Bosque de Brocelandia
Combates y aventuras en un mundo hostilArchivos para memoria histórica
Existe esperanza
14 agosto 2012 en 11:36 · Archivado en Estocadas y etiquetada:capitalismo, copago, corrupción, crisis económica, deshaucios, explotación laboral, fascismo, franquismo, impunidad, injusticia social, ley del aborto de Gallardón, memoria histórica, PPSOE, recortes en Sanidad y Educación, recortes sociales, violencia contra las mujeres
Creímos que otro mundo era posible. Remarcamos que además necesario. Peleamos contra una globalización que no era más que otra vuelta de tuerca al capitalismo más salvaje, nos empeñamos en no olvidar a las víctimas más flagrantes del sistema, esos países que sostenían nuestro modo de vida occidental con su producción agrícola, con su trabajo sin horarios, con sus vidas, con sus muertes. Nos apoyamos en los logros del pasado, en la sangre derramada que había fructificado en nuestros derechos.
Pero también fuimos cómplices. Nos creímos la mentira del euro y jugamos a hacer burbujas inmobiliarias de jabón, tan tóxicas que destrozaban el paisaje, la convivencia y la poca legalidad que aún existía allí donde se posaban, extendiendo un cáncer de corrupción. Nos creímos burgueses, nos reímos de las luchas antiguas pensando que ya había arribado la utopía, acallamos a carcajadas las voces lúcidas y discordantes, o por lo menos escondimos los oídos en la tierra. Y vivimos así, encerrados entre las horas extras, la hipoteca y Gran Hermano, cada vez más solitarios, egocéntricos y amargados, sin compañeros ni objetivos comunes, creyéndonos felices y propagando la infelicidad en nuestro entorno porque éramos demasiado pusilánimes para aceptar que todo era una farsa. Pusilánimes, sin embargo, con techo, cuidados médicos y alguna posibilidad educativa que, cuando sonaron las alarmas, en lugar de levantarnos, nos arrimamos a la opción más caduca, estrecha de miras, estúpida, egoísta, corrupta y mentirosa (aunque los otros no les van mucho a la zaga) olvidando sus crímenes pasados y el hecho de que fueron quienes sentaron las bases de la debacle actual.
Ahora, en un paisaje agostado, devorado por el fuego y la ambición, sembrado de ceniza, cemento y basura, transitan almas en pena. Han perdido el techo, la asistencia médica es cada vez más o un lujo o una limosna que hay que pedir bien arrodillado, y la educación, cuando alcanza unos mínimos, es pura doctrina. Han perdido incluso el poco derecho que tenían a gobernar sus cuerpos, les han arrebatado la memoria, les han deshauciado hasta de los sueños. Y, aunque muchas de ellas hayan despertado, viendo que la ceguera persiste a su alrededor, se rinden sin presentar resistencia.
Pero no somos víctimas; al menos, en nuestra gran mayoría. La mayor parte de nosotros hemos contribuido a esta cada vez más vergonzosa España con nuestra cobardía, nuestra incultura reivindicada, nuestra pereza y, en los casos peores, nuestro aprovechamiento de las circunstancias. No me dirijo a estos últimos: en una España posible y necesaria, tricolor, justa e igualitaria, ellos mismos verían que no tienen lugar y no tardarían en marcharse. Hablo para todos los demás, los que ya dan la batalla, los que quieren darla, los que no saben cómo hacerlo, los que aún no se atreven y los que aún no creen en ella. Y declaro que sí, existe esperanza.
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¿Por qué voy hoy a colgar una bandera republicana en un lugar público?
14 abril 2012 en 5:54 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, capitalismo, II República, injusticia social, lucha feminista, lucha obrera, memoria histórica, recortes sociales, República
Pues por esto.
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En la lucha final (II)
12 abril 2012 en 7:05 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:29M en Barcelona, Bosque de Brocelandia, capitalismo, crisis económica, Edad Media, explotación laboral, expolio en Siria, fascismo, franquismo, Grecia, impunidad, injusticia social, Irak, lucha obrera, memoria histórica, privatización arqueología en Grecia, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Sirira, Spanish Revolution, suicidios en Grecia
(viene de) Tengo que reconocer que en los peores momentos de mi vida siempre había encontrado una mano tendida aunque a veces hubiera acabado sosteniendo el látigo que acabaría estrellándose contra mis espaldas, un inesperado golpe de suerte que en pocos meses se convertiría en una maldición. Cuando llegué a Barcelona, exhausta y derrotada, unas semanas antes, había tenido que hacer un esfuerzo para que la depresión no me arrojara contra una cuneta para dejarme morir allí. Pero a mí aún no me habían robado toda la esperanza ni todo el trabajo de toda mi vida, como habían hecho con los desposeídos en Grecia, y aunque solo fuera por orgullo no quería que nadie me obligara a ser la mano autoejecutora del genocidio social del sistema; o tal vez me producía demasiada pereza pensar en cómo dar fin a mi vida. Sea lo que sea, en lugar de suicidarme hice lo que una mercenaria de pro debe hacer en esas circunstancias: emplear las monedas de Guillaume que aún me restaban en darme un buen baño, buscarme un alojamiento y procurarme ropas presentables que me acreditaran como una candidata susceptible de tener en cuenta para posibles encargos. Y, claro, frecuentar los mercados y las tabernas, que para que me entendáis funcionan como una especie de mezcla de Infojobs, LinkedIn y Facebook. Era consciente de que me había metido en la boca del lobo; me hallaba en el exacto lugar donde Karl y Gustaf me habían encontrado hacía ya casi un año, y pretender que serían tan imbéciles como para no buscarme allí, por muy evidente que ello fuera, era quizá suponer demasiado, incluso si era referido a ellos. Pero, a pesar de la advertencia del templario traidor y de la poca simpatía que debían de profesarme después de que el Sultán se hubiera vengado en ellos de mi huida, como seguro habría hecho, no conseguía sentirme aterrorizada por la perspectiva de volver a verles: les había perdido todo respeto, si es que alguna vez les había tenido alguno, y estaba segura de que si me los encontraba más que asustarme me iba a entrar un ataque de risa en sus barbas. Así que ya me veis de nuevo en la Ciudad Condal, intentando infructuosamente encontrar acomodo laboral mientras acarreaba un enorme agujero lleno de algo parecido a la antimateria que se abría justo en medio de mi estómago y que a veces me dolía tanto que hasta me hacía caminar encorvada; y no era hambre, os lo aseguro, aunque también comenzaba a sentirla. Pero, por suerte o por desgracia, estoy acostumbrada a las vicisitudes. Lo siento mucho por los positivistas y los amantes de libros de autoayuda: el Destino existe y que te esfuerces en mejorar tu vida, aunque muy recomendable, sirve de muy poco; tu sino se encargará de joderte bien jodido si eso es lo que tiene programado. Sobre todo si has nacido pobre y sin nobleza. Como en mi caso, por ejemplo. Y sobre todo si hemos vendido nuestro país a los neoliberales fascistas del PP, que a su vez aún lo venden más barato. Y por si fuera poco, en uno de mis deambuleos curriculares, al doblar una esquina, me tropecé de pronto de la manera más escandalosa con el mismísimo señor del lugar donde me había criado, mi archienemigo.
Naturalmente, me dispuse a poner pies en polvorosa: que yo supiera, el noble en cuestión no daba un paso fuera de su castillo sin ir protegido por una nutrida guardia que, estaba segura, debían de estar agazapados a mi alrededor, esperando tal vez una orden para caer sobre mí como auténticos antidisturbios cabreados. Y, de hecho, un grupo de cuatro secuaces taponaban la única salida: así que me decidí a esquivar a mi antiguo jefe y a arriesgarme por la calle que discurría a su espalda, con casi la seguridad de que encontraría a alguien emboscado en alguna parte: si l@s lector@s que conocen Barcelona alguna vez se han quejado de las tortuosas calles del Casc Antic, debo informarl@s que antes de derribar las murallas era aún peor (no obstante, tengo que reconocer que cuando estoy en el siglo XXI las echo de menos. Lo único que me consuela es que solo las han derribado, no las han sepultado por desmemoria o intereses, ni las han privatizado como en Grecia ni expoliado como en Siria o Irak)… Pero cuando me lancé hacia mi objetivo descubrí que también aquella salida había sido bloqueada. Así que di un paso atrás, alejándome de todos ellos lo máximo que podía, saqué la espada con seguridad y les regalé una sonrisa de suficiencia: estaba demasiado enfadada para tener miedo, y aquellos guardias, con sus negros ropajes protegiendo el lujo del noble (solo les faltaba la insignia de la División Azul), me recordaban demasiado a los efectivos policiales de Barcelona cargando indiscriminada e impunemente contra los manifestantes mientras acordonaban el Corte Inglés y la Bolsa. Yo misma podría estar en aquel momento herida, encarcelada o ambas cosas, si un camarada anónimo, al verme desorientada en la multitud y corriendo en dirección a las peores cargas, no me hubiera sacado allí casi en volandas; ni siquiera llegué a verle la cara. Pero ahora sí estaba permitido que me comportase como una salvaje medieval defendiendo mi vida sin que nadie me llamara terrorista por hacer lo mismo en 2012, así que moví mi espada para que destellara a la luz de las escasas antorchas, en señal de desafío, y me dispuse a la batalla. Pero los guardias estaba extrañamente inmóviles, y el único que se adelantó, con los brazos separados del cuerpo y mostrando que estaba desarmado, fue el señor.
-Guarda tu espada, Eowyn. Hemos venido en son de paz.
Vaya por dios. Con las ganas de juerga que yo tenía (sigue).
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Chicago (España), años 10
3 abril 2012 en 10:31 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, 15 de Mayo, 29-M, capitalismo, corrupción, crisis económica, despido libre, explotación laboral, fascismo, franquismo, Govern Mas, Huelga General, impunidad, injusticia social, lucha obrera, memoria histórica, PGE 2012, Rafel Alberti, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Spanish Revolution, violencia policial
Y lo peor de todo es que hay gente que sigue pensando que facilitando el despido aumentarán las plantillas; que congelando los sueldos se incrementa el consumo; que suprimiendo ayudas a la cultura y la enseñanza, y al empleo, seremos un país más competitivo; que las grandes corporaciones internacionales crean puestos de trabajo de calidad y han de tener más facilidades que las pequeñas y medianas empresas del territorio; que convirtiendo España en un gigantesco casino, paraíso maloliente de mafiosos premiados con amnistías y leyes a su conveniencia, va a mejorar nuestra calidad de vida; que los cuatro fraudes en la prestación de desempleo son los que nos han llevado a esta situación, y no la evasión de impuestos; que somos los vasallos de Alemania y de lo que representa y le debemos pleitesía; que los dependientes que no puedan pagarse los cuidados han de ir a pudrirse a las cunetas; que la salud es para el que pueda pagarla (dos veces); que nuestros impuestos no han de revertir en protección y servicios, sino en sueldos de políticos fascistas y genocidas y en sus corrupciones varias; que ahorrar en protección de incendios en Galicia no va a a tener ninguna consecuencia; que con más ladrillo y más destrucción de espacios naturales se va construir la economía más saneada y sostenible; que la memoria de l@s que lucharon por un mundo mejor se puede sepultar quitando placas y nombres de teatros y borrando murales; que los que protestan contra este estado de cosas, a menudo jugándose la paz y la integridad física, son el verdadero problema y contra ellos valen todos los medios, sean policías infiltrados cometiendo atentados, violencia indiscriminada aunque sea contra menores o discapacitados, represión de denuncias de agresión policial o equiparación penal con terroristas (¡y ellos se atreven a hablar de terrorismo!).
Pero lo que ninguno de ellos sabe, ni los votantes ni los votados, ni los que continúan intentando mentir al pueblo en un ejercicio de hipocresía (porque ya no les importa si nos creemos o no sus mentiras), ni los que continúan justificando la utilidad de su sufragio estúpido e insolidario (aunque ya sospechan que se volverá contra ellos) es que pronto nos convertirán en lo que más temen. Por mucho que nos encierren preventivamente.
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Desventuras de una indignada: Mujer sin futuro y Olvidos impuestos
9 marzo 2012 en 13:40 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:accidente del metro de Valencia, Bosque de Brocelandia, capitalismo, corrupción, crisis económica, cruzadas, Edad Media, explotación laboral, fascismo, franquismo, género, Govern Mas, impunidad, inmigración, lucha feminista, memoria histórica, niños robados, recortes sociales, reforma laboral, religión, República, violencia contra las mujeres
(viene de) Apoyada en la proa del barco yo contemplaba el crepúsculo derramándose sobre Chipre, cuya silueta ya se divisaba en lontananza. El bienestar que sentía, además que con la paz que experimentaba en comunión con el mar y el hecho de poder observar una costa mediterránea sin antiestéticos rascacielos ni insostenibles puertos de yates, tenía que ver con la alimentación regular y el descanso más o menos confortable (al menos en comparación con los días pasados) de los que venía disfrutando desde que me embarqué en aquella galera siria en la cual mi comitiva de rescate y yo habíamos encontrado un buen acomodo gracias las riquezas de la Orden. Aunque he de comentar que las perspectiva de hallarme en buenas relaciones con esa gente (contra los cuales tenía que añadir como motivo de aborrecimiento que se suponía que eran los precursores de los banqueros actuales, entidades que concentran la mayoría de los abusos del sistema en el siglo XXI) no me hacía sentir particularmente orgullosa de mí misma. Ni siquiera me tranquilizaba ni hacía que me viera menos como una traidora el saber que prácticamente no me había quedado otro remedio. Pero en aquel momento el tal Guillaume se instaló a mi lado, al parecer con ánimo dicharachero.
-¿Disfrutas del viaje? –me preguntó. Yo había logrado, afortunadamente, que me apeara el tratamiento de cortesía.
-Me gusta el mar –contesté, con la mirada fija en el espectáculo natural-. Tanto como me gusta el desierto. Lo primero tiene una lógica, pues nací muy cerca del Puerto de Barcelona. Lo segundo es más difícil de comprender: tal vez se debe a alguna de mis vidas pasadas.
-Pues lleváis un extraño nombre para ser aragonesa –objetó.
Le eché una mirada de soslayo: estaba segura de que su colega en la milicia le había explicado todos los detalles acerca de mi historia, por lo que no sabía a qué obedecía ese interés a asaetearme de preguntas. Pero pensé que lo mejor era seguirle la corriente.
-No podemos elegir dónde, cómo ni de quién hemos nacido. Pero tal vez sí deberíamos escoger a dónde queremos pertenecer. No me gusta la realidad, y me reservo el derecho de hacerme oriunda de un país de ficción. Que tal vez sea más real que lo que consideramos tangible.
-¿Y en ese país de ficción hay más mujeres como tú? Porque en las tierras que he pisado nunca he conocido a nadie que se te pareciera –siguió indagando. La verdad es que tenía al pobre hombre alucinado perdido.
-No soy una rara avis, Guillaume. Tal vez un poco incómoda para ciertas personas, pero eso no es ningún mérito. Me temo que cualquiera mujer que reivindique un poco de igualdad lo es.
Lanzó una breve carcajada.
-Desde luego que debes serlo. Escuché esa historia acerca del señor de la aldea donde naciste, que se ha tomado como una cuestión personal hacerte volver al redil como si supiera mejor que tú lo que te conviene…
-Para muchos somos eternas menores de edad y lo seremos siempre –concedí-. Pero no te equivoques: hay muchas mujeres como yo. Muchas, muchísimas, innumerables, todas. Tal vez solo se deba a la ceguera de los hombres el que parezcamos invisibles. Por eso mismo, te puedo asegurar, nunca pasaremos a los libros de historia.
-Pero ¿por qué dices eso? –me contestó, asombrado-. Se supone que en el futuro todo será mejor, para todos. Y para todas.
-Tengo buenas razones para afirmarlo –gruñí yo.
-¿Y también buscas el Graal?
Aquel brusco cambio de tema me hizo volverme hacia él. ¿De dónde había sacado eso? No era algo que acostumbrara a comentar, ni siquiera a mi viejo compañero de aventuras. Claro está que no me acuerdo de todas las conversaciones que he mantenido en noches de borrachera… Viendo mi extrañeza, se apresuró a matizar.
-Solo he atado cabos… Camelot, el Graal… Sé leer, y además disfruto con ello. Pero he dado en el clavo, ¿no es así?
-Tal vez mi idea sobre el Graal no sea la que tú crees –advertí yo.
-En cualquier caso, estaría encantado de escucharla…
-… y yo de explicártela –podía esperarse sentado-. Pero tendrá que ser en otra ocasión. Me gustaría dormir algo antes de llegar a tierra. Una vez allí, tendré que desplegar una actividad frenética de entrevistas y preparativos para la vuelta a Barcelona, y me gustaría encontrarme en buena disposición física.
-Tienes razón –accedió-. Descansa, te llamaré cuando arribemos a puerto.
Me despedí y me instalé en mi camarote, contenta de habérmelo quitado de encima y no porque fuera una persona desagradable, que no lo era en absoluto. Pero comprendía que era mejor que cada uno de nosotros se mantuviera en su sitio; estaba segura de que cualquier acto de compenetración con esa gente solo podía traerme problemas, y además de muy diversa índole. La verdad es que para amenizar el viaje me parecía mucho más entretenido charlar con la tripulación (cosa que podía hacer sin temor a suspicacias ya que mantenía mi condición de mujer bien oculta), que por cierto me habían informado de la manera en que los templarios habían exprimido a la población de Chipre con impuestos cuando fueron propietarios de la isla, hacía un siglo, como un Partido Popular cualquiera, o incluso ayudar a que la vida de los pobres condenados que hacían funcionar el barco fuera algo más fácil; al igual que pasará en el futuro, la mayoría estaban pagando con su esfuerzo la desgracia de haber nacido pobres. Y con esas reflexiones me desvestí y me metí en el camastro, para soñar con crepúsculos marinos y desiertos rojos, y también con las retorcidas callejuelas grises, las placitas y las fuentes de mi Barcelona natal. Después de unas horas de reparador sueño, me despertaron unos golpes en la puerta.
-¡Eowyn, hemos llegado! –me avisó Guillaume. Yo di un salto en la cama y me apresuré a pertrecharme para el desembarco. Me inquietaba lo que pudiera encontrar allí, y aunque estaba impaciente por interrogar a mi amigo, no dejaba de contagiárseme el ambiente de decaimiento que venía advirtiendo entre los templarios desde que viajaba en su compañía. No las jerarquías de la Orden, estaba segura, pero sí las bases en la mayoría amaban sinceramente Tierra Santa tanto como yo, y pensaban que su deber era salvarlas para la Cristiandad respetando a sus habitantes, sobre todo a los más desvalidos. Aunque fueran árabes; vamos, igualito que en el 2012. Y para ellos la pérdida casi total de aquellas posesiones les hacía sentir desanimados y decepcionados de la comunidad internacional, ocupada en otros proyectos que ellos creían menos espirituales y más crematísticos. Era patente el aroma a sueño roto, y no podía menos que pensar en otra ilusión quebrada en mil pedazos de la que hacía poco había llegado y a la que suponía no tardaría en volver: el otro mundo posible y necesario del siglo XXI, ahora ahogado entre injusticias, miseria y sangre. Pero sin detenerme más en pensamientos catastróficos, me reuní con mis compañeros de viaje y bajamos a tierra sin mucha dificultad.
Y entonces sucedió. No bien hubimos descargado nuestros enseres y recorrido el corto trecho del camino que nos sacaba del puerto en dirección al oeste, hacia el castillo de Kolosi, cuando algo así como un horrendo cataclismo de proporciones bíblicas se abatió sobre nosotros. Venidas prácticamente de la nada, decenas de sombras, mucho más del doble de nuestro número, cayeron sobre nuestros descuidado grupo armadas con dagas que, surgiendo de la aún semioscuridad, buscaron con lujuria asesina nuestras carnes. Entre aullidos de dolor, oí como Guillaume gritaba…
-¡En guardia, nos atacan!
… aunque era bastante evidente. Vi cómo protegía la espalda apoyándose en el muro de una de las precarias viviendas de los alrededores del puerto para enfrentarse a tres de los asaltantes, cubiertos con ropas tan oscuras como la noche, mientras echaba nerviosas miradas en mi dirección. A la luz de las antorchas, caídas en el suelo, vi que dos de aquellos hijos del demonio se acercaban a mí uno por cada lado apuntándome con las afiladas hojas. Yo me encontraba en una posición mucho más desprotegida que la de Guillaume, que estaba defendiéndose de sus atacantes con valor y efectividad empleando a la vez la daga y la espada; pero entonces se produjo un inexplicable segundo de vacilación en los dos asesinos que me proporcionó un lapso valioso para sacar mi arma, enrollar el brazo izquierdo en mi capa y escurrirme entre ellos: ser de pequeña estatura tiene estas ventajas militares. Yo jugaba con la oscuridad y la luz para esquivarles y sorprenderles, pero desgraciadamente aquellos hombres, grandes y fuertes, daban muestras de ser tan ágiles y flexibles como yo, lo cual no pintaba nada bien para mi futura permanencia en este mundo. ¿De dónde habrían salido?, me preguntaba, entre embate y embate. Su manera de luchar me era totalmente desconocida… si tan solo pudiera averiguar de dónde procedían y deducir su punto débil… En aquel momento, choqué desafortunadamente con otro de los contendientes en liza, que en aquel confuso montón se afanaba en finiquitar al segundo de a bordo de Guillaume y que, al echar el codo hacia atrás para tomar impulso para mejor atacar al desgraciado, me envió metros más allá hasta hacerme dar con mis huesos en tierra, cual si fuera un obstáculo molesto que le impidiera la culminación de la faena. Mi cabeza cubierta por el yelmo chocó pesadamente con las piedras de la calzada y mis agresores se precipitaron hacia mí, puñales en ristre, para acabar con mi malhadada existencia. Pero sucedió algo muy extraño: antes de que todo se nublara en mis ojos, escuché a Guillaume pronunciando mi nombre con desesperación y, de pronto, aquellos extraños sicarios se detuvieron en seco, se miraron y, súbitamente, emprendieron la huida.
Creo que en ningún momento llegué a perder el sentido. Recuerdo que, a partir de ese instante, todo pareció salir de madre: un horrísono sonido de metal combinado con gritos de guerra me hizo darme cuenta de que otros actores se sumaban a la representación, aunque ignoraba si estaban del lado nuestro o en contra. Se armó un revuelo de todos los diablos, pero un tiempo después se elevó un clamor triunfal en varios idiomas. ¿Había terminado? ¿Y a favor de quién? Acto seguido, noté cómo me levantaban y me transportaban en volandas, y un poco más tarde una sensación mullida bajo mi espalda. Las caras veladas de dos mujeres y un hombre anciano se sucedían ante mi turbia mirada. Luz. Un breve, o así me pareció, momento de oscuridad, y cuando abrí los ojos de nuevo pude observar una nueva sucesión de colores cálidos sucediéndose en una ventana que se abría ante mí, a la izquierda: me hallaba en una habitación extensa, decorada con un gusto espartano pero atractivo y bien caldeada por una chimenea que ardía frente a la ventana, al lado de la puerta de entrada; detalles de cuero, terciopelo, un par de bargueños de madera de calidad…. Yo reposaba en un cómodo y amplio lecho, preguntándome si debía mi salvación a una supuesta caballerosidad de los atacantes al saber que era una mujer, o si más bien mi género era lo que iba a provocar mi ruina. Entonces noté que había alguien sentado a mi lado, y ante mi vista empezaron a perfilarse las facciones de un rostro bien conocido.
Desventuras de una indignada: olvidos impuestos
-Eowyn, ¿te encuentras bien? ¿Puedes verme? –preguntó mi viejo amigo ansioso mientras pasaba una mano delante de mis ojos. Yo fije la vista en él con una mueca descontenta, y me incorporé en la cama con dificultad gracias a dolorido cráneo.
-Sí, desgraciadamente puedo ver perfectamente tu fea cara, por todos los demonios del Averno. Gracias a quien sea la muerte no me ha impedido volver a encontrarte para decirte un par de cosas y hacerte suplicar de rodillas el no haberme conocido nunca. ¿Qué es lo que ha pasado aquí? ¿En qué emboscada hemos caído? ¿Quiénes eran esos monstruos? ¿No se suponía que Chipre era un sitio seguro? Maldito seas por siempre, esto era lo único que me faltaba. ¿Sabes en los líos que me has metido mientras tú te beneficiabas a la concubina del Sultán y le robabas sus joyas, o lo que sea que te hayas apropiado y que ha hecho que se cabreara tanto?
El acusado intentó calmarme, haciendo un gesto de tranquilidad con ambas manos.
-Entiendo tu enfado, mi querida amiga. Guillaume me ha explicado todo lo que has tenido que pasar por mi culpa –me alegraba saber que el inquisitivo hermano había sobrevivido, a pesar de todo: realmente, no creí que lo conseguiría-. Pero créeme que en ningún momento pude imaginarme que mis aventuras pudieran afectarte en lo más mínimo. Te hacía tranquila y feliz deshaciendo entuertos por tierras castellanas y aragonesas, o tal vez de vuelta en tu complicado siglo XXI escribiendo en esa máquina endiablada de la que siempre hablas. Y por mi parte, en ningún momento quise apropiarme de nada que no me correspondiera, y menos de una mujer.
Acto seguido, me relató una extrañísima historia de la que, dado mi dolor de cabeza y malestar general, solo entendí lo de su encarcelamiento y posterior liberación por parte de la tal Samira, parte que ya conocía, y lo de que ella le había utilizado para conseguir un objeto en Sidón antes de morir entre sus brazos.
-Lamento lo de esa chica –le dije, sincera-. También, indirectamente, ella me salvó a mí –le expliqué lo de la compañera de Samira, la que me había librado de mis cadenas. No era tan mala como crees, estoy segura –le consolé.
-Eso carece de importancia ahora. Ya pasó. Solo importa que te recuperes cuanto antes. Duerme, más adelante tendremos tiempo de hablar largo y tendido de este asunto. Yo me quedaré contigo hasta que mejores. En realidad no tengo otro remedio, puesto que te he cedido mis aposentos –dijo, guiñándome un ojo.
-Y yo que te lo agradezco, pero ni lo sueñes que voy a dormir ahora –me disponía a levantarme de la cama, combatiendo sus protestas sobre que el médico me había recetado tres días de reposo absoluto y sus intentos de detenerme cuando, después de un par de golpes en la puerta, esta se abrió para dejar paso a Guillaume, que portaba una bandeja en la que se veía una botella de vino y dos copas. Me extrañó que él mismo se encargara de menesteres que solían normalmente dejarse bajo la responsabilidad de subalternos, pero la mirada alegre que nos dirigió y el afecto con que palmeó la espalda de su compañero de orden, me hicieron ver que se trataba de una deferencia personal.
-Un regalo para celebrar vuestro reencuentro: el mejor vino tomado prestado de las bodegas del comendador –dejó la bandeja en una mesita, que acercó empujándola con el pie-. Dejad, yo mismo os serviré. El médico cree que no te hará mal beber moderadamente, Eowyn.
-Y pobre de él que dijera lo contrario –aduje yo-. Ya es bastante fastidioso no poder moverse.
-Gracias, amigo –contestó mi compañero-. Dime, ¿los heridos se están recuperando bien?
-Todos están fuera de peligro –respondió. Y, dirigiéndose a mí-. Los nuestros llegaron a tiempo. Como siempre.
-Lo imaginaba –respondí-. Decid: ¿tenéis idea de quiénes eran esos hombres y qué querían?
Ambos templarios se encogieron de hombres.
-Nuestra ignorancia al respecto rivaliza con la tuya –admitió Guillaume-. Pero lo descubriremos en su momento. Y ahora os dejo solos: tendréis muchas cosas de las que hablar.
Fue inútil nuestra invitación a que compartiera el vino con nosotros. Cuando hubo salido, mi amigo sirvió una copa y me la acercó, y de inmediato llenó la suya. Yo le miraba con detenimiento.
-¿Son muy graves tus heridas? Aparte de un poco más pálido y más lento de movimientos, te veo casi como siempre. Pero no obstante hay algo… Dime: ¿de verdad estás bien?
Me sonrió con bondad.
-No temas. No me ha pasado nada irreparable. Y he mejorado mucho en los últimos días. Debería de haberme librado del médico y el comendador y encargarme yo mismo de tu rescate. Estoy seguro de que todo hubiera sido más rápido y mejor.
Yo solté una carcajada.
-Hubieras llegado tarde, como ellos. Los hombres sois unos inútiles totales cuando tenéis que planear algo que requiera una mínima estrategia… Pero bueno, cuéntame, ¿cómo es la vida en este lugar? ¿Seguro que te gusta habitar en esta reclusión? Me recuerda a un campo de concentración para parados húngaros, y me temo que vuestros jefazos están tan poco cuestionados internacionalmente como el Gobierno de ese país. Al menos mientras no amenacéis el sistema financiero internacional.
-No os cambiado nada, Eowyn –refunfuñó como contestación-. Sigues igual de protestona.
Él sí había cambiado: lo notaba a cada palabra que pronunciaba. Pero no podía averiguar en qué consistía ese cambio. Y eso me preocupaba. Le miré con simpatía.
-Te he echado de menos, cabronazo. Aún no he conocido a nadie que sepa aguantar tal cantidad de alcohol tan inmutablemente como tú –él me estrechó la mano sin responder, con aspecto de ir a soltar la lagrimita-. -Vale, vale, ya basta –le detuve, después de un breve lapso-. Que corra el aire, confianzas las justas, tampoco vamos a emocionarnos ahora.
Sus ojos brillaban con picardía.
-Tienes razón –me sostuvo la mirada unos momentos-. Escucha… me extraña que no sientas curiosidad.
-¿Sobre qué? –fingí ignorancia.
-Vamos, Eowyn…
-Sabes que no creo en estas cosas.
-¿Y tú eres la buscadora del Graal? –se burló amablemente.
-Sabes perfectamente lo que el Graal significa para mí –yo estaba comenzando a perder la paciencia.
-Tal vez cuando lo veas cambiarás de opinión.
Se levantó y comenzó a trastear por la habitación. Yo recliné la cabeza y cerré los ojos en las almohadas: tenía una jaqueca terrible, y cuando esto me sucedía las estupideces tenían el poder de acrecentarla. Sentí que él se acercaba de nuevo.
-Aquí está.
De mala gana, me incorporé de nuevo. Me presentó un cofre y me señaló su interior, una vez abierto. Yo lo observé encogiéndome de hombros.
-¿Y esto que se supone que hace? –pregunté sin inmutarme.
-Eowyn… -me regañó él.
-La sensatez –opuse yo-. Eso es a lo que me refería antes. Y la sensatez no tiene nada que ver con este objeto.
Su mirada dibujó un signo de interrogación. Yo hablé, inicialmente con desgana
-Te lo he contado varias veces. Es eso lo que estoy buscando. Ese peldaño más en nuestra evolución que nos permita dejar atrás nuestras absurdas pulsiones de destrucción y autodestrucción, de codicia absurdamente desatada, de miedo cerval que anula en nosotros cualquier tipo de límites. Que no nos deja preferir una muerte digna a una mala vida. Es algo tan sencillo como esto y se supone que hace mucho tiempo que deberíamos haber llegado a ese punto, pero no ha sucedido, y eso que en este año 1292 ya somos antiguos sobre la Tierra. Y lo peor, tampoco hay visos de que suceda en el siglo XXI; al contrario, cada vez nos hemos alejado más. Esto, tan sencillo y tan imposible, sencillamente la paz, la armonía, el valor y la cooperación, es lo que busco. Pero hace tiempo que sé que somos incapaces; y aún así… no puedo renunciar. Quizá haga falta un cataclismo, no lo sé, para que tomemos conciencia. Algunos pensaron que la crisis económica que comenzó en el 2007 iba a conseguirlo. Pero no. Fue desde el primer momento un invento de unos pocos para lograr todo lo contrario. El empujón final para acabar con lo poco racional que hasta entonces había construido el mundo. Lo siento, querido amigo, tal como están las cosas no puedo aceptar esas tonterías sobre objetos de poder ni oraciones a las potencias celestes ni valores de Semana Santa. En nuestro contexto, todo eso no es más que un hatajo de gilipolleces.
Sus pupilas se volvieron opacas, como si le hubiera hecho asomarse a la oscuridad del centro de la Tierra. No obstante, una luz que centelleaba en el fondo me hizo darme cuenta de que su fe continuaba inquebrantable.
-Te entiendo, Eowyn. Entiendo tu objetivo y tu angustia. Pero hace tiempo que averigüé que esto es real. Créeme, tengo motivos para saberlo. Desde hace mucho tiempo.
Una bombilla se encendió en mi cerebro.
-¿Qué es lo que me estás ocultando?
Él guardó silencio y yo continué, imparable.
-Desde que te vi entrar en aquella taberna de Acre vestido de nuevo con el hábito blanco, más aún cuando supe que tu posición en la Orden no era precisamente la de un mindundi, comprendí que había algo que se me escapaba. Escucha, camarada, hace poco he venido de un mundo donde se engaña y se oculta por miedo y por comodidad, donde no se asumen los errores del pasado, donde se pretende dictar al pueblo qué es lo que tiene que recordar, qué es lo que tiene qué olvidar y cuáles son los derechos que tienen que reivindicar. Me opongo a esa estrategia del miedo y la ocultación, la rechazo frontalmente y te juro que acabaré con ella aunque sea lo último que haga sobre este mundo. Y ahora llego aquí, a este tiempo que, a pesar de su también injusticia y violencia, a veces supone un bálsamo para mis manos cansadas de luchar por imposibles, y me encuentro de que tú, mi más antiguo compañero, la persona en la que depositado mi vida en múltiples ocasiones, practicas también estos métodos que aborrezco. ¿Qué se supone que he de hacer ahora? ¿Convertirte en mi enemigo? No puedo dejar de pensar que me has utilizado. Cuando me decías que había renegado de la Orden, que estabas agotado y que habías perdido la fe ¿fue alguna vez real algo de eso? Siempre te mantuviste en un discreto segundo plano, dejándome la iniciativa de todas nuestras aventuras, de las decisiones acerca de qué encargo escoger y cuál no. Pero ¿qué es lo que estabas tramando a mi espaldas?
Vi su expresión de desconcierto e impotencia, en mitad de un dolor que parecía golpearle en el estómago. Pero no consiguió que me apiadara de él un ápice; ahora yo sabía la verdad.
-Eowyn –alargó la mano hacia mí-, yo jamás he querido mentirte ni utilizarte.
Yo apreté los puños e hice un amago de golpearle. Fue entonces cuando comprendimos que algo estaba comenzando a ponerse realmente mal. Mi brazo se quedó a medio camino de su recorrido, paralizado y sin fuerzas, y volvió a derrumbarse sobre mi cuerpo. Él intentó ayudarme, pero sus manos parecieron tampoco responderle. Nos miramos aterrorizados: todos nuestros miembros, a pesar de los sobrehumanos esfuerzos que estábamos realizando, parecían negarse a seguir las órdenes de nuestros cerebros. Con los dientes apretados por la rabia, caímos sobre la cama, uno al lado del otro, incapaces ya de mantenernos erguidos.
La puerta se abrió y un Guillaume de expresión circunspecta entró en la habitación. El atisbo de esperanza que su entrada nos había ocasionado se heló al ver que iba acompañado de todos los miembros de la comitiva de rescate que no habían sido heridos en la reyerta con los desconocidos vestidos de gris, y que ninguno de ellos se esforzaba en socorrernos; más bien, nos miraban como si aquello fuera el desenlace esperado. Quise gritar, pero ni mi boca podía abrirse ni mi garganta emitir ningún sonido. Una sombra de tristeza cruzó por el rostro de Guillaume mientras se acercaba a nosotros, recogía el cofre y su contenido y lo guardaba bajo su hábito.
-Lo siento, Eowyn. Y lo siento también por ti, compañero. No os preocupéis por los efectos de la sustancia que vertí en vuestro vino, no tienen consecuencias graves y en breve volveréis a sentiros como siempre. Tenía que hacerlo… Eowyn, cuando supe que el Sultán te había encarcelado, intenté resolver las cosas por la vía diplomática y solicité una entrevista con él. Hablamos durante varias horas y me hizo una oferta que no pude rechazar. Una oferta que excede a todo lo que tu imaginación pueda presentarte. Así que pensé en traerte aquí con el propósito de que distrajeras a nuestro común amigo y lograra que sacara el objeto de su escondite, que no había revelado ni al mismísimo maestre y que yo sabía que no podríamos extraérselo ni mediante la tortura, en el caso de que yo hubiese deseado practicársela. El resto sería fácil… Nos disponíamos a sacarte de la prisión cuando vimos lo que habías hecho con el pobre, es un decir, Gustaf; por eso el Sultán no te persiguió, y yo fui el único que robó tus pertenencias de la posada, con vistas a conseguir un salvoconducto hacia tu confianza… He de decir que me sorprendiste gratamente. Si hubiera imaginado mínimamente cómo eras, tal vez nunca hubiera firmado ese pacto. Pero ya estaba hecho.
Las palabras se arrastraron desde mi garganta, envueltas en la rabia más destructiva. Otra vez había sido engañada. De nuevo había caído en la trampa de mi estúpida inocencia y mi imbécil confianza intrínseca en el género humano.
-Te mataré, hijo de puta. Prometo que un día te encontraré y te mataré.
-Y estarías en tu derecho –la tristeza no escapaba del tono de su voz ni de su mirada-. Pero antes me temo que tendrás otras cosas de las que preocuparte. Quiero advertirte de algo: guárdate de Karl y de Gustaf.
-Puedo resolver mis conflictos exlaborales sin tu ayuda, gracias –le escupí.
-No se trata de esto. Ni siquiera de los deseos de venganza que sienten después del lío en el que los metiste con el Sultán. Se trata de otra cosa. De algo mucho más grave. ¿Nunca te ha s preguntado por qué esos dos se cruzaron en tu camino? ¿Lo atribuyes todo a una simple casualidad? Me temo que eres demasiado inteligente como para no haberte hecho algunas preguntas al respecto… -yo callé; desgraciadamente, Guillaume tenía razón-. Lo sabía -manifestó su satisfacción-. Pero no voy a decirte nada. Tendrás que averiguarlo por ti misma. Eso te mantendrá ocupada.
Yo no sabía qué más decir. Ninguna palabra podía definir mi aborrecimiento hacia él. Se volvió hacia la puerta, seguido de su cohorte, pero antes de desaparecer volvió a dirigirse a mí.
-Me llevo un tesoro y os dejo con un tesoro mayor: vuestra amistad y vuestro compromiso con cambiar el mundo. Creo que en realidad os envidio. Cuidaos mutuamente, ambos os los merecéis. Sobre todo tú, Eowyn: por mucho que quieras negarlo, eres única. Ojalá te hubiera conocido en otras circunstancias.
Desapareció tras la puerta y yo me volvía hacia mi compañero: el odio que refulgía en sus ojos, siendo él tan paciente y mesurado, consiguió asustarme. Y encima el traidor de Guillaume había tenido la desfachatez de hacerme destinataria de su estúpido peloteo final: qué estragos puede hacer el sentimiento de culpabilidad, aún en los más viles. Poco a poco sentía que me recuperaba de la inoportuna parálisis provocada por el veneno, y en unos minutos ya volvía a ser dueña del control de mi cuerpo. Tapé a mi amigo con unas pieles de animal que adornaban el lecho, pues temblaba de frío y le estaba costando mucho más recuperarse que a mí, probablemente debido a su mayor edad y tamaño. Pero cuando lo hizo, aquello sucedió de golpe, no gradualmente, como había sido mi caso, y en un momento le vi levantarse y salir disparado hacia la ventana, probablemente a la misma velocidad en que lo hacía cuando tenía quince años. Una vez allí, golpeó el alféizar con ambos puños, infructuosamente.
-Ni siquiera se le divisa ya. ¡Maldito sea él y toda su progenie, si algún día encuentra a una hembra lo suficientemente incauta para que le permita engendrarla! Le mataré con mis propias manos, te lo juro, y no pienso hacerlo de manera rápida.
-Puedes matarle –intervine yo desde la cama. Normalmente solía ser él el encargado de calmarme, mi genio era mucho más vivo que el suyo: pero la verdad es que Guillaume no significaba para mí lo mismo que para él. Comprendía lo hondo de su sentimiento de traición-. Pero no antes de que yo le haga sufrir la más cruel y refinada de las torturas que se me ocurra. En estos momentos creo que no existe nadie vivo a quien odie más que a él, con la excepción de Mas, Rajoy, Rouco Varela, Sarkozy, Merkel, la CEOE, y todos los cómplices de los anteriores. Lo harás –repetí-, pero no te impacientes. Llegará tu momento. Llegará nuestro momento.
Al final su habitual sentido pragmático dominó en él. Se dirigió hacia mí cruzando la habitación a grandes zancadas y se arrodilló a mis pies.
-Eowyn… no puedo decirte más que esto, pero ahora la lucha en la que participábamos se ha transformado. Sus alcances se han hecho mucho más amplios, casi infinitos. Yo sé que no puedo hacerlo solo, y al mismo tiempo no puedo confiar en nadie. Excepto en ti. El tuyo es el único brazo que quiero ver pelando a mi lado, y espero que tu rostro sea el último que vea antes de morir…
Extendí la mano hacia él.
-Sabes que cuentas con todo mi apoyo. Que siempre contarás.
-… pero no puedo ni debo involucrarte en ello. Mi egoísmo lucha con mi conciencia: quisiera verte a mi lado, pero no puedo permitirme que lo hagas. Eowyn, hay muchas cosas que no sabes, muchos secretos de los que tal vez no te recuperarías si los conocieras. No: no voy a arrastrarte a esta locura. Quédate cerca de mí, pero fuera de todo ello.
Yo no podía dar crédito a mis oídos.
-Entonces, ¿cuál quieres que sea mi papel en este asunto? ¿El de simple observadora? ¿El de…? No, no me atrevo a repetir lo que me pasa por la cabeza. ¿Pretendes protegerme? ¿Y de qué, si puede saberse? Después del largo tiempo que hemos pasado juntos, ¿aún quieres tratarme como si fuera una incauta doncellita necesitada del poder y la fuerza de un hombretón?
-¡No intento protegerte porque seas mujer! ¡Lo hago porque te aprecio! -se indignó.
-No me convences -rebatí yo-. No me convences tú, tus fantasías, tus secretos ni tus causas. Sí, es cierto, la batalla en la que participábamos ha ampliado sus alcances hasta límites insospechados, y a eso voy, a seguir en ella. Pero ahora tu lucha no es la mía; yo peleo contra algo real, por muy difuso que parezca, y ya no entiendo, ni en el fondo quieres que entienda, por qué peleas tú.
Guardó silencio. Yo sabía que nada que dijera serviría para hacerle entrar en razón: otro de sus defectos es que era terco como una mula. Una vez me dijo que existían fehacientes pruebas al respecto de que su familia en realidad procedía de Zaragoza. Me lo creí.
-Nuestros caminos se separan aquí –le di la mano, que él estrechó entre las suyas con expresión abatida-. Vuelvo a Barcelona, y quizá al siglo XXI en breve. Sé que no intentarás impedírmelo.
-Volveré a verte –afirmó él, con seguridad.
-En el Infierno –maticé yo-. Búscame un buen lugar si llegas antes que yo, al lado de alguna taberna mefistofélica. Por mi parte haré lo mismo.
Me desasí y le di la espalda. Alguien, tal vez él mismo, había dejado ropa limpia sobre un banco y mis armas reposaban al lado. Me vestí, me equipé y salí por la puerta sin mirar atrás. Entre la hora de maitines y prima había poca actividad en la encomienda y ni siquiera parecía que la huida de Guillaume y los suyos hubiera sido notada. Yo busqué la cocina y tomé prestadas algunas provisiones ante la mirada estupefacta del hermano cocinero, que al parecer hacía mucho que no veía una mujer por sus dominios. Salí, no sin antes darle las gracias, y me dirigí al establo. Rayo Blanco hizo un leve gesto de asentimiento con la cabeza al verme, como si me hubiera estado esperando. Yo monté sobre él y me perdí en la neblina del incipiente amanecer, dejando atrás el bosquecillo que rodeaba la solitaria torre del homenaje, tras las murallas.
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Se acabó
3 marzo 2012 en 9:08 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:capitalismo, corrupción, crisis económica, despido libre, explotación laboral, fascismo, franquismo, género, Govern Mas, Huelga General, impunidad, injusticia social, lucha obrera, memoria histórica, paro, PP, recortes sociales, reforma laboral, religión
¿Qué se puede decir que no se haya repetido ya hasta la saciedad? Sobre la destrucción sistemática de las conquistas sociales y el Estado del Bienestar que tanta sangre costaron a nuestr@s abuel@s, sobre la guerra sin cuartel que los psicópatas mercados han desatado contra la ciudadanía global, sobre las acciones concretas de sus cómplices en el Estado español, Rajoy, Mas y satélites, y su ofensiva sin precedente contra la Sanidad, la Educación, la Memoria, la libertad de prensa, religiosa y de opinión, la mujer, los servicios básicos, la seguridad laboral… la paz de la población, en suma. Lo hemos repetido en innumerables ocasiones, y sin embargo parece que no se ha dicho lo suficiente, porque cuando hablamos parece que solo nos responden oídos sordos y, la mejor de las veces, brazos sin fuerza.
Pero tal vez es que se acabó la hora de las palabras.
Mientras tanto, aquí os dejo un traducción de una más de las mentiras que el PP quiere insertar a fuego en nuestro cerebro gracias a sus canales de manipulación. Por si alguien aún no lo sabía. Por si sirve de algo.
Difunden este vídeo los blogs: Ciberculturalia, Relatando desde el Bajo Llobregat, Ventanas del Falcón, Kabila y Quien Mucho Abarca
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En la cárcel de la democracia: abusos laborales
11 febrero 2012 en 13:07 · Archivado en Divagaciones, Luchas colectivas y etiquetada:(In)Justicia española, Ana Mato, capitalismo, corrupción, crisis económica, cruzadas, despido libre, Edad Media, explotación laboral, fascismo, franquismo, Gallardón, Garzón, género, impunidad, injusticia social, lucha feminista, lucha obrera, memoria histórica, paro, PP, recortes sociales, reforma de la Ley del Aborto, reforma laboral del PP, República, sindicatos, Siria, Spanish Revolution
Aquello era injusto. Muy injusto. Lo más injusto imaginable. Era tan injusto que ni incluso la gran pantomima de la justicia española, aceptada cobarde y/o acríticamente por l@s ciudadan@s del país, no se podía comparar con lo que me estaba sucediendo ni lejanamente. Porque ¿qué importancia tiene que los asesinos o sus herederos, los corruptos y sus cómplices, denunciaran al juez que trataba de juzgarlos y encima consiguieran que este fuera condenado mientras ellos seguían libres, al igual que todos los demás estafadores del pueblo, cuando yo me encuentro aquí, en febrero de 1292, encadenada en un frío sótano de las mazmorras de la ciudadela de Damasco? Y sin haber cometido absolutamente ningún delito… que no sea hablar demasiado.
Pero es que mi lengua me pierde. En todos los sentidos. ¿Por qué cojones habría aceptado acompañar a Gustaf y a Karl a Damasco? Supongo que sus falsos elogios confundirían mi vanidad; y la perspectiva de quedar como una heroína salvando a mi antiguo compañero de las garras del sultán de Egipto (o “Califa de Damasco” como le llamaban, los muy incultos, con tal convencimiento que hasta yo me creí que el Califato había vuelto a Siria) tampoco ayudó mucho. O, joder, tal vez estaba sinceramente angustiada por la suerte de un hombre que me había salvado la vida por lo menos tantas veces como yo se la había salvado a él. Vale, de eso se trata entre compañeros de armas, pero bueno, había un cariño… Así que ya me veis, soportando una travesía marítima que en esta ocasión fue más corta, gracias a la ligereza y rapidez del barco y a las condiciones meteorológicas favorables y, una vez en Damasco, haciendo sutiles averiguaciones en las tabernas sobre las posibilidades de entrar en el Palacio para rescatar al jodido templario. Pero al parecer las averiguaciones no fueron tan sutiles, porque una noche, cuando me hallaba soñando con un paraíso de independencia económica, sabrosos manjares, cálidas estancia y atractivos hombretones, me vinieron a sacar de la cama los soldados del sultán en la mejor tradición franquista. Què volen aquesta gent que truquem de matinada? Pues qué iba a ser, mi cabeza de lengua excesivamente suelta. ¿Qué diría el sindicato de mercenarios si lo supiera? Nada, probablemente. Son tan poco combativos y tan traidores como CCOO y UGT. Y ni siquiera podemos aducir en su descargo lo que afirmamos acerca de los sindicatos supuestamente de izquierdas del siglo XXI: que en sus bases nadie presiona a las cúpulas y que es muy difícil afiliar y movilizar a los trabajadores, por apoltronamiento y manipulación, lo que facilita a la patronal inducir a los dirigentes a firmar pactos de supuestos males menores que solo conseguirán desprestigiarlos más, con lo que el poder económico y político matarán dos pájaros de un tiro. Una ventaja tiene todo esto, de todas maneras: a partir de ahora no voy a tener que recurrir a la magia para efectuar viajes al pasado. La reforma laboral del PP lo está consiguiendo de manera natural. Que el diablo se los lleve. Y sobre todo que tengas mucho cuidado de aquí en adelante; no apuesto demasiado por la integridad física de los responsables después de este nuevo atentado de terrorismo de Estado antisocial.
Pero mis reflexiones tuvieron que interrumpirse en aquel punto. Precisamente, el mismísimo sultán de Egipto, Al-Ashraf Khalil, envuelto en ricas telas, entraba en ese mismo momento acompañado de un nutrido séquito por la puerta de mi celda, entre estruendos de llaves y bisagras chirriantes. Se detuve delante de mí y echó una mirada socarrona a mi lamentable figura encadenada y envuelta solamente con una camisa desgarrada. Pero antes de que pudiera dirigirme la palabra, me encaré con él.
-¿Vais a explicarme de una vez qué es lo que hago yo aquí? ¿De qué crimen se me acusa? No creo que haber encarcelado a una de las más apreciadas súbditas del rey de Aragón -mentira podrida: Jaume Dos Palitos y yo no nos podíamos ver ni en pintura- ayude a mejorar vuestras relaciones con la Corona, que ya están un poco estropeadas después de vuestras pretensiones imperialistas. ¡Luego querréis firmar con él tratados de ayuda militar, y os sorprenderá que los rompa!
Me vi obligada a interrumpirme. Un soldado de la comitiva real avanzaba hacia mí con la mano extendida, mientras atronaba:
-¡No te atrevas a dirigirte en esta forma a mi señor? –yo cerré los ojos, esperando una soberana hostia; pero el aludido parecía estarse divirtiendo.
-Déjala –detuvo a su empleado-, me gusta su manera de hablar. Es un saludable cambio después de tantas concubinas sumisas –y dirigiéndose a mí-. Lamento comunicarte, dama Eowyn, que sé más de ti de lo que tú crees. Y la información de la que dispongo apunta a que al rey de Aragón no le causaría gran pena tu encarcelamiento ni tu eventual ejecución. Es más: creo que incluso me lo agradecería.
Yo me encogí de hombros, al menos todo lo que permitía las cadenas que sujetaban férreamente mis pies y manos.
-Bueno, yo no tentaría a la suerte, si fuera vos. Y ahora, ¿vais a decirme de una vez lo que queréis de mí?
Su sonrisa se hizo más amplia.
-No me detendré en circunloquios. Sé que has estado hablando con mis hombres, interesándote por la suerte de un cruzado que estuvo, digamos, hospedado en mi palacio…
Yo opté por ser sincera. Raras veces es la mejor estrategia, pero en ese momento estaba segura de que lo sería.
-Es un viejo amigo y estaba preocupada por él. Me enteré de que protagonizó una fuga espectacular de estas mazmorras, ayudado por una de vuestras concubinas que al parecer no era tan sumisa como decís que lo son las demás. Pero desgraciadamente no he averiguado más. Desde que salió de aquí, su rastro se pierde.
Una serpiente rastrera y repugnante se deslizó desde detrás del sultán, surgiendo de la semioscuridad de las antorchas, y ocupó el primer plano. Casi no pude creerme lo que estaba viendo: era Gustaf.
-¡No la creáis, señor! Ella sabe algo. Estoy seguro de que se han encontrado, o van a hacerlo. Probablemente incluso sepa dónde está el objeto.
¡Maldito traidor vil y fementido! Lo entendí de inmediato: todo había sido una trampa. Los avida dollars de Karl y Gustaf habían oído decir que el sultán buscaba a mi amigo y habían recordado que justamente ellos sabían quién era la compañera de armas más cercana del mismo. Fueron a buscarme para venderme, y si no lo habían hecho antes era porque esperaban que yo consiguiera la información. Pero ¿qué les hacía pensar que ya la había encontrado? ¿Y qué se referían con eso del “objeto”? Escupí en la cara de mi ex patrono (supongo que en esas circunstancias una puede dar una relación laboral por terminada).
-Gilipollas hijo de puta, eres aún más imbécil de lo que creía. ¿No entiendes que perderás tu cabeza llena de grasientos pelos cuando el sultán se entere de que le has vendido aire? Pero ¿tan obsesionado estás por acumular monedas que te has arriesgado a colgar tu culo de un hilo tan frágil?
Una sombra pasó por el granujiento rostro de Gustaf: estaba empezando a darse cuenta de que probablemente se había precipitado. Pero yo sabía perfectamente que no era tan idiota para denunciarme al sultán sin tener pruebas más o menos fiables de que la transacción que le ofrecía era justa. Me rompía las neuronas pensando si acaso yo había averiguado algo importante que no había sabido procesar adecuadamente. Pero el sultán nos ignoró a ambos, e hizo una señal a alguien situado detrás de él. Inmediatamente, siete tíos de aspecto imponente, una representación de todas las variaciones étnicas conocidas en la época, salieron a la luz. Iban medio desnudos y armados con enormes alfanjes. El sultán hizo un gesto de suficiencia.
-No solo tengo eunucos a mi servicio. Estos esclavos, convenientemente escogidos, me están ayudando a que el número de mi servidumbre se mantenga, sin tener que gastar grandes sumas en el mercado de esclavos –debían ser el equivalente medieval de los medios de comunicación y la telebasura del siglo XXI, que también crean esclavos, e incluso esclavos zombis… Pero no, no iban por ahí los tiros-. Su potencia sexual está acreditada –continuó el sultán, algo socarrón-: dicen que pueden soportar más de diez embates amorosos seguidos.
Resoplé.
-Pues me alegro por ellos y por sus mujeres. ¿Y?
-Sabes que odio la sangre. Como buen mahometano, mis costumbres son infinitamente más refinadas que las de los bárbaros cristianos. Y siguiendo mi costumbre he pensado que tras unas cuantas sesiones con mis hombres seguramente perderás todo tu orgullo y tus reservas a explicarnos tus averiguaciones.
Pues vaya. Así que iban en serio. Pero buena era yo: no estaban tratando con una doncellita asustadiza, sino con una guerrera experta, o al menos más o menos experta. Y no pensaba dejar que nadie me utilizara. Además, en la Edad Media, las mujeres debemos mantenernos casta y puras, obedecer a nuestros padres y esposos y no abortar a no ser que ellos estén de acuerdo. Bueno, en la Edad Media y en la España 2012 de Gallardón y Mato, que está haciendo honor a su apellido, claro: seguimos con los viajes al pasado. Eché la cabeza para atrás y solté una gran carcajada; esperaba que no se me notara que tenía los ovarios en la garganta.
-Me imagino que este fue el método que empleasteis con el anterior inquilino de estas celdas. Y me imagino también que fracasó estrepitosamente –el silencio del sultán me indicó que había dado en el clavo. Volví a reír-. Los musulmanes me encantáis. Sois de costumbres tan templadas y estáis dispuestos a hacer tales sacrificios por vuestro Dios que os imagináis que nosotros somos iguales. Pues no, mi querido sultán, pues no. A nosotros nos gusta el cerdo, el vino y la compañía de personas del otro sexo; en algunos casos incluso del mismo. Me temo que en el ánimo de nuestro mutuo amigo el templario sin duda pesó más su condición masculina que sus escrúpulos respecto a su Orden –el jodido cabrón… ¡yo preocupada imaginándole víctima de torturas espantosas y él pasándoselo en grande! Me alegraba por él, pero esta me la pagaba, seguro: si le encontraba vivo, iba a ser yo quien me encargara de matarlo-. En cuanto a mí, bien, me parece que mi fama me precede; sabéis que se me conoce por ser algo ligerita de costumbres, para emplear un giro eufemístico –esa es la reputación que me empeño en fomentar; pero la verdad es que no me como un puñetero rosco. Soy casi patológicamente tímida, aunque no lo parezca, y cuando veo a un tío bueno mi primera reacción no es echarme en sus brazos, sino correr a esconderme. Qué le vamos a hacer, no puedo evitarlo… Pero, lector@s, que quede claro que esto es un secreto entro vosotr@s y yo; no se os ocurra ir por ahí divulgándolo-. Así que si pretendéis hacedme confesar lo que no sé de esa manera… bueno, siempre se puede intentar, ¿no? No os garantizo el éxito, pero lo mismo pasamos un buen rato.
Le miré desafiante, y él a mí, dubitativo, desconfiadamente cabreado y algo desconcertado. Comprendí que había ganado un poco de tiempo; tal vez no más que unas pocas horas. Pero menos era nada. Él me amenazó con el dedo.
-Te garantizo que no te sentirás tan bromista dentro de un rato. Te lo garantizo –haciendo una seña a su cohorte para que le siguieran, dio la vuelta y salió de la estancia. El último en abandonar mi prisión fue Gustaf, que me echó una mirada medio inquieta medio amenazadora que no me gustó nada. Enseguida oí el estrépito de la cerradura de hierro y me encontré de nuevo perdida en mis pensamientos. Tenía tanto miedo que no me podía permitir el lujo de temblar: aunque me costara, era el momento de tener la cabeza fría, de encontrar una salida, por angosta que fuera. La verdad, no me fiaba de mí misma. Dejando de lado los palos que he recibido en las manis por parte de los Mossos d’Esquadra barceloneses y su colegas de Madrid, siervos de la dictadura española disfrazada de estado de derecho, nunca me había torturado nadie con algo más fuerte que unos cuantos latigazos y unas bofetadas intrascendentes, o con la visión de algún manjar que mi bolsa no se pudiera permitir, y no tenía ganas de empezar en aquel momento. Y de si algo estaba segura era de mi escasa tolerancia al dolor: no dudaba que a las primeras de cambio iba a contar mi vida con un detallismo propio de Proust. Pero, por otra parte, ¿qué podía explicar, si no sabía nada? ¿Y cuál era la información que Gustaf creí que yo sabía, y por qué? En mis averiguaciones, aunque tenía que beber para así emborrachar a mis interlocutores, siempre me contenía para no caer ni de lejos en la embriaguez. Mas ¿y si alguna vez me había descuidado y había olvidado algún dato crucial, que incompleto había llegado a los oídos de Karl y Gustaf? Si era así, esperaba que no se hiciera la luz en mi cerebro por el bien de mi extraviado compañero… Y, por otra parte, ¿cómo podía convencerlos de que no tenía información que aportarles? Solo me quedaba la ínfima posibilidad de ser más diestra con la pluma que con la espada el momento en que me capturaron. Así que me dispuse a afilar mis argumentos: no sabía el tiempo del que dispondría (sigue).
Más y mejor info sobre la Reforma Laboral del PP
-El blog de Carlitos Buenaventura
Tu voto:
Fraga Iribarne, que estás en los cielos
16 enero 2012 en 1:04 · Archivado en Estocadas y etiquetada:#occupyZarzuela, (In)Justicia española, 15 de Mayo, Campanades a Mort, Camps, capitalismo, Comunidad Valenciana, corrupción, Costa Concordia, crisis económica, Fabra, fascismo, Fraga, franquismo, Garzón, Haití, indígenas Tahumara, marea Verde, memoria histórica, sucesos de Vitoria, violencia contra las mujeres, violencia policial
Existe el infierno. Está aquí, en la tierra. Y ni siquiera son los otros. Es un infierno para pobres y honrados, para conciliadores y solidarios, para empáticos. Es un infierno donde la peor de las torturas a menudo conduce a una tortura mayor. Es el infierno de las mujeres maltratadas que perdonan a sus verdugos, de los indígenas que solo quieren vivir a su manera, de las víctimas de los terremotos que se prostituyen por un poco de agua, de las madres en la miseria que abandonan a su hijos o han de ver cómo mueren. Al parecer Jesucristo cuando habló del tema se hizo un buen lío. Porque son los malos los que van al cielo, o mejor dicho los que están en la gloria. Dejando tras de sí comunidades al borde de la ruina, barcos hundidos tripulados por incompetentes para que el armador se ahorre una pasta, manifestantes pacíficos muertos a tiros, una crisis mundial de consecuencias catastróficas.
Pero eso no importa. Creemos que la verdad está de nuestro lado. Solidarios y conciliadores, emprendemos iniciativas muy justas y respetables pero con las que le hacemos el juego al capital, autogestionándonos ante los recortes sociales, pagando y repagando eternamente los servicios que bien nos cobran o que nos recortan, como la sanidad, la educación y la ciencia. Editamos libros de texto gratuitos, retribuimos de nuestro bolsillo a los investigadores que despiden… tal vez creamos así ganarnos el cielo o al menos evitamos luchar demasiado, oponernos demasiado, ser demasiado los malos de esa película que tan bien nos venden. Pero no conducimos Ferraris, ni nos han construido estatuas, ni podemos jugar al golf ni nos han nombrado padres de la Constitución. Estamos haciendo el primo: vivimos sin saberlo en la antesala del infierno y la entrada cada vez parece volverse más grande.
Fraga ha muerto hoy, entre reivindicaciones de no pagar el metro y ocupar la Zarzuela, como si de pronto hubiéramos recuperado la sensatez. Pero también entre hostias policiales, que él hubiera aprobado. Fraga ha muerto feliz y en paz, y con su muerte ha muerto un poco más esa justicia posible que en verdad es imposible; los juzgados y condenados siempre son otros. Al menos hasta que dejemos de poner la otra mejilla indefinidamente, creernos los cuentos y hacer el ridículo.
Tu voto:
Feliz…
31 diciembre 2011 en 10:52 · Archivado en Estocadas y etiquetada:Aznar, capitalismo, corrupción, crisis económica, dictadura de los mercados, fascismo, franquismo, género, Govern Mas, injusticia social, lucha feminista, lucha obrera, memoria histórica, PP, recortes sociales, violencia contra las mujeres
Si fuera una persona como debe ser, y no la excéntrica rara vis (valga la redundancia por el énfasis) a la que ahora leéis, me plantearía el día de hoy una retahíla de buenos propósitos. Pero no puedo, por ejemplo, comprometerme a no fumar porque nunca he tenido esa costumbre (aparte de que a lo mejor voy a tener que hacerlo al revés para integrarme en el nuevo mundo mariano), a hacer dieta porque mi simbólico salario de mercenaria no me da ni para engordar un gramo, ni a ir al gimnasio porque ya estoy bastante agotada de echar carreras delante de los Mossos d’Esquadra (no, si aún tendré que agradecerles mi buena forma física). Por cierto, tampoco a aprender inglés porque se supone que ya sé; creo que anda colgado en algún lugar de mi habitación un título de la Universidad de Cambridge que acredita que mi dominio de la lengua de Shakespeare es más que notable; lo que pasa es que en ocasiones tengo la impresión de que eso no es más que una creación de mis sentidos, y lamentablemente los anglófonos que hablan conmigo están de acuerdo. Vamos, que a Aznar a mi lado casi se le entiende.
Y si, además de ser una persona como debe ser, fuera una persona como Dios manda, os hablaría en este post de las cosas importantes a las que me dedicaría este año. Os recomendaría que, como yo, siguierais la Fórmula 1, jugarais al pádel y al golf, rezarais mucho, cumplierais el papel asignado en la familia patriarcal, honrarais a los muertos ilustres y comprarais cantidad de productos de marca, preferiblemente si los responsables de la misma se lucran reduciendo al mínimo más inconcible la seguridad laboral de sus trabajador@s y fomentando el trabajo infantil. Porque es digno de respeto saber enriquecerse, y eso te da la medida de tu validez como ser humano. Y así, comprendería que las medidas de austeridad son necesarias y convencería a mis pobretones subordinados que es por el bien del país que se les bajan los sueldos, se les sube vertiginosamente el transporte, se les retiran las ayudas y las protecciones en sus situaciones de peor indefensión, y se renuncia a todo lo que significa ecología, cultura, investigación, ciencia, educación; mientras que las personas que detentan el poder político y económico en el país no deben sufrir ni el más leve pellizco en sus inconmensurables e ilegítimas rentas porque ell@s son los que están en situación de salvar el país; cosa para que la que, desde luego, han demostrado sobrada voluntad, capacidad y resultados. Y también me ocuparía de que nadie pudiera acceder a la escolarización ni a la sanidad si no puede pagársela, que ni está el país para mantener vag@s ni vamos a permitir que l@s parias aprendan a pensar por sí mismos.
Y si yo creyera en algo, siquiera en la actual medición del tiempo, os desearía feliz año nuevo. Pero aunque hubiera nacido con capacidad de tener fe, esta se hallaría tan menguada por las circunstancias generales, y tal vez por alguna particular, que incluso el axioma “pienso luego existo” me parece dudoso. Así que solo os desearé que, de aquí en adelante y hasta que se acaben los días, los meses y los años, tengan estos el nombre que tengan, nunca os falte el criterio para entender todas las posibilidades, la razón para discernir cuál es la que más os conviene, el equilibrio para poder pararos a meditar, el valor para tomar decisiones y la fuerza para llevarlas a cabo. Os deseo también que abunden en vuestra vida las personas que os quieran y a las que querer, esas personas por las que vale la pena vivir y luchar. Y que esta noche bebáis (con moderación, je je), bailéis y os divirtáis como si fuera la última despedida de año de vuestra vida. Que quién sabe… Esta que suscribe os acompañará en espíritu desde el reducto de los raros y los excéntricos donde no existen muchas de esas suertes.
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Una nueva esperanza para la izquierda catalana
12 diciembre 2011 en 12:02 · Archivado en Estocadas y etiquetada:15 de Mayo, capitalismo, corrupción, crisis económica, franquismo, Govern Mas, ICV, IU, lucha obrera, memoria histórica, recortes sociales, Spanish Revolution, XSUC
Se gestó en la sala trasera de un conocido restaurante del Barri Gòtic de Barcelona, cuando aún se escuchaban las últimas consignas la manifestación del 15 de Octubre, y se inauguró oficialmente el día 3 de diciembre del malhadado 2011 en el Centre Cívic Pati Llimona, a pocos metros del primer local. El nacimiento de la XSUC (Xarxa Socialista Unificada de Catalunya) viene acompañado de ecos de la tradición comunista catalana, recuerdos de la clandestinidad y vocación de actualidad, y creo que tod@s l@s asistentes a ambas reuniones sentimos que estábamos viviendo un momento histórico.
A nadie se le escapa que el desafío al que se enfrenta la ciudadanía mundial es más decisivo que nunca; los llamados ‘mercados’, que siempre detentaron el poder en la trastienda, no tuvieron suficiente con ello y dieron un golpe de Estado a escala planetaria para detentarlo asimismo a cara descubierta y poder influir con mayor facilidad en las decisiones políticas y así llenar aún más sus infinitas arcas, que nunca corrieron ni el más mínimo peligro de vaciarse. A consecuencia de esto, la democracia, donde la había, ha pasado de ser un engaño a convertirse en una burla cruel, y nuestro Estado del Bienestar, que entre tod@s construimos y entre tod@s mantenemos con nuestro esfuerzo y nuestros impuestos (que eso no se nos olvide nunca) se ha convertido en algo falsamente inviable que ha de ser repagado y repagado para poderse conservar, por si fuera poco con cada vez peor calidad y concedido con una injusta caridad paternalista con tintes franquistas, preñada de reproches por nuestra supuesta ‘mala cabeza’ y por haber ‘fracasado en la vida’. Mientras, se aumenta donde se debe reducir, se reduce donde se debe aumentar y se recorta donde se debe invertir, convirtiendo la economía en un círculo vicioso de pobreza y desigualdades que solo beneficia la acumulación de capitales por parte de los de siempre.
En este contexto, la izquierda no ha estado a la altura. Y no hablo solamente de esa autodenomenada izquierda que ni ella misma se cree ni se ha creído nunca que lo sea ni aspira siquiera a que nosotr@s lo creamos. Hablo de una minoría más o menos amplia de la izquierda que se supone real, que entre dogmatismos, utilitarismos, tentaciones y miedo de perder el sillón lo que ha perdido es el norte, y ahora emplea métodos antes criticados en sus peores enemigos. Por eso, un grupo de comunistas profundamente crític@s con este estado de cosas, y decididos a empezar un debate que no se concretará en propuestas vacías sino que será sinónimo de acción, hemos decidido fundar esta red, que se enriquecerá con las aportaciones de tod@s l@s camaradas que compartan estas ideas, organizad@s o no, mirando hacia las novedades en cuestiones de organización que nos ha aportado el movimiento 15-M y hacia sus reivindicaciones, que son también mayoritariamente las nuestras.
Si eres uno de nosotr@s, o si solo sientes curiosidad, puedes encontrar más y mejor info aquí. O puedes dirigirte a la que suscribe si así lo prefieres.
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15-J y 19-J: nunca ha habido más motivo
14 junio 2011 en 16:25 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:14J y 15J, Aznar, capitalismo, crisis económica, despido libre, Diccionario Biográfico, explotación laboral, fascismo, franquismo, Govern Mas, injusticia social, Llei Ómnibus, memoria histórica, recortes sociales, reforma laboral
Expongo a continuación algunos comentarios sobre una serie de noticias que se han producido estos días, y que ofrecen una idea bastante clara (las noticias, no mis comentarios) de cuál es exactamente la situación política por la que estamos atravesando actualmente, en el ámbito tanto nacional español y catalán como global, y por qué son necesarias las movilizaciones del 15-J y el 19-J. Están en orden cronológico inverso.Lunes, 13 de junio. ¿Alguien creía en realidad que los recortes de Mas y sus compinches iban a beneficiar a algún catalán no perteneciente a la elite político-económica de este bendito país? ¿Alguien se ha creído que la Llei Ómnibus no está basada en la doctrina del shock? De momento, que se lea esta noticia. Porque habrá más.
Domingo, 12 de junio. Rechacemos de plano ese pacto del euro que profundiza, como si fuera posible hacerlo más aún, en la Europa neoliberal y genocida en cuanto a las clases populares.
Sábado, 11 de junio. Sobre la crisis de los pepinos: ¿para qué sirve un gobierno que no defiende a sus ciudadanos, o por lo menos a los más desfavorecidos que no pueden pagar a cambio prebendas en dinero y especie, de los prejuicios reales o oportunistas esgrimidos por las naciones punteras de la UE?¿Para qué sirve un gobierno que es suficientemente fuerte para restringir derechos sociales impuestos por lobbys económicos internacionales y que al mismo tiempo no tiene las gónadas de exigirles a estos o a los países que los representan un mínimo de dignidad, justicia y solidaridad cuando han metido la pata hasta la misma rodilla? Pues para ser derrocado ahora mismo, por mucho que juegue a marear la perdiz. Y no para poner a otro aún más fascista en su lugar. Spanish Revolution. YA.
Viernes, 10 de junio. Las consecuencias del fracaso de la negociación colectiva conocidas el pasado 3 de junio no se han hecho esperar, y aquí va otra. No participo activamente en los sindicatos (por tanto, mis críticas contra ellos han de ser necesariamente muy cautas), ignoro las presiones a la que están sometidos y comprendo su necesidad de un apoyo popular, tan exiguo en estos tiempos desmotivados, aunque no puedo negar que no tengan una gran parte de culpa en esta circunstancia. Pero sea como sea, el hecho de no persistir en su lucha contra la patronal ni invocar medidas para conseguir que no se reforme la negociación colectiva de forma lesiva para l@s trabajador@s nos deja en manos de un decreto-ley del Gobierno sobre el que no se necesita ser un superdotad@ para adivinar a quién beneficiará. Y esta reforma de la negociación colectiva, nuestra única garantía de justicia laboral, no va a ser moco de pavo y probablemente las derivaciones sean muchísimo peores de las que ocultan los medios de comunicación del sistema: me temo que en breve podremos reírnos de la de 2010 si sigue adelante, que seguirá si no la impedimos. Algo más de info sobre el tema la tenéis (no son fuentes del todo contrastadas, pero creo que hay que leerlas) aquí y aquí.
Jueves, 9 de junio. Por fin Felipe Puig admite errores sobre lo sucedido el viernes, 27 de mayo, como tod@s sabéis, la carga policial sobre l@s indignad@s del movimiento 15-M acampad@s en la Plaça Catalunya de Barcelona y en Lleida, con la infumable excusa de la posible celebración de la Champions del Barça, que nos regaló imágenes dignas del mejor franquismo y de las actuaciones más notables de los poco añorados grises. Desde luego que se equivocó, afirma, pues, al haber subestimado la pretendida violencia de l@s acampad@s, aún tenía que haber ordenado a l@s mader@s pegarles más fuerte.
Y aquí me gustaría hacer un inciso y añadir algo que me viene rondando por la cabeza desde hace bastante tiempo: aunque en algún momento, llevada por la rabia, pudiera haber manifestado u hecho creer lo contrario, me resisto a creer que el solo hecho de pertenecer al gremio policial convierta a una persona en un fascista en potencia y/o en acto, como este elemento. Sería hacerme cómplice del típico y tópico pensamiento simplista y afín a generalizar, que lleva a prejuicios como la xenofobia y el racismo. Pero, aunque creo que es cierto que nuestro corrupto sistema judicial puede llegar a corromper a agentes del orden llen@s de buenas intenciones (aparte de que los filtros psicológicos de entrada de efectiv@s en los cuerpos policiales no creo precisamente que discriminen a seres como el anteriormente citado, más bien al contrario), lo que me parece incontestable es que los efectivos policiales tenían órdenes muy claras: algun@s tal vez incluso las cumplieron (concedo el beneficio de la duda) a disgusto. Y ciertas intenciones del señor (es un decir) Felip Puig publicadas recientemente apuntan de manera clara a esta hipótesis…. Por cierto, parece ser que la escuela de Puig tiene seguidores. Y, si siguen así, también tendrá más respuestas.
Martes, 31 de mayo. Hay libros que no deberían existir sobre la faz de la tierra. Volúmenes llenos de impías y sacrílegas abominaciones que nos hacen pensar en insondables abismos de terror absoluto inconcebible por cualquier imaginación humana. Entre ellos se pueden citar Unnaussprechlichen Kulten, de Von Junzt; De Vermiis Mysteris, de Ludwig Prinn; Cultes des Goules, del Conde D’Erlette; Fragmentos Pnakóticos, de autor anónimo y, last by not least, el deleznable Necronomicon, del árabe loco Abdul Al-Hazred. Pero el peor de todos es sin duda el Diccionario Biográfico Español, encargado por Aznar, presentado por Juanka, Sofi y la Sinde, y sufragado con casi siete millones de dinero público. En él se pronuncian horrores como el que reza “”[Azaña] se vio anulado por la iniciativa revolucionaria de las sindicales obreras armadas, pero se le mantuvo en el poder para que llenase, de cara a Europa, la imagen de un republicanismo democrático. [...] Su situación se agravó durante el Gobierno, prácticamente dictatorial, del socialista Negrín, en coalición con los comunistas” y . Pero lo peor no son las infamias de las que hace gala esta obra, sino el hecho de que algunos seres sin nombre ni forma hayan llegado a escribirlas y otros a patrocinarlas confiando que la credulidad de l@s español@s le den fe, consiguiendo que est@s se autoprecipiten de este modo a la aniquilación final.
Viernes, 27 de mayo. Esta noticia, que quedó algo ensombrecida por el violento desalojo de l@s acampad@s, relacionaba el ERE de Telefónica (que al final será de 6.500 personas en tres años), auspiciado por la empresarialmente servil reforma laboral del Gobierno, con las 15.000 prejubilaciones en las cajas de ahorro, asistida por la Ley de Cajas. Perdonadme, pero aunque los medios que han consultado establecen diferencias entre quién va a pagar estos ERES reales o simulados, si nosotr@s directamente o nosotr@s indirectamente, yo solo veo que de nuevo los trabajador@s quedamos desprotegid@s, y además doblemente, si no es con nuestros numerosos impuestos será con alguna subida de tarifas (además de perder nuestros puestos de trabajo, naturalmente). Si no, al tiempo. Y eso sin contar los premios concretados en los incentivos a los directivos, con los cuales se pagaría sobradamente el sueldo de es@s despedid@s durante mucho tiempo.
Viernes, 3 de junio. Anglada, Albiol, y ahora la Generalitat en pleno. “Son ayudas de Catalunya y para gente de Catalunya, afirma el ‘conseller’ de Malestar Social de la Generalitat de Catalunya Josep Lluís Cleries. Con estas palabras, el susodicho suprime de un plumazo las ayudas por niñ@ a cargo a los inmigrantes que lleven menos de cinco años de residencia en Catalunya. Sugiero humildemente, para que no haya lugar a dudas,. que a estos recién llegados se les obligue a coserse cruces ortodoxas, medias lunas islámicas o, en el caso de religión idéntica, las banderas de sus lejanos países mientras no cumplan el requisito de ser considerad@s catalan@s de pleno derecho (y pensar que antes bastaba con trabajar y residir en Cataluña, ¡qué discriminación para l@s auténtic@s hij@s de Pompeu Fabra!)
Primero tomamos las plazas. Ahora toca tomar el Parlament para impedir que se aproben estas destructivas medidas. Y esto no se acabará, o no se debería acabar, aquí.
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No estamos condenados, no tenemos que resignarnos, podemos elegir
5 mayo 2011 en 18:53 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:(In)Justicia española, 11-S, Afganistán, Bin Laden, capitalismo, crisis económica, Elecciones Municipales 2011, franquismo, injusticia social, Irak, IU, lucha obrera, memoria histórica, recortes sociales, Zapatero
Quiero seguir siendo prehistórica, nostálgica, romántica, trasnochada incluso. Quiero creer que aquellas luchas que ganamos con tantos sacrificios de tant@s compañer@s valieron la pena, aunque ahora nos hayan arrebatado su justo premio con la mayor inicuidad posible. Quiero que mis manos que ellos intentan dejar vacías, mi cabeza a la cual intentan extirpar los sueños, sean su azote, su infierno. Quiero seguir negando la realidad que me marcan, porque no es la realidad, es la imposición de una pesadilla, no quiero aceptar que lo normal y lo auténtico es la más cruel injusticia y la más absoluta represión, quiero seguir indignándome, quiero que nadie me impida seguir teniendo memoria, quiero que nadie me meta ese miedo que les sirve para vender armas. Quiero seguir gritando en desafío de estos crímenes políticos y económicos contra la Humanidad aunque no sirva de nada, aunque esté actuando contra mis egoístas intereses personales, aunque mi voz sea la única que resuene, aunque tod@s a mi alrededor me tachen (y a ti, y a vosotr@s) de loca. No estamos condenados, no tenemos que resignarnos, podemos elegir. No dejemos que nos transformen en sumisos espectadores de la basura en la que están convirtiendo nustras vidas. Las manos son nuestras.
No estamos condenados a elegir entre los mismo y lo mismo. Tenemos las manos vacías, pero las manos son nuestras
El 15 de Mayo toma la calle. Nosotr@s somos más
El Premio Nobel de la Paz ejecuta extrajudicialmente, su mascota Zapatero lo justifica con argumentos demenciales y Llamazares habla con justicia y sentido común
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La solución
18 abril 2011 en 7:15 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, capitalismo, corrupción, crisis económica, franquismo, Govern Mas, injusticia social, memoria histórica, privatizaciones, recortes sociales
Hoy voy a ser muy breve.
Porque no son palabras lo que necesitamos.
¿Qué solución hay en una sociedad donde a las empresas con beneficios se les permite despedir, donde se recorta en derechos fundamentales para alabar a las grandes fortunas, donde se procesa a los que denuncian a los corruptos, en lugar de a los corruptos y se olvida la memoria, donde las crisis las pagan sus víctimas?
¿Hace falta que me responda?
Tu voto:
Una temporada en el infierno (de la explotación laboral) (II de III)
13 abril 2011 en 7:32 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:Aznar, Bosque de Brocelandia, consulta soberanista de Barcelona, Edad Media, EUiA, explotación laboral, Garzón, ICV, Libia, lucha femenista, lucha obrera, memoria histórica, rebelión en Chile, revoluciones árabes, violencia contra las mujeres
(viene de) Además de vernos asediados por los microorganismos menos amables, de cuando nos asaltaban personajes vestidos de comerciantes que agitaban largas listas ante nuestros ignorantes ojos: descubrimos que el señor Adolfo tenía tantas deudas que le habían embargado el campamento, las armas, los caballos, y hasta la ropa interior que llevaba puesta (lo cual requería muy pocos escrúpulos, y no hablo ahora de escrúpulos morales, según veremos después), según él debido a los numerosos enemigos que se aprovechaban de su bondad y a los envidiosos que le odiaban debido a su maestría con los instrumentos bélicos y a su apostura personal. Las armas con las que pretendía que hiciéramos un buen papel en los torneos estaban estropeadas, mohosas y casi deshechas, y las pocas un poco aparentes se debían a la generosidad de un compañero de torneos de mejor fortuna. El rancho que se nos servía un día no y al otro tampoco era tan reducido en cantidad como en enjundia, y me vi obligada que recurrir a mis exiguas reservas monetarias para que mis femeniles curvas no perdieran su (menguado) poder de convocatoria ante el otro sexo; problemas alimenticios que no parecían afectar a nuestro jefe, al cual cada día se le veía más obeso y coloradote, y cuyos encargos a las tabernas que jalonaban nuestro camino eran progresivamente más abundantes. Por si fuera poco, de los “sustanciosos honorarios” que se nos habían prometido no habíamos visto ni un maravedí, la legendaria habilidad torneística de nuestro capitán era más irreal que la pericia política de los presentes y pasados gobernantes españoles (hubieran sido patéticas de no haber resultado cómicas las constantes caídas en el barro de su oronda, y fofa, humanidad antes de que hubiera podido ni siquiera embestir a un contrincante), lo que convertía a los esfuerzos del resto del escuadrón de hacer un papel regularcillo en denodados y casi infructuosos; claro que estos fracasos se debían totalmente a nuestra inutilidad y holgazanería, como no tenía inconveniente en declarar ante los espectadores con más poder adquisitivo, tal vez futuros organizadores o patrocinadores, o sea, clientes, en un alarde de profesionalidad. Eso cuando no echaba la culpa a los guerreros de origen morisco o judío, responsables, según él, de que se hubieran perdido las formas caballarescas en los torneos y de la inseguridad en los caminos.
-Eso es habitual –me indignaba yo-. No es la primero que veo cómo la gente justifica su fracaso acusando al otro, al diferente. No hay nada mejor para atizar el ardor guerrero de los autóctonos que difundir todo tipo de rumores falsos sobre los recién llegados. Las personas deberían de convencerse de una vez que la única patria a la que debemos fidelidad es la explotada ciudadanía, y los únicos extranjeros de costumbres diferentes e incompatibles con los nuestras son la maldita raza de los explotadores. Compañero, no dejemos que nos arrastren a esta trampa –él asentía.
Y así transcurrían los días en ese nuevo trabajo mercenario, del que de momento no veía la opción de ser rescatada (aunque si lo que me esperaba era un rescate como los de la Unión Europea con algunos países, más prefería el secuestro), sobrellevando como podía las precarias condiciones laborales mientras intentaba, como llevo haciendo desde tiempo, no dejar que la agresividad me cegara en el campo del batalla y resultar eficaz sin ser sanguinaria; ya había demasiada violencia en el mundo, sobre todo, y vergonzosamente, hacia las mujeres, y aunque era tentador aprovechar las armas físicas y virtuales que tenía a mi alcance para autonombrarme ángel vengador de mi sexo, no pensaba caer tan bajo como algunos integrantes del opuesto ni pensaba que fuera aquella la solución.
Pero aún no había llegado lo peor.
Una noche en que mi colega había sido oportunamente enviado a hacer un recado, nuestro amado general en jefe me hizo llamar a su tienda. Obedecí a regañadientes, imaginando que me requería para una de sus sesiones de batallitas, en las que solía enseñarme ruinosos pergaminos que atestiguaban logros militares obtenidos en batallas remotas, que él insistía en presentar como muy recientes como si creyera que todo el mundo tenía tan poca memoria como él (a lo mejor sospecha que en la España del siglo XXI el recuerdo está castigado por la justicia mientras la corrupción se premia) y no pareciendo ver que aquellos patéticos testimonios escritos se caían de viejos; yo me preguntaba cuánto había pagado al falsificador que le había hecho el trabajo, porque ni en mis más optimistas pronósticos podía aceptar que aquel ser hubiera sido en alguna ocasión un guerrero respetado, hábil y honesto, a pesar de la degeneración cronológica a la que todos estamos expuestos. Me hizo pasar y me indicó que tomara asiento. Una vez acomodada, me espetó:
-¿Eres feliz aquí, Eowyn?
Yo me encogí de hombros dirigiéndole una irónica mirada; hacía tiempo que había decidido hablar claramente con él, para bajadas de pantalones ya tenía suficiente con las de algunas asambleas de EUiA con ICV en la campaña para las elecciones municipales de España 2011.
-Bueno, si obviamos lo poco apropiado de nuestros aposentos, la escasez y reducida calidad del alimento, el incómodo ambiente de trabajo y el hecho que desde que estoy aquí aún no he visto un triste céntimo de maravedí, aparte de otras cosas que no tengo ganas de relatar ahora, sí, se puede decir que soy razonablemente feliz. La religión cristiana nos enseña la paciencia y el sacrificio, y a fe mía que en este empleo dispongo de sobradas ocasiones de practicar estas virtudes.
Él meneó la cabeza con expresión de seguridad, quitando importancia a mis quejas.
-Todo eso cambiará en breve, te lo prometo. El escuadrón ha atravesado un bache, producido por la envidia y la maldad de mis contrincantes -bla bla bla, ahorro a l@s lector@s la ya cansina cantinela-, pero estoy en camino de solucionarlo todo –al ritmo que íbamos, yo calculaba que le faltaban unos dos siglos para poder solventar sus deudas, y otro más para estar en situación de pagarnos a nosotros, pero joder, la esperanza nunca ha de perderse-. Ya te dije que tengo mucha confianza en tus aptitudes, muchacha. Estoy rodeado de inútiles, pero sé que con una mujer como tú a mi lado podría hacer grandes cosas. Eres exactamente la compañera que necesito –mientras decía estas palabras, iba a aproximándose a mi asiento con expresión lúbrica, al tiempo que yo miraba en torno mío considerando con desesperación las posibles salidas-. Contigo a mi lado, el éxito en los torneos estaría asegurado y conseguiríamos fama y riquezas inimaginables –se acercaba más y más, dejándome constatar que la deficiente higiene de sus posesiones se extendía también, y no veas de qué manera, a su persona; yo estaba a punto de morir intoxicada; al menos los vapores de alcohol que exhalaba su aliento, aunque desagradables, tal vez supondrían un antídoto contra tan infecciosas miasmas-. Tú solo acepta y el mundo estará a nuestros pies… Tienes tanto talento y eres tan hermosa –al parecer, a sus numerosos defectos había que añadir el mal gusto-… aunque he de añadir que me gustabas más cuando te conocí; últimamente te estoy viendo un poco flacucha y tus encantos femeninos desmerecen.
-No me explico a qué puede ser debido –fingí irónicamente ignorancia mientras me apresuraba a levantarme… bueno, por lo menos el interfecto había aludido a mis merecimientos profesionales, y no solo a mi supuesto valor como trozo de carne. Pero no era consuelo-. Gracias por el ofrecimiento, si me lo permites voy a consultarlo con la almohada. Hala, a pasarlo bien –desaparecí a toda velocidad por la puerta y regresé a mi infecto cubil, donde afortunadamente ya me esperaba mi compañero. Sin dejarle ni siquiera darme la bienvenida, le solté.
-Nos largamos. Ahora. Sigamos el ejemplo de las revoluciones de los países árabes y de olvidadas como en Chile y enfrentémonos al explotador, aun a riesgo de una intervención imperialista como de Libia que acabe con nuestras legítimas ansias de libertad y comida y garantice el suministro de petróleo a los países occidentales. No necesitamos una consulta independentista de esas tan lícitas pero con las que los poderosos distraen al pueblo de sus verdaderos problemas, nos independizamos solos con dos pares de gónadas, aunque Aznar quiera declararnos la guerra al igual que a las autonomías españolas y al comunismo cubano. Mi resignación cristiana y mi sentido práctico tienen un límite. Puedo aguantar verle a todas horas repantigado en su jergón vestido con esa camisa cuya mugre tiene hasta círculos concéntricos que delatan el milenio en el que se depositó allí, mientras os obliga a realizar las tareas más serviles y a cortar leña con piedras porque ni de una triste hacha dispone; tener que hacer de chófer de las prostitutas que contrata sin cesar en los pueblos que atravesamos, y que han de estar bien desesperadas las pobres para aceptarlo como cliente; presenciar cómo sus maleducados hijos que en el futuro superarían con creces cualquier exageración sobre la generación Nini se pasean por el campamento destrozando en sus estúpidos juegos las pocas armas que tenemos para trabajar sin que ese imbécil se digne a reñirles lo más mínimo; incluso toleraría que nos veamos forzados a acoger un día más a ese asqueroso chucho en nuestra tienda para que, según el jefe, “no esté solito”, pero lo de hoy ya raya el surrealismo. ¿Pues no ha tratado el muy gilipollas de tirarme los tejos? Ahora entiendo por qué no me hacía trabajar tanto como a vosotros: me tenía reservada para otro tipo de tareas de índole aún menos digna.
Mi compañero se levantó de inmediato.
-Si tu virtud está en peligro, desde luego que nos vamos. Aunque sea con las manos vacías.
-Bueno, no es tanto mi virtud lo que me preocupa, para solventar problemas de este tipo ya me basto solita, sino mi salud física. Otro acercamiento como este y tendrán que hacerme un lavado de estómago. En cuanto a mi salud mental… hay espectáculos cuya visión hace perder la razón al más equilibrado, y el de ese amorfo personaje mirándome con los ojillos llenos de lujuria es un buen ejemplo. Pero no te preocupes sobre lo de irnos con las manos vacías; mientras trataba de escapar de sus asechanzas me ha parecido entrever algo en un rincón de la tienda. Espera a mañana, y cuando esté distraído supervisando los entrenamientos o haya salido a hacer su cotidiana estancia matutina en las letrinas, te lo enseñaré.
Dicho y hecho; a la mañana siguiente aprovechamos el momento en que el señor Adolfo desapareció para echar una siestecita bajo los árboles, otra de sus industriosas costumbres diarias, para entrar en su tienda. En un rincón, tras toneladas de desorden e inmundicia, se hallaba lo que me había parecido vislumbrar la noche anterior: un escudo nuevecito, una lanza reluciente y una silla de montar, amén de otros útiles para la vida aventurera de los caballeros y las damas guerreras errantes que nos serían muy convenientes. Me dirigí a mi compañero:
-Quédate con la silla, la tuya está en unas condiciones lamentables.
-Gracias. Creo que tú necesitabas un escudo.
-Sí. El mío no es compatible con los nuevos modelos de espadas. Estos herreros medievales… y eso que aún no conocen la obsolescencia programada. La lanza también nos la llevamos, que siempre va bien. Anda, arreando.
Guardábamos nuestro botín en las alforjas de nuestros caballos, cuando nuestro dueño y señor salió de la espesura del bosquecillo, preguntándonos con uan expresión que no acertamos a definir:
-¿Qué es lo que se supone que estáis haciendo? (sigue)
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Solicitud de asilo político
24 diciembre 2010 en 10:44 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:(In)Justicia española, ajustes estructurales, capitalismo, crisis económica, despido libre, huelgo de los contraladores aéreos, impunidad, injusticia social, lucha obrera, memoria histórica, recortes sociales, reforma de la Ley de las Pensiones, reforma laboral, República, supresión de los 420 euros
A l@s responsables de Inmigración de cualquier país medianamente civilizado:
Apreciad@s señor@s:
Vivo en un país donde se juega y se ha jugado con el derecho a una vivienda digna, vendiéndolo al mejor postor; donde además de asegurarse mediante una póliza (abonada por ti, obviamente) que acabarás pagando el techo sobre tu cabeza pase lo que pase, te lo cobran y te lo vuelven a cobrar una y otra vez y si no puedes sufragarlo te lo quitan dejándote con la deuda casi intacta. Donde el precio de ser pobre puede ser perder tu familia e incluso tu vida. Todo eso permitido por el Gobierno; por cierto, es socialista.
Vivo en un país donde el mismo Jefe de estado gobierna desde hace más de treinta años sin elecciones y con connivencia con las elites internacionales más turbias, cuyos negocios y malos manejos favorece a costa de la economía del país, que al final ya se imaginarán quiénes acabaremos, como siempre, pagando; donde la Justicia tiene un precio y un dueño, con lo cual pierde el nombre de Justicia, porque son los delincuentes quienes vences mientras que las víctimas van de cornudas y apaleadas; donde el gran empresario tiene las manos libres para cometer todo tipo de abusos y chantajes contra sus trabajadores. Un país donde dejamos que nos manipulen informativamente, más aún, donde pedimos a gritos que se nos manipule informativamente, en que se crimininaliza a unos trabajadores por ejercer su derecho a la huelga, que por muy salvaje que ésta sea y por muy privilegiado que pueda considerarse este colectivo es legítimo, mientras nadie ha levantado la voz por la supresión de los 420 euros a los parados sin prestaciones ni por la próxima ley de pensiones. Leí que la huelga de los controladores afectó a 1,2% de la población mientras que la reforma de las pensiones fastidiará a conciencia al 80%… suma y sigue… Apreciad@s seño@s, vivo en un país donde los militares salen a la calle!
Sólo ellos salen. No nosotros. Las calles están vacías. Tras las traiciones de quienes juraron salvarnos de la derecha y nos han metido en una derecha peor, tras las mentiras y la escandalosa bajada de pantalones en el caso Couso y en de los vuelos de la CIA, por citar sólo los más sonados, tras los sobornos convenientemente pagados a los bancos y las transnacionales. Las calles siguen vacías. Apreciad@s señor@s, mi gobierno me ha declarado la guerra y las calles siguen vacías, vacías de lucha, y nuestros corazones están vacíos de dignidad, de honor, de valentía, de solidaridad!
Apreciad@s señor@s, no me engaño: no espero de ustedes más que de los que hasta ahora me han gobernado, si acaso un poco más de inteligencia, algo más profesionalidad en el mando, porque si al menos el que te jode no es inútil esbirro sin voluntad bueno para nada, parece que el acto duele menos. Sé perfectamente que ustedes son tan cabrones como los que ya conozco, tan corruptos, tan criminales, y tal vez incluso tan estúpidos.
Pero las calles de sus países no están vacías. Hay gente que arriesga la libertad, la seguridad económica, y quién sabe si la vida, por sus semejantes, por la igualdad, por la justicia. Y, tras haber expuesto mis sobrados motivos y por esa esperanza, les pido que me concedan asilo político en su país para este Año Nuevo en el cual cualquier deseo de felicidad suena como una amarga burla.
Tu voto:
Elogio del golpe de Estado
6 octubre 2010 en 7:46 · Archivado en Estocadas y etiquetada:ejército, El Corte Inglés, golpe de Estado en Ecuador, Huelga General, injusticia social, lucha obrera, memoria histórica, Pascual Campos, policía
Uno es súbito y agresivo; la otra, insidiosa y, a la larga, igualmente dañina. Uno suele ser de corta duración (aunque sus efectos duren y duren, y si no díganselo a los españolitos y españolitas que aún son víctimas del 36), y la otra se prolonga en el tiempo, pasando por encima de cualquier modificación en el sistema. Uno cierra o censura los medios de comunicación; la otra los compra y los manipula. Uno lanza a los sectores más reaccionarios de la policía y el ejército (que a veces son todos, para qué vamos a engañarnos) contra la población civil que lucha por su libertad y por su dignidad; en la otra, la policía y el ejército son defensores del pueblo, y bla bla bla, y la población civil que lucha por su libertad y su dignidad unos delincuentes a quienes se puede provocar, apalear y detener arbitrariamente, faltaría más. A pesar de su violencia, a veces extrema, y de sus terribles secuelas (recordad España, Argentina, Chile, tantos otros… imposible olvidar), el golpe de Estado es evidente, real, contra él se puede luchar, y vencer, como ha sucedido en Ecuador (mis felicitaciones, compañer@s). Contra las mentiras de esta democracia, supuesta o no, porque yo ya no sé lo que significa la palabra ‘democracia,’ que subvierte todos los términos con nuestra cobarde aquiescencia, conviertiendo a las víctimas en verdugos y a los verdugos en víctimas, no, pues no se puede combatir a un fantasma. Muera el Estado de derecho; viva el putsch.
Represión policial
Muchos blogs amigos han hablado del caso de Pascual Campos, represaliado y falsamente acusado por su participación en la Huelga General del 29-S, y de otros que están en su mismo caso, con la connivencia de grandes empresas que han actuado como centro de detención ilegal y nido de policías, parapolicías y esbirros del sistema (me refiero concretamente a El Corte Inglés). Aquí tenéis la lista de post:
-Córdoba: primer juicio contra los piquetes.
-Se pongan como se ponga, la Huelga General ha sido un éxito
-Pascual
-¿Por qué no compro en El Corte Inglés?
-El Corte Inglés, transformado en centro de detención ilegal
-Desde la Transición no hay tanto comunista procesado como el 29S
-Porras contra banderas
Y observad estos curiosos ejemplos de cómo la policía colabora con los ciudadadanos y ciudadanas, tanto que les ayuda incluso a manifestarse:
-¿Cómo actúa un piquete violento?
-Policías camorristas y rateros, en acción el 29S
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Un poco de memoria histórica en tiempo de recortes sociales
22 junio 2010 en 16:03 · Archivado en Hitos de El Bosque, Trovadorescas y etiquetada:(In)Justicia española, franquismo, Guerra Civil, impunidad, memoria histórica
Ellos y ellas, ajusticiados sin justicia y relegados a la soledad de las fosas comunes olvidadas, por culpa de un sistema cruel, ambicioso y cobarde, lucharon por esos derechos que hemos dejado que nos quitaran con la mayor tranquilidad del mundo. Ahora menos que nunca hay que olvidarlos.
Porque
Tratan de convencerle, abuelo,
las explosiones han terminado.
Pero cuando sale a la calle,
Madrid parece bombardeado.
En el vídeo Cultura contra la Impunidad han colaborado Pedro Almodovar, Maribel Verdú, Carmen Machi, Aitana Sánchez Gijón, Mariana Galeana, Hugo Silva, Juan Diego Botto, Almudena Grandes, José Manuel Seda, Pilar Bardem, Miguel Ríos, Juan José Millás, Paco León, Juan Diego y Javier Bardem. Ha dirigido Azucena Rodríguez.
Tras la presentación a los medios de comunicación, la Plataforma y Red contra la impunidad del franquismo invita a los ciudadan@s y en especial a integrantes de todas las entidades que participan en la Plataforma y en la Red contra la impunidad del franquismo a asistir a la proyección del vídeo este jueves 24, a las 19:00 horas, en la Sala Clara Campoamor del Congreso de los Diputados, Carrera San Jerónimo, 36 (enfrente del Congreso).
IMPORTANTE: Al tratarse del Congreso, por motivos de seguridad piden a la organización que entreguen el jueves por la mañana nombres, apellidos y DNI de todas las personas que vayan aasistir al acto. Si no, no permitirán la entrada. Enviadlos a este e-mail.
Asistirán familiares de víctimas del franquismo, integrantes de la Plataforma y Red contra la impunidad del franquismo y algunos de los participantes en el vídeo, que presentarán el acto.
Durante la proyección se encenderán velas como homenaje a los más de 113.000 desaparecidos víctimas de la represión franquista.
Al término del acto los participantes y todos los que lo deseen se trasladarán a la Puerta del Sol, donde, como todos los jueves a las 20:00 horas, habrá una concentración contra la impunidad del franquismo.
Además, este sábado 26 a las 22:30 de la noche en la Puerta del Sol se celebra una concentración nocturna contra la impunidad del franquismo. Se llevarán miles de velas en memoria de los 113.000 desaparecidos de la dictadura.






