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27 abril 2013 en 21:33 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:Báñez, Bosque de Brocelandia, capitalismo, cifras del paro en España abril 2013, cruzadas, dación en pago, Edad Media, escrache en España, explotación laboral, Guindos, Lehman Brothers, Ley de Costas 2013, libertad, manipulación informativa, Montoro, paro, PP, Pujalte, recortes en Sanidad y Educación, recortes sociales, reforma laboral, religión, Saénza de Buruaga, transgénicos, Wert
(Atención: este es el capítulo final de un serie, bastante larga, me temo, pero que tiene su aquél. Si queréis leerla desde el principio, clicad aquí)
(viene de) ¿Dónde quedó nuestra libertad?, me preguntaba yo mientras cabalgaba a galope, con el viento golpeándome el rostro y el cabello desordenado, cansada, magullada y feliz. ¿En qué parte del camino fue donde la perdimos? El castillo de las pesadillas, donde el deseo generalizado era guiarme, cuidar de mí, controlarme, proporcionarme el regalo envenenado de una vida protegida quedaba atrás y yo, en pos de mi misterioso colaborador (que no era tan misterioso), volvía a recuperarme a mí misma. Pero ¿por qué no podía ser siempre tan fácil? ¿Por qué, concretamente, en el siglo XXI no lo era? ¿Por qué esa cruel involución histórica, o al menos, esa estabilidad en el mal, en la injusticia y el error? La respuesta a la pregunta, o al menos una respuesta de urgencia (porque ¿dónde está la verdad?) se desvelaría pronto.
De momento, seguimos cabalgando hasta llegar a las tierras del Comte d’Urgell, y paramos de mutuo acuerdo tácito en la primera población importante y bien surtida de lugares de avituallamiento gastronómico y enológico. Le hice un signo a mi acompañante para que me siguiera: se me conoce por ser una guía ambulante del ocio y la restauración medieval que hace innecesarias todas las aplicaciones móviles al respecto en el caso de que hubieran existido. En un callejón algo menos maloliente que el resto encontramos la entrada a un local de aspecto bastante pulcro, que yo consideraba la mejor posada de la zona. Pedí vino y comida en abundancia y busqué una mesa apartada, no sin antes justificar la singularidad de nuestra asociación de templario y mercenaria jurando ante el tabernero que éramos hermanos de padre y madre (aunque no nos parecemos en nada, afortunadamente). Mi compañero se desembarazó del casco y alargó su mano hacia la mía. Dejé que la tomara y la acercara a sus labios: yo también (pues tenía mi corazoncito, aunque lo disimulara, no demasiado grande ni demasiado sentimental, pero por allí andaba en algún lugar) me alegraba de verlo.
-No te sorprendes –me dijo, tal vez algo decepcionado.
Yo apreté su mano.
-Te he reconocido, viejo cabronazo. Difícil no hacerlo, con ese hábito que te empeñas en seguir vistiendo y tu figura enorme. De hecho, te hubiera identificado incluso aquel día con tu penoso disfraz de anciano, si el cielo hubiera estado más claro y no hubiera estado recuperándome de un acceso de fiebre. Por cierto, ¿has agotado ya todas tus máscaras?
Meneó la cabeza en negación.
-Se acabaron los disfraces, Eowyn.
Chasqueé la lengua. Algo no casaba allí. Después de todos los enigmas y todas las ocultaciones, ahora resulta que todo iba a ser claro y diáfano como la luz del día.
-Nunca deberían haber existido –repliqué yo-. Estoy cansada de secretos y mentiras. Fuimos como hermanos, hermanos de verdad, y ahora te empeñas en comportarte como un extraño. Es esa orden tuya. Te tiene lavado el poco cerebro del que te ha dotado la naturaleza.
Se mostró inmune a mis insultos, igual que si yo estuviera diciendo chorradas dignas de Sáenz de Buruaga o de los gobernantes peperos españoles de la legislatura de Rajoy.
-Supongo que Guillaume te lo habrá contado todo –había una extraña expresión en su rostro, de condescendencia mezclada con censura. Enarqué una ceja-. Habréis tenido tiempo de eso y de algunas cosas más, presumo.
-Solo me relató tu sentimiento de culpabilidad por haberme metido en este lío y tu consecuente afán por protegerme. En cuanto al resto, ¿qué pretendes insinuar? –me defendí, aunque no con mucho ímpetu. Él me contestó algo sorprendente.
-En algún momento llegué a pensar que sería buen compañero para ti. Ambos eráis para mí los amigos más fieles y teníais muchas cosas en común. Pero eso fue antes de su traición, evidentemente.
Yo bufé, hastiada.
-No me busques tan pronto marido nuevo. Recuerda que acabo de escapar de uno. Además, sabes perfectamente lo que pienso al respecto. Eso –señalé hacia las quebradas llanuras de la tierra de Urgell, con sus campos de cultivos aún libres de transgénicos, que se extendían más allá de la ventana, hasta el horizonte– es lo único a lo que quiero consagrar mi vida. Lo que haya podido suceder o no en ese castillo es algo completamente diferente de todo aquello que estás sugiriendo
-Hablaremos de eso después -concedió.
-No hay mucho más que te pueda decir –y es que yo no pensaba dejar escapar la ocasión tan fácilmente-. Tú, sin embargo, sí tienes muchas cosas que comentarme. Guillaume me dijo también que eres el único que puede responder mis preguntas.
Creo que, por un momento, conseguí hacerle dudar: el vino comenzaba a hacer sentir su efecto, y no dejábamos de ser dos viejos camaradas que se encontraban tras haber presenciado los horrores más innombrables y haber sobrevivido a ellos, con lo que de conmovedor tiene el hecho. Pero en el último momento algo le hizo cambiar de opinión.
-Refrena tu impaciencia: todo llegará –yo bullía de frustración, aunque mi orgullo no me permitió manifestarla en voz alta. Pero iba a averiguarlo, fuera como fuera-. Hay cuestiones más urgentes. Por ejemplo, establecer cuál va ser el próximo paso. Gardeny se ha revelado como un nido de intrigas y antes de que te reincorpores a la misión sería interesante saber hasta dónde llegan y en qué te afectan.
Por mucho que me molestara, y tal como yo había presentido la noche anterior, tenía razón: era fácil deducir que la llegada de Blanca probablemente no había tenido nada que ver con los espías del rey o con los suyos propios, al igual que seguro que no había sido iniciativa de Gustaf y Karl presentarse allí y reivindicar su falso estatus de prometidos de Ermengarda: alguien en aquel lugar sabía mucho de mí, y no pensaba utilizarlo precisamente para favorecerme. Eso sin olvidarnos del desconocido arquero, o arquera. Manifesté mis temores en voz alta.
-Es a eso exactamente a lo que me refería. Isabel me parece totalmente de confianza, y Guifré, por lo que sé de él, es un hombre íntegro. En cuanto a los demás… no lo sé. Sabes que odio a Guillaume con toda mi alma, tanto como le amé en tiempos, pero ni él (a pesar de que sus devaneos con Blanca lo han puesto todo en peligro) ni sus caballeros amigos me parecen unos traidores… al menos mucho más de lo que ya lo han demostrado. Además, él no haría nunca nada contra ti, debo reconocerlo.
Sus palabras me resultaron sumamente reveladoras
-Has estado espiándonos todo el rato –le reproché, comprendiendo.
-Ya sabes la razón. Pero he intentado intervenir lo menos posible. Pensé que podías escapar sin ayuda, pero entonces vi como ese hijo de puta de las almenas disparaba contra ti; maldita sea, estaba demasiado lejos para que pudiera apreciar ningún rasgo que le diferenciara. Así es que saqué la ballesta y conseguí herirle. Después, viendo la irrupción de tus antiguos jefes, me hice con los caballos de una granja de pollos de las cercanías, y los solté para causar confusión.
Me gustó la idea: eso era lo que se necesitaba en las luchas actuales, unión y estrategia. Y era curioso en el siglo XXI también existiera una granja de pollos en los alrededores. Probablemente incluso en el mismo lugar.
-Pero antes –continuó- escribí un mensaje al comendador por si no funcionaba la treta: afortunadamente tenía a mano un sello que sabía que le iba a poner bastante nervioso –me guiñó un ojo: él debía de saber ya que yo estaba enterada de quién era en realidad–. Entre esa carta, que justifica a Guillaume, y el incomprensible encanto personal de nuestro amigo –realmente, pensaba yo, era un misterio cómo el enigmático bretón era capaz de sumar a su causa tantas simpatías- me imagino que las aguas volverán pronto a su cauce y la misión continuará sin novedad. Aunque quizá deberías mantenerte un poco alejada hasta que hayamos averiguado algo más sobre el traidor.
-Solo si prometes que dejarás de seguirme –contesté rápidamente.
Él se resignó. Esperaba que no me estuviera mintiendo.
-Está bien. Permaneceré un tiempo a tu lado, y luego volveré a Chipre. Tengo asuntos allí –no le pregunté aún: ya habría tiempo de averiguarlo. No se zafaría tan fácilmente de mi curiosidad. Pero esperaba que aquellos asuntos tuvieran que ver más con la paz que con la guerra: su gremio eclesiástico y la nobleza ya habían jodido bastante el mundo conocido tras casi dos siglos de torpes e insensatas cruzadas sin que eso les hubiera causado más perjuicio que a De Guindos las preferentes que vendió en Lehman Brothers. Esperaba que lo escaldados que habían salido de las mismas les hubiera curado de su inane y desmesurada ambición-. Y te juro que una vez que haya partido no dejaré a nadie que me sustituya en tu cuidado. Pero habrás de extremar las precauciones.
Con aquello bastaba. Por el momento. Alcé mi copa.
-Brindemos entonces por ello.
Comimos hasta reventar y bebimos hasta que el vino nos salió por las orejas, atronando el local con nuestras carcajadas al retratar irónicamente a los personajes del castillo y a sus visitantes. Después pagó la cuenta, con las escasas monedas propias de un Pobre Caballero de Cristo que llevaba en su bolsa, y tras haber pasado por la casa de baños local para quitarnos la herrumbre y el polvo del camino, nos retiramos a las habitaciones que nos habían asignado. Él me miró mientras subía las escaleras.
-Estás completamente recuperada. Apenas cojeas.
-No hay nada como una buena pelea para eso –asentí yo-. Lo que me pasaba es que estaba algo oxidada. Aparte de que aquellas fiebres renuentes que me molestaban desde el primer viaje a Tierra Santa también han desaparecido. En Miravet me dieron algo, y en la pequeña encomienda de Guifré acabaron el tratamiento. Ahora solo me falta recuperar un poco la musculatura perdida, y ya estaré dispuesta para nuevos lances.
-Me alegro de oír eso –respondió-. Nos esperan grandes desafíos.
-Lo sé –acordé yo.
-Y sin embargo… tu semblante es triste.
Dejé que mi mirada vagara en el infinito.
-Pienso en la libertad –dije.
-Explícate.
-Es una de las dos enseñanzas que he sacado de esta aventura – aclaré-. Quizá en parte gracias a Elvira, la dama de compañía de Blanca y, desde luego, gracias a Isabel. ¿Sabes? Estuve reflexionando acerca de mi pasado. Siempre quise ser libre, siempre odié las cadenas; pero todo a mi alrededor conspiraba para esclavizarme y mantenerme en la más absoluta inopia educativa, confiando que así me dominarían mejor. Mis progenitores, que nunca se plantearon que yo pudiera ser algo diferente de la esposa de un campesino, mi antiguo señor, que se tomó durante muchos años mi rebelión como algo personal… Y al mismo tiempo, siempre fue fácil huir, oponerme al sistema, al futuro que tenían planeado para mí. Y ¿por qué, te preguntarás? Pues porque esa servidumbre siempre fue externa, no venía de mi propio interior ni de mis propias circunstancias. He pagado mi libertad con cada una de mis cicatrices, pero no soy una heroína por ello.
Él me escuchaba atentamente. Yo tomé aliento para continuar.
-Sin embargo, en el siglo XXI, todo es distinto. El papel que ocupo allí es de una mujer joven y desesperada, sin armas, sin dignidad, casi sin orgullo, impotente ante la injusticia, cuyos patéticos intentos de pelear se ven frustrados por su situación. Y eso es porque ella no es libre. Prácticamente nadie es libre allí. Les han vendido humo hermosamente empaquetado, les han comprado la libertad a base de sueños y de promesas de una falsa estabilidad, seguridad, bienestar, a cambio de sus propias identidades. Les han convencido que para ser felices necesitaban formar una familia, hipotecarse hasta las cejas y conseguir un trabajo tiranizado, y que así vivirían contentos y ricos por siempre jamás. Y cuando descubrieron que habían sido víctimas de la más desalmada de las engañifas, se dieron cuenta de que ni siquiera podían salir a la calle a quejarse, que ni siquiera tenían tiempo para urdir la rebelión: estaban cargados de hijos, maridos o mujeres, hipotecas, con un trabajo en el que debían soportar todos los abusos e irregularidades por miedo a perderlo, o bien sumidos en la desidia por la falta de él: la esclavitud, allí, forma parte de la propia esencia de los seres humanos. Alguien o algo ha conseguido que así sea. No quiero regresar al siglo XXI, amigo mío, no quiero volver a ver las costas de mi Barcelona natal desfiguradas por leyes estúpidas y destructoras, y este es solo uno de los ejemplos. Preferiría haber muerto en Tierra Santa en mitad de aquella espantosa, inhumana y absurda carnicería: en el futuro ni siquiera puedo sacar mi espada para repartir mandobles. Y sin embargo, sé que tengo que hacerlo. Sé que he de volver.
Me observaba con gravedad.
-Debes decirles que huyan de eso. Tú puedes hacerlo. Que deshagan el camino andado, o al menos el que puedan deshacer. Que rompan con todo. Aunque sea una decisión radical, aunque les cueste dolor. Y debes seguir luchando también aquí. Quizá, si derrotamos la ambición y la ignorancia actuales, podremos evitar que los reinos hispánicos lleguen a ser ese país podrido de beatería y sacrosantos privilegios que describes.
Negué con la cabeza.
-No hace falta que les diga nada. Ellos ya lo saben. Pero no me escuchan. Ni siquiera yo me escucho a mí misma.
Se hizo el silencio entre nosotros. Yo respiré hondo.
-Seguiré luchando aquí. Pero volveré –dije al fin-. Aunque todavía no. Antes, quiero contarte cuál es la segunda cosa que he aprendido.
Él hizo un gesto inquisitivo. Yo continué.
-Que no pienso dejar escapar la más mínima oportunidad que me conceda la vida.
Abrí la puerta de la estancia. Él entendió.
(FIN… al menos de momento).
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22 abril 2013 en 23:29 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:Bosque de Brocelandia, capitalismo, CEOE, Edad Media, explotación laboral, Grecia, lucha feminista, lucha obrera, Madre Teresa de Calcuta, Merkel, Portugal, privatización de la Sanidad, privatización del agua, recortes sociales, reforma laboral, República, Zeta Parets del Vallés
(viene de) Aquello era una declaración de guerra auténtica y absoluta, a un nivel semejante a los imparables e insostenibles recortes sociales y laborales en países como Portugal y no digamos en Grecia, que acabarán ocasionando una revolución o es que ya he dejado de entender al género humano. Yo, sin embargo, en ese momento poco podía hacer más que ponerme a salvo, aunque, al volverme hacia el castillo, afortunadamente pude ver que había pasado el peligro por el momento, pues la forma imprecisa que me había estado asaeteando se escondía en aquel momento entre las almenas de la Torre del Homenaje. Pero los guardias estaban ya avisados, y comenzaron a llamar a sus compañeros a grandes voces; los soldados de Blanca, por su parte, dejaron lo que estaban haciendo y se apresuraron a salir al portón. Y, lo que fue muchísimo peor, por el camino apareció el carruaje a una velocidad endiablada para, tras estar a punto de atropellarme, detenerse en seco. Sin solución de continuidad, de él surgieron dos viejos conocidos míos: por un lado, el alto, fornido, rubio, y prácticamente bárbaro mercader Karl, y por el otro, el escuálido y granujiento Gustaf, que se dirigió a mí con expresión falsamente alborozada.
-¡Mi querida Ermengarda, mi muy amada prometida! Anda, ven a refugiarte en mis fuertes brazos –bueno, soñar es gratis-. Karl, querido –dijo, dirigiéndose a este, que se acercaba a mí armado con una lanza tan larga como él mismo, acorralándome hacia el castillo-, da aviso a esos buenos caballeros de que está aquí Gustave de La Camargue –evidentemente, el título se lo había sacado de la manga. Otro noble autoinventado. Pero a este, por desgracia mía, no le buscaban trabajo en Qatar–, el prometido de Ermengarda, cansado de esperar e inflamado de ardor amoroso –los chillidos del bárbaro alemán no se hicieron esperar. Estoy segura de que no debía de estar demasiado alejado genéticamente de los antepasados de Merkel: era tan feo y tan neo liberal en cuanto a la economía (recuerdo el escaso salario y las horrendas condiciones) como esta-. Y tú, amada mía, deja ya tus veleidades aventureras y decídete ya a desposarte conmigo y llenar de hijos las salas de mi castillo. Aunque también podríamos comenzar a encargar el primero ahora mismo. Creo que nuestro Creador nos dispensará de tal pecadillo –e hizo ademán de rebuscar alguna cosa bajo los faldones de su túnica. Yo ahogué una náusea: me faltaba estómago para tamaña perspectiva.
-Soy tuya si consigues atraparme, mi amor –le contesté con ironía y velada amenaza, buscando a mi alrededor con la mirada cualquier posible objeto que me sirviera para darle lo que se merecía, que no eran precisamente retoños.
-¿Qué está sucediendo aquí? –el comendador había irrumpido en la escena, seguido por Guillaume y escoltado por su guardia personal. Detrás iban todos los caballeros de la encomienda. Se dirigió a Gustaf-. Si es cierto que sois el prometido de esta dama, podéis llevárosla bien lejos. No os imagináis los problemas en los que me he visto metido por su causa –yo, que estaba expectante a cualquier oportunidad de zafarme de aquel embrollo, no pude menos que alegrarme al ver la patente incomodidad del líder de la manada guerrero-religiosa de la Terra Ferma.
-¡Ni hablar! –Guillaume, en un alarde de insumisión, tomó al comendador por el hábito y lo obligó a volverse hacia él. Vi a lo lejos como Guifré e Isabel, que sin duda estaban ocupados en lo suyo en alguna alcoba deshabitada, aprovechando cualquier momento ya que el futuro no parecía demasiado propicio para su relación, en realidad para nada, corrían para unirse a la fiesta-. Este hombre es un impostor, alguien que desea a Ermengarda desde hace mucho tiempo y la ha creído lo suficiente sola y desprotegida para intentar obtenerla. Pero eso no será así mientras yo esté con vida.
Como si le necesitara, pensé. Aunque, para que íbamos a engañarnos, por mucho que me pesara en momentos como aquel necesitaba toda la ayuda que pudiera recabar.
-¡Guillaume, no pienso toleraros esto! –el comendador hizo ademán de sacar su espada-. ¡No me importa quién seáis!
-¡Mostraos inflexible, comendador! –Blanca, acompañada de Elvira y flanqueada por sus hombres, también había aparecido. Bueno, era la única que faltaba-. Ese hombre, yo lo puedo certificar, es realmente quien dice ser. Guillaume, como os he advertido esta mañana, tiene lúbricos e incestuosos pensamientos con respecto a su prima, y por eso la mantiene aquí, alejada del hombre que tiene derecho sobre ella. ¡No dejéis que este vil y fementido traidor manche así la sagrada orden del Temple! –malo, malo. Cuando una persona de la dudosa categoría humana de Blanca llamaba a algo “santo” o “sagrado”, había que comenzar a desconfiar seriamente de ello.
-¿A alguien le interesa saber mi opinión? –interrumpí-. Después de todo, se supone que yo soy la persona más interesada…
-¡Esta mujer es mía! –gritó Gustaf-. Os lo demostraré.
Dio un paso hacia mí y yo retrocedí, todo lo que pude, al menos, pues mi retaguardia estaba cortada por los guardias del castillo (y la vanguardia y los flancos me los obstaculizaban el carruaje y todos los presentes). Guillaume intentó detener al comerciante, pero el comendador se interpuso y ambos se enfrascaron en un duelo a espadas, ante el asombro del resto de la mesnada. La situación era totalmente límite, y realmente no recordaba haberme visto en otra igual en mucho tiempo. Lo único de lo que estaba segura era de que antes de que me viera obligada a contribuir al aumento de la demografía medieval en colaboración con el repugnante Gustaf allí iban a rodar muchas cabezas. Pero en mi afán por huir de este, no vi cómo su adalid Karl rodeaba al grupo para atraparme por detrás: el grito de Isabel llegó demasiado tarde. El bárbaro y gigantesco nórdico sostuvo mis brazos detrás de mi espalda mientras el baboso Gustaf sacaba una daga y, mientras mis amigos corrían hacia mí, desgarraba el vestido que tan caro debía haberle costado a Guillaume, dejando al descubierto la cota de malla y la corta túnica que llevaba sobre ella.
-Esto ha llegado demasiado lejos –aprovechando la sorpresa de ambos mercachifles al verme armada, me zafé de ellos recopilando todas mis fuerzas y tomé la espada que Guifré, que por fin había llegado a mi altura, me tendía-. ¡Venga, venid a por mí! ¿No tenías tantas ganas de probar mis habilidades amatorias? ¡Pues aquí las tenéis! –me deshice de los restos del vestido y tiré los harapos lejos, para que no me dificultaran el movimiento. Algo captó la atención del comendador.
-¡Deteneos! -paró la última estocada de Guillaume-. ¡Yo conozco esos colores!
Se refería a los que adornaban mi túnica. Os los podéis imaginar los que me conocéis un poco: una franja roja, otra amarilla y otra violeta, con la estrella roja en el centro de la de en medio. Unos colores que no representan a un país, sino a un estado de cosas, a un experimento que, con sus luces y sus sombras, tenía altos alcances y podía haber funcionado si el sistema no lo hubiera impedido. Un suelo de justicia e igualdad, de fraternidad y de cultura, futuro, pero también pasado y atemporal, el Camelot soñado del que llevaba el nombre y por el que siempre pensaba luchar. Hasta la muerte.
-Esta mujer no es Ermengarda de Nantes –le había costado un poco al ínclito comendador darse cuenta-. ¡Es Eowyn, la mercenaria! –y, volviéndose a Guillaume-: ¡He sido víctima de una cruel mistificación con oscuros y deshonestos propósitos!
-Os lo hubiera dicho esta mañana si hubiera estado segura de que me hubierais creído –se encogió de hombros, con ademán de resignación, Blanca, como aquella a la que la realidad da la razón-. Pero os vi con muchos prejuicios hacia mi persona.
La lucha se había interrumpido. Hasta Gustaf y Karl esperaban el final de aquel culebrón.
-No, no es mi prima. Es mucho más que eso –por todos los infiernos, ¿qué iba a decir ahora aquel descerebrado?-. Eowyn es mi hermana, la hija natural de mi padre. Juré que la protegería con mi vida. Por eso la traje aquí, para mantenerla a salvo de esa pareja de cobardes plebeyos que quiere aprovecharse de su inocencia –cada vez estaba más seguro de que Guillaume tenía que haberse dedicado a ser romancier.
-¡Me importa un comino de quién sea hija esta zorra! ¡Es mía! ¡Yo la compré y ella me traicionó, y sin siquiera cumplir las tareas que le había encomendado! –me miró y me preguntó en un áspero susurro-. ¿Quieres ver las cicatrices que me dejaron las torturas del sultán de Egipto? Más que nada para que te vayas acostumbrando, porque pronto estarán sobre tu cuerpo también –pero después de ver los extremos a los que llegaban los trabajadores y trabajadoras del siglo XXI para conservar sus empleos, debido al chantaje de la patronal y del sistema, ya no me espantaba ninguna amenaza que pudiera proferirme. Le repliqué:
-Por lo que sé, sus métodos de persuasión son algo más sofisticados. No deja de ser una especie de descendientastro de Saladino. Aunque –miré significativamente a Karl, y después de nuevo a Gustaf- tal vez para ti haya sido aún peor de esa manera.
Pero el comendador ya volvía a tomar el mando.
-Basta de palabras ¡A las armas, mis caballeros! ¡Atrapad a esta hija del demonio y a sus cómplices!
-Eso si no la cojo yo antes –intervino Gustaf, amenazándome de nuevo con la espada junto con su amigo.
A continuación, se declaró la madre de todas las batallas. Aparte de mi duelo contra mi pareja de ex jefes dignos de pertenecer a la CEOE, estaba el de Guillaume contra el comendador y gran parte de su guardia, el de Guifré contra los que quedaban, mientras los caballeros amigos de Guillaume intercambiaban mandobles con el resto de los templarios de la fortaleza, los soldados de Blanca se hallaban repartidos un poco por todas partes, y Elvira, con sus ojillos llenos de rencor y resentimiento, atacaba a Isabel con una rama que encontró por el suelo cual Thorin Escudo de Roble (desde luego, ambos eran bastante parejos en estatura); afortunadamente, mi amiga, que se había hecho con otra, la mantenía bien a raya. Pero, en cualquier caso, el combate era demasiado desigual para que los míos tuvieran alguna esperanza, y ya estaban comenzando a caer los primeros heridos, entre ellos Gonzalo, a quien no había visto hasta entonces y que se encontraba apoyado en un árbol fuera de combate, aunque también es cierto que por lo que veía su lesión no parecía grave. Menos mal que en la Edad Media aún no se había descubierto que la salud no era un derecho sino un negocio (al igual que el agua, por ejemplo): la enfermería templaria no era El Corte Inglés y yo estaba segura de que cuidarían bien de él; y además, gratis.
Y entonces, ocurrió algo providencial; últimamente el Destino estaba siendo benevolente conmigo, lo cual solo quería decir que me tenía reservado algo terrible. Una manada de caballos desbocados irrumpió en el campo de batalla, causando la confusión y obligando a todos los contendientes a interrumpir la lucha para buscar refugio donde bien pudieran. Detrás de ellos, avisté a un jinete vestido (era una pesadilla recurrente) asimismo con el hábito templario, portando casco y mostrando la lanza. Llevaba a mi caballo de las riendas.
-¡Rápido, Eowyn, sube! –me instó. Yo no esperé a que me lo dijera dos veces. Salté sobre Rayo Blanco de forma harto inelegante, debo reconocerlo, y ambos iniciamos la huida. Pero mi improvisado salvador tuvo tiempo de tirar un pergamino enrollado al comendador.
-¡Leedlo y acabad de una vez con esta locura! –le gritó.
El comendador palideció al ver el sello que adornaba el mensaje, e hizo un gesto a sus caballeros de interrumpir la batalla, y también, con autoridad, a las huestes de Blanca. Mis amigos se agruparon, cansados pero contentos, e Isabel me saludó con la mano en amistosa señal de despedida. Viendo que se hallaban a salvo, me decidí a emprender la huida y salí al galope tras aquel oportuno ayudante. Aún no sabía lo que había pasado allí, pero de momento no era demasiado importante (continúa).
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16 abril 2013 en 0:55 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:Afganistán, atentado en la maratón de Boston, Bosque de Brocelandia, De Guindos, desahucios. suicidios en España, destrucción de la sociedad española, destrucción del empleo, Edad Media, guerra, Irak, Maduro, reforma laboral, Siria, Venezuela
(viene de) Uno de los vestidos que había encontrado en el famoso baúl de Guillaume era un poco más discreto, y sobre todo, calentito, que el resto: se trataba de un brial de un color púrpura con remates en tonos verdes en las mangas, no tan amplias como los precedentes, y en el cinturón. Vestida con él, llamé a la puerta del aposento del comendador, situado en lo más alto de la Torre del Homenaje, y tras serme indicado que pasara, así lo hice. Había dos mujeres, una de ellas disponiendo diversos enseres por la estancia y recogiendo una bandeja con restos de un banquete, y la otra, ataviada más lujosamente, sentada tranquilamente en la cama. Me echó una ojeada sin mucho interés, como si yo fuera una sirvienta a la que hubiera requerido para que hacer las faenas. Bueno, eso era lo que era yo en realidad, para qué vamos a engañarnos. En mi profesión hay quienes se creen emprendedores y pequeñoburgueses por tener, de alguna manera, negocio propio, pero tal opinión no es más que una trampa fomentada por el poder. No somos más que plebe, y bien orgullosos deberíamos estar de ello. Ay, dónde quedó la conciencia de clase. Se fue, nos la arrebataron con sus mentiras y manipulaciones, y con ella marchó toda nuestra fuerza. Vamos, que hasta cuando nos dicen que destruir empleo frena la destrucción de empleo nos lo creemos.
-Ah, estás aquí, qué pronto has llegado –me saludó con displicencia. Después, me observó atentamente y con bastante desvergüenza y, al final, clavó sus ojos en los míos, con hiriente desprecio-. Así que tú eres la famosa mercenaria que me ha robado el amor de mi amigo.
Realmente, aquella confesión no era nada noble ni discreta. Y odio que digan que soy famosa: para desgracia mía, solo soy conocida entre la minoría que menos me conviene que me conozca. Pero ella continuó.
-La verdad, resultas decepcionante.
No podía culparla de que pensar así. Si de verdad hubiéramos sido rivales amorosas, como parecía empeñarse en considerar, habría tenido pocas posibilidades contra ella: menos que los votantes de Maduro contra todo el sistema que se opone, con todo tipo de armas, a una Venezuela que construye la justicia social. Al menos, si considerábamos solo la belleza exterior (tampoco es que esté yo muy segura de poseer la otra). Blanca era un soberbio ejemplar de mujer de brillantes rizos negros, ojos nítidamente azules, y larguísimo cuerpo que parecía haber sido dibujado por un historietista vicioso, pues a pesar de su esbeltez no le faltaba volumen en las zonas que así lo requerían: mientras que yo solo era una aragonesa media de pelo y ojos castaños. Afortunadamente todo eso me importaba un puñetero rábano.
-Os equivocáis, señora –no creí que pudiera sacarla fácilmente de su error, pues todo apuntaba que era de talante más bien terco, categórico y obsesivo; pero consideré que era mi deber intentarlo-. Nada tengo que ver con Guillaume, si es a él a quien os referís.
-Ah, ¿pretendes engañarme alegando una falsa virtud? No te saldrá bien tu juego: se dice que eres tan hábil con la espada como ligera de costumbres y dada a ruidosas francachelas entre barriles de vino –contraatacó con rabia.
-Y no pienso negarlo –contesté tranquilamente-, pero da la casualidad que no he tenido deseos ni oportunidad de ejercer esa ligereza de costumbres con Guillaume. Me considero su amiga, sí, pero de la misma manera que lo es Gonzalo, por ejemplo. No olvidéis que ambos somos veteranos de Tierra Santa.
Su rostro se ensombreció. Durante un breve lapso de tiempo, pareció humana.
-Sé a lo que te refieres. La camaradería miliar. Realmente os envidio esa unión.
-Pues no lo hagáis –no me caía bien. En absoluto. Pero por justicia me vi obligada a sacarla de su error-. Nada hay de épico ni de trovadoresco en la guerra, más bien todo lo contrario. No le desearía una experiencia así ni a mi peor enemigo. Es cierto que el afecto que nace entre los que pelean juntos es el único botín valido que se puede sacar de una contienda, pero ni de esta forma se pueden justificar.
Aunque hay cosas peores que la guerra, o tal vez hay otras guerras peores que no se consideran propiamente guerras: el genocidio. El exterminio. Aunque sea a base de la incitación al suicidio. O saber que no valen lo mismo los muertos de Damasco, Kabul o Bagdad que los Nueva York o Boston.
De inmediato, sus ojos volvieron a ser crueles y despectivos.
-Pero estás aquí con él. Eso no puedes negármelo. Y empleando engaños.
-Es cierto. Y me imagino que no querréis hacerle caer en desgracia en su orden revelándolos. Por cierto, me gustaría saber cómo os habéis enterado, si no tenéis inconveniente…
-Dejemos eso ahora –interrumpió-. Vamos, justifícate si puedes.
Yo eché mano de la imaginación.
-Necesitaba un refugio –inventé-. Hay alguien que me persigue. Peleas de taberna, como vos decís. Guillaume me ofreció esconderme aquí haciéndome pasar por su prima: estoy convaleciente de una grave lesión y no es cuestión que vaya por estos caminos peleando y corriendo.
Mi explicación pareció ser de su agrado o, por lo menos, su rostro se relajó.
-Pareces convincente. Si es así, yo puedo ofrecerte un refugio mejor. Un empleo. ¿Te gustaría trabajar para mí?
-¿De qué salario estamos hablando? –contesté inmediatamente. Ella estalló en carcajadas: de nuevo volvió a parecer una persona. Quizá no estaba todo tan perdido con ella.
-¡No tienes pelos en la lengua, muchacha! –exclamó, tras recuperarse.
-Ni monedas en la bolsa. Lo primero suele ser consecuencia de lo segundo.
-Se me conoce por mi generosidad. ¿No quieres saber cuáles son las tares que tendrías que realizar?
-Estoy impaciente, si tenéis a bien decírmelo.
-Algo que podrás realizar rápida y fácilmente, si todo lo que has dicho es cierto. Matar a Guillaume.
Se hizo en silencio en la estancia. La miré atentamente, esperando que estallara en carcajadas de su mal chiste, pero ella, a su vez, aguardaba, grave pero indolente, mi respuesta. Que solo pudo ser una: la única que se merecía.
-Mi señora, siento deciros esto, pero estáis como una puta cabra.
El asombro no dejó actuar a Blanca. Pero su dama de compañía, que había parecido hasta el momento absorta en las tareas domésticas, se me echó encima armada de una jarra.
-¿Cómo te atreves a hablarle así a Doña Blanca? ¡Te voy a desfigurar la cara, desgraciada mercenaria! –sus ojos, empequeñecidos por muchos años de sentimientos negativos, entre los que pude columbrar la envidia y el desprecio por las que eran parecidas a mí (pues, aunque yo no era nadie, estaba segura de que representaba a sus ojos un símbolo de todo aquello que ella no se había atrevido a ser, esto es, libre), me miraban con un odio que aterraba por su magnitud y su escasa oportunidad. Yo detuve su mano y estrellé la jarra contra el suelo.
-¿Tú y cuántas más como tú, enana? –no suelo aludir a los defectos físicos de la gente en mis peleas, aparte de que no contaba yo con una estatura mucho más aventajada que la de ella, pero la verdad es que estaba muy, pero que muy, cabreada-. Imbécil, no te rompo ahora mismo la cara contra esa pared porque sería tan fácil que lo consideraría deshonroso –aplacado ya los ánimos de la subordinada, no sin buenas dosis de sus miradas rabiosas, miré a la señora.
-Déjala, Elvira –se volvió, un poco tarde, hacia la dama de compañía, y luego hacia mí-. Entiendo que esa es una respuesta negativa –me dijo sin inmutarse.
Pensé que había sido demasiado indulgente con ella llamándola “puta cabra”.
-Pero ¿tan mal me he expresado que no habéis captado una sola de mis palabras? ¿O es que tenéis el don de olvidar instantáneamente? Os he dicho que Guillaume es mi amigo, ¿y queréis que lo asesine? Veo que desconocéis todo tipo de escrúpulo, al menos cuando alguien os contraría. Y eso si fuera una asesina a sueldo, que no soy. Alquilo mi brazo armado solo a causas que considero justas, o al menos moderadamente injustas. Esto es absurdo.
Blanca rodeó la columna de su cama y se sentó al otro lado. Entonces me habló, aunque con la vista en la pared.
-Está bien. Te hecho una oferta y la has rechazado. Has apostado, quizá ganes o quizá pierdas. Pero sea lo que sea, tendrás que asumir las consecuencias de tu decisión. Y ahora retírate.
Yo le hice una irónica reverencia y giré sobre mis talones (continúa).
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13 noviembre 2012 en 4:35 · Archivado en Estocadas y etiquetada:14N, capitalismo, crisis económica, desahucios. suicidios en España, Eleccions Catalanes 2012, explotación laboral, Govern Mas, Huelga General, lucha obrera, PPSOE, recortes sociales, reforma laboral
Pagarán por sus crímenes. Bonita frase esta, tan bella como todo lo irreal. Yo sé, todos sabemos que prácticamente los únicos crímenes que se cobran son los crímenes producidos por una autodefensa contra la injusticia, mientras que los atentados del poder, los asesinatos y estafas de Estado quedan milagrosamente impunes, en un ambiente generalizado de desprotección y dejación de la ciudadanía por parte de un sistema solo interesado en defender las prebendas del multimillonario, e incrementarlas a costa nuestra. Pero en ocasiones, cuando las acometidas de esta guerra que el gran capital ha desencadenado contra el pueblo llegan a niveles de crueldad tan inimaginables vulnerando todos los tratados internacionales, pues sus ataques se centran, además, en hospitales, escuelas y población civil, suelo repetirlo como un mantra, que me calma y me prepara para la rebelión. Pagarán por sus crímenes, pagarán por sus crímenes. Les obligaremos a que nos devuelvan la educación, la atención a nuestras discapacidades y dificultades, a nuestra salud. Que nos las devuelvan, pues son nuestras, porque nosotros las pagamos, no son ningún regalo que haya de ser retirado por ninguna situación de carestía aunque no la hubieran inventado ellos. Les obligaremos a que reviertan la especulación de los bienes básicos, la alimentación, la vivienda, esa que han venido construyendo desde décadas los mismo que ahora fingen espeluznarse de las trágicas dimensiones que han tomado las consecuencias de sus políticas. Nos desahuciaron del resultado de nuestras luchas titánicas por nuestros derechos, del edificio de bienestar (relativo) que habíamos construido a base de mucho sudor y mucha sangre. Nos desahuciaron, pero no somos nosotros los que nos debemos suicidar, a pesar de que el desesperanzador panorama nos obligue a ver este acto como la única solución posible, a pesar de que (hablo por mí) no tengo puñeteras ganas de seguir viviendo en un mundo que nunca antes había sido tan poco mío. El 14N hemos de parar el país, pararles los pies, pero no hemos de pararnos ahí: arrebatémosles lo que más atesoran: su auto-otorgado derecho de decidir por nosotros y de jugar con nuestra vida y nuestra felicidad como si fuéramos viejos títeres. Hagamos realidad lo utópico, realicemos lo irrealizable. Suicidémonos, pero solo de la vida que nos imponen para así poder vivir la nuestra, la que nos merecemos, por la que hemos luchado, la que hemos elegido. Recuperemos lo que nos han robado, ahora y antes. Hagamos que paguen por sus crímenes.
Pero sobre todo no podéis dejar de leer
http://luisangelaguilar.blogspot.com.es/2012/11/seleccion-de-enlaces-frases-fotos.html
http://puntsdevista.wordpress.com/2012/11/11/de-encuestas-mesianismos-chorizos-y-sanidad-publica
http://puntsdevista.wordpress.com/2012/11/10/nos-roban-el-presente-y-el-futuro-hastacuando-14n/
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25 mayo 2012 en 19:57 · Archivado en Trovadorescas y etiquetada:29 de Junio, Bosque de Brocelandia, Ediciones Hades, La rebelión de los soldaditos de plomo, paro, reforma laboral
Bueno, no es lo mismo que si anunciáramos la fantástica presentación internacional de un tomo inédito de la saga de Harry Potter que un empleado de limpieza municipal encontró un día debajo del banco de un parque, pero el título en cuestión es obra de esta que suscribe, y quieras que no le tengo un cierto cariño. Así que esto es lo que hay: el día 29 de junio se presentará en l’Associació de Veïns i Veïnes de Casc Antic de Barcelona (Rec, 27), a las 19.00, la esperada (esperada por mí, básicamente) primera novela de Eowyn de Camelot: ’La rebelión de los soldaditos de plomo’ (Ediciones Hades, nombre que espero no sea premonitorio). La novelilla en cuestión pretende ser el primer volumen de una trilogía llamada Casa Usher y cuyas dos entregas restantes, si los santos del panteón comunista lo quieren y las ventas del primero así lo permiten, saldrán en algún momento antes del fin del mundo.
Supongo que ahora es el momento del autobombo, el self-promote y el “yo he venido aquí a hablar de mi libro”. Pero me temo que eso no me sale muy bien: lo único que puedo decir de ’La rebelión de los soldaditos de plomo’ es que a mí me gusta. Y que lo he escrito esperando que les guste a tod@s, al menos a la gente de mi cuerda (porque por poco que me conozcáis ya os imaginaréis por dónde va ir el tema). Y ya que para escribirlo tuve que hacer descender la productividad de todas las empresas en las que trabajé en aquella época (si a alguna de las mujeres que me leéis os gusta escribir ya os imaginaréis por qué lo digo), pues bueno, consigamos que el sacrifico de esas compañías por la literatura no caiga en saco roto, ¿no os parece?
Bueno, y sin más chorradas, ahí abajo os copio la sinopsis. Nos vemos el 29 de junio. Estaré escondida entre el público mirando cómo una chica que me encontré en la cola del INEM, que dice que es periodista y que he contratado para la ocasión presenta el libro en mi nombre. Espero que no diga demasiadas tonterías, porque si no me acojo a la reforma laboral, declaro que me ha hecho perder beneficios y no la pago. Y por si sí las dice (cosa que lamentablemente témome mucho), recordad que no la conozco absolutamente de nada.
‘La rebelión de los soldaditos de plomo’
¿Cómo sobrevivir al acoso de los despiadados poderes económicos? El brazo es demasiado largo y puede llegar a estrangular a quien se aleje del redil. Una gran Sombra que oscurece cada rincón y donde el Miedo al Cambio la convierte en más poderosa.
Por suerte siempre hay personas que se interponen en el camino aunque este los intente amordazar. Como Anezka, Cristof y sus amigos, que se enfrentarán a la fuerza de choque de una gran multinacional y también a sus propios fantasmas.
Eowyn de Camelot nos ofrece una trama perfectamente hilvanada en la que se dan cita idealistas algo descerebrados y no siempre pacíficos, sicarios llenos de traumas, policías tan violentos como obtusos y skinsheads en estado de embriaguez permanente.
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27 abril 2012 en 11:18 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, capitalismo, corrupción, crisis económica, dictadura española, estado policial español, fascismo, Govern Mas, injusticia social, inmigración, paro, PP, racismo, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Spanish Revolution, violencia contra las mujeres, xenofobia
-Medievalistas: Para analizar los nuevos tiempos.
-Aborteros clandestinos: Para equilibrar la natalidad con los salarios, la cuantía de los impuestos, las nuevas tasas de la Injusticia y el nivel de ocupación (ojo: prohibido su uso si eres una “mujer de verdad” al estilo Gallardón).
-Inquisidores: Para aleccionar de una forma pacífica y respetuosa a las usuarias del anterior servicio. Imprescindible nociones de alimentación de hogueras.
-Curanderos: Una alternativa barata al desmantelamiento de la Sanidad pública.
-Traficantes de órganos: Especialmente útiles para los que no pueden costearse el traslado de la diálisis. También para quienes han de deshacerse de alguna parte de su cuerpo para pagar la hipoteca.
-Delator: Tal vez no consigas un incremento de patrimonio inmediato, pero siempre va bien para quitarte de encima posibles competidores, o sencillamente al vecino que tiene un móvil más chulo que el tuyo.
-Cazarrecompensas: El siguiente estadio de la evolución del estado policial hispanocatalán (me pregunto qué precio pondrán a mi cabeza).
-Constructores de cámaras de gas: Pronto se darán cuenta que hay alternativas más rápidas e indoloras que quitarles la tarjeta sanitaria a los inmigrantes.
-Sepultureros: Para inhumar a las víctimas del genocidio social de manera expeditiva, limpia y silenciosa.
-Policías, muchos policías: Los vais a necesitar.
-Constructores de cárceles: Os harán falta muchas si queréis meternos a tod@s l@s que vamos a salir a la calle. Pero cuidado no vayáis a acabar al final vosotr@s dentro!
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13 abril 2012 en 7:37 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:29M en Barcelona, Afganistán, Bosque de Brocelandia, capitalismo, corrupción, crisis económica, cruzadas, despido libre, Edad Media, explotación laboral, fascismo, género, Govern Mas, Huelga General, Irak, Irán, Libia, Palestina, PP, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Siria, Spanish Revolution
(viene de) -Tus trampas son cada vez más originales –respondí con una mueca de desprecio-. Pero olvidas que nos conocemos demasiado.
-Esta vez hablo en serio –aseveró.
Estaba parado a pocos pasos de donde yo me hallaba, aún mostrando su carencia armamentística. De pronto, como obedeciendo a una señal telepática, los guardias guardaron sus espadas y separaron, asimismo, los brazos del cuerpo. Aquello era muy surrealista; no me hubiera extrañado más que los Mossos d’Esquadra se dedicaran a escoltar y a proteger piquetes informativos en el 29M (lo cual, por otra parte, hubiera sido lógico en un cuerpo cuya función se supone que es resguardar a los ciudadanos; al menos, lo sería más que matarlos).
-Te has vuelto loco –aprecié-. Sabes que podría matarte ahora mismo.
-Pero sé que no lo harás –respondió al vuelo-. Tú no albergas odio hacia mí. Solo cansancio.
Y lo peor de todo es que el maldito tenía razón: había atentado contra mi tranquilidad durante años, me había perseguido con saña por todos los caminos de la Corona de Aragón, el Reino de Castilla y las zonas aledañas como si yo quisiera nacionalizar alguna empresa invasora que fuera de su propiedad, me había hecho mil perrerías, había comprado a mis amigos (que luego, obviamente, resultaron no serlo tanto) y me había encerrado en húmedas mazmorras la estancia en las cuales, afortunadamente siempre muy corta gracias a mi legendario instinto de supervivencia, había acrecentado mi innata claustrofobia. Vamos, que cualquiera diría que temía que viviera demasiado, no fuera a tener que pagar mi pensión. Pero no le odiaba: quizá ya me había acostumbrado a él, a su terrorismo de baja intensidad contra mi persona, a la mejor el hecho de que siempre acababa por aparecer era la única fe que me quedaba; o tal vez sentirme buscada por alguien, aunque fuera con propósito tan lesivos para mi libertad e integridad, en el fondo me gustaba: nadie más lo hacía.
-Está bien. ¿Qué quieres? –naturalmente, seguí enarbolando la espada.
Me mostró las palmas.
-Hablar. Solamente eso.
No es que el diálogo hubiera sido lo suyo, precisamente, por lo que conocía de él. Pero era evidente que quería cambiar de estrategia. ¿Qué demonios estaría tramando?
-Está bien –concedí-. Envía a tus hombres calle abajo y espera aquí unos minutos. Nos veremos en la taberna que está cerca del puerto –aguardé hasta que los guardias hubieran desaparecido en dirección contraria y me escabullí hasta el lugar indicado.
La situación no podía ser más extraña: ahí estaba yo, departiendo animadamente ante dos jarras de vino con la persona con quien desde prácticamente que nací no había podido estar en la misma habitación sin que uno de los dos no saliera perjudicado de alguna manera. Evidentemente, el mundo se había trastocado: tal vez era algo así a lo que se referían los mayas. El noble, acostumbrado seguramente a otro tipo de compañía en sus horas de ocio, no mostró sin embargo ninguna incomodidad de hallarse en aquel cuchitril. Todo lo contrario, se permitió incluso dirigirme una amplia sonrisa.
-Tienes muy buen aspecto. Nadie diría que has pasado los últimos años huyendo.
-He hecho otras cosas, también. Ganarme la vida, por ejemplo.
-Y muy bien. Se escuchan relatos de tus hazañas.
-Hay mucha ficción al respecto. La gente lo necesita. Pero vayamos al grano: dime de una vez qué quieres de mí.
Clavó en mí unos ojos pequeños y separados, que me parecieron mucho menos fieros que en el pasado.
-Las cosas han cambiado mucho, Eowyn. Durante años me he empeñado en mantener la moralidad entre mis vasallos. Que las cosas no fueran como yo lo deseaba significaba para mí un motivo de cólera. Pero esa ira se ha agotado. Los últimos años no han sido buenos: malas cosechas, alianzas políticas poco inteligentes, demasiados familiares muertos en las Cruzadas…
Se le veía sinceramente apenado y lo lamenté por él: yo no era tan de piedra como a veces quería aparentar. Aunque también era verdad que cualquier cosa que sus parientes hubieran ido a hacer a Tierra Santa, lo que les hubiera sucedido ellos se lo habían buscado. Quienes realmente me preocupaban eran los ciudadanos de Palestina. Y de Libia, y de Irak, y de Afganistán, y de Siria, y de tantos otros lugares…
-Ahora parece que la desgracia se aleja de mi camino, aunque sus huellas pervivan. He conseguido un buen puesto en la Corte. Velo, entre otras cosas, porque que el pueblo esté contento y porque todos tengan un buen medio de vida.
Qué miedo. Cuando los mandatarios hablaban de felicidad y empleo, siempre tenían escondido en la manga algún proyecto insostenible. Además para llevarlos a cabo solían contratar personas del escaso nivel intelectual de mi interlocutor. Y es que era para joderse: yo buscando curro como una loca sin ningún éxito y con un buen historial profesional a mis espaldas, y a aquel inútil le contrataban con la mayor facilidad del mundo; seguro que militaba en el PP, o en CiU. Pero lo que dijo a continuación fue aún más increíble.
- Me trasladaré a mis posesiones de Barcelona y te ofrezco que vengas conmigo. Que seas la capitana de mi guardia. Creo que un buen trabajo es lo menos que te debo, después de arruinarte la vida.
Bueno, tampoco me la había arruinado tanto. La persecución hasta concedía un poco de animación a mi existencia. El problema era que su presencia me recordaba demasiado a aquello que había dejado atrás y adonde no deseaba volver… Pero ¿había escuchado bien la última frase?
-Esto debe de ser un sueño. O tal vez una pesadilla. O demencia senil prematura por tu parte –o no tan prematura: hacía tiempo que no lo veía de cerca, y ahora notaba como los primeros signos de la ancianidad estaban comenzando a hacerse patentes en su rostro. No somos nada, realmente-. ¿De verdad estás escuchando tus propias palabras? ¿Realmente crees que tus hombres aceptarán las órdenes de una mujer?
Se apresuró a responder.
-Lo harán. Y lo harán porque te conocen. Y porque te respetan. Y porque han aprendido a admirarte: nunca han podido vencerte, de una manera u otra, por habilidad o por voluntad férrea de sobrevivir, siempre te has escurrido ante nuestras narices.
-Me halagas –advertí yo-. Y últimamente los halagos me han traído malas consecuencias. No voy a volver a caer en la misma trampa.
-Algo sé de tus últimas aventuras –su expresión adquirió un tinte malicioso-. Corren relatos sobre ti por todas partes y me he divertido mucho escuchándolos. Pero tranquilízate: conmigo estarás a salvo de quien pueda quererte mal. Eowyn, te mereces un descanso. Y te ofreceré todas las garantías que me pidas: estaba vez podrás confiar en mí.
Como explicaba, en uno de los momentos más desesperados de mi vida, el Destino me había tendido una mano… Una mano que se había convertido en una garra que atenazaba mi garganta. Tenía un buen empleo, vivía en un lugar privilegiado, una masía fortificada a las afueras de Barcelona donde disfrutaba de unos cómodos aposentos para mi sola en el patio de armas, y mis compañeros me respetaban, aunque también era verdad que evitaban mi trato con tanto ahínco como yo evitaba el suyo. Comía y bebía con abundancia y ni siquiera tenía por qué preocuparme por mi seguridad. Incluso a veces, cuando paseaba por las amplias estancias de la masía y disfrutaba con la vista desde sus torreones, sentía algo así como una vaga sensación de felicidad; pero se habían acabado las largas cabalgadas por el bosque y las noches al lado del fuego del campamento. Yo había logrado el ascenso profesional con el que siempre soñé, y que tan difícil era para alguien de mi género. Pero no era feliz. Tal vez nunca lo sería. Tal vez la insatisfacción me acompañaría siempre, como la soledad, tal vez era tan incapaz de conformarme como de amar. ¿Cómo no iba a estar susceptible y de mal humor en esas circunstancias, y más si además aquella situación relajada y cobarde me estaba apartando del lugar donde yo creía que era más necesaria? Todo eso pasó por mi cabeza cuando me vi catapultada al interior de aquel portal. Decidí ver la parte positiva del suceso: tal vez jamás debería volver a preocuparme por mis conflictos internos.
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12 abril 2012 en 7:05 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:29M en Barcelona, Bosque de Brocelandia, capitalismo, crisis económica, Edad Media, explotación laboral, expolio en Siria, fascismo, franquismo, Grecia, impunidad, injusticia social, Irak, lucha obrera, memoria histórica, privatización arqueología en Grecia, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Sirira, Spanish Revolution, suicidios en Grecia
(viene de) Tengo que reconocer que en los peores momentos de mi vida siempre había encontrado una mano tendida aunque a veces hubiera acabado sosteniendo el látigo que acabaría estrellándose contra mis espaldas, un inesperado golpe de suerte que en pocos meses se convertiría en una maldición. Cuando llegué a Barcelona, exhausta y derrotada, unas semanas antes, había tenido que hacer un esfuerzo para que la depresión no me arrojara contra una cuneta para dejarme morir allí. Pero a mí aún no me habían robado toda la esperanza ni todo el trabajo de toda mi vida, como habían hecho con los desposeídos en Grecia, y aunque solo fuera por orgullo no quería que nadie me obligara a ser la mano autoejecutora del genocidio social del sistema; o tal vez me producía demasiada pereza pensar en cómo dar fin a mi vida. Sea lo que sea, en lugar de suicidarme hice lo que una mercenaria de pro debe hacer en esas circunstancias: emplear las monedas de Guillaume que aún me restaban en darme un buen baño, buscarme un alojamiento y procurarme ropas presentables que me acreditaran como una candidata susceptible de tener en cuenta para posibles encargos. Y, claro, frecuentar los mercados y las tabernas, que para que me entendáis funcionan como una especie de mezcla de Infojobs, LinkedIn y Facebook. Era consciente de que me había metido en la boca del lobo; me hallaba en el exacto lugar donde Karl y Gustaf me habían encontrado hacía ya casi un año, y pretender que serían tan imbéciles como para no buscarme allí, por muy evidente que ello fuera, era quizá suponer demasiado, incluso si era referido a ellos. Pero, a pesar de la advertencia del templario traidor y de la poca simpatía que debían de profesarme después de que el Sultán se hubiera vengado en ellos de mi huida, como seguro habría hecho, no conseguía sentirme aterrorizada por la perspectiva de volver a verles: les había perdido todo respeto, si es que alguna vez les había tenido alguno, y estaba segura de que si me los encontraba más que asustarme me iba a entrar un ataque de risa en sus barbas. Así que ya me veis de nuevo en la Ciudad Condal, intentando infructuosamente encontrar acomodo laboral mientras acarreaba un enorme agujero lleno de algo parecido a la antimateria que se abría justo en medio de mi estómago y que a veces me dolía tanto que hasta me hacía caminar encorvada; y no era hambre, os lo aseguro, aunque también comenzaba a sentirla. Pero, por suerte o por desgracia, estoy acostumbrada a las vicisitudes. Lo siento mucho por los positivistas y los amantes de libros de autoayuda: el Destino existe y que te esfuerces en mejorar tu vida, aunque muy recomendable, sirve de muy poco; tu sino se encargará de joderte bien jodido si eso es lo que tiene programado. Sobre todo si has nacido pobre y sin nobleza. Como en mi caso, por ejemplo. Y sobre todo si hemos vendido nuestro país a los neoliberales fascistas del PP, que a su vez aún lo venden más barato. Y por si fuera poco, en uno de mis deambuleos curriculares, al doblar una esquina, me tropecé de pronto de la manera más escandalosa con el mismísimo señor del lugar donde me había criado, mi archienemigo.
Naturalmente, me dispuse a poner pies en polvorosa: que yo supiera, el noble en cuestión no daba un paso fuera de su castillo sin ir protegido por una nutrida guardia que, estaba segura, debían de estar agazapados a mi alrededor, esperando tal vez una orden para caer sobre mí como auténticos antidisturbios cabreados. Y, de hecho, un grupo de cuatro secuaces taponaban la única salida: así que me decidí a esquivar a mi antiguo jefe y a arriesgarme por la calle que discurría a su espalda, con casi la seguridad de que encontraría a alguien emboscado en alguna parte: si l@s lector@s que conocen Barcelona alguna vez se han quejado de las tortuosas calles del Casc Antic, debo informarl@s que antes de derribar las murallas era aún peor (no obstante, tengo que reconocer que cuando estoy en el siglo XXI las echo de menos. Lo único que me consuela es que solo las han derribado, no las han sepultado por desmemoria o intereses, ni las han privatizado como en Grecia ni expoliado como en Siria o Irak)… Pero cuando me lancé hacia mi objetivo descubrí que también aquella salida había sido bloqueada. Así que di un paso atrás, alejándome de todos ellos lo máximo que podía, saqué la espada con seguridad y les regalé una sonrisa de suficiencia: estaba demasiado enfadada para tener miedo, y aquellos guardias, con sus negros ropajes protegiendo el lujo del noble (solo les faltaba la insignia de la División Azul), me recordaban demasiado a los efectivos policiales de Barcelona cargando indiscriminada e impunemente contra los manifestantes mientras acordonaban el Corte Inglés y la Bolsa. Yo misma podría estar en aquel momento herida, encarcelada o ambas cosas, si un camarada anónimo, al verme desorientada en la multitud y corriendo en dirección a las peores cargas, no me hubiera sacado allí casi en volandas; ni siquiera llegué a verle la cara. Pero ahora sí estaba permitido que me comportase como una salvaje medieval defendiendo mi vida sin que nadie me llamara terrorista por hacer lo mismo en 2012, así que moví mi espada para que destellara a la luz de las escasas antorchas, en señal de desafío, y me dispuse a la batalla. Pero los guardias estaba extrañamente inmóviles, y el único que se adelantó, con los brazos separados del cuerpo y mostrando que estaba desarmado, fue el señor.
-Guarda tu espada, Eowyn. Hemos venido en son de paz.
Vaya por dios. Con las ganas de juerga que yo tenía (sigue).
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11 abril 2012 en 16:25 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:29M en Barcelona, Bosque de Brocelandia, capitalismo, crisis económica, explotación laboral, género, Huelga General, lucha obrera, Mossos d'Esquadra, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Spanish Revolution
Finales de abril, 1292
La puerta de la taberna del puerto que solía frecuentar retumbó contra el muro produciendo un sonido horrísono, y abierta se quedó, balanceándose por el impulso hasta perder la fuerza. Fuera, la conocida humedad barcelonesa me reclamaba mis huesos como tributo, pero yo le hice una higa y avancé unos pasos para alejarme del pestilente local. La brisa primaveral venía tan helada como si nunca tuviera que llegar el cambio climático y como si el fuego que destruiría siglos más tardes los bosques de Galicia, abandonados al vandalismo y a la especulación, no fuera más que una absurda pesadilla, pero no logró apaciguar mis exaltados ánimos; así que busqué algo interesante que patear para desahogarme: un montón de desperdicios, algún ladronzuelo dispuesto a aligerarme de mis escasas pertenencias, un Mosso de Esquadra con ganas de atizar a discapacitados sin que sus amos marquen límites a su violencia… pero no tuve suerte: los malos siempre se esconden como ratas cuando más necesitas de ellos, o bien huyen por la puerta de atrás tras haber prometido, entre otras falsedades, “dar siempre la cara”.. No me quedó otro remedio que descargarme de mi frustración bufando como una mula de la peor raza, aunque ni siquiera eso me fue permitido: sin que la agrietada y sucia madera hubiera tenido mucho tiempo de descansar sobre su dintel, una iluminación temblona en el acceso al local reveló que alguien venía a acompañar mis cuitas, o al menos a huir escapado de aquel antro de perdición; y en ella vi como se recortaba la figura delgada e inquieta de Yannick el Terrible.
-¡Pero, bueno, compañera! ¿Qué ha pasado? ¿Por qué te has ofendido de ese modo? –como siempre, su voz surgió sin acento identificable, o tal vez con todos los acentos del mundo. Nadie sabía de dónde procedía Yannick; posiblemente ni él mismo.
-Pues pasa que estoy harta de todos vosotros. De todos –le di la espalda. Aunque la verdad era que no recordaba la causa por la que me había cabreado tanto con mis habituales colegas de taberna, los mismos con los que venía encontrándome casi cada noche desde que residía en Barcelona. Pero es que últimamente nada parecía funcionar como debía y daba la sensación que la gente se empeñaba en decir las palabras más inconvenientes. Lo que hace la falta de un sistema educativo en condiciones para los pobres; bueno, qué voy a explicaros a vosotr@s, lector@s, si pronto lo vais a averiguar, lamentablemente. Sin embargo, no podía enfadarme con Yannick-. Excepto de ti –me volví e intenté dirigirle una mirada cordial, aunque la rabia me pesaba sobre las comisuras de los labios, estirándolos hacia abajo-. Eres demasiado joven para que se te tengan en cuenta las tonterías que dices.
Él se acercó hacia mí y me palmeó por el hombro.
-Muchacha –el chaval observaba una total falta de respeto hacia mí a pesar de que tenía edad de ser su madre, por lo menos si hubiera concebido a la temprana edad a la que mi familia pretendía venderme al mejor postor. Y es que yo no era una mujer verdadera, según Gallardón-, últimamente estás imposible. No nos toleras nada. Ni a nosotros ni a nadie. Y no hacemos nada que justifique tu mal humor. ¿Qué es lo que te está sucediendo?
Su tono mesurado tuvo el poder de disipar las brumas de mi mente. Tal vez, incluso, tenía razón, tal vez mi malhumor fuera algo exageradillo y ninguno de los integrantes de aquel grupúsculo de ejemplares de la peor sociedad barcelonesa, que en el fondo eran buena gente aunque la diplomacia no fuera una de sus virtudes, en ningún momento hubiera pretendido ofenderme. Me senté en el tercer peldaño de una escalera que ascendía a una vivienda cercana.
-Tú no lo entiendes. No le pides nada a la vida, excepto ser libre y que no te impongan normas, navegar y conseguir el botín suficiente para comer y beber tranquilo una temporada –ya habréis comprendido que Yannick se dedicaba al noble arte de la piratería-. Ni siquiera te preocupan las mujeres, eres demasiado joven para eso. Yo, sin embargo…
-Creí que también valorabas tu libertad más que cualquier otra cosa –objetó.
-Y así es. Eso es incuestionable. Pero quiero más. Últimamente noto que me hace falta algo. ¿Sabes que a mi edad hay muchas mujeres que ya han muerto de parto? ¿O de cualquier otra cosa? –en la Edad Media ya nos hemos acostumbrado a eso, a que nuestra vida valga menos que el contenido de una bacinilla; qué se puede hacer, no hay manera de evitarlo. No es como si tuviéramos medios para cuidar de la salud de tod@s y no lo hiciéramos. No es como si cerráramos hospitales, enviáramos a los profesionales de la medicina al paro o permitiéramos que en tantos países no exista sistema universal de salud. No es como si nos obligaran a pagar indefinidamente lo que hemos pagado sin retribuirnos por nuestro trabajo. No es como si conociendo a la ciencia la canjeáramos por la religión-. Me estoy acercando peligrosamente al límite de la esperanza de vida de este siglo, y no he hecho nada útil en toda mi existencia.
-Pues yo diría que sí lo has hecho –me interrumpió Yannick.
-Sí. Sobrevivir. Arrastrarme en las misiones más cutres por un mendrugo de pan -aduje yo.
-Pues a mí me parece suficiente…
-No –le corté-. Están pasando muchas cosas. Y yo estoy aquí, sin hacer nada. O al menos, sin hacer lo suficiente –me hizo un signo de que continuara, y así lo hice-. Hay un lugar a donde también pertenezco y que hace demasiados días que ya no frecuento. Un lugar que odio y amo al mismo tiempo, y donde me necesitan… bueno, necesitan a cualquiera que quiera echar una mano, no específicamente a mí, claro. En ese lugar se está gestando algo que se podría llamar la lucha final, en la que solo quedará uno, si puedo expresarlo cinemato… de manera propia de los trovadores, quiero decir. Y parece ser que de momento quien quedará es el que menos tiene que quedar. Quien más daño ha sido y es capaz de hacer a la Humanidad…
-¿Y cómo se llama ese hijo de puta? -me interrumpió el jovenzuelo-. Mira que llamo a mis amigos y me voy para allá…
-Antes se llamaba Capitalismo –expliqué yo-. Aunque ahora es algo mucho peor. No obstante será mejor que lo olvides, está demasiado lejos para ti. Y ahora parece que incluso para mí. Pero lo peor es que ya no sé por qué quiero hacerlo, por qué quiero ir allí y arriesgarlo todo, arriesgarme a no volver a este tiem… ejem… a este lugar que después de todo es mi casa, y cuyas leyes entiendo, y que por muy podrido que esté es mi mundo. No sé si lo hago porque me preocupa la gente de ese sitio o si solo soy incapaz de resignarme a no hacer algo heroico, algo que me reivindique de todos mis errores. Algo que dé sentido a mi vida… Hasta ahora no he hecho más que recorrerla egoístamente, sin aportar nada.
El piratilla negó efusivamente con la cabeza.
- Eowyn, se pueden decir muchas cosas de ti y no todas buenas. Tienes un carácter endiablado, no aceptas una crítica, a veces ignoras el riesgo y pones en peligro a los que tienes a tu lado y algunos rumores afirman que en ocasiones te dejas llevar demasiado por… los excesos… Pero no me digas que eres egoísta porque no me lo creo. ¿Sabes cuál creo que es tu problema? Que no confías en nadie. Tal vez si compartieras tus problemas verías que no son tan graves.
Mi filósofo amigo acababa de dar de lleno en una herida abierta.
-¿Confiar? ¿En quién? Yannick, tú y yo dentro de unos días tal vez no volvamos a vernos nunca. Además, la gente como yo no puede tener amigos en quién buscar consuelo. Estamos secos por dentro, nuestro corazón está tan helado como el filo de nuestra espada. Así soy. ¿Me creías diferente?
-Sí, te creía diferente –el tono de mi interlocutor fue duro-. Mucho más valiente. Capaz de arriesgarte a sufrir. Pero veo que esto no está en tus planes.
Era muy fácil para alguien como Yannick hacer esas afirmaciones: él se tenía a sí mismo, siempre se había tenido, y por tanto no necesitaba a nadie. A mí hacía tiempo que me habían arrebatado las posibilidades de ser yo; por eso necesitaba de los demás. Demasiado. Pero no estaba dispuesta a dar nada de mí misma. Ni a permitir que volverán a traicionarme.
-Pues lamento decepcionarte. Esto es lo que hay.
Me levanté de mi asiento de dura piedra y me marché en dirección contraria a la taberna: ya había hablado bastante por aquella noche. Yannick me dejó marchar, sus deseos de arreglar el mundo en mi persona al menos temporalmente defraudados: él también quería ser un héroe. Y tal vez, como yo, nunca pasaría de sucio esbirro… Me dirigía al establo donde me esperaba mi caballo, concentrada en esos pensamientos y en otros. Erróneamente, dejé de prestar atención a mi alrededor: la lucha que entre la conservación y la autodestrucción se libraba en mi mente estaba decantándose peligrosamente por el segundo contendiente, y no me percaté de la sombra que acechaba en el estrecho portal ante el cual en ese momento estaba cruzando, hasta que fue demasiado tarde. (sigue).
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3 abril 2012 en 10:31 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, 15 de Mayo, 29-M, capitalismo, corrupción, crisis económica, despido libre, explotación laboral, fascismo, franquismo, Govern Mas, Huelga General, impunidad, injusticia social, lucha obrera, memoria histórica, PGE 2012, Rafel Alberti, recortes sociales, reforma laboral, represión policial, Spanish Revolution, violencia policial
Y lo peor de todo es que hay gente que sigue pensando que facilitando el despido aumentarán las plantillas; que congelando los sueldos se incrementa el consumo; que suprimiendo ayudas a la cultura y la enseñanza, y al empleo, seremos un país más competitivo; que las grandes corporaciones internacionales crean puestos de trabajo de calidad y han de tener más facilidades que las pequeñas y medianas empresas del territorio; que convirtiendo España en un gigantesco casino, paraíso maloliente de mafiosos premiados con amnistías y leyes a su conveniencia, va a mejorar nuestra calidad de vida; que los cuatro fraudes en la prestación de desempleo son los que nos han llevado a esta situación, y no la evasión de impuestos; que somos los vasallos de Alemania y de lo que representa y le debemos pleitesía; que los dependientes que no puedan pagarse los cuidados han de ir a pudrirse a las cunetas; que la salud es para el que pueda pagarla (dos veces); que nuestros impuestos no han de revertir en protección y servicios, sino en sueldos de políticos fascistas y genocidas y en sus corrupciones varias; que ahorrar en protección de incendios en Galicia no va a a tener ninguna consecuencia; que con más ladrillo y más destrucción de espacios naturales se va construir la economía más saneada y sostenible; que la memoria de l@s que lucharon por un mundo mejor se puede sepultar quitando placas y nombres de teatros y borrando murales; que los que protestan contra este estado de cosas, a menudo jugándose la paz y la integridad física, son el verdadero problema y contra ellos valen todos los medios, sean policías infiltrados cometiendo atentados, violencia indiscriminada aunque sea contra menores o discapacitados, represión de denuncias de agresión policial o equiparación penal con terroristas (¡y ellos se atreven a hablar de terrorismo!).
Pero lo que ninguno de ellos sabe, ni los votantes ni los votados, ni los que continúan intentando mentir al pueblo en un ejercicio de hipocresía (porque ya no les importa si nos creemos o no sus mentiras), ni los que continúan justificando la utilidad de su sufragio estúpido e insolidario (aunque ya sospechan que se volverá contra ellos) es que pronto nos convertirán en lo que más temen. Por mucho que nos encierren preventivamente.
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23 marzo 2012 en 21:57 · Archivado en Hitos de El Bosque y etiquetada:29M, capitalismo, corrupción, crisis económica, despido libre, explotación laboral, fascismo, Huelga General, injusticia social, lucha obrera, recortes sociales, reforma laboral
Primero se llevaron nuestra identidad, luego nos quitaron nuestra memoria, más tarde volvieron a asesinar a tod@s l@s que murieron por nuestros derechos, a continuación incendiaron el futuro, después desarbolaron la esperanza. A veces es tan triste haber tenido razón… Y esto solo será el principio. Nos equivocamos, sí. Dejamos que nos confundieran los que sabían cómo sacar a la luz nuestros peores, y más estúpidos, instintos. Pero el pasado traicionado, el pasado olvidado y obligado al olvidar; el futuro vendido y ni siquiera al mejor postor; aquellos años en los que, sumidos en una euforia que en el fondo sabíamos falsa, inoculada en invisibles 365 líneas de coca, cambiamos la actividad por la pasividad, la solidaridad por la codicia, el cálido sentimiento de grupo por la individualidad más helada y vacía; las estentóreas carcajadas con las que humillábamos a los que siempre fueron fieles a ell@s mism@s, l@s que fuerons siempre fieles a nosotr@s, los epítetos que dirigíamos a aquell@s cuya lucha sin descanso es la que ha preservado lo que queda. Todas esas cosas nos están llamando a proclamar que el 29 de marzo de 2012 puede ser un gran día si todas y todos lo queremos así, si nos quedamos al lado de nuestr@s compañer@s, si aprendemos que podemos estar tan unid@s como nuestro insulso y monocorde enemigo, quizá por eso tan fuerte. Si sabemos que esto solo será el principio.
Instrucciones para la huelga
Manifiestos varios (se admiten sugerencias)
Carteles alternativos (si os gustan, los podéis pillar)
Después de leer esto nos quedarán excusas
Elogio de los piquetes (por cierto, una servidora también estará)
Algunos llamamientos (ATTAC-Acordem y XSUC)
Esta huelga es también una huelga de consumo, no lo olvides
Kit huelguista
Si se os ocurre que más puedo poner, ya sabéis, comentario o correo.
El 29M nos vemos en la calle!
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9 marzo 2012 en 13:40 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:accidente del metro de Valencia, Bosque de Brocelandia, capitalismo, corrupción, crisis económica, cruzadas, Edad Media, explotación laboral, fascismo, franquismo, género, Govern Mas, impunidad, inmigración, lucha feminista, memoria histórica, niños robados, recortes sociales, reforma laboral, religión, República, violencia contra las mujeres
(viene de) Apoyada en la proa del barco yo contemplaba el crepúsculo derramándose sobre Chipre, cuya silueta ya se divisaba en lontananza. El bienestar que sentía, además que con la paz que experimentaba en comunión con el mar y el hecho de poder observar una costa mediterránea sin antiestéticos rascacielos ni insostenibles puertos de yates, tenía que ver con la alimentación regular y el descanso más o menos confortable (al menos en comparación con los días pasados) de los que venía disfrutando desde que me embarqué en aquella galera siria en la cual mi comitiva de rescate y yo habíamos encontrado un buen acomodo gracias las riquezas de la Orden. Aunque he de comentar que las perspectiva de hallarme en buenas relaciones con esa gente (contra los cuales tenía que añadir como motivo de aborrecimiento que se suponía que eran los precursores de los banqueros actuales, entidades que concentran la mayoría de los abusos del sistema en el siglo XXI) no me hacía sentir particularmente orgullosa de mí misma. Ni siquiera me tranquilizaba ni hacía que me viera menos como una traidora el saber que prácticamente no me había quedado otro remedio. Pero en aquel momento el tal Guillaume se instaló a mi lado, al parecer con ánimo dicharachero.
-¿Disfrutas del viaje? –me preguntó. Yo había logrado, afortunadamente, que me apeara el tratamiento de cortesía.
-Me gusta el mar –contesté, con la mirada fija en el espectáculo natural-. Tanto como me gusta el desierto. Lo primero tiene una lógica, pues nací muy cerca del Puerto de Barcelona. Lo segundo es más difícil de comprender: tal vez se debe a alguna de mis vidas pasadas.
-Pues lleváis un extraño nombre para ser aragonesa –objetó.
Le eché una mirada de soslayo: estaba segura de que su colega en la milicia le había explicado todos los detalles acerca de mi historia, por lo que no sabía a qué obedecía ese interés a asaetearme de preguntas. Pero pensé que lo mejor era seguirle la corriente.
-No podemos elegir dónde, cómo ni de quién hemos nacido. Pero tal vez sí deberíamos escoger a dónde queremos pertenecer. No me gusta la realidad, y me reservo el derecho de hacerme oriunda de un país de ficción. Que tal vez sea más real que lo que consideramos tangible.
-¿Y en ese país de ficción hay más mujeres como tú? Porque en las tierras que he pisado nunca he conocido a nadie que se te pareciera –siguió indagando. La verdad es que tenía al pobre hombre alucinado perdido.
-No soy una rara avis, Guillaume. Tal vez un poco incómoda para ciertas personas, pero eso no es ningún mérito. Me temo que cualquiera mujer que reivindique un poco de igualdad lo es.
Lanzó una breve carcajada.
-Desde luego que debes serlo. Escuché esa historia acerca del señor de la aldea donde naciste, que se ha tomado como una cuestión personal hacerte volver al redil como si supiera mejor que tú lo que te conviene…
-Para muchos somos eternas menores de edad y lo seremos siempre –concedí-. Pero no te equivoques: hay muchas mujeres como yo. Muchas, muchísimas, innumerables, todas. Tal vez solo se deba a la ceguera de los hombres el que parezcamos invisibles. Por eso mismo, te puedo asegurar, nunca pasaremos a los libros de historia.
-Pero ¿por qué dices eso? –me contestó, asombrado-. Se supone que en el futuro todo será mejor, para todos. Y para todas.
-Tengo buenas razones para afirmarlo –gruñí yo.
-¿Y también buscas el Graal?
Aquel brusco cambio de tema me hizo volverme hacia él. ¿De dónde había sacado eso? No era algo que acostumbrara a comentar, ni siquiera a mi viejo compañero de aventuras. Claro está que no me acuerdo de todas las conversaciones que he mantenido en noches de borrachera… Viendo mi extrañeza, se apresuró a matizar.
-Solo he atado cabos… Camelot, el Graal… Sé leer, y además disfruto con ello. Pero he dado en el clavo, ¿no es así?
-Tal vez mi idea sobre el Graal no sea la que tú crees –advertí yo.
-En cualquier caso, estaría encantado de escucharla…
-… y yo de explicártela –podía esperarse sentado-. Pero tendrá que ser en otra ocasión. Me gustaría dormir algo antes de llegar a tierra. Una vez allí, tendré que desplegar una actividad frenética de entrevistas y preparativos para la vuelta a Barcelona, y me gustaría encontrarme en buena disposición física.
-Tienes razón –accedió-. Descansa, te llamaré cuando arribemos a puerto.
Me despedí y me instalé en mi camarote, contenta de habérmelo quitado de encima y no porque fuera una persona desagradable, que no lo era en absoluto. Pero comprendía que era mejor que cada uno de nosotros se mantuviera en su sitio; estaba segura de que cualquier acto de compenetración con esa gente solo podía traerme problemas, y además de muy diversa índole. La verdad es que para amenizar el viaje me parecía mucho más entretenido charlar con la tripulación (cosa que podía hacer sin temor a suspicacias ya que mantenía mi condición de mujer bien oculta), que por cierto me habían informado de la manera en que los templarios habían exprimido a la población de Chipre con impuestos cuando fueron propietarios de la isla, hacía un siglo, como un Partido Popular cualquiera, o incluso ayudar a que la vida de los pobres condenados que hacían funcionar el barco fuera algo más fácil; al igual que pasará en el futuro, la mayoría estaban pagando con su esfuerzo la desgracia de haber nacido pobres. Y con esas reflexiones me desvestí y me metí en el camastro, para soñar con crepúsculos marinos y desiertos rojos, y también con las retorcidas callejuelas grises, las placitas y las fuentes de mi Barcelona natal. Después de unas horas de reparador sueño, me despertaron unos golpes en la puerta.
-¡Eowyn, hemos llegado! –me avisó Guillaume. Yo di un salto en la cama y me apresuré a pertrecharme para el desembarco. Me inquietaba lo que pudiera encontrar allí, y aunque estaba impaciente por interrogar a mi amigo, no dejaba de contagiárseme el ambiente de decaimiento que venía advirtiendo entre los templarios desde que viajaba en su compañía. No las jerarquías de la Orden, estaba segura, pero sí las bases en la mayoría amaban sinceramente Tierra Santa tanto como yo, y pensaban que su deber era salvarlas para la Cristiandad respetando a sus habitantes, sobre todo a los más desvalidos. Aunque fueran árabes; vamos, igualito que en el 2012. Y para ellos la pérdida casi total de aquellas posesiones les hacía sentir desanimados y decepcionados de la comunidad internacional, ocupada en otros proyectos que ellos creían menos espirituales y más crematísticos. Era patente el aroma a sueño roto, y no podía menos que pensar en otra ilusión quebrada en mil pedazos de la que hacía poco había llegado y a la que suponía no tardaría en volver: el otro mundo posible y necesario del siglo XXI, ahora ahogado entre injusticias, miseria y sangre. Pero sin detenerme más en pensamientos catastróficos, me reuní con mis compañeros de viaje y bajamos a tierra sin mucha dificultad.
Y entonces sucedió. No bien hubimos descargado nuestros enseres y recorrido el corto trecho del camino que nos sacaba del puerto en dirección al oeste, hacia el castillo de Kolosi, cuando algo así como un horrendo cataclismo de proporciones bíblicas se abatió sobre nosotros. Venidas prácticamente de la nada, decenas de sombras, mucho más del doble de nuestro número, cayeron sobre nuestros descuidado grupo armadas con dagas que, surgiendo de la aún semioscuridad, buscaron con lujuria asesina nuestras carnes. Entre aullidos de dolor, oí como Guillaume gritaba…
-¡En guardia, nos atacan!
… aunque era bastante evidente. Vi cómo protegía la espalda apoyándose en el muro de una de las precarias viviendas de los alrededores del puerto para enfrentarse a tres de los asaltantes, cubiertos con ropas tan oscuras como la noche, mientras echaba nerviosas miradas en mi dirección. A la luz de las antorchas, caídas en el suelo, vi que dos de aquellos hijos del demonio se acercaban a mí uno por cada lado apuntándome con las afiladas hojas. Yo me encontraba en una posición mucho más desprotegida que la de Guillaume, que estaba defendiéndose de sus atacantes con valor y efectividad empleando a la vez la daga y la espada; pero entonces se produjo un inexplicable segundo de vacilación en los dos asesinos que me proporcionó un lapso valioso para sacar mi arma, enrollar el brazo izquierdo en mi capa y escurrirme entre ellos: ser de pequeña estatura tiene estas ventajas militares. Yo jugaba con la oscuridad y la luz para esquivarles y sorprenderles, pero desgraciadamente aquellos hombres, grandes y fuertes, daban muestras de ser tan ágiles y flexibles como yo, lo cual no pintaba nada bien para mi futura permanencia en este mundo. ¿De dónde habrían salido?, me preguntaba, entre embate y embate. Su manera de luchar me era totalmente desconocida… si tan solo pudiera averiguar de dónde procedían y deducir su punto débil… En aquel momento, choqué desafortunadamente con otro de los contendientes en liza, que en aquel confuso montón se afanaba en finiquitar al segundo de a bordo de Guillaume y que, al echar el codo hacia atrás para tomar impulso para mejor atacar al desgraciado, me envió metros más allá hasta hacerme dar con mis huesos en tierra, cual si fuera un obstáculo molesto que le impidiera la culminación de la faena. Mi cabeza cubierta por el yelmo chocó pesadamente con las piedras de la calzada y mis agresores se precipitaron hacia mí, puñales en ristre, para acabar con mi malhadada existencia. Pero sucedió algo muy extraño: antes de que todo se nublara en mis ojos, escuché a Guillaume pronunciando mi nombre con desesperación y, de pronto, aquellos extraños sicarios se detuvieron en seco, se miraron y, súbitamente, emprendieron la huida.
Creo que en ningún momento llegué a perder el sentido. Recuerdo que, a partir de ese instante, todo pareció salir de madre: un horrísono sonido de metal combinado con gritos de guerra me hizo darme cuenta de que otros actores se sumaban a la representación, aunque ignoraba si estaban del lado nuestro o en contra. Se armó un revuelo de todos los diablos, pero un tiempo después se elevó un clamor triunfal en varios idiomas. ¿Había terminado? ¿Y a favor de quién? Acto seguido, noté cómo me levantaban y me transportaban en volandas, y un poco más tarde una sensación mullida bajo mi espalda. Las caras veladas de dos mujeres y un hombre anciano se sucedían ante mi turbia mirada. Luz. Un breve, o así me pareció, momento de oscuridad, y cuando abrí los ojos de nuevo pude observar una nueva sucesión de colores cálidos sucediéndose en una ventana que se abría ante mí, a la izquierda: me hallaba en una habitación extensa, decorada con un gusto espartano pero atractivo y bien caldeada por una chimenea que ardía frente a la ventana, al lado de la puerta de entrada; detalles de cuero, terciopelo, un par de bargueños de madera de calidad…. Yo reposaba en un cómodo y amplio lecho, preguntándome si debía mi salvación a una supuesta caballerosidad de los atacantes al saber que era una mujer, o si más bien mi género era lo que iba a provocar mi ruina. Entonces noté que había alguien sentado a mi lado, y ante mi vista empezaron a perfilarse las facciones de un rostro bien conocido.
Desventuras de una indignada: olvidos impuestos
-Eowyn, ¿te encuentras bien? ¿Puedes verme? –preguntó mi viejo amigo ansioso mientras pasaba una mano delante de mis ojos. Yo fije la vista en él con una mueca descontenta, y me incorporé en la cama con dificultad gracias a dolorido cráneo.
-Sí, desgraciadamente puedo ver perfectamente tu fea cara, por todos los demonios del Averno. Gracias a quien sea la muerte no me ha impedido volver a encontrarte para decirte un par de cosas y hacerte suplicar de rodillas el no haberme conocido nunca. ¿Qué es lo que ha pasado aquí? ¿En qué emboscada hemos caído? ¿Quiénes eran esos monstruos? ¿No se suponía que Chipre era un sitio seguro? Maldito seas por siempre, esto era lo único que me faltaba. ¿Sabes en los líos que me has metido mientras tú te beneficiabas a la concubina del Sultán y le robabas sus joyas, o lo que sea que te hayas apropiado y que ha hecho que se cabreara tanto?
El acusado intentó calmarme, haciendo un gesto de tranquilidad con ambas manos.
-Entiendo tu enfado, mi querida amiga. Guillaume me ha explicado todo lo que has tenido que pasar por mi culpa –me alegraba saber que el inquisitivo hermano había sobrevivido, a pesar de todo: realmente, no creí que lo conseguiría-. Pero créeme que en ningún momento pude imaginarme que mis aventuras pudieran afectarte en lo más mínimo. Te hacía tranquila y feliz deshaciendo entuertos por tierras castellanas y aragonesas, o tal vez de vuelta en tu complicado siglo XXI escribiendo en esa máquina endiablada de la que siempre hablas. Y por mi parte, en ningún momento quise apropiarme de nada que no me correspondiera, y menos de una mujer.
Acto seguido, me relató una extrañísima historia de la que, dado mi dolor de cabeza y malestar general, solo entendí lo de su encarcelamiento y posterior liberación por parte de la tal Samira, parte que ya conocía, y lo de que ella le había utilizado para conseguir un objeto en Sidón antes de morir entre sus brazos.
-Lamento lo de esa chica –le dije, sincera-. También, indirectamente, ella me salvó a mí –le expliqué lo de la compañera de Samira, la que me había librado de mis cadenas. No era tan mala como crees, estoy segura –le consolé.
-Eso carece de importancia ahora. Ya pasó. Solo importa que te recuperes cuanto antes. Duerme, más adelante tendremos tiempo de hablar largo y tendido de este asunto. Yo me quedaré contigo hasta que mejores. En realidad no tengo otro remedio, puesto que te he cedido mis aposentos –dijo, guiñándome un ojo.
-Y yo que te lo agradezco, pero ni lo sueñes que voy a dormir ahora –me disponía a levantarme de la cama, combatiendo sus protestas sobre que el médico me había recetado tres días de reposo absoluto y sus intentos de detenerme cuando, después de un par de golpes en la puerta, esta se abrió para dejar paso a Guillaume, que portaba una bandeja en la que se veía una botella de vino y dos copas. Me extrañó que él mismo se encargara de menesteres que solían normalmente dejarse bajo la responsabilidad de subalternos, pero la mirada alegre que nos dirigió y el afecto con que palmeó la espalda de su compañero de orden, me hicieron ver que se trataba de una deferencia personal.
-Un regalo para celebrar vuestro reencuentro: el mejor vino tomado prestado de las bodegas del comendador –dejó la bandeja en una mesita, que acercó empujándola con el pie-. Dejad, yo mismo os serviré. El médico cree que no te hará mal beber moderadamente, Eowyn.
-Y pobre de él que dijera lo contrario –aduje yo-. Ya es bastante fastidioso no poder moverse.
-Gracias, amigo –contestó mi compañero-. Dime, ¿los heridos se están recuperando bien?
-Todos están fuera de peligro –respondió. Y, dirigiéndose a mí-. Los nuestros llegaron a tiempo. Como siempre.
-Lo imaginaba –respondí-. Decid: ¿tenéis idea de quiénes eran esos hombres y qué querían?
Ambos templarios se encogieron de hombres.
-Nuestra ignorancia al respecto rivaliza con la tuya –admitió Guillaume-. Pero lo descubriremos en su momento. Y ahora os dejo solos: tendréis muchas cosas de las que hablar.
Fue inútil nuestra invitación a que compartiera el vino con nosotros. Cuando hubo salido, mi amigo sirvió una copa y me la acercó, y de inmediato llenó la suya. Yo le miraba con detenimiento.
-¿Son muy graves tus heridas? Aparte de un poco más pálido y más lento de movimientos, te veo casi como siempre. Pero no obstante hay algo… Dime: ¿de verdad estás bien?
Me sonrió con bondad.
-No temas. No me ha pasado nada irreparable. Y he mejorado mucho en los últimos días. Debería de haberme librado del médico y el comendador y encargarme yo mismo de tu rescate. Estoy seguro de que todo hubiera sido más rápido y mejor.
Yo solté una carcajada.
-Hubieras llegado tarde, como ellos. Los hombres sois unos inútiles totales cuando tenéis que planear algo que requiera una mínima estrategia… Pero bueno, cuéntame, ¿cómo es la vida en este lugar? ¿Seguro que te gusta habitar en esta reclusión? Me recuerda a un campo de concentración para parados húngaros, y me temo que vuestros jefazos están tan poco cuestionados internacionalmente como el Gobierno de ese país. Al menos mientras no amenacéis el sistema financiero internacional.
-No os cambiado nada, Eowyn –refunfuñó como contestación-. Sigues igual de protestona.
Él sí había cambiado: lo notaba a cada palabra que pronunciaba. Pero no podía averiguar en qué consistía ese cambio. Y eso me preocupaba. Le miré con simpatía.
-Te he echado de menos, cabronazo. Aún no he conocido a nadie que sepa aguantar tal cantidad de alcohol tan inmutablemente como tú –él me estrechó la mano sin responder, con aspecto de ir a soltar la lagrimita-. -Vale, vale, ya basta –le detuve, después de un breve lapso-. Que corra el aire, confianzas las justas, tampoco vamos a emocionarnos ahora.
Sus ojos brillaban con picardía.
-Tienes razón –me sostuvo la mirada unos momentos-. Escucha… me extraña que no sientas curiosidad.
-¿Sobre qué? –fingí ignorancia.
-Vamos, Eowyn…
-Sabes que no creo en estas cosas.
-¿Y tú eres la buscadora del Graal? –se burló amablemente.
-Sabes perfectamente lo que el Graal significa para mí –yo estaba comenzando a perder la paciencia.
-Tal vez cuando lo veas cambiarás de opinión.
Se levantó y comenzó a trastear por la habitación. Yo recliné la cabeza y cerré los ojos en las almohadas: tenía una jaqueca terrible, y cuando esto me sucedía las estupideces tenían el poder de acrecentarla. Sentí que él se acercaba de nuevo.
-Aquí está.
De mala gana, me incorporé de nuevo. Me presentó un cofre y me señaló su interior, una vez abierto. Yo lo observé encogiéndome de hombros.
-¿Y esto que se supone que hace? –pregunté sin inmutarme.
-Eowyn… -me regañó él.
-La sensatez –opuse yo-. Eso es a lo que me refería antes. Y la sensatez no tiene nada que ver con este objeto.
Su mirada dibujó un signo de interrogación. Yo hablé, inicialmente con desgana
-Te lo he contado varias veces. Es eso lo que estoy buscando. Ese peldaño más en nuestra evolución que nos permita dejar atrás nuestras absurdas pulsiones de destrucción y autodestrucción, de codicia absurdamente desatada, de miedo cerval que anula en nosotros cualquier tipo de límites. Que no nos deja preferir una muerte digna a una mala vida. Es algo tan sencillo como esto y se supone que hace mucho tiempo que deberíamos haber llegado a ese punto, pero no ha sucedido, y eso que en este año 1292 ya somos antiguos sobre la Tierra. Y lo peor, tampoco hay visos de que suceda en el siglo XXI; al contrario, cada vez nos hemos alejado más. Esto, tan sencillo y tan imposible, sencillamente la paz, la armonía, el valor y la cooperación, es lo que busco. Pero hace tiempo que sé que somos incapaces; y aún así… no puedo renunciar. Quizá haga falta un cataclismo, no lo sé, para que tomemos conciencia. Algunos pensaron que la crisis económica que comenzó en el 2007 iba a conseguirlo. Pero no. Fue desde el primer momento un invento de unos pocos para lograr todo lo contrario. El empujón final para acabar con lo poco racional que hasta entonces había construido el mundo. Lo siento, querido amigo, tal como están las cosas no puedo aceptar esas tonterías sobre objetos de poder ni oraciones a las potencias celestes ni valores de Semana Santa. En nuestro contexto, todo eso no es más que un hatajo de gilipolleces.
Sus pupilas se volvieron opacas, como si le hubiera hecho asomarse a la oscuridad del centro de la Tierra. No obstante, una luz que centelleaba en el fondo me hizo darme cuenta de que su fe continuaba inquebrantable.
-Te entiendo, Eowyn. Entiendo tu objetivo y tu angustia. Pero hace tiempo que averigüé que esto es real. Créeme, tengo motivos para saberlo. Desde hace mucho tiempo.
Una bombilla se encendió en mi cerebro.
-¿Qué es lo que me estás ocultando?
Él guardó silencio y yo continué, imparable.
-Desde que te vi entrar en aquella taberna de Acre vestido de nuevo con el hábito blanco, más aún cuando supe que tu posición en la Orden no era precisamente la de un mindundi, comprendí que había algo que se me escapaba. Escucha, camarada, hace poco he venido de un mundo donde se engaña y se oculta por miedo y por comodidad, donde no se asumen los errores del pasado, donde se pretende dictar al pueblo qué es lo que tiene que recordar, qué es lo que tiene qué olvidar y cuáles son los derechos que tienen que reivindicar. Me opongo a esa estrategia del miedo y la ocultación, la rechazo frontalmente y te juro que acabaré con ella aunque sea lo último que haga sobre este mundo. Y ahora llego aquí, a este tiempo que, a pesar de su también injusticia y violencia, a veces supone un bálsamo para mis manos cansadas de luchar por imposibles, y me encuentro de que tú, mi más antiguo compañero, la persona en la que depositado mi vida en múltiples ocasiones, practicas también estos métodos que aborrezco. ¿Qué se supone que he de hacer ahora? ¿Convertirte en mi enemigo? No puedo dejar de pensar que me has utilizado. Cuando me decías que había renegado de la Orden, que estabas agotado y que habías perdido la fe ¿fue alguna vez real algo de eso? Siempre te mantuviste en un discreto segundo plano, dejándome la iniciativa de todas nuestras aventuras, de las decisiones acerca de qué encargo escoger y cuál no. Pero ¿qué es lo que estabas tramando a mi espaldas?
Vi su expresión de desconcierto e impotencia, en mitad de un dolor que parecía golpearle en el estómago. Pero no consiguió que me apiadara de él un ápice; ahora yo sabía la verdad.
-Eowyn –alargó la mano hacia mí-, yo jamás he querido mentirte ni utilizarte.
Yo apreté los puños e hice un amago de golpearle. Fue entonces cuando comprendimos que algo estaba comenzando a ponerse realmente mal. Mi brazo se quedó a medio camino de su recorrido, paralizado y sin fuerzas, y volvió a derrumbarse sobre mi cuerpo. Él intentó ayudarme, pero sus manos parecieron tampoco responderle. Nos miramos aterrorizados: todos nuestros miembros, a pesar de los sobrehumanos esfuerzos que estábamos realizando, parecían negarse a seguir las órdenes de nuestros cerebros. Con los dientes apretados por la rabia, caímos sobre la cama, uno al lado del otro, incapaces ya de mantenernos erguidos.
La puerta se abrió y un Guillaume de expresión circunspecta entró en la habitación. El atisbo de esperanza que su entrada nos había ocasionado se heló al ver que iba acompañado de todos los miembros de la comitiva de rescate que no habían sido heridos en la reyerta con los desconocidos vestidos de gris, y que ninguno de ellos se esforzaba en socorrernos; más bien, nos miraban como si aquello fuera el desenlace esperado. Quise gritar, pero ni mi boca podía abrirse ni mi garganta emitir ningún sonido. Una sombra de tristeza cruzó por el rostro de Guillaume mientras se acercaba a nosotros, recogía el cofre y su contenido y lo guardaba bajo su hábito.
-Lo siento, Eowyn. Y lo siento también por ti, compañero. No os preocupéis por los efectos de la sustancia que vertí en vuestro vino, no tienen consecuencias graves y en breve volveréis a sentiros como siempre. Tenía que hacerlo… Eowyn, cuando supe que el Sultán te había encarcelado, intenté resolver las cosas por la vía diplomática y solicité una entrevista con él. Hablamos durante varias horas y me hizo una oferta que no pude rechazar. Una oferta que excede a todo lo que tu imaginación pueda presentarte. Así que pensé en traerte aquí con el propósito de que distrajeras a nuestro común amigo y lograra que sacara el objeto de su escondite, que no había revelado ni al mismísimo maestre y que yo sabía que no podríamos extraérselo ni mediante la tortura, en el caso de que yo hubiese deseado practicársela. El resto sería fácil… Nos disponíamos a sacarte de la prisión cuando vimos lo que habías hecho con el pobre, es un decir, Gustaf; por eso el Sultán no te persiguió, y yo fui el único que robó tus pertenencias de la posada, con vistas a conseguir un salvoconducto hacia tu confianza… He de decir que me sorprendiste gratamente. Si hubiera imaginado mínimamente cómo eras, tal vez nunca hubiera firmado ese pacto. Pero ya estaba hecho.
Las palabras se arrastraron desde mi garganta, envueltas en la rabia más destructiva. Otra vez había sido engañada. De nuevo había caído en la trampa de mi estúpida inocencia y mi imbécil confianza intrínseca en el género humano.
-Te mataré, hijo de puta. Prometo que un día te encontraré y te mataré.
-Y estarías en tu derecho –la tristeza no escapaba del tono de su voz ni de su mirada-. Pero antes me temo que tendrás otras cosas de las que preocuparte. Quiero advertirte de algo: guárdate de Karl y de Gustaf.
-Puedo resolver mis conflictos exlaborales sin tu ayuda, gracias –le escupí.
-No se trata de esto. Ni siquiera de los deseos de venganza que sienten después del lío en el que los metiste con el Sultán. Se trata de otra cosa. De algo mucho más grave. ¿Nunca te ha s preguntado por qué esos dos se cruzaron en tu camino? ¿Lo atribuyes todo a una simple casualidad? Me temo que eres demasiado inteligente como para no haberte hecho algunas preguntas al respecto… -yo callé; desgraciadamente, Guillaume tenía razón-. Lo sabía -manifestó su satisfacción-. Pero no voy a decirte nada. Tendrás que averiguarlo por ti misma. Eso te mantendrá ocupada.
Yo no sabía qué más decir. Ninguna palabra podía definir mi aborrecimiento hacia él. Se volvió hacia la puerta, seguido de su cohorte, pero antes de desaparecer volvió a dirigirse a mí.
-Me llevo un tesoro y os dejo con un tesoro mayor: vuestra amistad y vuestro compromiso con cambiar el mundo. Creo que en realidad os envidio. Cuidaos mutuamente, ambos os los merecéis. Sobre todo tú, Eowyn: por mucho que quieras negarlo, eres única. Ojalá te hubiera conocido en otras circunstancias.
Desapareció tras la puerta y yo me volvía hacia mi compañero: el odio que refulgía en sus ojos, siendo él tan paciente y mesurado, consiguió asustarme. Y encima el traidor de Guillaume había tenido la desfachatez de hacerme destinataria de su estúpido peloteo final: qué estragos puede hacer el sentimiento de culpabilidad, aún en los más viles. Poco a poco sentía que me recuperaba de la inoportuna parálisis provocada por el veneno, y en unos minutos ya volvía a ser dueña del control de mi cuerpo. Tapé a mi amigo con unas pieles de animal que adornaban el lecho, pues temblaba de frío y le estaba costando mucho más recuperarse que a mí, probablemente debido a su mayor edad y tamaño. Pero cuando lo hizo, aquello sucedió de golpe, no gradualmente, como había sido mi caso, y en un momento le vi levantarse y salir disparado hacia la ventana, probablemente a la misma velocidad en que lo hacía cuando tenía quince años. Una vez allí, golpeó el alféizar con ambos puños, infructuosamente.
-Ni siquiera se le divisa ya. ¡Maldito sea él y toda su progenie, si algún día encuentra a una hembra lo suficientemente incauta para que le permita engendrarla! Le mataré con mis propias manos, te lo juro, y no pienso hacerlo de manera rápida.
-Puedes matarle –intervine yo desde la cama. Normalmente solía ser él el encargado de calmarme, mi genio era mucho más vivo que el suyo: pero la verdad es que Guillaume no significaba para mí lo mismo que para él. Comprendía lo hondo de su sentimiento de traición-. Pero no antes de que yo le haga sufrir la más cruel y refinada de las torturas que se me ocurra. En estos momentos creo que no existe nadie vivo a quien odie más que a él, con la excepción de Mas, Rajoy, Rouco Varela, Sarkozy, Merkel, la CEOE, y todos los cómplices de los anteriores. Lo harás –repetí-, pero no te impacientes. Llegará tu momento. Llegará nuestro momento.
Al final su habitual sentido pragmático dominó en él. Se dirigió hacia mí cruzando la habitación a grandes zancadas y se arrodilló a mis pies.
-Eowyn… no puedo decirte más que esto, pero ahora la lucha en la que participábamos se ha transformado. Sus alcances se han hecho mucho más amplios, casi infinitos. Yo sé que no puedo hacerlo solo, y al mismo tiempo no puedo confiar en nadie. Excepto en ti. El tuyo es el único brazo que quiero ver pelando a mi lado, y espero que tu rostro sea el último que vea antes de morir…
Extendí la mano hacia él.
-Sabes que cuentas con todo mi apoyo. Que siempre contarás.
-… pero no puedo ni debo involucrarte en ello. Mi egoísmo lucha con mi conciencia: quisiera verte a mi lado, pero no puedo permitirme que lo hagas. Eowyn, hay muchas cosas que no sabes, muchos secretos de los que tal vez no te recuperarías si los conocieras. No: no voy a arrastrarte a esta locura. Quédate cerca de mí, pero fuera de todo ello.
Yo no podía dar crédito a mis oídos.
-Entonces, ¿cuál quieres que sea mi papel en este asunto? ¿El de simple observadora? ¿El de…? No, no me atrevo a repetir lo que me pasa por la cabeza. ¿Pretendes protegerme? ¿Y de qué, si puede saberse? Después del largo tiempo que hemos pasado juntos, ¿aún quieres tratarme como si fuera una incauta doncellita necesitada del poder y la fuerza de un hombretón?
-¡No intento protegerte porque seas mujer! ¡Lo hago porque te aprecio! -se indignó.
-No me convences -rebatí yo-. No me convences tú, tus fantasías, tus secretos ni tus causas. Sí, es cierto, la batalla en la que participábamos ha ampliado sus alcances hasta límites insospechados, y a eso voy, a seguir en ella. Pero ahora tu lucha no es la mía; yo peleo contra algo real, por muy difuso que parezca, y ya no entiendo, ni en el fondo quieres que entienda, por qué peleas tú.
Guardó silencio. Yo sabía que nada que dijera serviría para hacerle entrar en razón: otro de sus defectos es que era terco como una mula. Una vez me dijo que existían fehacientes pruebas al respecto de que su familia en realidad procedía de Zaragoza. Me lo creí.
-Nuestros caminos se separan aquí –le di la mano, que él estrechó entre las suyas con expresión abatida-. Vuelvo a Barcelona, y quizá al siglo XXI en breve. Sé que no intentarás impedírmelo.
-Volveré a verte –afirmó él, con seguridad.
-En el Infierno –maticé yo-. Búscame un buen lugar si llegas antes que yo, al lado de alguna taberna mefistofélica. Por mi parte haré lo mismo.
Me desasí y le di la espalda. Alguien, tal vez él mismo, había dejado ropa limpia sobre un banco y mis armas reposaban al lado. Me vestí, me equipé y salí por la puerta sin mirar atrás. Entre la hora de maitines y prima había poca actividad en la encomienda y ni siquiera parecía que la huida de Guillaume y los suyos hubiera sido notada. Yo busqué la cocina y tomé prestadas algunas provisiones ante la mirada estupefacta del hermano cocinero, que al parecer hacía mucho que no veía una mujer por sus dominios. Salí, no sin antes darle las gracias, y me dirigí al establo. Rayo Blanco hizo un leve gesto de asentimiento con la cabeza al verme, como si me hubiera estado esperando. Yo monté sobre él y me perdí en la neblina del incipiente amanecer, dejando atrás el bosquecillo que rodeaba la solitaria torre del homenaje, tras las murallas.
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3 marzo 2012 en 9:08 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:capitalismo, corrupción, crisis económica, despido libre, explotación laboral, fascismo, franquismo, género, Govern Mas, Huelga General, impunidad, injusticia social, lucha obrera, memoria histórica, paro, PP, recortes sociales, reforma laboral, religión
¿Qué se puede decir que no se haya repetido ya hasta la saciedad? Sobre la destrucción sistemática de las conquistas sociales y el Estado del Bienestar que tanta sangre costaron a nuestr@s abuel@s, sobre la guerra sin cuartel que los psicópatas mercados han desatado contra la ciudadanía global, sobre las acciones concretas de sus cómplices en el Estado español, Rajoy, Mas y satélites, y su ofensiva sin precedente contra la Sanidad, la Educación, la Memoria, la libertad de prensa, religiosa y de opinión, la mujer, los servicios básicos, la seguridad laboral… la paz de la población, en suma. Lo hemos repetido en innumerables ocasiones, y sin embargo parece que no se ha dicho lo suficiente, porque cuando hablamos parece que solo nos responden oídos sordos y, la mejor de las veces, brazos sin fuerza.
Pero tal vez es que se acabó la hora de las palabras.
Mientras tanto, aquí os dejo un traducción de una más de las mentiras que el PP quiere insertar a fuego en nuestro cerebro gracias a sus canales de manipulación. Por si alguien aún no lo sabía. Por si sirve de algo.
http://youtu.be/gW0qhjUR86g
Difunden este vídeo los blogs: Ciberculturalia, Relatando desde el Bajo Llobregat, Ventanas del Falcón, Kabila y Quien Mucho Abarca
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14 junio 2011 en 16:25 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:14J y 15J, Aznar, capitalismo, crisis económica, despido libre, Diccionario Biográfico, explotación laboral, fascismo, franquismo, Govern Mas, injusticia social, Llei Ómnibus, memoria histórica, recortes sociales, reforma laboral

14J y 15J
Expongo a continuación algunos comentarios sobre una serie de noticias que se han producido estos días, y que ofrecen una idea bastante clara (las noticias, no mis comentarios) de cuál es exactamente la situación política por la que estamos atravesando actualmente, en el ámbito tanto nacional español y catalán como global, y por qué son necesarias las movilizaciones del
15-J y el 19-J. Están en orden cronológico inverso.
Lunes, 13 de junio. ¿Alguien creía en realidad que los recortes de Mas y sus compinches iban a beneficiar a algún catalán no perteneciente a la elite político-económica de este bendito país? ¿Alguien se ha creído que la Llei Ómnibus no está basada en la doctrina del shock? De momento, que se lea esta noticia. Porque habrá más.
Domingo, 12 de junio. Rechacemos de plano ese pacto del euro que profundiza, como si fuera posible hacerlo más aún, en la Europa neoliberal y genocida en cuanto a las clases populares.
Sábado, 11 de junio. Sobre la crisis de los pepinos: ¿para qué sirve un gobierno que no defiende a sus ciudadanos, o por lo menos a los más desfavorecidos que no pueden pagar a cambio prebendas en dinero y especie, de los prejuicios reales o oportunistas esgrimidos por las naciones punteras de la UE?¿Para qué sirve un gobierno que es suficientemente fuerte para restringir derechos sociales impuestos por lobbys económicos internacionales y que al mismo tiempo no tiene las gónadas de exigirles a estos o a los países que los representan un mínimo de dignidad, justicia y solidaridad cuando han metido la pata hasta la misma rodilla? Pues para ser derrocado ahora mismo, por mucho que juegue a marear la perdiz. Y no para poner a otro aún más fascista en su lugar. Spanish Revolution. YA.
Viernes, 10 de junio. Las consecuencias del fracaso de la negociación colectiva conocidas el pasado 3 de junio no se han hecho esperar, y aquí va otra. No participo activamente en los sindicatos (por tanto, mis críticas contra ellos han de ser necesariamente muy cautas), ignoro las presiones a la que están sometidos y comprendo su necesidad de un apoyo popular, tan exiguo en estos tiempos desmotivados, aunque no puedo negar que no tengan una gran parte de culpa en esta circunstancia. Pero sea como sea, el hecho de no persistir en su lucha contra la patronal ni invocar medidas para conseguir que no se reforme la negociación colectiva de forma lesiva para l@s trabajador@s nos deja en manos de un decreto-ley del Gobierno sobre el que no se necesita ser un superdotad@ para adivinar a quién beneficiará. Y esta reforma de la negociación colectiva, nuestra única garantía de justicia laboral, no va a ser moco de pavo y probablemente las derivaciones sean muchísimo peores de las que ocultan los medios de comunicación del sistema: me temo que en breve podremos reírnos de la de 2010 si sigue adelante, que seguirá si no la impedimos. Algo más de info sobre el tema la tenéis (no son fuentes del todo contrastadas, pero creo que hay que leerlas) aquí y aquí.
Jueves, 9 de junio. Por fin Felipe Puig admite errores sobre lo sucedido el viernes, 27 de mayo, como tod@s sabéis, la carga policial sobre l@s indignad@s del movimiento 15-M acampad@s en la Plaça Catalunya de Barcelona y en Lleida, con la infumable excusa de la posible celebración de la Champions del Barça, que nos regaló imágenes dignas del mejor franquismo y de las actuaciones más notables de los poco añorados grises. Desde luego que se equivocó, afirma, pues, al haber subestimado la pretendida violencia de l@s acampad@s, aún tenía que haber ordenado a l@s mader@s pegarles más fuerte.
Y aquí me gustaría hacer un inciso y añadir algo que me viene rondando por la cabeza desde hace bastante tiempo: aunque en algún momento, llevada por la rabia, pudiera haber manifestado u hecho creer lo contrario, me resisto a creer que el solo hecho de pertenecer al gremio policial convierta a una persona en un fascista en potencia y/o en acto, como este elemento. Sería hacerme cómplice del típico y tópico pensamiento simplista y afín a generalizar, que lleva a prejuicios como la xenofobia y el racismo. Pero, aunque creo que es cierto que nuestro corrupto sistema judicial puede llegar a corromper a agentes del orden llen@s de buenas intenciones (aparte de que los filtros psicológicos de entrada de efectiv@s en los cuerpos policiales no creo precisamente que discriminen a seres como el anteriormente citado, más bien al contrario), lo que me parece incontestable es que los efectivos policiales tenían órdenes muy claras: algun@s tal vez incluso las cumplieron (concedo el beneficio de la duda) a disgusto. Y ciertas intenciones del señor (es un decir) Felip Puig publicadas recientemente apuntan de manera clara a esta hipótesis…. Por cierto, parece ser que la escuela de Puig tiene seguidores. Y, si siguen así, también tendrá más respuestas.
Martes, 31 de mayo. Hay libros que no deberían existir sobre la faz de la tierra. Volúmenes llenos de impías y sacrílegas abominaciones que nos hacen pensar en insondables abismos de terror absoluto inconcebible por cualquier imaginación humana. Entre ellos se pueden citar Unnaussprechlichen Kulten, de Von Junzt; De Vermiis Mysteris, de Ludwig Prinn; Cultes des Goules, del Conde D’Erlette; Fragmentos Pnakóticos, de autor anónimo y, last by not least, el deleznable Necronomicon, del árabe loco Abdul Al-Hazred. Pero el peor de todos es sin duda el Diccionario Biográfico Español, encargado por Aznar, presentado por Juanka, Sofi y la Sinde, y sufragado con casi siete millones de dinero público. En él se pronuncian horrores como el que reza “”[Azaña] se vio anulado por la iniciativa revolucionaria de las sindicales obreras armadas, pero se le mantuvo en el poder para que llenase, de cara a Europa, la imagen de un republicanismo democrático. [...] Su situación se agravó durante el Gobierno, prácticamente dictatorial, del socialista Negrín, en coalición con los comunistas” y . Pero lo peor no son las infamias de las que hace gala esta obra, sino el hecho de que algunos seres sin nombre ni forma hayan llegado a escribirlas y otros a patrocinarlas confiando que la credulidad de l@s español@s le den fe, consiguiendo que est@s se autoprecipiten de este modo a la aniquilación final.
Viernes, 27 de mayo. Esta noticia, que quedó algo ensombrecida por el violento desalojo de l@s acampad@s, relacionaba el ERE de Telefónica (que al final será de 6.500 personas en tres años), auspiciado por la empresarialmente servil reforma laboral del Gobierno, con las 15.000 prejubilaciones en las cajas de ahorro, asistida por la Ley de Cajas. Perdonadme, pero aunque los medios que han consultado establecen diferencias entre quién va a pagar estos ERES reales o simulados, si nosotr@s directamente o nosotr@s indirectamente, yo solo veo que de nuevo los trabajador@s quedamos desprotegid@s, y además doblemente, si no es con nuestros numerosos impuestos será con alguna subida de tarifas (además de perder nuestros puestos de trabajo, naturalmente). Si no, al tiempo. Y eso sin contar los premios concretados en los incentivos a los directivos, con los cuales se pagaría sobradamente el sueldo de es@s despedid@s durante mucho tiempo.
Viernes, 3 de junio. Anglada, Albiol, y ahora la Generalitat en pleno. “Son ayudas de Catalunya y para gente de Catalunya, afirma el ‘conseller’ de Malestar Social de la Generalitat de Catalunya Josep Lluís Cleries. Con estas palabras, el susodicho suprime de un plumazo las ayudas por niñ@ a cargo a los inmigrantes que lleven menos de cinco años de residencia en Catalunya. Sugiero humildemente, para que no haya lugar a dudas,. que a estos recién llegados se les obligue a coserse cruces ortodoxas, medias lunas islámicas o, en el caso de religión idéntica, las banderas de sus lejanos países mientras no cumplan el requisito de ser considerad@s catalan@s de pleno derecho (y pensar que antes bastaba con trabajar y residir en Cataluña, ¡qué discriminación para l@s auténtic@s hij@s de Pompeu Fabra!)
Primero tomamos las plazas. Ahora toca tomar el Parlament para impedir que se aproben estas destructivas medidas. Y esto no se acabará, o no se debería acabar, aquí.
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3 mayo 2011 en 19:28 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, Afganistán, ajustes estructurales, Al Qaeda, Bin Laden, capitalismo, crisis económica, despido libre, EEUU, ETA, explotación laboral, Govern Mas, guerra, Irak, Libia, Palestina, paro, recortes sociales, reforma laboral, religión, terrorismo islámico, UE
Fuiste nuestro amigo. Te quisimos: ¿cómo podríamos no haberte querido? Nadie mejor que tú para netralizar a nuestros enemigos inyectándoles el veneno de la religión, que les volvería zombies a nuestro servicio, declarado o tácito. Fuiste nuestro amigo hasta que dejaste de serlo, o tal vez siempre lo fuiste, o tal vez como enemigo nos brindaste incluso mayores servicios. Pero, formando parte o no del plan en el que tú eras (voluntaria o involuntariamente) nuestro cómplice, o quizá debido a tu rebeldía, o quizá debido a ambas cosas, te matamos como a un perro. Porque nosotros PODEMOS hacer JUSTICIA; a los demás no les está permitido, y si lo hicieran solo sería cruel VENGANZA.
Y es que eras un terrorista. Dirigías una central del terror mundial llamada Al Qaeda, que nadie se sabe dónde está ni qué es y que me parece que nos la hemos inventado nosotros, como, en el fondo, a ti, como, en el fondo, a nosotros mismos. Un terrorista, como los etarras españoles y tod@s los que comparten sus ideas políticas aun estando en contra de la violencia. Nosotros, sin embargo, no lo somos. Cuando bombardeamos los países que nuestros intereses nos señalan lo hacemos para implantar la justicia; cuando somos cómplices de los poderes económicos, de ambición tan desmesurada como un agujero negro y que están llevando a una parte creciente de la Humanidad a la ruina y al exterminio, lo hacemos obligados por la crisis y para vencerla.
Bin Laden murió ayer, día 2 de mayo (aquí podríamos hacer un chiste fácil, pero me abstengo), en una ejecución completamente legal (el tiro en la cabeza lo recibió solo porque no quiso colaborar en su detención) rematada por un procedimiento más que sospechoso, como fue el hecho de tirar su cadáver al mar desde un helicóptero. El enemigo público número uno vivía desde hacía tiempo en una bonita residencia de una pequeña ciudad cercana a Islamabad, en Pakistán, donde inexplicablemente nadie le había detectado hasta ahora. Ese mismo día se supo que el Tribunal Supremo de Justicia se pasó la ídem por el forro y declaró que Bildu no podría presentarse a las elecciones, aunque haya hecho una condena expresa de la violencia. Tres días antes el paro en España se cifró en cinco millones a pesar de (yo más bien diría: gracias a) los mortales ajustes y recortes laborales y sociales de los gobiernos central y autonómicos de este país, y a todo esto, la UE y EEUU siguen bombardeando Libia, gobernada por otro anterior amigo que rinde más como actual enemigo.
Todos estos sucesos, además de reafirmar el post del viernes pasado, casualmente casi profético, de esta bloguera, donde se aludía a como el terrorismo puede ser beneficioso, e incluso estar auspiciado, por los poderosos, hacen preguntarse dónde está el terrorismo real. ETA mata, y los fanáticos religiosos también, pero si alguien tiene el valor de decirme que lo que están haciendo las elites económicas mundiales con la connivencia de los gobernantes de las grandes potencias y de las que no son más grandes no son terrorismo, y que todas estas intervenciones armadas en Libia, Afganistán, Irak, Palestina y demás tampoco… por favor, que se haga mirar su nivel cerebral de manipulación, porque roza el límite del estado zombi.
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11 abril 2011 en 18:11 · Archivado en Estocadas y etiquetada:Cataluña, Govern Mas. CiU, injusticia social, rebelión, recortes sociales, reforma de la Ley de las Pensiones, reforma laboral, Sanidad
Un ejemplo de los recortes en Sanidad del Govern Mas en Cataluña. O sea, en un tiempo de crisis, terreno abonado para la proliferación de enfermedades, y no solo mentales, y cuando el paro asfixia casi al 20% de la población, esta es la solución que propugna este psicópata peligroso, pues ha de subvencionar su bajada de pantalones ante las grandes fortunas a las que obsequia con una fiscalidad crecientemente beneficiosa. Una curiosa fórmula algebraica cuyos desajustes acabamos arreglando los de siempre.
Hospital Mare de Déu de la Cinta
- Cierre de 35 camas
- Cierre de dos de los cinco quirófanos
- 60 trabajadores eventuales menos
Hospital de Bellvitge
- Cierre de 48 camas
- 400 trabajadores eventuales menos
Hospital Clínic
- Cierre de entre 50 y 100 camas
- Cierre de Urgencias de la calle Valencia
Hospital del Mar y de la Esperanza
- Cierre de Urgencias del Hospital de la Esperanza
Hospital de Mataró
- Cierre de 42 camas
- Cierre de tres camas de la UCI
Hospital Joan XXIII
- Cierre de 48 camas
- 240 trabajadores eventuales menos
Hospital Arnau de Vilanova -
- 50% quirófanos cerrados por Semana Santa y verano
- Consultas externas cerradas en Semana Santa y 50% en verano
Hospital Josep Trueta
– 11% menos de actividad hasta octubre
– 1 / 3 trabajadores eventuales menos*
Hospital de Calella
– Reducción del 12% de los trabajadores
– Cierre de quirófanos por la tarde
Compañer@s, este un atentado directo al derecho más fundamental de todos; es, en una sola palabra, una agresión. Lo que están haciendo los organismos internacionales sometidos al dictado de los poderes económicos desde la ingeniosa invención de la crisis es directamente un genocidio lento: porque los cierres de empresas y las privatizaciones (y las leyes que obligan a los gobiernos, que tampoco es que se hagan de rogar mucho, a propugnar para facilitarlas) y los recortes sociales dirigidos exclusivamente a las clase más humildes en el fondo sólo persiguen una cosa: acabar con nosotr@s. No será mañana, ni tal vez pasado, pero iremos sucumbiendo, con cada vez más dificultades para conseguir un techo sobre nuestras cabezas, algo que llevarnos a la boca o un lugar donde nos curen cuando estamos enfermos. Y aunque sobrevivamos, la vida que nos espera será injustamente gris y dura, mientras el abismo entre clases sociales y estratos económicos se hace progresivamente más aterrador, más lejano de ser algún día salvado. Y si esto pasa en el Primer Mundo, ya no quiero ni hablar de lo que sucederá en el Tercero y el Cuarto.
Hay una concentración de usuarios y trabajador@s sanitari@s contra este despropósito y esta salvajada convocada en Barcelona en la señalada fecha del día 14 de abril (a las 18.00 en la plaza Sant Jaume), 80 años después del inicio de la forma de Gobierno más avanzada que haya tenido jamás este país, del que también nos permitieron disfrutar muy poco; y también una macromanifestación el 14 de mayo convocada por entides sociales y sindicatos de clase. Pero no es suficiente con que asistamos; hace tiempo que insisto en que nos han declarado la guerra y nuestros métodos para luchar han de ser, aunque siempre pacíficos, lo suficientemente contundentes. Pensemos, no nos dejemos llevar por la indignación (y tampoco, desde luego, apartemos cómoda y cobardemente esta sombra de nuestra mente como si no fuera con nosotr@s, pues si va con nosotr@s), seamos inteligentes, prácticos, analicemos cualquier circunstancia, no dejemos un cabo suelto que consiga que nuestras acciones tengan efectos indeseados. Pero actuemos.
Más info
-Prou retallades!
-La salud de la Sanidad en estado crítico
-Mapa de les retallades de CiU
-Denúncia de l’estat crític de la Sanitat
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14 enero 2011 en 7:50 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:Cayo Lara, Huelga General, pensionazo, recortes sociales, reforma laboral, sindicatos, Toxo

Pensionazo
Tal como advertimos, el pasado 28 de diciembre, no se trata de ninguna inocentada. Zapatero se sometió a las autoridades europeas y los “mercados” y quiere que se apruebe el proyecto de ley de jubilación a los 67 años en el próximo Consejo de Ministros del viernes, 28 de enero de 2011. Mantiene su promesa a los poderosos contra los intereses y los derechos de los trabajadores y trabajadoras.
No sabemos si finalmente habrá un acuerdo con los sindicatos, ni si estos a la postre convocarán lo que humildemente creemos tan necesario en este momento como es una nueva Huelga General. Lo creo un servidor y los blogs que cito al final que tenemos en común tanto el censurar las intenciones de Zapatero y de su gobierno, como el ser partidarios de convocar una Huelga General.
Izquierda Unida tiene en marcha una campaña anti-pensionazo, que va contra los recortes sociales aprobados por el gobierno Zapatero y contra las políticas neoliberales que defienden tanto el gobierno estatal, como los gobiernos regionales del PP.
Es necesaria una alternativa de salida social a la crisis. Por eso, para todos nosotros y nosotras, como para IU, es necesaria la convocatoria de una nueva huelga general como forma de contestar en la calle las políticas neoliberales y de recortes de los derechos de los trabajadores y la mayoría de la sociedad. IU cree que ampliar la edad de jubilación no es la solución.
El coordinador federal de IU lo decía esta semana: “a día de hoy” se siguen dando las condiciones para la convocatoria por parte de los sindicatos de una nueva huelga general si el Gobierno no cede en sus planteamientos en el marco de las negociaciones que desde hace tres días está llevando a cabo con las centrales sindicales sobre la reforma de las pensiones. Salvo que la negociación que se está produciendo con los sindicatos avance en sentido contrario a las intenciones del Gobierno y su hoja de ruta, -continuaba Cayo Lara en la rueda de prensa convocada “ad hoc”- desde Izquierda Unida consideramos que en este momento concreto existen más razones de las que existían cuando se convocó la huelga del 29 de septiembre que justifiquen otra posible huelga general”.
No es pues de extrañar que estemos con Lara vista la actitud dilatoria del Gobierno que muestra claramente su falta de voluntad política para negociar en serio ya que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero no ha corregido ni un ápice la reforma laboral, una reforma que -como señalaba el coordinador federal de IU- “se ha demostrado fracasada porque, entre otras cosas, ha supuesto un incremento del número de contratos temporales y una reducción del número de contratos fijos”.
Como Lara recordó en la citada rueda de prensa, tras la supresión de los 426 euros a los parados que agotaron sus prestaciones, y las futuras privatizaciones parciales de AENA y de la Lotería Nacional con las que terminó 2010, este 2011 se inició con medidas tan antisociales como la supresión de los 2.500 euros del ‘cheque-bebé’ a 450.000 familias o el “tarifazo energético”, en referencia al aumento de los precios de la energía eléctrica y del gas, así como el incremento de las tasas de peaje; por no hablar de la congelación de las pensiones para 2011 que “significa que, este año, los pensionistas van a perder poder adquisitivo y, por tanto, van a sufrir una rebaja real de sus pensiones”.
Por todo ello y porque existen razones sobradas para una nueva huelga general, salvo que las intenciones del Gobierno sean negociadas positivamente y recortadas por la negociación de los sindicatos, los abajo firmantes apostamos por Una Huelga General ¡YA!.
Tal como advertimos, no se trata de ninguna inocentada. Zapatero se sometió a las autoridades europeas y los “mercados” y quiere que se apruebe el proyecto de ley de jubilación a los 67 años en el próximo Consejo de Ministros del viernes, 28 de enero de 2011. Mantiene su promesa a los poderosos contra los intereses y los derechos de los trabajadores y trabajadoras.
Izquierda Unida tiene en marcha una campaña contra los recortes sociales aprobados por el gobierno Zapatero, contra las políticas neoliberales que defienden tanto el gobierno estatal, como los regionales del PP. Es necesaria una alternativa de salida social a la crisis. Para IU, es necesaria la convocatoria de una nueva huelga general como forma de contestar en la calle las políticas neoliberales y de recortes de los derechos de los trabajadores y la mayoría de la sociedad. IU cree que ampliar la edad de jubilación no es la solución.
Los siguientes blogs censuramos las intenciones de Zapatero y su gobierno y seríamos partidarios de convocar una Huelga General:
Ventanas del Falcón, Arraio Sound System, Soto en Cameros, Relatando desde el Bajo Llobregat, Kabila, abloguear, Desde la cantera, punts de vista, La Ratera, Multiverso Incognoscible, Ciberculturalia, The Fuente Palmera Times, Bosque de Brocelandia, La Terca Iutopía, DEMPEUS per la salut pública Agua Va!!!, Viramundeando, Maldice que no es poco, Moscas en la Sopa, Quien mucho abarca La Rueda del Tiempo, Sara Mulet, ceronegativo, Les coses d’en Jomi, Desde d’esquerra,

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11 enero 2011 en 11:28 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:atentado de Arizona, Huelga General, lucha armada, reforma laboral, tregua de ETA
Lancé mi penúltimo bostezo. Que los amos de aquel castillo considerara que sus hijitas, que ya habían pasado con creces la edad de merecer, necesitaban una guardia armada que las acompañara en sus devociones matinales en la cercana iglesia, en sus bucólicos paseos por el bosque para buscar florecillas silvestres, setas, caracoles o lo que sea que busquen las doncellitas hoy en día, no estando amenazado por ningún señor de la guerra en esos momentos, era una garantía para mi supervivencia pero no se relacionaba por ningún lado con mi realización personal.
-Estos tipos son la hostia -le comentaba a un colega en la defensa de las ya granadas adolescentes, mientras las susodichas corrían detrás de las mariposillas del bosque-. Deberían firmar ya un alto al fuego permanente, de carácter general e internacionalmente verificable. Un compromiso firme con un proceso de solución definitivo, y todas esas cosas. Así estaríamos todos un poco más tranquilos.
-De tus extrañas palabras, como es habitual -el compañero era un viejo templario renegado reciclado en soldado de fortuna, y por tanto su nivel cultural era un poco más elevado de lo común en la soldadesca medieval, y desde luego mucho más que entre los televidentes del siglo XXI- me parece colegir que no crees en el poder de las armas, lo que convierte a tu presencia aquí, bajo esa cota de malla y empuñando esta espada, en un contrasentido.
-No obligues a expresar mi opinión sobre la lucha armada -le advertí-. Puede llegar a ser muy, pero que muy, políticamente incorrecta.
-No nos oye nadie -instó él-. ¿No dices que esa cosa rara del futuro en la que escribes, el blog ése, apenas tiene audiencia?
-También tienes razón -concedí-. Mira, creo todo esto es una gran mentira. Como el resto. Las razones por las que ciertos grupos armados luchan nunca son las que esgrimen. Tampoco sus ofertas de paz lo son. Todo responde a un entremado demasiado grande de intereses, con aliados que no nos imaginaríamos nunca. O tal vez sí. En el siglo XXI, en España, el diálogo, o la confrontación, entre la extema derecha y el terrorismo abertzale es demasiado fluido para ser auténtico: ambos grupos se necesitan demasiado. ¿Podemos entender cualquier manifestación de disolución o tregua como algo diferente de un estadio más del tira y afloja entre ellos? No me creo capacitada para juzgar. Me faltan experiencia y conocimientos. Pero desde luego todo me parece muy sospechoso.
Mi compañero meneó la cabeza, no muy convencido.
-¿No son ideas como ésas las que reciben el nombre de conspiranoia?
-No te diría que no -admití-. En cualquier caso, yo no derramaría sangre inocente por algo tan intangible como una forma política, a no ser que se estuviera dando una situación real de abuso del poder.
-¿Cómo cúal, por ejemplo? -me desafió.
Medité durante unos momentos.
-Podía hablarte de la injusticia -dije al fin-, pero prefiero mencionar el horror. En la Edad Media conocemos ya no pocos horrores. Pero la saña con que en el siglo XXI se atenta contra los más débiles es francamente inombrable. Hay países o colectivos sobre los que recae todo el peso del dolor que enriquece y empodera a otros, y lo que es peor es que los enriquece y empodera por encima de cualquiera de los límites del uso que de este poder y de este dinero puedan efectuar en su vida. La historia de la codicia y la cobardía ha convertido a lugares como África, como Haití, en verdaderos infiernos donde los horrores superan cualquier capacidad humana. Me pregunto constantemente por qué dejo que algo así sucede. Yo y todos. Pero no se puede señalar a alguien con el dedo en un mapa, y esperar que no mueran inocentes, en el caso de que el señalado o la señalada no lo fuera. Hay que ser prudente, y pretender que se detenta la verdad absoluta es la mayor de las imprudencias. Vamos, que todo esto constituye un verdadero dilema.
-Presiento que hay muchas cosas que no dices -adivina mi interlocutor.
-Es posible -guiño un ojo-. Es la ventaja de ser un misterio en dos épocas. Pero ¡ojo! Estamos llegando al castillo y creo que nuestros amados jefes se dirigen hacia nosotros con algo que tiene todo el aspecto de un pergamino de despido.
En efecto. Orondos y orgullosos de sus éxitos en la vida, que se disolverían el polvo como los fracasos de los demás, nuestra pareja de amos y señores nos esperaba.
-No estamos satisfechos de vuestro trabajo -nos espetaron, sin solución de continuidad-. Las niñas están cada vez más levantiscas desde que se relacionan con vosotros. Les metéis extrañas ideas en la cabeza y a este paso no van a encontrar un marido aceptable, a pesar de su cuantiosa dote. Además, no nos gustó nada que secundarais la huelga de brazos caídos de la pasada Fiesta de la Vendimia. Sois un lamentable ejemplo para el resto de los trabajadores. Así que pillar los maravedís que se os deben y a tomar por culo, que ahora el gobierno nos lo pone a huevo.
Nuestras reiteradas sospechas de que algo así acabaría por producirse no evitaron que en el momento en que sucedió la sorpresa nos dejara momentáneamente sin palabras. Pero tardamos poco en recuperarnos.
-Al carajo -manifesté-. De todas maneras ya estaba un poco hasta los ovarios de que las niñas invocaran mi criterio femenino cada vez que dudaban qué peinado las favorecería más o qué afeite se adecuaría mejor a la textura de su cutis. Aunque probrecillas, hay que reconocer que no les han enseñado otra cosa. De todas maneras, me alegraré de que nuestro próximo trabajo sea un poco más divertido.
Y entonces, como si la Providencia, o su equivalente satánico, hubiera escuchado mis palabras, un derrengado mensajero a caballo nos alcanzó a toda prisa y profirió, entre jadeos, la siguiente pregunta (después de detener su cabalgadura y aparcarla convenientemente, claro está):
-¿Sois acaso la famosa Eowyn de Camelot y su compañero el templario renegado?
Le observé con aprensión.
-A esos nombres respondemos, en efecto, pero dudo que servidora de vos sea famosa en algo.
-He recorrido miles de millas hasta dar con vosotros -prosiguió. ignorándome-. Mi amo me ha mandado encontraros, cueste lo que cueste. Ha oído hablar de vuestra pericia con la espada y la lanza y quiere contrataros para su escuadrón de torneos. La paga es más que generosa y las condicones laborales son muy apetecibles. ¿Qué me decís?
Me volví hacia mi compañero, sin tenerlas todas conmigo.
-Obviamente estas cosas no pasan en la vida real -aseguré-. Aquí hay gato encerrado.
Él se encogió de hombros.
-¿Y qué otra opción tenemos? (Continuará…)
¿Qué nueva jugarreta del destino le aguarda a nuestra heroína Eowyn de Camelot? ¿Conseguirán su eternos enemigos darle caza y someterla a torturas sin cuento en las más lóbregas mazmorras imaginables? ¿Confesará Belén Esteban que es lesbiana en la próxima emisión de ‘Sálvame’? ¡No se pierdan la próxima entrega de este emocionante serial!

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24 diciembre 2010 en 10:44 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:(In)Justicia española, ajustes estructurales, capitalismo, crisis económica, despido libre, huelgo de los contraladores aéreos, impunidad, injusticia social, lucha obrera, memoria histórica, recortes sociales, reforma de la Ley de las Pensiones, reforma laboral, República, supresión de los 420 euros
A l@s responsables de Inmigración de cualquier país medianamente civilizado:
Apreciad@s señor@s:
Vivo en un país donde se juega y se ha jugado con el derecho a una vivienda digna, vendiéndolo al mejor postor; donde además de asegurarse mediante una póliza (abonada por ti, obviamente) que acabarás pagando el techo sobre tu cabeza pase lo que pase, te lo cobran y te lo vuelven a cobrar una y otra vez y si no puedes sufragarlo te lo quitan dejándote con la deuda casi intacta. Donde el precio de ser pobre puede ser perder tu familia e incluso tu vida. Todo eso permitido por el Gobierno; por cierto, es socialista.
Vivo en un país donde el mismo Jefe de estado gobierna desde hace más de treinta años sin elecciones y con connivencia con las elites internacionales más turbias, cuyos negocios y malos manejos favorece a costa de la economía del país, que al final ya se imaginarán quiénes acabaremos, como siempre, pagando; donde la Justicia tiene un precio y un dueño, con lo cual pierde el nombre de Justicia, porque son los delincuentes quienes vences mientras que las víctimas van de cornudas y apaleadas; donde el gran empresario tiene las manos libres para cometer todo tipo de abusos y chantajes contra sus trabajadores. Un país donde dejamos que nos manipulen informativamente, más aún, donde pedimos a gritos que se nos manipule informativamente, en que se crimininaliza a unos trabajadores por ejercer su derecho a la huelga, que por muy salvaje que ésta sea y por muy privilegiado que pueda considerarse este colectivo es legítimo, mientras nadie ha levantado la voz por la supresión de los 420 euros a los parados sin prestaciones ni por la próxima ley de pensiones. Leí que la huelga de los controladores afectó a 1,2% de la población mientras que la reforma de las pensiones fastidiará a conciencia al 80%… suma y sigue… Apreciad@s seño@s, vivo en un país donde los militares salen a la calle!
Sólo ellos salen. No nosotros. Las calles están vacías. Tras las traiciones de quienes juraron salvarnos de la derecha y nos han metido en una derecha peor, tras las mentiras y la escandalosa bajada de pantalones en el caso Couso y en de los vuelos de la CIA, por citar sólo los más sonados, tras los sobornos convenientemente pagados a los bancos y las transnacionales. Las calles siguen vacías. Apreciad@s señor@s, mi gobierno me ha declarado la guerra y las calles siguen vacías, vacías de lucha, y nuestros corazones están vacíos de dignidad, de honor, de valentía, de solidaridad!
Apreciad@s señor@s, no me engaño: no espero de ustedes más que de los que hasta ahora me han gobernado, si acaso un poco más de inteligencia, algo más profesionalidad en el mando, porque si al menos el que te jode no es inútil esbirro sin voluntad bueno para nada, parece que el acto duele menos. Sé perfectamente que ustedes son tan cabrones como los que ya conozco, tan corruptos, tan criminales, y tal vez incluso tan estúpidos.
Pero las calles de sus países no están vacías. Hay gente que arriesga la libertad, la seguridad económica, y quién sabe si la vida, por sus semejantes, por la igualdad, por la justicia. Y, tras haber expuesto mis sobrados motivos y por esa esperanza, les pido que me concedan asilo político en su país para este Año Nuevo en el cual cualquier deseo de felicidad suena como una amarga burla.

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1 diciembre 2010 en 11:13 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, 11-S, Afganistán, ajustes estructurales, BM, Eduardo Aguirre, Fernández de la Vega, FMI, Irán, José Couso, Moratinos, recortes sociales, reforma laboral, torturas en Guantánamo, vuelos secretos de la CIA, Wikileaks, Zapatero
Era una mala novela policiaca, de esas en que el autor no es suficiente hábil para enmascarar al verdadero asesino hasta el final. Todas las pruebas, las ocasiones y los motivos apuntaban al mismo culpable, que además era el típico y tópico en estos caso, el mayordomo. Y ahora ha acabado el cuento.
El mayordomo. El mayordomo español, no solo al servicio de BM y el FMI, como ya sabíamos, sino también al de las oscuras corrientes internas del gobierno de EEUU, que provocan guerras, incluso atentando contra sus propios ciudadanos, promueven, financian o por lo menos dejan hacer a los golpistas o, como en este caso, manipulan la información, desfigurando la realidad, y presionan la justicia, esa (In)Justicia española de trágico chiste. Y no se trata de un elegante mayordomo inglés seguro de sí mismo y que se permite en opcasiones dar lecciones de urbanidad a su jefe, sino de un patético y servil esbirro que es capaz de venderse y vender a su país al mejor postor, de bajarse los pantalones y ponerse mirando a Cuenca para que nos den a todos. Es igual: en esta novela barata que es nuestro país, cada vez más carente de dignidad, de seguridad laboral y económica, cada vez más pobre y rastrero, no triunfará la ley y el orden, sino la sempiterna impunidad de los poderosos.
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29 octubre 2010 en 11:22 · Archivado en Divagaciones y etiquetada:alcalde de Valladolid, conflicto saharaui, Edad Media, fascismo, Huelga General, Intereconomía, Leire Pajín, Marruecos, Ratzinger, reforma laboral, Sánchez-Dragó, visita del Papa a España
En aquella Noche de San Juan, la aldea donde había nacido me apareció imbuida de una pátina fantasmal y terrorífica que consiguió arrancarme más de un escalofrío.
-Joder, no sabía que celebraban Halloween en la Edad Media. Y desde luego, no tres meses antes de lo que toca. ¡Realmente, vuestro decorador municipal es un artista! Este aspecto lóbrego, viscoso y chorreante está muy conseguido.
Mis acompañantes, con torvas miradas, negaron silenciosamente con la cabeza.
-No lo hemos hecho nosotros. Apareció así, sin más.
-¿Mande? -me extrañé yo.
-Debido a las artes mágicas del señor del lugar -explicaron-. Hace tiempo que desea vengarse de nosotros. Por eso te hemos traído aquí; pensamos que sólo tú podrás luchar contra ellas.
Me encogí de hombros con expresión dubitativa. En mis numerosos (y poco deseados, y bastante incómodos) viajes en el tiempo, he aprendido que los encantamientos están mucho más lejos de nuestro mundo de lo que solemos desear, aunque sus efectos no sean los más adecuados para nosotros. Pero el color de la magia da siempre un toque de animación a la grisor de nuestras vidas corrientes, esas para las que, ironías del destino, parece que no hemos sido preparados. Es curioso: a veces pienso que todos estamos desterrados en un mundo que no nos pertenece. Por eso buscamos más. Por eso perseguimos cosas como la dominación del mundo y la riqueza suprema. No digo que lo justifique.
-Tal vez sobrestiméis mis capacidades -advertí, cautelosamente, sin querer entrar en el controvertido tema de la hechicería.
-Te admiramos -contestaron mis anfitriones-. Conocemos tus hazañas. Creemos firmemente que sólo tú podrás averiguar lo que sucede.
No traté de rebatir estos elogios inmerecidos. Sé la relatividad de todo lo visible e invisible, los múltiples puntos de vista, prismas, estados de ánimo, deseos y necesidades desde los que se puede observar un hecho. Si a ellos les parecía que había hecho algo útil con mi vida, pues mejor que mejor: tal vez incluso eso sea cierto en alguno de los muchos universos posibles (aunque improbables); me conformé con que de momento tenía alojamiento gratuito (una ya está un poco cansada de dormir al raso, con esto de la crisis económica del año 1000 se han encarecido bastante las posadas y hace un frío de la hostia en esta Edad Media más cercana la última glaciación que al cambio climático), y además me habían prometido barra libre en la taberna del pueblo. ‘Vamos allá’, me dije.
Llegué a mi destino alcohólico atravesando deprimentes y sucias callejuelas de aspecto gótico (pero en el sentido moderno) donde, paradójicamente, parecía que se estaba preparando una boda, por los marchitos adornos florales que aparecían por doquier. La jarra de cerveza era tan grande como yo, y tuve que ayudarme de las dos manos para levantarla: cómo se notaba que hacía tiempo que no privaba como se debía, me resultaba más fácil enarbolar el cacho espada que llevo colgada a la cintura que esta ofrenda de paz y amistad etílica. Pero me la bebí de un trago: durante mis andanzas había aprendido que hay que beber, comer y dormir (y asearse convenientemente) cuando dispones de las posibilidades de llevar a cabo estas acciones, porque en este mundo cruel nunca se sabe cuándo podrás volver a hacerlo. Uno de los mozos del pueblo se me acercó.
-Me alegro de verte. Las cosas andan mal por aquí desde que te fuiste.
-Es halagador resultar tan imprescindible -contesté.
-En realidad, quiero decir que el señor del lugar se ha vengado en todos nosotros de tu huida.
Sentí algo parecido a una patada en el estómago, y no fue por las cortantes palabras de mi interlocutor y el ridículo subsiguiente.
-¿Quieres decir que todo lo que os ha sucedido en estos últimos años es culpa mía?
Mi interlocutor se encogió de hombros.
-Eso es lo que dice la gente. Yo lo único que sé es que, además de este terrorífico aspecto, las casas parecen cada vez más pequeñas y cuestan más de calentarse. Antes, con unas cuantas cargas de leña teníamos suficiente para pasar el invierno: ahora, por alguna extraña razón, se necesita el doble o el triple. Nuestra aldea pasa hambre y frío.
-Esto parece la burbuja inmobiliaria de España a principios del tercer milenio -relacioné yo-. Tranquilo, que pronto explotará. Aunque no sé si eso va a ser mejor o peor.
El joven me miró con cruel indiferencia.
-No sé que estás diciendo. Pero ten en cuenta que la gente aquí está muy cabreada contigo.
Se alejó. Me quedé sola con mi birra de tamaño XXXL, una amiga que nunca me abandonará, sean cuales seas sus perniciosos efectos para mi salud, y observé, en los parroquianos del bebedero, la hostilidad latente en esas miradas que me evitaban, relegándome a otra burbuja, esta vez de aislamento, donde me faltaba incluso el aire de respirar. Los ignoré, tras un hercúleo esfuerzo de la voluntad, y me volví al mesonero: entre nosotros se estableció un entendimiento tácito, típico entre proveedor y asiduo cliente, y no tardó ni un minuto en aportarme otra jarra. Y así hasta que la noche acabó.
Salí de la taberna con aspecto de haber asistido a un botellón multitudinario en algún descampado de las afueras de Barcelona; menos mal que los caballeros andantes no sufren controles de alcolhemia y que los caballos son más inteligentes para conducir a los bateaux ivres a un buen puerto, por entre el proceloso y bravío mar de las decepciones diarias, que cualquier ingenio automovilístico de la Edad Contemporánea, por mucho que lo anuncien en la tele. Y contaminan menos. Con la lucidez contradictoria de la embriaguez, hice un repaso de mis vicisitudes de los últimos años, y constaté que desde que salí mi aldea, desde que me opuse a seguir pasando por el aro, las desgracias se habían sucedido en mi vida sin solución de continuidad. Probablemente, pensé, existía un Dios justiciero y todo eso, a pesar de lo contagiada que estaba por el ateísmo del siglo XXI (no obstante lo cual la industria eclesiástica católica, a base de sus alianzas con otros poderes, no había perdido un ápice de su influencia y fortuna; de hecho, dan más por culo [en todos los sentidos de la expresión] en la actualidad que en la Edad Media; esperaba sinceramente que la distorsión espacio-temporal me mantuviera alejada de Barcelona en noviembre del 2010 y así no tuviera que ver el feo careto del ex nazi Ratzinger paseándose por las calles de la amada ciudad, sufragado por los impuestos de los pobres españolitos en paro crónico). ‘Estoy siendo castigada por abandonar a mis conciudadanos y conciudadanas e irme de parranda por esos mundos del diablo. Que los santos se apiaden de mi perdida alma’, me lamenté para mis adentros. Y en ese momento sentí que una especie de presencia se sentaba a mi lado.
Con sigilo volví la cabeza hacia esa dirección, no sin esforzarme por contener una urgente necesidad de miccionar de puro terror agravada por el alcohol y el frío de la jodida noche medieval, y vi a al típico mago de la barba blanca y la túnica y el capirote estrellado que sale en todos los cuentos. Le recriminé.
-Oye, guapo, que estemos en la Edad Media no justifica que vayas por ahí vestido de payaso y dando sustos de muerte a las pobres y honradas guerreras mercenarias en mitad del bosque. Que manía tenéis todos por aquí de celebrar Halloween antes de tiempo, me cago en la hostia.
Me sonrió conciliador y con algo de paternalismo, cosa que no ayudó a mejorar mi opinión sobre él, y me dijo:
-Eowyn, mira a tu alrededor.
No le pregunté cómo conocía mi nombre: tantos meses de andar vagando de un universo a otro han mermado considerablemente mi capacidad de asombro. Sólo respondí:
-¿Y qué coño quieres que mire en esta oscuridad sin una puta farola? -como se ve, no estaba yo de muy buen humor.
El personaje no varió su expresión.
-Mira a tu alrededor y retrocede en el tiempo. Así te será más fácil. Deja que la memoria te invada. Que tu ojo penetre en tu pasado como la punta de tu espada en la carne cuando te enfrentas a tus enemigos. Sin miedo. Vamos. Es difícil, pero puedes.
Supuse que aquel vejestorio que parecía haberse tragado sin pestañear las peores películas de filosofía oriental y artes marciales de toda la historia del cine era una consecuencia de mi juerga cervecera. Pero realmente me sumergí, no sé si voluntariamente o no, en una especie de espiral descendente que me representó un panorama desolador: un poco menos estropeada por el tiempo que en el momento que entonces vivía, la aldea de mi infancia ya tenía en el pasado el mismo aterrador aspecto que se me había presentado.
-¿Por qué no podía recordarlo? -pregunté, no sé muy bien a quién.
-Suele suceder. El pasado se endulza, se magnifica -me contesta.
-Y ellos se han aprovechado. Fue por eso por lo que me fui. Siempre he creído en la gente, sobre todo en los momentos de euforia alcohólica, claro, pero aquí… pasaba algo extraño. Es como si lo que siempre he intentado combatir hubiera vencido en este lugar. Desde luego acerté de pleno.
El pintoresco anciano quizá imaginario calló. Yo recordé las macilentas flores que engalanaban las calles.
-Ahora lo entiendo todo.
El ser disfrazado desapareció de pronto. Pero no importa: sea realidad o ficción, él, o lo que represente, ya ha cumplido su misión. Me acerqué a la cuadra donde descansaba mi caballo, monté y desaparecí rauda y veloz como el rayo…
Pero no llegué muy lejos: a las afueras del pueblo, armados hasta los dientes y con toda la pinta de fanáticos que van a proceder a un linchamiento, me encontré a mis amados convecinos.
-Eowyn de Camelot, detente. Vamos a hacerte pagar por todo el mal que nos has causado.
Nunca toleraron mi rebeldía, aunque pudiera ser beneficiosa para ellos, mi oposición a su inactividad les restaba parte del poder que podían conseguir acercándose al poder… y no obstante noté que sus palabras volvían a ocasionarme el dolor en el estómago que había experimentado ya en la taberna.
-Conozco vuestro juego. Pretendíais convertirme en una víctima. Pero no sabéis -presumí- que la cerveza para mí funciona como una poción mágica -tal vez tambié me mate en el futuro, pero ¿quién ha dicho que voy a tener futuro?
Ellos parecían muy seguros de sí mismos.
-Pero tal vez hayamos conseguido debilitarte lo suficiente. El complejo de culpa tiene esos efectos. ¡A por ella, chicos!
Saqué la espada de la vaina y me dispuse a vender cara mi salud mental, porque era a ésta a la que querían erosionar, no a mi vida. Pero el arma de los cojones pesaba como dos quintales y me resultaba imposible manejarla. Mientras, mis adorables vecinos se me echaban encima y no tardé ni tres décimas de segundo en hallarme atada y amordazada sobre un carro, para ser conducida a las mazmorras de la aldea, viejas conocidas mías. ¿Para qué necesitamos la magia, si la manipulación puede ser mucho más efectiva? Bien, todas las heroínas, por cutres que sean, como es mi caso, tienen su kryptonita, y obviamente estos han averiguado la mía.
Y después de eso, lo de siempre; de patitas a la celda más tremebunda, donde esperaban que volviera a recobrar eso que ellos llaman el entendimiento y accediera a matrimoniarme con algún colgado para sentar la cabeza y dejar de traerles problemas. Para más inri, el maldito túnel espacio-temporal sólo me ha permitido hacer leves incursiones en el futuro durante estos tres meses, aunque debo decir que las he aprovechado bien: he tenido tiempo de participar en una Huelga General y de, consecuentemente a esta participación, sufrir la Reforma Laboral en mis propia carnes tras ser despedida de mi trabajo de mierda con una indemnización que merece el mismo calificativo. Y ahora que ya parece que voy a permanecer aquí por algún período de tiempo, se acerca Halloween y tiemblo de terror pensando, no en los monstruos típicos de esta época, sino en el miedo que dan los países aliados del Gobierno español, que no dudan en disparar contra niños si les apetece, que el machismo del siglo XXI se acerca peligrosamente al Medieval, que los pederastas fascistas y pseudointelectuales se jactan públicamente con el beneplácito del Tea Party español y, lo que me quita el sueño de verdad, que parece ser que no voy a ahorrarme de ver al Ratzinger enseñando por Barcelona su repelente jeta.

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30 septiembre 2010 en 2:23 · Archivado en Lanzazos y etiquetada:29-S, crisis económica, despido libre, Huelga General, injusticia social, IU, lucha obrera, recortes sociales, reforma laboral
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Día de Huelga General. En Barcelona, desde el mar hasta el centro, se respiraba una calma tensa, llena de expectación. El rodar del tráfico, tranquilo, espaciado, se confundía con el rumor las olas y llegaba a ser casi relajante. Establecimientos cerrados, grupos de sindicalistas por doquier, pequeñas manifestaciones espontáneas… Llego a Santa Caterina, el barrio inmigrante que me acogió a mi llegada a Barcelona y que sique siendo mi refugio: @eowyndecamelot, mi personalidad twittera, me está esperando: he decidido utilizarla hoy como único canal para recibir y emitir las noticias.
Éstas no tardan en llegar: si exceptuamos la reacción criminalizadora y la pobreza de los argumentos de los medios del sistema, y las actuaciones desaforadas de algunos elementos policiales, son sorprendentes. Poco antes, yo había prevenido a la gente contra el fracaso, la decepción y la inacción consiguiente. Pero la temida derrota no llega; las informaciones, al contrario, hablan de un seguimiento masivo: 70%, más en algunos lugares, un descenso del consumo eléctrico por momentos incluso a niveles más bajos que un domingo. Casi no me atrevo a pensarlo… pero… sí… parece que… ¡esto funciona!
Las cinco de la tarde. Escalo la pendiente sobre la que está construida mi ciudad para ir al encuentro de la manifestación. En mi camino, observo a las fuerzas del orden estratégicamente colocadas con propósitos no muy claros. Un diablillo malicioso me susurra al oído que le pida a uno de los chicos de azul que me señale el camino hasta la protesta, o mejor, que le pida que me lleve hasta allí con su coche policial, pero afortunadamente el ángel que vela por mi integridad física logra contener mi deseo de ecaharme unas risas a su costa. En Passeig de Gràcia, rodeada de tiendas de lujo con las persianas cerradas, veo los primeros signos de la fiesta ciudadana: grupos portando banderas de vaga o no tan vaga inspiración roja, los primeros petardos, las primeras consignas, hojas volando en el viento como una súplica atea de libertad e igualdad… Y de pronto, estoy en el centro: el gentío me rodea, me envuelve, anula mi visión. Escalo a la barandilla del metro y ni desde allí puedo ver el final, ni en principio. Sin medios para comunicarme con l@s compañer@s, me uno al desfile como la sombra que soy, la peregrina entre mundos y tiempos, entre ficción y realidad, a la que nunca nadie sabe si se ha visto o sólo se ha imaginado: no importa, acepto mi destino.
Y entonces empieza la fiesta: las banderas de agitan, tal vez demasiado verde y escaso rojo: pero sé que el color está ahí, aunque se esconda. Se mezclan las consignas en fraternal montón, con todo lo que esto implica de cordialidad y disensión al un tiempo. Mañana, quizá, nos tiraremos los trastos a la cabeza mientras nos acusamos mutuamente de pactistas, traidores, vendidos, radicales, descerebrados; supongo que va con el paquete. Hoy no. Música, coreografías, canciones de moda, populares o infantiles adaptadas para la ocasión… Veo volar una pancarta sostenida por globos, no distingo su leyenda. Deseo que el concepto que esta acción simboliza también planee en el aire, se trasmita a todos los lugares del mundo. Deseo que ellos sepan bien que aún no nos han adocenado, que aún no nos han vencido.
El Corte Inglés de plaza Catalunya, paraíso del consumismo. Algunos grupúsculos se amontonan en su puerta, a gritos de ‘esquiroles, esquiroles’. La rabia va creciendo. Patadas a la puerta, lanzamientos de objetos contundentes… Pienso: ¿es sólo violencia gratuita, manera de canalizar frustraciones personales? Tal vez. Pero adivino algo más en las caras de esos jóvenes, y no tan jóvenes: una decepción, una falta de futuro, que empieza con el fracaso del sistema educativo, la imposición del consumismo y la negación de los medios con el que podríamos llevar a cabo esta forma de vida, en el caso de que fuera positiva. Sus vidas están vacías desde casi el principio, les ha faltado visitar más el supermercado de las cosas que importan… pero siempre que lo intentaban había salido ya el tranvía (y no había más transporte público). Los cristales se rompen y un encargado aprovecha para introducir por el agujero una manguera con la que obsequia con un buen chorro de agua fecal a los atacantes; me salvo por milagro.
Comienzan a llegar furgonetas policiales; cuento más o menos una por cada manifestante. Carreras y más carreras: la ira aumenta, el lanzamiento de objetos también, hay papeleras en llamas. De pronto, los secretas se quitan sus caretas. Hay unos siete u ocho infiltrados, con el pelo sospechosamente rapado tapado por las capuchas de sus sudaderas, entremezclados con la gente justo en la zona de donde partió el último ataque: no es un hecho definitivo, pero sí sospechoso. Tres o cuatro personas están tendidas en el suelo, con las manos en la nuca. Renquean doloridos al levantarse, les han atizado bien. Muy cerca se produce otra carga, aunque sin resultados. Siento que estoy viviendo la historia en mi primera persona, y me gusta pensar que tal vez, en una mínima parte, estoy contribuyendo a ella.
Vuelvo a Santa Caterina. La estrecha calle donde tengo mi cueva esta llena de barricadas, tras una Catedral y una Via Laietana donde aún arden los últimos contenedores. Ante mis asombrados ojos se repiten las escenas de la banlieue parisiense de hace unos años: desde las ventanas y en las aceras, grupos formados por jóvenes inmigrantes de varias nacionalidades y autóctonos obsequian a los antidisturbios con todo tipo de objetos, algunos bastante peligrosos. En mi afán de retratar el instante con una máquina demasiado nueva para que haya aprendido a entenderla totalmente, con el subsiguiente desastre fotográfico, me veo en mitad del fuego cruzado y una de las pelotas de goma que los policías disparan sin encomendarse a Dios ni al diablo está a punto de estamparse en mis narices. Increpo al intrépido lanzador, recordándole mi derecho a dirigirme a mi domicilio sin ser agredida por las fuerzas del desorden, sea cual sea la situación: poco me ha faltado para ser una víctima colateral. Y vuelvo a preguntarme de dónde viene tanta rabia, a qué obedece tanta violencia. Porque aquel odio en las miradas de esos chicos y chicas no puede ser un puro juego, una rebelión sin causa.
Y el mar otra vez, el regreso a mi pequeño exilio campestre. Mañana, más criminalizaciones, más deseos de identificarnos a tod@s con la minoría más irracional (a quien, aunque no apruebe, tampoco me atrevo a juzgar), más mentiras y manipulaciones, más intentos de cerrarnos la boca a base de telebasura. Pero hoy les hemos demostrado que aún no hemos olvidado cómo se lucha, nos hemos dado razones para estar orgullosos y, contra la desesperación de l@s violent@s, hemos demostrado que aún existe, al menos de momento, una pequeña esperanza.

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28 septiembre 2010 en 10:57 · Archivado en Luchas colectivas y etiquetada:29-S, crisis económica, despido libre, Huelga General, injusticia social, lucha obrera, recortes sociales, reforma laboral

29-S. Yo voy!
Éste va a ser el último post en El Bosque (a no ser que me llegue repentinamente la inspiración a media tarde, que todo puede ser) antes de la Huelga General de mañana, día 29 de septiembre de 2010, en que este blog se solidarizará con los trabajadores y cerrará sus puertas. En él me gustaría hacer un recopilatorio de todo lo escrito esta semana por los compañeros y compañeras de
I Love IU y la Rojosfera en general en relación con el 29-S. Es de lectura recomendada para todos, y casi obligado para los aún indecisos, los temorosos de perder un día de salario (no hay duda de lo necesario que es en estos tiempos, pero hay que comprender que mañana l@s trabajador@s nos jugamos mucho) y los cabreados universales. Ahí os dejo con ello, y mañana nos vemos en la calle, camaradas.
-http://radiorexurdimento.blogspot.com/2010/09/folga-xeral.html
-http://bloclaratera.blogspot.com/2010/09/objetivos-del-milenio-una-decada.html
-http://johncornford.blogspot.com/2010/09/derechos-de-los-trabajadores-en-una.html
-http://saramulet.blogspot.com/2010/09/potser-no-et-motivi-massa-axo-dobrir-te.html
-http://www.ines-sabanes.net/?p=4011
-http://www.iescudero.cat/2010/09/29set-si-pot-servir-memoria.html
-http://francescms.blogspot.com/2010/09/tv3-faran-la-vaga.html
-http://arv1952.blogspot.com/2010/09/la-inutilidad-de-la-huelga.html
-http://desdelacantera.blogspot.com/2010/09/fiesta-del-pce-video-acto-razones-para.html
-http://fuentepalmeratimes.blogspot.com/2010/09/un-piquete-en-la-ser.html
-http://fuentepalmeratimes.blogspot.com/2010/09/acto-en-cordoba-huelga-general-y-medios.html
-http://david.bligoo.es/content/view/1008991/Razones-para-ir-a-la-Huelga-el-29-S.html#content-top
-http://leeryescuchar.blogspot.com/2010/09/cadema-humana-por-la-huelga-imagenes-2.html
-http://leeryescuchar.blogspot.com/2010/09/argumentario-de-apoyo-la-huelga-general.html
-http://blogs.tercerainformacion.es/iiirepublica/2010/09/24/el-primer-piquete-esta-siendo-un-exito/
-http://altersocialismo.wordpress.com/2010/09/24/un-col-lectiu-cutada-denuncia-a-la-fiscalia-als-responsables-de-lespeculacio-contra-el-deute-public/
-http://marina-eupv.blogspot.com/2010/09/blog-post_24.html
-http://www.laruedadeltiempo.net/2010/09/24/original-piquete/
-http://dominbenito.wordpress.com/2010/09/23/la-huelga-debe-ser-un-exito/
-http://dominbenito.wordpress.com/2010/09/23/iu-ccoo-y-ugt-invitan-a-los-mirobrigenses-a-participar-en-la-huelga-general-del-29-de-septiembre/
-http://dominbenito.wordpress.com/2010/09/24/la-crisis-explicada-a-quienes-la-sufren/
-http://dominbenito.wordpress.com/2010/09/24/sobran-los-motivos-ii/
-http://blogdemariasun.wordpress.com/2010/09/24/manifiesto-ciudadano-de-apoyo-a-la-huelga-general/
-http://www.gorkaesparza.com/2010/09/24/manifiesto-ciudadano-de-apoyo-a-la-huelga-general-unete/
-http://blogs.tercerainformacion.es/pedromellado/2010/09/24/a-la-huelga-general-iv-la-huelga-del-26-s/
-http://www.haciaelsudoeste.com/2010/09/paramos-y-nos-manifestamos.html
-http://rafa-almazan.blogspot.com/2010/09/de-la-coaccion-y-la-huelga.html
-http://dempeus.nireblog.com/post/2010/09/23/arguments-socials-per-la-vaga-general
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/09/23/la-crisis-explicada-a-quienes-la-sufren
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/09/24/els-especuladors-denunciats-a-la-fiscalia
-http://ventanasdelfalcon.blogspot.com/2010/09/zapatero-rectifica-la-clase-trabajadora.html
-http://cerosalaizquierda.blogspot.com/2010/09/el-29-de-septiembre-me-descogelo-por-la.html
-http://grosske.balearweb.net/post/91743
-http://saramulet.blogspot.com/2010/09/esquerra-unida-eaiv-celebro-ayer-en.html
-http://luisangelaguilar.blogspot.com/2010/09/buenas-practicas-para-salir-de-la.html
-http://arv1952.blogspot.com/2010/09/una-razon-mas-para-ir-la-huelga.html
-http://radiorexurdimento.blogspot.com/2010/09/declaracion-de-apoio-folga-xeral-do-29.html
-http://javiermadrazo.wordpress.com/2010/09/24/una-huelga-util/
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/09/25/el-barri-de-gracia-i-la-vaga-general
-http://rafa-almazan.blogspot.com/2010/09/calentando-motores.html
-http://grandolapeque.wordpress.com/2010/09/25/razones-para-la-huelga-capitalismo-manchesteriano/
-http://opovoequemordena.blogspot.com/2010/09/0.html
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/09/25/el-barri-de-gracia-i-la-vaga-general
-http://dempeus.nireblog.com/post/2010/09/25/la-huelga-del-29-s-desde-el-ambito-de-la-salud
-http://www.ines-sabanes.net/?p=4043
-http://www.moscasenlasopa.net/blog/?p=4431
-http://silviaf1.blogspot.com/2010/09/universidad-en-huelga.html
-http://fuentepalmeratimes.blogspot.com/2010/09/manual-del-piquetero-por-jose-manuel.html
-http://www.sotoencameros.net/2010/09/mas-razones-para-ir-la-huelga-general.html
-http://apuigsole.blogspot.com/2010/09/que-no-sens-humilii-en-el-treball-es.html
-http://grandolapeque.wordpress.com/2010/09/26/comunistas-por-la-huelga/
-http://marina-eupv.blogspot.com/2010/09/convencio-programatica-i-acte-de.html
-http://otrovisoposible.blogspot.com/2010/09/por-que-voy-la-huelga-general-de-29-de.html
-http://johncornford.blogspot.com/2010/09/los-sindicatos-llevan-razon.html
-http://javiermadrazo.wordpress.com/2010/09/26/desmontando-excusas-para-ser-un-esquirol-el-29-s/
-http://buscandolafraseperfecta.blogspot.com/2010/09/httpdeshuesadero.html
-http://josegonzalezdiaz.blogspot.com/2010/09/zapatero-nos-recuerda-las-razones-para.html
-http://www.asueldodemoscu.net/?p=5584
-http://www.asueldodemoscu.net/?p=5574
-http://www.asueldodemoscu.net/?p=5556
-http://muyloco.wordpress.com/2010/09/26/sobran-razones-para-hacer-huelga-general-el-29s/
-http://viramundeando.blogspot.com/2010/09/un-poco-de-humor-ante-la-huelga.html
-http://arraiosoundsystem.blogspot.com/2010/09/reflexiones-sobre-el-29s.html
-http://basseta2007.blogspot.com/2010/09/recomendaciones-para-la-huelga-del-29-s.html
-http://www.sotoencameros.net/2010/09/no-hay-mas-rastrero-que-ser-un-esquirol.html
-http://desdelacantera.blogspot.com/2010/09/los-verdaderos-piquetes-violentos-de-la.html
-http://blogs.tercerainformacion.es/iiirepublica/2010/09/27/el-miedo-la-memoria-la-huelga/
-http://javiermadrazo.wordpress.com/2010/09/27/motivos-para-la-huelga-del-29-s/
-http://ventanasdelfalcon.blogspot.com/2010/09/video-critica-los-puntos-claves-de-la.html
-http://blog.sindominio.net/blog/enchufe/general/2010/09/27/las_bicletas_son_para_la_huelga
-http://nicolasdurancornella.blogspot.com/2010/09/desmontando-excusas-para-ser-un.html
-http://nicolasdurancornella.blogspot.com/2010/09/zapatero-usa-como-piquete-anti-huelga.html
-http://www.hoipoi.net/webs/nuet/?p=497
-http://bosquedebrocelandia.wordpress.com/2010/09/27/sin-miedo-a-la-huelga/
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/09/27/gioconda-belli-huelga
-http://ceronegativo.net/2010/09/27/especial-informativo-huelga-general-desde-la-fiesta-del-pce/
-http://carlosnavarroselma.blogia.com/2010/092701-a-los-militantes-del-psoe-de-mi-pueblo..php
-http://elblogdeantero.blogspot.com/2010/09/el-miercoles-la-huelga-sobran-motivos.html
-http://radiorexurdimento.blogspot.com/2010/09/carta-abierta-los-que-el-29-s-no-iran.html
-http://www.iescudero.cat/2010/09/29-de-setembre-una-vaga-justificada.html
-http://arv1952.blogspot.com/2010/09/dialogo-trampa.html
-http://www.sotoencameros.net/2010/09/nos-tratan-como-imbeciles-no-les-demos.html
-http://blogs.tercerainformacion.es/victorcasco/2010/09/27/yo-estoy-en-la-huelga/
-http://marina-eupv.blogspot.com/2010/09/els-diputats-deupv-ens-sumem-la-vaga.html
-http://mizubel.lacoctelera.net/post/2010/09/27/no-estan-cosas-como-no-hacer-huelga

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27 septiembre 2010 en 13:31 · Archivado en Estocadas y etiquetada:29-S, crisis económica, Huelga General, injusticia social, lucha obrera, recortes sociales, reforma laboral, Yo Voy

29-S: Yo voy, os espero
Una huelga para luchar contra el miedo y contra los que nos aterrorizan; para no traicionar ni el pasado (a aquellos y aquellas que dieron la vida por los derechos que hoy nos estamos dejando arrebatar) ni al futuro del que somos responsables; para erradicar las debilidades que día a día nos mantienen atados al sillón y a la sumisión. Una huelga para demostrar que sólo perderemos cuando bajemos la bandera, que nada pueden hacernos (al menos, no fácilmente) que no dejemos que nos hagan, y que no somos tan estúpidos para creernos las mentiras y las manipulaciones con las que nos intoxican el aire que respiramos. Una huelga de todos, no sólo de aquel sindicato con el que somos críticos o de aquel colectivo en el que no acabamos de confiar, una huelga que nos hemos ganado y que se han ganado los que nos pisotean. Una huelga para revertir las injusticias, para vencer a los que nos las infligieron. Una huelga indispensable, insoslayable, definitiva.
No me falles, compañer@. Quiero verte ese día a mi lado, luchando, soñando, desafiando, libre de temores y de esclavitudes, con la mirada puesta en el ayer y en el mañana, con la luz de ese amanecer que construiremos reflejándose en tus ojos. Vente. Te espero.

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30 junio 2010 en 7:48 · Archivado en Estocadas y etiquetada:(In)Justicia española, Estatut de Catalunya, reforma laboral, República, Tribunal (In)Constitucional
En una aldea perdida en la periferia de este país, sus habitantes decidieron proveerse de un documento que les regiría y permitiría un gobierno más autónomo y una mejor gestión de sus recursos. Después de negociar con las autoridades centrales y de renunciar a gran parte de sus pretensiones iniciales, el villorio en cuestión tuvo que contemplar cómo las fuerzas más oscuras de aquel estado acusaban a su documento de vulnerar las leyes del mismo y al final, tras años de tira y afloja, cobardía política del Gobierno e imposiciones de la oposición, ésta cumplió su propósito y la voluntad legítima de ese pueblo fue convenientemente expurgada de los puntos menos convenientes para la oligarquía que gobernaba en las sombras.
¿Qué se puede esperar de un país donde se anulan las votaciones donde triunfan las palabras incómodas para su jefe de estado, donde se instauran por decreto leyes que perjudican a l@s trabajador@s para paliar crisis que han fomentado los señores feudales, donde se juzga a los jueces que buscan la justicia? Se puede esperar que sus ciudadan@s no acaten.
Más y mejor info sobre el tema
-http://ventanasdelfalcon.blogspot.com/2010/07/la-izquierda-de-madrid-debe-oponerse-la.html
http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/07/02/sentencia-estatuto-y-democracia
-http://rafa-almazan.blogspot.com/2010/06/hay-que-mirar-al-futuro-mariano-dixit.html
-http://www.somunanacio.cat/www/somunanacio/ca/banners
-http://bloclaratera.blogspot.com/2010/06/dempeus-per-catalunya.html
-http://francescms.blogspot.com/2010/06/iu-rechaza-la-sentencia.html
-http://dempeus.nireblog.com/
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/06/29/del-tribunal-constitucional-i-altres-imposicions
-http://angelsmcastells.nireblog.com/post/2010/06/30/la-sentencia-del-tc-des-dangles-diferents

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21 junio 2010 en 15:09 · Archivado en Trovadorescas y etiquetada:ajustes estructurales, BM, colonización, despido libre, FMI, postcolonización, reforma laboral
Viernes, 11 de junio. Entro en la oficina de la empresa donde presto mis servicios como adalid de la pluma, con una sensación parecida a la que tienen l@s sufrid@s usuari@s de Renfe: saben cuándo entran en el tren, pero no cuándo van a salir. Mi empleo debe haber venido proyectado desde una galaxia muy lejana, pues desafía todas las leyes matemáticas de este mundo, a saber: estoy contratada por cuatro horas, me pagan aproximadamente dos, siempre acabando trabajando seis y, por si fuera poco, me exigen que rinda como si hiciera más que ocho. Pero ya me consuelo con poco; en este caso, con que la emisora radiofónica que me saluda cada mañana al comenzar mi jornada laboral no fuera una de esas insoportables radiofórmulas dedicadas a repetir hasta la sociedad cuatro combinaciones de sonidos que han perdido cualquier semejanza con las combinaciones de sonidos que acostumbramos a catalogar como “música”
Como he dicho, entro en la oficina y tomo asiento, entre toses y estornudos. Cualquiera de los capitostes que se tome la molestia de mirarme verá unos ojos brillantes de fiebre en un rostro, además de congestionado, agotado por las horas extras gratuitas: hay cadáveres que tienen mejor aspecto, pero probablemente dejarán que me convierta en uno antes de decirme que puedo tomarme un día (de los muchos que me deben) libre. Cierto que podría pedir la baja laboral, pero ¿quién se arriesga, ahora que hemos dejado que el despido haya conseguido las libertades que a nosotros se nos niegan, y lo que nos espera? Bastante me cuesta llegar a fin de mes con el simbólico salario que recibo, y mis números comunistas ya son legendarios en todas las sucursales de bancos de los alrededores.
Aunque a veces llego a pensar que hay cosas peores que la muerte. Llega el cúmulo de idioteces de cada día: órdenes absurdas, criterios contradictorios, formas de trabajar nada operativas, ira y soberbia en mitad de la ignorancia más absoluta. Faltan cuatro minutos para mi hora de salida y en ese momento mi jefa recuerda súbitamente que hay que subir un post al blog corporativo con tratamiento de imágenes y vídeo. Así, con la mayor tranquilidad del mundo: qué fácil es jugar con un tiempo que no es el tuyo. Los minutos pasan en el reloj; hoy tampoco podré hacer nada diferente de trabajar y ocuparme de las sempiternas e ineexcusables obligaciones domésticas.
Salgo, muerta de hambre, de cansancio, y con un cabreo de mil pares de ovarios. Me quedan cinco minutos de conectar el ordenador antes de seguir en la brecha de cada día, justo para enterarme que (de momento) vivo en un país relativamente afortunado, aunque los ajustes estructurales del FMI y el BM que tanto daño hicieron a un Sur ya destrozado por la colonización y la postcolonización ya han venido a visitarnos. Pero creo que hoy tampoco tengo ganas de hacer la Revolución.

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