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Posts Tagged ‘Spanish Revolution’

(viene de) Aunque aún no estaba totalmente recuperada de mi segundo periplo en pocos días por el túnel de tiempo, me sentía de buen humor mientras cabalgaba por las riberas del Ebre, envuelta en el frescor delicioso del otoño incipiente que despertaba los aromas del bosquecillo de ribera que corría paralelo al río, entre chopos, olmos, fresnos, mimbre, cañas, juncos y lirios…. Pensaba ya en dónde y cuándo pasaría la noche cuando, al pasar un recodo habiendo ya casi caído el sol, divisé a lo lejos un viajero que a todas luces seguía el mismo camino que yo. Espoleé a mi caballo para alcanzarle, y así llegué a la altura de un anciano de luenga barba blanca con todas las pintas de ser un artesano procedente de alguna aldea cercana, aunque el manto corto con capucha que le caía sobre el rostro le otorgaba un aspecto de lo más sospechoso. Aunque fue eso lo que me hizo abandonar, de momento, la prevención: un espía verdadero hubiese llevado un disfraz menos evidente. Aunque también es verdad que al ver la serie de patéticas pantomimas que los policías infiltrados montaron durante el 25S una llega a la conclusión que el enemigo nunca es más inteligente que nosotros, ni por asomo: si nos vence solo es porque tiene menos escrúpulos. Muchos menos: los cardenales de mi espalda podían atestiguarlo. Y las visiones grabadas en mi retina de ancianos sangrantes y jóvenes aplastados por más de diez efectivos del desorden público para cada uno, aún más.
-Con Dios, buen anciano –le saludé-. ¿Podéis decirme a dónde os dirigís, si no es preguntar demasiado?
Por un momento pensé que mi interlocutor iba a ignorarme, pues tardó mucho más en contestarme de lo que hubiese sido razonable según las leyes de la urbanidad medieval. Pero al fin volvió la cara a medias hacia mí, sin permitir, eso sí, que viera su rostro, y me explicó en tono amable.
-Hacia Gardeny voy, mozalbete. Si queréis y os va bien podemos hacer juntos un trecho del camino. A mi ancianidad no le iría mal un brazo joven como el vuestro y en pago puedo regalaros con las ricas viandas que llevo en el zurrón.
Sería obvio aclarar que yo seguía ocultando mi condición femenina, algo básico si quería descubrir al traidor (o nido de traidores) como me habían encomendado. Pero no me gustó ni un pelo el retintín que pareció entonar su voz cuando pronunció la palabra “mozalbete”. Mis sospechas se confirmaban: un espía con excesiva confianza en sí mismo como para no ser desfachatado, algo bastante común para una habitual viajera al siglo XXI donde ya los opresores no tienen ninguna duda de haber ganado o, en cualquier, saben que no habrá ya límites para conseguir su victoria.
-No les haré ascos, sobre todo sin van bien regadas con un buen vino. Caminemos, pues pronto habremos de buscar acomodo para pasar la noche.
Estaba corriendo un riesgo, y era plenamente consciente de ello. Tenía que extremar la precaución, aguzar la inteligencia y echarme a los leones: habían demasiadas cosas en juego, el momento era demasiado decisivo, para bajar la guardia un solo momento, para perderme en disquisiciones que no llevarían a ninguna parte. No podía decir que no tuviera miedo: lo tenía, y mucho. Pero con miedo y todo iba a hacerlo. Y si esto lo hago yo, que no soy ninguna heroína y sí bastante desastrosa, ¿qué grandes cosas no podréis hacer vosotros, capaces y comprometidos lectores? (sigue)

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Otoño de 1292

Los viajes al siglo XXI estaban empezando a perjudicar mi salud, y no solo porque la Sanidad pública en la Europa del futuro, y particularmente en las dos lamentables partes de Europa en las que me había tocado vivir y que lo seguirían siendo igual tanto unidas como separadas (es decir, Cataluña y España), prácticamente brillaba por su ausencia.  Por ejemplo, al principio, podía recuperarme en menos de una hora del trance espaciotemporal, y fácilmente me adaptada al nuevo orden de cosas; pero ahora, a apenas a un par de años, o a lo sumo tres, del inicio de esta historia, nunca estoy menos de tres días postrada, sumida en el más grave agotamiento, sin fuerzas ni para ingerir alimentos y atormentada por las pesadillas. Los pobres hermanos del castillo de Miravet (el que no les tenga simpatía no excusa el mal rato que les había hecho pasar), escenario de mi último, por decirlo así ‘regreso del futuro’, no sabían ya qué hacer conmigo y juraría que apenas pudieron esperar a que desapareciera por el horizonte para comenzar a dar saltos de alegría, se lo permitiera o no su regla.
Y yo conocía la razón: y era que el siglo XXI estaba comenzando a superarme. Había llegado un momento en que no sabía si había más falta de inteligencia o tonta ambición desmesurada y sinsentido en la clase política. Pero en el fondo era lo mismo: estas armas son las que usaban los verdaderos dueños del mundo para utilizarles y utilizarnos, los mismo dueños que han llegado a donde están por medio de la crueldad (no nos engañemos: no se llega a rico, o al menos a multimillonario insultante, si no es caminando sobre cadáveres, sobre propias y ajenas víctimas) y de la destrucción perpetrada sobre la destrucción misma casi desde el inicio de la historia. Porque, por muy malvados que nos parezcan Rajoy, Mas, Putin, los sionistas y los salafistas, por citar solo a algunos, no son más que diferentes dibujos en la misma cara de la moneda: unos asalariados que creen que un poco, o mucho, de poder y un poco, o mucho, de dinero van a mejorar sus vidas, o tal vez unos cobardes estúpidos fáciles de chantajear, o bien ambas cosas.  Los políticos del sistema no son más que los mercenarios del poder; y sí, tal vez sean fáciles de desactivar: pero en la sombra cuentan con numerosos recambios.

No, no podía soportar más esa pesadilla recurrente. Me preguntaba, no dejaba de preguntarme desde que los templarios me habían conminado a ayudarles para cambiar un destino que estaba ya prácticamente escrito: ¿cómo hemos podido llegar hasta aquí? ¿Hubiera habido un punto, lo habrá aún, en la historia, donde sea posible revertir todo esto? ¿Que consiga que las bases de este capitalismo destructor que nos robó nuestro valores y nos los cambió por basura no lleguen a formarse nunca? ¿En algún momento hubiéramos podido dejar a los psicópatas fuera de la sociedad, en lugar de encumbrarlos hasta las más altas cotas?

Si es así, tengo que encontrarlo. Y aunque no lo sea. Tal vez la batalla está perdida de antemano, pero tengo que seguir luchando en ella. Quizá algo que yo pueda, quizá no hacer, pero tal vez contribuir a hacer, pueda marcar una pequeña diferencia, pueda hacer que la próxima vez que me despierte en el siglo XXI, entre una luz por las ventanas, aunque solo sea un pequeño rayo verde. Eso es lo que me hace colaborar con este grupo  que acumula en su seno tantas sospechas de corrupción: no ignoro que entre ellos habrá afines al poder secular y espiritual, y más de uno estará tan comprado como los medios de comunicación ‘oficiales’ del siglo XXI, pero creo, o quiero creer, que entre ellos hay gente honesta y verdaderamente comprometida con los pobres y los justos, con la causa de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Y por eso colaboro con ellos. Igual en el siglo XXI colaboro con sindicalistas a pesar de la tibieza, o directamente, de la deserción comprada de algunos de sus dirigentes; igual que apoyo en sus aciertos a ICV a pesar de su triste papel, o directamente, de su complicidad, con los desaciertos y las traiciones del Tripartito catalán; igual que  asistí a la fiesta del PCE a pesar de que ya no soy militante y de que la decepción que me produjeron las actuaciones hace un año de una minoría del PSUC-viu se me está extendiendo al resto del partido en el ámbito nacional nacional.

Por eso pienso estar rodeando el Congreso, el 25S, y en la primera Assemblea del Front Cívic en Catalunya, el 29S. Por eso no voy a desdeñar, ni a acusar de pequeñoburgués ni de descerebrado, a nadie cuya intención sea tender la mano al mundo, a pesar de las formas que utilice. No voy a prejuzgar, sino a extender también mi mano para tomar las que me ofrezcan, sin creerme más pura, leal y auténtica, la más perfecta. Incluso aunque tenga ganas de atizar a unos cuantos, y no solo del otro bando.

Total… no tengo una puta mierda que perder. (sigue)

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Este otoño será muy caliente

(viene de) Supongo que ahora estaréis diciendo: ¿qué hace esta loca ofreciéndose a colaborar con esa camarilla de chiflados, sin saber quiénes son, qué se proponen, si las acciones que deberá realizar para ellos serán pacíficas y violentas, los problemas que le traerán…? ¿Serán una versión medieval del Club Bilderberg, como apuntó un amable comentarista de la entrega anterior? ¿Algo peor? ¿Una trampa de la ultraderecha? Pero yo creía firmemente que era el momento de liberarnos todos un poco de manías y actuar. No ponemos estar permanentemente cuestionando movilizaciones por motivos extraideológicos, emparanoiándonos hasta de nuestra sombra; en tiempos anteriores, cuando el demencial descalabro actual solo era un presagio, había tiempo de pergeñar estrategias inteligentes. Pero llevamos ya siglos reflexionando y ni unos meses más, ni unos días, harán que seamos más efectivos. Nos están matando, literalmente, nos han declarado la guerra y la están ganando ante nuestras atónitas y paralizadas narices. ¡Joder, vayamos al lío de una puñetera vez ya y dejémonos de estupideces!

Pero fue Guillaume quien respondió a mi pregunta, tras ponerme la mano en el hombro con una mirada de amistad y confianza.

-Varias cosas. Pero, de momento, necesitamos saber si hay un traidor en la encomienda de Barcelona y en muchas otras. Sabemos que muchos hermanos supuestamente leales están recopilando pruebas falsas contra nosotros.por orden de un oscuro personaje. Tú te harás pasar por mi sirviente (por si no lo sabías, y a pesar de todo, soy un alto dignatario de la Orden debido a las razones que ya te comenté), y realizarás averiguaciones. Confío en tu inteligencia y en tu perseverancia. Y recuerda: no somos nosotros. Hay mucho en juego.

Y así, con este alarde de fe injustificada en mí por parte de Guillaume, comenzó todo. Pasé a vestirme de hombre y a mezclarme con los sirvientes de la encomienda, que no eran tan mala gente después de todo, y a intentar espiar sus movimientos y atar cabos. No es que se me diera mal ese trabajo, sé sumar uno más uno y algunas cifras más y la verdad es que he estudiado a conciencia todo lo que ha caído en mis manos. Pero siempre me he sentido más segura con una espada en la mano que intrigando; en un combate lo único que puedo perder en mi vida, y aunque le tengo bastante aprecio, sobre todo porque no tengo ni idea lo que será estar sin ella, en esos momentos siento una misteriosa seguridad que hace que las imágenes de la muerte se alejen. Y no es valor en absoluto; solo temeridad, inconsciencia, locura tal vez. O aburrimiento. O quizá que desde siempre había sospechado que mi vida sobre la Tierra no iba a ser muy larga. Pero haciendo de soplona no experimento en absoluto la misma sensación: vivo aterrizada por si me atrapan o, mucho peor, por si causo una desgracia total, cosa que suele ser mi costumbre. Por si fuera poco, Guillaume exigía que pasara las noches en su dormitorio (de una manera fraternal, se entiende, no habría accedido de otra forma) bajo el pretexto de cara al convento de que necesitaba vigilancia constante por culpa de una vieja herida mal curada (creo que nadie se lo tragó, pero más que historias de espías se imaginaron relatos de un cariz muy distinto) y de cara a mí de que debía estar permanentemente al tanto de mis descubrimientos. Pienso que no peco de ingenua si aseguro que al principio su comportamiento estaba regido por la caballerosa intención de que yo gozara de todas las comodidades posibles, y sin embargo, a medida que pasaban los días, la curiosidad y el afecto que había sentido por mí en un primer momento parecieron derivar hacia una especie de obsesión a mi juicio completamente absurda: me considero una chica bastante normalita y no creo que la intención del Altísimo cuando me creó, en el caso de que realmente lo hiciera, fuera convertirme en el tipo de mujer que enloquece a los hombres (bueno, sí que les enloquezco todo lo que puedo, je je, pero de otra manera muy distinta). Y además de absurda, peligrosa, peligrosa para él, desde luego, pues mi determinación en mantenerme alejada de cualquier contacto que fuera más allá de lo episódico me colocaba en una posición segura. Pero, continuando con la historia, tanto Guillaume, que jugaba con los grandes, como yo, en la purria, llegamos a convencernos de que allí no se cocía nada. Y todo habría acabado en ese punto si no hubiéramos descubierto a unos tíos con el inconfundible aspecto de soldados de Jaumet (para la historia, Jaume II) pululando por el barrio y mostrando excesivamente interés en nuestras idas y venidas; y cuando uno de ellos se atrevió a lanzar una indirecta sobre mi aspecto escasamente masculino, probablemente con el objetivo de provocarnos y hacer que nos descubriésemos, o bien de encontrar una excusa para neutralizarnos, comprendimos que quizá nos habíamos precipitado en descartar traidores en la encomienda. Y con esa gente, a los guardias me refiero, hay que tener cuidado, los que conozcáis a sus herederos del siglo XXI sabréis lo que quiero decir.

Y a todo a esto, yo continuaba siguiendo estrechamente los pasos de Guillaume por el pasadizo, aunque no tan de cerca como para que volviera a hacerme una demostración del lugar por donde se pasaba la castidad exigida y la historia aquella de no besar ni a la madre ni a las hermanas; aunque por lo que sabía de su congregación no era el único que cumplía de aquella curiosa manera con sus votos. Y de pronto, recordé otro de los acertijos que no me había querido revelar y que tenía que ver con la identidad del Número Ocho. Me explico: el conciliábulo que me había realizado la entrevista de trabajo más extraña de mi vida estaba compuesto de cinco personas, tres templarios (entre ellos el que yo llamaba Maestro) y dos seglares (mi jefe y la mujer que había visto). Junto con nosotros, servidora y mi curioso representante sindical, contábamos siete. Y, como todo el mundo sabe, el número emblemático de los templarios es el ocho. Está presente en su símbolo, en sus construcciones… Así que faltaba una persona. Alguien que se ocultaba, que debía de tener una buena razón para hacerlo… y que por consiguiente me tenía loca de curiosidad. A Guillaume le había sorprendido mi deducción pero no se molestó en negar su veracidad, aunque como es natural mantuvo un severo mutismo al respecto… Y sin embargo, ni las cábalas sobre la identidad del o la oculto/-a ni los temores de que acabara resultando ser o Karl o Gustaf, ahora que parecía que todos mis enemigos estaban locos por ser mis amigos, me hacían olvidar el incómodo lugar donde me hallaba. Rodeada de aquella opresión, solo podía pensar en la libertad, y cuando pensaba en la libertad no podía menos que recordar Tierra Santa, con sus inmensos desiertos y sus orillas lejanas, el lugar donde más libre me he sentido nunca y que paradójicamente siempre ha sido el premio gordo de la rifa entre potencias.

De pronto, mi compañero se detuvo tan bruscamente que estuve a punto de estamparme contra él. Me indicó silencio con un gesto, como si yo hubiera estado hablando por los codos, y se mantuvo inmóvil un momento, agudizando sus sentidos.

-¿Lo has oído? –inquirió en un murmullo.

Negué con un movimiento de la cabeza. Había estado demasiada ocupada en mis ensoñaciones.

-Ha sido detrás de nosotros. Lo he escuchado claramente. Un rumor de pasos -me aclaró.

Yo volví a escudriñar la oscuridad. Nada. Y me precio de tener buen oído.

-Vayamos deprisa –sugerí. Pero él negó con la cabeza.

-Es demasiado tarde. Quien sea sabe que estamos aquí. No entiendo cómo ha podido averiguarlo, pero lo sabe. Y no puedo permitir que lo revele.

Guillaume tenía la mirada fija en el lugar de donde, según él, había venido el sonido, con determinación asesina.

-Entonces, ¿te lo vas a cargar?

Dirigió su vista a mí.

-Intentaré no hacerlo. Solo pretendo enviarle a un lugar seguro, seguro tanto para él como para nosotros, y donde desde luego no pueda abrir la boca. Pero si me lo pone difícil, entonces… -se interrumpió-. Sabes que a partir de este momento estaremos obligados a hacer cosas que no nos acaben de gustar. Y desde luego cosas que no nos convengan en absoluto. La única salida, ¿te acuerdas? No todo está justificado en todos los casos, pero ahora debemos sobrevivir. Eowyn, tienes que salir sola y esperarme en la siguiente etapa.

La idea no me gustaba en absoluto. Pero mucho menos me gustaban las largas procesiones de parados, ancianos y inmigrantes sin prestaciones, techo, sanidad ni educación para ellos y para los suyos, sometidos a una escalada imparable de precios de los servicios básicos que no podrán ni soñar en pagar y que ni los imbéciles más redomados se creen que va a reactivar la economía. Tal vez, si actuaba en el pasado, podría cambiar el futuro. Tal vez, si actuaba en el pasado, al menos podría aprender para el futuro, para ese futuro que como el pasado era también mi presente.

-¿Y por qué no lo haces tú? Sabes mejor que yo el procedimiento a seguir. Y una servidora puede encargarse de ese tío tan bien como cualquiera de los tu orden, si no mejor.

Negó con decisión.

-Yo sé mejor que tú cómo lucha esta gente, y tú sabes mejor que yo cómo escabullirte con discreción. Créeme, es la mejor opción.

-Pero voy a estar perdida sin ti allá afuera… en el sentido laboral del término –me apresuré a concretar.

Su sonrisa fue pícara ahora.

-Tú siempre sabes encontrarte. Por cierto, agradecería un beso de despedida. Por si acaso.

-Ni lo sueñes –atajé yo-. Si tanto te interesa saber si tienes posibilidades conmigo, mantente vivo y pruébalo la próxima vez que nos veamos. Con un poco de suerte lo mismo hasta me pillas desesperada y todo.

Su expresión volvió a ser grave. Me apretó el brazo unos breves segundos, encendió otra antorcha que llevaba al cinto con la antorcha que portaba y me la tendió.

-Tengo que irme. Nos veremos pronto.

Desapareció en la oscuridad. Yo contemplé el camino que había tomado durante un momento y luego seguí el pasillo, intentarme no distraerme con las múltiples ramificaciones. Esperaba sinceramente que Guillaume pudiera salir de aquella: pese a mis muchas reticencias, el tiempo trabajando juntos había conseguido que no me cayera del todo mal. Y además, ahora no sabía cómo contactar con el resto del conciliábulo, pues de esa tarea se encargaba exclusivamente mi compañero. Al final vi la luz al final del túnel, en este caso de manera real porque al parecer, tal como estaban las cosas, de manera figurada no la iba a divisar nunca en lo que me quedaba de vida, y me apresuré a salir. Respiré una bocanada de aire puro. La luna empezaba a brillar en el cielo casi nocturno ya y no podía apreciar bien el terreno que me rodeaba, una zona que en la oscuridad me pareció plagada de vegetación de riera y marismas peligrosas. No tenía ni idea dónde se hallaban las cuadras en las que guardaba mi caballo, ni cómo iba a arribar hasta allí ni cuánto tiempo me llevaría. Pero de pronto una preocupación mayor que mi propia suerte o la de Guillaume pasó a ocupar la primera línea de mis pensamientos. Y es que una flecha se clavó en el árbol que tenía a mis espaldas, a apenas unos milímetros de mi cuero cabelludo.

-Pero ¿es que no piensan dejarme descansar jamás? –dije en voz alta, echando cuerpo a tierra. Esperaba que una lluvia de flechas cayera sobre a mí a continuación e instintivamente me tapé la cabeza con las manos. No obstante, y misteriosamente, solo el silencio me acribilló. Cuando hubo pasado el suficiente tiempo para creer que estaba segura, me levanté muy despacio y eché un vistazo a mi alrededor. Todo parecía tranquilo. Entonces miré hacia la saeta que se había clavado en el árbol y vi que llevaba clavado un trozo irregular de pergamino. Intrigada, me apresuré a sacarlo, operación que pude realizar no sin desgarrarlo mínimamente. En su superficie estaba dibujado un mapa que informaba de que me hallaba en la costa de Barcelona, un par de kilómetros de la ciudad en dirección sur, calculé, y qué camino debía seguir para llegar lo más rápido posible a mi destino. En el borde inferior, unas letras saltaron a mis ojos haciéndome casi gritar de sorpresa.

Nos encontraremos en la siguiente etapa. Y recuerda: es la única salida.

El Número Ocho

-Estoy rodeada de cabrones –me lamenté-. Espérate que te pille, Número Ocho, y te voy a meter las flechitas por salva sea la parte; incluso aunque seas mi aliado. En algo me voy a tener que entretener para pasar el tiempo entre acción y acción. Porque este otoño va a ser muy caliente.

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Tal vez el eterno tópico entre el bien y el mal no ha sido más que una cruel mentira: todo apunta a que los malos ya ganaron la batalla definitiva hace tiempo, quizá en el principio, y lo que creímos victorias, metas volantes de la historia bajo las que pasamos los primeros, solo fueron manipulaciones, traiciones, espejismos que, a pesar de toda la sangre que nos costaron, acabaríamos pagando caras o, al menos, perdiendo.

O tal vez, sencillamente, todo fue una estrategia para llegar a este punto: al inicio de un nuevo orden mundial digno de los seriales más apocalípticos, en que una mayoría sin recursos, sin educación, sirve esclavizada a una gran mayoría insultantemente opulenta e intocable.

Parece a veces que la inteligencia es patrimonio de los malos, una inteligencia errada y cortoplacista (pues la suprema inteligencia y el supremo egoísmo es la bondad), pero efectiva al no estar enturbiada por la empatía. Una inteligencia general que debe pactar con la estupidez particular de tantos aliados poderosos y necesarios (y eso lo sabemos muy bien los que sufrimos la política española), acrecentando su poder destructivo. Y lo peor es que la bondad también está comenzando a considerarse únicamente privilegio de los malos.

Porque lo más peligroso no es tener el poder, sino la voluntad de ejercerlo. Lo más peligroso no es ser fuerte, sino desear esa fuerza como arma de destrucción. Lo más peligroso no es la ambición, sino la falta de empatía hacia sus consecuencias. Lo más peligroso no es su miedo ni su fanatismo, sino el que nos inculcan.

Un panorama como para dejarse llevar por la desesperación. O por el inmovilismo. O no necesariamente. Porque tal vez este nuevo escenario exija nuevas estrategias: más sibilinas, más correosas. ¿Debemos entonces ser malos? Hay pocas escuelas que enseñen esta cualidad, dejando a un lado la escuela de la vida con sus métodos educativos incisivos pero erráticos, que no funcionan siempre o no funcionan adecuadamente. Aunque quizá no sea necesario; bastaría con copiar sus métodos. Con ser fríos a pesar de nuestro calor humano; con ser estratégicos a pesar de nuestra indignación impulsiva; con ser activos a pesar de nuestra desmovilización alimentada durante tantos años; con ser valientes a pesar de nuestro temor heredado pues, además, dentro de poco ya sí que no nos quedará nada por perder.

De esta manera, tal vez un día podamos subvertir un sistema ideado para que en él prosperen los malvados y estúpidos y perezcan los bondadosos e inteligentes, los que solo desean tener las necesidades básicas cubiertas, amar, reír y vivir en armonía con el entorno. Aunque ya sabéis que no va a ser fácil.

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Érase que se era en una galaxia muy lejana una joven que respondía al castizo nombre de España. La muchacha en cuestión, de familia de rancia raigambre franquista disfrazada de la más democrática de las ideologías, era guapa y voluptuosa, aficionada a los toros y a tocar la pandereta, pertinaz espectadora de culebrones y reality shows de la peor calaña, asidua de los botellones y de aquellas que perdían el culo para conseguir una entrada de Justin Bieber o de otros engendros menos que pseudomusicales de la misma ralea cuando a estos les daba por aparecerse por el país, sin dudar en vender su virginidad por esta buena causa vulnerando incluso sus fanáticas convicciones católicas. Nuestra protagonista a duras penas había conseguido el título de la ESO, a pesar o tal vez gracias a los colegios privados en los que su familia le había matriculado, y se jactaba de su ignorancia como otros se enorgullecen de su cultura, por lo que constituía una rara avis entre sus compañeras Francia, Inglaterra, Grecia, India o Argentina, entre las cuales desempeñaba el papel de la bufón oficial de la clase. Pero hay que decir en el descargo de nuestra amiga que sabía ser solidaria cuando tocaba y que era sensible a las injusticias, al menos cuando estas eran muy flagrantes y no le interrumpían ningún programa de Telecinco. Y cuidaba muy bien de sus hermanitas pequeñas, sobre todo de Catalunya, a la que nunca dejaba que tomara una iniciativa propia (por miedo, evidentemente, a que se lesionara), eso sí, cuando no se ocupaba de chincharlas y esquilmarles la paga semanal. Había tenido una infancia envidiable. Creciendo entre algodones, en la convicción de que el paraíso se hallaba en la Tierra, más concretamente en su casa, sus padres le habían concedido todos sus caprichos o bien la habían hecho desear todo lo que ellos querían concederles; estaba segura de ser una privilegiada, con su casita de muñecas sobrevalorada, su coche de juguetes y sus vacaciones en Marina d’Or Ciudad de Ídem.

Pero un día todo acabó. De pronto, su familia empezó a recordarle todo lo que habían hecho por ella. Alegando una situación económica desastrosa, que no parecía reflejarse más que en sus testimonios, empezó a recortarle sus hasta entonces inamovibles privilegios, lenta pero progresiva e inexorablemente. Las horas de trabajo en la empresa familiar empezaron a hacerse cada vez más copiosas y menos remuneradas, y cuando quería denunciar su situación se la acusaba de haber exigido caprichos por encima de las posibilidades de su familia, sumiéndola en un estado de culpabilidad que, paradójicamente, incrementaba el síndrome de Estocolmo hacia sus secuestradores. Poco a poco, le quitaron sus vacaciones, su coche de juguetes, su casita de muñecas, su dignidad. Le arrebataron los pocos libros con que se entretenía a veces, le prohibieron asistir a clase a no ser que trabajara muchas más horas en contrapartida, y dejaron de alimentarla y de llevarla al médico mientras ellos se hartaban de mariscadas en yates de lujo. Eso sí: en ningún momento le suprimieron el televisor.

Y sin embargo, no tardó en llegar la esperanza: su poderosa vecina Europa, al parecer indignada por cómo se estaba llevando la educación de la joven y de sus igualmente explotadas hermanitas, hizo a sus progenitores una oferta que no podrían rechazar. Ella se haría cargo de las niñas, y en compensación aportaría una sustanciosa cantidad de efectivo que permitiría sanear las deudas familiares. Sin dudarlo un momento y haciendo el negocio del siglo, esto es, vender lo que es tuyo en el más puro estilo de la privatización ibérica sin importar las consecuencias, la familia aceptó, y para celebrarlo se fueron al fútbol. Pero no acabaron allí las desdichas de nuestras heroínas: cuando, vendidas como si de una mercancía se tratase y convenientemente grabado en el hombro a fuego el emblema de su nueva dueña, entraron en su nueva vivienda, comprobaron que se trataba de un prostíbulo frecuentado por los clientes más babosos donde a partir de entonces tendrían que prestar sus servicios hasta que se jubilaran a los setenta años, y con las prestaciones en sanidad, educación y vivienda aún, si cabe, más restringidas. Y todavía podían estar contentas: las prostitutas inmigradas lo tenían mucho peor.

Del final de esta historia existen dos versiones contradictorias: una relata que las jóvenes comenzaron a leer textos de economía alternativa y política social y un día cogieron los kalashnikov e hicieron una limpieza general, eso sí, muy pacífica, y a partir de entonces todas las familias de la tierra se rigieron por los criterios de libertad, igualdad y fraternidad, repartiendo la riqueza, respetando las aspiraciones y las creencias, cuidando del entorno y desterrando a Justin Bieber a una de las lunas de Júpiter. La otra cuenta que nuestras protagonistas se resignaron cobardemente a su cruel destino y que la única Re-Vuelta que protagonizaron fue la de Gran Hermano 12+1.

Podéis elegir qué conclusión preferís. Y realmente espero por el bien de tod@s que lo hagáis bien.

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-Medievalistas: Para analizar los nuevos tiempos.

-Aborteros clandestinos: Para equilibrar la natalidad con los salarios, la cuantía de los impuestos, las nuevas tasas de la Injusticia y el nivel de ocupación (ojo: prohibido su uso si eres una “mujer de verdad” al estilo Gallardón).

-Inquisidores: Para aleccionar de una forma pacífica y respetuosa a las usuarias del anterior servicio. Imprescindible nociones de alimentación de hogueras.

-Curanderos: Una alternativa barata al desmantelamiento de la Sanidad pública.

-Traficantes de órganos: Especialmente útiles para los que no pueden costearse el traslado de la diálisis. También para quienes han de deshacerse de alguna parte de su cuerpo para pagar la hipoteca.

-Delator:  Tal vez no consigas un incremento de patrimonio inmediato, pero siempre va bien para quitarte de encima posibles competidores, o sencillamente al vecino que tiene un móvil más chulo que el tuyo.

-Cazarrecompensas: El siguiente estadio de la evolución del estado policial hispanocatalán (me pregunto qué precio pondrán a mi cabeza).

-Constructores de cámaras de gas: Pronto se darán cuenta que hay alternativas más rápidas e indoloras que quitarles la tarjeta sanitaria a los inmigrantes.

-Sepultureros: Para inhumar a las víctimas del genocidio social de manera expeditiva, limpia y silenciosa.

-Policías, muchos policías: Los vais a necesitar.

-Constructores de cárceles: Os harán falta muchas si queréis meternos a tod@s l@s que vamos a salir a la calle. Pero cuidado no vayáis a acabar al final vosotr@s dentro!

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1 Mayo Rebélate

1 Mayo Rebélate

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Manifiesto de IZQUIERDA UNIDA ante el 1 de mayo

Por un 1º de Mayo de movilización y lucha por el empleo, los derechos laborales y los servicios públicos

En este Primero de Mayo de 2012 nos enfrentamos al ataque más brutal y antidemocrático que hayan sufrido los derechos de trabajadores y trabajadoras en mucho tiempo. Se presentan como medidas contra la crisis lo que solamente es un redoblado intento de rapiña sobre los salarios, las conquistas de la clase obrera y los derechos sociales de la inmensa mayoría de la población. No importan las personas y su derecho al trabajo digno y estable, sino el beneficio de los bancos y las multinacionales.

Llevamos casi cinco años de agudización de la crisis y también de recortes de todo lo público, pero ni uno sólo de los países que ha aplicado esas medidas ha mejorado su situación económica y social. Ni uno sólo. Al contrario, sigue aumentando el paro, crece la deuda exterior, y estamos en una segunda ola de recesión económica.

Lo que se nos intenta vender como la única salida de la crisis es una mera estafa que ahonda más la injusticia y el sufrimiento, incrementa el paro y la pobreza, desprotege a los más débiles y pretende convertir en mercancía y negocio la educación y la salud.

Pero la salida real de la crisis viene de la mano de la lucha y la movilización. Quieren que nos encerremos en nuestras casas con el miedo al desempleo y la precariedad y con la pesadilla de un futuro peor que el pasado, pero no lo conseguirán.  La salida social de la crisis, favorable a la inmensa mayoría, está en nosotros y nosotras.

La reciente Huelga General ha mostrado el camino. La derecha decía que no serviría para nada y el Gobierno que no estaba dispuesto a mover una coma de su reforma laboral. Hoy ya preparan enmiendas a sus propios textos, pero esta reforma laboral no es reformable y debe ser retirada.  Además de esta consecuencia, la Huelga General ha fortalecido la conciencia y la organización del mundo del trabajo y ha mellado los ataques contra el sindicalismo de clase.

La ofensiva contra la educación y la sanidad públicas está encontrando cumplida respuesta en una creciente movilización ciudadana. El intento para hacer retroceder los derechos y libertades democráticas que el Gobierno quiere impulsar desde su mayoría absoluta encuentra una importante oposición.

Es el modelo económico, político y social asentado desde la transición el que está desmoronándose y son las políticas neoliberales (última expresión del sistema capitalista) las que aparecen, cada vez de forma más clara, como irreconciliables no solamente con los derechos del mundo del trabajo, sino también con el progreso económico, la sostenibilidad medioambiental y el bienestar de la inmensa mayoría de la ciudadanía.

Hace ahora 122 años que se celebró en España por primera vez el 1 de Mayo, “Día Internacional del Trabajo”, y es necesario subrayar en esta ocasión el carácter internacionalista de esta fiesta y su contenido solidario que nos lleva, especialmente, a expresar nuestra solidaridad con el pueblo argentino, que tiene todo el derecho a decidir soberanamente sobre sus recursos naturales, como en su día lo harán los pueblos de España, y nuestra coincidencia en la lucha con todos los pueblos de la Unión Europea que se movilizan contra las políticas de recortes. Deseamos el éxito de los candidatos de la izquierda alternativa en las próximas elecciones de Francia y Grecia que pueden comenzar a abrir un horizonte nuevo en las políticas de la Unión Europea. Nos solidarizamos, como siempre, con la lucha del pueblo palestino que se agudiza en Gaza y con las reivindicaciones del pueblo saharaui.

La crisis tiene salida, el Gobierno no

Las políticas neoliberales de recortes, debilitamiento de lo público y retroceso de los derechos laborales, que inició el PSOE y ha profundizado el PP han fracasado.

No obstante, el Gobierno presenta unos Presupuestos Generales del Estado que son una auténtica declaración de guerra contra la mayoría del pueblo. Unos presupuestos que van a generar más paro, estancar la economía, y deteriorar la educación, la salud y otros servicios sociales y que estimulan el fraude fiscal mediante una amnistía para los defraudadores.

Izquierda Unida subraya que hay salida para la crisis y ha aportado propuestas positivas para hacerlo en beneficio de la mayoría.

  • Con una mayor justicia fiscal que lleve hasta una contribución fiscal equivalente a la media de la Unión Europea hay recursos suficientes para crear empleo, impulsar la economía real y, con ello, reducir el déficit.
  • Con una lucha firme contra el fraude fiscal y la economía sumergida, mediante los cambios legales necesarios y el reforzamiento de la Agencia Tributaria, habría ingresos para mejorar la educación y la sanidad públicas y atender la Ley de Dependencia. Hacer aflorar de trabajos sin contrato y exigir la igualdad de salarios entre hombres y mujeres, además de ser de justicia, permitiría sanear la Seguridad Social y mejorar las pensiones.
  • Con una política decidida de apoyar la creación de empleo desde lo público es posible crear cientos de miles de empleos verdes (reforestación y mantenimiento de zonas verdes, rehabilitación sostenible de viviendas, agricultura ecológica, energías renovables), sociales (aplicación de la Ley de Dependencia, escolarización de 0 a 6 años) y de interés estratégico (infraestructuras de proximidad, desarrollo de un sector público en la economía).
  • Con la creación de una Banca Pública, a partir de la nacionalización de las Cajas de Ahorro que han sido entregadas al capital financiero, sería posible que el crédito fluyera hacia las pequeñas empresas y las familias.
  • Con  la implantación de un nuevo modelo productivo, que incluya más democracia en la sociedad y en la empresa, un sector público poderoso y el apoyo a la economía social, una apuesta por el desarrollo sostenible y el pleno empleo de calidad, la mejora de la educación, el esfuerzo a favor de la I+D+i civil, y un cambio progresista en las relaciones laborales.

Nuestra lucha es la lucha por el empleo

El objetivo central de cualquier política de izquierdas para salir de la crisis es la creación de empleo. Izquierda Unida defiende un empleo estable, digno y de calidad y, en consecuencia se opone a cualquier medida de abaratamiento del despido y de reducción de los costes salariales. No han sido esas, ni mucho menos, las causas de la crisis y no está ahí la solución. Por ese camino sólo se trata de asegurar de nuevo los beneficios de quienes ha generado esta situación, a costa de los trabajadores.

Crear empleo no puede ser considerado como un gasto porque sólo el trabajo humano genera la riqueza socialmente útil.

Izquierda Unida reivindica el reparto del trabajo para que puedan trabajar más personas, reduciendo la jornada a 35 horas semanales, sin pérdida de retribución, y bajando progresivamente la edad de jubilación

Por un 1 de Mayo de movilización

Izquierda Unida llama a todos los trabajadores y trabajadoras, a toda la ciudadanía a participar en los actos, concentraciones y movilizaciones convocadas por CCOO y UGT.

Izquierda Unida considera que este 1 de Mayo debe dejar claro que no estamos dispuestos a aceptar una salida de la crisis que no vaya a favor de la mayoría social de este país. Es precisa una auténtica rebelión ciudadana por nuestros derechos.

Izquierda Unida llama a extender y profundizar la movilización hoy y en los meses próximos por una salida social de la crisis, por el empleo, la defensa de lo público (comenzando por una educación y una sanidad públicas y de calidad), el derecho a la vivienda, la igualdad y la no discriminación.

Viva el 1 de Mayo de lucha y solidaridad

Madrid, 1 de mayo de 2012

Y después del 1 de Mayo…

12M15M-CONVOCATORIA

12M15M-CONVOCATORIA

Y para acabar, nos os perdáis estos vídeos

http://solidaritat29m.noblogs.org/

http://youtu.be/MCvskEEORiM

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Nos sentamos bajo el Árbol de la Palabra, como los viejos, al atardecer, en las aldeas de África. Evocan sucesos, fábulas, leyendas. Acogen a viajeros con noticias. Algunos amigos me piden que recupere algunas “escapadas” en clase. "¿Dónde estábamos?" Silencio y sonrisas. Vamos a rescatar la memoria del olvido, sin orden ni concierto. A ritmo de corazón. Pasar la palabra a los del corazón a la escucha. Ellos saben quienes son, Otros todavía no lo saben.

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