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Aquí tenéis un relato de un género que no suelo tocar. No seáis muy duros contigo. O mejor, sí, sedlo si procede. Los comentarios negativos también son enriquecedores… casi tanto como el sueldo de un banquero. Bueno, y sin más dila(ta)ción…

Ella tuvo que leer dos, tres veces, el mensaje de Guatsap antes de comprender lo que sucedía. E incluso después de haberlo hecho necesitó bastantes segundos para que su cerebro aceptara que lo improbable se había convertido en real. Releyó una cuarta vez el texto para cerciorarse de nuevo de que no se trataba de una alucinación.

 estación de Sants  Barcelona  relatos  historias de amor

Hola, soy Rubén. Mira, el miércoles estaré en Barcelona. Llegaré a las 15.17 a la estación de Sants. Sé que sería pedirte mucho que me recojas en la estación, pero me pregunto si podríamos vernos el jueves o el viernes, cuando te vaya bien. Hay algo que quiero decirte.

No entendía nada. ¿Por qué, tan repentinamente, y después de más de 10 años? Era extraño, además, que él hubiera guardado su teléfono. Incluso ella no estaba segura de que pudiera encontrar el suyo. En algún momento, creía recordar, introdujo en su ordenador de entonces los contactos que se habían repartido el día de la despedida del grupo de colaboradores, pero le resultaba imposible adivinar en qué carpeta escondida en el último de sus discos duros internos o externos se hallaba ahora: era una información que, desde hace tiempo, sabía positivamente que no iba a necesitar nunca.

Hizo un repaso rápido de su agenda mental. El miércoles tenía ensayo por la mañana y actuación por la noche; al mediodía y a la tarde, nada. Un momento… ¿no había quedado para comer con su representante? No, eso sería el jueves. Contestó al mensaje.

No hay ningún problema. El miércoles puedo estar a las 15.17 en la Estación de Sants, al lado de la consigna. Será agradable vernos después de tantos años.

 

Se vieron casi simultáneamente, justo cuando ella acababa de despedir a un joven que la había reconocido, a pesar de las gafas de sol. Hacía tiempo que había tenido que prescindir de sus paseos por la ciudad, y no salía de casa sin recurrir a la rapidez y a la sencillez de aparcamiento que le procuraba su moto, y al anonimato que le brindaba el casco. Él alzó la mano para saludarla. Mientras se acercaba, ella constató que había adelgazado, aunque seguía siendo un hombre grande; tal vez solamente había envejecido. Su cabello, que nunca había destacado ni por su color, ni por su calidad, ni por su brillo, al menos no había raleado ni encanecido visiblemente. Al igual que ella, nunca había sido cuidadoso en el vestir, pero ahora su ropa pedía a gritos un repaso exhaustivo, por no decir una renovación total. La mirada de sus ojos, de su radiante intensidad vital de aquellos tiempos, aún conservaba una luz de esperanza, y su sonrisa contagiosa de dientes torcidos ahora asomaba con timidez, casi sin fuerzas.

-Hola –le dijo, cuando estuvo ante ella. Sólo eso, eso y una mirada profunda, con una sonrisa en que una sombra parecía velar la ilusión. Una de las puertas automáticas de la estación se abrió al paso de un viajero, y una bocanada de aire que trajo los 3º del exterior le hizo estremecerse de frío.

-¿Tienes hambre? ¿Quieres que vayamos a comer algo? –él negó con la cabeza, sin dejar claro a cuál de las dos preguntas, o a ambas-. Al menos vamos a tomar un café. Tienes cara de frío. Llevas tanto tiempo viviendo en la Ciudad Eterna que el clima de Barcelona debe de parecerte glacial.

Repitió su negativa gestual.

-Te parecerá extraño, pero ni para eso me llega –amagó registrarse los bolsillos-. Estoy arruinado.

-¿Y dónde está el problema? Invito yo –insistió ella-. No me vendrá de eso

No. Realmente no le vendría de aquello. Ni de otros muchos aquellos. Ahora.

Él negó de nuevo, en silencio.

-María –dijo al fin-. Hay algo que quiero pedirte. Quiero empezar con buen pie contigo. Después, y según lo que decidas, haré lo que tú quieras.

Ella le miraba desconcertada, sin entender aquel súbito y desaforado orgullo. Al final, le hizo un gesto en dirección a la salida.

-Ven conmigo.

 

La amplia avenida de la estación transcurría sobre un ramillete de callejuelas. Entre el Parc de l’Espanya Industrial y la Carretra de Sants, una escalera conducía a ellas. Ésta desembocaba en una plazoleta diminuta, donde había un único banco, con vistas a una pared. Allí fue donde ella le condujo.

-Aquí me reunía, hace muchos años, con un chico a quien quise mucho. Él nunca me correspondió y, obviamente, un día tuve que dejarlo correr. Pero… dime, Rubén: ¿qué es lo que te ha ocurrido?

Sentado en el banco, con las rodillas ligeramente abiertas y el cuerpo apoyado en ellas, sobre los brazos cruzados, él comenzó su historia.

-Es difícil saber si fue así como empezó, o tal vez lo que sucedió después pasó por casualidad. Si es así, sería una nueva manifestación del tópico, tan verdadero por otra parte, que afirma que tu vida puede cambiar en sólo un segundo. Sabes que a mi mujer, siempre le gustó escribir…

Ella asintió con la cabeza.

-No era más que una afición, pero, de pronto, un día, decidió tomárselo en serio. Y le fue bien. Comenzó a recibir comentarios elogiosos en las redes sociales, participó en antologías… Empezaron a surgirle, de no se sabía bien dónde, una serie de amigos, de sexo masculino en su mayoría, que se hacían leguas de lo maravillosa que era, como mujer, persona, artista… No fue inmediato, pero andando el tiempo sentí que yo estaba dejando de resultarle interesante. Y no fue una apreciación sin fundamento.

-Pero… -quiso rebatirle ella. Él la hizo callar con un gesto amable.

-Es cierto. Incluso me lo dijo, aunque suavemente, claro.

Pensó en la hermosa Lidia deshaciéndose en el contenedor, con la mayor desfachatez del mundo, de lo que ella consideraba un tesoro, un tesoro que habría dado la vida por reciclar: definitivamente, un sangrante ejemplo del actual desaprovechamiento de recursos.

-Creí que podría superarlo. De hecho estaba seguro de que así sería – prosiguió él-. Pero al día siguiente fui a trabajar al laboratorio y cometí un error. Un error muy grave. Un error… que tuvo consecuencias… trágicas.

Se hizo un silencio preñado de desolación.

-Me despidieron, y no volví a encontrar trabajo. Lidia me dejó, aunque ya lo tenía decidido desde mucho antes. Mis escasos ahorros y mi parte de la venta de la casa se gastaron en la pensión de las niñas. Así que pensé en volver a mi país, aunque a una ciudad distinta, para empezar de nuevo. Desde una profesión nueva, renunciando a todo lo que conseguí en mi campo de investigación. Ya estoy resignado a ello.

Ella esperó, con la mirada fija en el infinito. Preveía que estaba a punto de llegar el punto culminante.

-¿Quién es el hombre que se despedía de ti cuando llegué?

Suspiró. No esperaba tener que llegar a explicarlo.

-Era la primera vez que lo veía. Sólo es alguien que me ha reconocido.

-¿Reconocido? –inquirió él.

A regañadientes, ella continuó.

-Grabé un disco. Actúo en un par de locales de Barcelona de manera más o menos fija, y hago algunos bolos fuera. No tengo una legión de seguidores, más bien una pequeña minoría, pero esa minoría a veces se manifiesta… Bien, si lo que querías saber es si hay alguien en mi vida, la respuesta es no.

Él se volvió a mirarla. Su sonrisa era evocativa, devastadora…

-Siempre supe que lo lograrías, a pesar del triste panorama actual de la música –y, después de una instante-. Recuerdo tu voz, aquella noche, en el hotel de Bombay…

Ella también recordaba. Nunca había visto aquella mirada en los ojos de nadie. Algo, por otra parte, sorprendente, sabiendo lo que llegó después. Él continuó, como leyéndole el pensamiento.

-María, entonces tuve miedo. Me aterrorizaba tomar lo que tú me ofrecías y equivocarme, porque tenía mucho que perder. Ahora ya no me queda nada. Aún conservo algunos amigos, un lugar donde quedarme en Barcelona para rehacer mi vida, pero nada más. Y he venido a ti porque sigo siendo un cobarde.

Ahora, ella giró todo el cuerpo en dirección a él. Le cogió la mano entre las suyas. Aquella mano cuyo tacto sólo había disfrutado una vez. Y así, sintiendo su calor, le dijo:

-Te olvidé, Rubén. Tú no me diste ninguna opción y el dolor era demasiado fuerte. Tuve que hacerlo para seguir adelante, ¿comprendes? Y ahora… y ahora ya no puedo dar marcha atrás.

 

Era cierto, pensó, más tarde, mientras abría los ojos. Le había olvidado. Por fuerza.

Pero también, aquello era lo único cierto de aquella historia.

Por ejemplo, él nunca había tenido miedo. Sencillamente, el patético enamoramiento de ella no había significado ninguna diferencia en la vida de él. Difícil que alguien como ella pudiera a aspirar a alcanzar el nivel de belleza, inteligencia, éxito, de Rubén y de su esposa.

Tampoco creía que él hubiera fracasado. Al principio, los buscaba en las redes sociales. Primero fue una manera de calmar el dolor. Luego, sencillamente, lo hacía por curiosidad. Era cierto que en los primeros tiempos aparecían sin cesar, mostrando insultantemente su felicidad al mundo. Luego dejaron de hacerlo. Pero ella no creía que aquello se debiera a ningún hecho traumático. Probablemente, sólo se cansaron.

Hay gente que camina por su vida y sus pasos son sencillos, sobre una superficie esponjosa, se dirijan a donde se dirijan. Hay gente, en cambio, que no vive: nacen muertos y van muriendo un poco cada día, hasta la desaparición final. Todo esto ella lo sabía muy bien.

Para ella, nada había cambiado en 10 años. Si acaso, sólo a peor. No era más guapa que entonces, evidentemente, y se sentía vieja, y tal vez ya lo era. Las oportunidades de conseguir algo, algo, lo que fuese, se agotaban a pasos agigantados, se agostaban como rosas en el desierto.

Le había amado sin conocerle, sin razón tal vez, leyéndole como a uno de esos libros cuyas solapas estudias en las librerías y de pronto, sin más, comprendes que están contado la historia de tu vida. O la historia verdadera de lo que habría podido ser tu vida. Y necesitas que te pertenezcan

O tal vez fue la mirada de radiante intensidad de sus ojos, o aquella sonrisa contagiosa de dientes torcidos, que decían: Vive. No hay nada lo suficientemente espantoso que te lo pueda impedir. Pero eso tampoco era cierto.

Era igual… Nada había servido de nada.

Se levantó, dispuesta a hacer frente, como siempre, a las obligaciones de su día, mientras miraba aquella casa desmantelada que no sabía hasta cuándo podría conservar. Se volvió hacia la cama, y le dijo: Hasta la noche, mi querido Rubén. Qué pena que mi único consuelo sea soñar con un hombre que ya he olvidado. Y añorar un tiempo en el que tampoco fui feliz.

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Quería compartir con vosotros lo último que escribí en redes sociales sobre el momento histórico que se está viviendo en Cataluña, mi tierra. Espero que os resulte agradable de leer y, enventualmente, útil: esa es la idea.

Por cierto… tengo ganas de dejarme de momentos históricos y volver a escribir ficción, que es más real que la realidad misma, y no sólo porque es mucho más coherente. Espero poder hacerlo en breve, pues lo único que me falta es tiempo. Y tranquilidad.

30 de septiembre

Tienen el mismo aspecto, sí. Pero ya son los mismos. Mis amigos, mi familia, mis compañeros… Ya no les reconozco. Hoy se llevan a los niños a pasar la noche en los colegios, esos niños a los que antes cuidaban como si nunca los pensaran emplear como escudos humanos, y sé que pronto me señalarán con el dedo mientras emiten un grito infrahumano al mirarme. Ya están aquiiiiiiiiiiiií!

1 de octubre

Estoy pensando en si ir a votar al final hoy. No creo en este referéndum, ni en la manera como ha sido ideado, ni en cómo se ha desarrollado ni en lo que significa en realidad. Pero tampoco estoy de acuerdo en que se deba organizar tal rebombori por el hecho de depositar una papeleta en una urna y sé que, piense yo lo que piense, sus resultados se van a utilizar. Así que tal vez no sería mala idea hacer constar mi mínima aportación divergente a lo que parece ser un pensamiento único e incuestionable. Mi NO no sería un sí a España tal como está constituida, sino sólo a la Cataluña que nos quieren vender y que no siento que sea la mía. Mi NO es un SÍ a una Catalunya y a una España nuevas, libres realmente, libres de desigualdad, de imposiciones y de manipulación, libres de corruptos, libres de ese franquismo que nunca se fue y está presente en múltiples y desconocidas formas, a un lado y otro del Ebro. Y una puerta abierta a la posibilidad de elegir muchas cosas, de muy diversa índole. Es una utopía, lo sé. Empiezo a caminar.

Entre zombies y locos violentos de la Estación Término, esto no tiene futuro. Siento que todo se acaba aquí.

Gent de Catalunya, no es España. Es el PP (y todo lo que le rodea). Por favor, no perdáis de vista al enemigo.

Rebelión contra este Gobierno que nos está llevando a la ruina. Mañana toda España debería estar a las puertas del Parlamento, pidiendo pacíficamente que se vayan ya. Españoles, catalanes, vuestros enemigos están arriba, no al lado. Por muy cerriles que os pongáis unos y otros.

Me voy a votar. Que les den a todos.

Qué gran tristeza. La estupidez y el fascismo del PP y sus cómplices (aunque a veces pienso que son menos tontos de lo que aparentan, pero que su nivel de perversidad es tal que lo confundimos con idiotez) se ha enfrentado de la peor manera a lo que sin probablemente no hab´ria pasado de ser un pulso de la Generalitat (que se les ha ido de las manos). Tenían que haber negociado, dejar claro a la opinión pública que los contendientes se cerraban en banda si eso hubiera pasado, y después tomar medidas para implementar todas las garantías en el referéndum y hacer campaña por el NO (esa campaña inexistente). La izquierda española y catalna tampoco ha estado a la altura, pues podía haber presionado hasta la extenuación para cambiar las reglas de este referéndum. Y ahora, todos estos heridos claman justicia (como la clamaron las víctimas de los Mossos en los tiempos de 15M), nos han dividido por causas que no deberían de dividirnos, y han abiertoal una herida difícil de sanar. Què gran tristeza y qué gran odio hacia los que están arriba, a un lado y otro, nuestros únicos enemigos. Empecemos desde cero, camaradas, compañeros, hermanas. Derroquemos a este gobierno, creemos un nuevo campo de juego en el que las reglas serán justas porque las habremos escrito nosotras. Y dialoguemos, dialoguemos, dialoguemos. Tiendo aquí mi mano a todos los y las españoles y catalanes de bien que se dejen llevar por la solidaridad y no por el desprecio hacia el otro. Construyamos juntos algo nuevo. Hemos demostrado que podemos salir a la calle. Ya no la abandonemos.

2 de octubre

Muy bien la huelga de mañana, pero… ¿por qué no se convocó antes? Hemos perdido todos los derechos que había que perder, y algunos más, hemos sufrido represiones y golpes y pérdidas de ojos, a los estudiantes nos metieron Bolonia por el culo (una de las razones por las que ahora muchos de nostros no podemos permitirnos estudiar) y… nada. Que alguien me lo explique, por favor.

3 de octubre

Los Mossos hicieron en el 15M, las huelgas generales del principios de esta década, las manis antiBolonia y el multireferèndum (ya, ya sé que nadie se acuerda) lo mismo que hicieron el domingo: cumplir órdenes. Al igual que picoletos y maderos. Que las órdenes sean distintas según el cuerpo y la ocasión histórica no les hace diferentes.

6 de octubre

Nunca pensé que podría verme así. Es cierto que lo temía desde hace tiempo, que tal como estaban yendo las cosas el escenario era posible; pero era un temor difuso, lejano, algo de lo que se habla pero que en el fondo no se cree, no se puede, o quiere, creer. Y ahora, me veo de pronto enfrentada a un guerra probable, cuando siempre me habían enseñado que vivía en un país pacífico donde las tentaciones bélicas habían quedado enterradas (como los muertos en sus fosas anónimas). Y, triste, aterrorizada, me descubro pensando que los habitantes de la antigua Yugoslavia, la víspera, quizá debieron sentirse como me siento yo.

No quiero empuñar las armas para defender unos gobiernos que no me han dado nada, excepto disgustos. No quiero ver mi ciudad destruida ni a mis vecinos heridos o muertos. No quiero ver mi vida y mis proyectos aparcados durante largo tiempo, o definitivamente truncados, ni tener que correr para poner a salvo a los mío, eso si llego a tiempo. Sabéis de mis ideas, nunca las he ocultado. Pero en esto momento lo principal, lo único, es reclamar la PAZ.

9 de octubre

Qué ganas de odiar y de despreciar al diferente… qué ganas de crear fronteras, no sólo entre países, sino entre personas. Y qué pocas ganas de defender la justicia y al igualdad. Parece que sólo sabemos luchar por aquello que, justo o no justo, nos deje en una posición mejor entre todos los demás seres humanos, igual que queremos tener el coche más grande y la tele más guay que el vecino. Egoísmo. Estupidez. Se nos está quemando el culo y seguimos atizando el fuego.

Independencia de Cataluña: dos naciones y un tiempo para la paz

Que la manifestación del 7O era más facha que los calzoncillos de Franco, es incuestionable.

Que mucha gente que no lo es ni por asomo fue a esa manifestación con el deseo de manifestar su doble sentimiento de catalanes y españoles (dos nacionalidades de las que yo no me siento en absoluto orgullosa, pero que son las que me tocao), sin saber muy bien quién la convocaba o pensando que, en el momento en que nos hallamos, una alianza con la extrema derecha es un mal menor fácilmente subsanable en el futuro, también lo es.

Que somos todos unos incultos que valoramos la incultura por encima de todas las cosas, y que no nos enteramos cuando uno nos vende una España heroica, y otro se inventa unas hazañas de la nación catalana que sólo existen en sus deseos más íntimo, es verdad de la buena, por mucho que pueda dolernos… Que la locura nacionalista retroalimenta a su contrincante, y si no entramos en razón esto va a dar un pet com una gla… casi podría jurarlo sobre la Biblia

En resumen: nos hemos vuelto locos, y la cosa no mejora. Estamos imbuidos de espíritus patrióticos varios, que si yo soy español, español, español, que si jo sóc català i ves-te’n de la meva terra, o que si L’Hospitalet de Llobregat es la mejor ciudad del mundo. Y no nos damos cuenta que aquí sólo hay dos naciones, aquí y en las Quimbambas: la de los favorecidos por la Fortuna, y la de los pringadillos, como soy yo y creo que la mayoría de los (pocos) que me leéis. La lucha de clases es un cadáver que goza de excelente salud, como decía Vázquez Montalbán. Y en esta guerra que se prolonga desde que algún listillo inventó la propiedad privada, ni los españoles ni los catalales estamos preparados para ganarla. Llevamos 80 años de retraso, y tenemos muy pocas excusas. Sí, ya sé que suena a tópico.

Quiero creer que vendrán tiempos mejores, sobre todo si os dejáis de pamplinas y ayudáis a construirlos entre todos. Ya habrá momentos para luchar por lo que nos ha colocado desde hace tiempo, no a la cola de Europa en todo lo positivo, sino del mundo. Ya vendrá el momento de que nos sacudamos el polvo de un guerra que quedó 80 años atrás en el tiempo, y de un franquismo que se supone (¿?) que pasó a mejor vida hace 40, pero que siguen vivos en nuestro ADN (incluso en los que han nacido hace muy poco), marcándonos a fuego en la piel la cobardía ante la confrontación, la pereza intelectual, el complejo de inferioridad sin deseos de mejora, el victimismo… Las fosas se abrirán, la ciencia y la cultura reinarán, la justicia, la igualdad y la solidaridad se implantarán… podemos hacerlo.

No queramos arreglar hoy lo que llevamos 80 años obviando. No nos pongamos estupendos. Yo quiero la República Socialista de los Pueblos Ibéricos, tú quieres una Catalunya independent, todos queremos (o deberíamos querer) esa utopía a la que me he referido en el paso anterior. Y, sobre todo, todos queremos la paz. No nos podemos permitir otra guerra sangrante que nos deje otros 80 años criando malvas físicas e intelectuales cuando aún no se han curado las heridas de la primera. Cuando ningún Franco ha dado ningún golpe de Estado, excepto en la imaginación de algunos.

Hoy es tiempo para la sensatez. Para la fraternidad. Para la PAZ. Démosles estos tres conceptos a los que quieren pescar en nuestro río revuelto. Luchemos los de abajo contra los de arriba con la única arma que no se imaginarían nunca. Y venzamos, venzamos sobre un, si no, previsible charco estancado de materia en descomposición.

10 de octubre

Cuántas muertes vale una bandera? Porque de seguir así vais a tener unas cuantas. Catalans, catalanes, prepareu-vos per a la guerra.

Y por qué no intentamos ver las provocaciones como obra de una minoría descerebrada? Por qué tenemos que buscar ahora culpables para todas las agresiones reales o ficticias que nos han hecho desde que nacimos? Por qué no pensamos para variar en todos esos inocentes que no se merecen que dispongamos así de su futuro, de su vida? Vale, los fachas españolistas son unos cabrones y a los indepes se les ha ido la castaña. Pero ni contra unos ni contra otros merece la pena odiar, morir, matar…

Eslovenia no puede ser referente. Primero, porque las cosas no ocurrieron ni de lejos como nos las están relatando (algunos deberíamos dignarnos de vez en cuando a perder un poco de tiempo en informarnos en lugar de tragarnos todo lo que nos venden). Segundo, porque los 10 o 15 muertos que se produjeron en el conflicto subsiguiente a mí me sobran. Un muerto sólo ya me sobraría.

A ver si esto, en lugar de Eslovenia, lo que se va a convertir es en Bosnia…

Yo, realmente, siempre había pensado que el 1O tenía más como objetivo presionar al Gobierno para conseguir prebendas de diversos tipos (no voy a detallar ahora) que declarar la independencia. Pero también acabé dándome cuenta de que la Generalitat había creado un monstruo que al final se les había ido de las manos. Al final, ha prevalecido la sensatez… o las empresas fugitivas… o la perspectiva de los barrotes de la cárcel. Es igual. Ahora hay camino para el entendimiento y el diálogo, así que no diré que no hacía falta hacer tanto ruido para tan pocas nueces, o lo de la puta y la Ramoneta. Mi deseo es que no se llegara a un conflicto que podría llevarnos a un callejón sin salida, y las palabras del Presi (o las no palabras) alejan, al menos un poco, esa posibilidad. Me alegro.

Ahora nos enfrentamos a diversos desafíos: primero, conseguir que nuestros dirigentes hablen, y si no hablan cambiarlos por otros (o hacerlo aunque hablen; no olvidemos quiénes son y qué es lo que han hecho). Segundo: que los medios de comunicación y los creadores de opinión de un lado y otro dejen de ser unos panfletos (lo que me a mí personalmente me hace un daño inmenso como ser humano y como periodista) y paren ya de manipular la historia (lo que como aspirante a medievalista me duele mucho más aún); así evitaríamos escenas de violencia y odio como las que hemos visto estos días. Y derivado de esto, tercero: dejar de ver a las personas que piensan diferente como enemigos. Reitero que los adversarios no están al lado, sino arriba, y el hecho de que los pobres nos peleemos por ideas que muchas veces nos han inculcado por conveniencia es absurdo. Es legítimo que deseemos un estatus diferente para el lugar que consideramos nuestro país; no lo es sentir superioridad u odio hacia aquel con quien tenemos más en común que diferencias.

Y, para acabar, que cualquier decisión que se tome sea completamente consensuada, bajo parámetros totalmente imparciales y con todas las garantías, y… y que ya que decidimos algo, decidamos mucho más. Ha llegado la hora de un cambio de tortilla importante. Este régimen está (o debería estar) dando las boqueadas.

12 de octubre

Lo que no puede ser es que tantos colectivos estén malviviendo por culpa de este régimen, y no salgamos a la calle, o no salgamos lo suficiente, o no nos den visibilidad. Estas cosas se enquistan, nos amargan y, como creemos que no podemos luchar contra ellas, luego nos salen en forma de odio, desprecio por el que es diferente… no añado más. Vale, no es la única razón, pero contribuye, y tanto que contribuye!

17 de octubre (después de los incendios que asolaron Galicia y regiones adyacentes)

Rajoy, gobernarás sobre un país roto y una tierra quemada

Que alguien me diga que esto es una pesadilla. Y si no, que me pongan por delante a esos hijos de puta. Le voy a ahorrar el Estado los gastos de manutención carcelaria.

Vale, ya está, ya me he desahogado. Seamos constructivos y no apelemos a la venganza: propongo que se prioricen políticas de reforestación y de compensación generosa a los afectados. Que, de paso, sirvan para crear empleo y reflotar la economía. Sin retirar lo anterior.

(De paso, tampoco estaría mal un sueldo mínimo decente, unas pensiones aseguradas y dignas, un programa serio de protección contra el desempleo y de ayuda a la dependencia, una Sanidad “saneada”, sin listas de espera y con el cuidado que todos nos merecemos, una política tajante de rechazo y restitución de lo robado a los explotadores, especuladores y corruptos, diálogo para acordar el modelo de estado de las autonomías y, ya puestos, un referéndum para ver si realmente todos los españoles queremos estan monarquía y este régimen de 1978).

Y es que no estaría mal que este país creara de cuando en cuando unas políticas razonables, necesarias, justas, inteligentes y solidarias, en lugar de priorizar la impunidad para los canallas, las leyes mordazas, los recortes disfrazados de estrategias económicas. En lugar de, con la que está cayendo con esos incendios destructivos y criminales, no ocurrírsele otra cosa que encarcelar a unas personas cuyo único crimen ha sido luchar por los intereses de la burguesía y enarbolar una bandera en la que supuestamente creen profundamente en lugar de salir a la calle cuando los trabajadores nos enfrentábamos al deshaucio, la miseria, el suicidio… (algo no demasiado loable, pero al menos no criminal). Si eres tan estúpido para cargar de razones a los que son tus contrincantes en esta absurda guera de almohadas de colorines (que nos pueden estallar en las manos como bombas), tus contrincantes pero a la hora de la verdad tus semejantes, lo has hecho bien, Rajoy.

Pero lo has hecho aún mejor si lo que quieres es recabar votos de la España inculturizada por 80 años de dictadura y dictadura encubierta, y sacar ganancia del río revuelto, del río destrozado, mejor diría yo. Rajoy, gobernarás sobre un país roto y una tierra quemada donde ni siquiera podrás gastar todo el dinero que tú y los tuyos habéis robado. Es igual; siempre os quedará Suiza.

O en el caso de Puigde y Pujol, Andorra, que está más cerca y se habla catalán.

26 de octubre

Y yo me pregunto: ¿qué sacrificios han hecho los equipos de gobierno de la Generalitat por Catalunya (y los del gobierno central por España) para que ahora se les considere héroes? ¿Ser los campeones de la corrupción? ¿Recortar empleo, salud, educación y prerrogativas sociales? ¿Manipularnos informativamente? ¿Hacer de un techo digno sobre nuestras cabezas que no nos destroce la economía cada mes un sueño imposible? ¿Convencernos de que malvivir, de que vivir sin esperanza, es vivir y aún tenemos que agradecérselo? ¿Inventarse nuevas memorias históricas y robarnos la nuestra? ¿Mantenermos en el fangal de la incultura? Pues si estos son los sacrificios que la patria, cualquiera de las dos patrias, requiere, que se las meten por allí donde les quepa, y a mí y a mi gente que nos den justicia social, igualdad, libertad, alegría y ilusiones.

A veces queremos ser protagonistas de la historia. Ser héroes, o al menos salir unos instantes de nuestras aburridas vidas. Canalizar todo el odio que nos producen las frustraciones diarias en algo que sacralice ese odio, que nos redima de él. Creo que deberíamos tener el valor de aceptar que ninguno de nosotros somos nadie, apenas unos pequeños ceros a la izquierda, y que nuestra rabia no lleva el nombre de este inmigrante, de este independentista, de este unionista, sino el de nuestros sueños fracasados, tal vez por falta de oportunidades, el de nuestro jefe que nos oprime, el de esa relación que no nos atrevemos a romper no se sabe por qué y nos hace infelices, el de la atención 24 horas para el abuelo que no tenemos tiempo ni fuerzas (ni dinero) para darle, el de… Quizá (sé que es una utopía) si fuéramos tan valiente como para enfrentarnos a nosotros mismos, a nuestras miserias, a nuestras carencias, al esfuerzo que supone mejorar y tomar el rumbo de nuestras vidas, no nos dejaríamos llevar por el narcisismo, por el rencor…

Cómo podéis jugar de esta manera con la tranquilidad, el bienestar, la seguridad y la vida de la ciudadanía?

27 de octubre

Hay muchas razones por las que estoy en contra de la #IndependenciaCatalunya, y las enumeraré en desorden de importancia:

– El proceso se ha llevado a cabo con una falta total de democracia y aupándose en una mezcla de victimismo y narcisismo muy excluyente, que no ha tenido escrúpulos en emplear la maipulación histórica e incluso la mentira más descarada.

– Estoy completamente segura de que los verdaderos iniciadores del proceso aman tanto a Catalunya como yo a Rajoy (con él que, por otra parte, no han dudado en pactar cuando la ocasión lo ha requerido, en contra de los intereses de los de abajo y, evidentemente, a favor de los suyos). Su verdadera patria, la de ambos, está en Suiza. O en Andorra.

– Por muy necesaria que sea la República catalana (en el caso de que fuera verdad que somos un pueblo oprimido), no lo es más que invertir en prestaciones sociales, salud y educación. Porque la culpa de que no tengamos eso no es de España, sino de ambos gobiernos, y dedicar dinero a la independencia en detrimento de estas áreas no es una inversión de futuro, sino un robo cruel a la ciudadanía.

– Yo creo que la única patria de los de abajo ha de ser los de abajo. Odio cualquier opresión a un estado, cultura o idioma, pero este no ha sido el caso. No veo más razones para que Catalunya se separe de España que la conveniencia de unos pocos, y un sentimiento de desprecio o, en el mejor de los casos, falta de pertenencia, a España, de otros muchos. Que es completamente legíimo, aunque en muchos casos sus orígenes no lo sean. Pero no creo que sea un motivo válido para haber llevado las cosas tan lejos y de una forma tan radical. Y con eso vuelvo al punto uno: si era necesario hacerlo, podía haberse llevado a cabo de otro forma. de otra forma, sobre todo, más inclusiva y realmente democrática.

– Implantar una forma de gobierno determinada, cuando no concurren razones de peso, como situaciones de pobreza, detenciones arbitrarias, falta de libertad, peligro, no justifica un futuro inmediato de conflicto, pérdida de poder adquisitivo y empleo, intranquilidad, o incluso guera. Quienes están promoviendo esto son unos inconscientes, y tal vez unos psicópatas declarados.

– La opción de gobierno en la que creo fervientemente es una federación de repúblicas autónomas a la que lleguemos por un proceso pacífico, libre e igualitario.

– Y por útimo, ¿queréis argumentos identitarios? Pues aquí los tenéis: quiero recordar que hay muchas Catalunyas. La Catalunya exclusiva de sardana y castellet no es la mía, ni es la de muchas. Mi Catalunya es diversa, plural y en ella caben estas cosas y muchas más. Mi cultura catalana también es la parte de la cultura de otras tierras que conforman la península Ibérica, y sii me obligan a renunciar a ella,me obligarán a renunciar a una parte de mí, me obligarán a ser una exiliada en mi propio país. Seremos un país de huérfanos que no importamos a nadie, y eso si estamos vivos.

(tras la votación)
Esto es como cuando el médico te amputa una pierna en la que tienes un bulto perfectamente operable, porque considera unilateralmente que es lo mejor para tu salud. Me acaban de quitar una parte importante de mí misma, y a muchos como yo también. Por culpa de unos ciegos, ahora andaremos todos cojos.

Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate.

28 de octubre

Amanecemos en una Catalunya lliure que aún no es libre, que antes no era tan esclava y que en cualquier caso continúa y continuará bajo la férula de la oligarquía, de la Unión Europea y del CETA, votado tanto por PP como por PdCat. Keep on dreaming.

Lo que me enfada no es que piensen diferente. Ni que intenten imponérmelo. Ni que tomen decisiones a mis espaldas. Lo que me enfada de verdad es que no nos estamos enterando de qué va esto pero ni de lejos.

Por poner un ejemplo…
Un piso medianamente decente para una familia de tres miembros (no digo ya de cuatro), está en mi zona (obrera) por unos 800 euros.
Hoy me han enviado una lista de demandas de empleo. En la que pagaban más ofrecían 900 euros por 12 pagas.
Tengo una prueba urgente en mi CAP para dentro de tres meses. Me pregunto si llegaré viva a ella.
En mi escuela pública los lavabos son un nido de gérmenes. Hace años que estamos pidiendo que los reformen. Que pongan vestuarios. Un gimnasio en condiciones.
Mientras tanto, mis impuestos sirven para pagar las subvenciones a las escuelas concertadas, sí, aquellas que no admiten a niños extranjeros y separan por sexos.
Y salís a la calle. Ahora sí. Antes no. Como si esto fuera un puñetero partido Madrid-Barça.
Y me decís que tengo que apoyar al Govern.
Ésta sí que es buena.
Yo me pregunto, ¿qué ha hecho el Govern por mí? Me dio comida cuando estaba hambrienta? Piso cuando estaba en la calle? Una beca de estudios cuando quise formarme, a pesar de haber finalizado mis anteriores con Sobresaliente y no tener un puto euro, y no por falta de deslomarme como una mula?
Hay fosas sin nombre por todo el territorio español.
Accidentes de trenes sospechosos.
¿Quién se acuerda de los niños robados? A veces pienso que ni ellos mismos.
Entonces tampoco salisteis a la calles. Cuando nos quitaron el pan de la boca y el techo sobre las cabezas. Ahora ya nos hemos acostumbrado a (mal)vivir a la intemperie.
Queréis que tome partido. Yo ya lo tomé hace tiempo. Mi partido es el de los desfavorecidos, el de los que no están en posición de defenderse sin algo de ayuda. Las banderas me la pelan. Tengo mi corazoncito y mis sentimientos, y tal vez me sienta de un lugar más que de otro, pero no dejo que eso nuble mi entendimiento.
Pero vosotros decís que soy fascista.
Sí, me lo habéis dicho. A mí y a los que son como yo.
Decís que tengo que ayudaros, o seré mala. Pero nunca me habéis preguntado qué ayuda necesito yo.
África empieza en el Ebro, dijisteis. Ergo: los africanos son seres de segunda categoría. Ergo: los españoles también. Todo muy democrático y muy solidario.
Pero ayúdanos, decís. Ayúdanos, ciudadana de segunda categoría. No creemos que tus orígenes sean de calidad, pero ayúdanos igualmente, por haberte dado la oportunidad de vivir aquí.
Os queréis ir. Me parece muy bien. Nadie puede obligar a nadie a estar donde no quiere estar ni a no manifestarlo. No es justo (óyeme, Rajoy) ni inteligente (óyeme, Rajoy… ¿o tal vez ya me habías oído?).
Pero hay maneras de irse y maneras de irse.
Yo puedo dejarte porque no nos entendemos. No me siento bien a tu lado. No creo que tengamos nada en común. No siento el vínculo.
O puedo dejarte porque eres un mierda. No me llegas a la suela de los zapatos. Eres de una raza inferior. Yo soy mucho mejor que tú. Anda, ábreme la puerta y pon el coche a mi nombre.
Y me decís que hay que apoyar al Govern.
Y salís a la calle. Ya no hay paro, hambre, injusticias. Ya no hay muertos ni presos políticos que no sean por ideas similares a las vuestras. Ahora sí salís a la calle, como si esto fuera un puñetero partido Barça-Madrid. Antes no. Antes, cuando os llamé con angustia, no.
¿Dónde estabais entonces cuando tanto os necesité?
Siempre me ha enfadado mucho la injusticia, la desigualdad, el racismo. Pero hay algo que me enfada sobremanera: la estupidez.
Y ahora estoy muy, pero que muy, enfadada.

Es difícil sentir la injusticia, sobre todo desde una posición cómoda. Buscar las causas, debatiendo con personas o leyendo libros, consumiendo prensa que no se base en la demagogia fácil para funcionar. Actuar en consecuencia, luchar, comprometerse. Nos pesa nuestro ego, el reality en prime-time, nuestro silloncito confortable.

Espanya i Catalunya
Es fácil, por el contrario, sentirse una víctima. Buscar un culpable, sea el que sea, con razones o sin razones, o mejor creerse que el culpable es el que nos dicen en la tele. Inventarse una identidad, real o ficticia (si es que alguna identidad es en el fondo real), que nos haga superiores a ellos. Dejarse llevar por el odio. Fanatizarse. Caer en la violencia. Sólo necesitamos una idea buen envuelta y bien machacada mediática y socialmente gracias a numerosos recursos invertidos en ella.

Y recordad: ninguna inversión se lleva a cabo si no se quiere obtener un beneficio. Mayoritariamente económico.

Sé que hay diferentes niveles y que no se pueden establecer comparaciones, pero sí tal vez extraer alguna causa común subyacente, aunque sea como la célula que salió del agua y dio lugar tanto a los dinosaurios como a los homo sapiens, pasando por las ranas y los escabarajos. Y es que pienso en varias cosas.

Mis compañeros de facultad que sólo colgaban carteles que denunciaban las agresiones, supuestas o reales, leves o graves, a la cultura y a la lengua de Catalunya. Como si no existiera Palestina, Irak, Kosovo, Bosnia, Libia, Siria o, sin ir más lejos, la progresiva disminución de los derechos laborales y las prerrogativas sociales que se vienen dando en todos los territorios del Estado español desde el fraude de la Constitución del 78.

El inmigrante marroquí pobre y descolocado que compra la moto de la identidad islámica y cae en las manos de los que buscan implantar la violencia para someter a la población por la vía del miedo y dar vidilla al comercio internacional de armas. Ramblas, Niza, París, Londres…

La vecina de abajo, que durante toda su vida ha oído insinuar, y por personas muy acreditadas desde medios oficiales, que su ascendencia gallega, andaluza, murciana o extremeña la convertía en una humana de segunda fila, y que ahora habla catalán con acento de Lleida hasta con sus hijos y cuelga la banderita en el balcón. Algunos lo veréis como un ejemplo de integración y de solidaridad. Yo tengo bastantes dudas al respecto.

Los padres de la patria española, que no han dudado en vendérsela a americanos y europeos, y que ahora se llenan la boca con ella como si no hubiera un mañana. Aunque tal vez no lo haya.

Aquel multireferéndum del 2014 donde Mas no hablaba del derecho a decidir.

Los padres de la patria catalana, con el dinero de sus hijos en Andorra y Suiza mientros éstos se suicidian ante el paro y los desahucios.

Y el odio. Siempre el odio. Desde las cavernas mediáticas de uno y otro bando, hasta los grupos de amigos y las familias.

Ruanda. La antigua Yugoslavia. ¿Exagero? Ojalá…

Quiero decidir. Quiero decidirlo todo. Monarquía o república, capitalismo o socialismo, Estat català, república catalana federada en la república española o España tal y como está. Recursos para la escuela pública o para la privada, modelos de Sanidad, acuerdos con el Vaticano, pertenencia a la UE y a la OTAN, colaboración con países con menos recursos… Quiero decidir libremente. Con todas las opciones. Sin manipulaciones. Sin presiones. Sin odio. No quiero jueces ni policías a sueldo del amo centralista. Pero tampoco quiero que voluntarios llegados de no se sabe dónde me digan contra quién me debo movilizar.

No quiero ser denigrada por poner urnas o por no ponerlas, por los españoles por ser catalana ni por los catalanes por ser española.

Yo también tengo un patria, como vosotros. Mi patria son los explotados y los solidarios, toda esa gente que trabaja, lucha y sufre. Y si no soy tan patriota como debería ser… es porque yo también tengo mi ego, mi Juego de tronos en la tele, mi silloncito confortable. Porque, aunque me niego a sentir vanidad, desprecio u odio, soy humana.

El problema no es que el pueblo catalán deba o no deba tener el derecho a decidir. Es obvio que ese derecho les corresponde, tanto a este pueblo como al resto de los pueblos, a todos los seres humanos.
 
XSUC 15S
El problema no es que Catalunya continúe siendo o no parte de España. Sería una pena para aquellos de sus habitantes que se sienten tan catalanes como españoles (sin estar orgullosos de ninguna de las dos nacionalidades, me temo, o al menos ese es mi sentir) tener que renunciar a una de ellas, y sería duro para España ser recortada de esta manera. Pero si Catalunya decidiera SIN NINGÚN TIPO DE COACCIÓN que debe independizarse de España, no se le podría (o debería) impedir, por mucho que doliera y por mucho que no conviniera.
 
Los problemas son, tal como yo los veo dos: el primero es que dudo que en muchos casos este sentimiento independentista sea genuino (en otros estoy segura de que sí lo es): el franquismo, la gran estafa de la Constitución del 78, la traición socialista, y todo lo que ha venido después, ha influido mucho en crearlo y en atizarlo. Pero la propaganda de la Generalitat tampoco ha sido ajena y, además, su juego no ha sido limpio. Recuerdo en mi infancia ver programas en TV3 donde se ridiculizaba todo lo que era español y “charnego”, cómo los hijos de inmigrantes sentíamos que a la sociedad se le había inoculado el desprecio hacia nosotros, cómo se les había enseñado que éramos ciudadanos de segunda, cómo nosotros mismos llegamos a creérnoslo; muchos de esos inmigrantes o hijos de inmigrantes son ahora los más furibundos independentistas: así se legitiman. Todos necesitamos una identidad, y mejor si es de prestigio, y algunos, por sus especiales circunstancias personales o sociales la necesitan aún más.
 
El segundo es que tampoco el proceso ha sido orquestado por el pueblo; desde luego que el sentimiento estaba ahí, en parte por las razones que he explicado en el punto anterior, en parte por otras que no voy a detallar ahora (porque tendría que hablar de lo que opino, no de éste, sino de cualquier sentimiento nacionalista, y no creo que sea el momento), en parte porque realmente estaba en el corazón de una parte del pueblo. Pero quienes han encendido la antorcha y han enarbolado la bandera han sido los representantes de un partido que cuenta entre sus filas con seres que a la hora de enriquecerse no han dudado en traicionar a su pueblo (al mismo pueblo al cual definen esos colores que ahora monopolizan), que lo han sumido en la miseria, que permiten que la educación siga siendo una barrera entre ricos y pobres, que mantienen las listas de espera en la Sanidad y retiran las ayudas a los colectivos más desfavorecidos, y que se han aliado con la España más casposa cuando les ha convenido (sin olvidar su connivencia con otras naciones que literalmente están realizando una limpieza étnica dentro de sus fronteras, como poco). Y que están elaborando un proceso sin garantías, de forma unívoca, y sin posibilidad de réplica, creando una sociedad en la que existe (yo lo he experimentado, aún lo experimento) miedo a manifestar que te sientes mínimamente españolito o españolita además de amar a Catalunya porque eso equivale automáticamente a que se te etiquete como facha (incluso a mí, que soy más roja que los tomates maduros).
 
El problema no es que debamos o no tener derecho a decidir. El problema es que no lo tenemos. Estamos siendo peones en un tablero de ajedrez ajeno, y ni siquiera nos hemos dado cuenta.
 
Otra cosa hubiera sido si el proceso se hubiera liderado desde abajo, sin influencias externas, desprecios al contrincante ni delirios de grandeza propios, y que de paso se hubiera aprovechado para decidir otras cosas que creo que también son importantes, digo yo… Y no habría ido mal que, también, entre el sí y el no, se contemplara una opción de unión federalista de repúblicas autónomas hispánicas, por ejemplo.

TheMovingTimesThe Moving Times es un nuevo blog que nace con el objetivo de ayudar (en la medida de lo posible) a agrupar en un mismo sitio y difundir todas las informaciones acerca de las agresiones del sistema que no salen en los medios de comunicación.

Está en construcción y se admiten (incluso se requieren) críticas, sugerencias, ideas e incluso ayuda técnica.

Tengo un buen propósito; ahora sólo falta cumplirlo. A partir de ahora intentaré publicar todos los lunes, o bien continuaciones de las aventuras medievales, o bien otros ciclos, o bien fragmentos. De momento, aquí está el inicio de una novela que está casi terminada y que lleva el título provisional de Rostros lejanos, y que supone una pequeña incursión en el género negro. Es un primer borrador y aún hace falta mucha corrección, pero de todas formas espero que os guste.

Sé que la historia no empezó allí, en este punto cronológico de finales del 2010; probablemente nunca sabré dónde lo hizo, si es que lo hizo en alguna parte, y en cuanto a su fin, aún no se ha producido (¿existen los finales, o los hemos inventado para hacernos creer que la desdicha acabará y que existirán nuevos comienzos? La pregunta es retórica, evidentemente). A pesar de que las esperanzas de todos durante los años transcurridos desde entonces hayan sido tan convenientemente aniquiladas… Sí, sé que la historia no empezó aquí: éste es solamente otro patético intento de convertir la vida en un lugar habitable, tejiéndola en historias donde al parecer puedes darle una lectura coherente o, al menos, no tan aterradora. Pero siempre que intento rememorar su principio (o, al menos, el principio de mi implicación consciente en ella), la imagen que aparece en mi retina es aquella sala decorada al estilo rústico de aquella casa de segunda residencia del cinturón de Barcelona donde nos habíamos reunido, y a Olalla entre mis brazos.

Era la casa vacacional de Jaume Pons, o mejor dicho de sus padres, un arquitectónicamente desolador ejemplo de construcción típica de urbanización aledaña a la metrópoli; el soberbio y pretendidamente autosuficiente ingeniero técnico no se había aún emancipado, a pesar de que cumplía 35 ya largos años, y aquello, al parecer, era una fiesta, o al menos un simulacro bastante apañado de ella. A medio camino entre la Noche de Halloween, últimamente importada de los Estates, y la tradicional castañada catalana, en aquella estancia no se veían ni productos alimenticios típicamente otoñales ni terroríficos disfraces, solamente mucha priva y similares (algunos de ellos dispensándose alegremente con completa falta de respeto hacia mi profesión, y cuya presencia creí oportuno fingir que no había detectado, aun a riesgo de tener que aparentar más estupidez supina de la que ya se me suponía) y unos cedés tan  rítmicos como revolucionarios que yo había comprado en mi última estancia en Cuba, entre varios abortos musicales encumbrados por las emisoras comerciales que hacían aborrecer a todos los seres humanos aún no adocenados por el sistema cualquier cosa que tuviera melodía y ritmo. Los participantes éramos la gente que acostumbrábamos a frecuentar las tertulias de los viernes en el Rey de la Cerveza, con algunos añadidos, y todos nos estábamos dedicando a nuestras actividades habituales: o sea, el anfitrión intentaba deslumbrar con sus teorías acerca del suicidio a unas jovencitas procedentes de la última oficina donde habían ido a parar los huesos de Olalla; Marc Massip, que para esperanza y posterior desilusión de mi amiga abogada había venido sin la habitual compañía de su Mercè, se hallaba en plena discusión con Xavi Isern acerca de la nuevas iniciativas para que el sueño de la independencia de los Païssos Catalans se hiciera posible, a ser posible sin cambio social incorporado; por su parte, Pere Riells comentaba con otro colega algunos detalles de sus hazañas sexuales con la inmigrante ilegal de turno, riéndose de sí mismo pero sin propósito de enmienda, y Edu Llamazares y Oriol Sentís, estaban, como yo debería de haber previsto, completamente fuera de escenario. Ah, y un servidor, lamentando la ausencia de Wilhelm LeMaître (desaparecido en combate aquel día) y de Jordi Vila (al que le habían endosado una repentina guardia en el Hospital del Mar gracias a que un colega había tenido la insolidaria idea de ponerse enfermo aquella velada en concreto), ocupaba el tiempo con la única integrante  presente de la escisión de las tres personas más interesantes de aquel grupo. Aunque en aquel momento no nos estábamos dedicando precisamente a las conversaciones filosóficas.

Empujé suavemente el cuerpo de Olalla contra la baranda de la escalera que conducía al desván, y la besé. Ella se pegó a mi cuerpo entre gemidos, mientras sus ojos se desviaban  hacia el rincón donde Marc y Xavi hacían quinielas sobre los integrantes del próximo gobierno de la república catalana, sin pensar que pudiera existir más que esa decisiva cuestión política en el Universo; evidentemente, me percaté.

-Olalla, por favor –la reconvine, separándome un poco de ella y fingiendo disgusto-. Se supone que estamos ejerciendo, después de mucho tiempo de sequía sexual, nuestro derecho al roce típico de amigos que un día estuvieron  liados. Concéntrate en lo que estás haciendo, ya devorarás a Marc con la mirada en otra ocasión.

Mi amiga se encogió de hombros y soltó una carcajada que hasta parecía completamente alegre, y todo.

-Lo sé, lo sé, no escarmiento. Y mira que ha pasado ya el tiempo, joder… desde que le conocí, sin ir más lejos… ¿cuántos años ya?

-Seis –repetí yo, de carrerilla, con resignación: conversaciones como éstas eran bastante habituales cuando a Olalla le daba por sentir esa melancólica nostalgia del amor platónico que nunca había tenido, o sea, varias veces a la semana-. Y yo llevo cinco sin entenderlo. ¡Con la buena pareja que hacíamos! No me negarás que soy mejor partido que ese gilipollas.

Ella me echó los brazos al cuello y recorrió mis hombros con una aparente lujuria. Su cabeza me llegaba casi a los ojos: aquella mujer me encantaba. Su estatura, sus curvas, aquel punto barriobajero tan excitante, su sentido del humor, su complicidad conmigo… Era exactamente mi tipo de mujer… lástima que…

-No nos engañemos, Gorka. Si no te hubiera dejado yo lo hubieras hecho tú. Tarde o temprano.

… pues sí. Es cierto. Que me cuelguen si me entiendo a mí mismo y si entiendo al mundo, pero así exactamente hubiera sido.

-Claro que –continuó, insinuante, recorriendo ahora mis costados con sus dedos y anudándomelos un poco más arriba del culo-… más bueno… sí que estás…

Le cogí la cabeza entre mis manos y estampé su boca contra la mía con involuntaria brusquedad. Ella se quejó.

-Eh, tranquilo. Tenemos toda la noche.

Chasqueé la lengua, disgustado conmigo mismo.

-Lo siento. Es que con mujeres como tú uno es capaz de olvidarse de la sutileza.

Me miró, incrédula:

-Venga ya –la opinión de Olalla acerca de su físico no era demasiado halagüeña, y yo comenzaba a estar cansado de pelear con ella alrededor de ese punto. Desvié la conversación… o no.

-Tú dirás lo que quieras, pero Oriol –hice un gesto con el codo hacia donde éste se encontraba, detrás de nosotros- debe de estar pensando en cómo convencer a los altos cargos del partido para enviarme a Siberia, después de esto. ¿Por qué no te quitas las manías y te lo tiras ya? No tiene muchos más defectos que el resto, y no puedes esperar que todos sean tan jodidamente perfectos como yo.

Ella no parecía convencida.

-No sé de dónde has sacado esta obsesión de que Oriol me tira los tejos. Es la cosa más idiota que he oído. Por cierto, ¿ha sido tuya la idea del experimento sociológico de juntar a la peña del partido con los del Rey de la Cerveza? ¿Qué esperabas conseguir?

No esperaba aquella pregunta tan directa.

-¿Sentar las bases para una alianza entre el nacionalismo conservador y el izquierdismo radical que consiga salvar el país? –ensayé, con cara de niño cogido en falta. Pero Olalla era demasiado inteligente y me había calado ya hace tiempo. Me estampó un beso en la mejilla.

-Gorka, eres imposible. Pero te quiero.

Volví a empujarla contra la escalera y a besarla, obedeciendo a un impulso más sentimental que sexual. Pero, tras un par de minutos, la sentí moverse inquieta bajo mi cuerpo; y yo sabía la razón.

-Lamento si estoy resultando tópica –me dijo- pero hay algo que está vibrando cerca de tu entrepierna y no creo que sea precisamente porque estás contento de verme.

-Pues es eso exactamente –le rebatí-, eso, unido a mi legendaria potencia sexual. Ignóralo y sigamos por dónde íbamos.

-Creo que será mejor que cojas el teléfono, Gorka.

-No voy a hacerlo. Sé perfectamente quién es. Y no tengo ganas de trabajar.

-Menos ganas tendrás de enfrentarte a sus cabreos…

-Déjame que conserve durante unos instantes la ilusión de que soy un hombre libre… -pero Olalla metió la mano en el bolsillo de mi pantalón con la mayor desfachatez y me dio el telefonillo. Lo abrí, gruñendo al contemplar la foto del feo semblante del comisario Palència en la pantalla principal, y pronuncié un resignado y algo irónico:

-Siempre a sus órdenes, jefe.

La airada respuesta no se hizo esperar.

-Si supiera cómo está el patio, Del Valle, se abstendría de hacer comentarios pretendidamente graciosos. Salga de la mierda de sarao donde esté metido y vaya cagando leyes al kilómetro 32,4 de la carretera B-365. Si no sabe dónde está, búsquese un mapa o cómprese un gepeese, pero a mí no vuelva a llamarme diciendo que se ha perdido que no soy su querida mamá. Y hágame un informe que me pueda servir para la rueda de prensa, y no los bodrios que suele presentarme. ¿Estamos?

Aquello me sorprendió: Palència era correcto y casi amable, de cuidada expresión verbal, y no acostumbraba a dirigirse a sus subordinados como el jefe policial permanentemente cabreado y de cultura más que discutible popularizado por las películas y series. Comprendí que el tema  del que debería ocuparme debía tratarse de algo insólito y con consecuencias que podían ser peligrosas. Pero como lo sí que era  habitual en él era que suministrara la información con cuentagotas y que pretendiera que yo me autogestionase para llenar los huecos, tuve que hacer un esfuerzo de imaginación ayudándome con la percepción de que indudablemente el tono de su voz era el característico de cuando se siente presionado por las altas instancias. Intenté recordar qué caso había llevado yo últimamente que tuviera algún tipo de implicación política o mediática, o ambas, y me quedé en blanco. Claro que…

… pero…

… ¡no podía ser! ¡Había pasado demasiado tiempo!

-La han encontrado. ¿Verdad, jefe? –creo que fue más una iluminación divina, o de su equivalente agnóstico, que una deducción.

-Luis ya está allí –fue la extraña respuesta afirmativa-. Venga, mueva el culo. En media hora quiero que esté allí – y colgó sin más. Yo hice lo propio, casi mecánicamente. Olalla, que había escuchado lo suficiente conversación, dado el volumen de los gritos de Palència, me miraba sin saber qué decirme.

-Me largo –le expliqué-. Te cuento después. No le digas nada a nadie de momento, despídeme de todos los que aún no se hayan caído redondos, si es que puedes encontrarlos, y sólo explica que tenía un caso urgente…

Mi amiga me interrumpió, preocupada:

-Pero ¿estás seguro de que estás suficientemente sereno para conducir? –despejé sus temores con un ademán.

-Sabes que mi cuerpo metaboliza bien el alcohol. Siempre he creído que tengo algún gen recesivo irlandés… No creo que ni siquiera llegue a dar positivo en un control –me di cuenta que mi subsconciente me estaba conminando a mantenerme alejado del tema, y tomé de nuevo las riendas de mi cerebro-. Bueno, lo que te decía. Si Wilhelm se presenta al final… no le le digas nada de lo que has oído. Es mejor que me lo dejes a mí. Aunque de todas formas no creo que esté preparado para oír lo que tengo que decirle, y menos ahora.

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