimiento era bastante mutuo.

-¿Y no has pensado nunca en echar raíces? –me decía Isabel guiñando el ojo, al ver las miradas que Sancho me dirigía desde la mesa contigua.

-Vaya. Justamente tú eres la menos indicada para preguntarme esto –gruñí.

-Que yo haya tenido una mala experiencia no significa que todas vayan a ser iguales –contraatacó-. ¿No estás cansada de errar de aquí para allá sin más posesiones que un caballo, una espada y lo que contienen tus alforjas, arriesgándote a perder la vida por luchar por lo que tú crees que es justo? Además, este caballero tiene fama de ser muy valeroso y cortés. Y a la vista está que es muy apuesto. Tiene aspecto de saber qué es lo que quiere una mujer en la cama.

A tanto no había llegado yo, pero un breve encuentro a la salida de la taberna me había demostrado que el chaval en cuestión conocía otras cosas que hacer con las manos aparte de manejar la espada y la lanza. Y dado lo escasas que son esas cualidades en los hombres de hoy, y de todos los tiempos, lo que Isabel había señalado no dejaba de ser un detalle importante a tener en cuenta. Eché una ojeada evaluativa al caballero, y después recordé ciertos amaneceres y atardeceres que había tenido la inmensa suerte de presenciar, el viento en mi cara cuando espoleaba mi caballo al galope, las ocasionales charlas con los compañeros de armas ante el fuego del campamento, el hecho de que ninguna hipoteca física o emocional me ligaba a nada ni a nadie…

-No, Isabel –resolví-. Tal vez alguna vez desee o deba echar raíces. Pero no ha llegado ese momento ni lo diviso en mi futuro más inmediato. Soy demasiado rica para arriesgar mi pobreza. Y no te preocupes: aunque algunos me tilden de temeraria, me comporto con prudencia y le tengo demasiado cariño a este cuerpecillo lleno de cicatrices para salir a luchar donde no puedo ganar. Aunque si esta noche no te importa volver sola a casa, quizá sería interesante averiguar si tus impresiones respecto a las habilidades amatorias de Sancho son…

Desgraciadamente, tan emocionantes aunque poca castas intenciones se vieron inmediatamente truncadas. Antes de que tuviera tiempo de terminar la frase, la puerta de la taberna se abrió y un par de seres bamboleantes aparecieron en el umbral. Me costó bastante reconocer a mis antiguos jefes, Gustaff y Karl. Los dos nórdicos habían sufrido un severo retroceso de grasa en sus ya anteriormente magras carnes, y tenían el aspecto desastrado y exhausto de las personas que llevan varias jornadas de apresurado viaje. Sin solución de continuidad, gritaron a la afluencia de parroquianos:

-¿Alguien aquí conoce a Eowyn de Camelot?

Yo, escondida detrás de Isabel, me acerqué sigilosamente a Joana y le susurré:

-Supongo que en este tugurio habrá alguna salida de emergencia…

Ella se encogió de hombros.

-Si te refieres a que necesitas escaparte de esos dos, puedes salir por el ventanuco de la cocina. El aterrizaje, como tú dirías, será blando. Es por allí por donde tiro la basura.

En realidad, no me apetecía demasiado estar oliendo a porquería varias semanas, así es que decidí afrontar valientemente mi destino y di un paso al frente.

-Aquí estoy. ¿Quién me busca? Ah, vaya, sois vosotros. Casi me alegro de volver a veros. Pensaba que seguiríais pasando hambre y penalidades en esa isla donde dicen que os abandonó Roger de Flor después de pulirse todas vuestras monedas.

Gustaf hizo como que ignoraba mi tono de chanza.

-Afortunadamente logramos escapar de allí en una galera templaria. Pero después… -el mercader se enjugó unas lagrimillas con aire trágico. -… fue mucho peor. Nos capturó el califa de Damasco. Menos mal que dada nuestra elevada posición y la estima que nos profesa Su Majestad –otra vez los reyes de las narices jodiendo las cosas, me lamenté yo para mis adentros- nos liberaron casi de inmediato. ¡Pero los días pasados en ese calabozo fueron terribles! –ahora fue Karl el que tuvo que sonarse la nariz ruidosamente.

-Nada de esto hubiera pasado si hubieras seguido con nosotros –me acusó Gustaf.

Me encogí de hombros. No veía qué hubiera podido hacer yo solita contra una cohorte de sarracenos motivados.

-Pues así es la vida, chicos. Yo estaba bastante liada en esos momentos para ocuparme de vuestra seguridad, por si no lo sabíais.

-Lo sabemos perfectamente –refunfuñó Karl.

-Tu valor en las murallas de Acre ha sido muy alabado –continuó Gustaf, evidentemente haciéndome la pelota: no había sido para tanto, cojones-. Eowyn, después de todo esto estamos muy asustados. Necesitamos que vuelvas con nosotros –naturalmente, era ahí donde querían llegar-. No podemos ofrecerte más salario del que te estábamos pagando, nos hallamos en crisis desde la estafa de ese vil y fementido traidor; de hecho, tendremos que pagarte bastante menos.

Maldita sea. Hay cosas que en todas las épocas son iguales.

-Ni aunque me ofrecierais todo el oro del mundo –reafirmé. Así soy yo de chula: en un momento de la historia en que la gente va loca por pillar un curro, yo me permito rechazarlo. Ni que estuviera nadando en rubíes…

Karl me miró con expresión taimada.

-Tal vez haya algo que aprecies más que el oro…

Yo le miré intrigada, esperando que continuara.

-Será mejor que salgamos fuera –invitó, saliendo al exterior seguido por su compañero. Miré a Isabel, que no se había perdido una sílaba de la conversación, y me dispuse a seguirles, llena de curiosidad por ver el desenlace de aquella mascarada. En el exterior de la taberna, el rubio le cedió el testigo a Gustaf, quien empezó:

-Eowyn, nos ha costado mucho trabajo encontrarte. Pero por fin unos colaboradores nuestros –al parecer esa gente tenía espías hasta en el infierno- nos avisó de que te hallabas en esta aldea. Querida amiga –nadie les había convidado a tomarse estas confianzas-, creemos en ti y te necesitamos para que nos protejas. Tenemos que viajar a Damasco, y cuando te comuniquemos lo que sabemos de esa ciudad tal vez tú también quieras venir.

No sé qué obsesión tenían aquellos dos conmigo, cuando en cualquier parte podrían encontrar guardias mucho más capaces y hasta más baratos. Tal vez era que nadie más tenía la paciencia de soportarlos. Pero les hice un gesto, animándoles a que continuaran.

-En Acre te vimos a veces hablar con un templario, un tal… ahora no recuerdo su nombre.

Yo me estremecí, pero guardé silencio.

-Tal vez era alguien muy querido para ti… -aventuró, el muy entrometido.

Respiré hondo.

-Eso no importa ahora. Está muerto.

Karl negó con la cabeza.

-Te equivocas. Sabemos de buena tinta que sobrevivió al hundimiento del torreón. Ahora mismo se halla en las mazmorras del Califa, sufriendo indecibles torturas. Según parece, necesitan una información que solo él posee.

Yo me había olvidado de mi viejo compañero de armas; mejor dicho, me había esforzado por olvidar. No podía permitirme el lujo de seguir recordando a los amigos muertos, sobre todo cuando tenía tan pocos. Dolía demasiado. Pero aquella noticia me hirió aún más.

-¿Y bien? –concluyó Gustaf-. ¿No vas a decir nada al respecto? ¿Permitirás que él sufra y te quedarás tan tranquila?

-Contamos con una buena embarcación -Karl le apoyó-. Llegaremos a la ciudad califal lo más rápido posible.

Llevé la mano a la empuñadura de la espada y la apreté con rabia. Se habían acabado los días de holganza y libertinaje. Les di la espalda y me encaminé de nuevo hacia la taberna.

-Marcharemos en cuando me despida –decidí yo con contundencia: en realidad nunca había dudado ni un ápice. Mi cerebro, mientras tanto, se consolaba imaginando cómo separaría la cabeza del Califa de su cuello, tras hacerle probar con creces cada una de sus torturas. Y es que estaba visto que todos los monarcas, fueran de Occidente o de Oriente, no servían más que para dar problemas. Si hasta ni los Reyes Magos me habían traído ni un puñetero regalo.

Dioses, patria y un invierno que no pasa

A pesar de lo que se oye por ahí, no deberíamos preocuparnos porque la pretendida primavera árabe en algunos países haya derivado en invierno confesional, para más señas, islámico. Y es que el islam tiene múltiples aplicaciones, tanto con respecto a la gobernanza de un país como a la relación con los extranjeros, y si investigáis un poco enseguida las hallaréis.

Por ejemplo: si tú eres un gobernante dictatorial y te interesa dominar a la mitad de la población de tu país, puedes echar mano del Corán; o mejor, de tu interpretación personal, sesgada y manipuladora de este libro sagrado, que como la mayor parte de los de su índole y salvando los siglos transcurridos desde su escritura y la evolución de las costumbres consiguiente, solo habla de paz, amor y esas cosas. Pero como en muchas cosas las palabras se dejan decir de ellas lo que se quiera, leerás entonces que el Profeta manda a las mujeres taparse como si estuvieran viviendo en la Antártida, vivir recluidas en sus viviendas como si se esperara que explotara alguna central nuclear, trabajar menos fuera de casa como si el índice de paro de su país fuera como el español, y recibir tantas palizas como un banco de la piel de toro por parte de la UE, y de un modo tan impune como si esta violencia de género fuese juzgado por jueces también españoles y sufrida por mujeres de la misma nacionalidad: la comunidad internacional y sus más principales potencias te permitirán seguir haciéndolo. Al menos hasta que empieces a involucrarte en sus negocidios en tu país, claro.

Pero no hace falta que profeses el islam para servirte de él, ni siquiera para hacer evangelismo de esta religión: es una de sus numerosas ventajas.  Vamos a poner por caso que tú eres una potencia amenazada por otra, peligrosamente laica. Pues bien, solo tienes que predicar las tesis de Mahoma entre su población para que acabe destruyéndose a sí  misma y se convierta en un fiel aliado del sistema, como Arabia Saudita y las monarquías del Golfo. Para este proselitismo siempre ayudará mantener a los países musulmanes permanentemente despreciados y amenazados, por ejemplo contribuyendo a las dominaciones de los centinelas de Occidente que hagan que el Islam, en sus aspectos más radicales, sea visto como la salvación.  Un Islam como el de Arabia Saudita, lo cual otorga al conjunto una interesante injusticia poética, lo convierte en un ventajoso círculo vicioso. Y si tienes prisa o no puedes invertir tantos recursos, y al mismo tiempo necesitas dar salida al excedente de armas de tu industria y/o halagar a los empresarios del sector, posibles futuros contribuyentes de tu campaña electoral, pues lo invades, con o sin la aquiescencia de la ONU. Después de todo, el islam es una religión tan mala… (tú también sabes interpretar, manipular y sesgar el Corán, que los occidentales somos muy listos). Siempre que se estén involucrando en tus negocidios en su país, claro.

Sí, los países islámicos son el más fiel aliado (vamos, como los nacionalcatólicos, sin ir más lejos) y el más útil enemigo, cuya existencia puede justificar desde invasiones militares extranjeras hasta recortes de las libertades locales. Lástima que entre sus beneficios no exista ninguno orientado a la población civil más humilde. No nos engañemos:  ni rezando a Dios, ni a Mahoma ni  a Zaratrustra se nos va a solucionar la vida, y mucho menos cumpliendo a rajatabla los preceptos de estas religiones, muchos de los cuales impiden además disfrutar de lo poco bueno que es gratis en esta vida. Y tampoco otra de las diosas que nos venden, la Patria, nos va a sacar las castañas del fuego este Halloween. Por mucho que ante declaraciones sobre bombardeos a Barcelona (hay bromas muy poco afortunadas y reacciones a las mismas aún más estúpidas) hasta una internacionalista radical como yo que considera cualquier sentimiento nacionalista como un preocupante signo de problemas mentales se vuelva un poco independentista. Y quizá está allí la trampa: mientras deleguemos nuestras luchas en los dioses, cualesquiera que sean, jamás seremos mujeres y hombres.  A mayor gloria del único Dios que realmente existe, y que desde luego no es un dios de paz ni de amor: el Negocidio. Y el invierno durará por siempre.

Gane fantásticos premios por ser un cabrón nostálgico

Los Mossos se llevan a un indignado detenido en la Ciutat de la In-Justícia

Los Mossos se llevan a un indignado detenido en la Ciutat de la In-Justícia

Es usted Mosso d’Esquadra o sencillamente matón aficionado? Está de suerte! Ahora puede ganar un viaje para dos personas a la base de Rota, donde los marines de EEUU le explicarán lo último en armamento de uso personal con la colaboración de Zapatero y de sus misiles; o tal vez una estancia en Treblinka, donde los mayores criminales nazis volverán de sus retiros paradisíacos para impartirle una master class sobre torturas refinadas, con la asistencia de Mas y de Boi Ruiz; o quizá incluso un recorrido por Chile, donde el fantasma de Pinochet le otorgará la Medalla Terror al Mérito Dictador y le hará emisario de sus felicitaciones a los gobernantes autonómicos y estatales de España, por su sabia evolución política y económica hacia el camino correcto. Solo tiene que colgar en la fan page de Facebook del Conseller Puig sus fotos de antisistemas detenidos arbitrariamente y apaleados. Los tres Mossos o similares que más imágenes cuelguen se llevarán el premio. Ojo: solo cuentan las fotos de personas diferentes, no vale coger a un guarro hostiado, cortarle las rastas, y luego volver a fotografiarle con un par de cardenales más; tómese un poco de interés y busque uno nuevo, leñe.

Y sobre todo, no haga nada de eso en los juzgados, hombre. Mire que si les mareamos la perdiz a los magistrados, estos se cabrean y dejan de darnos permiso para llamar ‘zorras’ a nuestras mujeres con total impunidad. En este país se pueden hacer muchas cosas divertidas sin tener que dar cuentas a nadie: apalizar a la parienta, hacer progroms de perroflautas, esclavizar a los empleados, limpiar las listas de espera de la Sanidad enviando a los excedentes a la funeraria (con lo cual además se reactiva convenientemente el negocio de las pompas fúnebres), etc. Qué nos cuesta hacerlo con un poco de urbanidad? ¿Por qué no dejarles que sigan pensando que esto es una democracia y todo lo estamos haciendo por su bien?

Los bellacos y los villanos ocupan la calle

Mani 15 de Mayo - Tomemos la Calle

Mani 14 de Maig - Ni retallades socials ni retallades de les pensions

Este Zapatero no deja de sorprenderme. La última (o la penúltima) ha sido afirmar, en la mejor tradición medieval (sin que ese detalle, a pesar de mis orígenes, consiga hacérmelo más simpático) que quien insinúe que su Gobierno ha recortado el Estado del Bienestar es un “bellaco y un villano”. Pues en este caso, a esta bloguera y a otr@s amig@s y compañer@s ídems no nos queda más de decir que sí, que al igual que a Llamazares se nos puede calificar a tod@s de bellacos y de villanos porque lo decimos bien alto para todo el que quiera escucharnos, aunque desde luego no somos tan tontos como al parecer nos toma nuestro amado presidente, que suelta esta solemnes estupideces y encima pretende que nos las creamos.

Nosotr@s somos unos bellacos y unos villanos; Zapatero y el gobierno del PSOE en pleno, que han protagonizado los recortes sociales más vergonzosos, crueles y serviles de la historia reciente de este país, los adalides de la democracia y el socialismo; Esperanza Aguirre y su gabinete (PP), autores de un deterioro sangrante de la sanidad pública madrileña, los geniales precursores de la Sanidad del futuro; y Atur Masnostijeras (CiU), alias ‘Señora Bates’, y sus acólitos, que tienen a tod@s l@s catalan@s en la escena de la ducha de Psicosis, un dirigente patriota que siempre funciona “en positiu” y “amb ilusió”. Qué curioso: nunca me parecieron tan dignos de orgullo los insultos y tan repugnantes los piropos. Pero ya sabemos que este país es el rey de la perversión de la lógica y andamos tan cabeza abajo como si estuviéramos en las Antípodas.

Y como bellacos y villanos que somos, la calle es nuestro elemento y ahí estaremos, mañana día 14 a las 11.00 en la plaza Catalunya de Barcelona, y pasado mañana día 15 por la tarde en toda España. No nos van a recortar, explotar ni vender al mejor postor más: se les acabó el invento. Progresivamente, entre programa y programa de telebasura con que nos narcotizan, l@s español@s nos vamos percatando que cinco millones de parados en un país donde, a más beneficios tiene un banco, más necesita de salvación, como si se estuviera ahogando en sus propios caudales; que recortar derechos y servicios sociales con la misma alegría que se recortan los impuestos a los ricos; que convertir la corrupción en un valor añadido en un político mientras que las justas reivindicaciones nacionales e históricas se juzgan como un crimen; que mantener una Ley Electoral a imagen y semejanza del bipartidismo tan útil a los lobbys económicos nacionales e internacionales, mientras las opciones políticas minoritarias (sobre todo IU) se ven infrarepresentadas en relación a su número de votos, no solo no es normal, no: es denigrante, absurdo y completamente inadmisible.

Y, aunque seguro que lo hará más de que debería, no va a durar.

En este post, en el que me he basado, podréis consultar l@s bloguer@s que suscriben esta iniciativa.

No estamos condenados, no tenemos que resignarnos, podemos elegir

Quiero seguir siendo prehistórica, nostálgica, romántica, trasnochada incluso. Quiero creer que aquellas luchas que ganamos con tantos sacrificios de tant@s compañer@s valieron la pena, aunque ahora nos hayan arrebatado su justo premio con la mayor inicuidad posible. Quiero que mis manos que ellos intentan dejar vacías, mi cabeza a la cual intentan extirpar los sueños, sean su azote, su infierno. Quiero seguir negando la realidad que me marcan, porque no es la realidad, es la imposición de una pesadilla, no quiero aceptar que lo normal y lo auténtico es la más cruel injusticia y la más absoluta represión, quiero seguir indignándome, quiero que nadie me impida seguir teniendo memoria, quiero que nadie me meta ese miedo que les sirve para vender armas. Quiero seguir gritando en desafío de estos crímenes políticos y económicos contra la Humanidad aunque no sirva de nada, aunque esté actuando contra mis egoístas intereses personales, aunque mi voz sea la única que resuene, aunque tod@s a mi alrededor me tachen (y a ti, y a vosotr@s) de loca. No estamos condenados, no tenemos que resignarnos, podemos elegir. No dejemos que nos transformen en sumisos espectadores de la basura en la que están convirtiendo nustras vidas. Las manos son nuestras.

No estamos condenados a elegir entre los mismo y lo mismo. Tenemos las manos vacías, pero las manos son nuestras

El 15 de Mayo toma la calle. Nosotr@s somos más

El Premio Nobel de la Paz ejecuta extrajudicialmente, su mascota Zapatero lo justifica con argumentos demenciales y Llamazares habla con justicia y sentido común

Bin Laden y los terrorismos reales

Fuiste nuestro amigo. Te quisimos: ¿cómo podríamos no haberte querido? Nadie mejor que tú para netralizar a nuestros enemigos inyectándoles el veneno de la religión, que les volvería zombies a nuestro servicio, declarado o tácito. Fuiste nuestro amigo hasta que dejaste de serlo, o tal vez siempre lo fuiste, o tal vez como enemigo nos brindaste incluso mayores servicios. Pero, formando parte o no del plan en el que tú eras (voluntaria o involuntariamente) nuestro cómplice, o quizá debido a tu rebeldía, o quizá debido a ambas cosas, te matamos como a un perro. Porque nosotros PODEMOS hacer JUSTICIA; a los demás no les está permitido, y si lo hicieran solo sería cruel VENGANZA.

Y es que eras un terrorista. Dirigías una central del terror mundial llamada Al Qaeda, que nadie se sabe dónde está ni qué es y que me parece que nos la hemos inventado nosotros, como, en el fondo, a ti, como, en el fondo, a nosotros mismos. Un terrorista, como los etarras españoles y tod@s los que comparten sus ideas políticas aun estando en contra de la violencia. Nosotros, sin embargo, no lo somos. Cuando bombardeamos los países que nuestros intereses nos señalan lo hacemos para implantar la justicia; cuando somos cómplices de los poderes económicos, de ambición tan desmesurada como un agujero negro y que están llevando a una parte creciente de la Humanidad a la ruina y al exterminio, lo hacemos obligados por la crisis y para vencerla.

Bin Laden murió ayer, día 2 de mayo (aquí podríamos hacer un chiste fácil, pero me abstengo), en una ejecución completamente legal (el tiro en la cabeza lo recibió solo porque no quiso colaborar en su detención) rematada por un procedimiento más que sospechoso, como fue el hecho de tirar su cadáver al mar desde un helicóptero. El enemigo público número uno vivía desde hacía tiempo en una bonita residencia de una pequeña ciudad cercana a Islamabad, en Pakistán, donde inexplicablemente nadie le había detectado hasta ahora. Ese mismo día se supo que el Tribunal Supremo de Justicia se pasó la ídem por el forro y declaró que Bildu no podría presentarse a las elecciones, aunque haya hecho una condena expresa de la violencia. Tres días antes el paro en España se cifró en cinco millones a pesar de (yo más bien diría: gracias a) los mortales ajustes y recortes laborales y sociales de los gobiernos central y autonómicos de este país, y a todo esto, la UE y EEUU siguen bombardeando Libia, gobernada por otro anterior amigo que rinde más como actual enemigo.

Todos estos sucesos, además de reafirmar el post del viernes pasado, casualmente casi profético, de esta bloguera, donde se aludía a como el terrorismo puede ser beneficioso, e incluso estar auspiciado, por los poderosos, hacen preguntarse dónde está el terrorismo real. ETA mata, y los fanáticos religiosos también, pero si alguien tiene el valor de decirme que lo que están haciendo las elites económicas mundiales con la connivencia de los gobernantes de las grandes potencias y de las que no son más grandes no son terrorismo, y que todas estas intervenciones armadas en Libia, Afganistán, Irak, Palestina y demás tampoco… por favor, que se haga mirar su nivel cerebral de manipulación, porque roza el límite del estado zombi.

Te podría pasar a ti (en este país democrático)

Eres joven, estás rodead@ de gente que te quiere, la vida te sonríe. Afortunad@ de tener un trabajo, pasas el fin de semana desplazándote en bicicleta entre fiesta y fiesta: con tu amig@, os sentís flotar sobre esas dos ruedas por las evocadoras calles del casco antiguo de la histórica ciudad, el viento en vuestra cara… Un pequeño susto: sin saber cómo, la bicicleta choca y os encontráis en el suelo. Golpes, magulladuras, sangre, el médico de una ambulancia que piensa que lo más aconsejable es trasladaros al Hospital. No es un buen colofón para una noche de alegría, pero vuestras heridas son leves y os tenéis el uno al otro. Podría ser peor.

Podría ser peor. Y lo fue. En la antesala de un hospital tercermundista (parece que la Sanitat catalana no podría empeorar más, pero , es posible) te encuentras con unos magullados jóvenes procedentes de una reyerta entre policía y okupas. Algunos tienen realmente muy mal aspecto. Uno de los guardias urbanos que están escoltándolos te llama, te obliga con malos modos a vaciar tus bolsillos, se permite comentarios ofensivos sobre tu imagen y tu persona. De pronto, eres empujad@ contra la pared, esposad@, acusad@ de matar a un policía en un lugar en el que no estuviste… Reivindicas tu inocencia, gritas que habéis sufrido un accidente… Y a partir de aquí comienza un calvario de golpes, vejaciones físicas y psíquicas y juicios amañados que se prolonga durante cinco años. De pronto, te encuentras en prisión con tres o cinco años ante ti, un número de años de pena de cárcel que no cumplen en este país ni los corruptos, ni los pederastas ni los violadores. Pero siempre hay una manera de ser libre. La última manera. Y la eliges.

Patricia Heras fue detenida en 2006 después de que tras un desalojo supuestamente okupa un agente de la Guardia Urbana quedara en estado vegetativo. Ella siempre defendió que ni siquiera se hallaba en el lugar, sino que se había encontrado con la policía en el hospital donde ella y su amigo Alfredo estaban siendo atendidos tras un accidente de bicicleta. Condenada a tres años de prisión tras un juicio que ella, sus amig@s y familiares consideraron lleno de irregularidades y completamente político, aunque estaba en régimen abierto, se suicidó el pasado día 26 en su casa, incapaz de volver a la cárcel. Otros cuatro detenidos de aquella batalla campal donde solo se juzgaron las acciones de uno de los bandos siguen encarcelados.

Esto no ha pasado en Libia. Ni en Cuba. Ni en ningún país supuestamente donde Occidente esté capacitado para implantar su sistema mediante la fuerza militar o mediante el chantaje económico. Ni siquiera en México, ese país que tanto respeta los derechos humanos mientras nos interese negociar con él, a pesar de que estos hecho me recuerdan a los de Atenco, donde una española sufrió graves abusos policiales sin que la (In)Justicia española la haya apoyado en lo más mínimo. Esto ha pasado en España. En la Barcelona de Hereu que no será peor que mejor que la Barcelona de Trias si esta llega a materializarse. En la Barcelona, en la España, del sistema, donde no hay crímenes políticos y donde todas las pinzas habidas y por haber entierran las corrupciones. Democráticamente.

Más info aquí y aquí.

La solución

Hoy voy a ser muy breve.

Porque no son palabras lo que necesitamos.

¿Qué solución hay en una sociedad donde a las empresas con beneficios se les permite despedir, donde se recorta en derechos fundamentales para alabar a las grandes fortunas, donde se procesa a los que denuncian a los corruptos, en lugar de a los corruptos y se olvida la memoria, donde las crisis las pagan sus víctimas?

¿Hace falta que me responda?

Solicitud de asilo político

A l@s responsables de Inmigración de cualquier país medianamente civilizado:

Apreciad@s señor@s:

Vivo en un país donde se juega y se ha jugado con el derecho a una vivienda digna, vendiéndolo al mejor postor; donde además de asegurarse mediante una póliza (abonada por ti, obviamente) que acabarás pagando el techo sobre tu cabeza pase lo que pase, te lo cobran y te lo vuelven a cobrar una y otra vez y si no puedes sufragarlo te lo quitan dejándote con la deuda casi intacta. Donde el precio de ser pobre puede ser perder tu familia e incluso tu vida. Todo eso permitido por el Gobierno; por cierto, es socialista.

Vivo en un país donde el mismo Jefe de estado gobierna desde hace más de treinta años sin elecciones y con connivencia con las elites internacionales más turbias, cuyos negocios y malos manejos favorece a costa de la economía del país, que al final ya se imaginarán quiénes acabaremos, como siempre, pagando; donde la Justicia tiene un precio y un dueño, con lo cual pierde el nombre de Justicia, porque son los delincuentes quienes vences mientras que las víctimas van de cornudas y apaleadas; donde el gran empresario tiene las manos libres para cometer todo tipo de abusos y chantajes contra sus trabajadores. Un país donde dejamos que nos manipulen informativamente, más aún, donde pedimos a gritos que se nos manipule informativamente, en que se crimininaliza a unos trabajadores por ejercer su derecho a la huelga, que por muy salvaje que ésta sea y por muy privilegiado que pueda considerarse este colectivo es legítimo, mientras nadie ha levantado la voz por la supresión de los 420 euros a los parados sin prestaciones ni por la próxima ley de pensiones. Leí que la huelga de los controladores afectó a 1,2% de la población mientras que la reforma de las pensiones fastidiará a conciencia al 80%… suma y sigue… Apreciad@s seño@s, vivo en un país donde los militares salen a la calle!

Sólo ellos salen. No nosotros. Las calles están vacías. Tras las traiciones de quienes juraron salvarnos de la derecha y nos han metido en una derecha peor, tras las mentiras y la escandalosa bajada de pantalones en el caso Couso y en de los vuelos de la CIA, por citar sólo los más sonados, tras los sobornos convenientemente pagados a los bancos y las transnacionales. Las calles siguen vacías. Apreciad@s señor@s, mi gobierno me ha declarado la guerra y las calles siguen vacías, vacías de lucha, y nuestros corazones están vacíos de dignidad, de honor, de valentía, de solidaridad!

Apreciad@s señor@s, no me engaño: no espero de ustedes más que de los que hasta ahora me han gobernado, si acaso un poco más de inteligencia, algo más profesionalidad en el mando, porque si al menos el que te jode no es inútil esbirro sin voluntad bueno para nada, parece que el acto duele menos. Sé perfectamente que ustedes son tan cabrones como los que ya conozco, tan corruptos, tan criminales, y tal vez incluso tan estúpidos.

Pero las calles de sus países no están vacías. Hay gente que arriesga la libertad, la seguridad económica, y quién sabe si la vida, por sus semejantes, por la igualdad, por la justicia. Y, tras haber expuesto mis sobrados motivos y por esa esperanza, les pido que me concedan asilo político en su país para este Año Nuevo en el cual cualquier deseo de felicidad suena como una amarga burla.

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Wikileaks: el asesino era el mayordomo

Era una mala novela policiaca, de esas en que el autor no es suficiente hábil para enmascarar al verdadero asesino hasta el final. Todas las pruebas, las ocasiones y los motivos apuntaban al mismo culpable, que además era el típico y tópico en estos caso, el mayordomo. Y ahora ha acabado el cuento.

El mayordomo. El mayordomo español, no solo al servicio de BM y el FMI, como ya sabíamos, sino también al de las oscuras corrientes internas del gobierno de EEUU, que provocan guerras, incluso atentando contra sus propios ciudadanos, promueven, financian o por lo menos dejan hacer a los golpistas o, como en este caso, manipulan la información, desfigurando la realidad, y presionan la justicia, esa (In)Justicia española de trágico chiste. Y no se trata de un elegante mayordomo inglés seguro de sí mismo y que se permite en opcasiones dar lecciones de urbanidad a su jefe, sino de un patético y servil esbirro que es capaz de venderse y vender a su país al mejor postor, de bajarse los pantalones y ponerse mirando a Cuenca para que nos den a todos. Es igual: en esta novela barata que es nuestro país, cada vez más carente de dignidad, de seguridad laboral y económica, cada vez más pobre y rastrero, no triunfará la ley y el orden, sino la sempiterna impunidad de los poderosos.

La mani del Estatut, La Roja y Sbrenica

Manifestación del 10 de julio en Barcelona: más de millón de personas. Más de un millón de habitantes de Cataluña unid@s, no por una única visión de lo que debería ser el futuro político y social de esa nación o no nación que tiene prohibido llamarse nación, sino por un sentimiento de injusticia por los actos de la Justicia, de vulneración democrática en esta supuesta democracia, que es más supuesta que democracia, en la que estamos viviendo. Y una instrumentación descarada por parte de los medios de comunicación, claramente visible en los titulares del dia siguiente, donde cada uno aprovechó la multiformidad de la marcha para interpretarla al servicio de los intereses politicooeconómicos que los rigen.

Tal vez sería un buen momento para hacerlo, incluso a pesar de este éxito de convocatoria, pero no voy a comparar el número de asistentes a esta movilización ciudadana con los que suelen integrar los actos festivos multitudinarios con motivo de celebraciones deportivas, en esta ciudad y en otras, ahora que aún estamos viviendo la resaca de la euforia despertada por La Roja con su Campeonato Mundial. Ni tampoco voy a citar a l@s catalan@s que se quedaron en sus casas el sábado mientras el domingo se precipitaron a la calle, ni a los que consiguieron que los reportajes televisivos sobre el Mundial de Sudáfrica quintuplicaran la audiencia de los programas donde se analizaba el fallo (nunca mejor dicho: si se pretendía quitar argumentos a la Cataluña que desea un grado más o menos importante de autogobierno está claro que han conseguido justamente lo contrario) del Tribunal (In)Constitucional con respecto al Estatut. Reivindico el poder y la necesidad de la ficción (y los triunfos deportivos no dejan de ser una versión de la misma), que creo que es perfectamente compatible con la lucha social, para contrarrestar la dura realidad que estamos viviendo l@s trabajador@s a nivel mundial y que parece que no ha hecho más que empezar.

Mi comentario va aludir a algo totalmente diferente: ayer, domingo 11 de julio, no sólo fue el día posterior a la manifestación del Estatut en Barcelona, ni la jornada que, en el decir de los inflamados comentaristas deportivos, España cumplió su sueño de ser campeona mundial de fútbol. Se cumplió también el 15 aniversario de la matanza de Sbrenica donde murieron más de 8.000 hombres y niños musulmanes ante la pasividad de los organismos internacionales y sus tropas enviadas para teóricamente proteger a las víctimas, y en las que éstas confiaban. Todos sabréis que este genocido fue uno de los episodios más sangrantes de las guerras que asolaron hace no tanto tiempo la antigua Yugoslavia, y quizá también que el odio nacionalista y religioso que tanta barbarie causó fue alimentado (casi podríamos decir creado) por intereses políticos, medios de comunicación esbirros del poder con discursos en los que parece que se han inspirado Intereconomía y Losantos & Friends, y decisiones tan políticamente estúpidas como la del TC (ahora no me habléis de la separación de poderes, por favor, que me da un ataque de risa), que sólo consiguen dar alas a los que buscan sacar beneficio de la confrontación. Creo que queda poco más que decir.

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Paren España 2010, que me vuelvo a la Edad Media

Esta vez mi sempiterno enemigo me había sorprendido en una de mis excursiones a la aldea más cercana para adquirir víveres (aún no he podido librarme de esa prosaica costumbre de comer que tantos problemas nos trae a los siervos de la gleba y a los marginados de la sociedad).
-¡Alto ahí, mosca cojonera! -me espetó-. Esta vez no te escapas.
Su exclamación poseía una seguridad mayor incluso que la habitual en un fanfarrón como él. Tuve un mal presentimiento, o una buena intuición, pero eso no iba a privarme de hacer lo que se debe en momentos en que te juegas la integridad (o lo que queda de ella) de tu físico. Así es que le solté:
-¡Eso ya lo veremos! (soy poco original, qué le vamos a hacer) -mientras, el saco de arroz lleno de bichos de especies desconocidas en el medievo que llevaba en mi mano izquierda salió disparado hacia mi malvado interlocutor y sus secuaces. Aprovechando la confusión, me metí por un hueco entre mis perseguidores y salí por la puerta de la choza mientras sembraba el suelo a mi zaga de verduras en diferentes estados de descomposición procedentes de mi morral, sin duda una trampa mortal cuando sus pies entraran en contacto con su viscosa y resbaladiza textura. Qué lástima que no se hayan descubierto aún las Américas, porque un buen manojo de plátanos y medio kilo de tomates maduros me hubieran ido muy bien en esta aventura.

Pero, a falta de productos de una tierra cuya mitad norte sería en el futuro colonizada por lo peorcito de la raza humana europea (que a su vez es lo peorcito de la raza humana en general) con el resultado que tod@s sabemos, imprimí la máxima velocidad posible a mis piernas poco acostumbradas a moverse por sí mismas sin el auxilio de la cabalgadura, para encontrarme con que mis adversarios habían cercado el pueblo, aprovechándose de la superabundancia de mercenarios dispuestos a cargarse a alguien por cuatro maravedíes que existía desde que la nobleza y la burguesía cooperaban en esconder las reservas de grano para provocar la subida de los precios y ocasionar una crisis económica mortal de la que ellos, como siempre, saldrían beneficiados. “Te ha vuelto a fallar la previsión, Eowyn”, me dije, deseando que me dejaran el tiempo de vida suficiente para arrearme el cachete en la mejilla que sin duda merecía. “Tanto frecuentar las tabernas y tanto coquetear con los fornidos aldeanos, misteriosos caballeros errantes y trovadores dichareros que asisten a ellas te está estropeando el criterio”. Me prometí por enésima vez volver al buen camino si salía de ésta mientras trataba de esquivar a los esbirros corriendo en zig-zag y metiéndome por los estrechos callejones de la aldea a la que habían ido a a parar mis hambrientos huesos. Esperaba hallar algún carro de heno de conductor bonachón que despertara pocas sospechas en los guardianes de la puerta principal del pueblo (y así evitar que me pincharan demasiado el culo con sus lanzas), un disfraz de Hermanita de la Caridad o alguna cosa de ésas que siempre salen en las películas cuando el héroe o la heroína están en apuros. Pero sólo encontré una casucha adornada con diferentes aditamentos de tipo esotérico y sobre cuya puerta se podía ver un letrero que rezaba ‘Tienda de la Bruja Lola’. “Bueno, menos da una piedra”, me resigné, entrando en el lóbrego establecimiento mientras pensaba que tal vez la susodicha hechicera podría proporcionarme un filtro que me convirtiera en princesa por un día y ganadora de la final de Operación Fracaso, o bien encendiera alguna vela negra a mis enemigos que los transportara de golpe a una dimensión desconocida con mucho llanto y crujir de dientes.

La dueña del establecimiento me recibió con una aterradora sonrisa en la boca: cumplía todos los tópicos preceptos de apariencia que podían acreditarla como bruja de la peor calaña, con harapos negros malolientes coronados con un sombrero picudo, pelos de rata psicótica y verrugas y jorobas en los lugares más insospechados de su figura.
-¡Mmmmm, una clienta! ¿Qué se os ofrece, guapa? ¿Algún filtro de amor que os permita atrapar al noble más boyante de la comarca? ¿O tal vez un sortilegio de belleza inmediata?
Quise creer que su última pregunta respondía más a una estrategia de márketing que a una indirecta poco amable con mi persona, y me concentré en lo importante.
-Os contaré el problema y dejaré su solución a vuestro profesional criterio, buena mujer. Ahí afuera hay más o menos 500 hombres persiguiéndome con intenciones lesivas para mi físico y mi virtud, ésa que todas las mujeres debemos guardar como un tesoro. ¿Qué me aconsejáis, aparte de rezar a todos los santos del santoral para que intercedan con el diablo en que no me guarde el peor sitio del infierno?
Mi interlocutora pareció reflexionar y, por fin, se volvió y hurgó entre los polvorientos anaqueles a sus espaldas. Sacó una redoma llena de un líquido de color gris parduzco de aspecto nada apetitoso que parecía la última creación gastronómica de uno de los afamados cocineros del rey.
-Este preparado os dará la visión de los agujeros dimensionales que se hallan a vuestro alrededor. Están por todas partes, sólo que el común de los mortales son incapaces de verlos. Sólo tendréis que entrar en uno de ellos e imaginaros el sitio en el que deseáis estar. Son 10.000 maravedíes -cogí mi bolsa y la vacié convenientemente en las ávidas manos de la bruja, maldiciendo porque otra vez no iba a llegar a fin de mes-. Pero antes de que lo toméis debo advertíos que tiene efectos secundarios. Os convertiréis en una persona sensible al capricho de las leyes del tiempo y el espacio, y puede ser que en algún momento os encontréis en lugares donde no os apetece estar y en tiempos que ni siquiera deberían existir.

Pero ya la soldadesca llamaba a la puerta y no podía permitirme el lujo de dar la importancia debida a las palabras de la terrible hechicera. Así que me eché la pócima al coleto, de inmediato vi una especie de túnel nebuloso ante mí y me precipité adentro mientras imaginaba verme a las afueras de la aldea, donde había dejado mi cabalgadura. Dicho y hecho, en un santiamén me hallaba en el sitio indicado, con la bolsa y el estómago vacío y pocas posibilidades de que ambos se llenaran en breve, pero al menos aún en el mundo de los vivos, quién sabe por cuánto tiempo.

Pero a partir de entonces me suceden cosas extrañas. Cuando más tranquila estoy me veo arrastrada por el túnel a un mundo que no me gusta nada. En él me encuentro secuestrada en el cuerpo de una personaja cuyo nombre empieza por la misma letra que el mío, pero ahí se acaban todas las semejanzas, cuya vida es tan penosa y está más explotada laboralmente que los esclavos del lugar de donde vengo. En este país y en esta época, llena de sorprendentes aparatos en uno de los cuales estoy escribiendo este testimonio, la Iglesia Católica no sólo no ha perdido un ápice de su poder e influencia, como augurábamos optimistamente l@s compañer@s de batalla en nuestras charlas tabernarias al atardecer que sucedería en el futuro, sino que lo ha aumentado, y hay que consultarla en todo, desde legislar supuestamente en bien de l@s ciudadan@s hasta liberar a unos presos a los que llaman “políticos” y que parece que sólo están en algunos países, curiosamente los que tiene sistemas de gobierno menos absurdos. Dicen que hay crisis económica y que la gente no tiene trabajo, que se impone la austeridad presupuestaria, pero en lugar de recortar gastos en aviones privados y lujos asiáticos de los dirigentes de la política y la economía lo hacen en servicios a la población, que a su vez podrían ser una fuente de empleo, lo que generaría más consumo y redundaría en el beneficio de estos empresarios que parecen tan intocables y que se quejan sin parar, aunque la mayoría no cesa de declarar que han tenido beneficios a pesar de esta situación; al contrario, parece que esperan que sean los que menos tienen los que salven la situación, cosa que no tiene ningún sentido, y además de bajarles los salarios les suben los precios. Aunque teóricamente está permitido que las personas dejen de trabajar un tiempo (se denomina “huelga“) para luchar contra situaciones laborales abusivas, en la práctica se les recorta el sueldo, se les obliga a unos servicios mínimos que equivalen casi a no hacer huelga y encima se les acusa de tener intereses políticos detrás, con lo que esta opción de protesta se ve dificultada enormemente. Nadie parece estar preparado para el puesto que desempeña y se toman decisiones peregrinas, como prohibir las únicas opciones que mujeres oprimidas por religiones tan estúpidas como la católica salgan a la calle y se relacionen, y todo ello alegando el bien de la mujer. Y eso sin mencionar que parece que a mayor grado de delito y peligrosidad social también es mayor la impunidad judicial.

Y yo que pensaba que la época de la Peste Negra y de las guerras interminables eran malos tiempos… Estoy empezando a pensar que tal vez no hubiera sido tan terrible que me atraparan los soldados.

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Estatut de Catalunya: donde la voluntad del pueblo es papel mojado

En una aldea perdida en la periferia de este país, sus habitantes decidieron proveerse de un documento que les regiría y permitiría un gobierno más autónomo y una mejor gestión de sus recursos. Después de negociar con las autoridades centrales y de renunciar a gran parte de sus pretensiones iniciales, el villorio en cuestión tuvo que contemplar cómo las fuerzas más oscuras de aquel estado acusaban a su documento de vulnerar las leyes del mismo y al final, tras años de tira y afloja, cobardía política del Gobierno e imposiciones de la oposición, ésta cumplió su propósito y la voluntad legítima de ese pueblo fue convenientemente expurgada de los puntos menos convenientes para la oligarquía que gobernaba en las sombras.

¿Qué se puede esperar de un país donde se anulan las votaciones donde triunfan las palabras incómodas para su jefe de estado, donde se instauran por decreto leyes que perjudican a l@s trabajador@s para paliar crisis que han fomentado los señores feudales, donde se juzga a los jueces que buscan la justicia? Se puede esperar que sus ciudadan@s no acaten.

Más y mejor info sobre el tema
-http://ventanasdelfalcon.blogspot.com/2010/07/la-izquierda-de-madrid-debe-oponerse-la.html

http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/07/02/sentencia-estatuto-y-democracia

-http://rafa-almazan.blogspot.com/2010/06/hay-que-mirar-al-futuro-mariano-dixit.html

-http://www.somunanacio.cat/www/somunanacio/ca/banners

-http://bloclaratera.blogspot.com/2010/06/dempeus-per-catalunya.html

-http://francescms.blogspot.com/2010/06/iu-rechaza-la-sentencia.html

-http://dempeus.nireblog.com/


-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/06/29/del-tribunal-constitucional-i-altres-imposicions


-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/06/30/la-sentencia-del-tc-des-dangles-diferents

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Un poco de memoria histórica en tiempo de recortes sociales

Velas contra la impunidad

Ellos y ellas, ajusticiados sin justicia y relegados a la soledad de las fosas comunes olvidadas, por culpa de un sistema cruel, ambicioso y cobarde, lucharon por esos derechos que hemos dejado que nos quitaran con la mayor tranquilidad del mundo. Ahora menos que nunca hay que olvidarlos.

Porque

Tratan de convencerle, abuelo,
las explosiones han terminado.
Pero cuando sale a la calle,
Madrid parece bombardeado.

En el vídeo Cultura contra la Impunidad han colaborado Pedro Almodovar, Maribel Verdú, Carmen Machi, Aitana Sánchez Gijón, Mariana Galeana, Hugo Silva, Juan Diego Botto, Almudena Grandes, José Manuel Seda, Pilar Bardem, Miguel Ríos, Juan José Millás, Paco León, Juan Diego y Javier Bardem. Ha dirigido Azucena Rodríguez.

Tras la presentación a los medios de comunicación, la Plataforma y Red contra la impunidad del franquismo invita a los ciudadan@s y en especial a integrantes de todas las entidades que participan en la Plataforma y en la Red contra la impunidad del franquismo a asistir a la proyección del vídeo este jueves 24, a las 19:00 horas, en la Sala Clara Campoamor del Congreso de los Diputados, Carrera San Jerónimo, 36 (enfrente del Congreso).

IMPORTANTE: Al tratarse del Congreso, por motivos de seguridad piden a la organización que entreguen el jueves por la mañana nombres, apellidos y DNI de todas las personas que vayan aasistir al acto. Si no, no permitirán la entrada. Enviadlos a este e-mail.

Asistirán familiares de víctimas del franquismo, integrantes de la Plataforma y Red contra la impunidad del franquismo y algunos de los participantes en el vídeo, que presentarán el acto.

Durante la proyección se encenderán velas como homenaje a los más de 113.000 desaparecidos víctimas de la represión franquista.

Al término del acto los participantes y todos los que lo deseen se trasladarán a la Puerta del Sol, donde, como todos los jueves a las 20:00 horas, habrá una concentración contra la impunidad del franquismo.

Además, este sábado 26 a las 22:30 de la noche en la Puerta del Sol se celebra una concentración nocturna contra la impunidad del franquismo. Se llevarán miles de velas en memoria de los 113.000 desaparecidos de la dictadura.

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