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Posts Tagged ‘Zapatero’

El pueblo ha elegido. No han sido unas elecciones libres ni democráticas (algo imposible con un sistema que permite que el partido poseedor de únicamente el 32% de los votos gobierne, y que una coalición votada solo en una de las autonomías sea la tercera fuerza a nivel nacional). Pero el pueblo ha elegido. Ha elegido los recortes en la sanidad y sus víctimas mortales que la prensa oculta. La perpetuación del sistema de casta en una educació progresivamente más orientada a quien puede pagarla. Los palos de los Mossos d’Esquadra. La criminalización del parado y del inmigrante.

Porque este país puede tener muchas disculpas, pero ningún perdón. Podemos hablar de que el PSOE ha sido víctima de una crisis económica mundial que ha gestionado mal, aunque el hecho de que haya sido tan virulenta en este Estado se deba al estallido de la burbuja inmobiliaria que creó Aznar. No estaría de más comentar, desde luego, que (la expresión no es mía) el intrusismo ideológico en la derecha que el PSOE viene practicando desde mayo de 2010, vendiendo a su propio país a potencias e instituciones europeas y a mercados, sin la más mínima protesta ni intento de negociación y de la manera más incompetente posible, ha influido considerablemente. Pero el problema español viene de muy lejos.

Hay pueblos que encuentran su camino en la seriedad, el esfuerzo y la capacidad. España lo encontró hace ya tiempo en la cobardía, el nepotismo y la mísera adulación. Cobardía porque nadie tuvo las gónadas de hacer la transición que necesitaba este país, limpiando a los viejos poderes, y porque no nos atrevemos ni a levantar la voz cuando un país extranjero asesina o detiene a nuestros ciudadanos o trata de reducirlos a la miseria; nepotismo porque estos mismo viejos poderes se van perpetuando por los siglos y los siglos, afines sustituyéndose por afines, sin que alguien tenga valor para meter la mano en esta podredumbre; mísera adulación porque si tú deseas entrar a formar parte de esta élite solo tendrás que prometerles fidelidad eterna y halagarles el orgullo. Y esta es la razón por la que, tanto en derechas como en (supuestas) izquierdas, tengamos siempre a los mismo políticos inexpertos, ineptos, cobardes y débiles, cuando no directamente corruptos.

Y, sin embargo, el pueblo español no es muy diferente de sus líderes. No encontraréis una empresa en el territorio ibérica con jefes que tengan ideas (ni siquiera hablo de ideas geniales, solo de ideas claras) de cómo proceder para crecer en el mercado: como no sea ahorrar en productos básicos o en empleados básicos, claro, o explotar a estos últimos hasta la extenuación. Porque los valores que rigen en estos sectores son los mismo que lo hacen en España entera. Y en cuanto a los ciudadanos y ciudadanas de a pie, de acuerdo, desde luego que llevamos siglos de mala educación y de desinformación; y por si fuera poco la era Aznar entronizó la telebasura alienante al igual que sentó las bases para la destrucción de la economía de este país. Pero hay algo que no hubieran podido destrozar: la curiosidad. El criterio. Las ganas de saber más. Las ganas, en resumen, de vivir, en lugar de vegetar en nuestros sillones. Y sin embargo nos compraron con una hipoteca a 30 años y un televisor de plasma, y les dejamos a cambio nuestros sueños, nuestra afectividad, nuestras risas; encima les dimos como regalo nuestro cerebro. Nos perdió el orgullo de conseguir tener el coche más grande que nuestro vecino. Y sobre todo nos perdió el mísero miedo a aceptar que estábamos viviendo una gran mentira.

Desde la transición hemos sufrido gobiernos inútiles, corruptos, vendidos… Pero nunca otro gobierno fue tan nefasto para España como el de Aznar: con él empezo todo: las privatizaciones en masa, la liberalición del suelo que dio inicio a la burbja inmobliaria y su apariencia de prosperidad y que nos ha estallado en la cara (como no iba a suceder durante su mandato… ¡pues que se jodieran los que vendrían después!). Las fronteras se abrieron para dar paso a inmigrantes desesperados dispuestos a aceptar cualquier condición de trabajo, acarreando reducción de derechos sociales para foráneos y autóctonos; eso por citar solo algunas de sus políticas. Y ahora han vuelto. Con el camino allanado, con las voces disidentes convenientemente acalladas, han vuelto. Les hemos hecho regresar. Y ¿qué es lo que nos espera?

Dice la leyenda que Till Eulenspiegel se dirigió un día al hospital de Halberstadt y se envaneció ante el director de que era muy buen médico y de que podría curar a todos los pacientes y hacer que abandonaran el centro sanitario… por un módico precio, por supuesto.  El director, muy contento, lo contrató. Entonces Till fue cama por cama diciendo a los residentes que su método de curación consistía en quemar al más enfermo para dar sus cenizas a los demás y con ello conseguir que sanaran. Naturalmente, aquello provocó una desbandadada general de pacientes, que corrían hacia sus casas afirmando sentirse maravillosamente bien. Los mismos pacientes volvieron días después al hospital en estado realmente lamentable (como me temo que acabarán muchos de los votantes al PP de anteayer), pero Till ya se había marchado de la ciudad con la bolsa bien llena. Esto ha sucedido en España y probablemente volverá a pasar. La pregunta es cuándo tendremos los redaños necesarios para realizar la limpieza general que se vienen imponenedo desde hace mucho tiempo. La pregunta es que si dejaremos que la debacle llegue a un punto definitivo de no retorno.

Si es que no ha llegado ya.

http://youtu.be/XIwHw45RPVo

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Imagínate que tienes un amigo. Un buen amigo. Con el que te entiendes
perfectamente. Con el que te lo pasas de miedo. Con el que puedes dar caña
al sistema y al capital todo lo que quieres.

Un día se os presenta en vuestro bareto preferido otro grupo de amigos. Os hacen mil promesas: que si con ellos os divertiréis mucho, que si juntos seréis más y con más fuerza para dar caña al capital y al sistema, que si os invitarán a más cervezas… Como vosotros sois muy de izquierdas, y muy conciliadores, y todas esas cosas, decís: ¿por qué no? Y adelante. Pronto os dais cuenta de que no solo no os pagan más priva sino que sutilmente se dejan invitar; de que ya siempre sois vosotros los que tenéis que conducir después de la fiesta porque ellos a las primeras de cambio están debajo de la mesa; y de que por si fuera poco no hacen más que tejer complicadas intrigas palaciegas para que os separéis.

Y de pronto te das cuenta de que tu amigo no es tu amigo. Lo sigue pareciendo, pero no. Está poseído, zombificado, comprado… Procedes con el reciclaje, le extraes el pedacito de hielo que le han introducido en el corazón, le recuerdas los buenos momentos vividos. Algo consigues, pero…

Pero los otros están al acecho. No van a dejar que os escapéis impunemente. Afilan sus armas. Ofrecen nuevas prebendas. Os pintan un panorama desolador del mundo que vendrá tras de ellos. Ya no se esfuerzan en disimular sus comentarios aprobatorios sobre los recortes de Mas, las traiciones de Zapatero y las intervenciones de Libia. Y sabes, porque ya ha sucedido algunas veces, que cuando seáis miembros de pleno derecho de su grupo os arrastrarán a bares equívocos decorados con palomas de la paz mientras sus parroquianos entonan cantos de guerra. Y tu amigo, surrealísticamente, sigue confiando en ellos. Está convencido de que si no les proporcionáis apoyo las bandas neonazis acabarán ocupando vustro barrio y pisoteando los derechos de todas las personas trabajadoras, inmigrantes o de orientación sexual diferente; y lo peor es que crees que puede tener razón. ¿Debes optar por intentan evitar el mal mayor, aunque sepas que tus posible nuevos aliados acabarán traicionando tus principios, tal vez de la peor manera?

Qué dilema, ¿no? Pues eso, exactamente, es lo que me pasa a mí en relación al 20-N.

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A pesar de lo que se oye por ahí, no deberíamos preocuparnos porque la pretendida primavera árabe en algunos países haya derivado en invierno confesional, para más señas, islámico. Y es que el islam tiene múltiples aplicaciones, tanto con respecto a la gobernanza de un país como a la relación con los extranjeros, y si investigáis un poco enseguida las hallaréis.

Por ejemplo: si tú eres un gobernante dictatorial y te interesa dominar a la mitad de la población de tu país, puedes echar mano del Corán; o mejor, de tu interpretación personal, sesgada y manipuladora de este libro sagrado, que como la mayor parte de los de su índole y salvando los siglos transcurridos desde su escritura y la evolución de las costumbres consiguiente, solo habla de paz, amor y esas cosas. Pero como en muchas cosas las palabras se dejan decir de ellas lo que se quiera, leerás entonces que el Profeta manda a las mujeres taparse como si estuvieran viviendo en la Antártida, vivir recluidas en sus viviendas como si se esperara que explotara alguna central nuclear, trabajar menos fuera de casa como si el índice de paro de su país fuera como el español, y recibir tantas palizas como un banco de la piel de toro por parte de la UE, y de un modo tan impune como si esta violencia de género fuese juzgado por jueces también españoles y sufrida por mujeres de la misma nacionalidad: la comunidad internacional y sus más principales potencias te permitirán seguir haciéndolo. Al menos hasta que empieces a involucrarte en sus negocidios en tu país, claro.

Pero no hace falta que profeses el islam para servirte de él, ni siquiera para hacer evangelismo de esta religión: es una de sus numerosas ventajas.  Vamos a poner por caso que tú eres una potencia amenazada por otra, peligrosamente laica. Pues bien, solo tienes que predicar las tesis de Mahoma entre su población para que acabe destruyéndose a sí  misma y se convierta en un fiel aliado del sistema, como Arabia Saudita y las monarquías del Golfo. Para este proselitismo siempre ayudará mantener a los países musulmanes permanentemente despreciados y amenazados, por ejemplo contribuyendo a las dominaciones de los centinelas de Occidente que hagan que el Islam, en sus aspectos más radicales, sea visto como la salvación.  Un Islam como el de Arabia Saudita, lo cual otorga al conjunto una interesante injusticia poética, lo convierte en un ventajoso círculo vicioso. Y si tienes prisa o no puedes invertir tantos recursos, y al mismo tiempo necesitas dar salida al excedente de armas de tu industria y/o halagar a los empresarios del sector, posibles futuros contribuyentes de tu campaña electoral, pues lo invades, con o sin la aquiescencia de la ONU. Después de todo, el islam es una religión tan mala… (tú también sabes interpretar, manipular y sesgar el Corán, que los occidentales somos muy listos). Siempre que se estén involucrando en tus negocidios en su país, claro.

Sí, los países islámicos son el más fiel aliado (vamos, como los nacionalcatólicos, sin ir más lejos) y el más útil enemigo, cuya existencia puede justificar desde invasiones militares extranjeras hasta recortes de las libertades locales. Lástima que entre sus beneficios no exista ninguno orientado a la población civil más humilde. No nos engañemos:  ni rezando a Dios, ni a Mahoma ni  a Zaratrustra se nos va a solucionar la vida, y mucho menos cumpliendo a rajatabla los preceptos de estas religiones, muchos de los cuales impiden además disfrutar de lo poco bueno que es gratis en esta vida. Y tampoco otra de las diosas que nos venden, la Patria, nos va a sacar las castañas del fuego este Halloween. Por mucho que ante declaraciones sobre bombardeos a Barcelona (hay bromas muy poco afortunadas y reacciones a las mismas aún más estúpidas) hasta una internacionalista radical como yo que considera cualquier sentimiento nacionalista como un preocupante signo de problemas mentales se vuelva un poco independentista. Y quizá está allí la trampa: mientras deleguemos nuestras luchas en los dioses, cualesquiera que sean, jamás seremos mujeres y hombres.  A mayor gloria del único Dios que realmente existe, y que desde luego no es un dios de paz ni de amor: el Negocidio. Y el invierno durará por siempre.

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San Juan de Acre, 18 de mayo de 1291

El panorama desde las murallas era tan desalentador y generador de impotencia como las luchas ciudadanas de la década de 2010: un mar de tiendas árabes, abigarradas y mortales, se extendía ante mis ojos. Aún no había amanecido y, de momento, los atacantes nos estaban dando un respiro, lo que me parecía el detalle más intranquilizador de todo, y tuve tiempo de reflexionar sobre lo divino y lo humano mientras tomaba un poco el aire fresco, cerca de la torre defendida por los templarios, mientras observaba con inquietud la defendida brecha al lado de la puerta de San Antonio. Si tan solo pudiera recordar qué es lo más inteligente que podemos hacer ahora, cuál es el mejor paso que podemos dar…, pensaba. Pero la Historia había de seguir su curso, y la realidad rechazaba sin duda los recuerdos de una mercenaria con capacidad de viajar en el tiempo, haciéndolos perderse en el éter espaciotemporal antes de crear alguna paradoja.

-¿Meditando, Eowyn? –oí una voz a mi espaldas y no me volví. Mi viejo compañero de batallas, ahora templario de pleno derecho y además (nunca entenderé por qué) con cargos importantes en la Orden, se acercaba; a la sazón yo ya le había perdonado su traidor regreso al cuerpo, pues había comprendido que, a aquellas alturas de su vida, poco más podía haber hecho él: como yo, también tenía que sobrevivir. Se acodó en la muralla, a mi lado.

-Lamentándome, más bien. Y al parecer negándome a aceptar la
realidad. Todas esas tiendas de ahí abajo me hablan de muerte, o peor, de algo
peor que la muerte, que es ver morir a personas que te importan. Pero sin
embargo es como si algo a la vez me dijera que tengo aún mucha vida por
delante…

-Tal vez es que tu destino no dicta que vayas a morir aquí, querida amiga –incidió él-. Dios lo quiera.

-… una vida que no sé hasta qué punto vale la pena vivir –me encontré diciendo a continuación; sin embargo, me retracté al instante: era mejor que guardara los pensamientos derrotistas para mí misma: no contribuían a aumentar la moral de la tropa. Así que cambié de conversación: -Eh, sabes que los libros de historia hablarán de ti? Nunca te había visto en acción en este tipo de batallas. Y eres jodidamente bueno, hijo de puta –junto con sus compañeros de la Orden y los hospitalarios, aquel viejo zorro había hecho dos incursiones en el acuartelamiento de los atacantes, la primera en solitario y la segunda con mi asistencia: a pesar de sus protestas, y de mi escasa valentía, no estaba dispuesta a quedarme sin la única persona en este mundo capaz de aguantar mi endiablado carácter, al menos sin supervisarle de cerca para evitar que cometiera alguna estupidez. Sentí sin verle cómo sonreía con picardía y (me imaginaba) mirada de estarse guardando algún as en la manga.

-Pues tú tampoco te quedas atrás, muchacha.

Mi compañero siempre se había destacado por su parcialidad.

-No digas tonterías. Está claro que esto no es lo mío.

Guardó silencio  durante unos segundos.

-En cierto sentido tienes razón. Esta no es tu guerra.

Yo disentí de inmediato.

-No me refería a eso. Esta sí es mi guerra, o al menos lo es mucho más que la mayor parte de las batallas en las que he participado. Al menos, aquí está en juego mi vida y la vida de personas a las que he cogido cariño, aunque yo no signifique nada para ellas,  no por el hecho de que sea un imperio u otro el que acabe conquistando Tierra Santa. Lo que quería decir es que no dejo de ser un guerrera de tres al cuarto, solo buena para los torneos cortesanos y la escolta personal cuando los enemigos que amenazan no son muy numerosos. Las contiendas encarnizadas me superan. En el fondo soy una chica muy pacífica y las únicas batallas que me gustan son las que tienen lugar en la cama; o al menos eso creo, ya que la última vez que tuve una experiencia así aún gobernaba el Imperio Romano.

Le miré de reojo; meneaba la cabeza, nada convencido.

-Creo que eres una persona capaz de lograr lo que te propongas; pero lo que está claro es que no deberías pasar por esto. Nadie debería.

-Ni siquiera tú.

-Ni siquiera yo. Pero si solo fuéramos una minoría los guerreros, entonces la vida tendría algún sentido. Si el pueblo no acabara sufriendo el afán de dominio de unos cuantos malvados y estúpidos, no me importaría formar parte de esta hedionda hez de los soldados.

-Te entiendo –contesté-. A mí tampoco.

Se hizo el silencio de nuevo; yo me agitaba, inquieta: la tranquilidad reinante me estaba afectando los nervios.

-Aunque también es cierto –continué yo –que últimamente  no me
siento capaz de llevar a cabo ninguna lucha remunerada. No me concentro, y no dudo de que eso puede ser peligroso, tanto para mí como para mis clientes. Lo único que deseo es dedicarme en cuerpo y alma a las peleas que realmente son mías, a mis propias guerras. Estoy cansada de alquilar mi espada al mejor
postor. Pero sucede que, aunque sea de costumbres morigeradas, pueda dormir en cualquier rincón y no necesite más que algún río de aguas moderadamente limpias para bañarme, esté capacitada para pasar días con un pedazo de pan duro y siempre encuentre quien me invite a una jarra de vino, estar flaca no me sienta nada bien. Me favorecen más las curvas. Si no, no ligo nada.

Él no respondió y yo seguí.

-Y en el siglo XXI las luchas son diferentes; pero no por eso menos urgentes. Allí también, de alguna manera, estamos sitiados. Durante un tiempo, pareció que guerras, explotaciones y abusos se habían trasladado sola y exclusivamente a lugares lejanos, y esa distancia los mantenía apartados de las personas que vivían en los países del Occidente, esos mismos países que ahora conquistan Tierra Santa en nombre de la Cristiandad, la cual en 2011 y alrededores se llamará Democracia aunque siempre será en el fondo lo mismo: el dinero, el poder, el capital, los sacrosantos mercados. La gente se sintió a salvo; pensó que vivía en un mundo feliz, con su casita, su coche e incluso su casita de segunda residencia, pagadas a base de desangrarse cada mes en las oficinas de los bancos, gracias a venderse a las empresas como esclavos, a renunciar a su vida personal, de ocio, de familia, a su formación… Ahora, incluso esa mentira se ha acabado. Creías acaso que los ávidos mercados tenían suficiente? Pues no. Son insaciables, como un pozo sin
fondo, y vieron la manera de empoderarse aún más. No les bastó con comprar a toda la clase política, con convertir la gobernanza de cualquier país en una
farsa; se inventaron una crisis mundial para someternos aún más, para quitarnos todos los derechos políticos y sociales, para instaurar los ajustes que
hicieron de esos países empobrecidos el nido de horrores e impunidad que son en el siglo XXI, aunque de ellos solo se hablan cuando son occidentales los que los visitan y sufren los daños colaterales, aunque hayan pasado a ser sencillamente un cuento de terror al lado del fuego después de la cena. Esos ajustes han causado y causan víctimas mortales, y lo que es peor, causan muertos en vida. El 15 de Octubre de 2011 hay una jornada de lucha global contra este estado de cosas. Y quiero estar ahí a tiempo. A pesar de que nuestra lucha será tal vez tan inútil como la que estamos llevando a cabo aquí. Por tanto, sería conveniente que saliera viva de esto; aunque tal vez sea solo que no me gusta la Muerte: creo que puedo aplazar a perpetuidad el dudoso placer de confraternizar con esa fea dama.

Escuché su voz detrás de mí.

-Hace tiempo que te digo que debes marcharte.

-Pero no voy a dejarte solo. Ni a los demás. Aunque mejor que no me tientes, porque estoy muerta de miedo.

Suspiró.

-No hay nada que hacer, Eowyn. Tú lo sabes. Nuestras incursiones en el campamento enemigo fueron infructuosas, solo sirvieron para que se perdieran demasiados defensores de la ciudad. Los mamelucos son demasiado superiores en número. Ni siquiera han servido de nada los refuerzos del rey Enrique. En cuando a la embajada de paz, ya sabes el gran fracaso que resultó. Pudimos reprimir el ataque de hace tres días, pero cuando vuelvan a intentarlo caeremos. Solo es cuestión de horas; sé que hay voluntad política, como tú dirías, por parte del Papado y los monarcas cristianos de defender la ciudad aunque solo sea por sus intereses. Pero no hay dinero y no quedan tantos nobles suicidas. No llegará otra expedición. Estamos perdidos. Sálvate, tú que puedes.

Me lo estaba poniendo demasiado fácil.

-No –me reafirmé, conteniendo la tentación-. En el peor de los casos, no me iré sin ti.

Me volví hacia él. Sonreía.

-La gente dice que eres una guerrera sin corazón y que eres incapaz de sentir nada por tus compañeros. Yo siempre he sabido que se equivocan. Es todo lo contrario: te implicas demasiado. Solo que, tal vez por eso mismo, eres incapaz de demostrarlo.

Yo me encogí de hombros.

-He salido algo sensible, qué le vamos a hacer. Aunque es una auténtica putada.

-Eres la compañera más fiel que se pueda desear.

Yo no tuve tiempo de protestar al respecto. Allí abajo, una multitud con ánimo ofensivo se acercaba a las murallas, dirigiéndose hacia la zona comprendida entre la baqueteada puerta de San Antonio y la Torre del Patriarca. El sultán había desplegado a todos sus hombres y a todas sus máquinas de guerra: era el ataque final. Los desalentados, agotados y casi dormidos defensores de guardia empezaban a dar el aviso.

-Ponte a salvo –quiso ordenar él-. Ahora.

-No es el momento de que te pongas protector –contesté yo, más cabreada que asustada, aunque lo segundo lo estaba  bastante-. Luchemos como siempre
hemos hecho, uno al lado de otro, y que Dios o el diablo decidan. No te
abandonaré.

La infantería y la caballería se precipitaron sobre las defensas de la ciudad, imparables. Mi compañero y yo, en la Puerta de san Antonio, entre los escasos soldados que quedaban vivos en la ciudad, luchábamos todo lo incansablemente que nuestras fuerzas nos permitían y nuestro miedo nos azuzaba. Pero por cada enemigo que neutralizábamos, otros dos más fuertes llegaban; aquello era una pesadilla, y tal vez una de las peores partes era la culpabilidad que sentía al estar segando vidas humanas de aquella manera tan pasmosa. ¿Por qué tuve que venir a Tierra Santa?, pensaba. ¿Por qué nunca puedo evitar meterme en líos? Soy cómplice de esta locura. Pero en mi más recóndito interior sabía que a veces es necesario defenderse. Y quizá de una manera mucho más radical que solo con manifestaciones, pensé, recordando el siglo XXI.

-¡Ha caído la Torre Maldita! –los caballeros que defendían esta vinieron a unirse a nosotros. Yo ya no pensaba: solo daba mandobles a cualquier cosa más o menos humana que viniera a subir por los muros. Me había convertido en una máquina de matar, y solo hubo un hueco mínimo en mi mente para reflexionar acerca de lo que la injusticia, generadora de violencia, es capaz de embrutecernos. No recuerdo las horas que pasé así: los minutos se contaban por muertes y las horas por heridas, y no podíamos pensar en cumplir las funciones sencillas de la vida, esas que consiguen que el tiempo transcurra armonioso. Aparte de que teníamos un aspecto lamentable y un olor verdaderamente tóxico. La siguiente noticia trágica fue la
caída de la Torre de San Nicolás, y antes de que pudiera enterarme me encontré combatiendo por las calles de la ciudad e intentando evitar todos los desmanes que podía. Pero no quiero recordar eso y no querríais que os lo describiera. De todas maneras, es lo mismo en todas partes. Y lo único que hay que saber al respecto es que tenemos que evitarlo. A toda costa… Basta decir que nos saquearon como Mas y Espe han saqueado la Sanidad y la Educación en Madrid y Cataluña o como si fueran directivos de la SGAE, que pisotearon nuestros derechos al igual que Zapatero pisoteó nuestra Constitución, que, en fin, nos invadieron con o sin excusas pero en cualquier caso con muchos intereses como nosotros hemos invadido Libia y que nos ocuparon como en la Edad Contemporánea, la tortilla dio la vuelta, Marruecos ocupa el Sáhara y Occidente Palestina.

-Debemos ir al muelle –apremié a mi compañero-, tenemos que conseguir evacuar a todos los que podamos, dando prioridad a los más débiles. Dicen que el hijo de puta del rey se ha largado a Chipre, y que ese traidor de Grandson se ha embarcado con sus caballeros en naves que podían haber recogido a mujeres, niños y ancianos.

-Y ese gran cabronazo renegado de Roger de Flor, compatriota tuyo y que le hace un flaco honor a la tierra de Aragón, está vendiendo los pasajes en su galera como si de un vil mercader se tratara. No podemos permitirlo –rabió él.

-Nos aseguraremos de que el reparto de pasajeros sea lo más justo que podamos, y después nos refugiaremos con el resto en vuestro castillo –dije yo-. Allí esperamos que vuelvan los caballeros que van a conducir a los refugiados a Chipre. Quizá podamos aguantar unos días más… -me callé, súbitamente. La conocida sensación se estaba apoderando de mí-. Tengo que irme –comprendí-. El siglo XXI me llama. Creo que he tenido demasiado miedo. Creo que lo estaba deseando demasiado.

-Lo sé –dijo él con un tono de voz que implicaba algo más. Yo le miré, interrogativa.

-Creo que tu hechizo se contagia –explicó-. La última vez, cuando te fuiste, empecé a notar que en momentos comprometidos, cuando quería escapar de alguna situación, algo empezaba a tirar de mí. Después aquello también comenzó a suceder sin que hubiera nada que lo provocara. Desde entonces, he viajado dos o tres veces al famoso siglo XXI. Ya lo conozco, aunque no tan bien como tú, aunque probablemente me guste aún menos, e incluso creo que nos hemos encontrado allí en alguna ocasión. Lo que pasa es que después no soy capaz de recordarlo. Pasan cosas con la memoria cuando viajas a través del tiempo… Vete tranquila, yo me quedaré aquí e intentaré ayudar en lo que pueda. Y cuando no sea posible hacer nada más, te prometo que te seguiré. Ve a ese 15 de Octubre, aunque al final no conduzca a nada. Tal vez podamos encontrarnos allí. Y además estarás a salvo.

Yo me iba, irremediablemente.

-No subestimes a los Mossos d’Esquadra de Barcelona -le avisé-. Pueden llegar a ser unos auténticos mamelucos. Pero en cuanto a ti, prométeme que no vas a esperar demasiado. A nadie le vas a servir muerto.

-Bueno, ya veremos –dijo él-. Hasta siempre, compañera.

-Y si no vuelvo a verte… ten cuidado con las hogueras.

-Tienes obsesión con ese detalle –observó él-. Siempre lo mencionas.

-Algo me hace recordar hogueras cuando pienso en ti –confesé yo-, aunque tal vez se deba a la natural fogosidad de mi carácter mediterráneo –pero ya todo se disolvía ante mis ojos. Lo último que pude ver al abandonar el siglo XIII fue a Karl y a Gustaf subiendo a la galera de Roger de Flor.

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San Juan de Acre, abril de 1291

Se podría pensar que el tema de dar saltos entre el pasado y el futuro me puede dotar, cuando estoy en el primero de esos estadios temporales, de conocimientos acerca del porvenir que me pueden ser muy útiles. Nada más lejos de realidad: puedo recordar las vicisitudes del siglo XXI, tal vez porque esa locura de época ha pasado también a formar parte de mí, pero si ahora me preguntáis qué va a suceder el mes que viene, tendré que deciros que no tengo la menor idea.

Y sin embargo, no se necesita ningún poder especial, ni tampoco mucha inteligencia, para comprender que esto se va a ir a la mierda en breve. A mi alrededor, Tierra Santa se despliega, armada de desiertos infinitos. Hace días que me encuentro aquí, en busca de algún mercader con problemas de seguridad al que pueda ayudar a sentirse más protegido, aunque solo sea aligerando su bolsa para que corra más rápido. Los negocios (que no el placer, no os vayáis a pensar) me obligan a frecuentar las diferentes tabernas de San Juan de Acre, pues nada mejor que una jarra de vino para cerrar un trato. Y en eso estaba hace unos segundos, cuando un inesperado fantasma de anteriores días se me presentó de sopetón. La taberna fue ocupada por una patrulla templaria, de esas que vigilan la ciudad en previsión de los más que seguros ataques sarracenos; el hecho no era sorprendente en sí mismo, porque ¿en qué lugar del mundo es más sencillo que te encuentres con un templario? Acertó usted, señor. Esos cabrones, cuando no están en el campo de batalla cortando todo tipo de miembros, o en sus encomiendas sentando las bases del capitalismo, no hacen más que beber como auténticas esponjas. Y qué aguante tienen los jodidos… pero vayamos al grano: lo que más extrañó en la llegada de esa comitiva fue que la integraba un viejo conocido mío, del que pensaba que había dejado la orden hacía mucho tiempo.

Me froté los ojos. Comprobé el nivel de mi jarra de vino, todavía no lo suficientemente vacía, ante los intrigados ojos de mi futura víctima de negocios. En ese momento aún guardaba algo de inocente fe en las promesas de mis congéneres humanos, y di en pensar que me estaba equivocando; en realidad, eso no hubiera sido de extrañar: venía de pasar no sé cuántas semanas en una galera aragonesa, soportando las condiciones higiénicas propias de los barcos medievales y que mi acostumbramiento a las maneras del siglo XXI había hecho que dejaran de resultarme corrientes. Probablemente había cogido el escorbuto, la peste, el cólera o alguna otra enfermedad terrible, y ahora estaba delirando por la fiebre. Aunque, si me paraba a pensar, en mi travesía marítima hubieron detalles peores que todos esos pequeños problemas sanitarias. Y para comentároslo tengo que retrotraerme a unos meses antes. Pues sí: a finales del invierno de 1291 andaba yo por el puerto de Barcelona contemplando las velas de las naos agitarse por el viento y, menos románticamente, buscando curro, cuando me tropecé como una pareja bastante singular: eran dos mercaderes extranjeros, uno con claro aspecto escandinavo y más feo que un pecado mortal con excomunión incluida, y el otro, no mucho más atractivo y encima aquejado de un grave ataque de acné, cuyos indiscutibles rasgos centroamericanos hicieron que mi mente entrara en un vacío espacio-temporal. Que yo sepa, faltan aún dos siglos para que se llegue a América, pensé.

Aunque tal vez aquella historia de que los vikingos fueron los primeros en visitar el continente cuya parte norte Colón cometió el error de descubrir no iba tan errada. La pareja en cuestión se detuvo ante mí.

-Eowyn de Camelot?

-La misma.

-Qué suerte. Te estábamos buscando. Hemos oído hablar mucho de ti. Tienes el perfil profesional perfecto que andamos buscando. Bueno, no se expresaron de esta manera, obviamente, pero más o menos eso es lo que vinieron a decir. Aquello no me inspiraba ninguna confianza: ya sabrán mis contados lectores que cuando alguien me alaba laboralmente es que suelo hallarme en la antesala de algún trabajo en condiciones de semiesclavitud. Pero un curro es un curro, y llevando días como los llevaba obviando la saludable costumbre de comer y beber con asiduidad, no iba a hacer ascos a nada que propusieran, ya fuera fusilar a Zapatero en la Plaza de las Ventas, prostituirme con Russell Crowe o ceder mi twitter al PP (bueno, esto último, la verdad, no).

Así que acompañé a los disímiles comerciantes a la taberna más próxima donde, después de invitarme a un plato de alta cocina medieval (o sea, una sardina en mitad de un plato grande adornada con unas bolitas de pan sometidas a un proceso de mohización) y a un  menguado zurito de vino, me explicaron con detalle el proyecto para el cual requerían mis servicios.

-Hemos de viajar a San Juan de Acre por negocios. Y, tal como está el panorama, necesitamos protección. La mercancía que transportamos ha de llegar a nuestros clientes en perfecto estado, y nosotros también, chiaro –en los días sucesivos tendría la oportunidad de ver cómo su discurso de cerrado acento germánico venía siempre plagado de expresiones en italiano; supongo que pensaban que eso les hacían parecer más in-. Durante la travesía realizaremos también negocios con otros comerciantes, y para esos menesteres siempre va bien la presencia de una mujer hermosa que dé lustre a los tratos, y si es tan hábil con las armas como cuentan de ti, será la combinación ideal. Bueno, la verdad es que no se te ve muy favorecida con esa cota de malla, pero un buen vestido y unos pocos afeites pueden hacer milagros. La mención de San Juan de Acre tuvo la virtud de hacerme olvidar el poco amable comentario de Karl, el rubio, y la amenaza de que iban a vestirme como a una princesita y a utilizarme como a un objeto sexual. Yo ansiaba ir a Tierra Santa de nuevo; la había visitado ya en dos ocasiones, y aquellos extensos desiertos dorados, que podía recorrer días y días con mi caballo sin cansarme nunca, me habían robado el alma; necesitaba verlos de nuevo. Así es que me embarqué en la galera, pensando que tal vez había encontrado el trabajo definitivo al lado de aquellos comerciantes viajeros. Pero nada más lejos de la verdad; como siempre. En principio, el sueldo que me habían prometido quedó convenientemente adelgazado al descontársele la manutención, los traslados, la paja de mi caballo, el alojamiento de animal y dueña, los productos necesarios para el mantenimiento de mis armas, el desgaste del suelo del barco por mis espuelas y el grave hecho de que mi italiano, según ellos, era deficiente, y eso, en una época de donde los negocios y la cultura hablaban la lengua de Dante, era claro merecimiento de una bajada de categoría profesional. Para seguir, me vi relegada en un minicamarote compartido por todos los sirvientes tan mal pagados como yo de la pareja, en las peores condiciones de hacinamiento y compartiendo hasta la bacinilla de hacer las necesidades, lo cual me llevó a irme con mi manta a un rincón de la cubierta donde pudiera tener un poco de intimidad, aunque eso implicara dormir a la intemperie y sufrir los embates de los posibles temporales. Por si fuera poco, las maravillosas tareas de protección que parecían haberme encomendado se transformaron en ir a hacer de correveidile entre los diferentes hombres de negocio medievales que viajaban en el barco, para convocarles a reuniones que siempre se terminaban aplazando o cancelando, por cuya razón luego encima era yo la que tenía que disculparse: y es que los jefes estaban demasiado ocupados en dictarme, cual si yo fuera su secretaria, planes de organización del tiempo, para que les sobraran horas en las que realizar las tareas que esos planes contemplaban (después, además, de interminables reuniones intentando hacer un orden de prioridades en el trabajo), mientras los posibles futuros compradores o colaboradores les esperaban dando furiosos paseos entre el castillo de proa y de popa. Vamos, como las empresas españolas contemporáneas, sin ir más lejos. Karl, zafio y vulgar como el más primitivo tópico vikingo, no dejaba de darme consejos sobre moda y supervisaba al dedillo cada detalle de mi atuendo de princesita en las cenas de negocios (lo cual en un tío cuya idea de elegancia consistía en coserse un par de piedras preciosas a ropa comprada en los mercadillos que se improvisaban a la entrada de los hospitales con ropa de los muertos era poco menos que surrealista), y Gustaf, un obsesivo-compulsivo de aspecto escuálido y enfermizo y del que sospechaba que no había cogido una espada en la vida, entre otras cosas porque dudaba de que hubiera podido sostenerla, me sometía a exhaustivos, tediosos e infinitos exámenes con la excusa de “repasar mis conocimientos de armas” de cara a un posible ataque, cosa que me hacía sentir como si hubiera vuelto al colegio. Pero cuando, afortunadamente ya entrando en el puerto de destino, me requirieron para que tirara sus lavazas, consideré que ya había llegado el punto de no retorno.

-A la mierda -me reboté-. Una ya lleva muchos de experiencia sobre sus espaldas y varios másters en Armamento, Lucha y Seguridad del Mercader Medieval para esto. Quedaros ahí con vuestras manías y ponerle vuestros vestiditos de princesa a vuestra madre, si es que no os abandonó en alguna cuneta cuando vio vuestra cara de memos por primera vez. Yo me largo. Hala, que os den, o si lo preferís, vaffanculo –y sin ánimo de perder un minuto, salté a una de las barcazas que se dirigían hacia la costa dejándoles en cubierta con dos palmos de narices.

En todo eso pensaba cuando vi entrar por la puerta de la taberna a mi viejo compañero de armas, de nuevo con el hábito de la cruz y bajo las órdenes de aquel papa bajo cuya bandera había prometido no servir jamás, y cuyos descendientes contemporáneos visitan Madrid entre una horda de peregrinos agresivos bajo las loas del TDT Party. Mi mundo conocido se está desmoronando, pensé. Los cruzados se emborrachan en las calles de San Juan de Acre sembrando el caos y asesinando musulmanes, como unos Anglada cualquiera, pidiendo a gritos que los sarracenos nos invadan y protegidos además por la autoridades; los gobiernos nos han vendido como esclavos a los mercados para pagar el rescate de su ambición y cobardía, y ya ni se molestan en disimularlo; IU firma acuerdos con ICV asumiendo que van a utilizar sus votos y luego les van a enviar a pastar, con la aquiescencia de la militancia, y encima el XIV Congrès del PSUC-viu les avala; y por si fuera poco este gilipollas está buscando que le quemen en la hoguera volviendo a trabajar para el poder establecido.Pues lo siento: después, cuando esté jodido de verdad, que no se acuerde de mí. De hecho, cuando todos los aterrados, inmovilistas y votoutilitaristas estén jodidos de verdad, que no se acuerden de los que les previnieron que eso iba a pasar (sigue).

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Los Mossos se llevan a un indignado detenido en la Ciutat de la In-Justícia

Los Mossos se llevan a un indignado detenido en la Ciutat de la In-Justícia

Es usted Mosso d’Esquadra o sencillamente matón aficionado? Está de suerte! Ahora puede ganar un viaje para dos personas a la base de Rota, donde los marines de EEUU le explicarán lo último en armamento de uso personal con la colaboración de Zapatero y de sus misiles; o tal vez una estancia en Treblinka, donde los mayores criminales nazis volverán de sus retiros paradisíacos para impartirle una master class sobre torturas refinadas, con la asistencia de Mas y de Boi Ruiz; o quizá incluso un recorrido por Chile, donde el fantasma de Pinochet le otorgará la Medalla Terror al Mérito Dictador y le hará emisario de sus felicitaciones a los gobernantes autonómicos y estatales de España, por su sabia evolución política y económica hacia el camino correcto. Solo tiene que colgar en la fan page de Facebook del Conseller Puig sus fotos de antisistemas detenidos arbitrariamente y apaleados. Los tres Mossos o similares que más imágenes cuelguen se llevarán el premio. Ojo: solo cuentan las fotos de personas diferentes, no vale coger a un guarro hostiado, cortarle las rastas, y luego volver a fotografiarle con un par de cardenales más; tómese un poco de interés y busque uno nuevo, leñe.

Y sobre todo, no haga nada de eso en los juzgados, hombre. Mire que si les mareamos la perdiz a los magistrados, estos se cabrean y dejan de darnos permiso para llamar ‘zorras’ a nuestras mujeres con total impunidad. En este país se pueden hacer muchas cosas divertidas sin tener que dar cuentas a nadie: apalizar a la parienta, hacer progroms de perroflautas, esclavizar a los empleados, limpiar las listas de espera de la Sanidad enviando a los excedentes a la funeraria (con lo cual además se reactiva convenientemente el negocio de las pompas fúnebres), etc. Qué nos cuesta hacerlo con un poco de urbanidad? ¿Por qué no dejarles que sigan pensando que esto es una democracia y todo lo estamos haciendo por su bien?

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No a la reforma de la Cosntitución

No a la reforma de la Cosntitución

Poco tengo que añadir a todas las puntualizaciones vertidas sobre el tema. Mis palabras no resaltarían más la absoluta evidencia de que estamos viviendo en un estado que no solo es policial y servil, sino que además, visto lo visto, en absoluto es un estado de derecho. El veneno del neoliberalismo se ha ido inoculando en nuestros organismos debilitado por la enfermedad de la crisis, cuyos virus el mismo sistema creó, aprovechando nuestros momentos más vulnerables. Y lo están consiguiendo. El saqueo se está perpetrando y pronto habrá acabado, porque ya no quedará nada que robar. Y nuestros cadáveres serán expuestos sobre las almenas de la destruida fortaleza de nuestro extinto estado del bienestar, que entre tod@s, nosostr@s solit@s, ayudamos a construir. Si esto no supone el inicio de la rebelión, yo ya no sé qué más decir.

Más (y mucho mejor) info sobre el tema
http://miscosasylastuyas.blogspot.com/2011/08/deficit-deuda-o-limite-de-gasto.html
http://www.hoipoi.net/webs/nuet/?p=820
http://bloc.maxi.cat/2011/08/opa-hostil-la-democracia.html
http://luisangelaguilar.blogspot.com/2011/08/iremos-vuestras-casas-recordaros-que.html
http://mayoyoaguava.blogspot.com/2011/08/tres-eran-tres.html
http://francescms.blogspot.com/2011/08/esa-reforma-no.html
http://bitdrain.wordpress.com/2011/08/26/espana-fue-intervenida-en-2010-pero-aun-habra-mas-recortes-sociales/
http://arv1952.blogspot.com/2011/08/el-psoe-apuntala-la-politica-neoliberal.html
http://relatandodesdeelbajollobregat.blogspot.com
http://ceronegativo.net/2011/08/25/no-al-deficit-0-y-menos-en-la-constitucion/
http://mizubel.lacoctelera.net/post/2011/08/25/otra-agresion-la-democracia
http://corrientepropia.blogspot.com/2011/08/reforma-de-la-constitucion.html
http://buscandolafraseperfecta.blogspot.com/2011/08/el-ppsoe-y-el-deficit-publico.html
http://www.agarzon.net/?p=1070
http://saturada.blogspot.com/2011/08/desconcierto-constitucional.html
http://parlamentuan.blogspot.com/2011/08/reforma-constitucional.html
http://www.comiendotierra.es/?p=381
http://escritosdesdesuburbia.blogspot.com/2011/08/golpe-de-estado-nuestra-soberania.html
http://www.moscasenlasopa.net/blog/?p=4910
http://blogs.tercerainformacion.es/iiirepublica/2011/08/24/defina-golpe-de-estado/
http://bloclaratera.blogspot.com/2011/08/reflexion-genuflexion-o-inflexion.html
http://bloclaratera.blogspot.com/2011/08/sobre-la-farsa-constitucional-el-20n-y.html
http://eltovarich.blogspot.com/2011/08/alerta-constitucion-mutante-la-vista.html
http://mayoyoaguava.blogspot.com/2011/08/se-jodan-cono.html
http://elobservadorsarcastico.blogspot.com/2011/08/deficit-que-haran-cuando-seamos-un.html
http://viramundeando.blogspot.com/2011/08/yoquierovotar-no-esta-reforma.html,
http://puntsdevista.wordpress.com/2011/08/24/yoquierovotar-jovullvotar-argumentos-convocatorias-y-denuncias/
http://puntsdevista.wordpress.com/2011/08/23/el-tratado-de-lisboa-la-reforma-golpista-y-el-referendum-necesario/
http://puntsdevista.wordpress.com/2011/08/26/sobre-la-farsa-constitucional-el-20n-y-la-necesaria-confluencia/
http://ventanasdelfalcon.blogspot.com/2011/08/frente-unico-contra-la-reforma.html
http://rafa-almazan.blogspot.com/2011/08/la-reforma-de-la-constitucion-por-la.html
http://rafa-almazan.blogspot.com/2011/08/sampedro-escribe-zapatero.html
http://altersocialismo.wordpress.com/2011/08/25/por-un-referendum-necesario/
http://altersocialismo.wordpress.com/2011/08/27/sobre-la-farsa-constitucional-el-20n-y-la-necesaria-confluencia/
http://dempeusperlasalut.wordpress.com/2011/08/24/pide-un-referendum-para-ratificar-la-reforma-de-la-constitucion/
http://dempeusperlasalut.wordpress.com/2011/08/27/comunicado-de-amnistia-internacional-las-autenticas-reformas-basicas-que-necesita-la-constitucion-espanola/
http://ciberculturalia.blogspot.com/2011/08/golpe-bajo-al-estado-de-bienestar.html
http://ciberculturalia.blogspot.com/2011/08/exige-referendum-para-reformar-la.html
http://fuentepalmeratimes.blogspot.com/2011/08/el-problema-con-los-referendums.html

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